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Sin Destino:

Todos nos podemos sentir desorientados, desolados y olvidados, alguna vez. Mis pies me llevaban cada día a cruzar el mismo bosque, entre la niebla, para encontrarme de frente con mis miedos, mi pasado y las pérdidas. Me volvía a ver a mí mismo intentando ayudarme de mis piernas y brazos para salir del agua, del ahogamiento que me imponía el destino, aquel del que muy poca gente podía escapar. La aceptación está sobrevalorada cuando se para el tiempo, cuando las horas dejan de ser importantes y comer se convierte en una simple rutina porque el apetito ha desvanecido junto con tus ganas de seguir caminando entre la niebla y el frío.

No siento la cara, tampoco las manos dentro de los guantes de cuero negro, debo tener cuidado de que las piernas no me flaqueen porque tiemblan como nunca antes, causándome cierto desequilibrio. Camino a paso lento, no tengo prisa por llegar donde mi cuerpo me lleva, tampoco quiero mirar la hora o esperar que vaya a ser un día diferente. Tras recibir la negativa de mi jefe de no volver al trabajo hasta que la ayuda psicológica hiciera su efecto, no tenía nada mejor que hacer. Ni mi jefe me soportaba en mis momentos de oscuridad, entre ese leve mareo que caracterizaba cada mañana mientras archivaba papeleo, mientras escribía alguna cronológica o cuando interpretaba una noticia como buena cuando era una bazofia a larga distancia.

Paso las tardes mirando fotos antiguas, recuerdos de cuando podía decir que era feliz aunque siempre añadía que no se es del todo por problemas ajenos a nosotros. Sentí el no haberlos disfrutado, no haber estado más presente, dejar de seguir lo que se debía hacer por lo que realmente quería yo… Observaba la ventana como un idiota mientras llovía volviendo a aquellos momentos de seguridad, compostura, amistad interminable donde creía que nada iba a cambiar y que siempre habría un instante en el que podría preguntar “deberíamos tener una cita, llevamos siendo amigos mucho tiempo, ¿no crees?”, era una apuesta segura que un atropello justo enfrente de nuestra casa la hizo no tan imaginable. Mis pies empezaron a moverse rápidamente hacia la calle para asistirla, mientras mi desesperación provocaba que mis manos no dejaran de temblar y mi voz se quebrara tratando de que abriera los ojos. Nunca lo hizo.

“Hija, amiga y periodista”, eso decidieron escribir en su tumba. Sonaba a broma. La miré como si estuviera frente a mí, un reflejo transparente que disipaba con la niebla pero que insistía porque fuera permanente. Me senté sobre la hierba y continué mirando la inscripción, tratando de entender la importancia de esas palabras viniendo de una familia que nunca la había tenido en cuenta, tan solo vinieron sus hermanos al funeral y, simplemente, desapareció. Cambié las flores amapolas marchitas que dejé hace un par de días por unas rosas rojas despampanantes que le daban mejor aspecto. Estando allí era como si estuviera con ella, en un mismo barco, en una misma riada, en una misma habitación… Simples compañeros de piso que hicieron migas desde la primera sonrisa y que nunca pudieron despedirse tras el último suspiro.


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Without Destiny:

We can all feel disoriented, desolated and forgotten, sometimes. My feet took me every day to cross the same forest, in the fog, to find me head-on with my fears, my past and the losses. I saw myself again trying to help me out of my legs and arms to get out of the water, from the drowning imposed on me by fate, the one from which very few people could escape. Acceptance is overrated when time stops, when hours stop being important and eating becomes a simple routine because appetite has faded along with your desire to keep walking in the fog and the cold.

I can’t feel my face, I don’t feel my hands inside the black leather gloves either, I have to be careful that my legs don’t falter because they tremble like never before, causing me some imbalance. I walk at a slow pace, I’m in no hurry to get to where my body takes me, I don’t want to look at the time either or hope it’s going to be a different day. After receiving my boss’s refusal not to return to work until psychological help had its effect, I had nothing better to do. Even my boss couldn’t stand me in my dark moments, a few times of little dizziness that I characterized every morning while archiving paperwork, while writing some chronological or when I played a news story as good when I was a long-distance slug.

I spend the afternoons looking at old photos, memories of when I could say that I was happy although I always added that it is not entirely because of problems outside of us. I felt that I didn’t enjoy them, I hadn’t been more present, to stop following what was supposed to be done for what I really wanted… I watched the window like an idiot as it rained back to those moments of security, composure, endless friendship where I thought nothing was going to change and that there would always be a moment when I could ask “we should have a date, we’ve been friends for a long time, don’t you think?” it was a sure bet that a hit-and-run right in front of our house made it not so imaginable. My feet began to move quickly into the street to assist her, while my desperation caused my hands to stop shaking and my voice breaking trying to get she opened her eyes. She never did.

“Daughter, friend and journalist,” that’s what they decided to write in her grave. It sounds like a joke. I looked at her as if she were in front of me, a transparent reflection that dissipated with fog but insisted that it be permanent. I sat on the grass and continued to look at the inscription, trying to understand the importance of those words coming from a family that had never taken her as part of their own, only her brothers came to the funeral and she simply disappeared. I traded the withered poppy flowers I left a couple of days ago for some stunning red roses that made it look better. Being there it was as if I were with her, in the same boat, in the same flood, in the same room… Simple roommates who made crumbs from the first smile and could never say goodbye after the last sigh.


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Un Nombre:

Leyendo el periódico durante horas y ya me había dado cuenta de que todavía no me habían puesto un nombre. Habían encontrado al periodista muerto en medio de la plaza de la ciudad pero, todavía no tenía un nombre. Durante estos días tan solo han dedicado los titulares al tal Doyle Hichman, a sus hijos y a su ex mujer que casi muere de un infarto al enterarse de que el ricachón la había palmado, menuda sorpresa. Pero yo, tan solo quería un nombre. Fantaseaba con cuál podría ser, la Policía siempre era muy creativa cuando tenía que ver con casos de asesinato y, mucho más, cuando eran de carácter profesional. Este lo fue. Tan solo dejé el cadáver en medio de la calle por puro aburrimiento, el tío para el que trabajo estará a punto de llamarme para echarme la bronca… ¿o no? Ni idea. Creo que este periódico no atiende a los verdaderos detalles.

¿Sería la gata salvaje? Nah, parece de telenovela. ¿La mujer de negro? Nunca me han visto, no podrían determinar el color. ¿Pluma sangrienta? Nah, eso tenía que ver con el muerto, yo solamente hice lo que debía hacer para que mi cuenta del banco creciera a medio millón más. Debía ser algo con dos palabras, pegadizo, algo que les hiciese recordar el caso… ¿muerte en el callejón? Tipicazo. Ajj, podría estar así todo el día. Tiré el periódico a un lado del sofá y vi que me había llegado un mensaje del que me contrató: “¿Estás loca? ¿Has dejado el cadáver en medio de la calle más transitada de Brooklyn? ¡El trato incluía discreción! Ahora mismo estoy dudando de tu profesionalidad. ¡Llámame!”. Ups, esa había sido yo. Era un exagerado, él me contrata para que mate a un periodista que indagaba en sus asuntos mafiosos y ahora me viene con gilipolleces, ¿quién es aquí el poco discreto? El que me llama a mi teléfono privado diciendo “llámame”, dios, los hombres nunca aprenden.

Encendí la tele. Todo tenía que ver con Hichman, era aburrido. Puse los ojos en blanco y la apagué, a la vez que sonó la puerta de la habitación del hotel, me acerqué a ella con cuidado con una mano puesta en el arma que tenía sujeta en la pierna derecha. Al abrir, me topé con el idiota que me había dejado el mensaje con una Glock apuntándome en la cabeza, entrando en mi piso como si fuera su casa. Se cerró la puerta tras él y nos plantamos en el salón, si hubiera sabido que iba a tener visita, hubiera arreglado ese desastre, tenía braguitas y sujetadores por todas partes… ups.

– ¡Te dije que necesitábamos discreción, no una hoguera en medio del pueblo!

– ¿Una hoguera? Pensaba que era un muerto…

– No juegues conmigo, Gloria. Un trato es un trato, no has cumplido tu parte – su voz era aún más seria pero, todavía podía sacar partido de la conversación -.

– El trato era matarle y está muerto, me habéis pagado y yo me voy por donde he venido, no encontrarán nada – respondí, despreocupada – No seas tan dramático.

– ¿Dramático yo? ¡Reza para que los federales no llamen a nuestra puerta! – empezaba a bajar el arma, aunque seguía nervioso -.

– No te lo tengas tan creído, no eres tan guapo – le guiñé un ojo, algo coqueta, no me mataría ni aunque le pagasen -.

– ¡Joder, Gloria!

En cuanto me di cuenta, habíamos acabado en la cama. El tío se movía bien aunque fuese idiota, todo había que decirlo… Me fumé un cigarrillo y entró una noticia nueva en mi teléfono: “¿Acechará la Dama Oscura de nuevo?”. La Dama Oscura, ¿eh? Me gusta. Sonreí a la vez que recogía mis cosas y salía del hotel, mientras dejaba al señor dramas roncando en la cama, le echarían a patadas, tendría un despertar más que marchoso y vendría a matarme. ¡Hasta la vista Brooklyn!


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A Name:

Reading the newspaper for hours and I had already realized that I didn’t have a name yet. They had found the journalist dead in the middle of the city square but I still didn’t have a name. During these days they have only dedicated the headlines to Doyle Hichman, his children and his ex-wife who almost died of a heart attack when she heard the news that the rich guy had been murdered, what a surprise! But I just wanted a name. Fantasizing what it might be, the police were always very creative when it had to do with murder cases and, much more, when they were professional in nature. This one was. I just left the body in the middle of the street out of sheer boredom, the guy I work for is about to call me to tease me… won’t he? I have no idea. I don’t think this newspaper gets the correct details.

Would it be the wild cat? Nah, it looks like a soap opera. The woman in black? They’ve never seen me, they couldn’t determine the color. Bloody feather? Nah, that had to do with the dead man, I just did what I had to do to get my bank account to grow to half a million more. It must have been something with two words, catchy, something that made them remember the case… death in the alley? That’s tipical. Ajj, I could be like this all day. I threw the newspaper to the side of the couch and saw that I had got a message from the guy who hired me: “Are you crazy? Did you leave the body in the middle of Brooklyn’s busiest street? The deal included discretion! Right now I’m doubting your professionalism. Call me!” Ups, that was me. It was an exaggeration, he hires me to kill a journalist who investigated his mafia affairs and now he blames me, who is here the little discreet? Whoever calls me on my private phone saying “call me”. God, men never learn.

I turned on the TV. Everything had to do with Hichman, it was boring. I turned my eyes blank and turned it off, while the door of the hotel room stood, I approached it carefully with a hand placed on the gun that was holding on my right leg. When I opened up, I ran into the idiot who left me the message with a Glock pointing at my head, coming into my apartment like it was his house. The door was closed behind him and we stood in the living room, if I had known I was going to have a visitor, I would have arranged that disaster, I had panties and bras everywhere… Ups.

– I told you we needed discretion, not a bonfire in the middle of town!

– A bonfire? I thought it was a dead man…

– Don’t play with me, Gloria. A deal is a deal, you haven’t done your part – his voice was even more serious but, I could still take advantage of the conversation -.

– The deal was to kill him and he’s dead, you paid me and I’m going where I came from, they won’t find anything -I answered, carefree – Don’t be so dramatic.

– Dramatic me? Pray the feds don’t knock on our door! – he was starting to put the gun down, even though he was still nervous -.

– Don’t keep it so believful, you’re not so handsome – I winked at him, flirting a little, he wouldn’t kill me even if someone paid him -.

– Damn it, Gloria!

As soon as I realized, we ended up on bed. The guy moved well even being an idiot, everything had to be said… I smoked a cigarette and good news came in on my phone: “Will the Dark Lady lurk again?” Dark Lady, huh? I like it. I smiled at the same time as I picked up my things and left the hotel, as I left Mr. Dramas snoring in bed, when the cleaners kicked him out, he gonna have a more than a withered awakening and I’m sure he gonna come to kill me. See you soon, Brooklyn!


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No lo Sabes:

– No. No lo sabes.

No sabes las atrocidades que he visto. Las miradas inquietas, las sonrisas quedas, sin piedad o compasión tras cada conversación, frialdad, distancia y dolor. Podías oír sus huesos romperse, los gritos, sangre y cuerpos inertes ocupando el centro de la iglesia. No sentía una sola alma palpitante, ni un susurro, ni una palabra lejana proveniente de un “estoy aquí”, tampoco un apoyo. El shock se dispara, mi mente trata de rechazar el suceso y caigo en un espiral de un “no lo entiendo”. Puedo respirar pero no sé hasta cuándo, mis ojos se van adaptando al color rojo que tiñe las paredes, a ver caras sin mueca, desastres entre incertidumbre.

Un mareo. El olor. El estómago revolviéndose. No, no lo sabes. No lo has vivido, tampoco lo has sentido, no has estado en mi piel y en mis cicatrices, ni mucho menos en mi mente. Esto último, considéralo un regalo. No te has encontrado con mis demonios, mis puertas cerradas y la oscuridad que adentran. No sabes el color de mis pensamientos, de mis locuras y las preguntas que guardo para un “quizás más tarde te cuento”. No sabes de mis inquietudes, dudas y constante desesperación por saber qué ocurrirá mañana, cuando trato de resolver un rompecabezas para mantener la mente ocupada y no recordar cómo se rompía cada hueso de mi cuerpo tras la transformación. No sabes mis miedos, mis esperanzas, mis pesadillas después de cada muerte.

No sabes lo que yo sé. No entiendes lo que yo entiendo. Y no les oyes. Esos susurros que acechan cada noche en cada habitación, en cada rincón de una mansión silenciada, de una soledad hiriente y flores marchitas. No sabes de los paseos en coche a altas horas de la madrugada para no pensar, de los días grises y las noches de Luna Llena. Esas noches donde descubres quién eres, qué eres y quién será el siguiente, visto entre borrosas imágenes y sin saber si quiera su nombre. No sabes las preguntas que te haces al despertar en medio de ninguna parto con un cuerpo inerte a tu lado y no recordar lo que ha ocurrido, tampoco sabes el arrepentimiento que perfora tu pecho y te deja sin aliento cuando descubres que has sido tú una vez más.

Quiénes andamos solos, encontramos sombras, malos momentos, irrompibles recuerdos. Nadie nos sostiene mientras caemos, luchamos mientras nuestros dedos se vuelven garras y los dientes colmillos, sabiendo que tendremos otra noche movidita de la que volver desnudos a casa. Las ropas raídas y la pequeña resaca, mostrada en sangre recorriendo las comisuras de los labios, un cansancio horrible y dolor en cada parte del cuerpo. Te destroza el alma y no sabes cuántas horas necesitarás de sueño. Empiezas a entender que eres fuerte pero sigues teniendo una parte humana que sigue sintiendo, extasiada, mientras caminas a rastras hasta tu casa para tirarte en la cama sin ponerte el despertador, tan solo buscando dormir y encontrar cierto confort entre las sábanas de seda que te esperan.

No. No sabes quiénes son los que lo hicieron. No sabes nada. Porque no estuviste allí, no les viste, sentiste y oíste. Mordían y arrancaban la carne de aquella gente como si de muñecos se tratara, pequeñeces en comparación a sus destrezas, rapidez y fuerza, a sus colmillos y cambios, sus ojos inyectados en sangre y ese poder que no podían evitar que saliera de su ego. Ese placer mientras la sangre embadurnada sus bocas, mientras se relamían como gatos al terminar su comida. Parecían hambrientos, sedientos de sangre y violencia, llenos de odio, no eran llamados a la consciencia, al dudar de si lo que estaban haciendo no era excesivo. Parecían no sentir. No entender. No comprobar dos veces. Dejando las paredes bañadas en sangre sin remordimiento, yéndose tras haberse dado un buen festín justo en la casa de Dios.

No. No sabes quiénes somos. Quiénes fuimos y en qué nos convertiremos. Si corremos junto a una manada o caminaremos a paso lento entre una oscuridad combinada con tristeza, colmada de violencia e incertidumbre al no saber qué puedes llegar a hacer en la siguiente Luna Llena.

– No. No lo sabes.


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You Don’t Know:

– No. You don’t know.

You don’t know the atrocities I’ve seen. Restless glances, smiles remain, merciless or compassionless behind every conversation, coldness, distance and pain. You could hear their bones breaking, screaming, blood and inert bodies occupying the center of the church. I didn’t feel a single throbbing soul, a whisper, not a distant word coming from a “I’m here,” not a support. The shock soars, my mind tries to reject the event and I fall into a spiral of a “I don’t get it.” I can breathe but I don’t know how long, my eyes adapt to the red color that stains the walls, to see faces without grimace, disasters between uncertainty.

Dizziness. The smell. Stomach wallowing. No, you don’t know. You haven’t lived it, you haven’t felt it either, you haven’t been on my skin and my scars, let alone in my mind. The latter, consider it a gift. You haven’t met my demons, my locked doors and the darkness that go in. You don’t know the color of my thoughts, my follies and the questions I keep for a “maybe later I’ll tell you.” You don’t know about my concerns, doubts and constant desperation to know what’s going to happen tomorrow, when I try to solve a puzzle to keep my mind busy and not remember how every bone in my body broke after a transformation. You don’t know my fears, my hopes, my nightmares after every killing.

You don’t know what I know. You don’t understand what I understand. And you can’t hear them. Those whispers lurking every night in every room, in every corner of a silenced mansion, of hurtful loneliness and withered flowers. You don’t know about late-morning drives so you don’t think about gray days and Full Moon nights. Those nights where you find out who you are and who will be the next victim, seen between blurry images and not knowing if you want to know their name. You don’t know the questions you ask yourself when you wake up in the middle of nowhere with an inert body by your side and not remember what happened, you also don’t know the regret that pierces your chest and leaves you breathless when you find out it was you once again.

Those of us who walk alone find shadows, bad times, unbreakable memories. No one holds us as we fall, we fight as our fingers become claws and fangs, knowing that we will have another busy night from which to return home naked. The cracked clothes and the small hangover, shown in blood walking through the corner of the lips, horrible tiredness and pain in each part of the body. It shatters your soul and you don’t know how many hours you’ll need of sleep. You begin to understand that you are strong but still have a human part that still feels, ecstatic, as you walk to your house to lie in bed without setting the alarm clock, just looking to sleep and find some comfort among the silk sheets that await for you.

No. You don’t know who did it. You don’t know anything. Because you weren’t there, you didn’t see them, you didn’t feel and heard them. They bit and ripped off the flesh of those people as if they were dolls, small things compared to their skills, speed and strength, their fangs and changes, their eyes injected in blood and that power that could not prevent them from coming out of their ego. That pleasure as the blood smeared their mouths, while they were beathed like cats at the end of their meal. They seemed hungry, thirsty for blood and violence, full of hatred, were not called to consciousness, doubting whether what they were doing was not excessive. They didn’t seem to feel. Don’t understand. Don’t double-check. Leaving the walls bathed in blood without remorse, leaving after having given a good feast right in the house of God.

No. You don’t know who we are. Who we were and what we will become. If we run alongside a pack or walk slowly through a darkness combined with sadness, filled with violence and uncertainty by not knowing what you can do on the next Full Moon.

– No. You don’t know.


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Alas Blancas:

Érase una vez, un hada. Destinada a estar encerrada en una botella por el resto de sus días, sin una oportunidad de explicarse ante sus hermanas. La tiraron al mar para que se perdiera, para que dejara de alzar su voz y utilizar su magia para hacer el bien, algo que empezaba a estar muy mal visto entre su poblado, alguien que no quería sacrificar vidas humanas para satisfacer la suya propia, creando caos y ayudando a resurgir la magia negra, algo que los padres de Lara lucharon por enterrar para que nunca más ningún hada quisiera corromperse por ese poder.

Sus pequeñas alas empezaron a resquebrajarse poco a poco, las hermanas le habían quitado la magia que poseía desde que nació, desterrada y marchita. Llevaba intentando escapar más tiempo del que habría querido y no existía salida, era una botella sellada con magia. Estaba perdida. Recordó sus risas mientras le daban golpes, la abucheaban y la destinaban a permanecer olvidada, incluso, amando el reino de las hadas más que ninguna otra cosa en el mundo. Recordó sus miradas de satisfacción, aquella determinación que no podía asustarla más y esa condena al no querer cometer los mismos actos atroces que ellas. No pudo quitarse de la cabeza durante meses los gritos, la sangre, la masacre que desataron a través de ciudades repletas de gente inocente. Se volvieron demonios con almas oscuras y sus corazones susurraban “piedad”.

Se sentó una vez más, en el centro de la botella perdida. Se zarandeaba mucho pero esto no le importó para mantenerse conectada con la madre Tierra, con su espíritu y la magia que, algún día residió dentro de ella. Cerró los ojos, inspiró y expiró. Una y otra vez. Nadie pudo derrotarla cuando los hombres lobos quisieron conquistar los bosques, tampoco las brujas, que intentaron absorber su magia para dejarlas sin nada, ni mucho menos, los gigantes que, tan solo querían ver a “esos pequeños bichejos” muertos, los cambiaformas no tuvieron nada que hacer en cuanto dejó claro que estaban allí para defender lo que era suyo y nadie les quitaría lo que habían conseguido con tanto esfuerzo y, por descontado, los humanos echaron dos pasos hacia atrás cuando contemplaron su pureza, su fuerza y el poder que albergaba. Todos ellos prefirieron la paz antes que ser derrotados sin un ápice de duda y, todo ello, lo consiguió con esa luz que salía de su pecho cada vez que se sentaba y respiraba hondo.

Esta vez, sí era fuerte. Su cabeza cayó hacia atrás, sus alas empezaron a extenderse poco a poco y la botella a romperse. Recordó a sus padres cuando le dijeron que era la única que podía controlar los bosques y que debía ser fuerte. La luz en su pecho se iluminó más. Recordó a aquellos niños que jugaban con las flores, subidos a los árboles intentando llamar la atención de sus mayores, las grandes cenas, las conversaciones de cama con sus hermanas, las preocupaciones, que fueron muchas… El cristal, al fin, se rompió en dos y la luz volvió a entrar en su pecho, dejándola exhausta con ambas piernas tocando el agua y sus alas por fin curadas. El aire chocó contra su cara, era la mejor sensación que había tenido en años, el agua fría la hizo sentir de nuevo y el viento, la hizo volar sin perder más tiempo…


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White Wings:

Once upon a time, there was a fairy. Destined to be locked in a bottle for the rest of her days, without a chance to explain herself to her sisters. They threw her into the sea to get lost, to stop raising her voice and use her magic to do good, which it was something that was very badly seen among her village, someone who did not want to sacrifice human lives to satisfy her own, creating chaos and helping to resurface black magic, something Lara’s parents struggled to bury so that no fairy would ever again want to be corrupted by that power.

Her little wings began to crack little by little, the sisters had taken away the magic she possessed since she was born, banished and withered. She had been trying to escape longer than she would have wanted and there was no way out, it was a bottle sealed with magic. She was lost. She remembered their laughters as she was beaten, booed and destined to remain forgotten, even loving the Fairy Kingdom more than anything else in the world. She also remembered their looks of satisfaction, that determination that could no longer frighten her and that condemnation by not wanting to commit the same terrible acts as them. She could not get out of her head for months the screams, the blood, the massacre they unleashed through cities full of innocent people. They became demons with dark souls and their hearts whispered for mercy.

She sat once more, in the center of the lost bottle. It was shaking a lot but she didn’t care about this to stay connected to Mother Earth, with her spirit and the magic that someday resided within her. She closed her eyes, inspired and expired. Over and over again. No one could defeat her when werewolves wanted to conquer the forests, nor did the witches, who tried to absorb their magic to leave them with nothing, not even the giants who just wanted to see “those little things” dead, the shapeshifters had nothing to do as soon as Lara made clear that they were there to defend what was theirs and no one would take away what they had achieved with so much effort and of course, humans took two steps back when they contemplated her purity, strength and the power she harbored. All of them preferred peace rather than being defeated without a shred of doubt and all of this she got it with that light coming out of her chest every time she sat and breathed deep.

This time, it was stronger. Her head fell backwards, her wings began to spread gradually and the bottle to break. She reminded her parents when she was told she was the only one who could control the woods and that she had to be strong. The light on her chest lit up more while she remembered those children who played with flowers, climbing trees trying to get the attention of their elders, the big dinners, the bed talks with their sisters, the worries, which were many… The glass, at last, broke in two and the light re-entered her chest, leaving her exhausted with both legs touching the water and her wings finally healed. The air hit her face, it was the best feeling she had in years, the cold water made her feel again and the wind, made her fly without wasting any more time…


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El Acantilado:

Corría. Mis pies no podían parar. Miraba hacia atrás repetidamente para ver si aquel chico seguía persiguiéndome. No sabía quién era pero sentía que quería matarme, llevaba un arma y varias veces casi llega a alcanzarme. Mi respiración se entrecortaba, me dolían los pulmones tras haber corrido algo más de tres kilómetros sin haber hecho un pre calentamiento como muchos entrenadores aconsejan antes de salir a correr. Desde hacía unos metros, sentía un pequeño tirón en el gemelo izquierdo pero, no podía parar, algo dentro de mí me decía que no lo hiciera.

Las ramas de los árboles golpeaban mi cara de vez en cuando, a veces, no podía esquivarlas porque tenía miedo a caerme, estaba oscuro y la única luz de la que disponía era la luna llena que se alzaba sobre nosotros, los únicos que parecíamos recorrer ese bosque. Noté la boca seca, mi espalda algo resentida debido a no tener unos zapatos adecuados para correr, sudaba como nunca antes lo había hecho y me sentía empapado, asustado y decidido a seguir adelante aunque no hubiera salida.

Mi amigo atlético continuaba fijo en mí. Digo atlético porque esquivaba todo lo que había en su camino, a veces, se posicionaba detrás de mí, otras saltaba cuatro rocas con tan solo una mano y estaba casi a mi lado, lo cual, me aterrorizaba. No podía verle la cara, llevaba una capucha y una máscara de V de Vendetta, las típicas que solían utilizar muchos jóvenes para reforzar una idea de la que no estaban de acuerdo y vengarse de aquellos que les sometían. Llevaba pantalones cortos y unos zapatos totalmente adecuados para no resbalarse mientras corría y que el impacto al pisar no fuera tan fuerte para las vértebras, ¡este chico sí sabía!

¿Era un chico?, ¿cómo sabía que lo era? Ahora no tenía mucho tiempo para pensar, llevaba corriendo en línea recta más tiempo del que debería y ni siquiera sabía a dónde me dirigía, tampoco si el camino de piedras se terminaría pronto, la incertidumbre se apropiaba de mi mente y el extremo cansancio del resto de mi cuerpo, en este momento, sería capaz de dormir tres días seguidos. Cada vez le notaba más cerca de mí, su respiración era pausada, señal de que salía a correr a menudo o de que tenía esa costumbre de ir cazando a gente por el bosque…

¿Recordáis que dije que no sabía dónde estaba el final de aquel camino? Lo encontré. Frené de lleno ante un acantilado demasiado alto como para saltar, era muy arriesgado. El joven frenó justo a un metro de mí en seco, parecía tranquilo, con un arma en la mano derecha, erguido, de alguna forma supe que estaba decidido a hacer aquello por lo que le habían pagado o dicho. Sabía que no vacilaría. Seguí mirando hacia abajo tratando de decidir qué hacer pero era demasiado cobarde como para plantearme semejante locura, así que, con las manos en alto, decidí volver el semblante hacia él, temblando, asustado.

– ¿Por qué…? – pregunté, mi voz también temblaba pero, ya que iba a morir, quería saber por qué o a quién le serviría, era tan solo un aspirante a bombero -.

– Viste algo que no debiste ver – definitivamente, era un chico joven, a juzgar por su voz, tal como dije, pausada y decidida -.

– ¿El qué?, ¿de qué hablas? – empecé a hacer memoria de las semanas anteriores, hasta que encontré un pequeño recuerdo que me trajo de cabeza durante días tratando de olvidarlo – Oh…

– Lo recuerdas, ¿verdad?

– No diré nada, tampoco lo tenía pensado, ¡me metería en un lío!

– No puedo estar seguro de ello, ¿verdad? No te conozco – quitó el seguro del arma, la cargó y me apuntó con ella – Tranquilo, será rápido.

Reviví el momento. Un hombre alto y robusto, un callejón y sin público, llevaba un sombrero y una gabardina negra, era imponente, parecía que esperara a alguien. Un chico delgaducho se acercó a él para entregarle algo, era bastante joven, estaba algo nervioso pero le entregó un USB, el hombre alto le dio las gracias y, mientras el chico le daba la espalda y se alejaba de él confiando en que no le pasaría nada, dos tiros perforaron su espalda. Yo estaba escondido detrás de un coche, en cuanto vi aquello, salí corriendo, apuesto a que el hombre con sombrero me vio y este chaval trabajaba para él, no era muy difícil de adivinar, pero de nada servía ahora, debí quedarme detrás de ese coche sin moverme, nadie se hubiese enterado…

– Date la vuelta y arrodíllate – me ordenó. Obedecí – Acércate más al borde.

Hice lo que me pidió. Empezó a oscurecerse mi alrededor mientras veía salir sangre de mi pecho, noté que me empujaban por detrás y caía por el acantilado. Decidí cerrar los ojos y dejarme llevar, me dijo que sería rápido. ¿Lo será?


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The Cliff:

I ran. My feet couldn’t stop. I looked back repeatedly to see if that boy kept following me. I didn’t know who he was, but I felt like he wanted to kill me, he was carrying a gun and several times he almost catch me. My breathing was choppy, my lungs hurt after running a little more than three kilometers without having done a pre-warm-up as many trainers advise before going for a run. For a few feet, I felt a little tug on the left twin but, I couldn’t stop, something inside me was telling me not to.

The branches of the trees struck my face from time to time, sometimes I could not dodge them because I was afraid to fall, it was dark and the only light we had was the full moon that stood above us, the only ones who seemed to roam that forest. I noticed my mouth dry, my back a little resentful because I didn’t have proper running shoes, I was walking around like I’ve never done it before and I felt soaked, scared and determined to move on even if that forest doesn’t have any scape.

My athletic friend was still fixed on me. I say athletic because I dodged everything in his path, sometimes he positioned himself behind me, others jumped four rocks with just one hand and was almost by my side, which terrified me. I couldn’t see his face, he wore a hood and a V mask from Vendetta, the typical ones that many young people used to use to reinforce an idea they disagreed with and take revenge on those who subdued them. He was wearing shorts and shoes that were totally suitable for not slipping while running and that the impact on treading wasn’t so strong for the vertebra, this guy knows how to do it right!

He was a boy? Now I didn’t have much time to think, I had been running in a straight line longer than I should and didn’t even know where I was going, nor if the stone path would end soon, the uncertainty took over my mind and the extreme tiredness of the rest of my body, at this time, I would be able to sleep three days in a row. He was getting closer and closer to me, his breathing was paused, a sign that he went for a run often or that he had that habit of hunting people through the woods…

Do you remember when I said I didn’t know where the end of that road was? I found it. I braked full on a cliff too high to jump, it was too risky. The young man braked just a metre from me, seemed calm, with a gun in his right hand, upright, somehow I knew he was determined to do what he had been paid or told for. I knew he wouldn’t hesitate. I kept looking down trying to decide what to do but I was too cowardly to think of such madness, so with my hands up, I decided to turn my body to see him, shaking, scared.

– Why…? – I asked, my voice was shaking too but I was going to die, I wanted to know why or who my dead body would serve, I was just an challenger firefighter.

– You saw something you shouldn’t have seen – he was definitely a young boy, judging by his voice, as I said, paused and determined.

– What? What are you talking about? – I started to remember the previous weeks, until I found a little memory that brought me upside down for days trying to forget it – Oh…

– You remember it, right?

– I won’t say anything, I’ve never thought about it even so… I can be in trouble if I say something!

– I can’t be sure about it, can I? I don’t know you — he took the lock off the gun, loaded it and pointed it at me – Don’t worry, it’ll be quick.

I relived the moment. A tall, sturdy man, an alley and no audience, wearing a hat and a black trench coat, was imposing, he seemed to wait for someone. A shrewd boy came up to him to give him something, he was quite young, he was a little nervous but he handed him a USB, the tall man thanked him and as the boy turned his back on him and walked away trusting that nothing would happen to him, two shots pierced his back. I was hiding behind a car, as soon as I saw that, I ran out. Probably, the man with a hat saw me and this kid worked for him, it wasn’t very hard to guess, but it was no scape now, I should have stayed behind that car without moving, no one would have known…

-Turn around and put your knees on the floor- he ordered me and I obeyed him – Come closer to the edge.

I did what he asked. It started to get dark around me as I saw blood coming out from my chest, I noticed being pushed from behind and falling off the cliff. I decided to close my eyes and get carried away, he told me it would be quick. Will it be?


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Tomando Café:

Pude mirarla a los ojos, justo enfrente de mí, sintiéndome en ella, flotando entre vagas palabras que empezaban a fluir rápidamente mientras tomaba café en la cafetería cercana a mi oficina. Ella era la única que hablaba y yo era la que no dejaba de escucharla, incluso de observar cómo movía las manos con incesante ímpetu, quería explicarse a sí misma, lo tenía todo tan claro… oscilando entre explicaciones que, para mí, eran más bien ambigüas. Me ataba a esos llamados estereotipos, a esas miradas inquisidoras cuando no actúas de la forma en la que espera todo el mundo y ese juicio al ponerme una chupa de cuero en vez de una americana azul para impresionar a mi jefe,

Eran las 09:00am y ya empezaba a hartarme, espera a que fuesen las 11pm, seguro que acababa reventada. A veces, he llegado a calificarla como cotorra y se ha enfadado mucho, no acepta demasiado bien las críticas, aunque siempre he agradecido que me ayude con la organización y el trabajo, es genial y muy perfeccionista, lo cual, me lleva a que mi jefe siempre agradezca mi trabajo bien hecho, dejándome caer entre otra de sus idas de olla, haciéndome preocparme de cosas que ni siquiera deberían pasarme por la cabeza hoy cuando la fiesta de cumpleaños de Sarah es el mes que viene. Llegaba a agotarme.

Me había bebido media taza del café y la jaqueca empezaba a asomarse, rezaba porque me cambiaran la hora de yoga y meditación al terminar el trabajo, de esa manera, no tendría que escucharla planificar nada más. Estaba notando que mi respiración se entrecortaba pero no quería que ella se diese cuenta, mientras le seguía sonriendo y moviendo la cabeza en señal de que entendía lo que decía. Su cabello dorado le llegaba hasta más abajo de los pechos, unos ojos verdes preciosos y una sonrisa maliciosa, labios finos y cuerpo perfecto, una camiseta de manga larga con algo de escote y unos tejanos, a veces, sacaba su portátil de la nada y empezaba a teclear tanta información que me perdía entre frases antes de que terminase de hablar.

Dejé el café a un lado. Entre la planificación del cumpleaños de la niña para el mes que viene, la reunión en la oficina de mañana, la cena con unos amigos en nuestra casa el próximo miércoles y el trabajo que debía terminar para esta misma tarde, notaba como si la garganta fuese a cerrarse, me mareara y no podía responder a nada, me temblaban los labios, empezaba el tic en el ojo y mi pierna izquierda se movía con inquietud. Lo único que quería era que callara… necesitaba que se… callase.

– Me da la sensación de que no me estás escuchando, tienes que estar atenta, esto es importante – su voz sonaba como un pitido estruendoso en los oídos, tan egoísta, siempre arrastrándome a su abismo personal – Debes escuchar, esto es lo que siempre haces, ¿lo ves? Por eso tu madre no quiso celebrar aquella fiesta en tu casa, no eres suficiente porque no te esfuerzas, no escuchas… vas tres pasos por detrás de los demás, veremos cómo sale el trabajo de esta tarde y la reunión de mañana, no querrás que piensen que eres una fracasada, ¿verdad? – por fin me dejó hablar tras mostrarme esa misma sonrisa de satisfacción después de destrozarme la moral -.

– No tengo por qué escucharte más, ya ha sido suficiente – me empecé a levantar de la silla lentamente enfrentándome a ella y proseguí con mi discurso mientras me miraba algo cohibida – No has dejado de parlotear desde que hemos llegado, me haces creer que necesito el control de todo cuando no lo tengo en absoluto, no quiero planear el cumpleaños de mi hija ahora mismo y estoy segura de que el trabajo y la reunión saldrán perfectos, ¡no necesito que me machaques más, déjame en paz un rato!

Su voz se disipó, sus manos y su cuerpo empezaba a desvanecerse, sus ojos desorbitados porque no quería irse, quería gritar pero ya no podía. Mientras dejaba de ser la protagonista de mi vida y de mi historia, fui recogiendo mis bártulos para dirigirme a mi oficina, sin jaqueca, sin mareos y con la ansiedad a raya, no había nada como conseguir acallar a tu MENTE una vez más, ¿verdad?


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Drinking Coffe:

I was able to look her in the eye, right in front of me, feeling in her, floating among vague words that were beginning to flow quickly as I had coffee in the cafeteria near of my office. She was the only one who spoke and I was the one who kept listening to her, even watching her hands move with incessant impetus, she wanted to explain herself, she had everything so clear… oscillating between explanations which, to me, were rather ambiguous. I tied myself to those so-called stereotypes, to those inquisitive looks when you don’t act the way everyone expects and that judgment by wearing a black leather jacket instead of a blue American one to impress my boss,

It’s 09:00am and I’m starting to get fed up, wait till 11pm, I’m sure I’ll feel exhausted. Sometimes, I usually qualify her as a chatterbox and she gets very angry, she does not accept the criticism too well, although I have always thanked her for helping me with the organization and the work, she is great and very perfectionist, which leads me to my boss always appreciates my job well done, letting me fall between another of her crazy paranoia, making me worry about things that shouldn’t even happen to my head today when Sarah’s birthday party it’s next month. I get tire out.

I had drunk half of my cup of coffee and the headache was starting to peek out, I prayed that I would change the time of yoga and meditation at the end of work, so I wouldn’t have to listen to her plan anymore. I was noticing that my breathing was choppy but I didn’t want her to notice, as I kept smiling at her and shaking my head in a sign that I understood what she was saying. Her golden hair reached her further down her breasts, beautiful green eyes and a malicious smile, thin lips and perfect body, a long-sleeved white T-shirt with some neckline and jeans, sometimes pulling her laptop out of nowhere and starting to type so much information that I missed out between sentences before she finished talking.

I put the coffee aside. Between planning the girl’s birthday for next month, meeting in tomorrow’s office, having dinner with friends at our house next Wednesday and the work I was supposed to finish for this very afternoon, I noticed as if my throat was going to close, I got dizzy and I couldn’t answer anything, my lips trembled, I started to have a tic in my eye and my left leg was moving restlessly. All I want in this precise moment is she’s able to shut up… I need she… Shuts up.

– I have the feeling that you are not listening to me, you have to be attentive, this is important – her voice sounded like a thunderous beep in the ears, so selfish, always dragging me into her personal abyss – You must listen, this is what you always do, see? That’s why your mother didn’t want to celebrate that party at home, you’re not enough because you don’t try, you don’t listen… you go three steps behind the others, we’ll see how work comes out this afternoon and tomorrow’s meeting, you don’t want them to think you’re a loser, do you? – she finally let me speak after showing me that same smile of satisfaction after tearing my morale apart -.

– I don’t have to listen to you anymore, it’s been enough – I started to get up from the chair slowly facing her and I continued with my speech while she was looking at me self-conscious – You haven’t stopped chattering since we got here, you make me believe I need control of everything when I don’t have it at all, I don’t want to plan my daughter’s birthday right now and I’m sure the work and the meeting will come out perfect, I don’t need you to crush me anymore, leave me alone for a while!

Her voice dissipated, her hands and body was beginning to fade, her eyes exorbitant because she didn’t want to leave, she wanted to scream but she couldn’t anymore. As I began to be the protagonist of my life and my story, I took my stuff to go to my office, without headache, without dizziness and with the anxiety at bay, there was nothing like getting your MIND down once more, right?


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Diario de un Personaje:

Es cambiante. Es pausado. Sabe cuándo cambiar de cara, cuándo mostrarse tal como es y cuándo debe salir corriendo. Una sonrisa es una oportunidad para preguntarse y analizar qué máscara va a ocupar su lugar, cada mañana un nuevo cuerpo forma parte de un alma que camina entre dimensiones. Al galope entre ambientes repletos de gente, miradas de complacencia, otras de peloteo gratuito, atención y palabras inapropiadas, mientras se siente seguro en su soledad.

Cambia de ropa a placer, nadie es capaz de averiguar quién es, a dónde va en sus días libres o cómo se llaman sus padres, simplemente, no es alguien a quién le guste conversar, en ocasiones, pero en otras parece una persona muy extrovertida y dedicada a los demás mientras les deja creer que esa es su verdadera personalidad, la cual, cambia por la suya propia al salir de lugares donde hay gente que reclama su atención. Un camaleón de mil colores para protegerse a sí mismo, para entenderse y arroparse por aquellos que sabe le aprecian y mentir a aquellos que no. Aprovechado de una sociedad materialista, sumisa, mentirosa y arrogante, ambiciosa y derrochadora, no hay nada que perder cuando alguien es capaz de cambiar de carácter a voluntad para que otros piensen diferente.

Se muestra delicado, pobre, débil, sumiso y fácil de quebrar, así averigua las intenciones ajenas, las de aquellos que quieren verle caer. Pero sabe, muy en su interior que es mucho más fuerte que nadie, que ha pasado por experiencias que no desearían y que tiene la información suficiente como para mantenerse con dos pies sobre el suelo. Parece alguien realmente inocente, ignorante, quizá estúpido, pero quiere que lo crean, el saber no ocupa lugar, ¿verdad? Caminante de una sociedad creyente a cualquier cosa que otros digan, la cual, provoca poder, control y superioridad frente al más débil, lo que no sabe esa sociedad es que no es débil ni de lejos y ya va tres pasos por delante de ella.

Satisfecho de su vida y de todo lo que le brinda cada día, se deleita del agradable viento, de la naturaleza, los animales y las estrellas, tan solo anonadado por aquello tan preciado que el mundo posee y que el ser humano da por sentado porque es así de simple y necio. Sabe que el miedo es el factor principal de aquellos que le rodean, les consume, les embriaga de impulsos, de constantes dudas y de una charla interna nada envidiable, por lo que, no es difícil hacer que alguien muera de terror, sería uno más en la colección de ignorantes. No hay cabida para mirar atrás, tampoco hacia delante, el presente de un caminar constante es lo que ve en sí mismo como felicidad, como reposo, sentirse eterno y pleno consigo mismo sin nadie más que arruine ese momento, manteniendo esa calma que muchos desearían tener pero que les pausa el ritmo acelerado y el estrés que les encadena a vidas miserables.

Mirando hacia el cielo y sonreír tras entender que todo llega en su momento, que no hay mal que por bien no venga y no hay lucha que no pueda ser batallada y llevada hacia una victoria segura, aunque traten de analizar sus actos, ponerlos entre juicios y tratar de que quiebren sus creencias, risas tras no entender una palabra y necedades que de ninguna manera llegan a traspasar sus escudos. Una vida plena sin propagandas, sin anuncios, sin desparrame de dinero, sin tóxicos… una vida que ha elegido llena de placeres que se ha ganado y que completan su día. Camina entre silencio mientras se siente seguro.


A Character Diary:

It’s changing. It’s paused. He knows when to change his face, when to show himself as he is, and when he should run away. A smile is an opportunity to wonder and analyze which mask will take its place, every morning a new body is part of a soul that walks between dimensions. Galloping through crowded environments, looks of complacency, others with free redness, attention and inappropriate words, while feeling safe in his loneliness.

He changes his clothes with pleasure, no one is able to figure out who he is, where he goes on his days off or what’s the name of his parents, he doesn’t like to talk sometimes, but in others he seems like a very outgoing person dedicated to others while let them believe that’s his true personality, which changes when he leaves places where there are people who demand his attention. A chameleon of a thousand colours to protect himself, to understand and tuck in by those he knows who appreciate him and lie to those who don’t. Taking advantage from a materialistic, submissive, lying and arrogant, ambitious and wasteful society, there is nothing to lose when someone is able to change character at will so others can think differently.

He looks delicate, poor, weak, submissive and easy to break, so he finds out the intentions of others, those who want to see him fall. But you know, very inside he knows he’s much stronger than anyone else, that he’ve been through experiences you wouldn’t want and he has enough information to keep himself two feet on the ground. He seems like someone really innocent, ignorant, maybe stupid, but he wants you to believe it, knowledge doesn’t take place, does it? Walker of a society believer to anything others say, which provokes power, control and superiority in the face of the weakest, what that society does not know is that he’s not weak because he already goes three steps ahead of her.

Satisfied with his life and all that it gives him every day, he feels the pleasant wind, nature, animals and stars, only surprised by what is so precious that the world possesses and that human beings take for granted because they’re so simple and foolish. He knows that fear is the main factor of those around him, consumes them, intoxicated them with impulses, constant doubts and an unviable inner talk, so it is not difficult to make someone die of terror, they would be a few more in the ignorants collection. There is no place to look back, not even the future, the present of a constant walk is what he sees in himself as happiness, as rest, feeling eternal and full to himself with no one else who ruins that moment, keeping that calm that many would like to have but that pauses them the accelerated pace and stress that chains them into miserable lives.

Looking up at the sky and smiling after understanding that everything comes in its time, that it is not wrong that for good it does not come and there is no struggle that cannot be fought and led towards a sure victory, even if they try to analyze his actions, put them between judgments and try to break his beliefs, laughter after not understanding a word and foolishness that in no way come to pierce his shields. A full life without propaganda, without ads, without spreading money, without toxics… a life he has chosen full of pleasures that he has earned and that complete his day. Walks in silence while feeling safe.

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Bailando Entre Recuerdos:

Lo que pareció un sonido lejano, me hizo abrir los ojos poco a poco. No era molesto, pero tampoco algo que esperara a las 07:00am. Al principio, pensé que sería el vecino tratando de escenificar en mi cabeza mil y una formas de amenazarle para que dejara de poner la música tan alta porque las paredes solían ser de papel pero, todo aquello se borró de mi cerebro en cuanto entré en la cocina, en cuanto vi el libro “Neverwhere” de Neil Gaiman encima de la mesa con un boli en el lado derecho, combinados con una de las canciones más escuchadas de David Bowie, “Space Oddity”.

Para cualquier otra persona, hubiesen sido dos circunstancias sin importancia, dejadas ahí por error, quizá yo no lo recordaría por lo despistado y poco atento que soy a los detalles pero, justo aquello, hizo que mis pies se frenaran de repente, dejándome escuchar la canción con deleite, mientras los recuerdos se apoderaban de mi mente sin quererlo. Quise parar el tocadiscos y guardar ese libro algo maltrecho y viejo, olvidarme de todo y pasar página, tal y como hice cinco años atrás, seguir siendo aquella rata de biblioteca recorriendo los pasillos y cobrando el salario mínimo para pagar sus facturas y seguir siendo un solitario, pero no pude, no dejaba de venirme a la mente.

Recordé a mi hermana gemela, sentada en la mecedora frente al sofá en casa de nuestros padres, hablando de las aventuras de Richard en el mundo subterráneo, cómo le apasionaba después de leerlo unas ochenta veces desde que se lo regalé por su décimo cumpleaños. Si este fuera el mundo de Harry Potter, ese libro sería uno de los Horrocruxes, así era cómo Helena estaba ligada a él, como si fuera parte de su alma, de su misma esencia, imposible que no le atravesara la piel y más cuando fui yo quién se lo regalé. “Space Oddity” era su canción favorita mientras leía, era la combinación perfecta que permitía que se deleitara de cada palabra y se concentrara, había sacado mi déficit de atención y el aburrimiento de estar en una silla sin hacer nada tan solo por el placer de no hacerlo. Recuerdos que estaban encerrados en un baúl entre cicatrices, habían vuelto a mí de repente abriendo una herida que creía cerrada y olvidada…

Me senté en la silla frente al libro, mientras la canción volvía a repetirse desde el principio, mientras se me ponía la piel de gallina al pensar que ella podría haber vuelto y que dejarme un mensaje habría sido de las primeras cosas que haría para no olvidarla nunca que, a decir verdad, nunca lo hice. Había una hoja doblada por una de las esquinas, la abrí y vi entre esas páginas ya algo amarillentas por el tiempo pasado, una nota: “recuerda que siempre estaremos juntos”. Cerré la tapa y me distancié del libro, empezaba a sudar y a hiperventilar sin tener control alguno de mi cuerpo. HABÍA VUELTO.

Muchos creerán que es una buena noticia, yo debería creerlo siendo su hermano mayor pero jamás pensé que, tras su desaparición cinco años atrás, volvería. Toda la familia sigue pensando que la secuestraron porque nadie encontró su cuerpo, tan solo una habitación vacía y una cama a medio hacer, no había ni rastro de Helena porque ella no quería que la encontraran. Al parecer, ahora sí y me aterraba la posibilidad de tenerla frente a mí y decirle que había seguido adelante sin ella.

La voz de David Bowie seguía calando en mí, en cada partícula de mi cuerpo, de mi piel y la boca seca, no podía sino recordar su cabello pelirrojo y las mejillas siempre coloradas, su tez pálida con pecas cerca de la nariz y los pómulos, la suavidad de sus manos y sus ojos verdosos mostrando tenacidad y un toque curioso por las acciones ajenas, buscando por qués entre puertas cerradas. Su caminar tendía a ser gracioso, daba saltitos como una niña feliz al haber conseguido la piruleta que llevaba pidiendo durante horas. Era la mujer más bella a la que había abrazado y todos esos recuerdos habían permanecido intactos, sin saberlo.

– Veo que has recibido mi mensaje.

Levanté la mirada y allí estaba, en mi cocina sin saber muy bien cómo había entrado. Una sonrisa que embriagaba y un vestido que solía ponerse en primavera estampado de flores y con la esperanza de un abrazo del que no fuera a soltarse nunca. No pude hacer nada más que devolverle una tímida sonrisa, a la par que me acercaba a ella y volvía a oler su perfume a rosas y su crema de almendra. Era como volver a estar en casa…


Dancing Between Memories:

What seemed like a distant sound made me open my eyes little by little. It wasn’t annoying, but it wasn’t something I expected at 07:00am either. At first, I thought it could be the neighbor trying to stage in my head a thousand and one ways to threaten him to stop putting the music so loud because the walls used to be like paper but, all that was erased from my brain as soon as I walked into the kitchen, as soon as I saw Neil Gaiman’s book “Neverwhere” on the table with a pen on the right side, combined with one of David Bowie’s most listened songs, “Space Oddity”.

For anyone else, it would have been two unimportant circumstances, left there by mistake, maybe I wouldn’t remember it because of how clueless and unreteful I am to the details but, just that, it caused my feet to brake suddenly, letting me listen to the song with delight, while memories inadvertently took over my mind. I wanted to stop the record player and save that somewhat battered old book, forget everything and turn the page, just like I did five years ago, to remain as that library rat walking the halls and collecting the minimum wage to pay his bills and remain lonely, but I couldn’t, it kept coming to my mind.

I remembered my twin sister, sitting on the rocking chair in front of the couch at our parents’ house, talking about Richard’s adventures in the underground world, how she was passionate after reading it about eighty times since I gave it to her for her tenth birthday. If this were the world of Harry Potter, that book would be one of the Horcruxes, that’s how Helena was tied to him, as if she were part of her soul, her very essence, impossible that it would not cross her skin and more when I was the one who gave it to her. “Space Oddity” was her favorite song every time she decided to read, it was the perfect combination that allowed her to revel every word and focuse, she had taken my attention deficit and boredom of being in a chair doing nothing just for the pleasure of not doing it. Memories that were locked in a trunk between scars, had suddenly come back to me opening a wound that I thought was closed and forgotten.

I sat in the chair in front of the book, as the song was repeated from the beginning, as I put on goose bumps thinking that she might have come back and that leaving me a message would have been one of the first things I would do to never forget her that, to tell you the truth, I never did. There was a sheet bent around one of the corners, I opened it and I saw between those pages already somewhat yellowish for the past time, a note: “remember that we will always be together”. I closed the lid and distanced myself from the book, started sweating and hyperventilating without any control of my body. SHE WAS BACK.

Many people will think that are good news, I should believe it being her older brother, but I’ve never expect that, after her disappearance five years ago, she would come back. The whole family still thinks she was kidnapped because no one found her body, just an empty room and a half-made bed, there was no sign of Helena because she didn’t want to be found. Apparently, now I did and I was terrified of having her in front of me and telling her I’d moved on without her.

David Bowie’s voice kept sticking in me, in every particle of my body, my skin and dry mouth, I could only remember her red hair and always red cheeks, her pale complex with freckles near her nose and cheekbones, the softness of her hands and her green eyes showing tenacity and a curious touch for the actions of others, looking for why between closed doors. Her walk tended to be funny, she jumped like a happy little girl having gotten the lollipop she had been asking for during hours. She was the most beautiful woman I had ever huged and all those memories had remained intact, unknowingly.

– I see you’ve received my message.

I looked up and there she was, in my kitchen without knowing very well how she had entered. An intoxicating smile and a dress that used to be stamped with flowers in spring and hoping for a hug from which she would never let go. I couldn’t do anything that cross my mind in that moment but I just could give her back a shy smile, while I was approaching to her and smelling her rose perfume and almond cream again. It was like being home one more time…

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Carrera:

No era alguien a quién le gustase la comodidad, que tuviera paciencia con los demás o que le gustase la compañía, por ello, jamás podría vivir en una calle en la que pudiera toparme con vecinos plastas e insufribles, por lo que, decidí ir de motel en motel, donde me llevase la carretera. Ni siquiera recordaba lo que era llenar una nevera de comida o hacer la cama cada mañana, tan solo pasaba la noche, compraba algo de comer cuando tenía hambre en alguna gasolinera cercana y aceleraba hasta que me cansara lo suficiente como para parar a beber agua o a comer algo en cualquier restaurante que me encontrara de camino.

No quería recordar. Llevaba desaparecida más de tres años y hasta podría reconocer que me gustaba, nadie venía a pedirme explicaciones y tenía el mínimo contacto con cualquiera que se me acercara a menos de un metro. Huía. Siempre lo hacía. Llámame cobarde o quizá oportunista pero, a decir verdad, nadie quiere quedarse atrás en un pozo oscuro mientras otros miran cómo te rompes en mil pedazos. Solía ser la hija de un par de ricachones que querían que estudiase la carrera de Derecho, me labrase un buen futuro y terminase defendiendo a asesinos psicópatas y a un par de violadores para ganar lo suficiente como para no pedirles más dinero pero oye, nadie es perfecto, ¿no?

La carretera no me persigue, no intenta encontrarme, saber cuál fue el último restaurante que visité o la última persona que me vio con vida, no trata de acosarme cuando está claro que no voy a volver, en cuanto subo a mi moto, yo tengo el control. Jamás me había sentido tan viva, tan conectada conmigo misma, tan libre como lo era ahora, alejada de todo aquello que me tenía retenida entre las fauces del dinero y los caprichos, no podía dejar que siguieran controlando mi vida. Jamás fui amante de que me importase el qué dirán o lo necesario que es quedar bien con aquellos que te pagan, lo siento pero, prefiero racionar mi comida antes de convertirme en otro tiburón narcisista en esta sociedad hipócrita.

Una maravillosa Yamaha YZF-R125. Mi billete hacia la libertad. Un montón de horas pasadas entre un acelerador, freno y cambio de marchas, el aire chocando contra el casco y mi alrededor quedándose atrás a toda velocidad. Tan solo tenía un objetivo a larga distancia y era el infinito, con dinero robado se podía ir a cualquier parte dejando atrás todo aquello que conociste. Sentía esa electricidad correr por todo mi cuerpo al sentir como si alguien me persiguiera, la adrenalina era la mejor droga que jamás había probado. Solía quitarme muy poco el casco y cuando entraba en una tienda llevaba una gorra para que no me reconocieran, así que, podría considerarme a salvo sin importarme mucho si estaban a poca o mucha distancia de mí o si sería buena idea quedarme en una ciudad más de tres días, de normal, hacía lo que quería, algo que mis padres considerarían aberrante.

Un futuro incierto, horas pasadas conduciendo, disfrutando momentos de soledad, abarcando mis pensamientos y superando circunstancias pasadas, me gustaba lo que no esperaba, quería no saber qué iba a hacer mañana, era adicta a ello y no tenía vergüenza de admitirlo. No soportaba los horarios, tampoco esas dictaduras en cualquier trabajo donde eras más una esclava que una persona, mucho menos esa vida de mujer florero en la que solo sirves para tener hijos, cuidarlos y cocinar, eso no es vida. No era alguien que se dejase llevar por normas absurdas que me llevase por el camino de otros, tenía el mío propio y empezó hacía tres años, visitando lugares que no esperaba, viendo cosas y conociendo gente a la que no volvería a ver, sin comprometerme a nada. Eso era la vida. Eso era ser libre. Adoraba serlo. Y lo había logrado.


Road:

I wasn’t someone who liked comfort, who was patient with others, or who liked company, so I could never live on a street where I could run into insufferable neighbors, so I decided to go from motel to motel, where I took the road. I didn’t even remember what it was like to fill a fridge with food or make a bed every morning, just spend the night, buy something to eat when I was hungry at a nearby gas station and speed up until I got tired enough to stop to drink some water or eat something at any restaurant that I find on my way.

I didn’t want to remember. I had been missing for more than three years and I could even admit that I liked it, no one came to ask me for explanations and had the minimum contact with anyone who approached me less than a metre away. Escape. I’ve always did. Call me a coward or perhaps opportunistic, but no one wants to be left behind in a dark pit while others watch you break into a thousand pieces. I used to be the daughter of a couple of rich guys who wanted that I studied law, have a good future and end up defending psychopathic killers and a couple of rapists to win enough money to don’t ask them for more, but hey, nobody’s perfect, right?

The road does not chase me, it does not try to find me, know what was the last restaurant I visited or the last person who saw me alive, does not try to harass me when it is clear that I will not return, as soon as I get on my bike, I am in control. I’ve never felt so alive, as connected to myself, as free as I was now, away from everything that had me held between the jaws of money and whims, I couldn’t let them keep controlling my life. I was never a lover that I cared what they’re going to say or what it takes to look good with those who pay you, I’m sorry, but I’d rather ration my food than become another narcissistic shark in this hypocritical society.

A wonderful Yamaha YZF-R125. My ticket to freedom. A lot of hours spent between an accelerator, brake and gear shift, the air crashing into the hull and around me staying behind at full speed. I only had one long-distance goal and it was infinity, with stolen money you could go anywhere leaving behind everything you knew. I felt that electricity run all over my body feeling like someone was chasing me, adrenaline was the best drug I’d ever tried. I used to take my helmet off very little and when I walked into a store I wore a cap so they wouldn’t recognize me, so I could consider myself safe no matter how much if they were a short or too far from me or if it would be a good idea to stay in a city more than three days, normally I do what I want, something my parents would consider aberrant.

An uncertain future, past hours driving, enjoying moments of solitude, encompassing my thoughts and overcoming past circumstances, I liked what I didn’t expect, I wanted not to know what I was going to do tomorrow, I was addicted to it and I was not ashamed to admit it. I couldn’t stand the schedules, nor did those dictatorships in any job where you were more of a slave than a person, let alone that life as a vase woman in which you only serve to have children, care for them and cook, that’s not life. I wasn’t someone who got carried away by absurd rules that took me down the path of others, had my own and started three years ago, visiting places I didn’t expect, seeing things and meeting people I would never see again, without committing to anything. That was life. That was being free. I loved feeling like one. And I had made it.

Publicado en Relatos

Memorias Ahogadas:

Cuando abro los ojos, sigo viendo mis pecados de reojo. Otro otoño que tratar de ahogar, otro recuerdo roto tras tanto tiempo pasado. Jamás podría olvidarlo. Toparme con un pasado quebrado una y otra vez, incluso, estando sola en un mismo abismo, observando las personas pasar a través de la ventana, inspirando miedo y expirando esperanzas surrealistas. No sabría cómo encontrarme con el perdón, con las mil y una formas de expresar lo que siento y no encontrar salida, tampoco el hecho de ser un peón más de una pirámide inalcanzable.

Podrían pasar los días y las horas sin nada que cambiara, sin una razón para no odiar lo que hice, lo que dije o sentí. Podría decir que una sonrisa lo arreglaría todo, sincera, sin ser escondida, sin tratar de escapar de la situación, pero mentiría si creyera que el mundo es tan simple y fácil. Dejé de creer en arcoiris y unicornios en el momento en que empecé a gatear, dejé de creerme las cuentos alegres y las palabras bonitas mucho antes de que me salieran los dientes y la maldad consiguiera devorarme.

Un nuevo otoño que recordar. Que echar de menos. Que celebrar. Mientras trato de cambiar de vida, de hábitos y rutinas para que nada me delate. Las expresiones de la cara son mapas inequívocos de aquello que se te pasa por la cabeza, por lo que, agradezco ser una momia que no mueve ni un músculo. Podría tiritar pero notarían mi debilidad, pequeños entrecijos de los que dudar, en los que encontrar un solo motivo por el que culparme. Quizá mi cabeza no deja de hablar, quizá los susurros tienden a volverme loco, teniendo siempre la certeza de que puedo escuchar cuando quiero o, al menos, eso decía mi madre antes de emitir su último suspiro aquel otoño del ’93, agonizando mientras mis manos permanecían alrededor de su cuello sin saber muy bien cómo toda mi vida había estado rodeando ese preciso momento.

Inspirar un nuevo otoño. Expirar una nueva víctima. Entre los árboles, asustada, corriendo muerta de pies y manos antes de empezar a cazarla, antes de encontrar la forma de silenciarla mientras mis manos buscan su cuerpo provocando, una vez más, que mis recuerdos permanezcan ahogados entre últimos suspiros y palabras vacías…


Drowned Memories:

When I open my eyes, I still see my sins of resusing. Another fall than trying to drown, another broken memory after so long past. I could never forget it. To run into a broken past over and over again, even being alone in the same abyss, watching people pass through the window, inspiring fear and expiring broken hopes. I wouldn’t know how to come up with forgiveness, with a thousand and one ways to express how I feel and find no way out, nor the fact that I’m a pawn more than one unreachable pyramid.

It could be days and hours without anything changing, for no reason not to hate what I did, what I said or felt. I could say that a smile would fix everything, sincere, without being hidden, without trying to escape the situation, but I would lie if I thought the world was so simple and easy. I stopped believing in rainbows and unicorns the moment I started crawling, I stopped believing the joyful tales and the pretty words long before my teeth came out and evil managed to devour me.

A new autumn to remember. What to miss. What to celebrate. While I try to change my life, habits and routines so that nothing gives me away. Face expressions are unequivocal maps of what’s going through your head, so I appreciate being a mummy that doesn’t move a muscle. I could ty down, but you’d notice my weakness, small entrees to doubt, in which to find only one reason to blame myself. Maybe my head won’t stop talking, maybe whispers tend to drive me crazy, always being sure that I can hear when I want to, or at least that’s what my mother said before she made her last sigh that fall of ’93, dying while my hands were around her neck without knowing very well how my whole life had been surrounding that very moment.

Inspire a new fall. Expire a new victim. Among the trees, frightened, running dead to her feet and hands before I start hunting her, before finding a way to silence her as my hands search for her body, causing, once again, my memories to remain drowned among last sighs and empty words.