Publicado en Relatos

Un Lugar Seguro:

Un lugar cerca del centro, quizá bajo nubes grises y el aletear de los pájaros. Un lugar donde mantenerse en silencio, sin palabras necias, sin necesidades enfermizas o críticas obsesivas e invasivas. Ese lugar que te abraza entre sus brazos y te susurra confidencias que jamás imaginaste, donde reflexionas y creas tus propias convicciones, puedes mirar por la ventana y ver a otro aún más perdido que tú en las casas que hay frente a la tuya.

Un lugar limpio, ordenado, con olor a flores donde añores a aquellos que más cerca están y recuerdes por qué llegaste a él, por qué lo pensaste. por qué lo deseaste y cruzaste esa puerta. ¿Fue para encontrarte?, ¿fue para evadirte del exterior?, ¿o fue por que querías huir de tu vida pasada? Este es un lugar donde tú misma eres tu propio salvador, donde te alimentas, esperas mejores tiempos e imaginas qué harías si tuvieras una vida nueva agazapada en tu mano esperando hacerte volar.

Un lugar donde no tengas que preguntarte constantemente si lo estás haciendo bien o mal, si decepcionarás a alguien o si has pasado las expectativas del que se sienta a tu lado cada mañana, no hará falta que esperes una palabra, un grito de reclamo, una negativa hacia algo que querías y tampoco hacer un esfuerzo por agradar a nadie. Es un lugar donde puedes ser tú sin tapujos, sin nada que esconder, está todo al alcance de tu mano, sin tener una necesidad de huir, mientras sigues leyendo cualquier libro que inspire mejores tiempos, sin que nadie te observe a escondidas esperando que seas el nuevo fracaso.

Un lugar donde tus ideas no son corrompidas, ni tus pensamientos cuestionados, estás a salvo. Respiras y caminas donde quieres, porque quieres y porque nadie puede evitarlo, tampoco cuestionarlo. Es ese lugar donde cuestionas la información que te llega de otros, donde decides qué creer y a quién, el por qué. Es justo el lugar donde puedes tomar tus decisiones en silencio, en brazos de la libertad que has tomado, te permite vivir, sentir y encontrar el sentido de las cosas junto a tu perspectiva, mientras la oscuridad forma parte de la vida de otros que quizá no supieron vivir la suya.

Un lugar donde mimar a tu niño interior, a cortar escenas pasadas que ocupaban tu mente de forma inesperada y no dejaban cabida a nada más, empezando a crear momentos y dejando de ser tú quién siempre se queda atrás. Ese lugar donde crees que vas a llegar lejos, que esperas que mejore todos tus problemas, que sea el techo donde duermas cada noche mientras el frío de afuera espera un nuevo amanecer. Ese lugar que te inspire, donde la luz entra cada día para avisarte de que ya puedes abrir los ojos y tus sueños se pueden volver realidad, donde puedes responder tus dudas sin ninguna influencia exterior, sin nadie que quiera usurpar las paredes de tu mente hasta tu último pensamiento coherente.

Un lugar que acalla las voces en tu cabeza cuando pones un pie dentro, cuando te hace sentir a salvo, que importas, esperándote tras un día duro de trabajo. Ese lugar seguro que aguarda mientras puedes ser tú y no la sombra de nadie.


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A Safe Place:

A place near the center, perhaps under the gray clouds and the flapping of birds. A place to stay silent, without foolish words, without sick needs or obsessive and invasive criticisms. That place that embraces you in his arms and whispers confidences that you never imagined, where you reflect and create your own convictions, you can look out the window and see someone even more lost than you in the houses in front of yours.

A clean, tidy, flower-scented place where you long for those closest to you and remember why you came to it, why you thought about it. why you wanted it and walked through that door. Was it to find yourself?, was it to evade yourself from the outside?, or was it because you wanted to run away from your past life? This is a place where you are your own savior, where you feed, expect better times and imagine what you would do if you had a new life crouching in your hand waiting to make you fly.

A place where you don’t have to constantly wonder if you’re doing it right or wrong, whether you’ll disappoint someone, or if you’ve spent the expectations of the one who sits next to you every morning, you won’t have to wait for a word, a cry of grievance, a refusal toward something you wanted, and also not make an effort to please anyone. It is a place where you can be without plugging, with nothing to hide, everything is placed at your fingertips, without having a need to flee, while you continue reading any book that inspires better times, without anyone sneaking around, waiting for you to be the new failure.

A place where your ideas are not corrupted, nor are your thoughts questioned, you are safe. You breathe and walk where you want, because you want to and because no one can avoid it, neither question it. It’s that place where you question the information that comes to you from others, where you decide what to believe and to whom, even why you do it. It’s just the place where you can make your decisions silently in the arms of the freedom you’ve taken, it allows you to live, feel, and find the meaning of things next to your perspective, while darkness is part of the lives of others and not in yours anymore.

A place to pamper your inner child, to cut past scenes that occupied your mind unexpectedly and left no room for anything else, starting to create moments and no longer being you who always lays behind. That place where you think you’re going to go far, that you expect it to improve all your problems, make it the roof where you sleep every night while the cold outside waits for a new sunrise. That place that inspires you, where light enters every day to warn you that you can already open your eyes and your dreams can come true, where you can answer your doubts without any outside influence, without anyone who wants to usurp the walls of your mind until your last coherent thought.

A place that blasts the voices in your head when you set your foot inside, when it makes you feel safe, that you care, waiting for you after a hard day’s work. That safe place that waits while you can be you and not anyone’s shadow.


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Publicado en Personajes

Bruce: Beber para no Sentir

Relato procedente:Entre Miradas“. Edad: 42 años.

Ciudad: Luxemburgo. Profesión: Economista.

Descripción física:

Moreno, con el cabello algo largo por la parte de arriba y más corto por las puntas, siempre me ha gustado llevarlo un tanto informal, a la vez que doy una imagen de economista de oficina aseado y profesional. Mis ojos son de un tono azul claro, labios finos y tez un tanto oscura, el sol nunca llega a darme del todo bien para volverme caribeño. Suelo vestir de traje y corbata, mi empresa es algo exigente con ello, siempre viste serio para causar buena impresión mientras le das tu tiempo a gente que solo te utiliza para ganar más dinero mientras tú te pudres de gastos. Los mocasines me matan, me los suelo cambiar a deportivas nada más subo al coche para ir al bar o a casa.

Descripción de la personalidad:

Según varios de los psicólogos a los que he tenido el poco placer de conocer durante mi vida, se han ceñido a la idea de que tengo una personalidad que tiende a la depresión, la nostalgia, melancolía, tristeza y con tintes un tanto victimistas, ahogo mis penas en alcohol para no sentir nada de ello y es una verdad que me repito pero que, a la vez, ocasiona que me guste mi pena y quiera experimentarla una y otra vez sin siquiera quererlo del todo, es un tanto confuso, todavía no he logrado entenderlo pero ahí está: depresivo crónico. Solía ser divertido en mis tiempos de juventud, incluso, ahora en ciertos momentos tiendo a serlo, un poco bromista pero, sobretodo, sarcástico, no puedo evitarlo, me ciertas ganas de vivir inexplicables. A veces, me aburro con facilidad y mi trabajo no pone esta tarea fácil porque es muy repetitiva y ya ni siquiera intento superarme a mí mismo, me da pereza. No suelo tener muchas amistades y me alejo de las aglomeraciones, algún psicólogo que otro también comentó algo sobre cierta ansiedad social reprimida que todavía no he terminado de conocer del todo porque está reprimida, ¿recordáis?

Rechazo como normalidad:

Supongo que aquí es donde empezó todo… Quizá esperéis que os cuente que fui un niño feliz, que fui al colegio, fui amigo de todo el mundo, terminé bachillerato, la Universidad y me cogieron en una empresa relativamente importante como economista porque soy bueno en mi trabajo pero, nada de eso sería verdad. Pasé por un rechazo detrás de otro, era el típico chaval echado a un lado, invisible y sin demasiadas ganas de llamar la atención, escuchaba, iba al recreo, le daba mi bocata al abusón de turno y me iba al baño a llorar un día detrás de otro, mientras intentaba volver a casa con ambos pies derechos. Sufría en silencio, nadie más lo sabía, no quise que lo hicieran, mi familia ya pasaba por sus propios dramas, mamá estaba muy enferma y los médicos la habían dejado pasar sus últimos días en casa antes de irse al cielo, tal como mi padre lo decía, una cosa más de la que tratar de escapar…

Me evadía de mis emociones y del exterior escuchando música, leyendo o jugando a videojuegos, a veces, cuando ya fui algo más mayor con marihuana y pastillas relajantes que solía usar mi madre para los dolores musculares, esa mierda te dejaba en las nubes al menos durante cinco horas donde pensar no tenía lugar. No dejaba espacio a las dudas o a las reflexiones, estaba de más, el mundo estaba jodido y yo no había elegido nacer, tampoco perder a una madre tan pronto y, mucho menos, terminar el colegio y ponerme a trabajar para ayudar a mi padre a pagar las facturas de la casa. Sí, consideraba que mi vida ya era una mierda, tendí a la depresión a partir de ese momento aunque todavía no sabía muy bien qué era eso o lo que estaba sintiendo, la cuestión era que lo sentía y punto.

Decisiones, decisiones, decisiones…

Mi padre me dio a elegir si quería seguir estudiando o trabajar en un tugurio como la hamburguesería de la esquina que solo ofrecía comida para llevar o si quería tener una vida mejor que la suya y seguir en el bachillerato para enrolarme en la Universidad y ser alguien que valiese la pena. Elegí la segunda opción, no porque lo quisiera o pensara que fuera importante, sino porque estaba colocado, un tipo que conocía pasaba relajantes bastante más fuertes que los que me tomaba, así que, esa decisión fue basada en no tener ni idea de lo que estaba diciendo pero, en cuanto me di cuenta, me vi estudiando. Me percaté que era muy bueno con los números, de hecho, todos los profesores lo decían pero yo no le daba la mayor importancia, tan solo veía las cosas desde un punto de vista matemático, no era para tanto, ¿no? Todos a mi alrededor lo vieron como una genialidad, como una necesidad de elegir qué hacer en la Universidad porque, ya sabéis, debía ser alguien en la vida…

Mi padre pensó que la administración de empresas o la economía serían carreras idóneas para mí, tan solo tenía que elegir una de ellas para saber hacia dónde dirigirme, estaba a punto de presentarme a la selectividad. Una vez más, decidí estando colocado, esta vez, marihuana y era muy buena, tanto que asentí cuando mi padre dijo la palabra “Economista”, se puso tan contento que ni siquiera quise discutirle por qué o por qué no moví la cabeza, ¡me estaba durmiendo, ni siquiera lo hice a posta! Pero, otra decisión tomada, ¿no?

De becario a economista jefe:

En la Universidad no me costó demasiado estudiar, era incluso, más sencillo que bachillerato, me seguían gustando los números y me ayudaban a aclarar la mente de vez en cuando. Lo que tenía aquel lugar de atractivo también eran sus fiestas, no me perdía ninguna, tenía lo más importante de todo: alcohol. No lo había probado antes y me di cuenta de que me gustaba más que la mierda que me estuvieron pasando desde adolescente, así que, llegaba a mi habitación siempre mamado, iba a los exámenes más relajado que nadie y acudí al funeral de mi padre entre ebrio y fumado, a ver qué iba a hacer sin él, era el único que me empujaba un poco en la vida…

Me ofrecieron un trabajo de becario en la empresa en la que trabajo actualmente, no pude negarme porque era la oportunidad que mi padre había querido para mí, así que, honré su memoria de alguna manera, era lo que debía hacer, ¿no? Tan solo tenía que llevar a cabo algunos proyectos, ordenar papeleo y vestirme de etiqueta de vez en cuando para dar buena impresión, pero me trabajé muy bien uno de los que me asignaron y, simplemente, mi jefe decidió meterme en un edificio de oficinas para que lo dirigiera y manejara todo el tema económico para él, era un gilipollas engreído, un tanto drogadicto y alcohólico que no tenía mucho tiempo libre y necesitaba a cualquier idiota que le cuidara el garito. Me iban a subir el sueldo tres veces más de lo que esperaba, así que, accedí sin pensarlo. Resultó ser un acierto aún llevando mi melancolía a cuestas, bebiendo sin parar y mezclándolo con medicamentos sin receta, sé llevar una maldita empresa y triplicar sus beneficios. Ni siquiera yo lo hubiera esperado…

Mujer y dos hijos:

Sí, ¿a quién se le hubiera ocurrido pensar que un tipo como yo podría tener suerte con las mujeres y mucho menos, procrear? Pues el dinero hace la mayor parte del esfuerzo, chicos. Darlena era una mujer increíble, nos lo pasábamos muy bien juntos, hacíamos de todo, sincerándonos lo mínimo pero teniendo claro que nos atraíamos, hasta que, un día ya no le bajó la regla. Fue una putada pagada por dos porque salieron gemelos: Tod y Garby, un par de cabrones bastante gamberros y juguetones que dejaban mi casa patas arriba las 24/7. No podría decir que nunca los he querido pero jamás pedí esto, de hecho, tan solo me lo pasaba bien con ella, hacíamos tonterías y ya no nos veíamos hasta pasadas unas semanas, luego tuvimos que mudarnos juntos y formar una familia bastante cuestionable.

Los niños siguen creciendo, les cuido, tienen un techo donde dormir, comida, agua y todo lo necesario pero no paso el mayor tiempo en casa, el bar es mi nuevo sitio ahora, está cerca de la oficina, me calma y me evade de mis responsabilidades, a veces, es agobiante ser parte de un mundo tan loco…

El accidente:

Conocí a una mujer justo en ese bar, una noche no muy ajetreada, estaba prácticamente vacío pero, al parecer, el único que la había visto era yo, según el barman no se había sentado nadie a mi lado desde que había llegado. Curioso, ¿eh? Porque tuve la misma sensación que cuando vi a Darlena por primera vez, era hermosa, sexy, extrovertida, divertida y bebía incluso más que yo, me atraía o quizá eso pensé. Desapareció entre una de nuestras conversaciones estúpidas de la noche y tan solo la vi salir del bar hacia la carretera, decidí seguirla porque se había llevado su chaqueta y bolso sin yo darme cuenta, quería saber qué había ocurrido pero, estaba tan centrado en seguir sus pasos que tan solo vi unas luces y oí un ruido sordo, seguido de gritos que se acercaban a mi posición mientras mi alrededor se iba quedando a oscuras.

Quizá ella escapó o se desvaneció en el aire, puede que nuestra conversación le hubiese resultado aburrida pero más aburrido me iba yo a sentir cuando despertara, si es que lo hacía.

Un futuro de reflexión y recuperación:

Una hemorragia interna, dos costillas rotas, algunos moretones y unas náuseas increíbles, imaginad ese momento al despertar en una cama de hospital, completamente solo, nadie esperando a que despiertes. Tristeza. Melancolía. Pude verlas esperar frente a mí a que me diera cuenta de que me estaban mirando, tratando una vez más de que me derrumbara y deseando que me inyectaran más morfina para quedarme inconsciente otra vez. Ese olor a enfermedad me irritaba, las enfermeras caminando arriba y abajo, un zumbido que no me dejaba dormir. Era curioso cómo las ganas de morir iban aumentando por momentos… Melancolía, tristeza…

Quizá debía reconsiderar mis acciones, hacia dónde me estaba dejando llevar por mis impulsos o evadir por ellos, qué no quería recordar y por qué no deseaba hacer frente a mi presente. Daba asco. Sí, ese era el motivo. Y era un buen motivo, al menos, para mí. Mis decisiones se habían tomado en base a algo que ni yo me había planteado, embarazos no deseados, niños que no había pedido, una vida que tampoco quería… Necesitaba morfina. Quería callarles. Necesitaba morfina. Quería dejar de sentir. Una copa me vendría genial ahora…


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Entre Miradas:

La primera copa fue refrescante, la necesitaba. La segunda, mostraba que no había tenido suficiente con la primera pero, la tercera simbolizaba la necesidad de seguir bebiendo. El alcohol corría por mis venas tan deprisa como la sangre, cada noche necesitaba un poco más para evadirme de un matrimonio sin amor, dos hijos que me odiaban, una amante despechada y la tonelada de facturas por pagar que prefería olvidar en la oficina cada vez que cerraba, era una locura. En el bar era otra persona, podía convertirme en quién quisiera y cualquiera escucharía mis historias hasta acabar en la calle con una borrachera del quinto, pero era la única forma de llegar a casa con ambos pies.

Las luces eran algo tenues, lo cual, hacían que el ambiente fuera más íntimo y reservado, estaba algo silencioso, había como seis personas y cada una de ellas estaba metida en sus asuntos, copa en mano y dejándose llevar. No esperaba que nadie se sentara a mi lado y, mucho menos, una mujer. Tendía a ser borde, a negar que alguien se sentara cerca de mí pero su cabello rojizo, ojos grises y sonrisa celestial captaron mi atención por completo, volviendo la mirada otra vez a mi vaso para no hacerla sentir incómoda. Su tez era perfecta, parecía suave a simple vista y muy bien cuidada, no tenía una sola zona con acné. Trataba de calcular su edad mientras seguía observándola por el rabillo del ojo y ella intentaba no girarse para mirarme directamente, el primer contacto siempre solía ser un tanto tenso.

Se sentó en el taburete de la barra, unos centímetros de mí y se pidió un martini. Su voz era armoniosa, serena y poco monótona, con un acento diferente que todavía no había podido identificar pero que esperaba hacerlo. En cuanto le trajeron la bebida, removió su contenido con una pequeña pajita, su sensualidad era incuestionable, su vestido rojo sangre largo hasta un poco más arriba de las rodillas y un escote llamativo hacían que me volviera a mirarla tantas veces como el alcohol me permitía moverme. Pedí una cuarta copa para compensar, por supuesto.

-Parece perdido – fue lo único que dijo, al mirarme de reojo, haciéndose la interesante -.

-¿Qué le hace pensar eso?

-Lleva cuatro copas desde que está sentado aquí y no deja de mirar hacia abajo, signo de que se avergüenza de lo que hace y de que no deja de darle vueltas a algo, ¿me equivoco? – sonrió mientras le daba un par de sorbos a su copa y traían la mía por fin -.

-Veo que tengo a una acosadora interesada – ambos reímos – Bueno, mi vida no ha resultado como yo esperaba.

-¿Sentado en un taburete de bar mirando a la nada? Qué va, mi vida es mejor – su sarcasmo la hacía todavía más atractiva -.

Estuvimos hablando durante horas, copa tras otra pero a ella parecía no afectarle en absoluto. Me encantaba su sonrisa y la forma de expresarse, moviendo ambos brazos entendiéndose a ella misma mientras yo trataba de no vomitarle en los zapatos. Cerré los ojos un momento tras la doceava copa, mientras mi cuerpo se tambaleaba adelante y atrás como si estuviera subido a un tiovivo y me di cuenta de que ya no estaba, tampoco su copa. Supuse que había ido al baño pero tampoco estaba su chaqueta y su bolso, por lo que, llamé al barman para que se acercara, yo no estaba seguro de poder levantarme todavía.

-¿No cree que ya ha bebido bastante?, ¿por qué no se va a casa a dormir la mona?

-¿Ha visto dónde ha ido… esa mujer? – era difícil pronunciar las palabras con exactitud pero mucho más ponerlas en orden -.

-¿Qué mujer?, ¿a qué se refiere?

-La mujer. Esa mujer que estaba aquí… La del… la del martini.

-Oiga, ha bebido demasiado esta noche, creo que debería irse a casa.

-¿No ha visto una mujer con un vestido rojo bebiendo un martini? Estaba justo… justo aquí – le señalé el taburete de al lado -.

-Señor, ha estado solo todo el tiempo, no había nadie sentado ahí – me miró realmente preocupado – De verdad, váyase a casa, ya es suficiente por hoy. Si quiere, le llamo un taxi.

Pero la vi. La vi saliendo del bar, así que, dejé unos billetes sobre la barra y fui tras ella. Cruzó la carretera descalza, mientras yo iba tras ella para alcanzarla. Unas luces me deslumbraron, cada vez estaban más cerca pero quise llegar hasta ella. Oí un golpe sordo. Y luego todo se volvió negro.


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Between Looks:

The first drink was refreshing, I needed it. The second showed that I hadn’t had enough with the first one, but the third symbolized the need to keep drinking. Alcohol ran through my veins as fast as blood, every night I needed a little more to evade a loveless marriage, two children who hated me, a scorned mistress and the ton of bills to be paid that I preferred to forget in the office every time I closed, it was crazy. At the bar I was someone else, I could become whoever I wanted and anyone would listen to my stories until I ended up on the street with a drunken fifth, but it was the only way to get home with both feet.

The lights were a little dim, which made the atmosphere more intimate and reserved, was somewhat quiet, there were about six people and each of them was in their affairs, cup in hand and letting go. I didn’t expect anyone to sit next to me and, much less, a woman. I tended to be rude, to deny that someone sat near me but her reddish hair, gray eyes and heavenly smile caught my attention completely, turning my gaze back to my glass to not make her feel uncomfortable. Her skin was perfect, she looked soft to the naked eye and very well maintained, she didn’t have a single area with acne. I was trying to calculate her age as I kept watching her through the corner of my eye and she tried not to turn around to look at me directly, the first contact always used to be a little tense.

She sat on the bar stool, a few inches from me and asked for a martini. Her voice was harmonious, serene and unlotonous, with a different accent that I had not yet been able to identify but hoped to do so. As soon as the barman brought her drink, she removed her contents with a little straw, her sensuality was unquestionable, her red dress long blood up to a little above her knees and an eye-catching neckline made me look at her again as many times as alcohol allowed me to move. I ordered a fourth drink to make up for it, of course.

-You seem lost – she said, as she looked at me fastly, making herself interesting -.

-What makes you think that?

-You already drunk four drinks and you keep looking down, a sign that you’re ashamed of what you’re doing and that you keep thinking in something you don’t have the solution yet, am I wrong? – she smiled as she took a couple of sips at her glass and the barman brought my drink at last -.

-I can see I have a stalker interested – we both laughed – Well, my life hasn’t turned out as I expected.

-Sitting on a bar stool looking out to nothing? My life is better – her sarcasm made her even more attractive -.

We were talking for hours, drink after drink, but she didn’t seem to be affected at all for the alcohol. I loved her smile and the way she expressed herself, moving both arms understanding herself as I tried not to vomit on her shoes. I closed my eyes for a moment after the twelfth drink, as my body staggered back and forth as if I were up to a merry-go-round and realized she was gone, neither was her glass on the bar. I figured she’d gone to the bathroom, but there wasn’t her jacket and handbag either, so I called the bartender to come to my position, I wasn’t sure I could get up yet.

-Don’t you think you’ve drunk enough?, why don’t you go home and sleep a little?

-Have you seen where she went… that woman? – it was difficult to pronounce the words accurately but much more to put them in order -.

-What woman? What do you mean?

-The woman. She was seated here, the woman… with a martini.

-Look, you’ve drunk enough tonight. I think you should go home.

-Haven’t you seen a woman in a red dress drinking a martini? It was right… right here – I pointed to the stool next to me -.

-Sir, you’ve been alone all the time, there was no one sitting there – he looked at me worried – Really, go home, that’s enough for today. If you want, I’ll call you a taxi.

But I saw her. I saw her leaving the place, so I left some bills over the bar and went after her. She crossed the barefoot road, as I went after her to reach her. Some lights dazzled me, they were getting closer but I wanted to get to her. I heard a dull blow. And then it all turned black.


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Palabras al Viento:

Escribía sin cesar. Mi alrededor había desaparecido, ni siquiera lo que consideraba importante lo era ya. El sonido de las teclas sobre el papel dándole forma a la historia era lo único que me hacía sentir vivo, respirar, volar entre palabras. Mis dedos no paraban de moverse, cada vez a más velocidad y ritmo, sin censura, sin tener que borrar y escribir de nuevo, había prometido un escrito limpio, tal y como saliera de mi mente.

Muchos creían que necesitaba un psicólogo, que era un adicto y debía dejar de escribir, podían pasar los días, noches enteras despierto hasta terminar algo que me resultara lo suficientemente interesante como para enamorarme hasta las trancas. Ellos hablaban de paciencia, de escribir con tranquilidad, de vivir en la realidad y no la ficción, pero yo hablaba de los personajes que caminaban a mi alrededor, me sonreían, coches chocando entre historias de acción y suspense, miradas encontradas entre un matrimonio a punto de divorciarse y palabras hirientes a un amigo muy querido que le ha traicionado. El papel vive, siente, transforma, encuentra la forma de ser transcrito, mejorado, borrado, cambiado, incluso, los olores y sabores se vuelven más presentes.

Mis ojos permanecen fijos en el papel. Una joven se sienta frente a mí, moviéndose al son de las palabras, con cambios de escenario casi a ritmo frenético, hablando con otros, sintiendo emociones, comiendo entre horas sin que nadie la vea. Mis teclas siguen sonando en mis oídos, relajantes, paralizantes, a su vez que ella hace lo que le digo, Habla, grita en sus malos momentos, llora cuando se siente sola y yo sonrío mientras cuento su vida. Mi respiración se entrecorta de emoción, mis manos empiezan a temblar y noto la boca seca, a la vez que mi corazón siente que va a explotar de un momento a otro. Ella mira a su amado, le sonríe, le advierte de sus integuridades, el joven las acepta pero, tras acostarse con ella, se ve como un trapo usado y tirado a la basura, entre sus sábanas comiendo toneladas de helado mientras ve películas tristes y llora como una descosida, incluso, puedo oír lo que ponen en la televisión, puedo saber qué película es… “Moulin Rouge”. Veo su insomnio, su ansiedad, su tristeza, su añoranza y las horas perdidas mientras escribo un punto y aparte.

¿Seguiría con su vida como si nada?, ¿le olvidaría?, ¿caería en absoluta depresión tras creer que nadie más la querría por quién es? Tenía el absoluto control de la historia, las palabras seguían con fluidez, sin interrupción mientras notaba algo de viento entrando por la ventana, ¿era la mía?, ¿quizá la suya? Decidí ignorarlo para seguir con ello. Pero me molestaba, oí libros caer al suelo y también a ella levantarse de la cama a recogerlos. No quería apartar la vista del papel, estaba demasiado inspirado pero lo hice para ver que mi ventana estaba abierta. Me levanté para cerrarla pero, antes de que llegara se había cerrado. Me volví para sentarme en la silla del escritorio y ella me miró fijamente, sonriendo, mirándome de arriba a abajo, dejándome eclipsado. Nos sonreímos, quizá nos gustamos. Olvidé lo que estaba escribiendo y, cuando me quise dar cuenta, mi despacho había desaparecido para formar parte de otra realidad de la que todavía no sabía muy bien cómo se había presentado ante mí. ¿Sería verdad que necesitaba un psicólogo?


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Words Through the Wind:

I was writing incessantly. My surroundings had disappeared, not even what I considered important was it anymore. The sound of the keys on the paper shaping the story was the only thing that made me feel alive, breathe, fly between words. My fingers kept moving, getting faster and faster, uncensored, without having to erase and write again, I had promised a clean writing, just as it came out of my mind.

Many believed that I needed a psychologist, that I was an addict and had to stop writing, I could spend the days, whole nights awake until I finished something that I found interesting enough to fall in love with as hell. They spoke of patience, of writing quietly, of living in reality and not through fiction, but I spoke of the characters who walked around me, smiled at me, cars colliding between stories of action and suspense, looks found between a marriage about to divorce and hurtful words to a much-loved friend who has betrayed him. Paper lives, feels, transforms, finds a way to be transcribed, improved, erased, changed, even the smells and flavors become more present.

My eyes remain fixed on paper. A young woman sits in front of me, moving to the sound of words, with changes of scenery almost at a frenetic pace, talking to others, feeling emotions, eating between hours without anyone seeing her. My keys keep ringing in my ears, relaxing, paralyzing, in turn she does what I tell her, she speaks, screams in her bad times, cries when she feels lonely and I smile as I write her life. My breathing scures with emotion, my hands start shaking and I notice my dry mouth, while my heart feels like it’s going to explode from one moment to the next. She looks at her beloved, he smiles at her, she warns him of her integurities, the young man accepts them but, after sleeping with her, she looks like a cloth used and thrown away, among her sheets eating tons of ice cream while watching sad movies and cries like a desist, I can even hear what she put on TV, I can know what movie it is… “Moulin Rouge”. I see her insomnia, her anxiety, her sadness, her longing and the hours lost as I write a point and set aside.

Would she go on with her life as if nothing happened, would she forgets him, she would fall into absolute depression after believing that no one else would love her for who she is? I had the complete control of the story, the words were still flowing, without interruption as I noticed some wind coming through the window, was it mine, maybe hers? I decided to ignore it to come back to the story but it bothered me, I heard books fall to the ground and also hear her get out of bed to pick them up. I didn’t want to look away from the paper, I was too inspired but I did it to see that my window was open. I got up to close it, but before I got there it had closed. I turned to sit in the desk chair and she stared at me, smiling, looking at me from top to bottom, leaving me eclipsed. We smile, maybe we liked each other. I forgot what I was writing and when I wanted to realize, my office had disappeared to be part of another reality that I still didn’t quite know how he had presented himself to me. Would it be true that I needed a psychologist?


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A Través de la Ventana:

Me dispuse a sentarme en la repisa que estaba pegada a la ventana. La había hecho mi lugar seguro, privado. Llovía. Era el tercer día. Levanté la mirada y allí estaba. Cabello castaño oscuro, ojos negros y sonrisa magnética, no era capaz de cruzar palabra con aquel chico cuando nos cruzábamos en la calle, pero sí me atrevía a ponerle los ojos encima en la distancia, a oscuras mientras me dedicaba a hacer nada. Me entretenía ver lo que hacía, horas de entrenamiento, comía sano y se pasaba el día en su habitación cuando no iba a clase o con sus amigos. Empezaba a saber sus horarios, a apuntarlos en una libreta, a conocer su semblante cuando no estaba de humor, qué le hacía feliz y qué le animaba cuando estaba disgustado. Segundos, minutos y horas para seguir la vida del vecino de enfrente, lo mismo que tardé en averiguar la del antiguo.

Desayuna entre las siete de la mañana y las ocho, come entre las dos y las cuatro de la tarde y cena entre las seis y las ocho de la noche. Boxea, lee, canta, come sano y hace los deberes cada día, como un reloj un par de horas después de llegar del instituto, está en último año, me lo cruzo cada día por los pasillos pero está demasiado ocupado riéndose de la marginada de su clase con sus amigos. Es un abusón. Y me encantan los abusones. Son una especie de reloj que romper, una costumbre que deshacer y una mente que quemar, no son nada sin una muleta, son inseguros en soledad. Cuando su madre recogía su ropa sucia, él parecía molesto, ella salía de allí con la cabeza gacha mientras su hijo mostraba una leve sonrisa en su cara. Le gustaba ver sufrir a los demás, era bastante sucio.

Me parecía curioso lo impoluto que se mostraba, su ropa estaba increíblemente planchada, se ponía esas camisetas apretadas que marcaban sus abdominales y bíceps, a veces, se echaba aceites y se miraba al espejo durante horas. Resultaba curioso ver cómo se adulaba a sí mismo, un “no es suficiente” podría aparecer en su cabeza cada vez que hacía una hora más de entrenamiento diario. Todavía era un niño y se presionaba al límite para ser el mejor, pero no veía a quién le importaba desde esta ventana, le veía más bien solo. Pero, una tarde algo me llamó la atención, alguien subió con él a su cuarto, Una chica rubia, la había visto antes, era una de las más populares dada su vestimenta de animadora. Empezaron a besarse. Él la cogió de la cintura mientras iba bajando hasta su trasero, lo apretó y le subió la pierna derecha hasta su cadera, la acaricio hasta llegar hacia lo que llevaba debajo de esa falda azul y amarilla. Continuaron besándose y él quiso quitarle la camiseta. Ella paró de besarle y negó con la cabeza. Os aseguro que el chico no se lo tomó nada bien, le impidió salir de la habitación, le dio una bofetada y la tiró sobre la cama. Preferí no presenciar lo que pasó después pero cogí el teléfono y empecé a grabar, era el momento indicado.

Era curioso que, justo en aquel momento, por fin tuviera algo con lo que destruirle. Tuve que mudarme a esta casa para estar justo enfrente de su cuarto y poder seguirle de cerca, tuve que pasar desapercibida en el instituto para que no se le ocurriera mirarme otra vez, quería mantener distancia entre ambos para esperar a aquel momento, a aquella grabación para demostrar que lo que me hizo a mí se lo hacía a otras. He esperado un año pero ha valido la pena. En cuanto terminó conmigo pretendió que no me conocía, pasó de largo como si no me hubiera hecho nada, siguió andando sin que sus actos fueran juzgados. E aquí mi rebancha. Era hora de ajustar cuentas.


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Through the Window:

I set out to sit on the ledge that was attached to the window. I had made it my safe, private place. It was raining. It was the third day. I looked up and there he was. Dark brown hair, black eyes and magnetic smile, I wasn’t able to cross a word with that boy when we crossed the street, but I did dare to put my eyes on him in the distance, in the dark while I was doing nothing. I was entertained to see what he did, hours of training, ate healthy and spent the day in his room when he didn’t go to class or with his friends. I began to know his schedules, to write them down in a notebook, to know his countenance when he was not in the mood, what made him happy and what encouraged him when he was upset. Seconds, minutes and hours to follow the life of the neighbor across the street, the same as it took me to find out the old one.

He has breakfast between seven in the morning and eight, eat between two and four in the afternoon and dinner between six and eight o’clock at night. He boxes, reads, sings, eats healthy food and does his homework every day, like a clock a couple of hours after arriving from high school, he’s in his senior year, I walk through the aisles every day, but he’s too busy laughing at the marginalized girl in his class with his friends. He’s a bully. And I love bullies. They are a kind of clock to break, a custom to undo and a mind to burn, they are nothing without a crutch, they are insecure in solitude. When his mother took his dirty clothes, he seemed upset, she came out with her head down while her son showed a slight smile on his face. He liked to see others suffer, it was pretty dirty.

I thought it was funny how impolute he was, his clothes were incredibly ironed, he put on those tight T-shirts that marked his abs and biceps, sometimes he would throw oils on his body and look in the mirror for hours. It was curious to see how he flattered himself, a “not enough” could appear in his head every time he did one more hour of daily training. He was still a kid and pushed himself to the limit to be the best, but I didn’t see who cared from this window, I saw him rather alone. But one afternoon something got my attention, someone came up with him to his room, A blonde girl, I had seen her before, she was one of the most popular at high school, judging for her cheerleading attire. They started kissing. He grabbed her from the waist as his hand went down to her bumb, squeezed it and raised her right leg to his hip, stroked her to what she wore under that blue and yellow skirt. They continued kissing and he wanted to take off his shirt. She stopped kissing him and shook his head. I assure you, the boy didn’t take it well, stopped her from leaving the room, slapped her and threw her on the bed. I preferred not to witness what happened next but I picked up the phone and started recording, it was the right time.

It was curious that, right at the time, I finally had something to destroy him with. I had to move into this house to be right in front of his room and be able to follow him closely, I had to go unnoticed in high school so that he wouldn’t think of looking at me again, I wanted to keep a distance between the two of us to wait for that moment, to that recording to show that what he did to me did it to others. I’ve waited a year, but it’s been worth it. As soon as he finished with me, he pretended he didn’t know me, he passed by as if he hadn’t done anything to me, he kept walking without his actions being judged. And here’s my slice. It was time to settle scores.


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Publicado en Personajes

Jonas: Alguien Sin Destino

Relato procedente:Sin Destino“. Edad: 29 años.

Ciudad: Oklahoma. Profesión: Periodista.

Descripción física:

Cabello negro intenso, cortado al cuatro, aunque he de reconocer que he cambiado de estilo de forma habitual porque no me gusta ningún corte lo suficiente como para dejarme siempre el mismo. Mis ojos son de color castaño oscuro con unos toques miel en pequeñas zonas, pero tienes que acercarte mucho para verlas bien y no me suele gustar que nadie invada mi espacio personal. Labios finos y piel blanca, no suelo ir a la playa como muchos otros chicos hacen porque no me resulta cómoda la arena mojada y el montón de gente que se aglomera allí, me gusta mi piel así, moreno me vería raro. Suelo vestir con vaqueros, unos deportivas Puma que ya están casi para tirarlas de lo desgastadas que se ven pero que siguen pareciéndome cómodas; utilizo camisas de leñador saltando entre colores rojo y negro y verde y negro, a veces, llevo sudaderas pero es menos habitual; una chaqueta con capucha que me permite cubrirme la cabeza cuando llueve o con una gabardina negra en los días más soleados. No diría que tengo un estilo en específico, tan solo improviso…

Descripción de la personalidad:

Siempre he sido alguien un tanto solitario, no por sentirme atacado por otros o incómodo, ha sido cosa mía, tiendo a mantenerme al margen de todo, es algo que he hecho desde niño, aunque Angela quería que formara parte de alguna comunidad y, a veces, su única misión en la vida era presentarme a gente que conocía en la Universidad o en el trabajo para que yo hiciera amigos. No he sido nunca alguien con ambiciones, tampoco me interesan, me he acostumbrado a trabajar en tiendas, cafeterías o librerías a tiempo parcial la mayor parte de mi vida y siempre me han proporcionado dinero suficiente para mis gastos, el tener ambición siempre ha sido una casilla en blanco. Me definiría como alguien callado, tranquilo y a quién no le gustan los problemas, evito cualquier tipo de confrontación física o cotilleo de algún tipo para no tener que dar explicaciones luego. Mi costumbre de quedarme siempre al margen, no me mojo en nada…

Caminando sin rumbo:

Esta es una de las cosas que he hecho desde que tengo uso de razón. Mientras mis padres discutían casi constantemente, yo trataba de mantenerme al margen saliendo a la calle con unos auriculares y un ritmo pausando al andar. No quería oír nada, tampoco saber de lo que estaban hablando y deseaba no conocer qué ocurriría conmigo, ni siquiera en qué página de su historia me encontraba en esos momentos. Sus gritos se podían oír desde mi habitación, había días que ni siquiera poniendo la música a todo volumen servía para dejar de escucharles, tanto odio me estremecía. Trataba de no llorar, no darle importancia, caminar sin rumbo y dejar que las cosas vinieran por sí mismas.

Descubría zonas de la ciudad que desconocía que existieran, incluso, me gustaba caminar a través de los cementerios. A veces, encontrabas a gente rezando o contándoles a sus muertos qué tal les había ido la semana, como si realmente estuvieran escuchándoles. No hablaba, no me gustaba ir con otros niños, encontraba relajante pasar el día solo, conmigo mismo, la voz de Michael Jackson en mis oídos era suficiente para hacerme sentir ese momento único, me transportaba a cualquier otra parte donde realmente quisiera estar.

Divorcio y maltrato:

Mis padres me anunciaron su divorcio, yo a penas pestañeé, me sorprendí a mí mismo cuando esa palabra dejó de significar algo para mí, ni siquiera la pensé o la consideré algo importante en mi vida, incluso, siendo la primera vez que la escuchaba. Mi madre repetía lo importante que era que estuviera con ella, con los abuelos y que yo necesitaba su apoyo por encima de todo. Mi padre, con un semblante serio y un aspecto francamente abatido, no dijo nada, ni siquiera quiso rebatir los puntos de mi madre, sonaba un tanto controladora y obsesiva con cómo llevar las cosas a cabo a partir de ahora pero él ni se inmutó, estaba cansado de pelear, parecía que la dejaba hacer.

Durante toda mi vida había vivido en aquella casa y en esa ciudad, había ido al mismo colegio desde los tres años y no veía cómodo el mudarme a otro lado tan solo porque la ayuda materna en mi vida era más importante sin aportar un mayor contexto a ello, así que, decidí quedarme con mi padre en esa casa, cuestión que más tarde pagué con creces entre sus salidas nocturnas con prostitutas que traía a casa y esos arrebatos de alcohólico que le llevaban a una agresividad fuera de serie. Durante algo más de cuatro años, aguanté sus fiestas y maltratos, gritos a altas horas de la madrugada mientras se oían al otro lado de la pared los muelles del sofá. Parecía que su adolescencia había empezado cuando la mía, había desaparecido junto a mi inocencia.

Recuerdo haberme quedado inconsciente tras un empujón. Aquella noche, me dejó marcas por todo el cuerpo, moretones que no desaparecieron hasta pasados dos meses, fue el momento en el que decidí irme de allí para empezar mi vida solo, caminando sin rumbo pero alejándome de un gran problema. Esta vez, sí acerté con mi decisión.

Angela y su piso para estudiantes:

Había decidido seguir con el bachillerato, pasara lo que pasase, quería ir a la Universidad y estudiar periodismo, así que, si no quería seguir viviendo con mi padre, debía encontrar un piso compartido. En el instituto siempre había gente que colgaba en los tablones de anuncios carteles que rezaban “se necesita compañero de piso”, cogí el primero que vi y llamé, Angela fue la que respondió al teléfono, parecía muy entusiasmada, así que, fui a ver la habitación. Bastante amplia, cómoda, limpia. El resto de piso no estaba nada mal, se estaba a gusto y era barato, acepté de inmediato vivir con ella, no la conocía pero tampoco debía pensar que era una psicópata.

Al principio, he de reconocer que me parecía muy irritante tener que contestar a todas sus preguntas, era una chica muy habladora, mientras yo era tan callado que prefería responder a todo mediante un encogimiento de hombros incómodo y, a la vez, algo desconcertante para ella, pero no dejó de intentarlo hasta que empezamos a congeniar un poco más, era buena chica, su sonrisa empezaba a calar en mí. Mientras estaba con Angela, mi padre era parte del pasado, una sombra que ni siquiera se había dado cuenta de que su hijo hacía semanas que no volvía a casa, que tampoco le pedía dinero y que podría haber desaparecido. La verdad, dejé de reconocerlo tras la primera cicatriz que me dejó un poco más abajo del labio.

La madre de Angela tenía una tienda de flores y accesorios cerca de nuestro piso, al comentarle que buscaba trabajo, me dijo que podía trabajar con ella, era a tiempo parcial pero podía ganar lo suficiente para pagar la mitad del piso y comida, agradecí mucho que ese fuese el primer número al que llamé para encontrar un piso de estudiantes.

Angela y la Universidad:

Pasamos bastante tiempo juntos y no nos cansábamos. Ya habíamos bautizado nuestros viernes de pizza y películas de terror, los lunes de totitas, los miércoles de comida china y póker, era imposible aburrirse en nuestra casa. Durante esos tiempos, he de reconocer que todo tenía que ver con ella, mi vida empezó a girar en torno a Angela sin darme cuenta, siendo una parte importante, un brazo del que difícilmente podría deshacerme, ya formaba parte de mí. Nos hicimos grandes amigos, nos cogíamos de la mano cuando salíamos a dar una vuelta, nos dábamos un beso antes de irnos a la cama y veíamos películas abrazados, diría que éramos una especie de pareja sin serlo. No pude evitar el sentir algo más por ella, pasábamos el día juntos y su perspicacia era lo que me más me atraía, su inteligencia pronunciaba mi nombre y su cuerpo provocaba en mí un torrente de emociones inexplicables.

Conseguimos entrar en la misma Universidad, a Angela le gustaba el Arte y yo me dirigí hacia el Periodismo, estudiamos juntos y reímos entre horas, era como en los viejos tiempos, me hubiera gustado que fuera así algunos años más. Muchos de sus novios entraron y salieron de aquel piso, algunos de ellos completos arrogantes y otros, demasiado blandos para estar con Angela, todavía no he llegado a entender qué le atraía de ellos. Yo permanecía en las sombras, oía sus tardes de sexo a través de las paredes, sus noches locas con sus amigas entre canciones pop y melancólicas, sus mañanas tristes en las que solía perder el apetito. Nos graduamos y todavía no se lo había pedido, esperaba que volviera a quedarse soltera para hacerlo, aunque tendía a ser difícil.

El accidente:

Me contó sus planes la noche anterior. Durante la mañana, quería disfrutar del sol, pasear hasta que nuestras piernas dijeran basta, no quería pensar en el trabajo, necesitaba fotos para poder publicar en instagram después de tenerlo durante meses muerto, así que, ese sería uno de mis quehaceres cuando pusiéramos un pie fuera. Leer el periódico era opcional pero lo que sí deseaba de verdad era que le preparara uno de mis especiales chocolate caliente con nubes, era lo que más le gustaba en los días fríos y la mantenía templada. Así que, lo tenía decidido. Esa mañana, le preguntaría si quería salir conmigo, dejó a su último novio por aburrido y pelma, creía firmemente que yo podría superarle.

La vi salir por la puerta. Lo último que me dijo fue que empezara a preparar los chocolates mientras ella recogía el periódico. Salió en pijama, el cabello pelirrojo recogido con una coleta, sin maquillar y con la tez pálida, con ambas mejillas rosadas debido al frío, ni siquiera le importó salir sin zapatillas, temía que se congelara los pies pero insistió en salir en calcetines habiendo nieve fuera. Estaba entusiasmada, había planeado su día sin tener un motivo para ello, era una entusiasta de la vida y yo su principal animador, incluso, en los días soleados.

Oí un golpe fuerte, resonó por toda la calle. Dejé ambas tazas de chocolate sobre la repisa y, rápidamente me asomé por la ventana. En cuanto la vi tirada en el suelo, a mis pies les faltó tiempo para salir corriendo por la puerta y caer de rodillas sobre la nieve, con ambas manos puestas en su cara, tratando de que me oyera, al menos, de que respirara. El tío que la había atropellado se había dado a la fuga y la mujer que vio lo ocurrido, llamó a la ambulancia pero Angela no sobrevivió aquel día soleado, aquel día planeado y tampoco se tomó su chocolate caliente con nubes.

Desde entonces, he caminado sin un destino predeterminado, termino en el mismo lugar, en el mismo cementerio frente a su tumba cada mañana, le cuento qué tal ha ido el día, lo raro que se siente el piso sin ella y lo irremplazable que es, por eso no lo alquilo a nadie más. Su cuarto está justo como se lo dejó, la cama sin hacer y su tocador lleno de frases locas que escribía con su pintalabios rojo, la ropa que iba a ponerse ese día sigue sobre su cama, los libros de la Universidad sobre el escritorio, al igual que su portátil y sus relojes, su ropa en el armario sus cuadros colgados en las paredes. Nada había cambiado, salvo que no estaba y que se había quedado el chocolate sobre la repisa de la cocina. Todavía no me atreví a tirarlo, quizá mañana le pregunte si le molesta que lo haga…

Un futuro en el piso de estudiantes de Angela:

No esperaba dejar el piso en un tiempo muy corto, tampoco largo. Había sido nuestro hogar desde el bachillerato y me había salvado del maltrato sufrido con mi padre, la buena vida de mamá viajando por todo el mundo olvidando de que tenía un hijo, era imposible de que me deshiciera de él, estaba casi seguro de que iba a trabajar en un periódico a jornada completa e iba a poder pagarlo casi con seguridad. Estaba repleto de momentos, era como si oyera su voz desde mi cuarto aunque supiera que no era posible.

Seguiré caminando hasta su tumba un día tras otro, me he acostumbrado a su presencia y a ella tampoco creo que le importe, me reconforta y siento que está allí conmigo aunque sepa que está dentro de mi mente. No la olvidaré, tampoco pienso intentarlo. Al llegar a casa, seguiré diciendo: “ya estoy en casa, Angela”.

Publicado en Relatos

Sin Destino:

Todos nos podemos sentir desorientados, desolados y olvidados, alguna vez. Mis pies me llevaban cada día a cruzar el mismo bosque, entre la niebla, para encontrarme de frente con mis miedos, mi pasado y las pérdidas. Me volvía a ver a mí mismo intentando ayudarme de mis piernas y brazos para salir del agua, del ahogamiento que me imponía el destino, aquel del que muy poca gente podía escapar. La aceptación está sobrevalorada cuando se para el tiempo, cuando las horas dejan de ser importantes y comer se convierte en una simple rutina porque el apetito ha desvanecido junto con tus ganas de seguir caminando entre la niebla y el frío.

No siento la cara, tampoco las manos dentro de los guantes de cuero negro, debo tener cuidado de que las piernas no me flaqueen porque tiemblan como nunca antes, causándome cierto desequilibrio. Camino a paso lento, no tengo prisa por llegar donde mi cuerpo me lleva, tampoco quiero mirar la hora o esperar que vaya a ser un día diferente. Tras recibir la negativa de mi jefe de no volver al trabajo hasta que la ayuda psicológica hiciera su efecto, no tenía nada mejor que hacer. Ni mi jefe me soportaba en mis momentos de oscuridad, entre ese leve mareo que caracterizaba cada mañana mientras archivaba papeleo, mientras escribía alguna cronológica o cuando interpretaba una noticia como buena cuando era una bazofia a larga distancia.

Paso las tardes mirando fotos antiguas, recuerdos de cuando podía decir que era feliz aunque siempre añadía que no se es del todo por problemas ajenos a nosotros. Sentí el no haberlos disfrutado, no haber estado más presente, dejar de seguir lo que se debía hacer por lo que realmente quería yo… Observaba la ventana como un idiota mientras llovía volviendo a aquellos momentos de seguridad, compostura, amistad interminable donde creía que nada iba a cambiar y que siempre habría un instante en el que podría preguntar “deberíamos tener una cita, llevamos siendo amigos mucho tiempo, ¿no crees?”, era una apuesta segura que un atropello justo enfrente de nuestra casa la hizo no tan imaginable. Mis pies empezaron a moverse rápidamente hacia la calle para asistirla, mientras mi desesperación provocaba que mis manos no dejaran de temblar y mi voz se quebrara tratando de que abriera los ojos. Nunca lo hizo.

“Hija, amiga y periodista”, eso decidieron escribir en su tumba. Sonaba a broma. La miré como si estuviera frente a mí, un reflejo transparente que disipaba con la niebla pero que insistía porque fuera permanente. Me senté sobre la hierba y continué mirando la inscripción, tratando de entender la importancia de esas palabras viniendo de una familia que nunca la había tenido en cuenta, tan solo vinieron sus hermanos al funeral y, simplemente, desapareció. Cambié las flores amapolas marchitas que dejé hace un par de días por unas rosas rojas despampanantes que le daban mejor aspecto. Estando allí era como si estuviera con ella, en un mismo barco, en una misma riada, en una misma habitación… Simples compañeros de piso que hicieron migas desde la primera sonrisa y que nunca pudieron despedirse tras el último suspiro.


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Without Destiny:

We can all feel disoriented, desolated and forgotten, sometimes. My feet took me every day to cross the same forest, in the fog, to find me head-on with my fears, my past and the losses. I saw myself again trying to help me out of my legs and arms to get out of the water, from the drowning imposed on me by fate, the one from which very few people could escape. Acceptance is overrated when time stops, when hours stop being important and eating becomes a simple routine because appetite has faded along with your desire to keep walking in the fog and the cold.

I can’t feel my face, I don’t feel my hands inside the black leather gloves either, I have to be careful that my legs don’t falter because they tremble like never before, causing me some imbalance. I walk at a slow pace, I’m in no hurry to get to where my body takes me, I don’t want to look at the time either or hope it’s going to be a different day. After receiving my boss’s refusal not to return to work until psychological help had its effect, I had nothing better to do. Even my boss couldn’t stand me in my dark moments, a few times of little dizziness that I characterized every morning while archiving paperwork, while writing some chronological or when I played a news story as good when I was a long-distance slug.

I spend the afternoons looking at old photos, memories of when I could say that I was happy although I always added that it is not entirely because of problems outside of us. I felt that I didn’t enjoy them, I hadn’t been more present, to stop following what was supposed to be done for what I really wanted… I watched the window like an idiot as it rained back to those moments of security, composure, endless friendship where I thought nothing was going to change and that there would always be a moment when I could ask “we should have a date, we’ve been friends for a long time, don’t you think?” it was a sure bet that a hit-and-run right in front of our house made it not so imaginable. My feet began to move quickly into the street to assist her, while my desperation caused my hands to stop shaking and my voice breaking trying to get she opened her eyes. She never did.

“Daughter, friend and journalist,” that’s what they decided to write in her grave. It sounds like a joke. I looked at her as if she were in front of me, a transparent reflection that dissipated with fog but insisted that it be permanent. I sat on the grass and continued to look at the inscription, trying to understand the importance of those words coming from a family that had never taken her as part of their own, only her brothers came to the funeral and she simply disappeared. I traded the withered poppy flowers I left a couple of days ago for some stunning red roses that made it look better. Being there it was as if I were with her, in the same boat, in the same flood, in the same room… Simple roommates who made crumbs from the first smile and could never say goodbye after the last sigh.


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Publicado en Reflexiones

Ama a un Personaje:

Sin los personajes no se crearían historias, ¿verdad? No existirían. Estos forman parte de creaciones de nuestra mente, pasan por diferentes fases y sienten lo que nosotros queramos que sientan en ese preciso momento escrito. Puedes hacerles dormir a altas horas de la madrugada, hacerles ser los mejores escritores de la historia o ser unos verdaderos cinéfilos, incluso, puedes crear a los peores asesinos en serie nunca vistos en la humanidad, si lo prefieres. En ocasiones, los personajes están vistos como una parte de una historia pero en sí, conforman el mismo centro de la misma, desde ellos lo que cuentas tiene sentido, es por lo que debes amar a cada uno que creas como si fuera una persona.

Los personajes que escribimos son, en cierta manera, una extensión de nosotros mismos, en quién nos gustaría convertirnos, qué profesión escogeríamos si fuéramos otra persona, cómo nos gustaría nuestro cuerpo si tuviéramos alternativa de cambiar o qué nos gustaría hacer que nunca hemos hecho. Tenemos una gama de posibilidades infinita en la que podemos mezclarnos a la hora de escribir, podemos combinarla con personalidades de alguien que conocemos o incluir rasgos físicos de alguien importante para nosotros para dejar una huella más profunda en la historia. Son un pequeño camino a lo que nos hace cambiar, a encontrar diferentes perspectivas incluso, a aquello que no le encontramos sentido, a situaciones que se nos escaparían de las manos si nos ocurrieran a nosotros y que podemos apaciguar en sus vidas.

No somos nada sin ellos, no encontraríamos sentido a nuestras historias si no fuera por las sonrisas y las lágrimas que nos traen en cada momento, cuando hemos terminado un relato y nos quedamos mirando y releyendo todo para cerciorarnos de que verdaderamente lo hemos escrito nosotros. Siempre permanecen a nuestro lado, desde libretas donde les escribimos hasta libros que leemos, nos encontramos a personajes únicos, cada uno teniendo su propia vida, personalidad y características, cada uno siendo igual de preciado, por ello, nos dicen que nos sumergimos en un libro que estamos leyendo, pasamos de nuestras vivencias a las del personaje y somos capaces de ver lo que él ve, lo que toca y siente, su forma de caminar y sus reacciones dependiendo de en qué situación esté y su carácter. Nos dan todo lo que necesitamos sin percatarnos si quiera.

Por ello, hay que amarles, mimarles, como si verdaderamente estuvieran con nosotros, son lo más preciado y leal que tenemos a nuestro lado. En este blog tengo el apartado de “Personajes” por esta misma razón, los relatos que escribo aquí no serían lo que son sin ellos, escribo sus vidas, las moldeo y soy poseedora de su futuro, me convierto en cualquiera siempre que quiero y cuando los releo me dan la vida. Los recuerdo a todos con gran cariño y aprecio, como si cabalgaran conmigo en mis buenos y malos momentos, incluso, los que pertenecen a mis antiguos blogs, todos son igual de especiales, fuertes, frágiles, interesantes, fantásticos, sentimentales, fríos, resentidos, mágicos… Nunca me olvido, están a mi lado allá donde voy.

En ocasiones, nos hemos encontrado con un personaje que nos ha cambiado la vida, como puede ser Harry Potter que, a muchos niños les ha mostrado lo que de verdad es la lealtad y el compañerismo. Tenemos a otro muy conocido como es Frodo Bolson, por su increíble valentía y el siempre querer dar su vida por sus amigos. Podría decir muchísimos pero este post no se terminaría nunca. Lo que quiero decir es que forman parte de nosotros y nunca podrían decepcionarnos, nos muestran lecciones de la vida que nada más podría mostrarnoslas, te acercan a mundos que sería imposible que tú mismo te los imaginases y te hacen creer en las cosas que realmente importan en la vida.

Pero recuerda, tanto si los lees como si los escribes, ámalos y nunca te olvides de ellos.


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Love the Characters:

Without the characters, we wouldn’t create stories, would we? They wouldn’t exist. These are part of creations of our minds, they go through different phases and feel what we want them to feel at that very written moment. You can make them sleep in the early hours of the morning, make them the best writers in history or be a real filmmakers, you can even create the worst serial killers ever seen in humanity, if you prefer it. Sometimes the characters are seen as a part of a story but in itself, they make up the very center of it, from them what you write makes sense, is why you must love each one you create as if it were a person.

The characters we write are, in a way, an extension of ourselves, who we would like to become, what profession we would choose if we were someone else, how we would like our body is if we had an alternative to change it or what we would like to do that we have never done. We have an infinite range of possibilities in which we can mingle when writing, we can combine it with personalities of someone we know or include physical traits of someone important to us to leave a deeper mark on history. They are a small path to which it makes us change, to find different perspectives even, to what we do not find meaning, to situations that would slip out of our hands if they happened to us and that we can appease in their lives.

We are nothing without them, we would not find meaning in our stories if it were not for the smiles and tears that they bring to us at every moment, when we have finished a story and we would stare and reread everything to make sure that we have truly written it ourselves. They always remain by our side, from notebooks where we write to books we read, we meet unique characters, each having their own life, personality and characteristics, each being just as precious, so they tell us that we immerse ourselves in a book that we are reading, we go from our experiences to those of the character and we are able to see what he sees, what he touches and feels, how he walks and his reactions depending on what situation you are in and your character. They give us everything we need without even realizing it.

Therefore, we must love them, spoil them, as if they were truly with us, they are the most precious and loyal thing we have by our side. In this blog I have the section of “Characters” for this same reason, the stories I write here would not be what they are without them, I write their lives, I shape them and I own their future, I become anyone whenever I want and when I reread them, they give me life. I remember all of them with great affection and appreciation, as if they were riding with me in my good and bad times, even those who belong to my old blogs, they are all just as special, strong, fragile, interesting, fantastic, sentimental, cold, resentful, magical… I never forget them, they’re by my side wherever I go.

Sometimes, we have encountered a character who has changed our lives, such as Harry Potter who, many children have been shown what loyalty and companionship really is. We have another well known as Frodo Bolson, for his incredible bravery and always wanting to give his life for his friends. I could say a lot of characters more, but this post would never ends. What I mean is that they are part of us and could never disappoint us, show us life lessons that nothing else could show us, bring us closer to worlds that would be impossible for us to imagine ourselves and make us believe in the things that really matter in life.

But remember, whether you read them or write them, love them and never forget them.


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Publicado en Relatos

No lo Sabes:

– No. No lo sabes.

No sabes las atrocidades que he visto. Las miradas inquietas, las sonrisas quedas, sin piedad o compasión tras cada conversación, frialdad, distancia y dolor. Podías oír sus huesos romperse, los gritos, sangre y cuerpos inertes ocupando el centro de la iglesia. No sentía una sola alma palpitante, ni un susurro, ni una palabra lejana proveniente de un “estoy aquí”, tampoco un apoyo. El shock se dispara, mi mente trata de rechazar el suceso y caigo en un espiral de un “no lo entiendo”. Puedo respirar pero no sé hasta cuándo, mis ojos se van adaptando al color rojo que tiñe las paredes, a ver caras sin mueca, desastres entre incertidumbre.

Un mareo. El olor. El estómago revolviéndose. No, no lo sabes. No lo has vivido, tampoco lo has sentido, no has estado en mi piel y en mis cicatrices, ni mucho menos en mi mente. Esto último, considéralo un regalo. No te has encontrado con mis demonios, mis puertas cerradas y la oscuridad que adentran. No sabes el color de mis pensamientos, de mis locuras y las preguntas que guardo para un “quizás más tarde te cuento”. No sabes de mis inquietudes, dudas y constante desesperación por saber qué ocurrirá mañana, cuando trato de resolver un rompecabezas para mantener la mente ocupada y no recordar cómo se rompía cada hueso de mi cuerpo tras la transformación. No sabes mis miedos, mis esperanzas, mis pesadillas después de cada muerte.

No sabes lo que yo sé. No entiendes lo que yo entiendo. Y no les oyes. Esos susurros que acechan cada noche en cada habitación, en cada rincón de una mansión silenciada, de una soledad hiriente y flores marchitas. No sabes de los paseos en coche a altas horas de la madrugada para no pensar, de los días grises y las noches de Luna Llena. Esas noches donde descubres quién eres, qué eres y quién será el siguiente, visto entre borrosas imágenes y sin saber si quiera su nombre. No sabes las preguntas que te haces al despertar en medio de ninguna parto con un cuerpo inerte a tu lado y no recordar lo que ha ocurrido, tampoco sabes el arrepentimiento que perfora tu pecho y te deja sin aliento cuando descubres que has sido tú una vez más.

Quiénes andamos solos, encontramos sombras, malos momentos, irrompibles recuerdos. Nadie nos sostiene mientras caemos, luchamos mientras nuestros dedos se vuelven garras y los dientes colmillos, sabiendo que tendremos otra noche movidita de la que volver desnudos a casa. Las ropas raídas y la pequeña resaca, mostrada en sangre recorriendo las comisuras de los labios, un cansancio horrible y dolor en cada parte del cuerpo. Te destroza el alma y no sabes cuántas horas necesitarás de sueño. Empiezas a entender que eres fuerte pero sigues teniendo una parte humana que sigue sintiendo, extasiada, mientras caminas a rastras hasta tu casa para tirarte en la cama sin ponerte el despertador, tan solo buscando dormir y encontrar cierto confort entre las sábanas de seda que te esperan.

No. No sabes quiénes son los que lo hicieron. No sabes nada. Porque no estuviste allí, no les viste, sentiste y oíste. Mordían y arrancaban la carne de aquella gente como si de muñecos se tratara, pequeñeces en comparación a sus destrezas, rapidez y fuerza, a sus colmillos y cambios, sus ojos inyectados en sangre y ese poder que no podían evitar que saliera de su ego. Ese placer mientras la sangre embadurnada sus bocas, mientras se relamían como gatos al terminar su comida. Parecían hambrientos, sedientos de sangre y violencia, llenos de odio, no eran llamados a la consciencia, al dudar de si lo que estaban haciendo no era excesivo. Parecían no sentir. No entender. No comprobar dos veces. Dejando las paredes bañadas en sangre sin remordimiento, yéndose tras haberse dado un buen festín justo en la casa de Dios.

No. No sabes quiénes somos. Quiénes fuimos y en qué nos convertiremos. Si corremos junto a una manada o caminaremos a paso lento entre una oscuridad combinada con tristeza, colmada de violencia e incertidumbre al no saber qué puedes llegar a hacer en la siguiente Luna Llena.

– No. No lo sabes.


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You Don’t Know:

– No. You don’t know.

You don’t know the atrocities I’ve seen. Restless glances, smiles remain, merciless or compassionless behind every conversation, coldness, distance and pain. You could hear their bones breaking, screaming, blood and inert bodies occupying the center of the church. I didn’t feel a single throbbing soul, a whisper, not a distant word coming from a “I’m here,” not a support. The shock soars, my mind tries to reject the event and I fall into a spiral of a “I don’t get it.” I can breathe but I don’t know how long, my eyes adapt to the red color that stains the walls, to see faces without grimace, disasters between uncertainty.

Dizziness. The smell. Stomach wallowing. No, you don’t know. You haven’t lived it, you haven’t felt it either, you haven’t been on my skin and my scars, let alone in my mind. The latter, consider it a gift. You haven’t met my demons, my locked doors and the darkness that go in. You don’t know the color of my thoughts, my follies and the questions I keep for a “maybe later I’ll tell you.” You don’t know about my concerns, doubts and constant desperation to know what’s going to happen tomorrow, when I try to solve a puzzle to keep my mind busy and not remember how every bone in my body broke after a transformation. You don’t know my fears, my hopes, my nightmares after every killing.

You don’t know what I know. You don’t understand what I understand. And you can’t hear them. Those whispers lurking every night in every room, in every corner of a silenced mansion, of hurtful loneliness and withered flowers. You don’t know about late-morning drives so you don’t think about gray days and Full Moon nights. Those nights where you find out who you are and who will be the next victim, seen between blurry images and not knowing if you want to know their name. You don’t know the questions you ask yourself when you wake up in the middle of nowhere with an inert body by your side and not remember what happened, you also don’t know the regret that pierces your chest and leaves you breathless when you find out it was you once again.

Those of us who walk alone find shadows, bad times, unbreakable memories. No one holds us as we fall, we fight as our fingers become claws and fangs, knowing that we will have another busy night from which to return home naked. The cracked clothes and the small hangover, shown in blood walking through the corner of the lips, horrible tiredness and pain in each part of the body. It shatters your soul and you don’t know how many hours you’ll need of sleep. You begin to understand that you are strong but still have a human part that still feels, ecstatic, as you walk to your house to lie in bed without setting the alarm clock, just looking to sleep and find some comfort among the silk sheets that await for you.

No. You don’t know who did it. You don’t know anything. Because you weren’t there, you didn’t see them, you didn’t feel and heard them. They bit and ripped off the flesh of those people as if they were dolls, small things compared to their skills, speed and strength, their fangs and changes, their eyes injected in blood and that power that could not prevent them from coming out of their ego. That pleasure as the blood smeared their mouths, while they were beathed like cats at the end of their meal. They seemed hungry, thirsty for blood and violence, full of hatred, were not called to consciousness, doubting whether what they were doing was not excessive. They didn’t seem to feel. Don’t understand. Don’t double-check. Leaving the walls bathed in blood without remorse, leaving after having given a good feast right in the house of God.

No. You don’t know who we are. Who we were and what we will become. If we run alongside a pack or walk slowly through a darkness combined with sadness, filled with violence and uncertainty by not knowing what you can do on the next Full Moon.

– No. You don’t know.


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Publicado en Personajes

Steven: El Testigo

Relato procedente:El Acantilado“. Edad: 25 años.

Ciudad: Nueva Jersey. Ocupación: Aspirante a bombero.

Descripción física:

Cabello negro, lacio, algo largo pero no demasiado, lo suficiente como para que me tapara las ojeras, siempre he odiado tenerlas de soplillo. Ojos marrones, oscuro, algunas chicas que he conocido siempre me han dicho que atraen a la reflexión, a la calma y que tienden a ser profundos, la verdad, no lo sé, pero algo harán si la gente pone tanto enfoque en ellos, ¿no? Piel blanca, casi siempre algo seca, con necesidad de crema en cualquier parte del cuerpo, en búsqueda de productos orgánicos que hicieran que cuidara mejor la piel. Labios algo gruesos, algo que siempre me ha dado un poco igual, nunca los he utilizado para mucho más que para comer. Cuerpo esbelto pero no muy atlético, el ir al gimnasio siempre fue una tarea pendiente pero no me llamó la atención, así que, mis huesos tendían a sonar mientras andaba o me agachaba, un tanto incómodo y embarazoso pero oye, ¿qué más podía hacer?

Descripción de la personalidad:

Siempre me ha gustado dar consejos, pero jamás estar en la línea de fuego. Me atrae observar desde la distancia, apuntar notas mentales mientras me escondo entre la gente, a decir verdad, no he sido demasiado sociable, aunque lo he intentado. He sido un lobo solitario, testigo de las acciones ajenas pero nunca el protagonista, alejado del bullicio y las malas compañías, confío en la gente pero, a la vez, no apostaría ni un dólar por nadie, lo cual, me deja en un soñador que prefiere equilibrar su mundo que formar parte del de los demás. He sido un tipejo nervioso, miedoso y el colón irritable no me dejaba vivir ciertos días, propenso a las pesadillas y a los rechazos, desesperado por perder la virginidad mientras las chicas se perdían en mis ojos buscando en mí solo a un amigo al que contarle sus penas, “hello, friendzone“.

Desconectado:

Siempre he estado solo. Hogares de acogida. Callado, empujado a permanecer a un lado, sin hacer preguntas, tampoco poner excusas y haciendo lo que me pedían que hiciera, hasta que terminaran muriendo en un accidente de coche, cayendo por un precipicio, un día gris, lluvioso y traspasando una carretera resbaladiza. Recuerdo haber cogido el teléfono a las 03:00am, la noticia me impactó pero no me sorprendió. No moví ni un músculo de mi cara al escuchar lo que dijo la policía, mientras me decían que, al ser mayor de edad podía elegir vivir en otro lado y no volver al orfanato. Así lo hice. Nadie supo de mí, ni de mi pasado, tampoco conocía a personas diariamente, las evitaba e ignoraba, mi vida era completo silencio.

Pasara lo que pasase, nadie me echaría de menos. Nadia sabría dónde estaba o me pediría explicaciones de adónde iba o por qué, no tenía redes sociales, tampoco las necesitaba, ni móvil ni número de teléfono. Pagaba el alquiler de un piso que no era muy caro, trabajando en la tienda de abajo, un quiosco con no demasiada gente, atendiendo a idiotas y fumando entre horas, a pesar de querer cumplir uno de mis mayores sueños: ser bombero, una idea estúpida viniendo de alguien tan cobarde, ni siquiera lo tenía como opción, solo como una aspiración o un deseo frustrado. Una vida de robot. Una vida para sobrevivir. Recuerdo sonreír mientras veía películas, escuchaba música o, simplemente, estando tirado en el sofá mirando el techo, recuerdo sentir la libertad mientras no había nadie alrededor, no había placer mayor que ese.

Testigo de un asesinato:

Supongo que aquí se torció todo. Mi vida pasó de ser aburrida e insignificante a importante y con la necesidad de ser cazado hasta la muerte. Tan solo vi a un tío alto, con un sombrero de color beis, una gabardina negra que le llegaba hasta las rodillas, con la cara casi tapada, unos pantalones tejanos y unos mocasines negros, imponente, esperando a un chaval que se acercaba para traerle un USB. El chico no parecía estar muy bien de salud, larguirucho, muy delgado, ansioso, se movía de un lado a otro, sus manos temblaban y sus ojos le caían, mientras le entregaba lo que su futuro asesino necesitaba para a saber qué fin. Le dio dos disparos en la espalda cuando el chico se disponía a alejarse del que fuese el trato que tuviese con él, quizá fuese un último trabajo, quizá el penúltimo a cambio de algo, no tenía ni la menor idea, pero no parecía lícito.

En cuanto vi aquello, me levanté de donde me encontraba, detrás de un coche escondido, ese hombre no me provocó la confianza suficiente como para cruzar esa calle y, por no cruzarla en su momento, tuve que escapar de lo que fue un asesinato a sangre fría en toda regla. Quizá me vio alejarme y no consiguió determinar un blanco en mi espalda, tal como hizo con el chaval que yacía inerte en el suelo a unos centímetros de él, y no pudo hacerse con el testigo que podría descubrir todos sus planes, quizá ir a la policía o encontrar una forma de identificarle. Lo único que puedo asegurar es que fue una experiencia devastadora, estuve planteándome durante días qué hacer con lo que había presenciado, cómo quitarlo de mi cabeza, cómo dejar que simplemente pasara sin más.

El callármelo durante meses, tan solo hizo que mi colon y mis migrañas se volvieran más intensas, que no pudiera ir al baño en tres días o que las náuseas me hicieran detestar la comida, tratando de ignorar mis pensamientos por un momento, dejando a ese chico olvidado por mi propio bien, no sabía cuán peligroso podía ser aquello, así que, como buen cobarde, me eché a un lado sin comentarlo a nadie.

Una corrida por el bosque:

Recuerdo estar asustado. Mi respiración entrecortada. El cansancio. El bosque. El acantilado. Siendo que nada de eso era tan importante. Unos días antes tuve una sensación indescriptible, como si algo fuera a ocurrir, denotando un temor que se movía por todo mi cuerpo, como hormigas correteando para buscar comida y esconderse. Pensé que eran tonterías, invenciones de una mente amenazada por la aparición de ese hombre de gabardina y sombrero que vi en el callejón, empezando a habituarme a esa constante vena maníaca y obsesiva de la que, durante meses no había podido deshacerme.

Vi a un chico con la máscara de V de “Vendetta” observarme desde lejos, en la gasolinera donde había parado a repostar. Caminó algo rápido hacia mí, de una manera tan decidida que supe que venía a matarme, el arma que llevaba consigo no podría engañar a nadie. Eché a correr hacia el bosque sin siquiera pensar si habría una salida, mientras el corría tras de mí, una sudadera con capucha, pantalones cortos y unas deportivas hechas para corredores, le bastaron para cogerme, yo no era ni siquiera competición para él, estaba claro quién ganaría la carrera y el trofeo que tenía que ver con dos balas chocar contra mi pecho mientras mi cuerpo se dejaba caer por el precipicio. ¿La verdad? Ese chico tenía agallas, era fuerte, con coraje al apuntar el arma hacia alguien indefenso y decidir terminar un trabajo que, seguramente, empezó días atrás cuando le mandaron matarme, mi destino estuvo escrito desde ese preciso momento.

Quizá fui poca cosa y nadie notó la diferencia con mi existencia pero, al menos, fui importante y una amenaza para alguien que se podría considerar poderoso. Yo no era ningún talismán, alguien famoso o con ganas de ver la vida de color de rosa, sabía que era simplemente un vendedor en un quiosco, totalmente reemplazable y que nadie me echaría de menos si no respirase, supongo que ellos también lo comprobaron, no querrían que nadie hiciera preguntas. Parecía tonto pero podía saber el resultado de dos más dos, ¿verdad? Quizá mi siguiente vida resultara más interesante, ¿quién sabe?

Un futuro de soledad:

Dicen que cuando estás muerto, estás en paz. Sigues en el mundo de los vivos mientras ellos no lo saben, mientras no encajan bien sus mentiras. Dicen que, a veces, es hermoso ver un prado, el sol y tus ganas de correr y sentirte libre, como muchos otros lo han hecho. Pero no comentan sobre el silencio. Sobre la agonía que supone vivir enjaulado, entre telarañas y podedumbre, entre oscuridad. Les ves a tu alrededor riendo, gritando o comiéndose una galleta, mientras tratas de conversar con ellos y ves que no obtienes respuesta, ni siquiera una mirada. No dicen lo apartado del mundo que llegas a sentirte.

Mi antiguo jefe ya tiene un nuevo dependiente. Alto, con barba y con la costumbre de llevar camisetas de cuadros, como los pueblerinos que parece que nunca tengan ropa limpia y decente que ponerse. No me gusta cómo atiende, tu pasotismo ataca a mi inteligencia y se llega a sentir ofendida, aunque quiera gritarle, no me escucha, aunque quiera conducir, mis manos no son capaces de agarrar el volante, ni siquiera de mirarme a un espejo. Vi cómo quemaban mi cuerpo en el bosque, como si jamás hubiera ocurrido, para que nadie me encontrara o hiciera preguntas, un punto y final a alguien que nunca existió.


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