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Lagunas:

Abrí los ojos poco a poco, sintiendo mi cuerpo algo engarrotado. Parpadeé un par de veces para ponerme en situación, dándome cuenta de que estaba tirado en el suelo, boca arriba, algo mareado, con un dolor de cabeza horrible. Notaba la boca seca, tenía algo en la mano izquierda pero todavía no definía qué era. Traté de enderezarme la primera vez pero no lo conseguí, me dolía mucho el costado derecho. Esperé unos segundos y volví a intentarlo acercando ambas manos hacia el centro, percatándome de que lo que había notado antes era el mango de uno de los cuchillos que teníamos en la cocina. ¿Qué hacía yo con un cuchillo allí tirado? Lo dejé en el suelo y traté de ponerme en pie.

Volví a marearme, así que, evité levantarme demasiado rápido ayudándome con una de las sillas que había cerca de la barra de la cocina. En ese momento, estar de pie era lo peor que me había pasado en diferencia, así que, seguí de pie con las manos cogidas a la encimera de la cocina. En esos momentos de lucidez, donde no parecía que me ocurriese nada entre dolor y dolor, pude darme cuenta de que había unas gotas de sangre bastante grandes cerca de la mesa de la cocina donde Annie y yo solíamos sentarnos a comer esos días de trabajo en los que no tienes tiempo y comes a toda prisa. Mientras seguía agarrado a la encimera, iba acercándome poco a poco, con la respiración entrecortada, entre asustado, curioso y cauteloso, ¿era mi sangre?

El siguiente mareo me dio más fuerte, tanto que me dobló las piernas y casi me caigo al suelo, seguía notando el corazón bombeando en la parte de atrás de mi cabeza. ¿Acaso me había caído? Me iba acercando pero no veía bien, la encimera me ocultaba lo que había detrás, pero pude ver un charco de sangre mucho más grande, viscoso y quizá, reciente. Un escalofrío recorrió mi espalda, mis ojos se abrieron de par en par y el pánico se apiadó de mi cuerpo sin yo poder hacer gran cosa por evitarlo. Me esforcé un poco más por llegar a la mesa, costándome respirar y con punzadas en el costado derecho, tenía que seguir encorvado y poner toda mi atención en que mis piernas se siguieran moviendo y no me fallasen como antes.

En cuanto llegué a la esquina de la encimera, noté un nudo en la garganta al enfrentarme a aquello, al saber qué o quién yacía en el suelo con sangre brotando de su pecho y su cabeza. Era Annie, era ella. El shock hizo que me soltara y volviera a caerme al suelo, esta vez de rodillas, propinando un grito de dolor, estas tocaron el círculo de sangre que se había formado debajo de ella, sin poder evitar que las lágrimas salieran de mis ojos. Miré el cuchillo que estaba ya a varios metros de mí y la volví a mirar a ella, lo hice un par de veces para preguntarme si había ocurrido algo que yo no recordaba… si yo había… si le hice algo que yo no… Oh, dios mío. Empecé a hiperventilar, poniéndome una mano en el pecho y sintiendo cada vez esas punzadas de dolor en el costado y las rodillas, cayéndome de lado sobre la sangre de Annie.

-No, no, no, noooo… Annie, por favor. Despierta. Annie…

No podía parar de sollozar y un millón de flashes vinieron a mi mente como una tortura interna por lo que podría haberle hecho. Nos vi a ambos entrando en esta casa por primera vez, preguntándonos si deberíamos comprarla, era moderna, tenía todo lo que necesitábamos y teníamos el dinero, ella dijo sí y nos lanzamos. Otro flash me atravesó el pecho, viéndonos en el altar, sonriendo, con nuestras familias celebrando nuestra unión en cuerpo y alma y llevándonos de luna de miel a Bali, donde pasamos los mejores días de nuestras vidas. No podía respirar, estaba allí echado en el suelo, hecho un ovillo, sollozando, gritando y diciendo cosas sin sentido.

Un golpe sordo me interrumpió y, con la vista algo borrosa, pude ver cómo unos cuatro o cinco agentes me gritaban que me alejara del cuerpo, dos de ellos, me levantaban del suelo, me ponían las esposas y yo seguía allí, sin comprender nada de lo que ocurría.

-Queda usted detenido por el asesinato de su esposa. Todo lo que diga puede utilizarse en su contra ante un tribunal, tiene derecho a la asistencia de un abogado, si no puede pagarse uno, le asignaremos uno de oficio, ¿ha entendido sus derechos, señor?

Aquellas palabras quedaron en la nada, no podía responder, dejé mi cuerpo caer hasta que no vi nada más que oscuridad y sollozos ya casi inaudibles mientras gente que no conocía seguía invadiendo mi casa y hablando de algo que casi no lograba entender.

-El arma homicida es una prueba concluyente, recogedla y llevadla al laboratorio. Debemos interrogarle cuando esté consciente, parece estar en estado de shock. Puede que haya matado a su mujer, llevaos el cadáver y vayamos todos a rellenar el papeleo.


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Memory Lapses:

I opened my eyes slowly, feeling my body somewhat set. I blinked a couple of times to get in position, realizing I was lying on the floor, on my back, a little dizzy, with a horrible headache. I could feel my mouth dry, I had something in my left hand, but I still didn’t define what it was. I tried to get up the first time, but I didn’t get it, my right side hurt a lot. I waited a few seconds and tried again by bringing both hands closer to the center, realizing what I felt in my left hand was one of the knives we had in the kitchen. What was I doing with a knife lying on the floor? I left it on the floor and tried to stand up.

I got dizzy again, so I avoided getting up too fast helping myself with one of the chairs near the kitchen bar. At the time, standing was the worst thing that had happened to me by far, so I stood with my hands held to the kitchen counter. In those moments of lucidity, where nothing seemed to happen to me between pain and pain, I realized that there were a few pretty large drops of blood near the kitchen table where Annie and I used to sit down and eat those working days where we didn’t have time and eat in a hurry. As I kept clinging to the countertop, I was slowly approaching, breathing choppy, between frightened, curious and cautious, was it my blood?

The next dizziness I felt was even stronger, so it bent my legs and I almost fell to the ground, I kept noticing the heart pumping in the back of my head. Did I fall? I was getting close but I didn’t see well, the countertop was hiding from me what was behind it, but I could see a much bigger, slimy, maybe recent pool of blood. A shiver ran down my back, my eyes very opened and the panic evade my body without me being able to do much to avoid it. I tried a little harder to get to the table, having a hard time breathing and panging on my right side, I had to keep hunched over and put all my attention on my legs moving and not failing me as before.

As soon as I got to the corner of the countertop, I noticed a lump in my throat as I faced that, knowing what or who lay on the floor with blood sprouting from her chest and head. It was Annie, it was her. The shock caused me to let go and fall back to the ground, this time on my knees, tipping a cry of pain, they touched the circle of blood that had formed beneath it, without being able to prevent the tears coming out of my eyes. I looked at the knife that was already several meters from me and looked at her again, I did it a couple of times to wonder if something had happened that I did not remember… if I had… if I did something to her that I didn’t… Oh, my God. I started hyperventilating, putting one hand on my chest and feeling every time those pangs of pain on my side and knees, falling sideways over Annie’s blood.

-No, no, no, noooo… Annie, please. Wake up. Annie…

I couldn’t stop sobing and a million flashes came to mind like internal torture for what I could have done to her. I saw us both coming into this house for the first time, wondering if we should buy it, it was modern, it had everything we needed and we had the money, she said yes and we jumped in. Another flash pierced my chest, seeing us at the altar, smiling, with our families celebrating our union in body and soul and taking us on our honeymoon to Bali, where we spent the best days of our lives. I couldn’t breathe, I was there stood on the floor, with a foetal position, sobbing, screaming and saying meaningless things.

A deaf blow interrupted me and, with a somewhat blurry sight, I could see about four or five agents yelling at me to get away from the body, two of them, lifting me off the ground, putting the handcuffs on and I was still there, not understanding anything that was going on.

-You are under arrest for the murder of your wife. Anything you say can be used against you in court, you have the right to the assistance of a lawyer, if you can pay it, we will assign you a public defender, have you understood your rights, sir?

Those words were left in nothing, I couldn’t answer, I dropped my body until I saw nothing but darkness and almost inaudible sobs while that police officers keep talking about things I didn’t understand completely.

-The murder weapon is a conclusive test, pick it up and take it to the lab. We have to interrogate him when he’s conscious, he seems in shock. Maybe he killed his wife, took the body and let’s all go fill out the paperwork.


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El Hombre de Hielo:

Me desperté de repente, eran las cinco de la madrugada. Esperaba que quién estuviera llamándome al móvil se diera por vencido y este dejara de sonar pero, se paró durante un minuto y luego volví a oírlo. Me incorporé y respondí todavía algo adormilado. La voz de mi interlocutor era suave, segura y aclamante de atención. Pude asegurar de que la tenía. Era él.

– Sé quién te importa. No puedes esconderlo más.

– No me importa nadie, deberías saberlo ya. No me gusta la gente.

– Pero ella sí, ¿verdad? Esa detective morena, de ojos verdes y sonrisa perfecta.

– Ella no… ella no me importa.

– La próxima vez dilo con más seguridad y puede que me lo crea.

– ¿Qué quieres?

– Me gusta cómo se mueve cuando está dormida…

Pude oír una risa estremecedora al otro lado del teléfono, un escalofrío recorrió mi espalda al tiempo que la llamada se cortaba. Deduje que ahora mismo estaría en su casa, iba a asesinarla, a hacer otra obra de arte con la sangre de Mónica. Me vestí tan rápido como pude, cogí el móvil, el arma reglamentaria y la chaqueta, me dirigí hacia el coche y aceleré nada más oí el rugido del motor. No había un solo minuto que perder.

Me sudaban las manos en el volante, notaba el corazón palpitar un tanto frenético y cómo el pánico de que pudiera hacer daño a la única persona que me importaba aumentaba por momentos. Su casa no estaba muy lejos pero, podría llegar demasiado tarde, o quizá me llamó para provocarme. El temido sádico y violento asesino en serie que mutila y adorna sus atrocidades llamado “El Hombre de Hielo”, seguía obsesionado con ganar una batalla conmigo que consideraba casi perdida, su necesidad de control ante lo que ocurría empezaba a amenazar nuestras vidas, él quería que yo investigara el caso, únicamente yo. No tuvo suficiente matando a mi a toda mi familia, ahora tenía que seguir amenazando a por personas que me importaban de verdad.

Llegué hasta su puerta. Saqué la Glock 9mm de la funda y me acerqué a la casa poco a poco, mientras informaba por el móvil con la otra mano a la central para que mandaran refuerzos, si conseguía verme cara a cara con él, podría salir tan malherido como Mónica, si es que, todavía respiraba. Habían forzado la cerradura, la puerta estaba abierta, así que, la empujé con cuidado. Las luces estaban apagadas, pero podía ver gracias a las que provenían de la calle y que entraban por las ventanas. Esperaba ver un montón de sangre en su habitación, verla a ella tratando de evitar desangrarse sin éxito, no sé, esperaba una catástrofe pero, no vi nada de eso. Había estado aquí, me había llamado desde su habitación pero no le había hecho nada, ella seguía durmiendo. ¿Por qué? El móvil vibró en mi bolsillo, así que, guardé el arma y contesté.

– Sabía que esa detective te importaba… – dijo emitiendo esa risa maliciosa otra vez-.

– Esperaba encontrarte aquí para dispararte justo en el entrecejo, ¿te has acojonado?

– No, me has dado el tiempo suficiente para regodearme.

– ¿Qué narices te pasa…?, ¿qué has…?

El sonido de lo que pareció una explosión, me interrumpió. Él seguía riendo sin parar, el sudor caía por mi frente. Mónica se había despertado, había encendido la luz algo adormilada y se acercaba a mí, cuando el “Hombre de Hielo”, una vez más, quiso darme una nueva lección.

– Quizá te gustaría saber qué he hecho con tu central de policía… Será mejor que vengas aquí y ayudes a los heridos, entierres a los muertos y aprendas que no puedes salvar a todo el mundo.

– ¿Eso es una lección? Deberíamos vernos cara a cara…

– Deja de hacerte el héroe ricitos de oro y empieza a ver que solo estamos tú y yo en el campo, solo tú y yo… nadie más.

Colgó. Me quedé en shock mientras Mónica me zarandeaba, quería que la escuchara pero yo tan solo quería ser olvidado en una habitación con poca luz, agazapado en una pared para que nadie pudiera encontrarme, quería desaparecer y no volver a ver a nadie más. Siempre que me involucraba algo pasaba… A lo lejos, oí a Mónica hablar por teléfono, pero muy, muy lejos.

– Sí. Necesito una ambulancia. La policía ya ha llegado, puedo confirmar que han entrado en mi casa y mi compañero está en estado de shock, por favor, ¡vengan rápido!

Todo se quedó borroso, oscureció y no pude controlar mi cuerpo. Caí sin control mientras seguía oyendo las sirenas de los coches policía a lo lejos, muy pero que muy… lejos.


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The Ice Man:

I woke up all of a sudden, it was five o’clock in the morning. I was hoping that whoever was calling me on my cell phone would give up and it would stop ringing, but it stopped for a minute and then I heard it again. I joined in and answered quite sleepy. My interlocutor’s voice was soft, confident and acclaiming of attention. I was able to make sure he had it. It was him.

-I know who you care about. You can’t hide it anymore.

-I don’t care about anyone. I don’t even like people.

-But she does, right? That detective with brown hear, green eyes and a perfect smile.

-She doesn’t… I don’t care about her.

-Next time say it more confidently and maybe I believe it.

-What do you want?

-I love how she moves when she’s sleeping…

I could hear a shuddering laugh on the other side of the phone, a shiver ran down my back while the call was being cut off. I figured he’d be at her house right now, he was going to kill her, make another work of art out of Monica’s blood. I got dressed as fast as I could, took the cell phone, the regulation gun and the jacket, headed for the car and accelerated as soon as I heard the roar of the engine. There wasn’t a single minute to lose.

My hands were up at the wheel, my heart was beating a little frantic and the panic of imagine how he could hurt the only person I cared about increased for moments. Her house wasn’t too far away, but I might arrived too late, or maybe he just called me to provoke me. The dreaded sadistic and violent serial killer who mutilates and adorns his atrocities called “The Iceman”, remained obsessed with winning a battle with me that I considered almost lost, his need for control over what was happening began to threaten our lives, he wanted me to investigate the case, just me. He didn’t have enough killing my whole family, now he had to keep threatening people I really cared about.

I arrived to her door. I pulled the Glock 9mm out of the holster and approached the house slowly, while reporting on the cell phone with the other hand someone to send reinforcements, if I could see myself face to face with him, I could come out as badly hurt as Monica, if she was still breathing. He had forced the lock, the door was open, so I pushed it carefully. The lights were off, but I could see thanks to those coming from the street through the windows. I was hoping to see a lot of blood in her room, see her trying to avoid bleeding out without success, I don’t know, I was hoping for a catastrophe, but I didn’t see any of that. He had been here, had called me from her room but had done nothing to her, she was still sleeping. Why? The cell phone vibrate in my pocket, so I put the gun away and answered.

-I knew you care about of that detective… – I could here that malicious laugh again -.

-I expected to find you here to shoot you right in your forehead, are you scared or something?

-No, you’ve gave me the time to take delight of you.

-What the fuck is happening to you? What did you do?

The sound of what looked like an explosion interrupted me. He kept laughing non-stop, sweat was falling down my forehead. Monica had woken up, ignited the somewhat sleepy light, and approached me, when the “Iceman” once again wanted to teach me a new lesson.

-Maybe you would like to know what I did with the police station… It would be great you come here and help the people who are injured, bury the death ones and lear the lesson you can’t save everyone.

-That’s the lesson? I think we should see each other face to face…

-Don’t pretend you’re the strong man here and start to see we’re the only ones in the field, anybody else.

He hung the phone. I was in shock while Monica started to shaking me, She wanted I listen to her, but I just wanted to be forgotten in a low-light room, crouched on a wall so no one could find me, I wanted to disappear and never see anyone else again. Whenever I got involved with, something happened… At the distance, I heard Monica talking on the phone, but far, far away.

-Yes. I need an ambulance. The police have arrived already, I can confirm that they have entered my house and my partner is in shock, please come quickly!

Everything was blurry, darkened and I couldn’t control my body. I fell out of control while still hearing the sirens of police cars in the distance, very but very… Far.


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Una Pausa Cercana:

-Te has quedado muy callado… ¿De verdad no quieres decir nada?

-No quieres seguir casada conmigo y no quieres tener hijos, ¿qué esperas que diga?

-Estaría bien saber qué estás pensando…

-Nada.

Estábamos sentados uno al lado del otro en en sofá, mirando a la nada. No quería mirarle a los ojos por vergüenza, estaba segura de que estarían llenos de juicios, iban a hacerme sentir culpable, así que, seguí con la cabeza gacha. Sabía que había complicado las cosas, había dicho la verdad que llevaba sintiendo durante tanto tiempo tras llevar un año casados e intentando que me quedara embarazada sin éxito gracias a las pastillas anticonceptivas que me tomaba a escondidas. Dejé que la corriente siguiera su curso, omitiendo la verdad, lo alargué demasiado todavía pensando que sería un sentimiento pasajero.

Era la conversación más incómoda que habíamos tenido en años, la primera fue sobre por qué yo no podía estar orinando a la vez que él se afeitaba. Empezaron a sudarme un poco las manos, estaba bastante nerviosa y su silencio no ayudaba, quería gritar, saltar del sofá y pedirle que se enfadara, implorarle que me echara de casa o tomara cartas en el asunto, pero mi pierna derecha fue la que exteriorizó eso moviéndose nerviosamente arriba y abajo, sin parar. Sam se percató de ello, cerró los ojos con fuerza y me miró diciendo:

-¿Podrías dejar de mover tanto la pierna? Me pones nervioso…

-Lo… lo siento, no era mi intención.

-Gracias.

Había una vela aromática sobre la mesa del té frente al sofá, Sam seguía observándola, pensativo mientras yo trataba de entender ese gracias, ¿qué había sido eso, por cierto? Le acababa de echar al suelo todas sus ilusiones, esperanzas, planes de vida futuros, ¿y me decía gracias por dejar de mover la pierna?, ¿en serio? Me levanté del sofá y empecé a pasearme por la habitación, inquieta. Él me miró. Pero no era una mirada de odio o resentimiento, tampoco de venganza o violencia, se acercó a mí a paso lento mientras yo tragaba saliva esperando, cauta, a que algo realmente malo sucediera. Llegó hasta mí, estábamos muy cerca, me besó. Sorprendida, le respondí al beso.

Empezó a desabrocharme los botones de la blusa, con suavidad, justo como lo hizo en nuestra primera cita, dándome besos en el cuello y mordiendo una de mis orejas. Seguía algo contrariada pero no pude hacer otra cosa en ese momento que dejarme llevar y ver qué pasaba después, cuál sería su reacción. Al despertar, me di cuenta de que nos habíamos trasladado a la habitación y que Sam se estaba vistiendo, el resto de ropa estaba tirada en el suelo y el sol entraba agradablemente por la ventana. Cogió su maletín, me dio un beso en la frente y se dispuso a salir por la puerta.

-¿A dónde vas?

-A trabajar. Luego te veo – respondió con voz pausada, sin darse la vuelta -.

Cerró la puerta tras de sí y me dejó allí, desnuda bajo las sábanas con un millón de dudas cruzando mi mente y sin saber a qué acogerme…


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A Close Pause:

-You’ve been very quiet… you really don’t want to say anything?

-You don’t want to be married with me and you don’t want to have kids, what do you expect me to say?

-It would be nice to know what are you thinking right now…

-Nothing.

We were sitting side by side on the couch, looking out at nothing. I didn’t want to look at him in the eye with that feel of shame, I was sure they’d be full of judgments, they were going to make me feel guilty, so I kept my head down. I knew I had complicated everything we built, I had told the truth I had been feeling for so long after a year of marriage and trying to get pregnant without success thanks to the birth control pills I took in secret. I let the current run its course, omitting the truth, I kept it too long inside me even thinking it would be a passing feeling.

It was the most awkward conversation we’d had in years, the first one was about why I couldn’t be peeing at the same time he shaved. My hands started to sweat a little bit, I was quite nervous and his silence didn’t help, I wanted to scream, jump off the couch and beg him to get angry, to kick me out of the house or take cards in the matter, but it was my right leg that externalized that strong feeling nervously up and down, non-stop. Sam noticed it, closed his eyes tightly and looked at me saying:

-Could you stop moving your leg like that? It makes me feel nervous…

-I’m… I’m sorry. It wasn’t my intention.

-Thanks.

There was an aromatic candle on the tea table in front of the couch, Sam kept watching it, thoughtfully as I tried to understand that “thanks” he said before, what had that been, by the way? I had just thrown all his desires, hopes, future life plans to the ground and he was thankful to me for stop moving my leg, really? I got up from the couch and started walking around the room, restless. He looked at me. But it wasn’t a look of hatred or resentment, nor of revenge or violence either, he approached me slowly as I swallowed saliva waiting, cautiously, for something really bad to happen. He came to me, we were very close and he kissed me. Surprised, I answered to the kiss.

He started unbuttoning my blouse buttons, gently, just like he did on our first date, kissing me on the neck and biting one of my ears. I was still a little upset, but I couldn’t do anything else at the time than get carried away and see what would happen next, what his reaction would be. When I woke up, I realized that we had moved into the room and that Sam was getting dressed, the rest of the clothes were lying on the floor and the sun was coming in nicely through the windows. He took his briefcase, kissed me on the forehead and set out the door.

-Where are you going?

-To work. See you later – he answered with a paused voice, without turning -.

He closed the door behind him and left me there, naked under the sheets with a million of doubts crossing my mind and not knowing how to manage everything happened…


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Un Lugar Seguro:

Un lugar cerca del centro, quizá bajo nubes grises y el aletear de los pájaros. Un lugar donde mantenerse en silencio, sin palabras necias, sin necesidades enfermizas o críticas obsesivas e invasivas. Ese lugar que te abraza entre sus brazos y te susurra confidencias que jamás imaginaste, donde reflexionas y creas tus propias convicciones, puedes mirar por la ventana y ver a otro aún más perdido que tú en las casas que hay frente a la tuya.

Un lugar limpio, ordenado, con olor a flores donde añores a aquellos que más cerca están y recuerdes por qué llegaste a él, por qué lo pensaste. por qué lo deseaste y cruzaste esa puerta. ¿Fue para encontrarte?, ¿fue para evadirte del exterior?, ¿o fue por que querías huir de tu vida pasada? Este es un lugar donde tú misma eres tu propio salvador, donde te alimentas, esperas mejores tiempos e imaginas qué harías si tuvieras una vida nueva agazapada en tu mano esperando hacerte volar.

Un lugar donde no tengas que preguntarte constantemente si lo estás haciendo bien o mal, si decepcionarás a alguien o si has pasado las expectativas del que se sienta a tu lado cada mañana, no hará falta que esperes una palabra, un grito de reclamo, una negativa hacia algo que querías y tampoco hacer un esfuerzo por agradar a nadie. Es un lugar donde puedes ser tú sin tapujos, sin nada que esconder, está todo al alcance de tu mano, sin tener una necesidad de huir, mientras sigues leyendo cualquier libro que inspire mejores tiempos, sin que nadie te observe a escondidas esperando que seas el nuevo fracaso.

Un lugar donde tus ideas no son corrompidas, ni tus pensamientos cuestionados, estás a salvo. Respiras y caminas donde quieres, porque quieres y porque nadie puede evitarlo, tampoco cuestionarlo. Es ese lugar donde cuestionas la información que te llega de otros, donde decides qué creer y a quién, el por qué. Es justo el lugar donde puedes tomar tus decisiones en silencio, en brazos de la libertad que has tomado, te permite vivir, sentir y encontrar el sentido de las cosas junto a tu perspectiva, mientras la oscuridad forma parte de la vida de otros que quizá no supieron vivir la suya.

Un lugar donde mimar a tu niño interior, a cortar escenas pasadas que ocupaban tu mente de forma inesperada y no dejaban cabida a nada más, empezando a crear momentos y dejando de ser tú quién siempre se queda atrás. Ese lugar donde crees que vas a llegar lejos, que esperas que mejore todos tus problemas, que sea el techo donde duermas cada noche mientras el frío de afuera espera un nuevo amanecer. Ese lugar que te inspire, donde la luz entra cada día para avisarte de que ya puedes abrir los ojos y tus sueños se pueden volver realidad, donde puedes responder tus dudas sin ninguna influencia exterior, sin nadie que quiera usurpar las paredes de tu mente hasta tu último pensamiento coherente.

Un lugar que acalla las voces en tu cabeza cuando pones un pie dentro, cuando te hace sentir a salvo, que importas, esperándote tras un día duro de trabajo. Ese lugar seguro que aguarda mientras puedes ser tú y no la sombra de nadie.


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A Safe Place:

A place near the center, perhaps under the gray clouds and the flapping of birds. A place to stay silent, without foolish words, without sick needs or obsessive and invasive criticisms. That place that embraces you in his arms and whispers confidences that you never imagined, where you reflect and create your own convictions, you can look out the window and see someone even more lost than you in the houses in front of yours.

A clean, tidy, flower-scented place where you long for those closest to you and remember why you came to it, why you thought about it. why you wanted it and walked through that door. Was it to find yourself?, was it to evade yourself from the outside?, or was it because you wanted to run away from your past life? This is a place where you are your own savior, where you feed, expect better times and imagine what you would do if you had a new life crouching in your hand waiting to make you fly.

A place where you don’t have to constantly wonder if you’re doing it right or wrong, whether you’ll disappoint someone, or if you’ve spent the expectations of the one who sits next to you every morning, you won’t have to wait for a word, a cry of grievance, a refusal toward something you wanted, and also not make an effort to please anyone. It is a place where you can be without plugging, with nothing to hide, everything is placed at your fingertips, without having a need to flee, while you continue reading any book that inspires better times, without anyone sneaking around, waiting for you to be the new failure.

A place where your ideas are not corrupted, nor are your thoughts questioned, you are safe. You breathe and walk where you want, because you want to and because no one can avoid it, neither question it. It’s that place where you question the information that comes to you from others, where you decide what to believe and to whom, even why you do it. It’s just the place where you can make your decisions silently in the arms of the freedom you’ve taken, it allows you to live, feel, and find the meaning of things next to your perspective, while darkness is part of the lives of others and not in yours anymore.

A place to pamper your inner child, to cut past scenes that occupied your mind unexpectedly and left no room for anything else, starting to create moments and no longer being you who always lays behind. That place where you think you’re going to go far, that you expect it to improve all your problems, make it the roof where you sleep every night while the cold outside waits for a new sunrise. That place that inspires you, where light enters every day to warn you that you can already open your eyes and your dreams can come true, where you can answer your doubts without any outside influence, without anyone who wants to usurp the walls of your mind until your last coherent thought.

A place that blasts the voices in your head when you set your foot inside, when it makes you feel safe, that you care, waiting for you after a hard day’s work. That safe place that waits while you can be you and not anyone’s shadow.


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Entre Miradas:

La primera copa fue refrescante, la necesitaba. La segunda, mostraba que no había tenido suficiente con la primera pero, la tercera simbolizaba la necesidad de seguir bebiendo. El alcohol corría por mis venas tan deprisa como la sangre, cada noche necesitaba un poco más para evadirme de un matrimonio sin amor, dos hijos que me odiaban, una amante despechada y la tonelada de facturas por pagar que prefería olvidar en la oficina cada vez que cerraba, era una locura. En el bar era otra persona, podía convertirme en quién quisiera y cualquiera escucharía mis historias hasta acabar en la calle con una borrachera del quinto, pero era la única forma de llegar a casa con ambos pies.

Las luces eran algo tenues, lo cual, hacían que el ambiente fuera más íntimo y reservado, estaba algo silencioso, había como seis personas y cada una de ellas estaba metida en sus asuntos, copa en mano y dejándose llevar. No esperaba que nadie se sentara a mi lado y, mucho menos, una mujer. Tendía a ser borde, a negar que alguien se sentara cerca de mí pero su cabello rojizo, ojos grises y sonrisa celestial captaron mi atención por completo, volviendo la mirada otra vez a mi vaso para no hacerla sentir incómoda. Su tez era perfecta, parecía suave a simple vista y muy bien cuidada, no tenía una sola zona con acné. Trataba de calcular su edad mientras seguía observándola por el rabillo del ojo y ella intentaba no girarse para mirarme directamente, el primer contacto siempre solía ser un tanto tenso.

Se sentó en el taburete de la barra, unos centímetros de mí y se pidió un martini. Su voz era armoniosa, serena y poco monótona, con un acento diferente que todavía no había podido identificar pero que esperaba hacerlo. En cuanto le trajeron la bebida, removió su contenido con una pequeña pajita, su sensualidad era incuestionable, su vestido rojo sangre largo hasta un poco más arriba de las rodillas y un escote llamativo hacían que me volviera a mirarla tantas veces como el alcohol me permitía moverme. Pedí una cuarta copa para compensar, por supuesto.

-Parece perdido – fue lo único que dijo, al mirarme de reojo, haciéndose la interesante -.

-¿Qué le hace pensar eso?

-Lleva cuatro copas desde que está sentado aquí y no deja de mirar hacia abajo, signo de que se avergüenza de lo que hace y de que no deja de darle vueltas a algo, ¿me equivoco? – sonrió mientras le daba un par de sorbos a su copa y traían la mía por fin -.

-Veo que tengo a una acosadora interesada – ambos reímos – Bueno, mi vida no ha resultado como yo esperaba.

-¿Sentado en un taburete de bar mirando a la nada? Qué va, mi vida es mejor – su sarcasmo la hacía todavía más atractiva -.

Estuvimos hablando durante horas, copa tras otra pero a ella parecía no afectarle en absoluto. Me encantaba su sonrisa y la forma de expresarse, moviendo ambos brazos entendiéndose a ella misma mientras yo trataba de no vomitarle en los zapatos. Cerré los ojos un momento tras la doceava copa, mientras mi cuerpo se tambaleaba adelante y atrás como si estuviera subido a un tiovivo y me di cuenta de que ya no estaba, tampoco su copa. Supuse que había ido al baño pero tampoco estaba su chaqueta y su bolso, por lo que, llamé al barman para que se acercara, yo no estaba seguro de poder levantarme todavía.

-¿No cree que ya ha bebido bastante?, ¿por qué no se va a casa a dormir la mona?

-¿Ha visto dónde ha ido… esa mujer? – era difícil pronunciar las palabras con exactitud pero mucho más ponerlas en orden -.

-¿Qué mujer?, ¿a qué se refiere?

-La mujer. Esa mujer que estaba aquí… La del… la del martini.

-Oiga, ha bebido demasiado esta noche, creo que debería irse a casa.

-¿No ha visto una mujer con un vestido rojo bebiendo un martini? Estaba justo… justo aquí – le señalé el taburete de al lado -.

-Señor, ha estado solo todo el tiempo, no había nadie sentado ahí – me miró realmente preocupado – De verdad, váyase a casa, ya es suficiente por hoy. Si quiere, le llamo un taxi.

Pero la vi. La vi saliendo del bar, así que, dejé unos billetes sobre la barra y fui tras ella. Cruzó la carretera descalza, mientras yo iba tras ella para alcanzarla. Unas luces me deslumbraron, cada vez estaban más cerca pero quise llegar hasta ella. Oí un golpe sordo. Y luego todo se volvió negro.


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Between Looks:

The first drink was refreshing, I needed it. The second showed that I hadn’t had enough with the first one, but the third symbolized the need to keep drinking. Alcohol ran through my veins as fast as blood, every night I needed a little more to evade a loveless marriage, two children who hated me, a scorned mistress and the ton of bills to be paid that I preferred to forget in the office every time I closed, it was crazy. At the bar I was someone else, I could become whoever I wanted and anyone would listen to my stories until I ended up on the street with a drunken fifth, but it was the only way to get home with both feet.

The lights were a little dim, which made the atmosphere more intimate and reserved, was somewhat quiet, there were about six people and each of them was in their affairs, cup in hand and letting go. I didn’t expect anyone to sit next to me and, much less, a woman. I tended to be rude, to deny that someone sat near me but her reddish hair, gray eyes and heavenly smile caught my attention completely, turning my gaze back to my glass to not make her feel uncomfortable. Her skin was perfect, she looked soft to the naked eye and very well maintained, she didn’t have a single area with acne. I was trying to calculate her age as I kept watching her through the corner of my eye and she tried not to turn around to look at me directly, the first contact always used to be a little tense.

She sat on the bar stool, a few inches from me and asked for a martini. Her voice was harmonious, serene and unlotonous, with a different accent that I had not yet been able to identify but hoped to do so. As soon as the barman brought her drink, she removed her contents with a little straw, her sensuality was unquestionable, her red dress long blood up to a little above her knees and an eye-catching neckline made me look at her again as many times as alcohol allowed me to move. I ordered a fourth drink to make up for it, of course.

-You seem lost – she said, as she looked at me fastly, making herself interesting -.

-What makes you think that?

-You already drunk four drinks and you keep looking down, a sign that you’re ashamed of what you’re doing and that you keep thinking in something you don’t have the solution yet, am I wrong? – she smiled as she took a couple of sips at her glass and the barman brought my drink at last -.

-I can see I have a stalker interested – we both laughed – Well, my life hasn’t turned out as I expected.

-Sitting on a bar stool looking out to nothing? My life is better – her sarcasm made her even more attractive -.

We were talking for hours, drink after drink, but she didn’t seem to be affected at all for the alcohol. I loved her smile and the way she expressed herself, moving both arms understanding herself as I tried not to vomit on her shoes. I closed my eyes for a moment after the twelfth drink, as my body staggered back and forth as if I were up to a merry-go-round and realized she was gone, neither was her glass on the bar. I figured she’d gone to the bathroom, but there wasn’t her jacket and handbag either, so I called the bartender to come to my position, I wasn’t sure I could get up yet.

-Don’t you think you’ve drunk enough?, why don’t you go home and sleep a little?

-Have you seen where she went… that woman? – it was difficult to pronounce the words accurately but much more to put them in order -.

-What woman? What do you mean?

-The woman. She was seated here, the woman… with a martini.

-Look, you’ve drunk enough tonight. I think you should go home.

-Haven’t you seen a woman in a red dress drinking a martini? It was right… right here – I pointed to the stool next to me -.

-Sir, you’ve been alone all the time, there was no one sitting there – he looked at me worried – Really, go home, that’s enough for today. If you want, I’ll call you a taxi.

But I saw her. I saw her leaving the place, so I left some bills over the bar and went after her. She crossed the barefoot road, as I went after her to reach her. Some lights dazzled me, they were getting closer but I wanted to get to her. I heard a dull blow. And then it all turned black.


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Palabras al Viento:

Escribía sin cesar. Mi alrededor había desaparecido, ni siquiera lo que consideraba importante lo era ya. El sonido de las teclas sobre el papel dándole forma a la historia era lo único que me hacía sentir vivo, respirar, volar entre palabras. Mis dedos no paraban de moverse, cada vez a más velocidad y ritmo, sin censura, sin tener que borrar y escribir de nuevo, había prometido un escrito limpio, tal y como saliera de mi mente.

Muchos creían que necesitaba un psicólogo, que era un adicto y debía dejar de escribir, podían pasar los días, noches enteras despierto hasta terminar algo que me resultara lo suficientemente interesante como para enamorarme hasta las trancas. Ellos hablaban de paciencia, de escribir con tranquilidad, de vivir en la realidad y no la ficción, pero yo hablaba de los personajes que caminaban a mi alrededor, me sonreían, coches chocando entre historias de acción y suspense, miradas encontradas entre un matrimonio a punto de divorciarse y palabras hirientes a un amigo muy querido que le ha traicionado. El papel vive, siente, transforma, encuentra la forma de ser transcrito, mejorado, borrado, cambiado, incluso, los olores y sabores se vuelven más presentes.

Mis ojos permanecen fijos en el papel. Una joven se sienta frente a mí, moviéndose al son de las palabras, con cambios de escenario casi a ritmo frenético, hablando con otros, sintiendo emociones, comiendo entre horas sin que nadie la vea. Mis teclas siguen sonando en mis oídos, relajantes, paralizantes, a su vez que ella hace lo que le digo, Habla, grita en sus malos momentos, llora cuando se siente sola y yo sonrío mientras cuento su vida. Mi respiración se entrecorta de emoción, mis manos empiezan a temblar y noto la boca seca, a la vez que mi corazón siente que va a explotar de un momento a otro. Ella mira a su amado, le sonríe, le advierte de sus integuridades, el joven las acepta pero, tras acostarse con ella, se ve como un trapo usado y tirado a la basura, entre sus sábanas comiendo toneladas de helado mientras ve películas tristes y llora como una descosida, incluso, puedo oír lo que ponen en la televisión, puedo saber qué película es… “Moulin Rouge”. Veo su insomnio, su ansiedad, su tristeza, su añoranza y las horas perdidas mientras escribo un punto y aparte.

¿Seguiría con su vida como si nada?, ¿le olvidaría?, ¿caería en absoluta depresión tras creer que nadie más la querría por quién es? Tenía el absoluto control de la historia, las palabras seguían con fluidez, sin interrupción mientras notaba algo de viento entrando por la ventana, ¿era la mía?, ¿quizá la suya? Decidí ignorarlo para seguir con ello. Pero me molestaba, oí libros caer al suelo y también a ella levantarse de la cama a recogerlos. No quería apartar la vista del papel, estaba demasiado inspirado pero lo hice para ver que mi ventana estaba abierta. Me levanté para cerrarla pero, antes de que llegara se había cerrado. Me volví para sentarme en la silla del escritorio y ella me miró fijamente, sonriendo, mirándome de arriba a abajo, dejándome eclipsado. Nos sonreímos, quizá nos gustamos. Olvidé lo que estaba escribiendo y, cuando me quise dar cuenta, mi despacho había desaparecido para formar parte de otra realidad de la que todavía no sabía muy bien cómo se había presentado ante mí. ¿Sería verdad que necesitaba un psicólogo?


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Words Through the Wind:

I was writing incessantly. My surroundings had disappeared, not even what I considered important was it anymore. The sound of the keys on the paper shaping the story was the only thing that made me feel alive, breathe, fly between words. My fingers kept moving, getting faster and faster, uncensored, without having to erase and write again, I had promised a clean writing, just as it came out of my mind.

Many believed that I needed a psychologist, that I was an addict and had to stop writing, I could spend the days, whole nights awake until I finished something that I found interesting enough to fall in love with as hell. They spoke of patience, of writing quietly, of living in reality and not through fiction, but I spoke of the characters who walked around me, smiled at me, cars colliding between stories of action and suspense, looks found between a marriage about to divorce and hurtful words to a much-loved friend who has betrayed him. Paper lives, feels, transforms, finds a way to be transcribed, improved, erased, changed, even the smells and flavors become more present.

My eyes remain fixed on paper. A young woman sits in front of me, moving to the sound of words, with changes of scenery almost at a frenetic pace, talking to others, feeling emotions, eating between hours without anyone seeing her. My keys keep ringing in my ears, relaxing, paralyzing, in turn she does what I tell her, she speaks, screams in her bad times, cries when she feels lonely and I smile as I write her life. My breathing scures with emotion, my hands start shaking and I notice my dry mouth, while my heart feels like it’s going to explode from one moment to the next. She looks at her beloved, he smiles at her, she warns him of her integurities, the young man accepts them but, after sleeping with her, she looks like a cloth used and thrown away, among her sheets eating tons of ice cream while watching sad movies and cries like a desist, I can even hear what she put on TV, I can know what movie it is… “Moulin Rouge”. I see her insomnia, her anxiety, her sadness, her longing and the hours lost as I write a point and set aside.

Would she go on with her life as if nothing happened, would she forgets him, she would fall into absolute depression after believing that no one else would love her for who she is? I had the complete control of the story, the words were still flowing, without interruption as I noticed some wind coming through the window, was it mine, maybe hers? I decided to ignore it to come back to the story but it bothered me, I heard books fall to the ground and also hear her get out of bed to pick them up. I didn’t want to look away from the paper, I was too inspired but I did it to see that my window was open. I got up to close it, but before I got there it had closed. I turned to sit in the desk chair and she stared at me, smiling, looking at me from top to bottom, leaving me eclipsed. We smile, maybe we liked each other. I forgot what I was writing and when I wanted to realize, my office had disappeared to be part of another reality that I still didn’t quite know how he had presented himself to me. Would it be true that I needed a psychologist?


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Bajo las Luces:

El volumen de la música sonaba bastante alto, así que, nos reservamos las palabras para otro momento, cada una de nosotras tenía una cerveza en la mano y no dejábamos de bailar, querías que fuera contigo a ese pub del que llevabas una semana hablando para que dejara de estar tirada en el sofá viendo películas y comiendo palomitas, lo odiabas. Llevabas ya varias copas encima, aunque lo único que podía ver era tu sonrisa, contagiosa, atrayente. No dejábamos de saltar, de cantar canciones que ni conocíamos para acercarnos un poco más la una a la otra.

Todavía no te lo había dicho, ni siquiera me pasaba por la cabeza hacerlo, ya no por mi timidez o vergüenza, sino porque simplemente, no quería. Llevaba tiempo tratando de darte el espacio que necesitabas, de entenderte a ti misma, de saber hacia dónde querías caminar, el rechazo podía contemplarse pero tan solo importaba que estuvieras bien. No estaba enamorada, era otra cosa que ni me había planteado, pero no podía evitar sentirme cercana, atraída, quizá fueron tus ojos, quizá una mirada, quizá cuando sonreías sentía que existía, algo que parecía necesitar mientras las luces del pub parpadeaban sobre de nosotras.

Las cervezas se terminaron, así que, las cogiste y las dejaste en una de las mesas vacías, recuerdo perfectamente cómo te acercaste a mí y pusiste tus manos en mis caderas, mientras nuestras narices podían tocarse, no dejabas de sonreír y yo tampoco podía dejar de hacerlo aún habiéndome quejado de que no era chica de fiestas, no quería reconocerlo pero me lo estaba pasando bien. Me atrajiste más a ti con las manos, así que, puse las mías algo más arriba de tu cintura, era un sueño del que no quería despertar mañana. Me besaste. Fue cálido, uno de los más intensos que había sentido, suave y muy interesante, duró unos diez minutos. Dejamos de bailar y parecía que todo a nuestro alrededor se hubiera disipado, incluso, la gente parecía no importar, sus gritos se alejaban cada vez más, olvidándose de nosotras.

Nunca lo comentamos, aunque seguíamos hablando muy de vez en cuando. Ocurrió sin más en un momento inesperado. Me hizo vivir el presente aunque estuviera en un ambiente poco frecuente para mí, parecía que quisiéramos comentarlo pero, a la vez, también terminábamos por no hacerlo. En realidad, no fue importante. Un instante de los muchos que tenemos al día, un silencio que disfrutamos en medio de todo aquel ruido y nuestras miradas al alejarse tras llevarte a casa. No estaba enfadada ni desilusionada, más bien agradecida de poder llevarme ese momento conmigo, ni siquiera lo comenté a nadie en voz alta, fue íntimo, personal. Me encontré a mí misma después de aquello, no siendo amor y tampoco algo interesado, ni siquiera una situación en la que te preguntas qué pasará después. Era lo que había sido, plasmado en la memoria y dejado para volver a ello cuando quisieras…


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Under the Lights:

The volume of the music sounded pretty loud, so we reserved the words for another moment, each of us had a beer in hand and we kept dancing, you wanted me to go with you to that pub you’d been talking about for a week so that I would stop lying on the couch watching movies and eating popcorn, you hated it. You had several drinks already on you, although all I could see was your smile, contagious, attractive. We didn’t stop jumping and singing songs we didn’t even know to get closer to each other.

I hadn’t told you yet, it didn’t even go through my head to do it, not because of my shyness or shame, just because I didn’t want to. I’ve been trying for a long time to give you the space you needed, to understand yourself, to know where you wanted to walk, rejection could be contemplated but it only mattered that you were okay. I wasn’t in love, it was something else I hadn’t even thought about, but I couldn’t avoid to feel close to you, attracted, maybe it was your eyes, maybe a look, maybe when you smiled I felt as I existed, something I seemed to need while the pub lights flashed over us.

The beers ran out, so you took them and left them at one of the empty tables, I remember perfectly how you approached me and put your hands on my hips, while our noses could touch each other, you kept yourself smiling and I couldn’t stop complaining that I wasn’t a party girl, I didn’t want to admit it but I was having a good time. You attracted me more to you with your hands, so I put mine a little above your waist, it was a dream I didn’t want to wake up about tomorrow. You kissed me. It was warm, one of the most intense I had ever felt, soft and very interesting, lasted about ten minutes. We stopped dancing and it seemed that everything around us had even dissipated, even people didn’t care, their screams moving further and further away, forgetting about the two girls that were screaming songs not long time ago.

We never commented on it, although we kept talking very occasionally. It just happened at an unexpected time. It made me live the present even if it was in a rare environment for me, it seemed that we would like to comment on it but, at the same time, we also end up not doing it. Actually, it wasn’t important. An instant of the many we have a day, a silence we enjoy in the midst of all that noise and our looks as we walk away after taking you home. I wasn’t angry or disappointed, rather grateful to be able to take that moment with me, I didn’t even tell anyone out loud, it was intimate, personal. I found myself after that, not being love and not something interested, not even a situation where you wonder what happens next. It was what it had been, embodied in memory and left to return to it whenever I wanted… just two girls dancing.


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A Través de la Ventana:

Me dispuse a sentarme en la repisa que estaba pegada a la ventana. La había hecho mi lugar seguro, privado. Llovía. Era el tercer día. Levanté la mirada y allí estaba. Cabello castaño oscuro, ojos negros y sonrisa magnética, no era capaz de cruzar palabra con aquel chico cuando nos cruzábamos en la calle, pero sí me atrevía a ponerle los ojos encima en la distancia, a oscuras mientras me dedicaba a hacer nada. Me entretenía ver lo que hacía, horas de entrenamiento, comía sano y se pasaba el día en su habitación cuando no iba a clase o con sus amigos. Empezaba a saber sus horarios, a apuntarlos en una libreta, a conocer su semblante cuando no estaba de humor, qué le hacía feliz y qué le animaba cuando estaba disgustado. Segundos, minutos y horas para seguir la vida del vecino de enfrente, lo mismo que tardé en averiguar la del antiguo.

Desayuna entre las siete de la mañana y las ocho, come entre las dos y las cuatro de la tarde y cena entre las seis y las ocho de la noche. Boxea, lee, canta, come sano y hace los deberes cada día, como un reloj un par de horas después de llegar del instituto, está en último año, me lo cruzo cada día por los pasillos pero está demasiado ocupado riéndose de la marginada de su clase con sus amigos. Es un abusón. Y me encantan los abusones. Son una especie de reloj que romper, una costumbre que deshacer y una mente que quemar, no son nada sin una muleta, son inseguros en soledad. Cuando su madre recogía su ropa sucia, él parecía molesto, ella salía de allí con la cabeza gacha mientras su hijo mostraba una leve sonrisa en su cara. Le gustaba ver sufrir a los demás, era bastante sucio.

Me parecía curioso lo impoluto que se mostraba, su ropa estaba increíblemente planchada, se ponía esas camisetas apretadas que marcaban sus abdominales y bíceps, a veces, se echaba aceites y se miraba al espejo durante horas. Resultaba curioso ver cómo se adulaba a sí mismo, un “no es suficiente” podría aparecer en su cabeza cada vez que hacía una hora más de entrenamiento diario. Todavía era un niño y se presionaba al límite para ser el mejor, pero no veía a quién le importaba desde esta ventana, le veía más bien solo. Pero, una tarde algo me llamó la atención, alguien subió con él a su cuarto, Una chica rubia, la había visto antes, era una de las más populares dada su vestimenta de animadora. Empezaron a besarse. Él la cogió de la cintura mientras iba bajando hasta su trasero, lo apretó y le subió la pierna derecha hasta su cadera, la acaricio hasta llegar hacia lo que llevaba debajo de esa falda azul y amarilla. Continuaron besándose y él quiso quitarle la camiseta. Ella paró de besarle y negó con la cabeza. Os aseguro que el chico no se lo tomó nada bien, le impidió salir de la habitación, le dio una bofetada y la tiró sobre la cama. Preferí no presenciar lo que pasó después pero cogí el teléfono y empecé a grabar, era el momento indicado.

Era curioso que, justo en aquel momento, por fin tuviera algo con lo que destruirle. Tuve que mudarme a esta casa para estar justo enfrente de su cuarto y poder seguirle de cerca, tuve que pasar desapercibida en el instituto para que no se le ocurriera mirarme otra vez, quería mantener distancia entre ambos para esperar a aquel momento, a aquella grabación para demostrar que lo que me hizo a mí se lo hacía a otras. He esperado un año pero ha valido la pena. En cuanto terminó conmigo pretendió que no me conocía, pasó de largo como si no me hubiera hecho nada, siguió andando sin que sus actos fueran juzgados. E aquí mi rebancha. Era hora de ajustar cuentas.


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Through the Window:

I set out to sit on the ledge that was attached to the window. I had made it my safe, private place. It was raining. It was the third day. I looked up and there he was. Dark brown hair, black eyes and magnetic smile, I wasn’t able to cross a word with that boy when we crossed the street, but I did dare to put my eyes on him in the distance, in the dark while I was doing nothing. I was entertained to see what he did, hours of training, ate healthy and spent the day in his room when he didn’t go to class or with his friends. I began to know his schedules, to write them down in a notebook, to know his countenance when he was not in the mood, what made him happy and what encouraged him when he was upset. Seconds, minutes and hours to follow the life of the neighbor across the street, the same as it took me to find out the old one.

He has breakfast between seven in the morning and eight, eat between two and four in the afternoon and dinner between six and eight o’clock at night. He boxes, reads, sings, eats healthy food and does his homework every day, like a clock a couple of hours after arriving from high school, he’s in his senior year, I walk through the aisles every day, but he’s too busy laughing at the marginalized girl in his class with his friends. He’s a bully. And I love bullies. They are a kind of clock to break, a custom to undo and a mind to burn, they are nothing without a crutch, they are insecure in solitude. When his mother took his dirty clothes, he seemed upset, she came out with her head down while her son showed a slight smile on his face. He liked to see others suffer, it was pretty dirty.

I thought it was funny how impolute he was, his clothes were incredibly ironed, he put on those tight T-shirts that marked his abs and biceps, sometimes he would throw oils on his body and look in the mirror for hours. It was curious to see how he flattered himself, a “not enough” could appear in his head every time he did one more hour of daily training. He was still a kid and pushed himself to the limit to be the best, but I didn’t see who cared from this window, I saw him rather alone. But one afternoon something got my attention, someone came up with him to his room, A blonde girl, I had seen her before, she was one of the most popular at high school, judging for her cheerleading attire. They started kissing. He grabbed her from the waist as his hand went down to her bumb, squeezed it and raised her right leg to his hip, stroked her to what she wore under that blue and yellow skirt. They continued kissing and he wanted to take off his shirt. She stopped kissing him and shook his head. I assure you, the boy didn’t take it well, stopped her from leaving the room, slapped her and threw her on the bed. I preferred not to witness what happened next but I picked up the phone and started recording, it was the right time.

It was curious that, right at the time, I finally had something to destroy him with. I had to move into this house to be right in front of his room and be able to follow him closely, I had to go unnoticed in high school so that he wouldn’t think of looking at me again, I wanted to keep a distance between the two of us to wait for that moment, to that recording to show that what he did to me did it to others. I’ve waited a year, but it’s been worth it. As soon as he finished with me, he pretended he didn’t know me, he passed by as if he hadn’t done anything to me, he kept walking without his actions being judged. And here’s my slice. It was time to settle scores.


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Sin Destino:

Todos nos podemos sentir desorientados, desolados y olvidados, alguna vez. Mis pies me llevaban cada día a cruzar el mismo bosque, entre la niebla, para encontrarme de frente con mis miedos, mi pasado y las pérdidas. Me volvía a ver a mí mismo intentando ayudarme de mis piernas y brazos para salir del agua, del ahogamiento que me imponía el destino, aquel del que muy poca gente podía escapar. La aceptación está sobrevalorada cuando se para el tiempo, cuando las horas dejan de ser importantes y comer se convierte en una simple rutina porque el apetito ha desvanecido junto con tus ganas de seguir caminando entre la niebla y el frío.

No siento la cara, tampoco las manos dentro de los guantes de cuero negro, debo tener cuidado de que las piernas no me flaqueen porque tiemblan como nunca antes, causándome cierto desequilibrio. Camino a paso lento, no tengo prisa por llegar donde mi cuerpo me lleva, tampoco quiero mirar la hora o esperar que vaya a ser un día diferente. Tras recibir la negativa de mi jefe de no volver al trabajo hasta que la ayuda psicológica hiciera su efecto, no tenía nada mejor que hacer. Ni mi jefe me soportaba en mis momentos de oscuridad, entre ese leve mareo que caracterizaba cada mañana mientras archivaba papeleo, mientras escribía alguna cronológica o cuando interpretaba una noticia como buena cuando era una bazofia a larga distancia.

Paso las tardes mirando fotos antiguas, recuerdos de cuando podía decir que era feliz aunque siempre añadía que no se es del todo por problemas ajenos a nosotros. Sentí el no haberlos disfrutado, no haber estado más presente, dejar de seguir lo que se debía hacer por lo que realmente quería yo… Observaba la ventana como un idiota mientras llovía volviendo a aquellos momentos de seguridad, compostura, amistad interminable donde creía que nada iba a cambiar y que siempre habría un instante en el que podría preguntar “deberíamos tener una cita, llevamos siendo amigos mucho tiempo, ¿no crees?”, era una apuesta segura que un atropello justo enfrente de nuestra casa la hizo no tan imaginable. Mis pies empezaron a moverse rápidamente hacia la calle para asistirla, mientras mi desesperación provocaba que mis manos no dejaran de temblar y mi voz se quebrara tratando de que abriera los ojos. Nunca lo hizo.

“Hija, amiga y periodista”, eso decidieron escribir en su tumba. Sonaba a broma. La miré como si estuviera frente a mí, un reflejo transparente que disipaba con la niebla pero que insistía porque fuera permanente. Me senté sobre la hierba y continué mirando la inscripción, tratando de entender la importancia de esas palabras viniendo de una familia que nunca la había tenido en cuenta, tan solo vinieron sus hermanos al funeral y, simplemente, desapareció. Cambié las flores amapolas marchitas que dejé hace un par de días por unas rosas rojas despampanantes que le daban mejor aspecto. Estando allí era como si estuviera con ella, en un mismo barco, en una misma riada, en una misma habitación… Simples compañeros de piso que hicieron migas desde la primera sonrisa y que nunca pudieron despedirse tras el último suspiro.


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Without Destiny:

We can all feel disoriented, desolated and forgotten, sometimes. My feet took me every day to cross the same forest, in the fog, to find me head-on with my fears, my past and the losses. I saw myself again trying to help me out of my legs and arms to get out of the water, from the drowning imposed on me by fate, the one from which very few people could escape. Acceptance is overrated when time stops, when hours stop being important and eating becomes a simple routine because appetite has faded along with your desire to keep walking in the fog and the cold.

I can’t feel my face, I don’t feel my hands inside the black leather gloves either, I have to be careful that my legs don’t falter because they tremble like never before, causing me some imbalance. I walk at a slow pace, I’m in no hurry to get to where my body takes me, I don’t want to look at the time either or hope it’s going to be a different day. After receiving my boss’s refusal not to return to work until psychological help had its effect, I had nothing better to do. Even my boss couldn’t stand me in my dark moments, a few times of little dizziness that I characterized every morning while archiving paperwork, while writing some chronological or when I played a news story as good when I was a long-distance slug.

I spend the afternoons looking at old photos, memories of when I could say that I was happy although I always added that it is not entirely because of problems outside of us. I felt that I didn’t enjoy them, I hadn’t been more present, to stop following what was supposed to be done for what I really wanted… I watched the window like an idiot as it rained back to those moments of security, composure, endless friendship where I thought nothing was going to change and that there would always be a moment when I could ask “we should have a date, we’ve been friends for a long time, don’t you think?” it was a sure bet that a hit-and-run right in front of our house made it not so imaginable. My feet began to move quickly into the street to assist her, while my desperation caused my hands to stop shaking and my voice breaking trying to get she opened her eyes. She never did.

“Daughter, friend and journalist,” that’s what they decided to write in her grave. It sounds like a joke. I looked at her as if she were in front of me, a transparent reflection that dissipated with fog but insisted that it be permanent. I sat on the grass and continued to look at the inscription, trying to understand the importance of those words coming from a family that had never taken her as part of their own, only her brothers came to the funeral and she simply disappeared. I traded the withered poppy flowers I left a couple of days ago for some stunning red roses that made it look better. Being there it was as if I were with her, in the same boat, in the same flood, in the same room… Simple roommates who made crumbs from the first smile and could never say goodbye after the last sigh.


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Un Nombre:

Leyendo el periódico durante horas y ya me había dado cuenta de que todavía no me habían puesto un nombre. Habían encontrado al periodista muerto en medio de la plaza de la ciudad pero, todavía no tenía un nombre. Durante estos días tan solo han dedicado los titulares al tal Doyle Hichman, a sus hijos y a su ex mujer que casi muere de un infarto al enterarse de que el ricachón la había palmado, menuda sorpresa. Pero yo, tan solo quería un nombre. Fantaseaba con cuál podría ser, la Policía siempre era muy creativa cuando tenía que ver con casos de asesinato y, mucho más, cuando eran de carácter profesional. Este lo fue. Tan solo dejé el cadáver en medio de la calle por puro aburrimiento, el tío para el que trabajo estará a punto de llamarme para echarme la bronca… ¿o no? Ni idea. Creo que este periódico no atiende a los verdaderos detalles.

¿Sería la gata salvaje? Nah, parece de telenovela. ¿La mujer de negro? Nunca me han visto, no podrían determinar el color. ¿Pluma sangrienta? Nah, eso tenía que ver con el muerto, yo solamente hice lo que debía hacer para que mi cuenta del banco creciera a medio millón más. Debía ser algo con dos palabras, pegadizo, algo que les hiciese recordar el caso… ¿muerte en el callejón? Tipicazo. Ajj, podría estar así todo el día. Tiré el periódico a un lado del sofá y vi que me había llegado un mensaje del que me contrató: “¿Estás loca? ¿Has dejado el cadáver en medio de la calle más transitada de Brooklyn? ¡El trato incluía discreción! Ahora mismo estoy dudando de tu profesionalidad. ¡Llámame!”. Ups, esa había sido yo. Era un exagerado, él me contrata para que mate a un periodista que indagaba en sus asuntos mafiosos y ahora me viene con gilipolleces, ¿quién es aquí el poco discreto? El que me llama a mi teléfono privado diciendo “llámame”, dios, los hombres nunca aprenden.

Encendí la tele. Todo tenía que ver con Hichman, era aburrido. Puse los ojos en blanco y la apagué, a la vez que sonó la puerta de la habitación del hotel, me acerqué a ella con cuidado con una mano puesta en el arma que tenía sujeta en la pierna derecha. Al abrir, me topé con el idiota que me había dejado el mensaje con una Glock apuntándome en la cabeza, entrando en mi piso como si fuera su casa. Se cerró la puerta tras él y nos plantamos en el salón, si hubiera sabido que iba a tener visita, hubiera arreglado ese desastre, tenía braguitas y sujetadores por todas partes… ups.

– ¡Te dije que necesitábamos discreción, no una hoguera en medio del pueblo!

– ¿Una hoguera? Pensaba que era un muerto…

– No juegues conmigo, Gloria. Un trato es un trato, no has cumplido tu parte – su voz era aún más seria pero, todavía podía sacar partido de la conversación -.

– El trato era matarle y está muerto, me habéis pagado y yo me voy por donde he venido, no encontrarán nada – respondí, despreocupada – No seas tan dramático.

– ¿Dramático yo? ¡Reza para que los federales no llamen a nuestra puerta! – empezaba a bajar el arma, aunque seguía nervioso -.

– No te lo tengas tan creído, no eres tan guapo – le guiñé un ojo, algo coqueta, no me mataría ni aunque le pagasen -.

– ¡Joder, Gloria!

En cuanto me di cuenta, habíamos acabado en la cama. El tío se movía bien aunque fuese idiota, todo había que decirlo… Me fumé un cigarrillo y entró una noticia nueva en mi teléfono: “¿Acechará la Dama Oscura de nuevo?”. La Dama Oscura, ¿eh? Me gusta. Sonreí a la vez que recogía mis cosas y salía del hotel, mientras dejaba al señor dramas roncando en la cama, le echarían a patadas, tendría un despertar más que marchoso y vendría a matarme. ¡Hasta la vista Brooklyn!


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A Name:

Reading the newspaper for hours and I had already realized that I didn’t have a name yet. They had found the journalist dead in the middle of the city square but I still didn’t have a name. During these days they have only dedicated the headlines to Doyle Hichman, his children and his ex-wife who almost died of a heart attack when she heard the news that the rich guy had been murdered, what a surprise! But I just wanted a name. Fantasizing what it might be, the police were always very creative when it had to do with murder cases and, much more, when they were professional in nature. This one was. I just left the body in the middle of the street out of sheer boredom, the guy I work for is about to call me to tease me… won’t he? I have no idea. I don’t think this newspaper gets the correct details.

Would it be the wild cat? Nah, it looks like a soap opera. The woman in black? They’ve never seen me, they couldn’t determine the color. Bloody feather? Nah, that had to do with the dead man, I just did what I had to do to get my bank account to grow to half a million more. It must have been something with two words, catchy, something that made them remember the case… death in the alley? That’s tipical. Ajj, I could be like this all day. I threw the newspaper to the side of the couch and saw that I had got a message from the guy who hired me: “Are you crazy? Did you leave the body in the middle of Brooklyn’s busiest street? The deal included discretion! Right now I’m doubting your professionalism. Call me!” Ups, that was me. It was an exaggeration, he hires me to kill a journalist who investigated his mafia affairs and now he blames me, who is here the little discreet? Whoever calls me on my private phone saying “call me”. God, men never learn.

I turned on the TV. Everything had to do with Hichman, it was boring. I turned my eyes blank and turned it off, while the door of the hotel room stood, I approached it carefully with a hand placed on the gun that was holding on my right leg. When I opened up, I ran into the idiot who left me the message with a Glock pointing at my head, coming into my apartment like it was his house. The door was closed behind him and we stood in the living room, if I had known I was going to have a visitor, I would have arranged that disaster, I had panties and bras everywhere… Ups.

– I told you we needed discretion, not a bonfire in the middle of town!

– A bonfire? I thought it was a dead man…

– Don’t play with me, Gloria. A deal is a deal, you haven’t done your part – his voice was even more serious but, I could still take advantage of the conversation -.

– The deal was to kill him and he’s dead, you paid me and I’m going where I came from, they won’t find anything -I answered, carefree – Don’t be so dramatic.

– Dramatic me? Pray the feds don’t knock on our door! – he was starting to put the gun down, even though he was still nervous -.

– Don’t keep it so believful, you’re not so handsome – I winked at him, flirting a little, he wouldn’t kill me even if someone paid him -.

– Damn it, Gloria!

As soon as I realized, we ended up on bed. The guy moved well even being an idiot, everything had to be said… I smoked a cigarette and good news came in on my phone: “Will the Dark Lady lurk again?” Dark Lady, huh? I like it. I smiled at the same time as I picked up my things and left the hotel, as I left Mr. Dramas snoring in bed, when the cleaners kicked him out, he gonna have a more than a withered awakening and I’m sure he gonna come to kill me. See you soon, Brooklyn!


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