Publicado en Relatos

Caída:

Llovía. Caminaba bajo el paraguas que le había tomado prestado a mi compañera de residencia en la Universidad cuando no estaba mirando, los míos siempre se rompían y salían volando sin oportunidad de recuperarlos. Empezaba a tiritar pero me gustaba cuando llovía, los días grises eran mis favoritos, todo el mundo los aprovechaba para adelantar lecturas o terminar trabajos atrasados pero yo era la única que salía a pasear entre la lluvia.

Mi paso se veía iluminado por algunas farolas que había en la calle, pasé por al lado de una plaza no muy concurrida y acabé girando por un callejón. Mis botas resbalaban un poco, así que, tenía que pelearme con ellas para seguir de pie, sonaban cuando mantenían contacto con el agua, era chirriante y algo irritante, pero mis pensamientos se vieron interrumpidos por unos pasos que oí justo detrás de mí, no quise volverme, seguramente, sería alguien que vivía por aquí… Pero, cuando giré la calle, seguí escuchándolos no muy lejos. Me decía a mí misma que estaba a salvo, que no era nadie peligroso, seguro que vivía por esta zona y daba la casualidad de que iba donde iba yo también, no debía darle la mayor importancia.

Su paso se hizo un tanto más acelerado, así que, yo apreté el mío casi por inercia. Los callejones eran algo más oscuros y cerrados que los anteriores y todavía debía pasar el puente para llegar a la Universidad. Le miré de reojo pero no pude ver demasiado, solo que estaba empapado, al parecer, no era de esos que utiliza paraguas, llevaba una capucha que le cubría un poco más allá de la frente, usaría la sudadera con un par de tallas más que la suya, llevaba unos vaqueros oscuros, sus manos estaban en los bolsillos y parecía fijado en mí, no paraba. No iba a parar. Pero, el puente estaba cerca. Mi plan era llegar a la zona de seguridad del campus y permanecer allí durante un rato hasta que ese hombre decidiera largarse y yo no volver a salir de noche nunca más, aunque estuviese lloviendo y me sintiese en calma.

El puente estaba justo delante, así que, apreté un poco más el paso, casi podría salir corriendo pero alertaría al tipo que tenía detrás. Empezaba a estar asustada, me estaba siguiendo de verdad, no había nadie más en la calle y era obvio, casi a medianoche, las bocanadas de aire se volvieron más frecuentes y notaba la garganta seca, la cabeza me daba vueltas y estaba muy tensa, cogiendo el paraguas como si fuera mi único apoyo. Ya estaba en el puente, desesperada por cruzarlo, tan solo tenía que girar a la derecha, caminar un poco más y llegaría a la Universidad de un momento a otro, debía confiar en que estaría a salvo muy pronto.

Conforme me iba separando más y más de él, se dio cuenta de que me escapaba, de que no llegaría a cogerme o de que puede que no estuviera bajo su control una vez pasado el puente, así que, hoy que sus pasos ya no eran repetidos, o quizá algo rápidos, ahora corría y estaba a punto de alcanzarme. Así que, yo también empecé a correr como alma que lleva el diablo. Noté una mano en mi hombro que me frenó en seco y me paralizó. Me cogió del cuello y me estampó contra la pared del puente sin soltarme, no podía zafarme, empecé a moverme como una loca, no podía gritar, así que, en ese momento supe que mi compañera de residencia debería dar por perdido su paraguas, quizá lo encontrara en medio de la calle o puede que en el río, justo donde ese extraño me dejó caer sin remordimientos, sin una mirada que mostrara una disculpa, caí sin parar hasta que todo oscureció a mi alrededor.


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The Fall:

It was raining. I was walking under the umbrella I had borrowed from my college dorm roommate when she wasn’t looking, mine would always break and fly away with no chance of getting it back. I was starting to tir but I liked it when it rained, the gray days were my favorites, everyone took advantage of them to advance readings or finish back homework but I was the only one going for a walk through the rain.

My walk was illuminated by some streetlights, I walked past a not very crowded square and ended up spinning through an alley. My boots slipped a little, so I had to fight them to keep standing, they sounded when they kept in touch with the water, it was squeaky and somewhat irritating, but my thoughts were interrupted by a few steps that I heard right behind me, I didn’t want to turn around, surely it would be someone who lived around here… But when I turned the street, I kept listening to them not far away. I was telling myself that I was safe, that there was no one dangerous, I’m sure he or she lived in this area and just was going where I was too, I shouldn’t give it the most importance.

His steps got a little faster, so I squeezed mine almost out of inertia. The alleys were somewhat darker and closed than the previous ones and I still had to pass the bridge to get to the college. I looked at him with rejoy but I couldn’t see too much, only that he was soaked, apparently, he wasn’t one of those who used umbrellas, wore a hoodie that covered him a little beyond his forehead, would wear the sweatshirt with a couple more sizes than his, wore some dark jeans, his hands were in his pockets and he looked fixed on me, he didn’t stop. He wasn’t going to stop. But, the bridge was nearby. My plan was to get to the campus security zone and stay there for a while until that man decided to leave and I never went out again, even if it was raining and I felt calm.

The bridge was right in front of me, so I pressed the step a little bit further, I could almost run out, but I’d alert the guy behind me. I was starting to be scared, he was really following me, there was no one else on the street and it was obvious, almost at midnight, the breaths of air became more frequent and I noticed the dry throat, my head was spinning and I was very tense, catching the umbrella as if it were my only support. I was already on the bridge, desperate to cross it, I just had to turn right, walk a little more and get to college from one moment to the next, I had to trust that I would be safe very soon.

As I separated more and more from him, he realized that I was running away, that I would not get caught, or that I might not be under his control once the bridge was over, so now that his footsteps were no longer repeated, or maybe a little quick, he was now running and about to catch up with me. So, I also began to run as a soul carrying the devil. I noticed a hand on my shoulder that stopped me dry and paralyzed me. He grabbed me by the neck and pushed me against the bridge wall without letting me go, I couldn’t get out, I started moving like a madwoman, I couldn’t scream, so at that moment I knew my roommate should give up her umbrella, maybe he’d find it in the middle of the street or maybe in the river, right where that stranger dropped me without remorse, without a look showing an apology, I fell non-stop until everything darkened around me.


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Memorias Ahogadas:

Cuando abro los ojos, sigo viendo mis pecados de reojo. Otro otoño que tratar de ahogar, otro recuerdo roto tras tanto tiempo pasado. Jamás podría olvidarlo. Toparme con un pasado quebrado una y otra vez, incluso, estando sola en un mismo abismo, observando las personas pasar a través de la ventana, inspirando miedo y expirando esperanzas surrealistas. No sabría cómo encontrarme con el perdón, con las mil y una formas de expresar lo que siento y no encontrar salida, tampoco el hecho de ser un peón más de una pirámide inalcanzable.

Podrían pasar los días y las horas sin nada que cambiara, sin una razón para no odiar lo que hice, lo que dije o sentí. Podría decir que una sonrisa lo arreglaría todo, sincera, sin ser escondida, sin tratar de escapar de la situación, pero mentiría si creyera que el mundo es tan simple y fácil. Dejé de creer en arcoiris y unicornios en el momento en que empecé a gatear, dejé de creerme las cuentos alegres y las palabras bonitas mucho antes de que me salieran los dientes y la maldad consiguiera devorarme.

Un nuevo otoño que recordar. Que echar de menos. Que celebrar. Mientras trato de cambiar de vida, de hábitos y rutinas para que nada me delate. Las expresiones de la cara son mapas inequívocos de aquello que se te pasa por la cabeza, por lo que, agradezco ser una momia que no mueve ni un músculo. Podría tiritar pero notarían mi debilidad, pequeños entrecijos de los que dudar, en los que encontrar un solo motivo por el que culparme. Quizá mi cabeza no deja de hablar, quizá los susurros tienden a volverme loco, teniendo siempre la certeza de que puedo escuchar cuando quiero o, al menos, eso decía mi madre antes de emitir su último suspiro aquel otoño del ’93, agonizando mientras mis manos permanecían alrededor de su cuello sin saber muy bien cómo toda mi vida había estado rodeando ese preciso momento.

Inspirar un nuevo otoño. Expirar una nueva víctima. Entre los árboles, asustada, corriendo muerta de pies y manos antes de empezar a cazarla, antes de encontrar la forma de silenciarla mientras mis manos buscan su cuerpo provocando, una vez más, que mis recuerdos permanezcan ahogados entre últimos suspiros y palabras vacías…


Drowned Memories:

When I open my eyes, I still see my sins of resusing. Another fall than trying to drown, another broken memory after so long past. I could never forget it. To run into a broken past over and over again, even being alone in the same abyss, watching people pass through the window, inspiring fear and expiring broken hopes. I wouldn’t know how to come up with forgiveness, with a thousand and one ways to express how I feel and find no way out, nor the fact that I’m a pawn more than one unreachable pyramid.

It could be days and hours without anything changing, for no reason not to hate what I did, what I said or felt. I could say that a smile would fix everything, sincere, without being hidden, without trying to escape the situation, but I would lie if I thought the world was so simple and easy. I stopped believing in rainbows and unicorns the moment I started crawling, I stopped believing the joyful tales and the pretty words long before my teeth came out and evil managed to devour me.

A new autumn to remember. What to miss. What to celebrate. While I try to change my life, habits and routines so that nothing gives me away. Face expressions are unequivocal maps of what’s going through your head, so I appreciate being a mummy that doesn’t move a muscle. I could ty down, but you’d notice my weakness, small entrees to doubt, in which to find only one reason to blame myself. Maybe my head won’t stop talking, maybe whispers tend to drive me crazy, always being sure that I can hear when I want to, or at least that’s what my mother said before she made her last sigh that fall of ’93, dying while my hands were around her neck without knowing very well how my whole life had been surrounding that very moment.

Inspire a new fall. Expire a new victim. Among the trees, frightened, running dead to her feet and hands before I start hunting her, before finding a way to silence her as my hands search for her body, causing, once again, my memories to remain drowned among last sighs and empty words.