Publicado en Relatos

Un Lugar Seguro:

Un lugar cerca del centro, quizá bajo nubes grises y el aletear de los pájaros. Un lugar donde mantenerse en silencio, sin palabras necias, sin necesidades enfermizas o críticas obsesivas e invasivas. Ese lugar que te abraza entre sus brazos y te susurra confidencias que jamás imaginaste, donde reflexionas y creas tus propias convicciones, puedes mirar por la ventana y ver a otro aún más perdido que tú en las casas que hay frente a la tuya.

Un lugar limpio, ordenado, con olor a flores donde añores a aquellos que más cerca están y recuerdes por qué llegaste a él, por qué lo pensaste. por qué lo deseaste y cruzaste esa puerta. ¿Fue para encontrarte?, ¿fue para evadirte del exterior?, ¿o fue por que querías huir de tu vida pasada? Este es un lugar donde tú misma eres tu propio salvador, donde te alimentas, esperas mejores tiempos e imaginas qué harías si tuvieras una vida nueva agazapada en tu mano esperando hacerte volar.

Un lugar donde no tengas que preguntarte constantemente si lo estás haciendo bien o mal, si decepcionarás a alguien o si has pasado las expectativas del que se sienta a tu lado cada mañana, no hará falta que esperes una palabra, un grito de reclamo, una negativa hacia algo que querías y tampoco hacer un esfuerzo por agradar a nadie. Es un lugar donde puedes ser tú sin tapujos, sin nada que esconder, está todo al alcance de tu mano, sin tener una necesidad de huir, mientras sigues leyendo cualquier libro que inspire mejores tiempos, sin que nadie te observe a escondidas esperando que seas el nuevo fracaso.

Un lugar donde tus ideas no son corrompidas, ni tus pensamientos cuestionados, estás a salvo. Respiras y caminas donde quieres, porque quieres y porque nadie puede evitarlo, tampoco cuestionarlo. Es ese lugar donde cuestionas la información que te llega de otros, donde decides qué creer y a quién, el por qué. Es justo el lugar donde puedes tomar tus decisiones en silencio, en brazos de la libertad que has tomado, te permite vivir, sentir y encontrar el sentido de las cosas junto a tu perspectiva, mientras la oscuridad forma parte de la vida de otros que quizá no supieron vivir la suya.

Un lugar donde mimar a tu niño interior, a cortar escenas pasadas que ocupaban tu mente de forma inesperada y no dejaban cabida a nada más, empezando a crear momentos y dejando de ser tú quién siempre se queda atrás. Ese lugar donde crees que vas a llegar lejos, que esperas que mejore todos tus problemas, que sea el techo donde duermas cada noche mientras el frío de afuera espera un nuevo amanecer. Ese lugar que te inspire, donde la luz entra cada día para avisarte de que ya puedes abrir los ojos y tus sueños se pueden volver realidad, donde puedes responder tus dudas sin ninguna influencia exterior, sin nadie que quiera usurpar las paredes de tu mente hasta tu último pensamiento coherente.

Un lugar que acalla las voces en tu cabeza cuando pones un pie dentro, cuando te hace sentir a salvo, que importas, esperándote tras un día duro de trabajo. Ese lugar seguro que aguarda mientras puedes ser tú y no la sombra de nadie.


Recuerda que puedes apoyar el blog a través de Patreon, escribo relatos cortos más elaborados y personales:

www.patreon.com/trackontime


A Safe Place:

A place near the center, perhaps under the gray clouds and the flapping of birds. A place to stay silent, without foolish words, without sick needs or obsessive and invasive criticisms. That place that embraces you in his arms and whispers confidences that you never imagined, where you reflect and create your own convictions, you can look out the window and see someone even more lost than you in the houses in front of yours.

A clean, tidy, flower-scented place where you long for those closest to you and remember why you came to it, why you thought about it. why you wanted it and walked through that door. Was it to find yourself?, was it to evade yourself from the outside?, or was it because you wanted to run away from your past life? This is a place where you are your own savior, where you feed, expect better times and imagine what you would do if you had a new life crouching in your hand waiting to make you fly.

A place where you don’t have to constantly wonder if you’re doing it right or wrong, whether you’ll disappoint someone, or if you’ve spent the expectations of the one who sits next to you every morning, you won’t have to wait for a word, a cry of grievance, a refusal toward something you wanted, and also not make an effort to please anyone. It is a place where you can be without plugging, with nothing to hide, everything is placed at your fingertips, without having a need to flee, while you continue reading any book that inspires better times, without anyone sneaking around, waiting for you to be the new failure.

A place where your ideas are not corrupted, nor are your thoughts questioned, you are safe. You breathe and walk where you want, because you want to and because no one can avoid it, neither question it. It’s that place where you question the information that comes to you from others, where you decide what to believe and to whom, even why you do it. It’s just the place where you can make your decisions silently in the arms of the freedom you’ve taken, it allows you to live, feel, and find the meaning of things next to your perspective, while darkness is part of the lives of others and not in yours anymore.

A place to pamper your inner child, to cut past scenes that occupied your mind unexpectedly and left no room for anything else, starting to create moments and no longer being you who always lays behind. That place where you think you’re going to go far, that you expect it to improve all your problems, make it the roof where you sleep every night while the cold outside waits for a new sunrise. That place that inspires you, where light enters every day to warn you that you can already open your eyes and your dreams can come true, where you can answer your doubts without any outside influence, without anyone who wants to usurp the walls of your mind until your last coherent thought.

A place that blasts the voices in your head when you set your foot inside, when it makes you feel safe, that you care, waiting for you after a hard day’s work. That safe place that waits while you can be you and not anyone’s shadow.


Remember you can support the blog through Patreon, I write short stories more elaborated and personal:

www.patreon.com/trackontime


Publicado en Relatos

Entre Miradas:

La primera copa fue refrescante, la necesitaba. La segunda, mostraba que no había tenido suficiente con la primera pero, la tercera simbolizaba la necesidad de seguir bebiendo. El alcohol corría por mis venas tan deprisa como la sangre, cada noche necesitaba un poco más para evadirme de un matrimonio sin amor, dos hijos que me odiaban, una amante despechada y la tonelada de facturas por pagar que prefería olvidar en la oficina cada vez que cerraba, era una locura. En el bar era otra persona, podía convertirme en quién quisiera y cualquiera escucharía mis historias hasta acabar en la calle con una borrachera del quinto, pero era la única forma de llegar a casa con ambos pies.

Las luces eran algo tenues, lo cual, hacían que el ambiente fuera más íntimo y reservado, estaba algo silencioso, había como seis personas y cada una de ellas estaba metida en sus asuntos, copa en mano y dejándose llevar. No esperaba que nadie se sentara a mi lado y, mucho menos, una mujer. Tendía a ser borde, a negar que alguien se sentara cerca de mí pero su cabello rojizo, ojos grises y sonrisa celestial captaron mi atención por completo, volviendo la mirada otra vez a mi vaso para no hacerla sentir incómoda. Su tez era perfecta, parecía suave a simple vista y muy bien cuidada, no tenía una sola zona con acné. Trataba de calcular su edad mientras seguía observándola por el rabillo del ojo y ella intentaba no girarse para mirarme directamente, el primer contacto siempre solía ser un tanto tenso.

Se sentó en el taburete de la barra, unos centímetros de mí y se pidió un martini. Su voz era armoniosa, serena y poco monótona, con un acento diferente que todavía no había podido identificar pero que esperaba hacerlo. En cuanto le trajeron la bebida, removió su contenido con una pequeña pajita, su sensualidad era incuestionable, su vestido rojo sangre largo hasta un poco más arriba de las rodillas y un escote llamativo hacían que me volviera a mirarla tantas veces como el alcohol me permitía moverme. Pedí una cuarta copa para compensar, por supuesto.

-Parece perdido – fue lo único que dijo, al mirarme de reojo, haciéndose la interesante -.

-¿Qué le hace pensar eso?

-Lleva cuatro copas desde que está sentado aquí y no deja de mirar hacia abajo, signo de que se avergüenza de lo que hace y de que no deja de darle vueltas a algo, ¿me equivoco? – sonrió mientras le daba un par de sorbos a su copa y traían la mía por fin -.

-Veo que tengo a una acosadora interesada – ambos reímos – Bueno, mi vida no ha resultado como yo esperaba.

-¿Sentado en un taburete de bar mirando a la nada? Qué va, mi vida es mejor – su sarcasmo la hacía todavía más atractiva -.

Estuvimos hablando durante horas, copa tras otra pero a ella parecía no afectarle en absoluto. Me encantaba su sonrisa y la forma de expresarse, moviendo ambos brazos entendiéndose a ella misma mientras yo trataba de no vomitarle en los zapatos. Cerré los ojos un momento tras la doceava copa, mientras mi cuerpo se tambaleaba adelante y atrás como si estuviera subido a un tiovivo y me di cuenta de que ya no estaba, tampoco su copa. Supuse que había ido al baño pero tampoco estaba su chaqueta y su bolso, por lo que, llamé al barman para que se acercara, yo no estaba seguro de poder levantarme todavía.

-¿No cree que ya ha bebido bastante?, ¿por qué no se va a casa a dormir la mona?

-¿Ha visto dónde ha ido… esa mujer? – era difícil pronunciar las palabras con exactitud pero mucho más ponerlas en orden -.

-¿Qué mujer?, ¿a qué se refiere?

-La mujer. Esa mujer que estaba aquí… La del… la del martini.

-Oiga, ha bebido demasiado esta noche, creo que debería irse a casa.

-¿No ha visto una mujer con un vestido rojo bebiendo un martini? Estaba justo… justo aquí – le señalé el taburete de al lado -.

-Señor, ha estado solo todo el tiempo, no había nadie sentado ahí – me miró realmente preocupado – De verdad, váyase a casa, ya es suficiente por hoy. Si quiere, le llamo un taxi.

Pero la vi. La vi saliendo del bar, así que, dejé unos billetes sobre la barra y fui tras ella. Cruzó la carretera descalza, mientras yo iba tras ella para alcanzarla. Unas luces me deslumbraron, cada vez estaban más cerca pero quise llegar hasta ella. Oí un golpe sordo. Y luego todo se volvió negro.


Recuerda que puedes apoyar el blog a través de Patreon, escribo relatos más elaborados y personales:

www.patreon.com/trackontime


Between Looks:

The first drink was refreshing, I needed it. The second showed that I hadn’t had enough with the first one, but the third symbolized the need to keep drinking. Alcohol ran through my veins as fast as blood, every night I needed a little more to evade a loveless marriage, two children who hated me, a scorned mistress and the ton of bills to be paid that I preferred to forget in the office every time I closed, it was crazy. At the bar I was someone else, I could become whoever I wanted and anyone would listen to my stories until I ended up on the street with a drunken fifth, but it was the only way to get home with both feet.

The lights were a little dim, which made the atmosphere more intimate and reserved, was somewhat quiet, there were about six people and each of them was in their affairs, cup in hand and letting go. I didn’t expect anyone to sit next to me and, much less, a woman. I tended to be rude, to deny that someone sat near me but her reddish hair, gray eyes and heavenly smile caught my attention completely, turning my gaze back to my glass to not make her feel uncomfortable. Her skin was perfect, she looked soft to the naked eye and very well maintained, she didn’t have a single area with acne. I was trying to calculate her age as I kept watching her through the corner of my eye and she tried not to turn around to look at me directly, the first contact always used to be a little tense.

She sat on the bar stool, a few inches from me and asked for a martini. Her voice was harmonious, serene and unlotonous, with a different accent that I had not yet been able to identify but hoped to do so. As soon as the barman brought her drink, she removed her contents with a little straw, her sensuality was unquestionable, her red dress long blood up to a little above her knees and an eye-catching neckline made me look at her again as many times as alcohol allowed me to move. I ordered a fourth drink to make up for it, of course.

-You seem lost – she said, as she looked at me fastly, making herself interesting -.

-What makes you think that?

-You already drunk four drinks and you keep looking down, a sign that you’re ashamed of what you’re doing and that you keep thinking in something you don’t have the solution yet, am I wrong? – she smiled as she took a couple of sips at her glass and the barman brought my drink at last -.

-I can see I have a stalker interested – we both laughed – Well, my life hasn’t turned out as I expected.

-Sitting on a bar stool looking out to nothing? My life is better – her sarcasm made her even more attractive -.

We were talking for hours, drink after drink, but she didn’t seem to be affected at all for the alcohol. I loved her smile and the way she expressed herself, moving both arms understanding herself as I tried not to vomit on her shoes. I closed my eyes for a moment after the twelfth drink, as my body staggered back and forth as if I were up to a merry-go-round and realized she was gone, neither was her glass on the bar. I figured she’d gone to the bathroom, but there wasn’t her jacket and handbag either, so I called the bartender to come to my position, I wasn’t sure I could get up yet.

-Don’t you think you’ve drunk enough?, why don’t you go home and sleep a little?

-Have you seen where she went… that woman? – it was difficult to pronounce the words accurately but much more to put them in order -.

-What woman? What do you mean?

-The woman. She was seated here, the woman… with a martini.

-Look, you’ve drunk enough tonight. I think you should go home.

-Haven’t you seen a woman in a red dress drinking a martini? It was right… right here – I pointed to the stool next to me -.

-Sir, you’ve been alone all the time, there was no one sitting there – he looked at me worried – Really, go home, that’s enough for today. If you want, I’ll call you a taxi.

But I saw her. I saw her leaving the place, so I left some bills over the bar and went after her. She crossed the barefoot road, as I went after her to reach her. Some lights dazzled me, they were getting closer but I wanted to get to her. I heard a dull blow. And then it all turned black.


Remeber you can support the blog through Patreon, I write a short stories more elaborated and personal:

www.patreon.com/trackontime


Publicado en Personajes

Annia: La Introvertida

Relato procedente: “Bajo las Luces”. Edad: 20 años.

Ciudad: Providence. Profesión: Mecánico.

Descripción física:

Tengo el cabello de color negro, mis ojos son castaño oscuro y los labios algo gruesos, piel algo pálida y mejillas rosadas, aunque es algo que intento disimular. Esbelta, reconociendo que no siempre he sido así, cuando era pequeña me solían comparar con un bollo gordito y achuchable, no les juzgo. Suelo vestirme de negro o combinar con colores como el violeta o el rojo, digamos que para mí no existen más gamas, ni siquiera al añadir los vaqueros, los zapatos suelen ser muy cómodos. No he sido nunca de ir a hacerme la manicura, pedicura o cortarme el cabello, me ha entretenido una barbaridad hacérmelo yo misma, no soporto que gente que no conozco haga algo que podría hacerme yo.

Descripción de la personalidad:

La gente suele quejarse mucho de que soy callada, algo pasota y de que nunca estoy atenta a lo que los demás dicen, estoy en mi mundo y el resto no me importa. Lo malo de esto es que suelen acertar en todo lo anterior. No lo hago aposta es que me sale así, ignoro lo que no me importa y lo que no debo oír por mi propia salud mental, cabalgo en solitario por estos lares de la vida y trato de divertirme alejada de todo ser que tenga la capacidad de respirar y pensar demasiado deprisa para pedirme algo que no me apetece hacer. No le doy mucha importancia a las cosas porque considero que no la tienen y todos vamos a terminar en el mismo lugar, nadie saca nada preocupándose por tonterías.

Una infancia desapegada:

Sí, bueno, mi infancia fue muy desapegada. Mientras a mi hermana mayor le gustaba pasar más tiempo con mis padres, yo tan solo quería salir de casa y hacer mi propia vida, encerrarme en mi cuarto para leer revistas de coches o hacer manualidades que no tuvieran nada que ver con el instituto. Mi hermana solía ir a todas las actividades familiares que mis padres ofrecían pero yo siempre me quedaba en casa, eran muy raritos, siempre abrazándose, diciéndose “te quiero” y siendo lo más ñoño visto en este planeta, me daba vergüenza estar en la misma habitación que ellos a la vista de otros.

Siempre me distanciaba. A veces, no era por incomodidad o porque viesen las costumbres de aquellos con los que iba, sino porque me salía natural. Me nacía estar en un lugar más apartado, dada a mí y a mis necesidades, vagando entre mis aficiones y no dejar que mis palabras mostraran lo que sentía. Era pequeña sí, pero lo suficientemente lista como para darme cuenta de que no todo el mundo utiliza la información de forma correcta y responsable.

Adolescencia loca:

Caminé entre bares, jarras de cervezas y ganas de olvidar mi realidad, no porque fuese mala, sino porque era aburrida y no encajaba para nada en ella. A veces, aunque hubiese mucha gente a mi alrededor, me sentía incomprendida, aislada por tener mis propias opiniones, mientras tan solo esperaba que me miraran en la distancia y cuchichearan algo tan simple como “friki”. Llegaba borracha como una cuba a casa a las tantas de la madrugada mientras todo el mundo dormía; todavía recuerdo esa noche que me detuvieron por exhibicionismo cuando no podía aguantar mis ganas de orinar y simplemente, cogí la maceta del jardín de una casa cualquiera y lo hice allí mismo. Me liaba con tíos alguna que otra noche y me dejaba llevar un poco, hasta que ellos se ponían sentimentales, empalagosos y aburridos, les desechaba como a un clínex, más tarde entendí por qué me parecían tan muermos.

Lo único que me mantenía cuerda y entretenida era el taller de mecánica que había unas calles más abajo, donde una amiga perfeccionaba coches de carreras y de alta gama. A veces, necesitaba ayuda y yo podía ganar un poco de dinero, mis padres nunca lo supieron, incluso, esperaban que fuese médico. Es curioso cómo aquello cambió mi vida, no pensaba ir a la universidad ni por un segundo, quería acabar manchada de aceite y grasa de motor, era un trabajo bastante creativo, sobre todo cuando transformábamos coches antiguos en nuevos y teníamos que pintarlos de colores llamativos, ¡se me daba de maravilla! Pasaba del instituto.

Orientación sexual estereotipada:

Sí, estaba claro que a mí me pasaba algo. Toda persona que me cruzaba o me aburría o hacía que me estallara la cabeza. Empecé a darme cuenta de que empezaban a atraerme las mujeres, me llamaban la atención pero, no era buena idea hablar de ello en voz alta, era una orientación sexual bastante estereotipada y juzgada socialmente. Solía salir poco pero una chica de clase con la que empecé a tener amistad, me llevaba a bailar a varias discotecas y, en cuanto me besó tras unas cervezas de más, supe que algo dentro de mí había cambiado.

Nunca hablamos de ello y tampoco quise hacerlo. Le dejaba su espacio tras haber roto con su novio, no era buen momento para conversaciones profundas y yo no tenía ningún interés en mantener ninguna que fuera lo suficientemente larga como para aburrirme. Seguimos en contacto tras terminar el instituto pero fuimos por caminos separados tras un par de años más de esto, quizá se casó, quién sabe… Tampoco solía compartir mi sexualidad con nadie, es privado, es personal, todo se juzga, todo se critica.

Un futuro solitario:

Claro que descubrí que me gustaban las mujeres, claro que me alegraba de que hubiera sucedido para entenderme algo más pero, ¿hijos?, ¿para qué?, ¿creéis que pienso en una relación estable? Como mucho, en un rollo de discoteca. Que me aburran las conversaciones con otros es algo intrínseco que no va a cambiar, no me extrañaría que sucediera también llamándome la atención una mujer.

Ser un ermitaño no es tan malo, es silencioso, placentero, tranquilo y a distancia de los problemas ajenos, sin perder el tiempo, sin gastar palabras en vano, sin menosprecios o decepciones. Me caso con los coches de carreras, ¿por qué no?


Recuerda que puedes apoyar el blog a través de Patreon, escribo relatos más elaborados y personales:

www.patreon.com/trackontime


Publicado en Relatos

Bajo las Luces:

El volumen de la música sonaba bastante alto, así que, nos reservamos las palabras para otro momento, cada una de nosotras tenía una cerveza en la mano y no dejábamos de bailar, querías que fuera contigo a ese pub del que llevabas una semana hablando para que dejara de estar tirada en el sofá viendo películas y comiendo palomitas, lo odiabas. Llevabas ya varias copas encima, aunque lo único que podía ver era tu sonrisa, contagiosa, atrayente. No dejábamos de saltar, de cantar canciones que ni conocíamos para acercarnos un poco más la una a la otra.

Todavía no te lo había dicho, ni siquiera me pasaba por la cabeza hacerlo, ya no por mi timidez o vergüenza, sino porque simplemente, no quería. Llevaba tiempo tratando de darte el espacio que necesitabas, de entenderte a ti misma, de saber hacia dónde querías caminar, el rechazo podía contemplarse pero tan solo importaba que estuvieras bien. No estaba enamorada, era otra cosa que ni me había planteado, pero no podía evitar sentirme cercana, atraída, quizá fueron tus ojos, quizá una mirada, quizá cuando sonreías sentía que existía, algo que parecía necesitar mientras las luces del pub parpadeaban sobre de nosotras.

Las cervezas se terminaron, así que, las cogiste y las dejaste en una de las mesas vacías, recuerdo perfectamente cómo te acercaste a mí y pusiste tus manos en mis caderas, mientras nuestras narices podían tocarse, no dejabas de sonreír y yo tampoco podía dejar de hacerlo aún habiéndome quejado de que no era chica de fiestas, no quería reconocerlo pero me lo estaba pasando bien. Me atrajiste más a ti con las manos, así que, puse las mías algo más arriba de tu cintura, era un sueño del que no quería despertar mañana. Me besaste. Fue cálido, uno de los más intensos que había sentido, suave y muy interesante, duró unos diez minutos. Dejamos de bailar y parecía que todo a nuestro alrededor se hubiera disipado, incluso, la gente parecía no importar, sus gritos se alejaban cada vez más, olvidándose de nosotras.

Nunca lo comentamos, aunque seguíamos hablando muy de vez en cuando. Ocurrió sin más en un momento inesperado. Me hizo vivir el presente aunque estuviera en un ambiente poco frecuente para mí, parecía que quisiéramos comentarlo pero, a la vez, también terminábamos por no hacerlo. En realidad, no fue importante. Un instante de los muchos que tenemos al día, un silencio que disfrutamos en medio de todo aquel ruido y nuestras miradas al alejarse tras llevarte a casa. No estaba enfadada ni desilusionada, más bien agradecida de poder llevarme ese momento conmigo, ni siquiera lo comenté a nadie en voz alta, fue íntimo, personal. Me encontré a mí misma después de aquello, no siendo amor y tampoco algo interesado, ni siquiera una situación en la que te preguntas qué pasará después. Era lo que había sido, plasmado en la memoria y dejado para volver a ello cuando quisieras…


Recuerda que puedes apoyar el blog a través de Patreon, escribo relatos más elaborados y personales:

www.patreon.com/trackontime


Under the Lights:

The volume of the music sounded pretty loud, so we reserved the words for another moment, each of us had a beer in hand and we kept dancing, you wanted me to go with you to that pub you’d been talking about for a week so that I would stop lying on the couch watching movies and eating popcorn, you hated it. You had several drinks already on you, although all I could see was your smile, contagious, attractive. We didn’t stop jumping and singing songs we didn’t even know to get closer to each other.

I hadn’t told you yet, it didn’t even go through my head to do it, not because of my shyness or shame, just because I didn’t want to. I’ve been trying for a long time to give you the space you needed, to understand yourself, to know where you wanted to walk, rejection could be contemplated but it only mattered that you were okay. I wasn’t in love, it was something else I hadn’t even thought about, but I couldn’t avoid to feel close to you, attracted, maybe it was your eyes, maybe a look, maybe when you smiled I felt as I existed, something I seemed to need while the pub lights flashed over us.

The beers ran out, so you took them and left them at one of the empty tables, I remember perfectly how you approached me and put your hands on my hips, while our noses could touch each other, you kept yourself smiling and I couldn’t stop complaining that I wasn’t a party girl, I didn’t want to admit it but I was having a good time. You attracted me more to you with your hands, so I put mine a little above your waist, it was a dream I didn’t want to wake up about tomorrow. You kissed me. It was warm, one of the most intense I had ever felt, soft and very interesting, lasted about ten minutes. We stopped dancing and it seemed that everything around us had even dissipated, even people didn’t care, their screams moving further and further away, forgetting about the two girls that were screaming songs not long time ago.

We never commented on it, although we kept talking very occasionally. It just happened at an unexpected time. It made me live the present even if it was in a rare environment for me, it seemed that we would like to comment on it but, at the same time, we also end up not doing it. Actually, it wasn’t important. An instant of the many we have a day, a silence we enjoy in the midst of all that noise and our looks as we walk away after taking you home. I wasn’t angry or disappointed, rather grateful to be able to take that moment with me, I didn’t even tell anyone out loud, it was intimate, personal. I found myself after that, not being love and not something interested, not even a situation where you wonder what happens next. It was what it had been, embodied in memory and left to return to it whenever I wanted… just two girls dancing.


Remember you can support the blog through Patreon, I write short stories more elaborated and personal:

www.patreon.com/trackontime


Publicado en Relatos

A Través de la Ventana:

Me dispuse a sentarme en la repisa que estaba pegada a la ventana. La había hecho mi lugar seguro, privado. Llovía. Era el tercer día. Levanté la mirada y allí estaba. Cabello castaño oscuro, ojos negros y sonrisa magnética, no era capaz de cruzar palabra con aquel chico cuando nos cruzábamos en la calle, pero sí me atrevía a ponerle los ojos encima en la distancia, a oscuras mientras me dedicaba a hacer nada. Me entretenía ver lo que hacía, horas de entrenamiento, comía sano y se pasaba el día en su habitación cuando no iba a clase o con sus amigos. Empezaba a saber sus horarios, a apuntarlos en una libreta, a conocer su semblante cuando no estaba de humor, qué le hacía feliz y qué le animaba cuando estaba disgustado. Segundos, minutos y horas para seguir la vida del vecino de enfrente, lo mismo que tardé en averiguar la del antiguo.

Desayuna entre las siete de la mañana y las ocho, come entre las dos y las cuatro de la tarde y cena entre las seis y las ocho de la noche. Boxea, lee, canta, come sano y hace los deberes cada día, como un reloj un par de horas después de llegar del instituto, está en último año, me lo cruzo cada día por los pasillos pero está demasiado ocupado riéndose de la marginada de su clase con sus amigos. Es un abusón. Y me encantan los abusones. Son una especie de reloj que romper, una costumbre que deshacer y una mente que quemar, no son nada sin una muleta, son inseguros en soledad. Cuando su madre recogía su ropa sucia, él parecía molesto, ella salía de allí con la cabeza gacha mientras su hijo mostraba una leve sonrisa en su cara. Le gustaba ver sufrir a los demás, era bastante sucio.

Me parecía curioso lo impoluto que se mostraba, su ropa estaba increíblemente planchada, se ponía esas camisetas apretadas que marcaban sus abdominales y bíceps, a veces, se echaba aceites y se miraba al espejo durante horas. Resultaba curioso ver cómo se adulaba a sí mismo, un “no es suficiente” podría aparecer en su cabeza cada vez que hacía una hora más de entrenamiento diario. Todavía era un niño y se presionaba al límite para ser el mejor, pero no veía a quién le importaba desde esta ventana, le veía más bien solo. Pero, una tarde algo me llamó la atención, alguien subió con él a su cuarto, Una chica rubia, la había visto antes, era una de las más populares dada su vestimenta de animadora. Empezaron a besarse. Él la cogió de la cintura mientras iba bajando hasta su trasero, lo apretó y le subió la pierna derecha hasta su cadera, la acaricio hasta llegar hacia lo que llevaba debajo de esa falda azul y amarilla. Continuaron besándose y él quiso quitarle la camiseta. Ella paró de besarle y negó con la cabeza. Os aseguro que el chico no se lo tomó nada bien, le impidió salir de la habitación, le dio una bofetada y la tiró sobre la cama. Preferí no presenciar lo que pasó después pero cogí el teléfono y empecé a grabar, era el momento indicado.

Era curioso que, justo en aquel momento, por fin tuviera algo con lo que destruirle. Tuve que mudarme a esta casa para estar justo enfrente de su cuarto y poder seguirle de cerca, tuve que pasar desapercibida en el instituto para que no se le ocurriera mirarme otra vez, quería mantener distancia entre ambos para esperar a aquel momento, a aquella grabación para demostrar que lo que me hizo a mí se lo hacía a otras. He esperado un año pero ha valido la pena. En cuanto terminó conmigo pretendió que no me conocía, pasó de largo como si no me hubiera hecho nada, siguió andando sin que sus actos fueran juzgados. E aquí mi rebancha. Era hora de ajustar cuentas.


Recuerda que puedes apoyar el blog a través de Patreon, escribo relatos más elaborados y personales:

www.patreon.com/trackontime


Through the Window:

I set out to sit on the ledge that was attached to the window. I had made it my safe, private place. It was raining. It was the third day. I looked up and there he was. Dark brown hair, black eyes and magnetic smile, I wasn’t able to cross a word with that boy when we crossed the street, but I did dare to put my eyes on him in the distance, in the dark while I was doing nothing. I was entertained to see what he did, hours of training, ate healthy and spent the day in his room when he didn’t go to class or with his friends. I began to know his schedules, to write them down in a notebook, to know his countenance when he was not in the mood, what made him happy and what encouraged him when he was upset. Seconds, minutes and hours to follow the life of the neighbor across the street, the same as it took me to find out the old one.

He has breakfast between seven in the morning and eight, eat between two and four in the afternoon and dinner between six and eight o’clock at night. He boxes, reads, sings, eats healthy food and does his homework every day, like a clock a couple of hours after arriving from high school, he’s in his senior year, I walk through the aisles every day, but he’s too busy laughing at the marginalized girl in his class with his friends. He’s a bully. And I love bullies. They are a kind of clock to break, a custom to undo and a mind to burn, they are nothing without a crutch, they are insecure in solitude. When his mother took his dirty clothes, he seemed upset, she came out with her head down while her son showed a slight smile on his face. He liked to see others suffer, it was pretty dirty.

I thought it was funny how impolute he was, his clothes were incredibly ironed, he put on those tight T-shirts that marked his abs and biceps, sometimes he would throw oils on his body and look in the mirror for hours. It was curious to see how he flattered himself, a “not enough” could appear in his head every time he did one more hour of daily training. He was still a kid and pushed himself to the limit to be the best, but I didn’t see who cared from this window, I saw him rather alone. But one afternoon something got my attention, someone came up with him to his room, A blonde girl, I had seen her before, she was one of the most popular at high school, judging for her cheerleading attire. They started kissing. He grabbed her from the waist as his hand went down to her bumb, squeezed it and raised her right leg to his hip, stroked her to what she wore under that blue and yellow skirt. They continued kissing and he wanted to take off his shirt. She stopped kissing him and shook his head. I assure you, the boy didn’t take it well, stopped her from leaving the room, slapped her and threw her on the bed. I preferred not to witness what happened next but I picked up the phone and started recording, it was the right time.

It was curious that, right at the time, I finally had something to destroy him with. I had to move into this house to be right in front of his room and be able to follow him closely, I had to go unnoticed in high school so that he wouldn’t think of looking at me again, I wanted to keep a distance between the two of us to wait for that moment, to that recording to show that what he did to me did it to others. I’ve waited a year, but it’s been worth it. As soon as he finished with me, he pretended he didn’t know me, he passed by as if he hadn’t done anything to me, he kept walking without his actions being judged. And here’s my slice. It was time to settle scores.


Remeber you can support the blog through Patreon, I write short stories more elaborated and personal:

www.patreon.com/trackontime


Publicado en Personajes

Jonas: Alguien Sin Destino

Relato procedente:Sin Destino“. Edad: 29 años.

Ciudad: Oklahoma. Profesión: Periodista.

Descripción física:

Cabello negro intenso, cortado al cuatro, aunque he de reconocer que he cambiado de estilo de forma habitual porque no me gusta ningún corte lo suficiente como para dejarme siempre el mismo. Mis ojos son de color castaño oscuro con unos toques miel en pequeñas zonas, pero tienes que acercarte mucho para verlas bien y no me suele gustar que nadie invada mi espacio personal. Labios finos y piel blanca, no suelo ir a la playa como muchos otros chicos hacen porque no me resulta cómoda la arena mojada y el montón de gente que se aglomera allí, me gusta mi piel así, moreno me vería raro. Suelo vestir con vaqueros, unos deportivas Puma que ya están casi para tirarlas de lo desgastadas que se ven pero que siguen pareciéndome cómodas; utilizo camisas de leñador saltando entre colores rojo y negro y verde y negro, a veces, llevo sudaderas pero es menos habitual; una chaqueta con capucha que me permite cubrirme la cabeza cuando llueve o con una gabardina negra en los días más soleados. No diría que tengo un estilo en específico, tan solo improviso…

Descripción de la personalidad:

Siempre he sido alguien un tanto solitario, no por sentirme atacado por otros o incómodo, ha sido cosa mía, tiendo a mantenerme al margen de todo, es algo que he hecho desde niño, aunque Angela quería que formara parte de alguna comunidad y, a veces, su única misión en la vida era presentarme a gente que conocía en la Universidad o en el trabajo para que yo hiciera amigos. No he sido nunca alguien con ambiciones, tampoco me interesan, me he acostumbrado a trabajar en tiendas, cafeterías o librerías a tiempo parcial la mayor parte de mi vida y siempre me han proporcionado dinero suficiente para mis gastos, el tener ambición siempre ha sido una casilla en blanco. Me definiría como alguien callado, tranquilo y a quién no le gustan los problemas, evito cualquier tipo de confrontación física o cotilleo de algún tipo para no tener que dar explicaciones luego. Mi costumbre de quedarme siempre al margen, no me mojo en nada…

Caminando sin rumbo:

Esta es una de las cosas que he hecho desde que tengo uso de razón. Mientras mis padres discutían casi constantemente, yo trataba de mantenerme al margen saliendo a la calle con unos auriculares y un ritmo pausando al andar. No quería oír nada, tampoco saber de lo que estaban hablando y deseaba no conocer qué ocurriría conmigo, ni siquiera en qué página de su historia me encontraba en esos momentos. Sus gritos se podían oír desde mi habitación, había días que ni siquiera poniendo la música a todo volumen servía para dejar de escucharles, tanto odio me estremecía. Trataba de no llorar, no darle importancia, caminar sin rumbo y dejar que las cosas vinieran por sí mismas.

Descubría zonas de la ciudad que desconocía que existieran, incluso, me gustaba caminar a través de los cementerios. A veces, encontrabas a gente rezando o contándoles a sus muertos qué tal les había ido la semana, como si realmente estuvieran escuchándoles. No hablaba, no me gustaba ir con otros niños, encontraba relajante pasar el día solo, conmigo mismo, la voz de Michael Jackson en mis oídos era suficiente para hacerme sentir ese momento único, me transportaba a cualquier otra parte donde realmente quisiera estar.

Divorcio y maltrato:

Mis padres me anunciaron su divorcio, yo a penas pestañeé, me sorprendí a mí mismo cuando esa palabra dejó de significar algo para mí, ni siquiera la pensé o la consideré algo importante en mi vida, incluso, siendo la primera vez que la escuchaba. Mi madre repetía lo importante que era que estuviera con ella, con los abuelos y que yo necesitaba su apoyo por encima de todo. Mi padre, con un semblante serio y un aspecto francamente abatido, no dijo nada, ni siquiera quiso rebatir los puntos de mi madre, sonaba un tanto controladora y obsesiva con cómo llevar las cosas a cabo a partir de ahora pero él ni se inmutó, estaba cansado de pelear, parecía que la dejaba hacer.

Durante toda mi vida había vivido en aquella casa y en esa ciudad, había ido al mismo colegio desde los tres años y no veía cómodo el mudarme a otro lado tan solo porque la ayuda materna en mi vida era más importante sin aportar un mayor contexto a ello, así que, decidí quedarme con mi padre en esa casa, cuestión que más tarde pagué con creces entre sus salidas nocturnas con prostitutas que traía a casa y esos arrebatos de alcohólico que le llevaban a una agresividad fuera de serie. Durante algo más de cuatro años, aguanté sus fiestas y maltratos, gritos a altas horas de la madrugada mientras se oían al otro lado de la pared los muelles del sofá. Parecía que su adolescencia había empezado cuando la mía, había desaparecido junto a mi inocencia.

Recuerdo haberme quedado inconsciente tras un empujón. Aquella noche, me dejó marcas por todo el cuerpo, moretones que no desaparecieron hasta pasados dos meses, fue el momento en el que decidí irme de allí para empezar mi vida solo, caminando sin rumbo pero alejándome de un gran problema. Esta vez, sí acerté con mi decisión.

Angela y su piso para estudiantes:

Había decidido seguir con el bachillerato, pasara lo que pasase, quería ir a la Universidad y estudiar periodismo, así que, si no quería seguir viviendo con mi padre, debía encontrar un piso compartido. En el instituto siempre había gente que colgaba en los tablones de anuncios carteles que rezaban “se necesita compañero de piso”, cogí el primero que vi y llamé, Angela fue la que respondió al teléfono, parecía muy entusiasmada, así que, fui a ver la habitación. Bastante amplia, cómoda, limpia. El resto de piso no estaba nada mal, se estaba a gusto y era barato, acepté de inmediato vivir con ella, no la conocía pero tampoco debía pensar que era una psicópata.

Al principio, he de reconocer que me parecía muy irritante tener que contestar a todas sus preguntas, era una chica muy habladora, mientras yo era tan callado que prefería responder a todo mediante un encogimiento de hombros incómodo y, a la vez, algo desconcertante para ella, pero no dejó de intentarlo hasta que empezamos a congeniar un poco más, era buena chica, su sonrisa empezaba a calar en mí. Mientras estaba con Angela, mi padre era parte del pasado, una sombra que ni siquiera se había dado cuenta de que su hijo hacía semanas que no volvía a casa, que tampoco le pedía dinero y que podría haber desaparecido. La verdad, dejé de reconocerlo tras la primera cicatriz que me dejó un poco más abajo del labio.

La madre de Angela tenía una tienda de flores y accesorios cerca de nuestro piso, al comentarle que buscaba trabajo, me dijo que podía trabajar con ella, era a tiempo parcial pero podía ganar lo suficiente para pagar la mitad del piso y comida, agradecí mucho que ese fuese el primer número al que llamé para encontrar un piso de estudiantes.

Angela y la Universidad:

Pasamos bastante tiempo juntos y no nos cansábamos. Ya habíamos bautizado nuestros viernes de pizza y películas de terror, los lunes de totitas, los miércoles de comida china y póker, era imposible aburrirse en nuestra casa. Durante esos tiempos, he de reconocer que todo tenía que ver con ella, mi vida empezó a girar en torno a Angela sin darme cuenta, siendo una parte importante, un brazo del que difícilmente podría deshacerme, ya formaba parte de mí. Nos hicimos grandes amigos, nos cogíamos de la mano cuando salíamos a dar una vuelta, nos dábamos un beso antes de irnos a la cama y veíamos películas abrazados, diría que éramos una especie de pareja sin serlo. No pude evitar el sentir algo más por ella, pasábamos el día juntos y su perspicacia era lo que me más me atraía, su inteligencia pronunciaba mi nombre y su cuerpo provocaba en mí un torrente de emociones inexplicables.

Conseguimos entrar en la misma Universidad, a Angela le gustaba el Arte y yo me dirigí hacia el Periodismo, estudiamos juntos y reímos entre horas, era como en los viejos tiempos, me hubiera gustado que fuera así algunos años más. Muchos de sus novios entraron y salieron de aquel piso, algunos de ellos completos arrogantes y otros, demasiado blandos para estar con Angela, todavía no he llegado a entender qué le atraía de ellos. Yo permanecía en las sombras, oía sus tardes de sexo a través de las paredes, sus noches locas con sus amigas entre canciones pop y melancólicas, sus mañanas tristes en las que solía perder el apetito. Nos graduamos y todavía no se lo había pedido, esperaba que volviera a quedarse soltera para hacerlo, aunque tendía a ser difícil.

El accidente:

Me contó sus planes la noche anterior. Durante la mañana, quería disfrutar del sol, pasear hasta que nuestras piernas dijeran basta, no quería pensar en el trabajo, necesitaba fotos para poder publicar en instagram después de tenerlo durante meses muerto, así que, ese sería uno de mis quehaceres cuando pusiéramos un pie fuera. Leer el periódico era opcional pero lo que sí deseaba de verdad era que le preparara uno de mis especiales chocolate caliente con nubes, era lo que más le gustaba en los días fríos y la mantenía templada. Así que, lo tenía decidido. Esa mañana, le preguntaría si quería salir conmigo, dejó a su último novio por aburrido y pelma, creía firmemente que yo podría superarle.

La vi salir por la puerta. Lo último que me dijo fue que empezara a preparar los chocolates mientras ella recogía el periódico. Salió en pijama, el cabello pelirrojo recogido con una coleta, sin maquillar y con la tez pálida, con ambas mejillas rosadas debido al frío, ni siquiera le importó salir sin zapatillas, temía que se congelara los pies pero insistió en salir en calcetines habiendo nieve fuera. Estaba entusiasmada, había planeado su día sin tener un motivo para ello, era una entusiasta de la vida y yo su principal animador, incluso, en los días soleados.

Oí un golpe fuerte, resonó por toda la calle. Dejé ambas tazas de chocolate sobre la repisa y, rápidamente me asomé por la ventana. En cuanto la vi tirada en el suelo, a mis pies les faltó tiempo para salir corriendo por la puerta y caer de rodillas sobre la nieve, con ambas manos puestas en su cara, tratando de que me oyera, al menos, de que respirara. El tío que la había atropellado se había dado a la fuga y la mujer que vio lo ocurrido, llamó a la ambulancia pero Angela no sobrevivió aquel día soleado, aquel día planeado y tampoco se tomó su chocolate caliente con nubes.

Desde entonces, he caminado sin un destino predeterminado, termino en el mismo lugar, en el mismo cementerio frente a su tumba cada mañana, le cuento qué tal ha ido el día, lo raro que se siente el piso sin ella y lo irremplazable que es, por eso no lo alquilo a nadie más. Su cuarto está justo como se lo dejó, la cama sin hacer y su tocador lleno de frases locas que escribía con su pintalabios rojo, la ropa que iba a ponerse ese día sigue sobre su cama, los libros de la Universidad sobre el escritorio, al igual que su portátil y sus relojes, su ropa en el armario sus cuadros colgados en las paredes. Nada había cambiado, salvo que no estaba y que se había quedado el chocolate sobre la repisa de la cocina. Todavía no me atreví a tirarlo, quizá mañana le pregunte si le molesta que lo haga…

Un futuro en el piso de estudiantes de Angela:

No esperaba dejar el piso en un tiempo muy corto, tampoco largo. Había sido nuestro hogar desde el bachillerato y me había salvado del maltrato sufrido con mi padre, la buena vida de mamá viajando por todo el mundo olvidando de que tenía un hijo, era imposible de que me deshiciera de él, estaba casi seguro de que iba a trabajar en un periódico a jornada completa e iba a poder pagarlo casi con seguridad. Estaba repleto de momentos, era como si oyera su voz desde mi cuarto aunque supiera que no era posible.

Seguiré caminando hasta su tumba un día tras otro, me he acostumbrado a su presencia y a ella tampoco creo que le importe, me reconforta y siento que está allí conmigo aunque sepa que está dentro de mi mente. No la olvidaré, tampoco pienso intentarlo. Al llegar a casa, seguiré diciendo: “ya estoy en casa, Angela”.

Publicado en Relatos

Sin Destino:

Todos nos podemos sentir desorientados, desolados y olvidados, alguna vez. Mis pies me llevaban cada día a cruzar el mismo bosque, entre la niebla, para encontrarme de frente con mis miedos, mi pasado y las pérdidas. Me volvía a ver a mí mismo intentando ayudarme de mis piernas y brazos para salir del agua, del ahogamiento que me imponía el destino, aquel del que muy poca gente podía escapar. La aceptación está sobrevalorada cuando se para el tiempo, cuando las horas dejan de ser importantes y comer se convierte en una simple rutina porque el apetito ha desvanecido junto con tus ganas de seguir caminando entre la niebla y el frío.

No siento la cara, tampoco las manos dentro de los guantes de cuero negro, debo tener cuidado de que las piernas no me flaqueen porque tiemblan como nunca antes, causándome cierto desequilibrio. Camino a paso lento, no tengo prisa por llegar donde mi cuerpo me lleva, tampoco quiero mirar la hora o esperar que vaya a ser un día diferente. Tras recibir la negativa de mi jefe de no volver al trabajo hasta que la ayuda psicológica hiciera su efecto, no tenía nada mejor que hacer. Ni mi jefe me soportaba en mis momentos de oscuridad, entre ese leve mareo que caracterizaba cada mañana mientras archivaba papeleo, mientras escribía alguna cronológica o cuando interpretaba una noticia como buena cuando era una bazofia a larga distancia.

Paso las tardes mirando fotos antiguas, recuerdos de cuando podía decir que era feliz aunque siempre añadía que no se es del todo por problemas ajenos a nosotros. Sentí el no haberlos disfrutado, no haber estado más presente, dejar de seguir lo que se debía hacer por lo que realmente quería yo… Observaba la ventana como un idiota mientras llovía volviendo a aquellos momentos de seguridad, compostura, amistad interminable donde creía que nada iba a cambiar y que siempre habría un instante en el que podría preguntar “deberíamos tener una cita, llevamos siendo amigos mucho tiempo, ¿no crees?”, era una apuesta segura que un atropello justo enfrente de nuestra casa la hizo no tan imaginable. Mis pies empezaron a moverse rápidamente hacia la calle para asistirla, mientras mi desesperación provocaba que mis manos no dejaran de temblar y mi voz se quebrara tratando de que abriera los ojos. Nunca lo hizo.

“Hija, amiga y periodista”, eso decidieron escribir en su tumba. Sonaba a broma. La miré como si estuviera frente a mí, un reflejo transparente que disipaba con la niebla pero que insistía porque fuera permanente. Me senté sobre la hierba y continué mirando la inscripción, tratando de entender la importancia de esas palabras viniendo de una familia que nunca la había tenido en cuenta, tan solo vinieron sus hermanos al funeral y, simplemente, desapareció. Cambié las flores amapolas marchitas que dejé hace un par de días por unas rosas rojas despampanantes que le daban mejor aspecto. Estando allí era como si estuviera con ella, en un mismo barco, en una misma riada, en una misma habitación… Simples compañeros de piso que hicieron migas desde la primera sonrisa y que nunca pudieron despedirse tras el último suspiro.


Recuerda que puedes apoyar el blog a través de Patreon, escribo relatos más elaborados y personales:

www.patreon.com/trackontime


Without Destiny:

We can all feel disoriented, desolated and forgotten, sometimes. My feet took me every day to cross the same forest, in the fog, to find me head-on with my fears, my past and the losses. I saw myself again trying to help me out of my legs and arms to get out of the water, from the drowning imposed on me by fate, the one from which very few people could escape. Acceptance is overrated when time stops, when hours stop being important and eating becomes a simple routine because appetite has faded along with your desire to keep walking in the fog and the cold.

I can’t feel my face, I don’t feel my hands inside the black leather gloves either, I have to be careful that my legs don’t falter because they tremble like never before, causing me some imbalance. I walk at a slow pace, I’m in no hurry to get to where my body takes me, I don’t want to look at the time either or hope it’s going to be a different day. After receiving my boss’s refusal not to return to work until psychological help had its effect, I had nothing better to do. Even my boss couldn’t stand me in my dark moments, a few times of little dizziness that I characterized every morning while archiving paperwork, while writing some chronological or when I played a news story as good when I was a long-distance slug.

I spend the afternoons looking at old photos, memories of when I could say that I was happy although I always added that it is not entirely because of problems outside of us. I felt that I didn’t enjoy them, I hadn’t been more present, to stop following what was supposed to be done for what I really wanted… I watched the window like an idiot as it rained back to those moments of security, composure, endless friendship where I thought nothing was going to change and that there would always be a moment when I could ask “we should have a date, we’ve been friends for a long time, don’t you think?” it was a sure bet that a hit-and-run right in front of our house made it not so imaginable. My feet began to move quickly into the street to assist her, while my desperation caused my hands to stop shaking and my voice breaking trying to get she opened her eyes. She never did.

“Daughter, friend and journalist,” that’s what they decided to write in her grave. It sounds like a joke. I looked at her as if she were in front of me, a transparent reflection that dissipated with fog but insisted that it be permanent. I sat on the grass and continued to look at the inscription, trying to understand the importance of those words coming from a family that had never taken her as part of their own, only her brothers came to the funeral and she simply disappeared. I traded the withered poppy flowers I left a couple of days ago for some stunning red roses that made it look better. Being there it was as if I were with her, in the same boat, in the same flood, in the same room… Simple roommates who made crumbs from the first smile and could never say goodbye after the last sigh.


Remember you can support the blog through Patreon, I write short stories more elaborated and personal:

www.patreon.com/trackontime


Publicado en Relatos

Un Nombre:

Leyendo el periódico durante horas y ya me había dado cuenta de que todavía no me habían puesto un nombre. Habían encontrado al periodista muerto en medio de la plaza de la ciudad pero, todavía no tenía un nombre. Durante estos días tan solo han dedicado los titulares al tal Doyle Hichman, a sus hijos y a su ex mujer que casi muere de un infarto al enterarse de que el ricachón la había palmado, menuda sorpresa. Pero yo, tan solo quería un nombre. Fantaseaba con cuál podría ser, la Policía siempre era muy creativa cuando tenía que ver con casos de asesinato y, mucho más, cuando eran de carácter profesional. Este lo fue. Tan solo dejé el cadáver en medio de la calle por puro aburrimiento, el tío para el que trabajo estará a punto de llamarme para echarme la bronca… ¿o no? Ni idea. Creo que este periódico no atiende a los verdaderos detalles.

¿Sería la gata salvaje? Nah, parece de telenovela. ¿La mujer de negro? Nunca me han visto, no podrían determinar el color. ¿Pluma sangrienta? Nah, eso tenía que ver con el muerto, yo solamente hice lo que debía hacer para que mi cuenta del banco creciera a medio millón más. Debía ser algo con dos palabras, pegadizo, algo que les hiciese recordar el caso… ¿muerte en el callejón? Tipicazo. Ajj, podría estar así todo el día. Tiré el periódico a un lado del sofá y vi que me había llegado un mensaje del que me contrató: “¿Estás loca? ¿Has dejado el cadáver en medio de la calle más transitada de Brooklyn? ¡El trato incluía discreción! Ahora mismo estoy dudando de tu profesionalidad. ¡Llámame!”. Ups, esa había sido yo. Era un exagerado, él me contrata para que mate a un periodista que indagaba en sus asuntos mafiosos y ahora me viene con gilipolleces, ¿quién es aquí el poco discreto? El que me llama a mi teléfono privado diciendo “llámame”, dios, los hombres nunca aprenden.

Encendí la tele. Todo tenía que ver con Hichman, era aburrido. Puse los ojos en blanco y la apagué, a la vez que sonó la puerta de la habitación del hotel, me acerqué a ella con cuidado con una mano puesta en el arma que tenía sujeta en la pierna derecha. Al abrir, me topé con el idiota que me había dejado el mensaje con una Glock apuntándome en la cabeza, entrando en mi piso como si fuera su casa. Se cerró la puerta tras él y nos plantamos en el salón, si hubiera sabido que iba a tener visita, hubiera arreglado ese desastre, tenía braguitas y sujetadores por todas partes… ups.

– ¡Te dije que necesitábamos discreción, no una hoguera en medio del pueblo!

– ¿Una hoguera? Pensaba que era un muerto…

– No juegues conmigo, Gloria. Un trato es un trato, no has cumplido tu parte – su voz era aún más seria pero, todavía podía sacar partido de la conversación -.

– El trato era matarle y está muerto, me habéis pagado y yo me voy por donde he venido, no encontrarán nada – respondí, despreocupada – No seas tan dramático.

– ¿Dramático yo? ¡Reza para que los federales no llamen a nuestra puerta! – empezaba a bajar el arma, aunque seguía nervioso -.

– No te lo tengas tan creído, no eres tan guapo – le guiñé un ojo, algo coqueta, no me mataría ni aunque le pagasen -.

– ¡Joder, Gloria!

En cuanto me di cuenta, habíamos acabado en la cama. El tío se movía bien aunque fuese idiota, todo había que decirlo… Me fumé un cigarrillo y entró una noticia nueva en mi teléfono: “¿Acechará la Dama Oscura de nuevo?”. La Dama Oscura, ¿eh? Me gusta. Sonreí a la vez que recogía mis cosas y salía del hotel, mientras dejaba al señor dramas roncando en la cama, le echarían a patadas, tendría un despertar más que marchoso y vendría a matarme. ¡Hasta la vista Brooklyn!


Recuerda que puedes apoyar el blog a través de Patreon, escribo relatos cortos más elaborados y personales:

www.patreon.com/trackontime


A Name:

Reading the newspaper for hours and I had already realized that I didn’t have a name yet. They had found the journalist dead in the middle of the city square but I still didn’t have a name. During these days they have only dedicated the headlines to Doyle Hichman, his children and his ex-wife who almost died of a heart attack when she heard the news that the rich guy had been murdered, what a surprise! But I just wanted a name. Fantasizing what it might be, the police were always very creative when it had to do with murder cases and, much more, when they were professional in nature. This one was. I just left the body in the middle of the street out of sheer boredom, the guy I work for is about to call me to tease me… won’t he? I have no idea. I don’t think this newspaper gets the correct details.

Would it be the wild cat? Nah, it looks like a soap opera. The woman in black? They’ve never seen me, they couldn’t determine the color. Bloody feather? Nah, that had to do with the dead man, I just did what I had to do to get my bank account to grow to half a million more. It must have been something with two words, catchy, something that made them remember the case… death in the alley? That’s tipical. Ajj, I could be like this all day. I threw the newspaper to the side of the couch and saw that I had got a message from the guy who hired me: “Are you crazy? Did you leave the body in the middle of Brooklyn’s busiest street? The deal included discretion! Right now I’m doubting your professionalism. Call me!” Ups, that was me. It was an exaggeration, he hires me to kill a journalist who investigated his mafia affairs and now he blames me, who is here the little discreet? Whoever calls me on my private phone saying “call me”. God, men never learn.

I turned on the TV. Everything had to do with Hichman, it was boring. I turned my eyes blank and turned it off, while the door of the hotel room stood, I approached it carefully with a hand placed on the gun that was holding on my right leg. When I opened up, I ran into the idiot who left me the message with a Glock pointing at my head, coming into my apartment like it was his house. The door was closed behind him and we stood in the living room, if I had known I was going to have a visitor, I would have arranged that disaster, I had panties and bras everywhere… Ups.

– I told you we needed discretion, not a bonfire in the middle of town!

– A bonfire? I thought it was a dead man…

– Don’t play with me, Gloria. A deal is a deal, you haven’t done your part – his voice was even more serious but, I could still take advantage of the conversation -.

– The deal was to kill him and he’s dead, you paid me and I’m going where I came from, they won’t find anything -I answered, carefree – Don’t be so dramatic.

– Dramatic me? Pray the feds don’t knock on our door! – he was starting to put the gun down, even though he was still nervous -.

– Don’t keep it so believful, you’re not so handsome – I winked at him, flirting a little, he wouldn’t kill me even if someone paid him -.

– Damn it, Gloria!

As soon as I realized, we ended up on bed. The guy moved well even being an idiot, everything had to be said… I smoked a cigarette and good news came in on my phone: “Will the Dark Lady lurk again?” Dark Lady, huh? I like it. I smiled at the same time as I picked up my things and left the hotel, as I left Mr. Dramas snoring in bed, when the cleaners kicked him out, he gonna have a more than a withered awakening and I’m sure he gonna come to kill me. See you soon, Brooklyn!


Remember you can support the blog through Patreon, I write short stories more elaborated and personal:

www.patreon.com/trackontime


Publicado en Personajes

Steven: El Testigo

Relato procedente:El Acantilado“. Edad: 25 años.

Ciudad: Nueva Jersey. Ocupación: Aspirante a bombero.

Descripción física:

Cabello negro, lacio, algo largo pero no demasiado, lo suficiente como para que me tapara las ojeras, siempre he odiado tenerlas de soplillo. Ojos marrones, oscuro, algunas chicas que he conocido siempre me han dicho que atraen a la reflexión, a la calma y que tienden a ser profundos, la verdad, no lo sé, pero algo harán si la gente pone tanto enfoque en ellos, ¿no? Piel blanca, casi siempre algo seca, con necesidad de crema en cualquier parte del cuerpo, en búsqueda de productos orgánicos que hicieran que cuidara mejor la piel. Labios algo gruesos, algo que siempre me ha dado un poco igual, nunca los he utilizado para mucho más que para comer. Cuerpo esbelto pero no muy atlético, el ir al gimnasio siempre fue una tarea pendiente pero no me llamó la atención, así que, mis huesos tendían a sonar mientras andaba o me agachaba, un tanto incómodo y embarazoso pero oye, ¿qué más podía hacer?

Descripción de la personalidad:

Siempre me ha gustado dar consejos, pero jamás estar en la línea de fuego. Me atrae observar desde la distancia, apuntar notas mentales mientras me escondo entre la gente, a decir verdad, no he sido demasiado sociable, aunque lo he intentado. He sido un lobo solitario, testigo de las acciones ajenas pero nunca el protagonista, alejado del bullicio y las malas compañías, confío en la gente pero, a la vez, no apostaría ni un dólar por nadie, lo cual, me deja en un soñador que prefiere equilibrar su mundo que formar parte del de los demás. He sido un tipejo nervioso, miedoso y el colón irritable no me dejaba vivir ciertos días, propenso a las pesadillas y a los rechazos, desesperado por perder la virginidad mientras las chicas se perdían en mis ojos buscando en mí solo a un amigo al que contarle sus penas, “hello, friendzone“.

Desconectado:

Siempre he estado solo. Hogares de acogida. Callado, empujado a permanecer a un lado, sin hacer preguntas, tampoco poner excusas y haciendo lo que me pedían que hiciera, hasta que terminaran muriendo en un accidente de coche, cayendo por un precipicio, un día gris, lluvioso y traspasando una carretera resbaladiza. Recuerdo haber cogido el teléfono a las 03:00am, la noticia me impactó pero no me sorprendió. No moví ni un músculo de mi cara al escuchar lo que dijo la policía, mientras me decían que, al ser mayor de edad podía elegir vivir en otro lado y no volver al orfanato. Así lo hice. Nadie supo de mí, ni de mi pasado, tampoco conocía a personas diariamente, las evitaba e ignoraba, mi vida era completo silencio.

Pasara lo que pasase, nadie me echaría de menos. Nadia sabría dónde estaba o me pediría explicaciones de adónde iba o por qué, no tenía redes sociales, tampoco las necesitaba, ni móvil ni número de teléfono. Pagaba el alquiler de un piso que no era muy caro, trabajando en la tienda de abajo, un quiosco con no demasiada gente, atendiendo a idiotas y fumando entre horas, a pesar de querer cumplir uno de mis mayores sueños: ser bombero, una idea estúpida viniendo de alguien tan cobarde, ni siquiera lo tenía como opción, solo como una aspiración o un deseo frustrado. Una vida de robot. Una vida para sobrevivir. Recuerdo sonreír mientras veía películas, escuchaba música o, simplemente, estando tirado en el sofá mirando el techo, recuerdo sentir la libertad mientras no había nadie alrededor, no había placer mayor que ese.

Testigo de un asesinato:

Supongo que aquí se torció todo. Mi vida pasó de ser aburrida e insignificante a importante y con la necesidad de ser cazado hasta la muerte. Tan solo vi a un tío alto, con un sombrero de color beis, una gabardina negra que le llegaba hasta las rodillas, con la cara casi tapada, unos pantalones tejanos y unos mocasines negros, imponente, esperando a un chaval que se acercaba para traerle un USB. El chico no parecía estar muy bien de salud, larguirucho, muy delgado, ansioso, se movía de un lado a otro, sus manos temblaban y sus ojos le caían, mientras le entregaba lo que su futuro asesino necesitaba para a saber qué fin. Le dio dos disparos en la espalda cuando el chico se disponía a alejarse del que fuese el trato que tuviese con él, quizá fuese un último trabajo, quizá el penúltimo a cambio de algo, no tenía ni la menor idea, pero no parecía lícito.

En cuanto vi aquello, me levanté de donde me encontraba, detrás de un coche escondido, ese hombre no me provocó la confianza suficiente como para cruzar esa calle y, por no cruzarla en su momento, tuve que escapar de lo que fue un asesinato a sangre fría en toda regla. Quizá me vio alejarme y no consiguió determinar un blanco en mi espalda, tal como hizo con el chaval que yacía inerte en el suelo a unos centímetros de él, y no pudo hacerse con el testigo que podría descubrir todos sus planes, quizá ir a la policía o encontrar una forma de identificarle. Lo único que puedo asegurar es que fue una experiencia devastadora, estuve planteándome durante días qué hacer con lo que había presenciado, cómo quitarlo de mi cabeza, cómo dejar que simplemente pasara sin más.

El callármelo durante meses, tan solo hizo que mi colon y mis migrañas se volvieran más intensas, que no pudiera ir al baño en tres días o que las náuseas me hicieran detestar la comida, tratando de ignorar mis pensamientos por un momento, dejando a ese chico olvidado por mi propio bien, no sabía cuán peligroso podía ser aquello, así que, como buen cobarde, me eché a un lado sin comentarlo a nadie.

Una corrida por el bosque:

Recuerdo estar asustado. Mi respiración entrecortada. El cansancio. El bosque. El acantilado. Siendo que nada de eso era tan importante. Unos días antes tuve una sensación indescriptible, como si algo fuera a ocurrir, denotando un temor que se movía por todo mi cuerpo, como hormigas correteando para buscar comida y esconderse. Pensé que eran tonterías, invenciones de una mente amenazada por la aparición de ese hombre de gabardina y sombrero que vi en el callejón, empezando a habituarme a esa constante vena maníaca y obsesiva de la que, durante meses no había podido deshacerme.

Vi a un chico con la máscara de V de “Vendetta” observarme desde lejos, en la gasolinera donde había parado a repostar. Caminó algo rápido hacia mí, de una manera tan decidida que supe que venía a matarme, el arma que llevaba consigo no podría engañar a nadie. Eché a correr hacia el bosque sin siquiera pensar si habría una salida, mientras el corría tras de mí, una sudadera con capucha, pantalones cortos y unas deportivas hechas para corredores, le bastaron para cogerme, yo no era ni siquiera competición para él, estaba claro quién ganaría la carrera y el trofeo que tenía que ver con dos balas chocar contra mi pecho mientras mi cuerpo se dejaba caer por el precipicio. ¿La verdad? Ese chico tenía agallas, era fuerte, con coraje al apuntar el arma hacia alguien indefenso y decidir terminar un trabajo que, seguramente, empezó días atrás cuando le mandaron matarme, mi destino estuvo escrito desde ese preciso momento.

Quizá fui poca cosa y nadie notó la diferencia con mi existencia pero, al menos, fui importante y una amenaza para alguien que se podría considerar poderoso. Yo no era ningún talismán, alguien famoso o con ganas de ver la vida de color de rosa, sabía que era simplemente un vendedor en un quiosco, totalmente reemplazable y que nadie me echaría de menos si no respirase, supongo que ellos también lo comprobaron, no querrían que nadie hiciera preguntas. Parecía tonto pero podía saber el resultado de dos más dos, ¿verdad? Quizá mi siguiente vida resultara más interesante, ¿quién sabe?

Un futuro de soledad:

Dicen que cuando estás muerto, estás en paz. Sigues en el mundo de los vivos mientras ellos no lo saben, mientras no encajan bien sus mentiras. Dicen que, a veces, es hermoso ver un prado, el sol y tus ganas de correr y sentirte libre, como muchos otros lo han hecho. Pero no comentan sobre el silencio. Sobre la agonía que supone vivir enjaulado, entre telarañas y podedumbre, entre oscuridad. Les ves a tu alrededor riendo, gritando o comiéndose una galleta, mientras tratas de conversar con ellos y ves que no obtienes respuesta, ni siquiera una mirada. No dicen lo apartado del mundo que llegas a sentirte.

Mi antiguo jefe ya tiene un nuevo dependiente. Alto, con barba y con la costumbre de llevar camisetas de cuadros, como los pueblerinos que parece que nunca tengan ropa limpia y decente que ponerse. No me gusta cómo atiende, tu pasotismo ataca a mi inteligencia y se llega a sentir ofendida, aunque quiera gritarle, no me escucha, aunque quiera conducir, mis manos no son capaces de agarrar el volante, ni siquiera de mirarme a un espejo. Vi cómo quemaban mi cuerpo en el bosque, como si jamás hubiera ocurrido, para que nadie me encontrara o hiciera preguntas, un punto y final a alguien que nunca existió.


Recuerda que puedes apoyar el blog a través de Patreon, escribo relatos cortos más elaborados y personales:

www.patreon.com/trackontime


Publicado en Relatos

El Acantilado:

Corría. Mis pies no podían parar. Miraba hacia atrás repetidamente para ver si aquel chico seguía persiguiéndome. No sabía quién era pero sentía que quería matarme, llevaba un arma y varias veces casi llega a alcanzarme. Mi respiración se entrecortaba, me dolían los pulmones tras haber corrido algo más de tres kilómetros sin haber hecho un pre calentamiento como muchos entrenadores aconsejan antes de salir a correr. Desde hacía unos metros, sentía un pequeño tirón en el gemelo izquierdo pero, no podía parar, algo dentro de mí me decía que no lo hiciera.

Las ramas de los árboles golpeaban mi cara de vez en cuando, a veces, no podía esquivarlas porque tenía miedo a caerme, estaba oscuro y la única luz de la que disponía era la luna llena que se alzaba sobre nosotros, los únicos que parecíamos recorrer ese bosque. Noté la boca seca, mi espalda algo resentida debido a no tener unos zapatos adecuados para correr, sudaba como nunca antes lo había hecho y me sentía empapado, asustado y decidido a seguir adelante aunque no hubiera salida.

Mi amigo atlético continuaba fijo en mí. Digo atlético porque esquivaba todo lo que había en su camino, a veces, se posicionaba detrás de mí, otras saltaba cuatro rocas con tan solo una mano y estaba casi a mi lado, lo cual, me aterrorizaba. No podía verle la cara, llevaba una capucha y una máscara de V de Vendetta, las típicas que solían utilizar muchos jóvenes para reforzar una idea de la que no estaban de acuerdo y vengarse de aquellos que les sometían. Llevaba pantalones cortos y unos zapatos totalmente adecuados para no resbalarse mientras corría y que el impacto al pisar no fuera tan fuerte para las vértebras, ¡este chico sí sabía!

¿Era un chico?, ¿cómo sabía que lo era? Ahora no tenía mucho tiempo para pensar, llevaba corriendo en línea recta más tiempo del que debería y ni siquiera sabía a dónde me dirigía, tampoco si el camino de piedras se terminaría pronto, la incertidumbre se apropiaba de mi mente y el extremo cansancio del resto de mi cuerpo, en este momento, sería capaz de dormir tres días seguidos. Cada vez le notaba más cerca de mí, su respiración era pausada, señal de que salía a correr a menudo o de que tenía esa costumbre de ir cazando a gente por el bosque…

¿Recordáis que dije que no sabía dónde estaba el final de aquel camino? Lo encontré. Frené de lleno ante un acantilado demasiado alto como para saltar, era muy arriesgado. El joven frenó justo a un metro de mí en seco, parecía tranquilo, con un arma en la mano derecha, erguido, de alguna forma supe que estaba decidido a hacer aquello por lo que le habían pagado o dicho. Sabía que no vacilaría. Seguí mirando hacia abajo tratando de decidir qué hacer pero era demasiado cobarde como para plantearme semejante locura, así que, con las manos en alto, decidí volver el semblante hacia él, temblando, asustado.

– ¿Por qué…? – pregunté, mi voz también temblaba pero, ya que iba a morir, quería saber por qué o a quién le serviría, era tan solo un aspirante a bombero -.

– Viste algo que no debiste ver – definitivamente, era un chico joven, a juzgar por su voz, tal como dije, pausada y decidida -.

– ¿El qué?, ¿de qué hablas? – empecé a hacer memoria de las semanas anteriores, hasta que encontré un pequeño recuerdo que me trajo de cabeza durante días tratando de olvidarlo – Oh…

– Lo recuerdas, ¿verdad?

– No diré nada, tampoco lo tenía pensado, ¡me metería en un lío!

– No puedo estar seguro de ello, ¿verdad? No te conozco – quitó el seguro del arma, la cargó y me apuntó con ella – Tranquilo, será rápido.

Reviví el momento. Un hombre alto y robusto, un callejón y sin público, llevaba un sombrero y una gabardina negra, era imponente, parecía que esperara a alguien. Un chico delgaducho se acercó a él para entregarle algo, era bastante joven, estaba algo nervioso pero le entregó un USB, el hombre alto le dio las gracias y, mientras el chico le daba la espalda y se alejaba de él confiando en que no le pasaría nada, dos tiros perforaron su espalda. Yo estaba escondido detrás de un coche, en cuanto vi aquello, salí corriendo, apuesto a que el hombre con sombrero me vio y este chaval trabajaba para él, no era muy difícil de adivinar, pero de nada servía ahora, debí quedarme detrás de ese coche sin moverme, nadie se hubiese enterado…

– Date la vuelta y arrodíllate – me ordenó. Obedecí – Acércate más al borde.

Hice lo que me pidió. Empezó a oscurecerse mi alrededor mientras veía salir sangre de mi pecho, noté que me empujaban por detrás y caía por el acantilado. Decidí cerrar los ojos y dejarme llevar, me dijo que sería rápido. ¿Lo será?


Recuerda que puedes apoyar el blog a través de Patreon, escribo relatos más elaborados y personales:

www.patreon.com/trackontime


The Cliff:

I ran. My feet couldn’t stop. I looked back repeatedly to see if that boy kept following me. I didn’t know who he was, but I felt like he wanted to kill me, he was carrying a gun and several times he almost catch me. My breathing was choppy, my lungs hurt after running a little more than three kilometers without having done a pre-warm-up as many trainers advise before going for a run. For a few feet, I felt a little tug on the left twin but, I couldn’t stop, something inside me was telling me not to.

The branches of the trees struck my face from time to time, sometimes I could not dodge them because I was afraid to fall, it was dark and the only light we had was the full moon that stood above us, the only ones who seemed to roam that forest. I noticed my mouth dry, my back a little resentful because I didn’t have proper running shoes, I was walking around like I’ve never done it before and I felt soaked, scared and determined to move on even if that forest doesn’t have any scape.

My athletic friend was still fixed on me. I say athletic because I dodged everything in his path, sometimes he positioned himself behind me, others jumped four rocks with just one hand and was almost by my side, which terrified me. I couldn’t see his face, he wore a hood and a V mask from Vendetta, the typical ones that many young people used to use to reinforce an idea they disagreed with and take revenge on those who subdued them. He was wearing shorts and shoes that were totally suitable for not slipping while running and that the impact on treading wasn’t so strong for the vertebra, this guy knows how to do it right!

He was a boy? Now I didn’t have much time to think, I had been running in a straight line longer than I should and didn’t even know where I was going, nor if the stone path would end soon, the uncertainty took over my mind and the extreme tiredness of the rest of my body, at this time, I would be able to sleep three days in a row. He was getting closer and closer to me, his breathing was paused, a sign that he went for a run often or that he had that habit of hunting people through the woods…

Do you remember when I said I didn’t know where the end of that road was? I found it. I braked full on a cliff too high to jump, it was too risky. The young man braked just a metre from me, seemed calm, with a gun in his right hand, upright, somehow I knew he was determined to do what he had been paid or told for. I knew he wouldn’t hesitate. I kept looking down trying to decide what to do but I was too cowardly to think of such madness, so with my hands up, I decided to turn my body to see him, shaking, scared.

– Why…? – I asked, my voice was shaking too but I was going to die, I wanted to know why or who my dead body would serve, I was just an challenger firefighter.

– You saw something you shouldn’t have seen – he was definitely a young boy, judging by his voice, as I said, paused and determined.

– What? What are you talking about? – I started to remember the previous weeks, until I found a little memory that brought me upside down for days trying to forget it – Oh…

– You remember it, right?

– I won’t say anything, I’ve never thought about it even so… I can be in trouble if I say something!

– I can’t be sure about it, can I? I don’t know you — he took the lock off the gun, loaded it and pointed it at me – Don’t worry, it’ll be quick.

I relived the moment. A tall, sturdy man, an alley and no audience, wearing a hat and a black trench coat, was imposing, he seemed to wait for someone. A shrewd boy came up to him to give him something, he was quite young, he was a little nervous but he handed him a USB, the tall man thanked him and as the boy turned his back on him and walked away trusting that nothing would happen to him, two shots pierced his back. I was hiding behind a car, as soon as I saw that, I ran out. Probably, the man with a hat saw me and this kid worked for him, it wasn’t very hard to guess, but it was no scape now, I should have stayed behind that car without moving, no one would have known…

-Turn around and put your knees on the floor- he ordered me and I obeyed him – Come closer to the edge.

I did what he asked. It started to get dark around me as I saw blood coming out from my chest, I noticed being pushed from behind and falling off the cliff. I decided to close my eyes and get carried away, he told me it would be quick. Will it be?


Remember that you can support the blog through Patreon, I write short stories more elaborated and personal:

www.patreon.com/trackontime