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Charles: Entre Ficción

Relato procedente: Palabras al Viento. Edad: 38 años.

Ciudad: Illinois. Profesión: Escritor.

Descripción física:

El cabello es negro y algo canoso, tengo los ojos castaños, labios finos, tez un tanto morena y no tan esbelto como me gustaría, hago ejercicio pero me cuesta la vida. Normalmente, visto con vaqueros y una camisa de botones cómoda con un chaleco que me abrigue un poco, no suelo salir demasiado, añadiendo unos zapatos cómodos. Muchos dicen que envejezco rápido, supongo que por el estrés y la ansiedad a la que a veces puedo estar sujeto, cuando tienes fama no sueles pensar en estas cosas hasta que te pasan, ¿verdad?

Descripción de la personalidad:

Suelo ser un tipo bastante tranquilo, menos cuando me sacan de mi paz. Me encanta meterme en las historias que escribo, cabalgar entre las vidas de los personajes y olvidarme de la mía por completo, casi nunca está a mi gusto, normalmente, falta algo que no puedo identificar. Muchos dicen que los escritores escriben para no sentirse vacíos y en mí es algo que podría confirmar, no hay nada que me llene más, ni siquiera mi familia, suena algo cruel decirlo pero es así. Me considero un incomprendido, no se observa la mente de un escritor desde la inteligencia sino desde la locura, no se suelen agradecer unas buenas letras sino el último cotilleo de la temporada. Y diría que lo odio.

Pegado a una máquina de escribir:

Mi abuela Marie me regaló una máquina de escribir en mi séptimo cumpleaños y he de reconocer que la curiosidad pudo conmigo. Al principio, tan solo hablaba de tonterías y no entendía muy bien mis propios escenarios pero me daba igual, disfrutaba muchísimo y no podía despegarme de ella. Cada día tecleaba nuevas historias, iba a casa de mi abuela tan solo para hacer eso y, simplemente, me aficioné. Era un chico callado, así que, supongo que me ayudaba un poco a expresarme, mis emociones parecían fluir mejor.

Esta máquina de escribir vino conmigo a todas partes, de hecho, incluso pude presumir de ella como una reliquia en la Universidad, unos meses después de que la abuela Marie muriera para hacerle una especie de homenaje. La dejé un poco más apartada cuando los ordenadores eran una parte fundamental en la vida humana y dejar las páginas escritas al instante no era algo tan urgente, sino que, podías editar cualquier cosa desde la comodidad de tu teclado sin borraduras ni tachaduras en el papel o tener que volver a empezar la hoja de la historia de nuevo.

Ahora está en el despacho de mi casa, adornando una de las estanterías, nunca me olvido de cómo empecé y me ayuda a seguir adelante, a mirar el vaso medio lleno, si cabe.

Viviendo en la ausencia:

Diría que siempre había vivido absorto en mis pensamientos, tenía tantos que no podía si quiera aclarar mi mente. A mi familia le parecía preocupante esta nueva pero no tan nueva faceta de mí porque la llevo arrastrando hasta este momento formando una parte importante de mi personalidad, pero yo no le daba la mayor importancia, simplemente, estaba siendo yo mismo. En cualquier momento del día, fuera lo que fuera que estuviera haciendo, sentía algo dentro de mí u oía una frase en mí cabeza, llevaba siempre un papel y un lápiz para anotarlo todo para luego darle un poco de protagonismo a mi máquina de escribir.

En el colegio siempre estaba presente físicamente pero no lo hacía de manera mental, tampoco me atraía cualquier cosa que explicaran porque a mí no me estaba sirviendo o interesando del todo, tan solo quería aprobar porque para mis padres era importante y porque así dejarían de echarme la bronca. Tuve claro desde el momento que vi aquella máquina que iba a ser escritor, no me llamaba nada más, mi madre se empeñara en que me interesara por medicina o derecho, quizá psicología o antropología pero, lo cierto era que le hacía caso porque sabía que su único sueño era verme cruzar las puertas de una Universidad importante. Terminé con ese sueño bastante pronto.

Alguien apasionado:

Tras terminar el instituto, no quise perderme ni un minuto de mi vida como escritor, tan solo tenía que sentarme y escribir un libro pero, como es de esperar, no todo es tan simple como esto. Me decepcioné al ver que casi todos mis escritos terminaban en proyecto porque no eran lo suficientemente buenos o perdía el interés en ellos, aunque una parte de mí me empujaba a que siguiera intentándolo. Lo hice durante años, teniendo trabajos a tiempo parcial cada cual más horroroso pero seguía viviendo en casa de mis padres y tenía que ayudarles económicamente, mientras mi madre siempre refunfuñaba sobre “esto te pasa por no haber estudiado”, no se tomó muy bien mi negativa.

Después de varios años, mi primera novela se publicó. No esperaba que el editor le prestara demasiada atención, tan solo era un novato con unos objetivos demasiado altos pero me sorprendió gratamente cuando me dijo que era la historia mejor contada que había leído. Ahí empezó mi carrera, el libro tuvo éxito aunque no ganaba demasiado al principio, me embarcaba en nuevas historias hasta quedarme absorto totalmente en ellas.

Entre la realidad y la ficción:

Cuando empecé a despegar en la carrera de escritor y a ganar más de lo que podía gastar, mi madre siguió sin reconocerme mis méritos, algo que entendí, desde que era pequeño quería que tuviera un trabajo bien remunerado y más importante que escribir cuatro palabras en un papel sin saber que esto costaba también su esfuerzo, pero nunca le he guardado rencor. Según ellos, necesitaba un psicólogo, dejaba que las horas pasaran escribiendo y no me responsabilizaba de nada más, podía estar sin ver a mi hija durante días o trasnochar tanto durante días tan seguidos que podía sentirme más que confuso cuando me hablaban de algo, era una resaca creativa grata de observar, aunque sabía que nadie iba a entenderlo.

No es raro que un escritor desaparezca de su entorno cuando escribe pero nunca verá a los personajes de sus historias como si fueran de carne y uso, tampoco se transportará a sus habitaciones y podrá tocar los muebles que él mismo ha descrito en su novela pero a mí estaba ocurriéndome más a menudo de lo que podría decir y estaba empezando a asustarme porque aparecía en lugares en los que no recordaba haber estado o el trayecto hasta allí, hablar solo en una cafetería con uno de mis personajes al lado y el encargado quedárseme mirando extrañado o reírme a carcajadas de una broma que una niña de 9 años me había dicho al oído inocentemente cuando no estaba para nada comiendo con nosotros y nadie más podía verla.

Empecé a preguntarme si era verdad que había dejado de distinguir qué era real y qué no, si me había vuelto loco y todavía no me había dado cuenta a pesar de que todo el mundo lo insinuaba, creyendo que, de verdad, tenían la imagen de un escritor estereotipada.

Un futuro terapéutico:

Según mi psicóloga, me vendría bien un poco de aire, de sol, caminar a la luz de la luna, notar el agua de la playa chocar contra mis pies… Estoy obsesionado con lo que hago, quizá, todavía no ha sacado un diagnóstico pero mi mujer ha prometido que estará conmigo en todo momento, dejando que mi hija Grace me abrace tras medio año sin haberlo sentido… incluso, había olvidado a tener otros contactos físicos o con la naturaleza sin darme cuenta. Trato de evitar mi despacho durante la noche, debo sentarme a escribir tan solo cuatro horas diarias, el resto del día debe ser para mí y mi familia, puedo asegurar que es lo más difícil que he hecho, es como sentir que me estoy desenganchando de una droga y no me siento bien para nada.

Mi padre vino la semana pasada en cuanto mi mujer le dijo que llevaba un mes de terapia, quería darme su apoyo incondicional pero mamá todavía necesitaba más tiempo, ella sabía que ser escritor solamente iba a destruirme. Nunca confió en mí, tampoco espero que lo haga ahora, es mejor que tenga su espacio hasta que decida aceptarlo aunque pasen diez años más. Mi editor tendrá que alargar las fechas de entrega de las novelas y puede que no gane tanto dinero como me gustaría pero es un esfuerzo que estoy decidido a hacer, se me va la olla, es mejor pararlo ahora que estoy a tiempo, ¿no?

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Annia: La Introvertida

Relato procedente: “Bajo las Luces”. Edad: 20 años.

Ciudad: Providence. Profesión: Mecánico.

Descripción física:

Tengo el cabello de color negro, mis ojos son castaño oscuro y los labios algo gruesos, piel algo pálida y mejillas rosadas, aunque es algo que intento disimular. Esbelta, reconociendo que no siempre he sido así, cuando era pequeña me solían comparar con un bollo gordito y achuchable, no les juzgo. Suelo vestirme de negro o combinar con colores como el violeta o el rojo, digamos que para mí no existen más gamas, ni siquiera al añadir los vaqueros, los zapatos suelen ser muy cómodos. No he sido nunca de ir a hacerme la manicura, pedicura o cortarme el cabello, me ha entretenido una barbaridad hacérmelo yo misma, no soporto que gente que no conozco haga algo que podría hacerme yo.

Descripción de la personalidad:

La gente suele quejarse mucho de que soy callada, algo pasota y de que nunca estoy atenta a lo que los demás dicen, estoy en mi mundo y el resto no me importa. Lo malo de esto es que suelen acertar en todo lo anterior. No lo hago aposta es que me sale así, ignoro lo que no me importa y lo que no debo oír por mi propia salud mental, cabalgo en solitario por estos lares de la vida y trato de divertirme alejada de todo ser que tenga la capacidad de respirar y pensar demasiado deprisa para pedirme algo que no me apetece hacer. No le doy mucha importancia a las cosas porque considero que no la tienen y todos vamos a terminar en el mismo lugar, nadie saca nada preocupándose por tonterías.

Una infancia desapegada:

Sí, bueno, mi infancia fue muy desapegada. Mientras a mi hermana mayor le gustaba pasar más tiempo con mis padres, yo tan solo quería salir de casa y hacer mi propia vida, encerrarme en mi cuarto para leer revistas de coches o hacer manualidades que no tuvieran nada que ver con el instituto. Mi hermana solía ir a todas las actividades familiares que mis padres ofrecían pero yo siempre me quedaba en casa, eran muy raritos, siempre abrazándose, diciéndose “te quiero” y siendo lo más ñoño visto en este planeta, me daba vergüenza estar en la misma habitación que ellos a la vista de otros.

Siempre me distanciaba. A veces, no era por incomodidad o porque viesen las costumbres de aquellos con los que iba, sino porque me salía natural. Me nacía estar en un lugar más apartado, dada a mí y a mis necesidades, vagando entre mis aficiones y no dejar que mis palabras mostraran lo que sentía. Era pequeña sí, pero lo suficientemente lista como para darme cuenta de que no todo el mundo utiliza la información de forma correcta y responsable.

Adolescencia loca:

Caminé entre bares, jarras de cervezas y ganas de olvidar mi realidad, no porque fuese mala, sino porque era aburrida y no encajaba para nada en ella. A veces, aunque hubiese mucha gente a mi alrededor, me sentía incomprendida, aislada por tener mis propias opiniones, mientras tan solo esperaba que me miraran en la distancia y cuchichearan algo tan simple como “friki”. Llegaba borracha como una cuba a casa a las tantas de la madrugada mientras todo el mundo dormía; todavía recuerdo esa noche que me detuvieron por exhibicionismo cuando no podía aguantar mis ganas de orinar y simplemente, cogí la maceta del jardín de una casa cualquiera y lo hice allí mismo. Me liaba con tíos alguna que otra noche y me dejaba llevar un poco, hasta que ellos se ponían sentimentales, empalagosos y aburridos, les desechaba como a un clínex, más tarde entendí por qué me parecían tan muermos.

Lo único que me mantenía cuerda y entretenida era el taller de mecánica que había unas calles más abajo, donde una amiga perfeccionaba coches de carreras y de alta gama. A veces, necesitaba ayuda y yo podía ganar un poco de dinero, mis padres nunca lo supieron, incluso, esperaban que fuese médico. Es curioso cómo aquello cambió mi vida, no pensaba ir a la universidad ni por un segundo, quería acabar manchada de aceite y grasa de motor, era un trabajo bastante creativo, sobre todo cuando transformábamos coches antiguos en nuevos y teníamos que pintarlos de colores llamativos, ¡se me daba de maravilla! Pasaba del instituto.

Orientación sexual estereotipada:

Sí, estaba claro que a mí me pasaba algo. Toda persona que me cruzaba o me aburría o hacía que me estallara la cabeza. Empecé a darme cuenta de que empezaban a atraerme las mujeres, me llamaban la atención pero, no era buena idea hablar de ello en voz alta, era una orientación sexual bastante estereotipada y juzgada socialmente. Solía salir poco pero una chica de clase con la que empecé a tener amistad, me llevaba a bailar a varias discotecas y, en cuanto me besó tras unas cervezas de más, supe que algo dentro de mí había cambiado.

Nunca hablamos de ello y tampoco quise hacerlo. Le dejaba su espacio tras haber roto con su novio, no era buen momento para conversaciones profundas y yo no tenía ningún interés en mantener ninguna que fuera lo suficientemente larga como para aburrirme. Seguimos en contacto tras terminar el instituto pero fuimos por caminos separados tras un par de años más de esto, quizá se casó, quién sabe… Tampoco solía compartir mi sexualidad con nadie, es privado, es personal, todo se juzga, todo se critica.

Un futuro solitario:

Claro que descubrí que me gustaban las mujeres, claro que me alegraba de que hubiera sucedido para entenderme algo más pero, ¿hijos?, ¿para qué?, ¿creéis que pienso en una relación estable? Como mucho, en un rollo de discoteca. Que me aburran las conversaciones con otros es algo intrínseco que no va a cambiar, no me extrañaría que sucediera también llamándome la atención una mujer.

Ser un ermitaño no es tan malo, es silencioso, placentero, tranquilo y a distancia de los problemas ajenos, sin perder el tiempo, sin gastar palabras en vano, sin menosprecios o decepciones. Me caso con los coches de carreras, ¿por qué no?


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Veronica: La Observadora

Relato procedente:A Través de la Ventana“.

Edad: 17 años. Ocupación: Estudiante.

Ciudad: Maine.

Descripción física:

Mi cabello es castaño claro con unas mechas rubias que se notan algo más en las puntas, le da un toque natural, largo hasta más abajo de mis pechos. Los ojos color miel son heredados de mi madre, pueden mostrar a alguien decidido y cariñoso pero, realmente, encierran a una persona herida y algo tímida. Labios gruesos, casi siempre con un toque rosa pálido, nunca me han gustado los colores vivos. Tengo la piel bastante pálida, así que, a veces, aplico un poco de colorete en mis mejillas rosa pálido que a penas se aprecia pero que me encanta cómo queda viéndome desde el espejo. Estoy bastante en forma y sana que, al fin y al cabo, es lo más importante. Suelo vestir con vaqueros, zapatos cómodos y blusas de colores diferentes o camisetas negras de manga larga, son mis preferidas.

Descripción de la personalidad:

No me ha gustado mucho etiquetarme a mí misma, pero me definiría como alguien bastante tímida, confiada y, en ocasiones, inocente, con ganas de aprender cosas nuevas, creo que por eso soy la “cerebrito” de clase, nadie reconoce mi inteligencia como algo bueno pero creo que sería un talento a destacar bastante importante. Me gusta mucho leer, salir a correr y estudiar, no me gustan las fiestas y tampoco los lugares donde se conglomera mucha gente, tiende a ser agobiante. Una de las cosas que más disfruto es el averiguar las vidas de mis vecinos tan solo observándoles, imaginar qué les pasa por la mente cada mañana y ver cómo reaccionan a sus propias caídas en medio de la calle, suele pasar, no creáis, es divertido. Esto último no hay mucha gente que lo sepa pero, quién lo hace, cree que estoy loca, algo que nunca ha elevado mi nivel de popularidad.

Infancia esperada:

Siempre fui una de esas niñas que creció con el amor de padres casados, que se querían muchísimo y querían lo mejor para mí, fui hija única y muy esperada, aunque han sido muy protectores conmigo por esta misma razón. Les vino genial que me gustara estudiar y fuera la hija modelo, casi siempre estaba en casa y no tenían que preocuparse de mí más de lo necesario como ocurría con otros niños, a mí no me interesaba quedarme a dormir a casa de mis amigos porque prefería estudiar a los mamíferos o preparar a la perfección un examen de matemáticas para terminar superando con mi nota al resto de la clase, para mí era un reto, para los demás, una niña de mamá con necesidad de aceptación.

Por ser inteligente escuché comentarios de todo tipo pero seguí mejorando aún más para cerrar algunas bocas arrogantes, creo que mi infancia fue la que mis padres esperaban, tranquila, sin altibajos ni montañas rusas, era obediente, me gustaba serlo y tenía esa personalidad positiva y asertiva, algo irritable para otros y más que conveniente para mi familia. No es que estuviera de acuerdo con todo o no me preguntara muchas cosas dentro de mí pero solía sacar mis propias conclusiones observando cómo actuaban los demás para tratar de comprenderles, así era como todo fluía, sin preguntas, solo observando.

Amor a primera vista:

Como toda joven adolescente, tiendes a caer en las redes de lo que sería un amor de película, te atas a una idea equivocada de alguien guapísimo que cruza los pasillos y con el que te cruzas a menudo, vais a la misma clase y su sonrisa es tan magnética como sus ojos negros, te encantaría tocarle su cabello castaño oscuro y arrancarle la camiseta, mientras te das cuenta de que lo que estás pensando es tan solo un producto de tus hormonas danzando como locas por todo tu cuerpo. Frenas. Haces una pausa. Pero sigues babeando sin cesar. Ese era Sam. Se cuidaba, todas las chicas iban detrás de él y solía hacerse el buen chico, inocente, tímido, e incluso, el inteligente, pero esto último tan solo lo fingió conmigo para que todavía me llamara más la atención.

Nunca habíamos sido muy íntimos pero nos conocíamos de haber hecho trabajos juntos, aunque yo hiciera tres veces más que él y tan solo se dedicara a leer lo que yo había escrito para aprobar, era patético pero me gustaba. Se dio cuenta de esto, es más, me sonrojaba cuando estaba cerca de él, así que, casi que era inevitable que lo supiese, todo el mundo lo decía por los pasillos, Sam trataba de hacerles callar pero, al parecer, hizo una apuesta con sus amigos para ver qué tardaba en creerme su numerito de que yo a él también le gustaba. ¿Os lo resumo? Tardé muy poco. Fingía muy bien, era como una serpiente deseosa de crear un drama, que todo el mundo se riera de mí y que fuese incapaz de volver a mirarle a la cara. Pero, hasta que ese momento tuviera lugar, debía conseguir quedar a solas conmigo.

Sam estaba en tercero y yo en un curso más abajo, por lo que, no tuvo reparo en acercarse a mí en la clase de química y en decirme al oído que estaba preciosa y que mis ojos le recordaban al mar, me derretí como un caramelo y le sonreí, entre tímida y nerviosa, acarició mi mano derecha con un dedo, sensualmente, preguntándome si me gustaría salir con él, me invitaba a su casa para pasar un buen rato juntos, a lo que le dije que sí, tras dejar que me diese un beso en la mejilla. No dejó de mirarme durante un rato y se ocupó de que yo me diera cuenta. Estaba claro que estaba viviendo un sueño, al fin el chico que me gustaba, entraba en razón, dejaba de ver tanto a las animadoras para estar con alguien tan inteligente como yo, sin pensar por un momento en que era una táctica para humillarme en público.

El intento de violación:

Fui a su casa, contenta de que mi sueño se hubiera hecho realidad. Subimos a su habitación y cerró, supongo que con llave porque oí una especie de “crack”, recuerdo haberme preguntado por qué lo haría pero no quise prestar atención. Se acercó y puso sus manos en mis caderas, sus labios se posaron sobre los míos y empezamos a besarnos más apasionadamente unos segundos más tarde. Fue húmedo, intenso y no quería parar hasta que noté que Sam empezaba a desabrocharme el botón del pantalón. Paré, le miré y le pregunté qué hacía, pero tan solo sonrió, quitándome mis manos sobre las suyas, me los bajó hasta los tobillos y me tiró sobre la cama, poniéndose encima de mí para así tener todo el control sobre mi cuerpo para que no me moviera y él pudiera hacer lo que quisiera, de hecho, me arrancó la camiseta y empezó a besarme por todas partes, incluso, cuando trataba de apartarle desesperadamente.

Fui algo lenta al principio porque trataba de que mi cerebro aceptara que el tío que me gustaba estuviera a punto de pasar las líneas del respeto y el “no quiero hacer esto” para llegar a su clímax absoluto. Cogí un bate de béisbol que estaba cerca y le di con él tan fuerte como pude, fue tal que cayó hacía atrás al suelo mientras yo me subía los pantalones, cogía las llaves que había dejado encima de la mesa y salía pitando de aquella casa sin mirar atrás. Lo que no vi venir fue ese intento de querer ser el mejor, incluso, casi habiendo cometido un delito, contándole a todo el mundo que yo me había insinuado y que quería acostarme con él, que era una fiera en la cama y que después de eso él prefirió no volver a salir conmigo porque yo no tenía paciencia y estaba muy caliente como para llevar una relación tranquilamente. Era un abusón mentiroso, estaba claro, pero yo debía hacer algo parra probar lo que me había hecho.

Observar era la clave:

Mis padres querían dejar la casa donde estábamos viviendo para alquilar otra un poco más grande y que cubriera gran parte de nuestras necesidades actuales, así que, les convencí para alquilar la que estaba justo enfrente de la casa donde vivía Sam, necesitaba tenerle vigilado para encontrar un punto flaco que poder explotar y contar a la policía porque sin pruebas sabía que no me creerían. Puse todo mi esfuerzo en que mis padres accedieran y lo hicieron, así que, la primera fase estaba completada. Pensé que sería fácil pillarle con las manos en la masa pero no lo fue, era muy perfeccionista y rara vez hacía algo cuando sus padres estaban en casa que, básicamente, era casi siempre. A veces, me daba por vencida y creía que aquello no iba a servir para nada pero otras, ponía todo mi empeño para tratar de encontrar algo útil aunque fuese el perfecto niño de mamá, algo tendría que hacer mal.

Pasó un año hasta que encontré algo que utilizar en su contra, dando en el instituto una presencia invisible. No estaba planeado, tampoco fue algo que me esperara en ese momento pero, ¡le pillé con las manos en la masa! Estaba con una animadora en su habitación, besándose, hasta que Sam hizo lo que mejor sabía hacer: coger lo que no era suyo. Cogí mi móvil y lo grabé todo desde mi ventana que justo quedaba frente a la de Sam, fue horrible lo que presencié y me sentí fatal por estar grabándolo en vez de llamar a la policía, pero tenía que hacerlo si quería que lo que me había sucedido a mí se creyera lo suficiente, necesitaba utilizar a esta chica para esto, aunque sonara rudo y egoísta. Desgraciadamente, con ella sí culminó el acto, mientras intentaba gritar y se movía de un lado a otro, desesperada, sin saber que yo podría haber evitado la situación desde el otro lado de la calle, no la culparía si llegase a odiarme…

Un futuro vengativo:

¿Próxima parada? Comisaría de Policía, sin pensarlo. Pensaba vestirme y bajar corriendo, sin nadie que me protegiera de lo que iba a pasar, pero pensé que mis padres debían saberlo primero. No lo conté, decidí callarme hasta que tuviera algo con lo que destruir a ese perfecto engreído arrogante. Estaban en la mesa comentando algo sobre el siguiente partido, riendo y compartiendo algunos recuerdos de cuando eran jóvenes e iban a los partidos de fútbol en sus citas, eran como dos adictos. Era consciente de que iba a interrumpir ese momento con algo que no esperaban y que sería culpable de ocultarlo pero, aquel era el momento de decirlo y denunciarlo. A parte de que era lo correcto, quería vengarme de Sam por todo, sin remordimientos, ese era el lema.


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Jonas: Alguien Sin Destino

Relato procedente:Sin Destino“. Edad: 29 años.

Ciudad: Oklahoma. Profesión: Periodista.

Descripción física:

Cabello negro intenso, cortado al cuatro, aunque he de reconocer que he cambiado de estilo de forma habitual porque no me gusta ningún corte lo suficiente como para dejarme siempre el mismo. Mis ojos son de color castaño oscuro con unos toques miel en pequeñas zonas, pero tienes que acercarte mucho para verlas bien y no me suele gustar que nadie invada mi espacio personal. Labios finos y piel blanca, no suelo ir a la playa como muchos otros chicos hacen porque no me resulta cómoda la arena mojada y el montón de gente que se aglomera allí, me gusta mi piel así, moreno me vería raro. Suelo vestir con vaqueros, unos deportivas Puma que ya están casi para tirarlas de lo desgastadas que se ven pero que siguen pareciéndome cómodas; utilizo camisas de leñador saltando entre colores rojo y negro y verde y negro, a veces, llevo sudaderas pero es menos habitual; una chaqueta con capucha que me permite cubrirme la cabeza cuando llueve o con una gabardina negra en los días más soleados. No diría que tengo un estilo en específico, tan solo improviso…

Descripción de la personalidad:

Siempre he sido alguien un tanto solitario, no por sentirme atacado por otros o incómodo, ha sido cosa mía, tiendo a mantenerme al margen de todo, es algo que he hecho desde niño, aunque Angela quería que formara parte de alguna comunidad y, a veces, su única misión en la vida era presentarme a gente que conocía en la Universidad o en el trabajo para que yo hiciera amigos. No he sido nunca alguien con ambiciones, tampoco me interesan, me he acostumbrado a trabajar en tiendas, cafeterías o librerías a tiempo parcial la mayor parte de mi vida y siempre me han proporcionado dinero suficiente para mis gastos, el tener ambición siempre ha sido una casilla en blanco. Me definiría como alguien callado, tranquilo y a quién no le gustan los problemas, evito cualquier tipo de confrontación física o cotilleo de algún tipo para no tener que dar explicaciones luego. Mi costumbre de quedarme siempre al margen, no me mojo en nada…

Caminando sin rumbo:

Esta es una de las cosas que he hecho desde que tengo uso de razón. Mientras mis padres discutían casi constantemente, yo trataba de mantenerme al margen saliendo a la calle con unos auriculares y un ritmo pausando al andar. No quería oír nada, tampoco saber de lo que estaban hablando y deseaba no conocer qué ocurriría conmigo, ni siquiera en qué página de su historia me encontraba en esos momentos. Sus gritos se podían oír desde mi habitación, había días que ni siquiera poniendo la música a todo volumen servía para dejar de escucharles, tanto odio me estremecía. Trataba de no llorar, no darle importancia, caminar sin rumbo y dejar que las cosas vinieran por sí mismas.

Descubría zonas de la ciudad que desconocía que existieran, incluso, me gustaba caminar a través de los cementerios. A veces, encontrabas a gente rezando o contándoles a sus muertos qué tal les había ido la semana, como si realmente estuvieran escuchándoles. No hablaba, no me gustaba ir con otros niños, encontraba relajante pasar el día solo, conmigo mismo, la voz de Michael Jackson en mis oídos era suficiente para hacerme sentir ese momento único, me transportaba a cualquier otra parte donde realmente quisiera estar.

Divorcio y maltrato:

Mis padres me anunciaron su divorcio, yo a penas pestañeé, me sorprendí a mí mismo cuando esa palabra dejó de significar algo para mí, ni siquiera la pensé o la consideré algo importante en mi vida, incluso, siendo la primera vez que la escuchaba. Mi madre repetía lo importante que era que estuviera con ella, con los abuelos y que yo necesitaba su apoyo por encima de todo. Mi padre, con un semblante serio y un aspecto francamente abatido, no dijo nada, ni siquiera quiso rebatir los puntos de mi madre, sonaba un tanto controladora y obsesiva con cómo llevar las cosas a cabo a partir de ahora pero él ni se inmutó, estaba cansado de pelear, parecía que la dejaba hacer.

Durante toda mi vida había vivido en aquella casa y en esa ciudad, había ido al mismo colegio desde los tres años y no veía cómodo el mudarme a otro lado tan solo porque la ayuda materna en mi vida era más importante sin aportar un mayor contexto a ello, así que, decidí quedarme con mi padre en esa casa, cuestión que más tarde pagué con creces entre sus salidas nocturnas con prostitutas que traía a casa y esos arrebatos de alcohólico que le llevaban a una agresividad fuera de serie. Durante algo más de cuatro años, aguanté sus fiestas y maltratos, gritos a altas horas de la madrugada mientras se oían al otro lado de la pared los muelles del sofá. Parecía que su adolescencia había empezado cuando la mía, había desaparecido junto a mi inocencia.

Recuerdo haberme quedado inconsciente tras un empujón. Aquella noche, me dejó marcas por todo el cuerpo, moretones que no desaparecieron hasta pasados dos meses, fue el momento en el que decidí irme de allí para empezar mi vida solo, caminando sin rumbo pero alejándome de un gran problema. Esta vez, sí acerté con mi decisión.

Angela y su piso para estudiantes:

Había decidido seguir con el bachillerato, pasara lo que pasase, quería ir a la Universidad y estudiar periodismo, así que, si no quería seguir viviendo con mi padre, debía encontrar un piso compartido. En el instituto siempre había gente que colgaba en los tablones de anuncios carteles que rezaban “se necesita compañero de piso”, cogí el primero que vi y llamé, Angela fue la que respondió al teléfono, parecía muy entusiasmada, así que, fui a ver la habitación. Bastante amplia, cómoda, limpia. El resto de piso no estaba nada mal, se estaba a gusto y era barato, acepté de inmediato vivir con ella, no la conocía pero tampoco debía pensar que era una psicópata.

Al principio, he de reconocer que me parecía muy irritante tener que contestar a todas sus preguntas, era una chica muy habladora, mientras yo era tan callado que prefería responder a todo mediante un encogimiento de hombros incómodo y, a la vez, algo desconcertante para ella, pero no dejó de intentarlo hasta que empezamos a congeniar un poco más, era buena chica, su sonrisa empezaba a calar en mí. Mientras estaba con Angela, mi padre era parte del pasado, una sombra que ni siquiera se había dado cuenta de que su hijo hacía semanas que no volvía a casa, que tampoco le pedía dinero y que podría haber desaparecido. La verdad, dejé de reconocerlo tras la primera cicatriz que me dejó un poco más abajo del labio.

La madre de Angela tenía una tienda de flores y accesorios cerca de nuestro piso, al comentarle que buscaba trabajo, me dijo que podía trabajar con ella, era a tiempo parcial pero podía ganar lo suficiente para pagar la mitad del piso y comida, agradecí mucho que ese fuese el primer número al que llamé para encontrar un piso de estudiantes.

Angela y la Universidad:

Pasamos bastante tiempo juntos y no nos cansábamos. Ya habíamos bautizado nuestros viernes de pizza y películas de terror, los lunes de totitas, los miércoles de comida china y póker, era imposible aburrirse en nuestra casa. Durante esos tiempos, he de reconocer que todo tenía que ver con ella, mi vida empezó a girar en torno a Angela sin darme cuenta, siendo una parte importante, un brazo del que difícilmente podría deshacerme, ya formaba parte de mí. Nos hicimos grandes amigos, nos cogíamos de la mano cuando salíamos a dar una vuelta, nos dábamos un beso antes de irnos a la cama y veíamos películas abrazados, diría que éramos una especie de pareja sin serlo. No pude evitar el sentir algo más por ella, pasábamos el día juntos y su perspicacia era lo que me más me atraía, su inteligencia pronunciaba mi nombre y su cuerpo provocaba en mí un torrente de emociones inexplicables.

Conseguimos entrar en la misma Universidad, a Angela le gustaba el Arte y yo me dirigí hacia el Periodismo, estudiamos juntos y reímos entre horas, era como en los viejos tiempos, me hubiera gustado que fuera así algunos años más. Muchos de sus novios entraron y salieron de aquel piso, algunos de ellos completos arrogantes y otros, demasiado blandos para estar con Angela, todavía no he llegado a entender qué le atraía de ellos. Yo permanecía en las sombras, oía sus tardes de sexo a través de las paredes, sus noches locas con sus amigas entre canciones pop y melancólicas, sus mañanas tristes en las que solía perder el apetito. Nos graduamos y todavía no se lo había pedido, esperaba que volviera a quedarse soltera para hacerlo, aunque tendía a ser difícil.

El accidente:

Me contó sus planes la noche anterior. Durante la mañana, quería disfrutar del sol, pasear hasta que nuestras piernas dijeran basta, no quería pensar en el trabajo, necesitaba fotos para poder publicar en instagram después de tenerlo durante meses muerto, así que, ese sería uno de mis quehaceres cuando pusiéramos un pie fuera. Leer el periódico era opcional pero lo que sí deseaba de verdad era que le preparara uno de mis especiales chocolate caliente con nubes, era lo que más le gustaba en los días fríos y la mantenía templada. Así que, lo tenía decidido. Esa mañana, le preguntaría si quería salir conmigo, dejó a su último novio por aburrido y pelma, creía firmemente que yo podría superarle.

La vi salir por la puerta. Lo último que me dijo fue que empezara a preparar los chocolates mientras ella recogía el periódico. Salió en pijama, el cabello pelirrojo recogido con una coleta, sin maquillar y con la tez pálida, con ambas mejillas rosadas debido al frío, ni siquiera le importó salir sin zapatillas, temía que se congelara los pies pero insistió en salir en calcetines habiendo nieve fuera. Estaba entusiasmada, había planeado su día sin tener un motivo para ello, era una entusiasta de la vida y yo su principal animador, incluso, en los días soleados.

Oí un golpe fuerte, resonó por toda la calle. Dejé ambas tazas de chocolate sobre la repisa y, rápidamente me asomé por la ventana. En cuanto la vi tirada en el suelo, a mis pies les faltó tiempo para salir corriendo por la puerta y caer de rodillas sobre la nieve, con ambas manos puestas en su cara, tratando de que me oyera, al menos, de que respirara. El tío que la había atropellado se había dado a la fuga y la mujer que vio lo ocurrido, llamó a la ambulancia pero Angela no sobrevivió aquel día soleado, aquel día planeado y tampoco se tomó su chocolate caliente con nubes.

Desde entonces, he caminado sin un destino predeterminado, termino en el mismo lugar, en el mismo cementerio frente a su tumba cada mañana, le cuento qué tal ha ido el día, lo raro que se siente el piso sin ella y lo irremplazable que es, por eso no lo alquilo a nadie más. Su cuarto está justo como se lo dejó, la cama sin hacer y su tocador lleno de frases locas que escribía con su pintalabios rojo, la ropa que iba a ponerse ese día sigue sobre su cama, los libros de la Universidad sobre el escritorio, al igual que su portátil y sus relojes, su ropa en el armario sus cuadros colgados en las paredes. Nada había cambiado, salvo que no estaba y que se había quedado el chocolate sobre la repisa de la cocina. Todavía no me atreví a tirarlo, quizá mañana le pregunte si le molesta que lo haga…

Un futuro en el piso de estudiantes de Angela:

No esperaba dejar el piso en un tiempo muy corto, tampoco largo. Había sido nuestro hogar desde el bachillerato y me había salvado del maltrato sufrido con mi padre, la buena vida de mamá viajando por todo el mundo olvidando de que tenía un hijo, era imposible de que me deshiciera de él, estaba casi seguro de que iba a trabajar en un periódico a jornada completa e iba a poder pagarlo casi con seguridad. Estaba repleto de momentos, era como si oyera su voz desde mi cuarto aunque supiera que no era posible.

Seguiré caminando hasta su tumba un día tras otro, me he acostumbrado a su presencia y a ella tampoco creo que le importe, me reconforta y siento que está allí conmigo aunque sepa que está dentro de mi mente. No la olvidaré, tampoco pienso intentarlo. Al llegar a casa, seguiré diciendo: “ya estoy en casa, Angela”.

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Gloria: La Dama Oscura

Relato procedente:Un NombreEdad: 24 años.

Ciudad: Brooklyn. Profesión: Sicario.

Descripción física:

Mi cabello rojizo me llega más abajo de los hombros, escalonado y casi siempre recogido con una coleta, menos el flequillo que lo dejo ondear al viento. Mis ojos de color miel traen la sorpresa de la gente, no son muy comunes, es una de las cosas por las que me siento especial. Labios gruesos y tez pálida, combinada con un cuerpo bien entrenado, en mi trabajo puedes encontrarte cualquier cosa. Siempre visto de negro, con dos fundas de arma, una en cada pierna, con un cuchillo pequeño y afilado en la bota derecha, una camiseta cualquiera y una chupa de cuero. Solo llevo vestido cuando lo requiere la ocasión, a través de seducción hacia el objetivo para conseguir terminar el trabajo o para infiltrarme en cualquier lugar, están sobrevalorados, los pantalones son más cómodos.

Descripción de la personalidad:

Cualquiera que me conozca me llamará sarcástica y amante de la ironía, no puedo negarlo, me río de las cosas más serias para que dejen de serlo y respondo despreocupada a aquello que les vuelve locos a los demás para crear sensación de seguridad en la conversación. Se podría decir que manipulo a los que hay alrededor para conseguir terminar un trabajo, no le doy demasiada importancia a matar a alguien, no porque sea fría y calculadora, sino porque evita que me vuelva loca de remate. Mi reputación me precede y siempre voy en busca de dinero fresco y de quién me pueda ofrecer más de lo que otros me dan, fluctúo entre oferta y demanda.

Entrenador exigente:

Cuando mi madre murió de cáncer, no sabía qué hacer, tenía doce años y muchos más por delante donde la echaría en falta, donde se me presentarían circunstancias en las que ella no podría asistirme, así que, mi padre ocupó su lugar pero no desde un punto de vista dulce, paciente y amoroso, más bien desde lo único que conocía: la lucha libre. Durante un tiempo, estuve frustrada buscando respuestas de por qué mi madre tuvo que morir, gritaba cada noche tras cada pesadilla y mi ansiedad aumentaba incontroladamente, caía enferma de forma frecuente, así que, mi padre empezó a entrenarme, decía que todo iría bien si seguía sus consejos, una rutina diaria y comida saludable, el truco para tener una mente clara era mantener tu cuerpo fuerte.

Al principio, todo fue un juego, algo para ayudarme a desconectar, pero unos años más tarde, entrenaba para pelear, mi padre me enseñó a defenderme y a estar en forma, incluso, a saber cuánto debía comer al día y qué no debía comer. Empecé a muscular bastante temprano y, en cuanto me di cuenta, cualquier chico del colegio que me insultaba terminaba empotrado contra una de las taquillas del pasillo sin demasiado esfuerzo, nadie se atrevía a dirigirme la palabra. Parecía genial pero, detrás de esto, había exigencia, sudor, lágrimas y trabajo duro, debía pasar cada una de las fases que mi padre me imponía si no quería terminar sin cenar o con dos latigazos en la espalda, era muy duro. Quiso que fuese la luchadora perfecta.

Trabajos inútiles:

Terminé el instituto pero no quería ir a la Universidad, tan solo de pensarlo me daban escalofríos, aquello no estaba hecho para mí, así que, empecé a buscar trabajo. Estuve aguantando a jefes idiotas, compañeros nefastos y abusos de poder durante algo más de cinco años, eran trabajos inútiles que me proporcionaban el dinero suficiente para ayudar a mi padre con los gastos del gimnasio y los de la casa, pero no me gustaba ser una esclava del sistema, tampoco el tener que trabajar duro para darle el dinero a un ricachón que ni siquiera sabía mi nombre, quería tener un negocio propio pero, no uno cualquiera, debía pensar qué se me daba bien y empezar algo con ello.

Una parte del entrenamiento tras haber cumplido los 21 años, fue el coger un arma y disparar. Mi padre me llevó a un lugar alejado para hacerlo contra unas cuantas latas de CocaCola y, la verdad, no esperaba que me fuera tan bien como fue. Según dijo, tenía un talento innato que a muchos otros les gustaría tener. Mi acercamiento a las armas fue aumentando, cada vez me atraían más y empecé a salir de caza con mi padre, mientras él no llegaba a matar a un ciervo, yo era capaz de cazar a dos con un solo tiro, como si lo hubiera hecho en otra vida o me hubiera dedicado a algo similar. Mi padre sonrió orgulloso y me dijo que iba a ofrecerme un trabajo que no podría rechazar.

La mujer sicario:

Él conocía a muchísima gente, tenía contactos en todas partes gracias al gimnasio, a la gente que iba y con lo relacionado a su trabajo anterior: vendedor de armas. Un día, invitó a alguien a casa, era un chico joven, bastante guapo, con una gabardina de color negro, su vestimenta al completo se parecía a la de un mercenario y su mirada, decidida a captar la mía. Necesitaba un socio por un tiempo, alguien a quién entrenar para matar, a un buen tirador, alguien que fuera sus ojos sobre los tejados y que se le dieran bien los disparos a larga distancia. Yo parecía un buen candidato, dado que, le sorprendí en el campo de tiro que mi padre y yo montamos en el bosque. Me llevó con él a Japón, donde empecé a desarrollar algunas de las habilidades propias de un asesino.

Quizá os preguntaréis: ¿por qué aceptaste?, ¿disfrutas matando gente? Acepté porque estaba en un proceso de auto conocimiento, de saber qué quería y me dejé guiar por mis instintos, todos ellos me dijeron que me fuera con ese tío y lo hice. No me arrepentí en absoluto, volví como una mujer más fuerte, más segura de mí misma y explosiva, hice algunos contactos en Japón y digamos que me gradué del entrenamiento, seguí aprendiendo artes marciales y el primer asesinato se me asignó unas semanas después de haber vuelto a casa. Debía ir a Rusia. Hubieron circunstancias de novata que me gustaría no haber tenido pero, incluso así, pude salir a flote, maté al objetivo y el dinero me supo a gloria cuando me di cuenta de que podía permitirme vivir en cualquier parte del mundo. Mi padre estaba feliz de que fuera a independizarme por fin y de que luchara incluso mucho mejor que él.

Un adiós y un fantasma:

Mi padre murió en cuanto cumplí 30 años, un accidente mientras iba borracho a las cuatro de la mañana, se volvió descuidado desde que me había ido de casa. Volví de Bali tras haber terminado un encargo y fui a reconocer su cuerpo, me dolió como si me hubieran arrancado la otra parte de mi alma que me quedaba, tanto que no pude ni llorar, ni siquiera parpadeé. Vendí la casa, allí ya no me quedaba nada y eliminé mi nombre de todas partes, si quería hacer bien mi trabajo debía ser invisible como un fantasma, necesitaba que no hubiese ningún registro o dato de mi existencia, así que, lo eliminé todo, incluso mi fecha de nacimiento.

Me dediqué en cuerpo y alma a mi trabajo, dejé el pasado atrás y pretendí que jamás existió, centrándome en los tecnicismos de cada misión, siendo una mujer de mundo y ganando cierto renombre hasta el punto que dejé de necesitar a un socio y empecé mi negocio sola, mucha gente me llamaba, tan solo hice rular mi número allá a donde fuese para que fuera más accesible, sobre todo si ya había tonteado con mafias, era peligroso pero daba mucho dinero y me pagaba los hoteles. Pero, tras un asesinato en Brooklyn quise que me dieran un nombre, ya que, borré el mío de todas partes, dejé su cuerpo en medio de la plaza más transitada y dejé que me vieran algunos cámaras de canales de televisión con renombre por detrás con una capa negra y el cabello suelto para dar cierto juego. ¿Qué saqué de ello? La Dama Oscura, un nombre que empieza a oírse incluso entre asesinos, compradores y vendedores de armas y en el mercado negro, quién me conoce ha empezado a llamarme así. Mi padre estaría orgulloso… ¿verdad?

Un futuro de objetivos:

Jamás dejaría este trabajo, y mucho menos ahora que gano más dinero del que puedo gastar. Me di cuenta de que heredé algo muy significativo de mi padre: la ambición, no podía separarme de ella ni aunque quisiera, ambas íbamos de la mano, juntas tras cada matanza y no podría arrepentirme. Sigo esperando a que el móvil empiece a sonar de nuevo para saber quién es mi objetivo y a dónde he de dirigirme, cuál será mi vestuario y mi papel para entrar en el lugar que necesite, cronometrar los minutos y segundos que tengo para hacerlo y terminar disfrutando del dinero que tengo en el banco, la compra de armas es cara pero tendría suficiente para comprarme un búnker repleto de ellas.

¿Serás tú el siguiente?


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Nadia: La Mujer Lobo

Relato procedente:No lo Sabes“. Edad: 32 años.

Ciudad: Nueva Jersey. Profesión: Antropóloga.

Descripción física:

Cabello castaño hasta más abajo de los hombros, ondulado y alineado, no soy de esas a las que le gustan las florituras en el pelo, soy de estilos clásicos. Mis ojos castaño oscuro cambian a negro cuando me transformo, mis labios finos y mi nariz en un hocico, y mi cuerpo esbelto en el de un lobo con muchas ganas de corretear por el bosque. He pasado por cambios, a veces, no tienes control sobre ellos, es como si tuvieras dos tipos de cuerpo y cada uno se mostrase de una forma hacia los demás. Y bueno, siempre tienes que comprar ropa de más, al transformarte rompes con absoluta seguridad la que llevas puesta, cuando te das cuenta, necesitas más bragas de las pocas que siguen existiendo en tu armario…

Descripción de la personalidad:

Supongo que no soy como todos los lobos ni como todas las personas, suelo ser más bien solitaria, amante de mi propio espacio y me gusta ocuparme de mis propios asuntos, asumir el control de mi naturaleza y dejar de lado aquello que me atrapaba, las manadas son mucho más complejas de lo que se deja ver a simple vista. Me gusta verme como alguien normal a ojos de los demás, mezclarme entre humanos porque yo también tengo esa parte, me da tiempo para dejar de lado lo sobrenatural, es lo que siempre debo arreglar o a lo que debo prestar más atención. El auto conocimiento lo he entendido como un don que he desarrollado con el tiempo, nadie me ha enseñado del todo a sentir o percibir, a oler o saltar, mis pasos han sido míos, tratando de cuidarme y protegerme a mí misma.

Desde el nacimiento:

Cuando era niña, empecé con pesadillas, a esto le siguió una sensibilidad extraordinaria a todo lo que olía, a una rabia a veces, incontrolada y un tacto muy sensible. Mis padres también fueron licántropos de nacimiento y mantenían todos mis cambios a raya, sabían qué paso debían dar tras haber pasado una nueva fase. Aprendí mucho de ellos pero eran demasiado exigentes, tercos, no me permitían salir hasta tarde, tener novio y, mucho menos, dejarme ver tras haberme transformado, incluso, las noches de luna llena me encerraban en el sótano para que no hiciera daño a nadie. Para mí, nada de esto eran opciones, no era vida, no era sentirse libre, era un lobo esclavizado.

Siempre me contaron historias sobre los vampiros y la rivalidad que prevalecía desde hacía décadas entre ambas especies, debía estar alerta incluso cuando volvía del instituto, olían nuestro aroma. Me parecían curiosos, no lo negaré, pero cuando veías los baños de sangre que eran capaces de provocar en menos de dos segundos, toda esa curiosidad inicial se desplomaba. En aquellos tiempos de adolescencia era muy inocente, era humana a ojos de la gente, vivía como una pero tras cruzar la puerta de casa todo volvía a ser obsesivamente anormal, desde interrogatorios sobre si me había controlado hasta a cuántos kilómetros de distancia podía escuchar esta vez. Era agobiante.

Los baches que cayeron en desgracia:

Los licántropos, a veces, tienen transformaciones complejas cuando llegan a cierta edad, cada uno es distinto. En mi caso, no empecé a notar nada hasta los 18, edad en la que todo se magnificó, desde los sonidos, el tacto, la memoria, la ira… todo me excitaba de más, no podía estar en aglomeraciones de gente, debía apartarme y seguir sola. Recuerdo que mis padres estuvieron a las duras y a las maduras conmigo, pasando todos los baches juntos, parecía que lo controláramos. Una noche, algunos vampiros de un clan que mis padres llevaban tiempo investigando, entraron en nuestra casa por sorpresa, la luna llena estaba fuera y yo permanecía en el sótano con todos los huesos de mi cuerpo rompiéndose a velocidad de una abuela cruzando un paso de cebra, fue una de las transformaciones más dolorosas por las que pasé… Solo recuerdo haber terminado la transformación, el haber roto la puerta que me mantenía encerrada en el sótano y el ver a mis padres tratando de llegar a un acuerdo con ellos para que se fueran.

Perdí el control. Rugí tan fuerte y con tanta rabia que todos los presentes se quedaron muy quietos. Mi madre, se acercó a mí hablándome con tranquilidad, cercanía, pero ella fue a la primera a quién ataqué, dejé de ser Nadia y pasé a ser la bestia incontrolable. Desperté desnuda en medio del salón con sangre a mi alrededor y en las paredes, vi los cuerpos de aquellos a los que quise y a mis enemigos, los maté a todos. No tuve fuerzas ni siquiera para llorar, no había logrado controlar mi transformación, tal como mi padre había temido, no le hice caso y no quise que me atara con cadenas, debí haberle dejado. Tras aquello, no volví a casa. Hice un velatorio privado donde honré su memoria, mientras puse sus cuerpos en una barca que empujé al mar y la que quemé viendo cómo se alejaba. Esa fue la última vez que tuve contacto con mis padres. Los vampiros del clan Letta me persiguieron desde entonces.

Rechazo de una manada:

Desde que nací, ya estaba destinada a la manada a la que mis padres siempre habían pertenecido: Lotus Librea, una de las más antiguas y más fortalecidas. Siempre me enseñaron a cazar en grupo, la llamada a otros hombres lobo, cómo ayudarme de otro para transformarme, a aullar, a cómo empezar una lucha y, sobre todo, me entrenaron para los ritos de iniciación. Lo sabía todo sobre la manada, creo que era una de las cosas que me embaucaban de seguridad, sabía que ellos cuidarían siempre de mí y bueno, les conocía desde que era pequeña, la mayoría de veces estaban en casa, éramos como una familia enorme pero, al haber “matado” a mi familia y al tener a los vampiros Letta pisándome los talones, no creí que fuera buena idea empezar el rito de iniciación, no era bueno para ellos y mucho menos, para mí, no quería perder el control, debía estar sola.

Luke, el que era como el hermano de mi padre, me lo pidió varias veces, tan solo querían cuidar de mí, pensaban que necesitaría refuerzos, alguien con quién contar. Debía aprender a moverme sola, a cazar y desenvolverme en ambientes oscuros, a no esperar ayuda de nadie para aprender a cómo sobrevivir, tenía que sentirlo y verlo, conocerme a mí misma durante las transformaciones y cómo llegar a controlarlas. Por supuesto, que ellos podían ayudarme, lo tenía claro, pero era algo que debía descubrir por mí misma, mientras Luke me prometió que se mantendrían a salvo del clan Letta, no quería verles involucrados en mi desastre.

Aprendizaje y experiencia:

Fue un viaje duro, iba de ciudad en ciudad hasta que encontré una pequeña casa en una montaña, deshabitada desde hacía bastante tiempo, decidí reformarla y quedármela, tenía un bosque alrededor que podría servirme de ayuda en mi forma de lobo. Y así fue. No había necesidad de esconderse, tampoco de que nadie resultase herido, tampoco era una zona conocida, así que, ni siquiera el clan de los Letta podría encontrarme allí, era perfecto, pensé que instalarme sería una gran idea.

Controlar mis transformaciones no fue fácil, tuve que observar cómo reaccionaba mi cuerpo a los estímulos externos para entender cómo controlar la parte bestia. No lo conseguí a la primera, tampoco a la segunda y, mucho menos, a la número mil, fueron años de meditación, concentración, ejercicio, entrenamiento físico, respiración profunda y grandes dosis de paciencia para lograr controlar cuándo quería transformarme y cuándo debía reprimir esa parte de mí. Debía estar preparada para dejar de ser la presa y empezar a ser el depredador, el clan de vampiros Letta debían desaparecer.

La caída:

Oí a un grupo de vampiros hablando sobre un ataque en la iglesia pero, no supe a qué se referían hasta que me planté allí para verlo. El clan Letta había descuartizado a cada miembro de la manada Lotus Librae, las paredes estaban bañadas en sangre. No escuché ni un grito, tampoco un susurro de nadie alrededor que pudiera ayudarme con aquel desastre, iban tras de mí y tuvieron que pasar por encima de ellos para hacerlo, sabían que me enfadaría e iría en su busca, todo ese espectáculo mafioso era una trampa, simples peones caídos por un capricho mayor. Me mareé, incluso, vomité. Aquellos lobos habían sido mi familia, me aparté de ellos para protegerles y, aún así, habían perecido, mis padres no estarían muy orgullosos, eso seguro…

Y, ¿en la casa de Dios?, ¿en serio? Sabía que los vampiros eran unos enemigos incansables de lo llamado todopoderoso pero, ¿en una iglesia cometer un acto tan macabro? No podía creerlo, tampoco el hecho de que Luke también hubiese muerto, había sido lo más cercano a un tío que había tenido.

Un futuro de incansable venganza:

Les he perseguido durante días, meses. Sé sus escondites, sus trapicheos y sus tipos de sangre preferidos, los juguetes que se llevan a la cama y lo que ellos llaman armas. Son listos, inteligentes, astutos, diría que tienen todo el perímetro de la mansión que habitan totalmente controlado y podría confirmar que es impenetrable, tan solo debo seguir el mapa donde me indica por qué pasadizo secreto podría entrar. Meses de preparación, entrenamiento en bucle y la parte bestia preparada para morder traseros. En vez de mantener el control, esta noche, debía disfrutar de no tener ninguno, de moverme libre entre ellos, matar a cada uno que se me cruce por el camino sin piedad. Mis colmillos lo estaban deseando.

No podía ver el futuro, tampoco si saldría viva pero quería ver aquella mansión llorando sangre y yo siempre obtengo lo que quiero.


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Publicado en Reflexiones

Ama a un Personaje:

Sin los personajes no se crearían historias, ¿verdad? No existirían. Estos forman parte de creaciones de nuestra mente, pasan por diferentes fases y sienten lo que nosotros queramos que sientan en ese preciso momento escrito. Puedes hacerles dormir a altas horas de la madrugada, hacerles ser los mejores escritores de la historia o ser unos verdaderos cinéfilos, incluso, puedes crear a los peores asesinos en serie nunca vistos en la humanidad, si lo prefieres. En ocasiones, los personajes están vistos como una parte de una historia pero en sí, conforman el mismo centro de la misma, desde ellos lo que cuentas tiene sentido, es por lo que debes amar a cada uno que creas como si fuera una persona.

Los personajes que escribimos son, en cierta manera, una extensión de nosotros mismos, en quién nos gustaría convertirnos, qué profesión escogeríamos si fuéramos otra persona, cómo nos gustaría nuestro cuerpo si tuviéramos alternativa de cambiar o qué nos gustaría hacer que nunca hemos hecho. Tenemos una gama de posibilidades infinita en la que podemos mezclarnos a la hora de escribir, podemos combinarla con personalidades de alguien que conocemos o incluir rasgos físicos de alguien importante para nosotros para dejar una huella más profunda en la historia. Son un pequeño camino a lo que nos hace cambiar, a encontrar diferentes perspectivas incluso, a aquello que no le encontramos sentido, a situaciones que se nos escaparían de las manos si nos ocurrieran a nosotros y que podemos apaciguar en sus vidas.

No somos nada sin ellos, no encontraríamos sentido a nuestras historias si no fuera por las sonrisas y las lágrimas que nos traen en cada momento, cuando hemos terminado un relato y nos quedamos mirando y releyendo todo para cerciorarnos de que verdaderamente lo hemos escrito nosotros. Siempre permanecen a nuestro lado, desde libretas donde les escribimos hasta libros que leemos, nos encontramos a personajes únicos, cada uno teniendo su propia vida, personalidad y características, cada uno siendo igual de preciado, por ello, nos dicen que nos sumergimos en un libro que estamos leyendo, pasamos de nuestras vivencias a las del personaje y somos capaces de ver lo que él ve, lo que toca y siente, su forma de caminar y sus reacciones dependiendo de en qué situación esté y su carácter. Nos dan todo lo que necesitamos sin percatarnos si quiera.

Por ello, hay que amarles, mimarles, como si verdaderamente estuvieran con nosotros, son lo más preciado y leal que tenemos a nuestro lado. En este blog tengo el apartado de “Personajes” por esta misma razón, los relatos que escribo aquí no serían lo que son sin ellos, escribo sus vidas, las moldeo y soy poseedora de su futuro, me convierto en cualquiera siempre que quiero y cuando los releo me dan la vida. Los recuerdo a todos con gran cariño y aprecio, como si cabalgaran conmigo en mis buenos y malos momentos, incluso, los que pertenecen a mis antiguos blogs, todos son igual de especiales, fuertes, frágiles, interesantes, fantásticos, sentimentales, fríos, resentidos, mágicos… Nunca me olvido, están a mi lado allá donde voy.

En ocasiones, nos hemos encontrado con un personaje que nos ha cambiado la vida, como puede ser Harry Potter que, a muchos niños les ha mostrado lo que de verdad es la lealtad y el compañerismo. Tenemos a otro muy conocido como es Frodo Bolson, por su increíble valentía y el siempre querer dar su vida por sus amigos. Podría decir muchísimos pero este post no se terminaría nunca. Lo que quiero decir es que forman parte de nosotros y nunca podrían decepcionarnos, nos muestran lecciones de la vida que nada más podría mostrarnoslas, te acercan a mundos que sería imposible que tú mismo te los imaginases y te hacen creer en las cosas que realmente importan en la vida.

Pero recuerda, tanto si los lees como si los escribes, ámalos y nunca te olvides de ellos.


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Love the Characters:

Without the characters, we wouldn’t create stories, would we? They wouldn’t exist. These are part of creations of our minds, they go through different phases and feel what we want them to feel at that very written moment. You can make them sleep in the early hours of the morning, make them the best writers in history or be a real filmmakers, you can even create the worst serial killers ever seen in humanity, if you prefer it. Sometimes the characters are seen as a part of a story but in itself, they make up the very center of it, from them what you write makes sense, is why you must love each one you create as if it were a person.

The characters we write are, in a way, an extension of ourselves, who we would like to become, what profession we would choose if we were someone else, how we would like our body is if we had an alternative to change it or what we would like to do that we have never done. We have an infinite range of possibilities in which we can mingle when writing, we can combine it with personalities of someone we know or include physical traits of someone important to us to leave a deeper mark on history. They are a small path to which it makes us change, to find different perspectives even, to what we do not find meaning, to situations that would slip out of our hands if they happened to us and that we can appease in their lives.

We are nothing without them, we would not find meaning in our stories if it were not for the smiles and tears that they bring to us at every moment, when we have finished a story and we would stare and reread everything to make sure that we have truly written it ourselves. They always remain by our side, from notebooks where we write to books we read, we meet unique characters, each having their own life, personality and characteristics, each being just as precious, so they tell us that we immerse ourselves in a book that we are reading, we go from our experiences to those of the character and we are able to see what he sees, what he touches and feels, how he walks and his reactions depending on what situation you are in and your character. They give us everything we need without even realizing it.

Therefore, we must love them, spoil them, as if they were truly with us, they are the most precious and loyal thing we have by our side. In this blog I have the section of “Characters” for this same reason, the stories I write here would not be what they are without them, I write their lives, I shape them and I own their future, I become anyone whenever I want and when I reread them, they give me life. I remember all of them with great affection and appreciation, as if they were riding with me in my good and bad times, even those who belong to my old blogs, they are all just as special, strong, fragile, interesting, fantastic, sentimental, cold, resentful, magical… I never forget them, they’re by my side wherever I go.

Sometimes, we have encountered a character who has changed our lives, such as Harry Potter who, many children have been shown what loyalty and companionship really is. We have another well known as Frodo Bolson, for his incredible bravery and always wanting to give his life for his friends. I could say a lot of characters more, but this post would never ends. What I mean is that they are part of us and could never disappoint us, show us life lessons that nothing else could show us, bring us closer to worlds that would be impossible for us to imagine ourselves and make us believe in the things that really matter in life.

But remember, whether you read them or write them, love them and never forget them.


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Lara: El Hada

Relato procedente:Alas Blancas“. Edad: 120 años.

Ciudad: Reino de las Hadas. Profesión: Reina.

Descripción física:

Mi cabello dorado, onda al viento mientras vuelo con mis alas blancas recién curadas. Mis ojos verdes muestran honestidad, integridad y rectitud, siempre mirando al frente y con ideas para un futuro diferente. Labios finos, sellados, que batallan contra nuestros enemigos con tan solo una palabra, normalmente, con un poco de carmín. Tez pálida y orejas puntiagudas, caracterizado en nuestra especie. Mi vestimenta suele referirse a un pequeño vestido que cubre mi esbelto cuerpo hasta un poco más arriba de las rodillas, blanco con un poco de brillantina por todas partes, unos calcetines largos del mismo color y unas zapatillas rosas parecidas a las utilizadas en ballet.

Descripción de la personalidad:

Siempre he sido atada a la magia blanca, por mi pureza de espíritu, mi rectitud y constancia, con una gran necesidad de proteger a mi pueblo y amante de la paz y el sosiego. Me agradan las causas justas, lo que se debe decir y lo que se dice, la prosa, la música y el baile, perderse entre los árboles y crecer rodeada de ellos. Me calificaría como naturaleza, vida y constante cambio, sin lugar para la incertidumbre o pensamientos negativos, con la única misión de seguir con el cometido de mis padres a la vez que sigo honrando sus memorias. Las lecturas interesantes me dejan dormida, me relajan y me dan conocimiento de las miles de especies diferentes que existen entre nosotros, sus habilidades, la forma de moverse, entenderse con otros y saber cómo hablarles. Ser Reina me ha cambiado, me ha madurado, me ha empujado a encontrarme.

El principio del reinado:

Cuando era una pequeña princesa al cuidado de mis padres, siempre formé parte de las decisiones que tomaban, no directamente pero les escuchaba, ellos querían que lo hiciera, sabían que sería su última esperanza de mantener el Reino de las Hadas a salvo. Por aquellos tiempos, estábamos en guerra con las brujas, los centauros querían parte de nuestro territorio porque sus antepasados vivieron allí y los gigantes no se conformaban con tan poca comida, volvían a robarnos la nuestra dejándonos sin nada. Mi familia peleaba cada día porque reinase la paz, pero los problemas se amontonaban como si de una montaña se tratara.

Sus desacuerdos costaron desgracias, muertes, sangre, mitad de nuestro poblado muerto y gritos en cada rincón, mientras la ferocidad de las brujas era imparable. Fuego, casas destruidas, la mayoría de las hadas escaparon por los bosques y nadie consiguió encontrarlas, todos se asustaron. Terminamos viviendo escondidos durante algunos años hasta que las aguas se calmaron, hasta que los desacuerdos empezaron a ser acuerdos y cada uno empezaba a conseguir lo que venía buscando, mientras lo más importante entre nuestra familia eran las necesidades básicas, tuvimos que construir nuestro pueblo de la nada con nuestras propias manos, una vez más, aportando a nuestra gente lo que necesitaba.

La muerte de la Realeza:

Los acuerdos con las brujas empezaban a solidificarse, todos se estaban tomando las cosas en serio, incluidos los hombres lobos que, por aquellos tiempos, todavía no controlaban las transformaciones y se dedicaban a cazar sin encerrarse. Este largo lapso de tiempo, nos permitió unirnos y curarnos las heridas, ser partícipes de las vidas de otras especies, ayudando a las brujas a recuperar la magia que habían perdido, querían renovar sus energías después de la guerra y ellas nos ayudarían a reestablecer el orden y la paz en nuestro Reino a cambio. Fue una oferta de paz que mis padres no quisieron rechazar, “primero era el pueblo y después las disputas”, ese era el nuevo lema. Parecía que todo volvía a la normalidad, al menos, a simple vista, algo que a mí resultaba extraño y sospechoso tras una guerra, pero a mis 50 años, preferí simplemente, disfrutar de los días de bonanza y no pensar en lo negativo, así era yo.

Esto me dio en plena cara unos años más tarde cuando encontramos los cuerpos de mis padres en uno de los refugios que estaban construyendo con las brujas, al parecer, una de ellas, nos había estado traicionando desde el primer acuerdo, quería que bajáramos la guardia para volver a dejarnos sin nada. Me estuvo buscando durante días tratando de que ningún heredero se quedara con el Reino y pudiera pertenecer a su aquelarre de brujas pero, no pudo encontrarme, me escondí durante meses haciéndoles creer que había desaparecido o estaba muerta, mientras volvía a establecer a nuestro pueblo y hacía que creyeran en mí como nueva Reina.

El Reino de las Hadas:

No fue complicado recobrar el poder del Reinado y reconstruirlo desde cero permaneciendo entre las sombras porque nadie esperaba que equilibrara nuestro poblado de esa forma tan sigilosa y pausada, dejando creer siempre a las brujas que habían acabado para siempre con las hadas. Me encantó sorprenderlas una vez terminamos con todo lo que había que hacer, nadie podría estorbarnos con los nuevos acuerdos, la magia que habíamos aprendido nosotras mismas sin necesidad de ayuda y el conocimiento de otras especies llevándonos a saber sus puntos débiles. Me costó hacerlo pero, me gané tanto su respeto como el de mi Reino, así que, gané mi puesto con creces haciendo que mis padres se sintieran orgullosos.

Durante todo el tiempo que he pasado en el trono les he echado de menos, ha sido como escucharles a lo lejos, sintiéndome observada, ni siquiera sabía si estarían de acuerdo con mis decisiones para el poblado o si les hubiera gustado que hubiera elegido otras para que reinase la paz de otra forma pero, supuse que era buena señal el simple silencio. Lloré, me desesperé y guardé sus cosas en el baúl más escondido posible de mi armario, no podía centrarme en los quehaceres diarios si la casa olía a ellos.

Destinada a una botella:

Hubo muchas hadas que empezaron a aprender hechizos de magia negra que algunas brujas dejaron atrás. Al principio, pensé que era bueno tener algo de conocimiento extra contra nuestros enemigos, un poder que pudiese dejarlos sin fuerzas y no tuviesen más remedio que irse. Pensé que ellas, simplemente, se defendían de lo desconocido y que lo practicaban para ganar. Fue diferente cuando esto empezó a ser un hábito y sus reacciones a cualquier ataque eran la de usar hechizos de este tipo, apoderándose de sus corazones y haciéndolas cada día más malvadas y viles. Pude armonizar el ambiente un tiempo, incluso, prohibirlo pero, tal como les pasó a mis padres, fui rechazada por no querer seguir sus pasos.

Me desterraron mientras una de ellas se quedaba con el trono, las flores se marchitaban y dejaba atrás un pueblo marcado por la ira, el poder y el odio, algo que jamás habían experimentado y que las hartaba de placer. Me destrozaron y me metieron en una botella casi inconsciente sellada con magia para que no pudiese salir, lo consiguieron hasta pasados dos años surcando las aguas sin haber visto tierra en ningún momento. La luz que había en mi interior, tras constante práctica, consiguió romper el cristal y salir de la botella, con ambas alas curadas, alzando el vuelo para recuperar mi magia y mis tierras en el lugar en que nací.

Un futuro de elecciones:

Se quedaron anonadadas al volver y, no era para menos, tenían claro que iba a perecer en el olvido. Mi magia volvió a mí sin pedirla, ella misma me pertenecía y mi interior colapsó de júbilo mientras las miraba con desdén, tratando de decidir de quién fiarme. Por supuesto, todas ellas han sido desterradas, tan solo espero que haya más en algún lugar y quieran formar parte de mi Reino, mientras me dedico a volver a construir lo que echaron trizas. Fue un lugar apacible durante mucho tiempo y me dolía verlo así, apagado, oscuro, devastado por tanto odio… Debía empezar a tomar decisiones que hicieran que las hadas se sintieran seguras, protegidas y no necesitaran de magias alternativas para satisfacer sus necesidades más primitivas.

Debía elegir bien quién entraba por esas puertas, no quería tener el mismo destino que mis padres, no podría cambiar nada en el Reino de las Hadas si así ocurriera. Debía saber en quién confiar, contra quién pelear y quién podría ser mi aliado. Tenía mucho que hacer. ¡Manos a la obra!


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Steven: El Testigo

Relato procedente:El Acantilado“. Edad: 25 años.

Ciudad: Nueva Jersey. Ocupación: Aspirante a bombero.

Descripción física:

Cabello negro, lacio, algo largo pero no demasiado, lo suficiente como para que me tapara las ojeras, siempre he odiado tenerlas de soplillo. Ojos marrones, oscuro, algunas chicas que he conocido siempre me han dicho que atraen a la reflexión, a la calma y que tienden a ser profundos, la verdad, no lo sé, pero algo harán si la gente pone tanto enfoque en ellos, ¿no? Piel blanca, casi siempre algo seca, con necesidad de crema en cualquier parte del cuerpo, en búsqueda de productos orgánicos que hicieran que cuidara mejor la piel. Labios algo gruesos, algo que siempre me ha dado un poco igual, nunca los he utilizado para mucho más que para comer. Cuerpo esbelto pero no muy atlético, el ir al gimnasio siempre fue una tarea pendiente pero no me llamó la atención, así que, mis huesos tendían a sonar mientras andaba o me agachaba, un tanto incómodo y embarazoso pero oye, ¿qué más podía hacer?

Descripción de la personalidad:

Siempre me ha gustado dar consejos, pero jamás estar en la línea de fuego. Me atrae observar desde la distancia, apuntar notas mentales mientras me escondo entre la gente, a decir verdad, no he sido demasiado sociable, aunque lo he intentado. He sido un lobo solitario, testigo de las acciones ajenas pero nunca el protagonista, alejado del bullicio y las malas compañías, confío en la gente pero, a la vez, no apostaría ni un dólar por nadie, lo cual, me deja en un soñador que prefiere equilibrar su mundo que formar parte del de los demás. He sido un tipejo nervioso, miedoso y el colón irritable no me dejaba vivir ciertos días, propenso a las pesadillas y a los rechazos, desesperado por perder la virginidad mientras las chicas se perdían en mis ojos buscando en mí solo a un amigo al que contarle sus penas, “hello, friendzone“.

Desconectado:

Siempre he estado solo. Hogares de acogida. Callado, empujado a permanecer a un lado, sin hacer preguntas, tampoco poner excusas y haciendo lo que me pedían que hiciera, hasta que terminaran muriendo en un accidente de coche, cayendo por un precipicio, un día gris, lluvioso y traspasando una carretera resbaladiza. Recuerdo haber cogido el teléfono a las 03:00am, la noticia me impactó pero no me sorprendió. No moví ni un músculo de mi cara al escuchar lo que dijo la policía, mientras me decían que, al ser mayor de edad podía elegir vivir en otro lado y no volver al orfanato. Así lo hice. Nadie supo de mí, ni de mi pasado, tampoco conocía a personas diariamente, las evitaba e ignoraba, mi vida era completo silencio.

Pasara lo que pasase, nadie me echaría de menos. Nadia sabría dónde estaba o me pediría explicaciones de adónde iba o por qué, no tenía redes sociales, tampoco las necesitaba, ni móvil ni número de teléfono. Pagaba el alquiler de un piso que no era muy caro, trabajando en la tienda de abajo, un quiosco con no demasiada gente, atendiendo a idiotas y fumando entre horas, a pesar de querer cumplir uno de mis mayores sueños: ser bombero, una idea estúpida viniendo de alguien tan cobarde, ni siquiera lo tenía como opción, solo como una aspiración o un deseo frustrado. Una vida de robot. Una vida para sobrevivir. Recuerdo sonreír mientras veía películas, escuchaba música o, simplemente, estando tirado en el sofá mirando el techo, recuerdo sentir la libertad mientras no había nadie alrededor, no había placer mayor que ese.

Testigo de un asesinato:

Supongo que aquí se torció todo. Mi vida pasó de ser aburrida e insignificante a importante y con la necesidad de ser cazado hasta la muerte. Tan solo vi a un tío alto, con un sombrero de color beis, una gabardina negra que le llegaba hasta las rodillas, con la cara casi tapada, unos pantalones tejanos y unos mocasines negros, imponente, esperando a un chaval que se acercaba para traerle un USB. El chico no parecía estar muy bien de salud, larguirucho, muy delgado, ansioso, se movía de un lado a otro, sus manos temblaban y sus ojos le caían, mientras le entregaba lo que su futuro asesino necesitaba para a saber qué fin. Le dio dos disparos en la espalda cuando el chico se disponía a alejarse del que fuese el trato que tuviese con él, quizá fuese un último trabajo, quizá el penúltimo a cambio de algo, no tenía ni la menor idea, pero no parecía lícito.

En cuanto vi aquello, me levanté de donde me encontraba, detrás de un coche escondido, ese hombre no me provocó la confianza suficiente como para cruzar esa calle y, por no cruzarla en su momento, tuve que escapar de lo que fue un asesinato a sangre fría en toda regla. Quizá me vio alejarme y no consiguió determinar un blanco en mi espalda, tal como hizo con el chaval que yacía inerte en el suelo a unos centímetros de él, y no pudo hacerse con el testigo que podría descubrir todos sus planes, quizá ir a la policía o encontrar una forma de identificarle. Lo único que puedo asegurar es que fue una experiencia devastadora, estuve planteándome durante días qué hacer con lo que había presenciado, cómo quitarlo de mi cabeza, cómo dejar que simplemente pasara sin más.

El callármelo durante meses, tan solo hizo que mi colon y mis migrañas se volvieran más intensas, que no pudiera ir al baño en tres días o que las náuseas me hicieran detestar la comida, tratando de ignorar mis pensamientos por un momento, dejando a ese chico olvidado por mi propio bien, no sabía cuán peligroso podía ser aquello, así que, como buen cobarde, me eché a un lado sin comentarlo a nadie.

Una corrida por el bosque:

Recuerdo estar asustado. Mi respiración entrecortada. El cansancio. El bosque. El acantilado. Siendo que nada de eso era tan importante. Unos días antes tuve una sensación indescriptible, como si algo fuera a ocurrir, denotando un temor que se movía por todo mi cuerpo, como hormigas correteando para buscar comida y esconderse. Pensé que eran tonterías, invenciones de una mente amenazada por la aparición de ese hombre de gabardina y sombrero que vi en el callejón, empezando a habituarme a esa constante vena maníaca y obsesiva de la que, durante meses no había podido deshacerme.

Vi a un chico con la máscara de V de “Vendetta” observarme desde lejos, en la gasolinera donde había parado a repostar. Caminó algo rápido hacia mí, de una manera tan decidida que supe que venía a matarme, el arma que llevaba consigo no podría engañar a nadie. Eché a correr hacia el bosque sin siquiera pensar si habría una salida, mientras el corría tras de mí, una sudadera con capucha, pantalones cortos y unas deportivas hechas para corredores, le bastaron para cogerme, yo no era ni siquiera competición para él, estaba claro quién ganaría la carrera y el trofeo que tenía que ver con dos balas chocar contra mi pecho mientras mi cuerpo se dejaba caer por el precipicio. ¿La verdad? Ese chico tenía agallas, era fuerte, con coraje al apuntar el arma hacia alguien indefenso y decidir terminar un trabajo que, seguramente, empezó días atrás cuando le mandaron matarme, mi destino estuvo escrito desde ese preciso momento.

Quizá fui poca cosa y nadie notó la diferencia con mi existencia pero, al menos, fui importante y una amenaza para alguien que se podría considerar poderoso. Yo no era ningún talismán, alguien famoso o con ganas de ver la vida de color de rosa, sabía que era simplemente un vendedor en un quiosco, totalmente reemplazable y que nadie me echaría de menos si no respirase, supongo que ellos también lo comprobaron, no querrían que nadie hiciera preguntas. Parecía tonto pero podía saber el resultado de dos más dos, ¿verdad? Quizá mi siguiente vida resultara más interesante, ¿quién sabe?

Un futuro de soledad:

Dicen que cuando estás muerto, estás en paz. Sigues en el mundo de los vivos mientras ellos no lo saben, mientras no encajan bien sus mentiras. Dicen que, a veces, es hermoso ver un prado, el sol y tus ganas de correr y sentirte libre, como muchos otros lo han hecho. Pero no comentan sobre el silencio. Sobre la agonía que supone vivir enjaulado, entre telarañas y podedumbre, entre oscuridad. Les ves a tu alrededor riendo, gritando o comiéndose una galleta, mientras tratas de conversar con ellos y ves que no obtienes respuesta, ni siquiera una mirada. No dicen lo apartado del mundo que llegas a sentirte.

Mi antiguo jefe ya tiene un nuevo dependiente. Alto, con barba y con la costumbre de llevar camisetas de cuadros, como los pueblerinos que parece que nunca tengan ropa limpia y decente que ponerse. No me gusta cómo atiende, tu pasotismo ataca a mi inteligencia y se llega a sentir ofendida, aunque quiera gritarle, no me escucha, aunque quiera conducir, mis manos no son capaces de agarrar el volante, ni siquiera de mirarme a un espejo. Vi cómo quemaban mi cuerpo en el bosque, como si jamás hubiera ocurrido, para que nadie me encontrara o hiciera preguntas, un punto y final a alguien que nunca existió.


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La Mente: De Lamentar

Relato procedente:Tomando un Café“. Edad: Eterna.

Nombre: La Mente de Lamentar. Ciudad: Cerebro Humano

Descripción física:

Mi brillante cabello tiene un color dorado característico, casi perfecto, es casi una extensión de mi inteligencia, ondea al viento, llegando a más abajo de mis voluptuosos pechos. Mis ojos verdes expiran confianza, hacen que la funda a la que pertenezco haga lo que me place, lo cual, me tiende a llenar de excitación. Mis labios finos, siempre pintados con un color carmín intenso, dejan que susurre en su oído cualquier cosa para volverla loca, mientras una sensación de placer invade mi cuerpo, me gusta sonreír mientras la veo desesperada tratando de abarcar a todo. Mi cuerpo esbelto y mi piel fina y suave, son dos ingredientes perfectos para seducir un corazón débil, tiende a encontrarse con una loba incansable por manejar cualquier situación a placer. Diría en general que soy increíble y que todo el mundo lo sabe.

Descripción de la personalidad:

Puedo cambiar de personalidad a placer, puedo controlar el cuerpo en el que habito incrustando cualquier pensamiento que produzca miedo, temor, duda, culpabilidad o sed de venganza, pero lo que más me gusta es hablar, mantenerlo entretenido, enterrado entre un millar de cosas que hacer para que no se dé cuenta de quién es realmente, no debo separarme del cuerpo en el que habito, me gusta controlar, no ser controlada o analizada, quizá echada a un lado. Me encanta crear drama y caos, nunca sabes cómo va a reaccionar el ser humano pero me encanta presionarlo para averiguarlo. Digamos que soy una puta egoísta con hambre de un buen show de sangre, sé que “el cuerpo” y los que están a su alrededor siempre me lo darán. Me alimento y sonrío, esta es mi vida y la adoro.

Un personaje a parte:

Todo está ligado a un cuerpo humano. Cuerpo-mente forman un vínculo irrompible, por ello, si algo no funciona en tu mente, tampoco lo hará en tu cuerpo, causando molestias de toda índole. Por tanto, yo estoy ligada a ese cuerpo y esa alma que habita dentro del mismo, aunque los más inteligentes han sabido mantenerme a raya sabiendo que soy un personaje a parte, un actor detrás del escenario, no debo actuar si no se me permite. Aunque siempre me gusta mantener a mi huésped ocupado con pensamientos e ideas estúpidas sobre sí mismo y los demás, no estoy acostumbrada a la crítica o a que me aparten de los grandes planes, el corazón siempre es el que se lleva la mejor parte, el que parece que esté siempre ligado a las emociones, algunas que puedo controlar y otras donde “el cuerpo” es demasiado listo como para dejar que yo interfiera.

Comparto cama con el ego, es sexy, encantador, travieso y un poco traidor, las cosas que más me gustan en un personaje de ese calibre. Tenemos muchas cosas en común, entre ellas, el hecho de que cuando el ser humano que ocupamos se da cuenta de que nosotros le llevamos hacia adelante en su vida en vez de él mismo, tiende a apartarnos de su lado de lleno, dejándonos atrás y sin poder hacer mucho más para abastecer nuestra existencia, es frustrante y agotador, por lo que, cojo la mano del ego y juntos, permanecemos en las sombras en silencio.

La joven Jean:

Es dulce, algo inocente y suele incomodarse cuando tiene demasiado trabajo en la oficina, está enganchada al café y le encanta ir a la cafetería de enfrente para poder disfrutar de unos momentos a solas. Siempre me ha dejado entrar en su cabeza, me ha dejado escudriñar entre sus debilidades, tratando que no se sintiera suficiente para su familia y tuviera que irse para no volver a sentirse desdichada, conseguí todo esto en unos años, incluso, mantenerla nerviosa, estresada con tanto trabajo y los niños, con sus amigos viniendo a cenar a casa cada miércoles para compartir algunas anécdotas, incluso, me abrí paso a una nueva opción para volverla loca: la ansiedad, no sabía muy bien lo que era por ella misma, tan solo sabía que se mareaba y se le cortaba la respiración.

Empezó leyendo algunos libros estúpidos de auto ayuda para dejar atrás el pasado, otros sobre cómo recuperar la auto estima mientras entendía que debía quererse tal y como era con sus imperfecciones y todo, aprendió a entender cómo podía separar la mente de ella misma, de sus actuaciones y a ser compasiva con los demás, a saber que el amor era lo único que podía hacer que la existencia humana valiera la pena, mientras dejaba atrás mis palabras. Me sentí poderosa mientras la controlaba, mientras movía la tela de sus emociones y le hacía creer que la vida iba a ser así de dura siempre, que tan solo debía acostumbrarse a ella, viéndola resistirse una y otra vez, agonizando entre sollozos, pero jamás me había sentido tan derrotada como cuando me hizo callar en la cafetería de aquella manera, tan solo me necesitaba detrás del escenario, una vez más, con la única compañía del ego.

Maldad y conflicto:

Esto es por lo que voy por ahí buscando emociones que explotar, nada sería lo mismo si esto no se llevara a cabo. Tan solo quiero y me gusta crear drama, ver cómo la gente se pelea y no quedan buenas respuestas y emociones positivas en el individuo que habito, diría que la negatividad casi la injerto en su organismo como parte de un mecanismo perfectamente amoldado excusándolo como una actitud cultural o comportamiento que proviene de una sociedad patriarcal, todo es normal, así es como eres, acéptalo, siempre sabiendo que es mentira pero sin “el cuerpo” entenderlo como tal, debe creer ciegamente en todo lo que le digo, es crucial para crear caos en su vida y en la de los demás.

Creo que todo reside también en el hecho de que el ser humano cree que es su voz interior la que le habla cuando, realmente, hace unos años ya me he encargado yo de acallarla y abrirme paso para ocupar su lugar y que no escuche buenas propuestas del corazón, me niego a solo estar cuando “el cuerpo” necesita que le recuerde algo, que organice o que le diga qué día es hoy, ayudarle a expresarse o a hablar en otro idioma para que se sienta triunfador de alguna manera, no me siente poderosa, no solo existo para eso, ¿verdad?

Un futuro de oscuridad y soledad:

Diría que viviendo en un cuerpo como el de Jean, estoy casi segura de que fracasaré en la búsqueda de su inseguridad y tratar de minar su auto estima, creo que esos libros y vídeos con los que alimenta su conocimiento van a hacer de mí una ruina, un punto y final a una maldad definitiva. Todavía hay veces que me escucha, sobretodo cuando tiene tantas cosas en la cabeza o no es capaz de gestionar sus emociones, actúo en cuanto tengo la oportunidad pero, al parecer, ya tiene pillados todos mis trucos y no tengo mucho más que hacer que callar y seguir sus movimientos desde lejos.

Podríais decir que no estoy sola, que todavía tengo al ego. Por supuesto que le tengo, pero él también se siente solo, está acostumbrado a ser dueño de un escenario donde todo el mundo le aplaude y le mira como una estrella de rock, como alguien brillante, mientras que ahora le miro y Jean simplemente, lo ha convertido en nada, a penas se levanta de la cama, ha empezado a dejarse barba por aburrimiento y ya no presta atención al odio. No dejo de pensar que es así como terminaré, es un futuro no muy lejano. No suelo rendirme, así que, seguiré intentando introducir pensamientos en Jean, casi imperceptibles para volver a renacer mientras ella se resista a ellos, quizá sea una buena reacción con la que poder absorber sus emociones y alimentarme. ¿Creéis que servirá?


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