Publicado en Relatos

Palabras al Viento:

Escribía sin cesar. Mi alrededor había desaparecido, ni siquiera lo que consideraba importante lo era ya. El sonido de las teclas sobre el papel dándole forma a la historia era lo único que me hacía sentir vivo, respirar, volar entre palabras. Mis dedos no paraban de moverse, cada vez a más velocidad y ritmo, sin censura, sin tener que borrar y escribir de nuevo, había prometido un escrito limpio, tal y como saliera de mi mente.

Muchos creían que necesitaba un psicólogo, que era un adicto y debía dejar de escribir, podían pasar los días, noches enteras despierto hasta terminar algo que me resultara lo suficientemente interesante como para enamorarme hasta las trancas. Ellos hablaban de paciencia, de escribir con tranquilidad, de vivir en la realidad y no la ficción, pero yo hablaba de los personajes que caminaban a mi alrededor, me sonreían, coches chocando entre historias de acción y suspense, miradas encontradas entre un matrimonio a punto de divorciarse y palabras hirientes a un amigo muy querido que le ha traicionado. El papel vive, siente, transforma, encuentra la forma de ser transcrito, mejorado, borrado, cambiado, incluso, los olores y sabores se vuelven más presentes.

Mis ojos permanecen fijos en el papel. Una joven se sienta frente a mí, moviéndose al son de las palabras, con cambios de escenario casi a ritmo frenético, hablando con otros, sintiendo emociones, comiendo entre horas sin que nadie la vea. Mis teclas siguen sonando en mis oídos, relajantes, paralizantes, a su vez que ella hace lo que le digo, Habla, grita en sus malos momentos, llora cuando se siente sola y yo sonrío mientras cuento su vida. Mi respiración se entrecorta de emoción, mis manos empiezan a temblar y noto la boca seca, a la vez que mi corazón siente que va a explotar de un momento a otro. Ella mira a su amado, le sonríe, le advierte de sus integuridades, el joven las acepta pero, tras acostarse con ella, se ve como un trapo usado y tirado a la basura, entre sus sábanas comiendo toneladas de helado mientras ve películas tristes y llora como una descosida, incluso, puedo oír lo que ponen en la televisión, puedo saber qué película es… “Moulin Rouge”. Veo su insomnio, su ansiedad, su tristeza, su añoranza y las horas perdidas mientras escribo un punto y aparte.

¿Seguiría con su vida como si nada?, ¿le olvidaría?, ¿caería en absoluta depresión tras creer que nadie más la querría por quién es? Tenía el absoluto control de la historia, las palabras seguían con fluidez, sin interrupción mientras notaba algo de viento entrando por la ventana, ¿era la mía?, ¿quizá la suya? Decidí ignorarlo para seguir con ello. Pero me molestaba, oí libros caer al suelo y también a ella levantarse de la cama a recogerlos. No quería apartar la vista del papel, estaba demasiado inspirado pero lo hice para ver que mi ventana estaba abierta. Me levanté para cerrarla pero, antes de que llegara se había cerrado. Me volví para sentarme en la silla del escritorio y ella me miró fijamente, sonriendo, mirándome de arriba a abajo, dejándome eclipsado. Nos sonreímos, quizá nos gustamos. Olvidé lo que estaba escribiendo y, cuando me quise dar cuenta, mi despacho había desaparecido para formar parte de otra realidad de la que todavía no sabía muy bien cómo se había presentado ante mí. ¿Sería verdad que necesitaba un psicólogo?


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Words Through the Wind:

I was writing incessantly. My surroundings had disappeared, not even what I considered important was it anymore. The sound of the keys on the paper shaping the story was the only thing that made me feel alive, breathe, fly between words. My fingers kept moving, getting faster and faster, uncensored, without having to erase and write again, I had promised a clean writing, just as it came out of my mind.

Many believed that I needed a psychologist, that I was an addict and had to stop writing, I could spend the days, whole nights awake until I finished something that I found interesting enough to fall in love with as hell. They spoke of patience, of writing quietly, of living in reality and not through fiction, but I spoke of the characters who walked around me, smiled at me, cars colliding between stories of action and suspense, looks found between a marriage about to divorce and hurtful words to a much-loved friend who has betrayed him. Paper lives, feels, transforms, finds a way to be transcribed, improved, erased, changed, even the smells and flavors become more present.

My eyes remain fixed on paper. A young woman sits in front of me, moving to the sound of words, with changes of scenery almost at a frenetic pace, talking to others, feeling emotions, eating between hours without anyone seeing her. My keys keep ringing in my ears, relaxing, paralyzing, in turn she does what I tell her, she speaks, screams in her bad times, cries when she feels lonely and I smile as I write her life. My breathing scures with emotion, my hands start shaking and I notice my dry mouth, while my heart feels like it’s going to explode from one moment to the next. She looks at her beloved, he smiles at her, she warns him of her integurities, the young man accepts them but, after sleeping with her, she looks like a cloth used and thrown away, among her sheets eating tons of ice cream while watching sad movies and cries like a desist, I can even hear what she put on TV, I can know what movie it is… “Moulin Rouge”. I see her insomnia, her anxiety, her sadness, her longing and the hours lost as I write a point and set aside.

Would she go on with her life as if nothing happened, would she forgets him, she would fall into absolute depression after believing that no one else would love her for who she is? I had the complete control of the story, the words were still flowing, without interruption as I noticed some wind coming through the window, was it mine, maybe hers? I decided to ignore it to come back to the story but it bothered me, I heard books fall to the ground and also hear her get out of bed to pick them up. I didn’t want to look away from the paper, I was too inspired but I did it to see that my window was open. I got up to close it, but before I got there it had closed. I turned to sit in the desk chair and she stared at me, smiling, looking at me from top to bottom, leaving me eclipsed. We smile, maybe we liked each other. I forgot what I was writing and when I wanted to realize, my office had disappeared to be part of another reality that I still didn’t quite know how he had presented himself to me. Would it be true that I needed a psychologist?


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