Publicado en Relatos

Un Recuerdo Vivo:

Marlene estaba sentada frente a Jacob. Ella no parecía que quisiera hablar demasiado y él, tan solo quería sacarle las palabras de su boca.

– Tan solo quiero llevarte a ver las estrellas toda la noche, es una idea muy romántica.

– Puede que sí.

– ¿Acaso te gustaría?

– Quizá.

Marlene levantó la mirada y se quedó unos minutos observando las expresiones de su interlocutor. Parecía sorprendida, puede que arrepentida por haber estado metida en el libro que tenía entre las manos y no en las palabras de aquel joven interesado en llevarla a ver mundo.

– ¿No sabes qué decir?

– No, emm… Solo estaba pensando.

– ¿Qué pensabas?

– ¿Nos conocemos de algo? Me resultas familiar…

– Sí, puede que sí.

– Te he visto en algún sitio, estoy segura.

– Nos dimos el primer beso cuando teníamos unos tres años, a los cinco te dije que serías mi novia y a los diez, te prometí que nunca te olvidaría y cuando fuésemos mayores me casaría contigo.

– Oh… ¿Jacob?

– ¡Ese soy yo! Una promesa es una promesa…

Marlene se levantó de su asiento para abrazarle. No esperaba que algo así pudiera ocurrir, tampoco que se hubiese olvidado de alguien como él que siempre había formado parte de su infancia. Se fue y sus palabras dejaron de tener tanto sentido, solo un amor pasajero, platónico y sin importancia pero mirándole, podía volver a aquellos momentos, sonriendo.

– Te invito a otra copa.

– Oh, no podría beber más… Además, hay demasiada gente en la barra.

Jacob le trajo la bebida en poco tiempo, la rosa que le dio a Marlene la sorprendió e hizo que riera inocentemente. Él también sonreía y parecía que la enorme conexión entre ambos todavía no se había evaporado.

– Y, bueno, ¿qué ha sido de ti? Has vuelto después de ese viaje a Italia.

– Sí, viví allí hasta hace muy poco. Mi padre murió hace unos meses y no me quedaba demasiado en Italia como para quedarme, solo recuerdos a los que volver.

– Oh, lo siento mucho. Pensé que ya no iba a verte más, os marchasteis muy rápido.

– Siento que eso te afectara.

– No me… ¿Por qué dices que me afectó? ¡No lo hizo!

– No me despedí de ti, así que, cuando volví para hacerlo, llorabas en los brazos de tu madre. Supe que, algún día, debía volver.

Su noche se volvía cada vez más intensa, llena de “lo siento” y “me gustaría”, sonrisas que les llevaron a beber más de la cuenta y contarse historias divertidas. Fue una velada inolvidable, al menos, para Marlene, la que no parecía a favor de compartir lo que sentía. Esa conexión seguía latente conforme subían a casa de Marlene besándose y desnudándose, no parecía que quisieran quitarse las manos de encima.

La pasión les envolvió hora tras hora, no se despegaron hasta que el sol salió. Marlene fue la primera en abrir los ojos, levantarse de la cama de un salto y ver que eran las nueve y cuarto. Tuvo que despertar a Jacob.

– ¡Vamos, levanta!

– ¿Qué…? Pero, ¿qué pasa?

– Tienes que irte.

– ¿Por qué?

– Son más de las nueve.

– ¿Y? Pensaba desayunarte y luego prepararte algo rico para comer…

– Oh, vamos… ¡Muévete, hablo en serio!

– Vale, vale… Pero dime qué ocurre.

– Mi prometido está a punto de llegar y no puede verte aquí.

– ¿Tu prometido?

– Nos casamos en dos semanas.

Sus miradas se encontraron y el alma de Jacob cayó a sus pies. Aquello solo había sido un juego, algo de lo que volver a quedarse en recuerdo tras vestirse y salir por la puerta.


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An Alive Memory:

Marlene was sitting in front of Jacob. She didn’t seem to want to talk too much and he just wanted to get the words out of her mouth.

-I just want to take you to see the stars all night, it’s a very romantic idea.

-It could be.

-Would you like it?

-Maybe.

Marlene looked up and stayed for a few minutes observing her interlocutor’s expressions. She seemed surprised, perished that she had been in the book she had in her hands and not in the words of that young man interested in bringing her to see the world.

-Don’t you know what to say?

-No, emm… I was just thinking.

-About what, exactly?

-We know each other from somewhere? You look familiar to me…

-Yeah, it could be.

-I’ve seen you somewhere, I’m sure.

-We gave each other the first kiss when we were about three years old, at five I told you that you would be my girlfriend and at ten, I promised you that I would never forget you and when we were older I would marry you.

-Oh… ¿Jacob?

-This is me! A promise is a promise, right?

Marlene got up from her seat to hug him. She didn’t expect something like this to happen, nor that she would have forgotten someone like him who had always been part of her childhood. He left and his words ceased to make so much sense, only a passing, platonic and unimportant love but looking at him, she could go back to those moments, smiling.

-I’ll invite you to another drink.

-Oh, I couldn’t drink more. Also, there’s a lot of people waiting in the bar.

Jacob brought her the drink in no much time, the rose he gave Marlene surprised her and made her laugh innocently. He also smiled and it seemed that the huge connection between the two of them had not yet evaporated.

-And well, what about you? You’ve came back from your travel to Italy.

-Yes, I lived there until very recently. My father died a few months ago and I didn’t stay too long in Italy, just memories to go back to.

-Oh, I’m so sorry. I thought I wouldn’t see you anymore, you left so fast…

-I’m sorry that affected you.

-It didn’t… Why do you think it affected me? It didn’t!

-I didn’t say goodbye to you so I came back to say it but I saw you crying in your mother arms. I knew some day I should come back.

Their night became increasingly intense, full of “sorry” and “I’d like to”, smiles that led them to drink more than the bill and tell funny stories. It was an unforgettable evening, at least, for Marlene, who didn’t seem in favor of sharing what she felt. That connection was still dormant as they went up to Marlene’s house kissing and undressing, and they didn’t seem to want to take their each other hands off.

Passion enveloped them hour after hour, they didn’t stop until the sun came up. Marlene was the first to open her eyes, get out of bed in one jump and see that was nine-fourth. She had to wake Jacob up.

-Come on, get up!

-What…? But, what happen?

-You have to go.

-Why?

-It’s after nine o’clock.

-And? I was thinking in eat you a little more time and then prepare you a very tasty breakfast.

-Oh, c’mon! Move, I’m serious!

-Ok, ok… But tell me what happen.

-My fiancé is almost here and he can’t see you.

-Your fiancé?

-We get married in two weeks.

His glances met and Jacob’s soul fell at his feet. That had only been a game, something to remember again after dressing up and going out the door.


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Publicado en Personajes

Margaret: A Quién le Gusta la Lluvia

Relato procedente:Caída“. Edad: 23 años.

Ciudad: Maine. Ocupación: Estudiante de Periodismo.

Descripción física:

Mi cabello es de color castaño, largo hasta un poco más abajo de los hombros. Mis ojos son del mismo color y tienden a mostrar una mirada calmada, interesada y cercana, sin demasiado maquillaje o, en ocasiones, con tonos claros. Mis labios gruesos, sin necesidad de pintalabios, a veces, aplico un poco de vaselina para que no se corten o gloss para que se perciban más intensos. Mi tez es un tanto morena pero no demasiado, me gusta tomar el sol en verano pero no en exceso. Estoy delgada pero siempre me gusta comer de más, ataco la comida como si fuese una muerta de hambre, no puedo evitarlo, ¡bendito sea mi metabolismo rápido! Suelo vestir con blusas y ropa algo más formal cuando estoy en la universidad y algo más cómodo cuando he vuelto a casa para ver a mi familia.

Descripción de la personalidad:

Me molestan los ruidos, mucho más cuando estoy estudiando, soy vegetariana, me encanta la lluvia y siempre salgo con el primer paraguas que me encuentro para disfrutar de ella. Tiendo a ser bastante amable con la gente, al menos, eso es lo que creo y darme a los demás hasta cierto punto, todo el mundo necesita algo de los demás, así que, hay que saber dónde poner los límites. Siempre he sido bastante organizada, me encantan las listas o aplicaciones que incluyen hacerlas para saber qué he de hacer durante el día con mayor detalle y si tengo el tiempo suficiente para hacerlo todo. Me gusta sentir que soy útil, sobre todo, en mi vida y mi día a día, no me importa si es para otros pero para mí misma, es esencial. Me gusta estar cómoda y pasarme el día estudiando si eso es lo que me apetece hacer, podría pasarme días leyendo sin darme cuenta de las horas pasadas, escribir artículos interesantes para un periódico de internet o cualquier otra cosa que tenga que ver con mis intereses. Creo que soy bastante reservada y odio las fiestas.

Esfuerzo y dedicación:

Desde que era niña, siempre hubo un objetivo en mente, no sabría qué hacer si no existiera uno. En el colegio, quería pasar con buenas notas al instituto porque tenía ganas de estudiar lengua e historia, incluso, la biología me llamaba la atención, algo que todo el mundo solía odiar. Quería entrar en la Universidad porque me encantaba escribir y empecé a formar parte del periódico del instituto, no hacíamos gran cosa pero era interesante e importante para mí crecer en esta área. Supongo que, durante la época adolescente, ya me empezó a interesar el periodismo, así que, esa era la meta final, el objetivo al que aspirar con esfuerzo y dedicación, había que ir rápido pero sin prisas.

Dedicaba horas y horas a estudiar, me gustaba saber de todo, mi naturaleza quería que fuese autodidacta, que pudiese hablar casi sobre cualquier cosa con cualquier persona en cualquier momento, y porque una periodista debe saber de todo y tener una cultura general bastante rica e interesante. Me atraían bastantes temas, así que, mi vida estaba en la biblioteca y, muchas veces, me los llevaba a casa para seguir leyendo y estudiando. Mis padres solían preocuparse del echo de que no prestara demasiada atención a socializar y a ir a fiestas de cumpleaños de compañeros de clase o de fiesta siendo algo más adolescente, la verdad, no me interesaba en absoluto, no se estudiaba a Becket en una discoteca con luces de neón y gente saltando al ritmo de la música, para mí, no tenía sentido.

Las pruebas de la vida:

Me dedicaba a llevar a cabo todo lo que escribía el día anterior en mis listas, lo cual, los imprevistos no entraban en ellos. Empecé a sufrir de ansiedad cuando estos ocasionaban cambios en mi día a día y tuve que ir a varios psicólogos para darme cuenta de que estaba tomando actitudes bastante obsesivas e intolerantes hacia mí misma mientras aislaba a los demás con esa extrema concentración hacia mis estudios y mis libros. No lo sentía de esa forma, lo sentía más bien como algo natural que afloraba en mí, algo que me apetecía hacer y que no podía evitar que ocurriese pero tuve que acoplarme a las circunstancias y dejar de leer tanto y prestar más interés a mi alrededor, el cual, no me interesaba del todo pero tuve que socializar a ojos de profesores y padres. Era la “nerd”, el “cerebrito”, la “sabelotodo”, la “obsesiva de los libros”, la “rata de biblioteca”, la “muda”… era increíble lo fácil que podías llegar a ser juzgado por algo que, simplemente, te apasionaba.

Estos comentarios hacían más difícil mi socialización, los rechazos hacían que me echara atrás y sacara un libro de mi mochila, me pusiera a leer y dejara que el resto del mundo dejara de existir. Me ayudaba mucho a inspirarme y escribir algunas cosas que me venían a la mente sobre algo que había visto u oído y podría ser valioso para artículos futuros cuando estudiase periodismo, estaba centrada, me gustaba mi vida tal y como era pero debía fingir muchas veces que estaba cómoda con otros, que quería hablar, debía ser amable y acercarme a personas que no me interesaban sintiéndome fuera de lugar muchas veces y sin ganas de hablar, queriendo buscar zonas de silencio por todo el recinto, alejarme del barullo y los comentarios.

Las listas dejaban de ser tan eficaces conforme ibas creciendo, siempre salía un nuevo imprevisto del que ocuparme o un trabajo que hacer con el que no había contado antes o un taller al que mi madre me había apuntado sin consultarme sabiendo que estaba ocupada. En la universidad no fue todo tan exigente pero seguía sintiendo que nada salía como esperaba o quería. Me di cuenta de que de eso sufre todo el mundo, que todos quedamos atrapados por rutinas que no nos gustan y debemos hacerlas porque no hay otra salida, porque no hay forma de ser uno mismo sin que te ataquen y que no todo son listas perfectas y exigentes para vivir.

Caída del puente:

Todo el mundo sabía cuánto me gustaba la lluvia, ese sonido, esas gotas cayendo en el suelo atrayendo calma y serenidad, tardes de lectura y paseos nocturnos que me encantaba tener sin hablar mucho de ello, a mi madre no le gustaba que saliera tan tarde. Pero yo nunca escuchaba, nada más veía que llovía a través de la ventana, me vestía y salía a la calle a cualquier hora, me relajaba hacerlo, sentía que pertenecía a algún lugar. Aquella noche, fue una de esas noches en las que llovió mucho, donde ese sonido era atrayente y relajante y en el que sentí que debía salir para dar un paseo. Ahora puedo decir que fue un error.

Desde que pasé la plaza de la ciudad y empecé a caminar entre callejones no tan iluminados, empecé a notar que alguien me seguía. Al principio, no quise darle demasiada importancia porque podría ser alguien que vivía cerca y debía ir detrás de mí para llegar… Pero tan solo estaba quitándole fuego al asunto, ese tipo me estaba siguiendo y yo estaba aterrada. Vi cada vez más cerca el puente por el que se llegaba a la universidad, tenía planeado llegar a la zona de seguridad y quedarme allí hasta sentirme a salvo de él y dejar que se fuera, empezaba a darme cuenta de por qué mi madre estaba en contra de que saliera por las noches. Pero no pude llegar, quizá fue porque apreté el paso y alerté al tío de la capucha, corrimos uno detrás del otro, sintiéndome como una presa fui frenada por una de sus manos, hizo que me diera la vuelta y que me cogiera del cuello para tirarme por el puente sin motivo.

Mientras caía, pude preguntarme si era alguien que conocía o, tan solo alguien que necesitaba hacer algo así para sentir que existía en un mundo tan complicado. Era extraño sentirse todo, quizá aterrador para algunos y estresante para otros, podrían haber mil motivos para esto, motivos que yo no lograba encontrar, hasta llegar a las rocas y mi cabeza reventar contra ellas, dejando que la oscuridad me nublase. Ni siquiera un adiós ni un “hasta luego”, quizá un “ya nos veremos”, nada. Pasó y ya está, como todo pasa, sin necesidad de una lista, otro imprevisto para una aspirante a periodista que pasó a la historia antes de haber empezado la suya.

Un futuro imprevisto:

Fui un imprevisto. Unas horas antes, había llamado a mi madre y habíamos hablado de algo banal, absurdo, quizá sobre algo de lo que estaba estudiando y que a mí me parecía interesante comentar. Quizá estaba cansada, puede que fuera eso lo que le dije para dejar de hablar o puede que fuera el examen del día siguiente, por ello, salí a andar, para relajarme. Es curioso cómo todo deja de importar y recordarlo ya no es importante cuando ya dejas de pertenecer a un cuerpo. Pero sí, fui un imprevisto en la lista de mis padres, contando con que hubieran empezado una, no sabía mucho de sus vidas aún habiendo vivido con ellos durante la adolescencia.

Supongo que habría frenado sus vidas, sus rutinas, quizá el entierro molestó a algunos de sus familiares que, a decir verdad, no conocí a muchos o puede que sí y no los recuerde porque estaría enfrascada leyendo algún libro. Todo puede ser. Quizá irían a recoger mis cosas a la universidad, quizá mi compañera de residencia lloraría desconsolada durante un par de días y los siguientes días bromearía sobre su nuevo vestido con su nueva compañera de cuarto. Volverían a casa con el coche, quizá se cogieran unos días de descanso en el trabajo para pasar el shock, quizá tardarían en procesarlo, esto volvería locas sus vidas, un día a día sin listas porque no sería lo mismo, no se sentiría igual. Me había vuelto en un imprevisto, lo que más odiaba de todas y cada una de mis listas, ¿dónde lo añadiría?


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Michael: El que no Recuerda

Relato procedente:Lagunas“. Edad: 42 años.

Ciudad natal: Nueva York. Profesión: Pianista.

Descripción física:

Cabello castaño, bastante canoso, corto y no muy abundante, ojos oscuros y mirada penetrante, con tez un tanto pálida y una risa contagiosa o, al menos, eso me dicen siempre. No he sido delgado toda la vida, he tenido mis fases sobre todo en la adolescencia pero ahora diría que sí lo soy tras mucho ejercicio y la vida sana que Annie planeaba cada día. Me solía vestir de traje y corbata, en mis conciertos me gustaba ir elegante, mucho más si venía gente importante, en los días libres usaba unos vaqueros cualquiera y alguna camisa a cuadros o lisa que tuviera limpia y encontrara en el armario, el resto, ya tiene que ver con pijamas.

Descripción de la personalidad:

Tengo una personalidad bastante dinámica y flexible, al menos, eso era lo que Annie decía que le atraía de mí. Puedo estar en cualquier lugar y hacer sentir a las demás personas cómodas, aunque yo no lo esté o viva una situación difícil, suelo ser amable y dedicado a aquellos que lo necesitan, centrado en ser de los mejores pianistas de todos los tiempos, aunque se necesiten muchas horas y dedicación para ello. Soy un gran lector, devoro libros como devoro comida y me gusta cualquier programa idiota que hagan en televisión con tal de entretener mi mente en algo más que las notas de mi piano. Supongo que tengo carácter afable y cercano, cariñoso en ciertas ocasiones y siempre tratando de ser correcto, aunque tenga mis desmelenes, de vez en cuando.

Entre lujos:

Crecí entre muchos lujos, con una familia adinerada, las criadas me daban todo lo que les pedía y lo hacían sin rechistar, me beneficiaba porque sabía que mis padres se negarían con alguna lección sobre educación y respeto, como hacían siempre. Ellos siempre tenían viajes de negocios, a penas nos veíamos, fui a varios colegios privados, pasé el bachillerato y me enrolé en la Universidad para estudiar Empresariales, la gama que mi padre quería que eligiera, mientras me dedicaba en secreto a tocar el piano. Practiqué un poco en el colegio, era una de las clases más difíciles pero a mí se me daba francamente bien y quise seguir, aunque sabía que a mis padres no les gustaría demasiado la idea y querrían erradicarla de mi cerebro, por lo que, seguí haciéndolo a escondidas con tal de tenerles contentos y ser el hijo modelo.

A decir verdad, no tuve traumas, ningún tipo de drama que me gustaría destacar, tuve una vida bastante fácil y acomodada. Había muchas cosas de mi familia, quizá algunas de sus actitudes con las que no estaba de acuerdo, no eran correctas, puede que viera el mal trato que tenían hacia otras muchas personas que no tenían el dinero que ellos sí tenían y ese carácter altivo que mostraban en sociedad, pero fui cauteloso, paciente, esperé hasta la Universidad para poder empezar a tener una vida por separado de la que ellos no tuvieran por qué enterarse y todo salió bien, con elegancia, todo llega a buen puerto.

Grandes oportunidades:

Las grandes oportunidades surgieron de conexiones importantes con gente que ya conocía a través de mi familia, no fue difícil saber dónde podría hacer conciertos privados y cómo llamar la atención de la gente, incluso, de discográficas importantes que pudieran fijarse en mi trabajo. Hubo un tiempo en el que estuve extremadamente ocupado entre las clases de empresariales y el piano, estaba ahogado, tenía muchos trabajos que entregar, cosas que estudiar y conciertos que planificar entre gente rica y perfeccionista que rebosaba de buen gusto y, bueno, tuve mis malas rachas y tonterías con el alcohol, me gustaban las fiestas y, de vez en cuando, me libraban de acabar con un ataque de nervios o dos.

Conocí a Annie en una de esas fiestas de músicos a las que solía ir para darme a conocer, estaba llena de lujos, luces, estúpidos brindis y gente que solo hablaba de cerrar tratos. Los dos terminamos aburridos en una esquina y me enteré de que a ella le encantaba tocar el violín, era una apasionada de la música y empezamos a ensayar juntos, hacíamos un buen dúo que impresionó a muchas discográficas que quisieron promocionarnos. Era de esperar que ella no le gustara a mis padres, no venía de buena familia, no era como nosotros y era demasiado modosita para ellos. Fueron tan maleducados que dejé de verles por completo, empecé a trabajar y a tener una vida propia con Annie.

Las lagunas:

Desde ese momento que decidí apostar por un futuro diferente, empecé a tener lagunas, ataques de pánico y momentos de estrés extremo que aparecían de la nada. Tuve suerte al haber terminado de estudiar y tener un poco más de tiempo libre porque caía enfermo muy a menudo, creo que fue uno de los peores momentos de mi vida. Hacía cosas que no recordaba que había hecho, me despertaba en sitios a los que no recordaba haber ido antes o haber pensado en ir, a veces, a kilómetros de distancia de casa, reflexionaba cosas que luego no recordaba… Annie era mi muleta, la que me decía qué había dicho o hecho, muchas veces, lo apuntaba en una libreta para cuando yo llegase y ella estuviera practicando o en algún concierto de violín, que pudiera saber qué me había ocurrido.

Era duro porque estuvo pasando durante años y no hubo forma de que dejara de ocurrir. Fui a varios médicos, al principio, creyeron que tenía algún problema cerebral, otras veces, hablaron de algo fisiológico que se les estaba pasando por alto y, por último, un trauma infantil que debió afectarme en el pasado y que, en el momento en que dejé de lado a mis padres, se activó como si fuese un botón. La cuestión era que nadie me ayudaba más que Annie, la chica que hice mi mujer por todo su esfuerzo porque yo estuviera bien y constante apoyo, fue una boda preciosa que trato de que no se vuelva una laguna y deje de recordarla. Ella creó el sistema de la libreta y añadió post-its en la pared para que parase en el momento de trance, si es que era eso lo que estaba ocurriendo. Funcionaba porque, a veces, cuando pretendía salir de casa me paraba al ver sus palabras pegadas en la pared, me sentaba y la esperaba, evitando el temor de haber hecho algo extremo que no pudiese explicar.

El cuerpo de Annie:

A pesar de estas lagunas que interferían en mi día a día, nos fuimos a vivir fuera de la ciudad, en una zona bastante arbolada y preciosa en la que hacía tiempo pensábamos mudarnos, nos gustó una casa grande y espaciosa donde queríamos tener hijos y pasar el resto de nuestra vida. Parecía que las lagunas empezaron a suceder cada vez menos, así que, supusimos que lo que ocurrió fueron situaciones aisladas que podrían tener que ver con el ruido y el ajetreo de la ciudad, junto a todo el estrés acumulado en la Universidad y los conciertos, así que, empezamos a olvidarlo, incluso, las notas en la pared y la libreta. Tuve miedo de olvidarlo pero Annie dijo que sería la única manera de superarlo, que debíamos hacer un esfuerzo para seguir adelante, por lo que, decidí hacerlo, tal y como ella dijo, probar y confiar en que todo saldría bien.

Pero, lo que jamás creí que ocurriría pasó. Me vi a mí mismo tirado en el suelo, con la cabeza y el costado adoloridos, con un cuchillo en la mano y sangre en la otra parte de la cocina que esperaba fuera mía pero que resultó ser de Annie. La encontré sobre un charco de sangre que salía de su pecho y su cabeza, con varias puñaladas del cuchillo ensangrentado que yo había sujetado tan solo unos pocos minutos antes y fui presa del pánico. Caí al suelo de rodillas, sollozando y recordando nuestra vida juntos, fueron flashes que aparecían en mi mente como fotografías. Llegó la policía y todo se oscureció a mi alrededor, no pude entender mucho, creo que me desmayé.

Un futuro imposible:

Estuve durante horas interminables en una sala de interrogatorios con dos tipos, el que hacía de poli bueno y el poli malo, parecía que nunca se ponían de acuerdo con las preguntas que debían hacerme, fue violento y ridículo, ¡había acabado de saber que mi mujer estaba muerta! Habían tenido muy poco tacto durante toda la charla y me acusaban de asesinato en primer grado, al parecer, tenían una prueba irrefutable como lo era el cuchillo que yo había sujetado en la mano cuando me desperté y las cuchilladas en su pecho, me vieron a mí al lado del cadáver llorando y gritando como un loco, tenían suficiente para encerrarme y yo no me acordaba de nada, tampoco tenía nada que justificara mi estado, mis lagunas… Ni siquiera se creyeron que teníamos un sistema, no quisieron que fuese a recoger las libretas.

No esperaba esto, la vida era una estúpida broma pesada, una pesadilla de la que despertar mañana, quizá en cualquier momento. Era frustrante no tener ni idea de qué había pasado o tener la certeza de si había sido yo quién la había matado y por qué, tenía una incertidumbre inexplicable que me impedía estar tranquilo, lo cual, también querían usar para acusarme. Querían llamar a mis padres para corroborar mi historia pero, ¿qué iban a decir ellos? Habíamos estado años peleados y ahora esto era lo único que les iba a hacer tener una relación conmigo, incluso, sabía que, con un par de llamadas mi padre podría hacer que todo esto desapareciera y estaba seguro que lo haría. Pero yo no quería. No quería que pararan la investigación, quería saber qué había sucedido y cerciorarme de si había sido yo, de si le había hecho daño, si la había matado y si quizá me había enajenado, era preciso, quería estar seguro y cumplir la condena que merecía si así había sucedido.

Ahora me queda esperar como un idiota a que alguien me diga algo… Esto no era lo que quería, lo que esperaba, lo que había pedido en mi vida. Esto era imposible…

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Lagunas:

Abrí los ojos poco a poco, sintiendo mi cuerpo algo engarrotado. Parpadeé un par de veces para ponerme en situación, dándome cuenta de que estaba tirado en el suelo, boca arriba, algo mareado, con un dolor de cabeza horrible. Notaba la boca seca, tenía algo en la mano izquierda pero todavía no definía qué era. Traté de enderezarme la primera vez pero no lo conseguí, me dolía mucho el costado derecho. Esperé unos segundos y volví a intentarlo acercando ambas manos hacia el centro, percatándome de que lo que había notado antes era el mango de uno de los cuchillos que teníamos en la cocina. ¿Qué hacía yo con un cuchillo allí tirado? Lo dejé en el suelo y traté de ponerme en pie.

Volví a marearme, así que, evité levantarme demasiado rápido ayudándome con una de las sillas que había cerca de la barra de la cocina. En ese momento, estar de pie era lo peor que me había pasado en diferencia, así que, seguí de pie con las manos cogidas a la encimera de la cocina. En esos momentos de lucidez, donde no parecía que me ocurriese nada entre dolor y dolor, pude darme cuenta de que había unas gotas de sangre bastante grandes cerca de la mesa de la cocina donde Annie y yo solíamos sentarnos a comer esos días de trabajo en los que no tienes tiempo y comes a toda prisa. Mientras seguía agarrado a la encimera, iba acercándome poco a poco, con la respiración entrecortada, entre asustado, curioso y cauteloso, ¿era mi sangre?

El siguiente mareo me dio más fuerte, tanto que me dobló las piernas y casi me caigo al suelo, seguía notando el corazón bombeando en la parte de atrás de mi cabeza. ¿Acaso me había caído? Me iba acercando pero no veía bien, la encimera me ocultaba lo que había detrás, pero pude ver un charco de sangre mucho más grande, viscoso y quizá, reciente. Un escalofrío recorrió mi espalda, mis ojos se abrieron de par en par y el pánico se apiadó de mi cuerpo sin yo poder hacer gran cosa por evitarlo. Me esforcé un poco más por llegar a la mesa, costándome respirar y con punzadas en el costado derecho, tenía que seguir encorvado y poner toda mi atención en que mis piernas se siguieran moviendo y no me fallasen como antes.

En cuanto llegué a la esquina de la encimera, noté un nudo en la garganta al enfrentarme a aquello, al saber qué o quién yacía en el suelo con sangre brotando de su pecho y su cabeza. Era Annie, era ella. El shock hizo que me soltara y volviera a caerme al suelo, esta vez de rodillas, propinando un grito de dolor, estas tocaron el círculo de sangre que se había formado debajo de ella, sin poder evitar que las lágrimas salieran de mis ojos. Miré el cuchillo que estaba ya a varios metros de mí y la volví a mirar a ella, lo hice un par de veces para preguntarme si había ocurrido algo que yo no recordaba… si yo había… si le hice algo que yo no… Oh, dios mío. Empecé a hiperventilar, poniéndome una mano en el pecho y sintiendo cada vez esas punzadas de dolor en el costado y las rodillas, cayéndome de lado sobre la sangre de Annie.

-No, no, no, noooo… Annie, por favor. Despierta. Annie…

No podía parar de sollozar y un millón de flashes vinieron a mi mente como una tortura interna por lo que podría haberle hecho. Nos vi a ambos entrando en esta casa por primera vez, preguntándonos si deberíamos comprarla, era moderna, tenía todo lo que necesitábamos y teníamos el dinero, ella dijo sí y nos lanzamos. Otro flash me atravesó el pecho, viéndonos en el altar, sonriendo, con nuestras familias celebrando nuestra unión en cuerpo y alma y llevándonos de luna de miel a Bali, donde pasamos los mejores días de nuestras vidas. No podía respirar, estaba allí echado en el suelo, hecho un ovillo, sollozando, gritando y diciendo cosas sin sentido.

Un golpe sordo me interrumpió y, con la vista algo borrosa, pude ver cómo unos cuatro o cinco agentes me gritaban que me alejara del cuerpo, dos de ellos, me levantaban del suelo, me ponían las esposas y yo seguía allí, sin comprender nada de lo que ocurría.

-Queda usted detenido por el asesinato de su esposa. Todo lo que diga puede utilizarse en su contra ante un tribunal, tiene derecho a la asistencia de un abogado, si no puede pagarse uno, le asignaremos uno de oficio, ¿ha entendido sus derechos, señor?

Aquellas palabras quedaron en la nada, no podía responder, dejé mi cuerpo caer hasta que no vi nada más que oscuridad y sollozos ya casi inaudibles mientras gente que no conocía seguía invadiendo mi casa y hablando de algo que casi no lograba entender.

-El arma homicida es una prueba concluyente, recogedla y llevadla al laboratorio. Debemos interrogarle cuando esté consciente, parece estar en estado de shock. Puede que haya matado a su mujer, llevaos el cadáver y vayamos todos a rellenar el papeleo.


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Memory Lapses:

I opened my eyes slowly, feeling my body somewhat set. I blinked a couple of times to get in position, realizing I was lying on the floor, on my back, a little dizzy, with a horrible headache. I could feel my mouth dry, I had something in my left hand, but I still didn’t define what it was. I tried to get up the first time, but I didn’t get it, my right side hurt a lot. I waited a few seconds and tried again by bringing both hands closer to the center, realizing what I felt in my left hand was one of the knives we had in the kitchen. What was I doing with a knife lying on the floor? I left it on the floor and tried to stand up.

I got dizzy again, so I avoided getting up too fast helping myself with one of the chairs near the kitchen bar. At the time, standing was the worst thing that had happened to me by far, so I stood with my hands held to the kitchen counter. In those moments of lucidity, where nothing seemed to happen to me between pain and pain, I realized that there were a few pretty large drops of blood near the kitchen table where Annie and I used to sit down and eat those working days where we didn’t have time and eat in a hurry. As I kept clinging to the countertop, I was slowly approaching, breathing choppy, between frightened, curious and cautious, was it my blood?

The next dizziness I felt was even stronger, so it bent my legs and I almost fell to the ground, I kept noticing the heart pumping in the back of my head. Did I fall? I was getting close but I didn’t see well, the countertop was hiding from me what was behind it, but I could see a much bigger, slimy, maybe recent pool of blood. A shiver ran down my back, my eyes very opened and the panic evade my body without me being able to do much to avoid it. I tried a little harder to get to the table, having a hard time breathing and panging on my right side, I had to keep hunched over and put all my attention on my legs moving and not failing me as before.

As soon as I got to the corner of the countertop, I noticed a lump in my throat as I faced that, knowing what or who lay on the floor with blood sprouting from her chest and head. It was Annie, it was her. The shock caused me to let go and fall back to the ground, this time on my knees, tipping a cry of pain, they touched the circle of blood that had formed beneath it, without being able to prevent the tears coming out of my eyes. I looked at the knife that was already several meters from me and looked at her again, I did it a couple of times to wonder if something had happened that I did not remember… if I had… if I did something to her that I didn’t… Oh, my God. I started hyperventilating, putting one hand on my chest and feeling every time those pangs of pain on my side and knees, falling sideways over Annie’s blood.

-No, no, no, noooo… Annie, please. Wake up. Annie…

I couldn’t stop sobing and a million flashes came to mind like internal torture for what I could have done to her. I saw us both coming into this house for the first time, wondering if we should buy it, it was modern, it had everything we needed and we had the money, she said yes and we jumped in. Another flash pierced my chest, seeing us at the altar, smiling, with our families celebrating our union in body and soul and taking us on our honeymoon to Bali, where we spent the best days of our lives. I couldn’t breathe, I was there stood on the floor, with a foetal position, sobbing, screaming and saying meaningless things.

A deaf blow interrupted me and, with a somewhat blurry sight, I could see about four or five agents yelling at me to get away from the body, two of them, lifting me off the ground, putting the handcuffs on and I was still there, not understanding anything that was going on.

-You are under arrest for the murder of your wife. Anything you say can be used against you in court, you have the right to the assistance of a lawyer, if you can pay it, we will assign you a public defender, have you understood your rights, sir?

Those words were left in nothing, I couldn’t answer, I dropped my body until I saw nothing but darkness and almost inaudible sobs while that police officers keep talking about things I didn’t understand completely.

-The murder weapon is a conclusive test, pick it up and take it to the lab. We have to interrogate him when he’s conscious, he seems in shock. Maybe he killed his wife, took the body and let’s all go fill out the paperwork.


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Sam: Tras un Asesino

Relato procedente:El Hombre de Hielo“. Edad: 38 años.

Ciudad: Sacramento. Profesión: Policía.

Descripción física:

Cabello corto, negro y fácil de cuidar. Tengo la tez pálida y los labios finos, los ojos marrones de mirada intensa. Soy esbelto, algo fornido debido al ejercicio diario al que me someto para poder realizar las labores policiales con mayor soltura y siempre visto con vaqueros y una camiseta cualquiera, con deportivas o zapatos de vestir o el uniforme del trabajo.

Descripción de la personalidad:

Siempre dicen que soy un tipo recto, que sé hacer lo que mandan sin preguntar, leal y con moral, sí puedo añadir que soy alguien bastante serio, escondo algunas de mis emociones bajo las finas capas de mis palabras y no suelo decir lo que pienso, mis frases con cortas y calculadas, para mí, no hace falta saber demasiado, me gusta ir al grano en las conversaciones con otros. Me gusta el silencio y la calma, mantenerme aislado y ver la tele tras llegar del trabajo con una buena cerveza y unas palomitas de bolsa, sin más vida que esa. Suelo ser bastante sincero y daño algunas sensibilidades ajenas pero me gusta creer que ayudo a otros a abrir los ojos hacia sí mismos, no me importa en absoluto qué piensen o crean los demás sobre mí, tampoco los rumores o las etiquetas que me pongan, vivo mi vida ocupado con el trabajo y cuando vuelvo a casa, lo demás, no existe.

Rectitud, lealtad y sinceridad:

Las tres palabras para una moralidad impecable, según decía mi padre. Él también fue policía y estaba muy orgulloso de ello, siempre quiso serlo desde el momento en el que se presentó a los exámenes y le dieron una bonita placa de investigador. Mis lecciones siempre giraban entorno a lo que él aprendió en la academia y, cómo no, quería que yo también fuera policía, digamos que crecí con ello en la sangre, no me negué. Aunque en el colegio fuese “el hijo del poli” y nadie quisiera juntarse conmigo, a mí me gustaba que lo fuera, me sentía seguro aunque mi madre siempre despotricaba sobre lo mal padre que había sido siempre dejándonos abandonados en casa mientras él hacia patrullas y se pelaba los sesos en cada asesinato que llegaba a su mesa.

No había que hacer preguntas, cuando te daban una orden tenías que cumplirla. Así que, empecé a volverme un poco más callado y, al ser adolescente, empecé a entrenar cada día para las pruebas físicas, solo tenía eso en la mente, ni siquiera los abusones del colegio podían desconcentrarme de ese objetivo. A mi madre le daba miedo y no quería que yo muriera solo como lo haría mi padre, era una dramática empedernida que no supo apreciar lo que tenía y prefería repetir esto antes de reconocer que ella también formó parte para que el matrimonio se rompiera y dejaran de verse aunque papá parecía estancado, siempre recordando los buenos tiempos.

No todas las mujeres son oficinistas:

Su nombre era Grace. Después de pasar las pruebas físicas y la academia, conseguí mi placa y mi arma reglamentaria, me asignaron un equipo en la misma ciudad y empecé a trabajar, lo que no esperaba era que hubiera una mujer como ella entre nosotros, no podía dejar de mirarla, incluso, sabiendo que la hacía sentirse algo incómoda. Al principio, creía que yo era una especie de acosador friki que quería saber lo que hacía, con quién y dónde iba pero lo cierto era que me parecía algo curiosa, por cómo se movía, hablaba y la comida que traía al trabajo, era buena investigando sobre todo casos de gente desaparecida y trasteando el ordenador. Una de nuestras primeras conversaciones fueron cerca del baño, donde siempre nos chocábamos y ella sonreía incómoda, la cogí del brazo y le susurré al oído el restaurante donde podríamos ir a cenar aquella misma noche, no respondió pero esperé allí hasta que apareció, eso era un sí.

Teníamos muchas cosas en común y se confirmaron aquella misma noche. El beso de despedida zanjó el acuerdo y seguimos quedando durante unas semanas más, empezando una bonita relación que acabó en matrimonio, con una hija preciosa y una casa que compré sin que ella lo supiera donde empezamos a vivir enseguida. Mi padre falleció poco después, mi madre cayó en una depresión muy fuerte y tuve que internarla en un hospital donde pudiera cuidar de ella. Era como si me hubiese quedado solo pero, esa no era la pura verdad al fin y al cabo, ¿no?

El Hombre de Hielo:

El llamado “Hombre de Hielo” tenía a toda la ciudad revuelta, la gente empezó a refugiar a sus hijos en casa a horas muy tempranas para que ese loco no les matara. Aunque disfrutaba matando mujeres, también se acercaba a niños, los violaba y los mataba, dejándolos en medio de la calle con una marca mostrando el hielo en la zona del ombligo. Había matado a unas veinte personas ya y se me ocurrió hacer un comentario en la calle que alguien de la prensa pareció escuchar y divulgó en televisión sin mi consentimiento. Fue algo tonto, una estupidez, una broma entre compañeros… solo dije que no tardaría en meter el culito de ese idiota en prisión aunque tuviera que traerlo en una sillita de bebé. En cuanto llegué a casa, encontré a mi mujer y a mi hija muertas en el suelo de la cocina. Dejó una nota en la que me retaba a meter su bonito culito en la cárcel después de haber tocado el mío por dos.

No podría expresar con exactitud lo que sentí en aquel momento pero culpable era una buena palabra a elegir aunque hubiera sido indirectamente. Jamás fue identificado o encontrado, no dejaba huellas y parecía que no fuera a parar. A decir verdad, estaba desesperado, solo y dado de baja para pasar el duelo de mi familia en paz, teniendo que ir obligado a un psicólogo para expresar mis sentimientos, esos que tanto solía esconder porque no me gustaba compartir una mierda con nadie que no conociera. Durante meses, lo único que hicimos fue mirarnos a la cara durante tres días a la semana por una hora, no sacamos nada en claro, me mandó a otro psicólogo y seguimos la misma operación, hasta que el jefe decidió darme de alta en el trabajo de nuevo, suponía que sería una buena medicina para ponerme mejor aunque no quisiera hablar de ello, al parecer, había pillado el mensaje. Tenía ganas de cazar a ese hijo de puta.

La llamada y el accidente:

El Hombre de Hielo llamó mientras dormía, recuerdo que eran las cuatro o cinco de la madrugada, diciendo que le gustaba cómo dormía Mónica, con lo que, intuí que estaba en su casa, a punto de matarla o herirla de gravedad para que yo la viese morir. Mónica fue mi compañera en el trabajo durante cinco años después de lo que ocurrió con mi familia y la tenía en gran estima o quizá, en demasiada estima pero nunca quise llegar a más, me sentía culpable por Grace si seguía adelante y nunca le pedía que saliera conmigo, me lo guardaba para mí para que nadie saliese herido pero él lo supo, algo que indicaba que nos había estado espiando en nuestras investigaciones.

Pedí refuerzos conforme salía del coche y entraba en casa de Mónica, vi que forzaron la cerradura pero a ella no le hicieron nada, todavía dormía, así que, me sentí algo confuso, ¿qué estaba haciendo exactamente?, lo supe unos minutos más tarde cuando me llamó para decirme que había hecho explotar la central de policía y darme una lección sobre que no podía salvar a todo el mundo, ¿qué lección de mierda era esa? Lo que recuerdo después es el haber estado en una cama de hospital tras esa llamada por haber tenido un shock en el que ni siquiera me podía poner de pie. Según Mónica, hubieron 100 muertos y 240 heridos, el resto tenían el día libre o estaban fuera recabando información, pero se encontraba ante un montón de escombros, triste y sola entre la penumbra que empezaba a embriagarla y tratando de no mostrarse emotiva.

Un futuro de destrucción y muerte:

El Hombre de Hielo había hecho esto sin que nadie se diera cuenta, quizá era parte de nuestro equipo sin habernos percatado o puede que tuviera un topo dentro, o puede que nadie se diera cuenta de su presencia porque no era alguien que llamara mucho la atención. Después de esto, sospechaba que iban a haber más muertes, por mí y para mí, le gustaba matar y también le gustaba verme sufrir, sabía quién me importaba aunque yo dijese que no me gustaba la gente, me había calado sin siquiera conocerme o quizá conociéndome desde hacía tiempo, aún no tenía ni idea pero debía conseguir pistas como fuese.

Las pruebas no eran concluyentes o no habían huellas, podía ser que nada encajase al fin y al cabo y que este tipo fuera quién fuera no recibiera lo que merecía, incluso, dándole la oportunidad de seguir matando y aterrorizando la ciudad, a familias enteras y a policías confusos, nadie iba a dormir tranquilo hasta meter el culito de ese cabronazo entre rejas.

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El Hombre de Hielo:

Me desperté de repente, eran las cinco de la madrugada. Esperaba que quién estuviera llamándome al móvil se diera por vencido y este dejara de sonar pero, se paró durante un minuto y luego volví a oírlo. Me incorporé y respondí todavía algo adormilado. La voz de mi interlocutor era suave, segura y aclamante de atención. Pude asegurar de que la tenía. Era él.

– Sé quién te importa. No puedes esconderlo más.

– No me importa nadie, deberías saberlo ya. No me gusta la gente.

– Pero ella sí, ¿verdad? Esa detective morena, de ojos verdes y sonrisa perfecta.

– Ella no… ella no me importa.

– La próxima vez dilo con más seguridad y puede que me lo crea.

– ¿Qué quieres?

– Me gusta cómo se mueve cuando está dormida…

Pude oír una risa estremecedora al otro lado del teléfono, un escalofrío recorrió mi espalda al tiempo que la llamada se cortaba. Deduje que ahora mismo estaría en su casa, iba a asesinarla, a hacer otra obra de arte con la sangre de Mónica. Me vestí tan rápido como pude, cogí el móvil, el arma reglamentaria y la chaqueta, me dirigí hacia el coche y aceleré nada más oí el rugido del motor. No había un solo minuto que perder.

Me sudaban las manos en el volante, notaba el corazón palpitar un tanto frenético y cómo el pánico de que pudiera hacer daño a la única persona que me importaba aumentaba por momentos. Su casa no estaba muy lejos pero, podría llegar demasiado tarde, o quizá me llamó para provocarme. El temido sádico y violento asesino en serie que mutila y adorna sus atrocidades llamado “El Hombre de Hielo”, seguía obsesionado con ganar una batalla conmigo que consideraba casi perdida, su necesidad de control ante lo que ocurría empezaba a amenazar nuestras vidas, él quería que yo investigara el caso, únicamente yo. No tuvo suficiente matando a mi a toda mi familia, ahora tenía que seguir amenazando a por personas que me importaban de verdad.

Llegué hasta su puerta. Saqué la Glock 9mm de la funda y me acerqué a la casa poco a poco, mientras informaba por el móvil con la otra mano a la central para que mandaran refuerzos, si conseguía verme cara a cara con él, podría salir tan malherido como Mónica, si es que, todavía respiraba. Habían forzado la cerradura, la puerta estaba abierta, así que, la empujé con cuidado. Las luces estaban apagadas, pero podía ver gracias a las que provenían de la calle y que entraban por las ventanas. Esperaba ver un montón de sangre en su habitación, verla a ella tratando de evitar desangrarse sin éxito, no sé, esperaba una catástrofe pero, no vi nada de eso. Había estado aquí, me había llamado desde su habitación pero no le había hecho nada, ella seguía durmiendo. ¿Por qué? El móvil vibró en mi bolsillo, así que, guardé el arma y contesté.

– Sabía que esa detective te importaba… – dijo emitiendo esa risa maliciosa otra vez-.

– Esperaba encontrarte aquí para dispararte justo en el entrecejo, ¿te has acojonado?

– No, me has dado el tiempo suficiente para regodearme.

– ¿Qué narices te pasa…?, ¿qué has…?

El sonido de lo que pareció una explosión, me interrumpió. Él seguía riendo sin parar, el sudor caía por mi frente. Mónica se había despertado, había encendido la luz algo adormilada y se acercaba a mí, cuando el “Hombre de Hielo”, una vez más, quiso darme una nueva lección.

– Quizá te gustaría saber qué he hecho con tu central de policía… Será mejor que vengas aquí y ayudes a los heridos, entierres a los muertos y aprendas que no puedes salvar a todo el mundo.

– ¿Eso es una lección? Deberíamos vernos cara a cara…

– Deja de hacerte el héroe ricitos de oro y empieza a ver que solo estamos tú y yo en el campo, solo tú y yo… nadie más.

Colgó. Me quedé en shock mientras Mónica me zarandeaba, quería que la escuchara pero yo tan solo quería ser olvidado en una habitación con poca luz, agazapado en una pared para que nadie pudiera encontrarme, quería desaparecer y no volver a ver a nadie más. Siempre que me involucraba algo pasaba… A lo lejos, oí a Mónica hablar por teléfono, pero muy, muy lejos.

– Sí. Necesito una ambulancia. La policía ya ha llegado, puedo confirmar que han entrado en mi casa y mi compañero está en estado de shock, por favor, ¡vengan rápido!

Todo se quedó borroso, oscureció y no pude controlar mi cuerpo. Caí sin control mientras seguía oyendo las sirenas de los coches policía a lo lejos, muy pero que muy… lejos.


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The Ice Man:

I woke up all of a sudden, it was five o’clock in the morning. I was hoping that whoever was calling me on my cell phone would give up and it would stop ringing, but it stopped for a minute and then I heard it again. I joined in and answered quite sleepy. My interlocutor’s voice was soft, confident and acclaiming of attention. I was able to make sure he had it. It was him.

-I know who you care about. You can’t hide it anymore.

-I don’t care about anyone. I don’t even like people.

-But she does, right? That detective with brown hear, green eyes and a perfect smile.

-She doesn’t… I don’t care about her.

-Next time say it more confidently and maybe I believe it.

-What do you want?

-I love how she moves when she’s sleeping…

I could hear a shuddering laugh on the other side of the phone, a shiver ran down my back while the call was being cut off. I figured he’d be at her house right now, he was going to kill her, make another work of art out of Monica’s blood. I got dressed as fast as I could, took the cell phone, the regulation gun and the jacket, headed for the car and accelerated as soon as I heard the roar of the engine. There wasn’t a single minute to lose.

My hands were up at the wheel, my heart was beating a little frantic and the panic of imagine how he could hurt the only person I cared about increased for moments. Her house wasn’t too far away, but I might arrived too late, or maybe he just called me to provoke me. The dreaded sadistic and violent serial killer who mutilates and adorns his atrocities called “The Iceman”, remained obsessed with winning a battle with me that I considered almost lost, his need for control over what was happening began to threaten our lives, he wanted me to investigate the case, just me. He didn’t have enough killing my whole family, now he had to keep threatening people I really cared about.

I arrived to her door. I pulled the Glock 9mm out of the holster and approached the house slowly, while reporting on the cell phone with the other hand someone to send reinforcements, if I could see myself face to face with him, I could come out as badly hurt as Monica, if she was still breathing. He had forced the lock, the door was open, so I pushed it carefully. The lights were off, but I could see thanks to those coming from the street through the windows. I was hoping to see a lot of blood in her room, see her trying to avoid bleeding out without success, I don’t know, I was hoping for a catastrophe, but I didn’t see any of that. He had been here, had called me from her room but had done nothing to her, she was still sleeping. Why? The cell phone vibrate in my pocket, so I put the gun away and answered.

-I knew you care about of that detective… – I could here that malicious laugh again -.

-I expected to find you here to shoot you right in your forehead, are you scared or something?

-No, you’ve gave me the time to take delight of you.

-What the fuck is happening to you? What did you do?

The sound of what looked like an explosion interrupted me. He kept laughing non-stop, sweat was falling down my forehead. Monica had woken up, ignited the somewhat sleepy light, and approached me, when the “Iceman” once again wanted to teach me a new lesson.

-Maybe you would like to know what I did with the police station… It would be great you come here and help the people who are injured, bury the death ones and lear the lesson you can’t save everyone.

-That’s the lesson? I think we should see each other face to face…

-Don’t pretend you’re the strong man here and start to see we’re the only ones in the field, anybody else.

He hung the phone. I was in shock while Monica started to shaking me, She wanted I listen to her, but I just wanted to be forgotten in a low-light room, crouched on a wall so no one could find me, I wanted to disappear and never see anyone else again. Whenever I got involved with, something happened… At the distance, I heard Monica talking on the phone, but far, far away.

-Yes. I need an ambulance. The police have arrived already, I can confirm that they have entered my house and my partner is in shock, please come quickly!

Everything was blurry, darkened and I couldn’t control my body. I fell out of control while still hearing the sirens of police cars in the distance, very but very… Far.


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Maggie: Deseo de Ser Otra Mujer

Relato procedente:Una Pausa Cercana“. Edad: 38 años.

Ciudad: Brujas (Praga). Profesión: Fotógrafa.

Descripción física:

Cabello corto y negro hasta los hombros, liso, maleable, sin necesidad de florituras. Mis ojos son de un castaño oscuro, penetrantes, labios finos, piel algo seca y soy esbelta. Suelo vestir con vaqueros rotos y algún top ajustado o con tirantes, aunque cuando hace frío, prefiero llevar sudaderas o jerseis, combinado con unas Vans o Converse. Muchas veces, me ha gustado vestir algo más rockera, maquillarme con tonos más oscuros y utilizar carmín rojo sangre o quizá, negro, en mi tiempo libre lo disfruto, pero trato de dejar estos gustos fuera del trabajo, la buena impresión delante de los clientes es lo mejor para que sigan acercándose nuevos a través del boca a boca, nunca falla.

Descripción de la personalidad:

Muchos me consideran algo brusca, puede que borde al hablar, puede ser cierto, aunque a mí me salga del todo natural, es un método de auto defensa del que es bastante difícil el desacostumbrarse. No soy del todo sincera hasta llegado el momento en el que estoy entre la capa y espada y debo decir lo que creo aunque tarde años en hacerlo, me siento incómoda en lugares repletos de gente y no soporto los interrogatorios, son agobiantes. Soy algo callada y no soporto la condescendencia, me gusta ser libre de hacer lo que quiera cuando quiera y no ceñirme a horarios que otros marquen, por ello, trabajo autónomamente de fotógrafa, me ayuda a marcar mi propio ritmo sin necesidad de asesoramiento externo o un jefe.

Del orfanato a la calle:

Fui una de esas niñas a las que nunca adoptaron, era algo problemática y no solía ir limpia a las reuniones con los padres adoptivos para evitar formar parte de una familia que podría no aceptarme nunca, hacía novillos, me escondía en la sala de las calderas por las noches para leer libros no permitidos que robaba de la biblioteca y muchas más cosas que ahora no recuerdo pero hasta que salí de allí, fui bastante rebelde y desagradable. El único que me caía bien era mi psicólogo, era un tipo bastante enrollado pero nunca le di a entender que me gustaba, sonreí un par de veces en su consulta pero siempre trataba de ocultárselo, no quería que supiera que lo que me enseñaba era útil, no quería irme y seguir siendo una rebelde sin solución era lo único que podía hacer para quedarme y evitar hogares que desconocía.

A los 18 años salí, ya era prácticamente una adulta y debía empezar mi vida como tal, aunque nadie me hubiese enseñado a hacerlo. Empecé viviendo en albergues, fui conociendo gente bastante maja y agradable, Sam fue uno de ellos. Era guapo, interesante y muy servicial, siempre procuraba que todos las personas del albergue obtuvieran un techo, agua caliente, comida y noches agradables de lectura para que vida dejara de parecer tan dura, era mi preferido pero nunca lo dije en alto. Siempre pasaba por delante de él para que me sirviera la comida, nos quedábamos mirando un rato y me iba sin mediar palabra aunque él me saludase, callada y tímida hasta la tumba.

Mejoras óptimas:

Estuve en los albergues hasta los 21, cuando se ofrecieron varios pisos nuevos para gente que no tenía nada, querían que los ocupáramos y nos ofrecían varios trabajos, una labor muy solidaria de Sam, el que se encargó de hablar con el ayuntamiento y los constructores, no sabía quién era o para quién trabajaba, pero parecía ser alguien importante, con influencia. El piso que me ofrecieron fue genial, un cambio agradable, considerando que nunca había vivido sola, y el trabajo de dependienta en la tienda de fotografía del mismo barrio, era interesante y, a la vez, llevadero. No me gustaba hablar demasiado pero sí empecé a cogerle el gusto a eso de hacer fotografías.

El trabajo empezó a gustarme, así que, un día paseando por el parque, vi un anuncio en una farola, donde decía que daban clases de fotografía para futuros fotógrafos, no era demasiado caro pero, podía ahorrar si me apetecía entrar, era una buena iniciativa. Me dediqué a estudiar y a trabajar durante un tiempo y parecía que mi vida iba mejorando. No supe nada de Sam hasta unos meses más tarde, cuando vino a casa a comprobar si todo iba bien, él mismo lo hacía con todas las personas que habían formado parte del albergue, quería ayudarnos de verdad y cada dos o tres meses, hacía visitas a cada uno para saber cómo llevábamos los cambios y si había algún problema. Fue muy cariñoso, atento y hasta me pidió una cita, algo a lo que no pude negarme, cada vez que le miraba sentía mariposas revolotear por mi estómago y, aunque incómodo, me hacía sonreír.

El porvenir inesperado:

Me encantaba salir con Sam, nos atraíamos, hablábamos de todo y estábamos a gusto juntos. Estuvimos saliendo durante dos años sin interrupciones y empecé a ayudarle en los albergues, además de haber empezado mi propio negocio de fotografía desde casa, yo misma me había montado todo el equipo necesario de revelado, las cámaras y los objetivos perfectos dependiendo de en qué ambiente, zona y luminosidad estaba, los clientes empezaban a llamar solos y yo estaba muy feliz, pude dejar el trabajo de dependienta y dedicarme al cien por cien a la fotografía de forma autónoma, el curso que hice me sirvió muchísimo. Sam estaba encantado.

Todo iba sobre ruedas, pero no esperaba la pedida de mano, mucho menos cumplir una expectativa de mujer con hijos, a penas hacía dos años que había empezado a vivir y ya estaba ante un pedrusco enorme de no sé cuántos quilates que brillaba tanto como para cegarme. Recuerdo haberme quedado paralizada, con Sam arrodillado en el suelo y diciéndome todas aquellas cosas tan bonitas, no podía creer que fuéramos a llegar tan lejos y menos en aquel momento. Vi sus ojos, esperaba el “sí”, sonreía como un niño pequeño que quería su juguete y lo quería ya mismo. No estaba del todo segura, pero no quería decirle que “no” para no desilusionarle y perderle, así que, dije que “sí”, por supuesto, empezando a tomar las píldoras anticonceptivas porque sabía perfectamente qué vendría después de la boda.

Alivio instantáneo:

Tras dos años más de casados y tratando de quedarme embarazada desde hacía unos pocos meses sin éxito, como era obvio, sentí una punzada en el pecho, como si no pudiera respirar, como palabras agazapadas dentro de mí esperando ser escupidas. Mi médico me dijo que todo iba bien, aunque yo no lo estuviera, todavía sentía mi pecho cargado, pesado, sin saber muy bien por qué. Me di cuenta de que esa punzada la sentía cada vez que Sam sacaba el tema de nuestro futuro, nuestros hijos y qué casa nos compraríamos para pasar allí las vacaciones en familia, era como si hubiera algo que me moría por decirle pero que evitaba. Decidí hacerlo cuando noté que el dolor de mi pecho se volvía insoportable.

“No quiero seguir casada ni tener hijos”, esas fueron mis palabras exactas. Sam ni siquiera se movió, estuvo durante un rato sentado en el sofá mirando una vela aromática sobre la mesa del té sin tener ningún tipo de reacción fuera de lugar, aunque yo la esperaba. Lo único que obtuve de ello fue un rato de sexo apasionado y el despertar con el sol dándome en la cara, a la vez que le veía irse al trabajo sin más, como si la conversación de la noche anterior no hubiera existido, dejándome confusa entre mis pensamientos y dudosa de nuestra relación, a decir verdad, aún lo estoy.

Un futuro a la espera de una respuesta:

Sé que debo esperar una respuesta. Su respuesta. No sé cuánto tiempo tardará en dármela o si me la dará. Conozco a Sam, lo interioriza todo se sienta como se sienta, sin decir nada a nadie, no comparte demasiado sus sentimientos, mucho menos, cuando duelen. Tan solo queda esperar, sin desesperar, aunque nuestra relación puede que no sea la misma, o quizá sí, tampoco lo sé. Lo cierto es que me he sentido, de alguna forma, aliviada, sincera por una vez.

A la espera de una respuesta…

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Una Pausa Cercana:

-Te has quedado muy callado… ¿De verdad no quieres decir nada?

-No quieres seguir casada conmigo y no quieres tener hijos, ¿qué esperas que diga?

-Estaría bien saber qué estás pensando…

-Nada.

Estábamos sentados uno al lado del otro en en sofá, mirando a la nada. No quería mirarle a los ojos por vergüenza, estaba segura de que estarían llenos de juicios, iban a hacerme sentir culpable, así que, seguí con la cabeza gacha. Sabía que había complicado las cosas, había dicho la verdad que llevaba sintiendo durante tanto tiempo tras llevar un año casados e intentando que me quedara embarazada sin éxito gracias a las pastillas anticonceptivas que me tomaba a escondidas. Dejé que la corriente siguiera su curso, omitiendo la verdad, lo alargué demasiado todavía pensando que sería un sentimiento pasajero.

Era la conversación más incómoda que habíamos tenido en años, la primera fue sobre por qué yo no podía estar orinando a la vez que él se afeitaba. Empezaron a sudarme un poco las manos, estaba bastante nerviosa y su silencio no ayudaba, quería gritar, saltar del sofá y pedirle que se enfadara, implorarle que me echara de casa o tomara cartas en el asunto, pero mi pierna derecha fue la que exteriorizó eso moviéndose nerviosamente arriba y abajo, sin parar. Sam se percató de ello, cerró los ojos con fuerza y me miró diciendo:

-¿Podrías dejar de mover tanto la pierna? Me pones nervioso…

-Lo… lo siento, no era mi intención.

-Gracias.

Había una vela aromática sobre la mesa del té frente al sofá, Sam seguía observándola, pensativo mientras yo trataba de entender ese gracias, ¿qué había sido eso, por cierto? Le acababa de echar al suelo todas sus ilusiones, esperanzas, planes de vida futuros, ¿y me decía gracias por dejar de mover la pierna?, ¿en serio? Me levanté del sofá y empecé a pasearme por la habitación, inquieta. Él me miró. Pero no era una mirada de odio o resentimiento, tampoco de venganza o violencia, se acercó a mí a paso lento mientras yo tragaba saliva esperando, cauta, a que algo realmente malo sucediera. Llegó hasta mí, estábamos muy cerca, me besó. Sorprendida, le respondí al beso.

Empezó a desabrocharme los botones de la blusa, con suavidad, justo como lo hizo en nuestra primera cita, dándome besos en el cuello y mordiendo una de mis orejas. Seguía algo contrariada pero no pude hacer otra cosa en ese momento que dejarme llevar y ver qué pasaba después, cuál sería su reacción. Al despertar, me di cuenta de que nos habíamos trasladado a la habitación y que Sam se estaba vistiendo, el resto de ropa estaba tirada en el suelo y el sol entraba agradablemente por la ventana. Cogió su maletín, me dio un beso en la frente y se dispuso a salir por la puerta.

-¿A dónde vas?

-A trabajar. Luego te veo – respondió con voz pausada, sin darse la vuelta -.

Cerró la puerta tras de sí y me dejó allí, desnuda bajo las sábanas con un millón de dudas cruzando mi mente y sin saber a qué acogerme…


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A Close Pause:

-You’ve been very quiet… you really don’t want to say anything?

-You don’t want to be married with me and you don’t want to have kids, what do you expect me to say?

-It would be nice to know what are you thinking right now…

-Nothing.

We were sitting side by side on the couch, looking out at nothing. I didn’t want to look at him in the eye with that feel of shame, I was sure they’d be full of judgments, they were going to make me feel guilty, so I kept my head down. I knew I had complicated everything we built, I had told the truth I had been feeling for so long after a year of marriage and trying to get pregnant without success thanks to the birth control pills I took in secret. I let the current run its course, omitting the truth, I kept it too long inside me even thinking it would be a passing feeling.

It was the most awkward conversation we’d had in years, the first one was about why I couldn’t be peeing at the same time he shaved. My hands started to sweat a little bit, I was quite nervous and his silence didn’t help, I wanted to scream, jump off the couch and beg him to get angry, to kick me out of the house or take cards in the matter, but it was my right leg that externalized that strong feeling nervously up and down, non-stop. Sam noticed it, closed his eyes tightly and looked at me saying:

-Could you stop moving your leg like that? It makes me feel nervous…

-I’m… I’m sorry. It wasn’t my intention.

-Thanks.

There was an aromatic candle on the tea table in front of the couch, Sam kept watching it, thoughtfully as I tried to understand that “thanks” he said before, what had that been, by the way? I had just thrown all his desires, hopes, future life plans to the ground and he was thankful to me for stop moving my leg, really? I got up from the couch and started walking around the room, restless. He looked at me. But it wasn’t a look of hatred or resentment, nor of revenge or violence either, he approached me slowly as I swallowed saliva waiting, cautiously, for something really bad to happen. He came to me, we were very close and he kissed me. Surprised, I answered to the kiss.

He started unbuttoning my blouse buttons, gently, just like he did on our first date, kissing me on the neck and biting one of my ears. I was still a little upset, but I couldn’t do anything else at the time than get carried away and see what would happen next, what his reaction would be. When I woke up, I realized that we had moved into the room and that Sam was getting dressed, the rest of the clothes were lying on the floor and the sun was coming in nicely through the windows. He took his briefcase, kissed me on the forehead and set out the door.

-Where are you going?

-To work. See you later – he answered with a paused voice, without turning -.

He closed the door behind him and left me there, naked under the sheets with a million of doubts crossing my mind and not knowing how to manage everything happened…


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Publicado en Relatos

Un Lugar Seguro:

Un lugar cerca del centro, quizá bajo nubes grises y el aletear de los pájaros. Un lugar donde mantenerse en silencio, sin palabras necias, sin necesidades enfermizas o críticas obsesivas e invasivas. Ese lugar que te abraza entre sus brazos y te susurra confidencias que jamás imaginaste, donde reflexionas y creas tus propias convicciones, puedes mirar por la ventana y ver a otro aún más perdido que tú en las casas que hay frente a la tuya.

Un lugar limpio, ordenado, con olor a flores donde añores a aquellos que más cerca están y recuerdes por qué llegaste a él, por qué lo pensaste. por qué lo deseaste y cruzaste esa puerta. ¿Fue para encontrarte?, ¿fue para evadirte del exterior?, ¿o fue por que querías huir de tu vida pasada? Este es un lugar donde tú misma eres tu propio salvador, donde te alimentas, esperas mejores tiempos e imaginas qué harías si tuvieras una vida nueva agazapada en tu mano esperando hacerte volar.

Un lugar donde no tengas que preguntarte constantemente si lo estás haciendo bien o mal, si decepcionarás a alguien o si has pasado las expectativas del que se sienta a tu lado cada mañana, no hará falta que esperes una palabra, un grito de reclamo, una negativa hacia algo que querías y tampoco hacer un esfuerzo por agradar a nadie. Es un lugar donde puedes ser tú sin tapujos, sin nada que esconder, está todo al alcance de tu mano, sin tener una necesidad de huir, mientras sigues leyendo cualquier libro que inspire mejores tiempos, sin que nadie te observe a escondidas esperando que seas el nuevo fracaso.

Un lugar donde tus ideas no son corrompidas, ni tus pensamientos cuestionados, estás a salvo. Respiras y caminas donde quieres, porque quieres y porque nadie puede evitarlo, tampoco cuestionarlo. Es ese lugar donde cuestionas la información que te llega de otros, donde decides qué creer y a quién, el por qué. Es justo el lugar donde puedes tomar tus decisiones en silencio, en brazos de la libertad que has tomado, te permite vivir, sentir y encontrar el sentido de las cosas junto a tu perspectiva, mientras la oscuridad forma parte de la vida de otros que quizá no supieron vivir la suya.

Un lugar donde mimar a tu niño interior, a cortar escenas pasadas que ocupaban tu mente de forma inesperada y no dejaban cabida a nada más, empezando a crear momentos y dejando de ser tú quién siempre se queda atrás. Ese lugar donde crees que vas a llegar lejos, que esperas que mejore todos tus problemas, que sea el techo donde duermas cada noche mientras el frío de afuera espera un nuevo amanecer. Ese lugar que te inspire, donde la luz entra cada día para avisarte de que ya puedes abrir los ojos y tus sueños se pueden volver realidad, donde puedes responder tus dudas sin ninguna influencia exterior, sin nadie que quiera usurpar las paredes de tu mente hasta tu último pensamiento coherente.

Un lugar que acalla las voces en tu cabeza cuando pones un pie dentro, cuando te hace sentir a salvo, que importas, esperándote tras un día duro de trabajo. Ese lugar seguro que aguarda mientras puedes ser tú y no la sombra de nadie.


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A Safe Place:

A place near the center, perhaps under the gray clouds and the flapping of birds. A place to stay silent, without foolish words, without sick needs or obsessive and invasive criticisms. That place that embraces you in his arms and whispers confidences that you never imagined, where you reflect and create your own convictions, you can look out the window and see someone even more lost than you in the houses in front of yours.

A clean, tidy, flower-scented place where you long for those closest to you and remember why you came to it, why you thought about it. why you wanted it and walked through that door. Was it to find yourself?, was it to evade yourself from the outside?, or was it because you wanted to run away from your past life? This is a place where you are your own savior, where you feed, expect better times and imagine what you would do if you had a new life crouching in your hand waiting to make you fly.

A place where you don’t have to constantly wonder if you’re doing it right or wrong, whether you’ll disappoint someone, or if you’ve spent the expectations of the one who sits next to you every morning, you won’t have to wait for a word, a cry of grievance, a refusal toward something you wanted, and also not make an effort to please anyone. It is a place where you can be without plugging, with nothing to hide, everything is placed at your fingertips, without having a need to flee, while you continue reading any book that inspires better times, without anyone sneaking around, waiting for you to be the new failure.

A place where your ideas are not corrupted, nor are your thoughts questioned, you are safe. You breathe and walk where you want, because you want to and because no one can avoid it, neither question it. It’s that place where you question the information that comes to you from others, where you decide what to believe and to whom, even why you do it. It’s just the place where you can make your decisions silently in the arms of the freedom you’ve taken, it allows you to live, feel, and find the meaning of things next to your perspective, while darkness is part of the lives of others and not in yours anymore.

A place to pamper your inner child, to cut past scenes that occupied your mind unexpectedly and left no room for anything else, starting to create moments and no longer being you who always lays behind. That place where you think you’re going to go far, that you expect it to improve all your problems, make it the roof where you sleep every night while the cold outside waits for a new sunrise. That place that inspires you, where light enters every day to warn you that you can already open your eyes and your dreams can come true, where you can answer your doubts without any outside influence, without anyone who wants to usurp the walls of your mind until your last coherent thought.

A place that blasts the voices in your head when you set your foot inside, when it makes you feel safe, that you care, waiting for you after a hard day’s work. That safe place that waits while you can be you and not anyone’s shadow.


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Publicado en Personajes

Bruce: Beber para no Sentir

Relato procedente:Entre Miradas“. Edad: 42 años.

Ciudad: Luxemburgo. Profesión: Economista.

Descripción física:

Moreno, con el cabello algo largo por la parte de arriba y más corto por las puntas, siempre me ha gustado llevarlo un tanto informal, a la vez que doy una imagen de economista de oficina aseado y profesional. Mis ojos son de un tono azul claro, labios finos y tez un tanto oscura, el sol nunca llega a darme del todo bien para volverme caribeño. Suelo vestir de traje y corbata, mi empresa es algo exigente con ello, siempre viste serio para causar buena impresión mientras le das tu tiempo a gente que solo te utiliza para ganar más dinero mientras tú te pudres de gastos. Los mocasines me matan, me los suelo cambiar a deportivas nada más subo al coche para ir al bar o a casa.

Descripción de la personalidad:

Según varios de los psicólogos a los que he tenido el poco placer de conocer durante mi vida, se han ceñido a la idea de que tengo una personalidad que tiende a la depresión, la nostalgia, melancolía, tristeza y con tintes un tanto victimistas, ahogo mis penas en alcohol para no sentir nada de ello y es una verdad que me repito pero que, a la vez, ocasiona que me guste mi pena y quiera experimentarla una y otra vez sin siquiera quererlo del todo, es un tanto confuso, todavía no he logrado entenderlo pero ahí está: depresivo crónico. Solía ser divertido en mis tiempos de juventud, incluso, ahora en ciertos momentos tiendo a serlo, un poco bromista pero, sobretodo, sarcástico, no puedo evitarlo, me ciertas ganas de vivir inexplicables. A veces, me aburro con facilidad y mi trabajo no pone esta tarea fácil porque es muy repetitiva y ya ni siquiera intento superarme a mí mismo, me da pereza. No suelo tener muchas amistades y me alejo de las aglomeraciones, algún psicólogo que otro también comentó algo sobre cierta ansiedad social reprimida que todavía no he terminado de conocer del todo porque está reprimida, ¿recordáis?

Rechazo como normalidad:

Supongo que aquí es donde empezó todo… Quizá esperéis que os cuente que fui un niño feliz, que fui al colegio, fui amigo de todo el mundo, terminé bachillerato, la Universidad y me cogieron en una empresa relativamente importante como economista porque soy bueno en mi trabajo pero, nada de eso sería verdad. Pasé por un rechazo detrás de otro, era el típico chaval echado a un lado, invisible y sin demasiadas ganas de llamar la atención, escuchaba, iba al recreo, le daba mi bocata al abusón de turno y me iba al baño a llorar un día detrás de otro, mientras intentaba volver a casa con ambos pies derechos. Sufría en silencio, nadie más lo sabía, no quise que lo hicieran, mi familia ya pasaba por sus propios dramas, mamá estaba muy enferma y los médicos la habían dejado pasar sus últimos días en casa antes de irse al cielo, tal como mi padre lo decía, una cosa más de la que tratar de escapar…

Me evadía de mis emociones y del exterior escuchando música, leyendo o jugando a videojuegos, a veces, cuando ya fui algo más mayor con marihuana y pastillas relajantes que solía usar mi madre para los dolores musculares, esa mierda te dejaba en las nubes al menos durante cinco horas donde pensar no tenía lugar. No dejaba espacio a las dudas o a las reflexiones, estaba de más, el mundo estaba jodido y yo no había elegido nacer, tampoco perder a una madre tan pronto y, mucho menos, terminar el colegio y ponerme a trabajar para ayudar a mi padre a pagar las facturas de la casa. Sí, consideraba que mi vida ya era una mierda, tendí a la depresión a partir de ese momento aunque todavía no sabía muy bien qué era eso o lo que estaba sintiendo, la cuestión era que lo sentía y punto.

Decisiones, decisiones, decisiones…

Mi padre me dio a elegir si quería seguir estudiando o trabajar en un tugurio como la hamburguesería de la esquina que solo ofrecía comida para llevar o si quería tener una vida mejor que la suya y seguir en el bachillerato para enrolarme en la Universidad y ser alguien que valiese la pena. Elegí la segunda opción, no porque lo quisiera o pensara que fuera importante, sino porque estaba colocado, un tipo que conocía pasaba relajantes bastante más fuertes que los que me tomaba, así que, esa decisión fue basada en no tener ni idea de lo que estaba diciendo pero, en cuanto me di cuenta, me vi estudiando. Me percaté que era muy bueno con los números, de hecho, todos los profesores lo decían pero yo no le daba la mayor importancia, tan solo veía las cosas desde un punto de vista matemático, no era para tanto, ¿no? Todos a mi alrededor lo vieron como una genialidad, como una necesidad de elegir qué hacer en la Universidad porque, ya sabéis, debía ser alguien en la vida…

Mi padre pensó que la administración de empresas o la economía serían carreras idóneas para mí, tan solo tenía que elegir una de ellas para saber hacia dónde dirigirme, estaba a punto de presentarme a la selectividad. Una vez más, decidí estando colocado, esta vez, marihuana y era muy buena, tanto que asentí cuando mi padre dijo la palabra “Economista”, se puso tan contento que ni siquiera quise discutirle por qué o por qué no moví la cabeza, ¡me estaba durmiendo, ni siquiera lo hice a posta! Pero, otra decisión tomada, ¿no?

De becario a economista jefe:

En la Universidad no me costó demasiado estudiar, era incluso, más sencillo que bachillerato, me seguían gustando los números y me ayudaban a aclarar la mente de vez en cuando. Lo que tenía aquel lugar de atractivo también eran sus fiestas, no me perdía ninguna, tenía lo más importante de todo: alcohol. No lo había probado antes y me di cuenta de que me gustaba más que la mierda que me estuvieron pasando desde adolescente, así que, llegaba a mi habitación siempre mamado, iba a los exámenes más relajado que nadie y acudí al funeral de mi padre entre ebrio y fumado, a ver qué iba a hacer sin él, era el único que me empujaba un poco en la vida…

Me ofrecieron un trabajo de becario en la empresa en la que trabajo actualmente, no pude negarme porque era la oportunidad que mi padre había querido para mí, así que, honré su memoria de alguna manera, era lo que debía hacer, ¿no? Tan solo tenía que llevar a cabo algunos proyectos, ordenar papeleo y vestirme de etiqueta de vez en cuando para dar buena impresión, pero me trabajé muy bien uno de los que me asignaron y, simplemente, mi jefe decidió meterme en un edificio de oficinas para que lo dirigiera y manejara todo el tema económico para él, era un gilipollas engreído, un tanto drogadicto y alcohólico que no tenía mucho tiempo libre y necesitaba a cualquier idiota que le cuidara el garito. Me iban a subir el sueldo tres veces más de lo que esperaba, así que, accedí sin pensarlo. Resultó ser un acierto aún llevando mi melancolía a cuestas, bebiendo sin parar y mezclándolo con medicamentos sin receta, sé llevar una maldita empresa y triplicar sus beneficios. Ni siquiera yo lo hubiera esperado…

Mujer y dos hijos:

Sí, ¿a quién se le hubiera ocurrido pensar que un tipo como yo podría tener suerte con las mujeres y mucho menos, procrear? Pues el dinero hace la mayor parte del esfuerzo, chicos. Darlena era una mujer increíble, nos lo pasábamos muy bien juntos, hacíamos de todo, sincerándonos lo mínimo pero teniendo claro que nos atraíamos, hasta que, un día ya no le bajó la regla. Fue una putada pagada por dos porque salieron gemelos: Tod y Garby, un par de cabrones bastante gamberros y juguetones que dejaban mi casa patas arriba las 24/7. No podría decir que nunca los he querido pero jamás pedí esto, de hecho, tan solo me lo pasaba bien con ella, hacíamos tonterías y ya no nos veíamos hasta pasadas unas semanas, luego tuvimos que mudarnos juntos y formar una familia bastante cuestionable.

Los niños siguen creciendo, les cuido, tienen un techo donde dormir, comida, agua y todo lo necesario pero no paso el mayor tiempo en casa, el bar es mi nuevo sitio ahora, está cerca de la oficina, me calma y me evade de mis responsabilidades, a veces, es agobiante ser parte de un mundo tan loco…

El accidente:

Conocí a una mujer justo en ese bar, una noche no muy ajetreada, estaba prácticamente vacío pero, al parecer, el único que la había visto era yo, según el barman no se había sentado nadie a mi lado desde que había llegado. Curioso, ¿eh? Porque tuve la misma sensación que cuando vi a Darlena por primera vez, era hermosa, sexy, extrovertida, divertida y bebía incluso más que yo, me atraía o quizá eso pensé. Desapareció entre una de nuestras conversaciones estúpidas de la noche y tan solo la vi salir del bar hacia la carretera, decidí seguirla porque se había llevado su chaqueta y bolso sin yo darme cuenta, quería saber qué había ocurrido pero, estaba tan centrado en seguir sus pasos que tan solo vi unas luces y oí un ruido sordo, seguido de gritos que se acercaban a mi posición mientras mi alrededor se iba quedando a oscuras.

Quizá ella escapó o se desvaneció en el aire, puede que nuestra conversación le hubiese resultado aburrida pero más aburrido me iba yo a sentir cuando despertara, si es que lo hacía.

Un futuro de reflexión y recuperación:

Una hemorragia interna, dos costillas rotas, algunos moretones y unas náuseas increíbles, imaginad ese momento al despertar en una cama de hospital, completamente solo, nadie esperando a que despiertes. Tristeza. Melancolía. Pude verlas esperar frente a mí a que me diera cuenta de que me estaban mirando, tratando una vez más de que me derrumbara y deseando que me inyectaran más morfina para quedarme inconsciente otra vez. Ese olor a enfermedad me irritaba, las enfermeras caminando arriba y abajo, un zumbido que no me dejaba dormir. Era curioso cómo las ganas de morir iban aumentando por momentos… Melancolía, tristeza…

Quizá debía reconsiderar mis acciones, hacia dónde me estaba dejando llevar por mis impulsos o evadir por ellos, qué no quería recordar y por qué no deseaba hacer frente a mi presente. Daba asco. Sí, ese era el motivo. Y era un buen motivo, al menos, para mí. Mis decisiones se habían tomado en base a algo que ni yo me había planteado, embarazos no deseados, niños que no había pedido, una vida que tampoco quería… Necesitaba morfina. Quería callarles. Necesitaba morfina. Quería dejar de sentir. Una copa me vendría genial ahora…


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