Publicado en Relatos

Un Lugar Seguro:

Un lugar cerca del centro, quizá bajo nubes grises y el aletear de los pájaros. Un lugar donde mantenerse en silencio, sin palabras necias, sin necesidades enfermizas o críticas obsesivas e invasivas. Ese lugar que te abraza entre sus brazos y te susurra confidencias que jamás imaginaste, donde reflexionas y creas tus propias convicciones, puedes mirar por la ventana y ver a otro aún más perdido que tú en las casas que hay frente a la tuya.

Un lugar limpio, ordenado, con olor a flores donde añores a aquellos que más cerca están y recuerdes por qué llegaste a él, por qué lo pensaste. por qué lo deseaste y cruzaste esa puerta. ¿Fue para encontrarte?, ¿fue para evadirte del exterior?, ¿o fue por que querías huir de tu vida pasada? Este es un lugar donde tú misma eres tu propio salvador, donde te alimentas, esperas mejores tiempos e imaginas qué harías si tuvieras una vida nueva agazapada en tu mano esperando hacerte volar.

Un lugar donde no tengas que preguntarte constantemente si lo estás haciendo bien o mal, si decepcionarás a alguien o si has pasado las expectativas del que se sienta a tu lado cada mañana, no hará falta que esperes una palabra, un grito de reclamo, una negativa hacia algo que querías y tampoco hacer un esfuerzo por agradar a nadie. Es un lugar donde puedes ser tú sin tapujos, sin nada que esconder, está todo al alcance de tu mano, sin tener una necesidad de huir, mientras sigues leyendo cualquier libro que inspire mejores tiempos, sin que nadie te observe a escondidas esperando que seas el nuevo fracaso.

Un lugar donde tus ideas no son corrompidas, ni tus pensamientos cuestionados, estás a salvo. Respiras y caminas donde quieres, porque quieres y porque nadie puede evitarlo, tampoco cuestionarlo. Es ese lugar donde cuestionas la información que te llega de otros, donde decides qué creer y a quién, el por qué. Es justo el lugar donde puedes tomar tus decisiones en silencio, en brazos de la libertad que has tomado, te permite vivir, sentir y encontrar el sentido de las cosas junto a tu perspectiva, mientras la oscuridad forma parte de la vida de otros que quizá no supieron vivir la suya.

Un lugar donde mimar a tu niño interior, a cortar escenas pasadas que ocupaban tu mente de forma inesperada y no dejaban cabida a nada más, empezando a crear momentos y dejando de ser tú quién siempre se queda atrás. Ese lugar donde crees que vas a llegar lejos, que esperas que mejore todos tus problemas, que sea el techo donde duermas cada noche mientras el frío de afuera espera un nuevo amanecer. Ese lugar que te inspire, donde la luz entra cada día para avisarte de que ya puedes abrir los ojos y tus sueños se pueden volver realidad, donde puedes responder tus dudas sin ninguna influencia exterior, sin nadie que quiera usurpar las paredes de tu mente hasta tu último pensamiento coherente.

Un lugar que acalla las voces en tu cabeza cuando pones un pie dentro, cuando te hace sentir a salvo, que importas, esperándote tras un día duro de trabajo. Ese lugar seguro que aguarda mientras puedes ser tú y no la sombra de nadie.


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A Safe Place:

A place near the center, perhaps under the gray clouds and the flapping of birds. A place to stay silent, without foolish words, without sick needs or obsessive and invasive criticisms. That place that embraces you in his arms and whispers confidences that you never imagined, where you reflect and create your own convictions, you can look out the window and see someone even more lost than you in the houses in front of yours.

A clean, tidy, flower-scented place where you long for those closest to you and remember why you came to it, why you thought about it. why you wanted it and walked through that door. Was it to find yourself?, was it to evade yourself from the outside?, or was it because you wanted to run away from your past life? This is a place where you are your own savior, where you feed, expect better times and imagine what you would do if you had a new life crouching in your hand waiting to make you fly.

A place where you don’t have to constantly wonder if you’re doing it right or wrong, whether you’ll disappoint someone, or if you’ve spent the expectations of the one who sits next to you every morning, you won’t have to wait for a word, a cry of grievance, a refusal toward something you wanted, and also not make an effort to please anyone. It is a place where you can be without plugging, with nothing to hide, everything is placed at your fingertips, without having a need to flee, while you continue reading any book that inspires better times, without anyone sneaking around, waiting for you to be the new failure.

A place where your ideas are not corrupted, nor are your thoughts questioned, you are safe. You breathe and walk where you want, because you want to and because no one can avoid it, neither question it. It’s that place where you question the information that comes to you from others, where you decide what to believe and to whom, even why you do it. It’s just the place where you can make your decisions silently in the arms of the freedom you’ve taken, it allows you to live, feel, and find the meaning of things next to your perspective, while darkness is part of the lives of others and not in yours anymore.

A place to pamper your inner child, to cut past scenes that occupied your mind unexpectedly and left no room for anything else, starting to create moments and no longer being you who always lays behind. That place where you think you’re going to go far, that you expect it to improve all your problems, make it the roof where you sleep every night while the cold outside waits for a new sunrise. That place that inspires you, where light enters every day to warn you that you can already open your eyes and your dreams can come true, where you can answer your doubts without any outside influence, without anyone who wants to usurp the walls of your mind until your last coherent thought.

A place that blasts the voices in your head when you set your foot inside, when it makes you feel safe, that you care, waiting for you after a hard day’s work. That safe place that waits while you can be you and not anyone’s shadow.


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Entre Miradas:

La primera copa fue refrescante, la necesitaba. La segunda, mostraba que no había tenido suficiente con la primera pero, la tercera simbolizaba la necesidad de seguir bebiendo. El alcohol corría por mis venas tan deprisa como la sangre, cada noche necesitaba un poco más para evadirme de un matrimonio sin amor, dos hijos que me odiaban, una amante despechada y la tonelada de facturas por pagar que prefería olvidar en la oficina cada vez que cerraba, era una locura. En el bar era otra persona, podía convertirme en quién quisiera y cualquiera escucharía mis historias hasta acabar en la calle con una borrachera del quinto, pero era la única forma de llegar a casa con ambos pies.

Las luces eran algo tenues, lo cual, hacían que el ambiente fuera más íntimo y reservado, estaba algo silencioso, había como seis personas y cada una de ellas estaba metida en sus asuntos, copa en mano y dejándose llevar. No esperaba que nadie se sentara a mi lado y, mucho menos, una mujer. Tendía a ser borde, a negar que alguien se sentara cerca de mí pero su cabello rojizo, ojos grises y sonrisa celestial captaron mi atención por completo, volviendo la mirada otra vez a mi vaso para no hacerla sentir incómoda. Su tez era perfecta, parecía suave a simple vista y muy bien cuidada, no tenía una sola zona con acné. Trataba de calcular su edad mientras seguía observándola por el rabillo del ojo y ella intentaba no girarse para mirarme directamente, el primer contacto siempre solía ser un tanto tenso.

Se sentó en el taburete de la barra, unos centímetros de mí y se pidió un martini. Su voz era armoniosa, serena y poco monótona, con un acento diferente que todavía no había podido identificar pero que esperaba hacerlo. En cuanto le trajeron la bebida, removió su contenido con una pequeña pajita, su sensualidad era incuestionable, su vestido rojo sangre largo hasta un poco más arriba de las rodillas y un escote llamativo hacían que me volviera a mirarla tantas veces como el alcohol me permitía moverme. Pedí una cuarta copa para compensar, por supuesto.

-Parece perdido – fue lo único que dijo, al mirarme de reojo, haciéndose la interesante -.

-¿Qué le hace pensar eso?

-Lleva cuatro copas desde que está sentado aquí y no deja de mirar hacia abajo, signo de que se avergüenza de lo que hace y de que no deja de darle vueltas a algo, ¿me equivoco? – sonrió mientras le daba un par de sorbos a su copa y traían la mía por fin -.

-Veo que tengo a una acosadora interesada – ambos reímos – Bueno, mi vida no ha resultado como yo esperaba.

-¿Sentado en un taburete de bar mirando a la nada? Qué va, mi vida es mejor – su sarcasmo la hacía todavía más atractiva -.

Estuvimos hablando durante horas, copa tras otra pero a ella parecía no afectarle en absoluto. Me encantaba su sonrisa y la forma de expresarse, moviendo ambos brazos entendiéndose a ella misma mientras yo trataba de no vomitarle en los zapatos. Cerré los ojos un momento tras la doceava copa, mientras mi cuerpo se tambaleaba adelante y atrás como si estuviera subido a un tiovivo y me di cuenta de que ya no estaba, tampoco su copa. Supuse que había ido al baño pero tampoco estaba su chaqueta y su bolso, por lo que, llamé al barman para que se acercara, yo no estaba seguro de poder levantarme todavía.

-¿No cree que ya ha bebido bastante?, ¿por qué no se va a casa a dormir la mona?

-¿Ha visto dónde ha ido… esa mujer? – era difícil pronunciar las palabras con exactitud pero mucho más ponerlas en orden -.

-¿Qué mujer?, ¿a qué se refiere?

-La mujer. Esa mujer que estaba aquí… La del… la del martini.

-Oiga, ha bebido demasiado esta noche, creo que debería irse a casa.

-¿No ha visto una mujer con un vestido rojo bebiendo un martini? Estaba justo… justo aquí – le señalé el taburete de al lado -.

-Señor, ha estado solo todo el tiempo, no había nadie sentado ahí – me miró realmente preocupado – De verdad, váyase a casa, ya es suficiente por hoy. Si quiere, le llamo un taxi.

Pero la vi. La vi saliendo del bar, así que, dejé unos billetes sobre la barra y fui tras ella. Cruzó la carretera descalza, mientras yo iba tras ella para alcanzarla. Unas luces me deslumbraron, cada vez estaban más cerca pero quise llegar hasta ella. Oí un golpe sordo. Y luego todo se volvió negro.


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Between Looks:

The first drink was refreshing, I needed it. The second showed that I hadn’t had enough with the first one, but the third symbolized the need to keep drinking. Alcohol ran through my veins as fast as blood, every night I needed a little more to evade a loveless marriage, two children who hated me, a scorned mistress and the ton of bills to be paid that I preferred to forget in the office every time I closed, it was crazy. At the bar I was someone else, I could become whoever I wanted and anyone would listen to my stories until I ended up on the street with a drunken fifth, but it was the only way to get home with both feet.

The lights were a little dim, which made the atmosphere more intimate and reserved, was somewhat quiet, there were about six people and each of them was in their affairs, cup in hand and letting go. I didn’t expect anyone to sit next to me and, much less, a woman. I tended to be rude, to deny that someone sat near me but her reddish hair, gray eyes and heavenly smile caught my attention completely, turning my gaze back to my glass to not make her feel uncomfortable. Her skin was perfect, she looked soft to the naked eye and very well maintained, she didn’t have a single area with acne. I was trying to calculate her age as I kept watching her through the corner of my eye and she tried not to turn around to look at me directly, the first contact always used to be a little tense.

She sat on the bar stool, a few inches from me and asked for a martini. Her voice was harmonious, serene and unlotonous, with a different accent that I had not yet been able to identify but hoped to do so. As soon as the barman brought her drink, she removed her contents with a little straw, her sensuality was unquestionable, her red dress long blood up to a little above her knees and an eye-catching neckline made me look at her again as many times as alcohol allowed me to move. I ordered a fourth drink to make up for it, of course.

-You seem lost – she said, as she looked at me fastly, making herself interesting -.

-What makes you think that?

-You already drunk four drinks and you keep looking down, a sign that you’re ashamed of what you’re doing and that you keep thinking in something you don’t have the solution yet, am I wrong? – she smiled as she took a couple of sips at her glass and the barman brought my drink at last -.

-I can see I have a stalker interested – we both laughed – Well, my life hasn’t turned out as I expected.

-Sitting on a bar stool looking out to nothing? My life is better – her sarcasm made her even more attractive -.

We were talking for hours, drink after drink, but she didn’t seem to be affected at all for the alcohol. I loved her smile and the way she expressed herself, moving both arms understanding herself as I tried not to vomit on her shoes. I closed my eyes for a moment after the twelfth drink, as my body staggered back and forth as if I were up to a merry-go-round and realized she was gone, neither was her glass on the bar. I figured she’d gone to the bathroom, but there wasn’t her jacket and handbag either, so I called the bartender to come to my position, I wasn’t sure I could get up yet.

-Don’t you think you’ve drunk enough?, why don’t you go home and sleep a little?

-Have you seen where she went… that woman? – it was difficult to pronounce the words accurately but much more to put them in order -.

-What woman? What do you mean?

-The woman. She was seated here, the woman… with a martini.

-Look, you’ve drunk enough tonight. I think you should go home.

-Haven’t you seen a woman in a red dress drinking a martini? It was right… right here – I pointed to the stool next to me -.

-Sir, you’ve been alone all the time, there was no one sitting there – he looked at me worried – Really, go home, that’s enough for today. If you want, I’ll call you a taxi.

But I saw her. I saw her leaving the place, so I left some bills over the bar and went after her. She crossed the barefoot road, as I went after her to reach her. Some lights dazzled me, they were getting closer but I wanted to get to her. I heard a dull blow. And then it all turned black.


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Palabras al Viento:

Escribía sin cesar. Mi alrededor había desaparecido, ni siquiera lo que consideraba importante lo era ya. El sonido de las teclas sobre el papel dándole forma a la historia era lo único que me hacía sentir vivo, respirar, volar entre palabras. Mis dedos no paraban de moverse, cada vez a más velocidad y ritmo, sin censura, sin tener que borrar y escribir de nuevo, había prometido un escrito limpio, tal y como saliera de mi mente.

Muchos creían que necesitaba un psicólogo, que era un adicto y debía dejar de escribir, podían pasar los días, noches enteras despierto hasta terminar algo que me resultara lo suficientemente interesante como para enamorarme hasta las trancas. Ellos hablaban de paciencia, de escribir con tranquilidad, de vivir en la realidad y no la ficción, pero yo hablaba de los personajes que caminaban a mi alrededor, me sonreían, coches chocando entre historias de acción y suspense, miradas encontradas entre un matrimonio a punto de divorciarse y palabras hirientes a un amigo muy querido que le ha traicionado. El papel vive, siente, transforma, encuentra la forma de ser transcrito, mejorado, borrado, cambiado, incluso, los olores y sabores se vuelven más presentes.

Mis ojos permanecen fijos en el papel. Una joven se sienta frente a mí, moviéndose al son de las palabras, con cambios de escenario casi a ritmo frenético, hablando con otros, sintiendo emociones, comiendo entre horas sin que nadie la vea. Mis teclas siguen sonando en mis oídos, relajantes, paralizantes, a su vez que ella hace lo que le digo, Habla, grita en sus malos momentos, llora cuando se siente sola y yo sonrío mientras cuento su vida. Mi respiración se entrecorta de emoción, mis manos empiezan a temblar y noto la boca seca, a la vez que mi corazón siente que va a explotar de un momento a otro. Ella mira a su amado, le sonríe, le advierte de sus integuridades, el joven las acepta pero, tras acostarse con ella, se ve como un trapo usado y tirado a la basura, entre sus sábanas comiendo toneladas de helado mientras ve películas tristes y llora como una descosida, incluso, puedo oír lo que ponen en la televisión, puedo saber qué película es… “Moulin Rouge”. Veo su insomnio, su ansiedad, su tristeza, su añoranza y las horas perdidas mientras escribo un punto y aparte.

¿Seguiría con su vida como si nada?, ¿le olvidaría?, ¿caería en absoluta depresión tras creer que nadie más la querría por quién es? Tenía el absoluto control de la historia, las palabras seguían con fluidez, sin interrupción mientras notaba algo de viento entrando por la ventana, ¿era la mía?, ¿quizá la suya? Decidí ignorarlo para seguir con ello. Pero me molestaba, oí libros caer al suelo y también a ella levantarse de la cama a recogerlos. No quería apartar la vista del papel, estaba demasiado inspirado pero lo hice para ver que mi ventana estaba abierta. Me levanté para cerrarla pero, antes de que llegara se había cerrado. Me volví para sentarme en la silla del escritorio y ella me miró fijamente, sonriendo, mirándome de arriba a abajo, dejándome eclipsado. Nos sonreímos, quizá nos gustamos. Olvidé lo que estaba escribiendo y, cuando me quise dar cuenta, mi despacho había desaparecido para formar parte de otra realidad de la que todavía no sabía muy bien cómo se había presentado ante mí. ¿Sería verdad que necesitaba un psicólogo?


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Words Through the Wind:

I was writing incessantly. My surroundings had disappeared, not even what I considered important was it anymore. The sound of the keys on the paper shaping the story was the only thing that made me feel alive, breathe, fly between words. My fingers kept moving, getting faster and faster, uncensored, without having to erase and write again, I had promised a clean writing, just as it came out of my mind.

Many believed that I needed a psychologist, that I was an addict and had to stop writing, I could spend the days, whole nights awake until I finished something that I found interesting enough to fall in love with as hell. They spoke of patience, of writing quietly, of living in reality and not through fiction, but I spoke of the characters who walked around me, smiled at me, cars colliding between stories of action and suspense, looks found between a marriage about to divorce and hurtful words to a much-loved friend who has betrayed him. Paper lives, feels, transforms, finds a way to be transcribed, improved, erased, changed, even the smells and flavors become more present.

My eyes remain fixed on paper. A young woman sits in front of me, moving to the sound of words, with changes of scenery almost at a frenetic pace, talking to others, feeling emotions, eating between hours without anyone seeing her. My keys keep ringing in my ears, relaxing, paralyzing, in turn she does what I tell her, she speaks, screams in her bad times, cries when she feels lonely and I smile as I write her life. My breathing scures with emotion, my hands start shaking and I notice my dry mouth, while my heart feels like it’s going to explode from one moment to the next. She looks at her beloved, he smiles at her, she warns him of her integurities, the young man accepts them but, after sleeping with her, she looks like a cloth used and thrown away, among her sheets eating tons of ice cream while watching sad movies and cries like a desist, I can even hear what she put on TV, I can know what movie it is… “Moulin Rouge”. I see her insomnia, her anxiety, her sadness, her longing and the hours lost as I write a point and set aside.

Would she go on with her life as if nothing happened, would she forgets him, she would fall into absolute depression after believing that no one else would love her for who she is? I had the complete control of the story, the words were still flowing, without interruption as I noticed some wind coming through the window, was it mine, maybe hers? I decided to ignore it to come back to the story but it bothered me, I heard books fall to the ground and also hear her get out of bed to pick them up. I didn’t want to look away from the paper, I was too inspired but I did it to see that my window was open. I got up to close it, but before I got there it had closed. I turned to sit in the desk chair and she stared at me, smiling, looking at me from top to bottom, leaving me eclipsed. We smile, maybe we liked each other. I forgot what I was writing and when I wanted to realize, my office had disappeared to be part of another reality that I still didn’t quite know how he had presented himself to me. Would it be true that I needed a psychologist?


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Bajo las Luces:

El volumen de la música sonaba bastante alto, así que, nos reservamos las palabras para otro momento, cada una de nosotras tenía una cerveza en la mano y no dejábamos de bailar, querías que fuera contigo a ese pub del que llevabas una semana hablando para que dejara de estar tirada en el sofá viendo películas y comiendo palomitas, lo odiabas. Llevabas ya varias copas encima, aunque lo único que podía ver era tu sonrisa, contagiosa, atrayente. No dejábamos de saltar, de cantar canciones que ni conocíamos para acercarnos un poco más la una a la otra.

Todavía no te lo había dicho, ni siquiera me pasaba por la cabeza hacerlo, ya no por mi timidez o vergüenza, sino porque simplemente, no quería. Llevaba tiempo tratando de darte el espacio que necesitabas, de entenderte a ti misma, de saber hacia dónde querías caminar, el rechazo podía contemplarse pero tan solo importaba que estuvieras bien. No estaba enamorada, era otra cosa que ni me había planteado, pero no podía evitar sentirme cercana, atraída, quizá fueron tus ojos, quizá una mirada, quizá cuando sonreías sentía que existía, algo que parecía necesitar mientras las luces del pub parpadeaban sobre de nosotras.

Las cervezas se terminaron, así que, las cogiste y las dejaste en una de las mesas vacías, recuerdo perfectamente cómo te acercaste a mí y pusiste tus manos en mis caderas, mientras nuestras narices podían tocarse, no dejabas de sonreír y yo tampoco podía dejar de hacerlo aún habiéndome quejado de que no era chica de fiestas, no quería reconocerlo pero me lo estaba pasando bien. Me atrajiste más a ti con las manos, así que, puse las mías algo más arriba de tu cintura, era un sueño del que no quería despertar mañana. Me besaste. Fue cálido, uno de los más intensos que había sentido, suave y muy interesante, duró unos diez minutos. Dejamos de bailar y parecía que todo a nuestro alrededor se hubiera disipado, incluso, la gente parecía no importar, sus gritos se alejaban cada vez más, olvidándose de nosotras.

Nunca lo comentamos, aunque seguíamos hablando muy de vez en cuando. Ocurrió sin más en un momento inesperado. Me hizo vivir el presente aunque estuviera en un ambiente poco frecuente para mí, parecía que quisiéramos comentarlo pero, a la vez, también terminábamos por no hacerlo. En realidad, no fue importante. Un instante de los muchos que tenemos al día, un silencio que disfrutamos en medio de todo aquel ruido y nuestras miradas al alejarse tras llevarte a casa. No estaba enfadada ni desilusionada, más bien agradecida de poder llevarme ese momento conmigo, ni siquiera lo comenté a nadie en voz alta, fue íntimo, personal. Me encontré a mí misma después de aquello, no siendo amor y tampoco algo interesado, ni siquiera una situación en la que te preguntas qué pasará después. Era lo que había sido, plasmado en la memoria y dejado para volver a ello cuando quisieras…


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Under the Lights:

The volume of the music sounded pretty loud, so we reserved the words for another moment, each of us had a beer in hand and we kept dancing, you wanted me to go with you to that pub you’d been talking about for a week so that I would stop lying on the couch watching movies and eating popcorn, you hated it. You had several drinks already on you, although all I could see was your smile, contagious, attractive. We didn’t stop jumping and singing songs we didn’t even know to get closer to each other.

I hadn’t told you yet, it didn’t even go through my head to do it, not because of my shyness or shame, just because I didn’t want to. I’ve been trying for a long time to give you the space you needed, to understand yourself, to know where you wanted to walk, rejection could be contemplated but it only mattered that you were okay. I wasn’t in love, it was something else I hadn’t even thought about, but I couldn’t avoid to feel close to you, attracted, maybe it was your eyes, maybe a look, maybe when you smiled I felt as I existed, something I seemed to need while the pub lights flashed over us.

The beers ran out, so you took them and left them at one of the empty tables, I remember perfectly how you approached me and put your hands on my hips, while our noses could touch each other, you kept yourself smiling and I couldn’t stop complaining that I wasn’t a party girl, I didn’t want to admit it but I was having a good time. You attracted me more to you with your hands, so I put mine a little above your waist, it was a dream I didn’t want to wake up about tomorrow. You kissed me. It was warm, one of the most intense I had ever felt, soft and very interesting, lasted about ten minutes. We stopped dancing and it seemed that everything around us had even dissipated, even people didn’t care, their screams moving further and further away, forgetting about the two girls that were screaming songs not long time ago.

We never commented on it, although we kept talking very occasionally. It just happened at an unexpected time. It made me live the present even if it was in a rare environment for me, it seemed that we would like to comment on it but, at the same time, we also end up not doing it. Actually, it wasn’t important. An instant of the many we have a day, a silence we enjoy in the midst of all that noise and our looks as we walk away after taking you home. I wasn’t angry or disappointed, rather grateful to be able to take that moment with me, I didn’t even tell anyone out loud, it was intimate, personal. I found myself after that, not being love and not something interested, not even a situation where you wonder what happens next. It was what it had been, embodied in memory and left to return to it whenever I wanted… just two girls dancing.


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A Través de la Ventana:

Me dispuse a sentarme en la repisa que estaba pegada a la ventana. La había hecho mi lugar seguro, privado. Llovía. Era el tercer día. Levanté la mirada y allí estaba. Cabello castaño oscuro, ojos negros y sonrisa magnética, no era capaz de cruzar palabra con aquel chico cuando nos cruzábamos en la calle, pero sí me atrevía a ponerle los ojos encima en la distancia, a oscuras mientras me dedicaba a hacer nada. Me entretenía ver lo que hacía, horas de entrenamiento, comía sano y se pasaba el día en su habitación cuando no iba a clase o con sus amigos. Empezaba a saber sus horarios, a apuntarlos en una libreta, a conocer su semblante cuando no estaba de humor, qué le hacía feliz y qué le animaba cuando estaba disgustado. Segundos, minutos y horas para seguir la vida del vecino de enfrente, lo mismo que tardé en averiguar la del antiguo.

Desayuna entre las siete de la mañana y las ocho, come entre las dos y las cuatro de la tarde y cena entre las seis y las ocho de la noche. Boxea, lee, canta, come sano y hace los deberes cada día, como un reloj un par de horas después de llegar del instituto, está en último año, me lo cruzo cada día por los pasillos pero está demasiado ocupado riéndose de la marginada de su clase con sus amigos. Es un abusón. Y me encantan los abusones. Son una especie de reloj que romper, una costumbre que deshacer y una mente que quemar, no son nada sin una muleta, son inseguros en soledad. Cuando su madre recogía su ropa sucia, él parecía molesto, ella salía de allí con la cabeza gacha mientras su hijo mostraba una leve sonrisa en su cara. Le gustaba ver sufrir a los demás, era bastante sucio.

Me parecía curioso lo impoluto que se mostraba, su ropa estaba increíblemente planchada, se ponía esas camisetas apretadas que marcaban sus abdominales y bíceps, a veces, se echaba aceites y se miraba al espejo durante horas. Resultaba curioso ver cómo se adulaba a sí mismo, un “no es suficiente” podría aparecer en su cabeza cada vez que hacía una hora más de entrenamiento diario. Todavía era un niño y se presionaba al límite para ser el mejor, pero no veía a quién le importaba desde esta ventana, le veía más bien solo. Pero, una tarde algo me llamó la atención, alguien subió con él a su cuarto, Una chica rubia, la había visto antes, era una de las más populares dada su vestimenta de animadora. Empezaron a besarse. Él la cogió de la cintura mientras iba bajando hasta su trasero, lo apretó y le subió la pierna derecha hasta su cadera, la acaricio hasta llegar hacia lo que llevaba debajo de esa falda azul y amarilla. Continuaron besándose y él quiso quitarle la camiseta. Ella paró de besarle y negó con la cabeza. Os aseguro que el chico no se lo tomó nada bien, le impidió salir de la habitación, le dio una bofetada y la tiró sobre la cama. Preferí no presenciar lo que pasó después pero cogí el teléfono y empecé a grabar, era el momento indicado.

Era curioso que, justo en aquel momento, por fin tuviera algo con lo que destruirle. Tuve que mudarme a esta casa para estar justo enfrente de su cuarto y poder seguirle de cerca, tuve que pasar desapercibida en el instituto para que no se le ocurriera mirarme otra vez, quería mantener distancia entre ambos para esperar a aquel momento, a aquella grabación para demostrar que lo que me hizo a mí se lo hacía a otras. He esperado un año pero ha valido la pena. En cuanto terminó conmigo pretendió que no me conocía, pasó de largo como si no me hubiera hecho nada, siguió andando sin que sus actos fueran juzgados. E aquí mi rebancha. Era hora de ajustar cuentas.


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Through the Window:

I set out to sit on the ledge that was attached to the window. I had made it my safe, private place. It was raining. It was the third day. I looked up and there he was. Dark brown hair, black eyes and magnetic smile, I wasn’t able to cross a word with that boy when we crossed the street, but I did dare to put my eyes on him in the distance, in the dark while I was doing nothing. I was entertained to see what he did, hours of training, ate healthy and spent the day in his room when he didn’t go to class or with his friends. I began to know his schedules, to write them down in a notebook, to know his countenance when he was not in the mood, what made him happy and what encouraged him when he was upset. Seconds, minutes and hours to follow the life of the neighbor across the street, the same as it took me to find out the old one.

He has breakfast between seven in the morning and eight, eat between two and four in the afternoon and dinner between six and eight o’clock at night. He boxes, reads, sings, eats healthy food and does his homework every day, like a clock a couple of hours after arriving from high school, he’s in his senior year, I walk through the aisles every day, but he’s too busy laughing at the marginalized girl in his class with his friends. He’s a bully. And I love bullies. They are a kind of clock to break, a custom to undo and a mind to burn, they are nothing without a crutch, they are insecure in solitude. When his mother took his dirty clothes, he seemed upset, she came out with her head down while her son showed a slight smile on his face. He liked to see others suffer, it was pretty dirty.

I thought it was funny how impolute he was, his clothes were incredibly ironed, he put on those tight T-shirts that marked his abs and biceps, sometimes he would throw oils on his body and look in the mirror for hours. It was curious to see how he flattered himself, a “not enough” could appear in his head every time he did one more hour of daily training. He was still a kid and pushed himself to the limit to be the best, but I didn’t see who cared from this window, I saw him rather alone. But one afternoon something got my attention, someone came up with him to his room, A blonde girl, I had seen her before, she was one of the most popular at high school, judging for her cheerleading attire. They started kissing. He grabbed her from the waist as his hand went down to her bumb, squeezed it and raised her right leg to his hip, stroked her to what she wore under that blue and yellow skirt. They continued kissing and he wanted to take off his shirt. She stopped kissing him and shook his head. I assure you, the boy didn’t take it well, stopped her from leaving the room, slapped her and threw her on the bed. I preferred not to witness what happened next but I picked up the phone and started recording, it was the right time.

It was curious that, right at the time, I finally had something to destroy him with. I had to move into this house to be right in front of his room and be able to follow him closely, I had to go unnoticed in high school so that he wouldn’t think of looking at me again, I wanted to keep a distance between the two of us to wait for that moment, to that recording to show that what he did to me did it to others. I’ve waited a year, but it’s been worth it. As soon as he finished with me, he pretended he didn’t know me, he passed by as if he hadn’t done anything to me, he kept walking without his actions being judged. And here’s my slice. It was time to settle scores.


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Sin Destino:

Todos nos podemos sentir desorientados, desolados y olvidados, alguna vez. Mis pies me llevaban cada día a cruzar el mismo bosque, entre la niebla, para encontrarme de frente con mis miedos, mi pasado y las pérdidas. Me volvía a ver a mí mismo intentando ayudarme de mis piernas y brazos para salir del agua, del ahogamiento que me imponía el destino, aquel del que muy poca gente podía escapar. La aceptación está sobrevalorada cuando se para el tiempo, cuando las horas dejan de ser importantes y comer se convierte en una simple rutina porque el apetito ha desvanecido junto con tus ganas de seguir caminando entre la niebla y el frío.

No siento la cara, tampoco las manos dentro de los guantes de cuero negro, debo tener cuidado de que las piernas no me flaqueen porque tiemblan como nunca antes, causándome cierto desequilibrio. Camino a paso lento, no tengo prisa por llegar donde mi cuerpo me lleva, tampoco quiero mirar la hora o esperar que vaya a ser un día diferente. Tras recibir la negativa de mi jefe de no volver al trabajo hasta que la ayuda psicológica hiciera su efecto, no tenía nada mejor que hacer. Ni mi jefe me soportaba en mis momentos de oscuridad, entre ese leve mareo que caracterizaba cada mañana mientras archivaba papeleo, mientras escribía alguna cronológica o cuando interpretaba una noticia como buena cuando era una bazofia a larga distancia.

Paso las tardes mirando fotos antiguas, recuerdos de cuando podía decir que era feliz aunque siempre añadía que no se es del todo por problemas ajenos a nosotros. Sentí el no haberlos disfrutado, no haber estado más presente, dejar de seguir lo que se debía hacer por lo que realmente quería yo… Observaba la ventana como un idiota mientras llovía volviendo a aquellos momentos de seguridad, compostura, amistad interminable donde creía que nada iba a cambiar y que siempre habría un instante en el que podría preguntar “deberíamos tener una cita, llevamos siendo amigos mucho tiempo, ¿no crees?”, era una apuesta segura que un atropello justo enfrente de nuestra casa la hizo no tan imaginable. Mis pies empezaron a moverse rápidamente hacia la calle para asistirla, mientras mi desesperación provocaba que mis manos no dejaran de temblar y mi voz se quebrara tratando de que abriera los ojos. Nunca lo hizo.

“Hija, amiga y periodista”, eso decidieron escribir en su tumba. Sonaba a broma. La miré como si estuviera frente a mí, un reflejo transparente que disipaba con la niebla pero que insistía porque fuera permanente. Me senté sobre la hierba y continué mirando la inscripción, tratando de entender la importancia de esas palabras viniendo de una familia que nunca la había tenido en cuenta, tan solo vinieron sus hermanos al funeral y, simplemente, desapareció. Cambié las flores amapolas marchitas que dejé hace un par de días por unas rosas rojas despampanantes que le daban mejor aspecto. Estando allí era como si estuviera con ella, en un mismo barco, en una misma riada, en una misma habitación… Simples compañeros de piso que hicieron migas desde la primera sonrisa y que nunca pudieron despedirse tras el último suspiro.


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Without Destiny:

We can all feel disoriented, desolated and forgotten, sometimes. My feet took me every day to cross the same forest, in the fog, to find me head-on with my fears, my past and the losses. I saw myself again trying to help me out of my legs and arms to get out of the water, from the drowning imposed on me by fate, the one from which very few people could escape. Acceptance is overrated when time stops, when hours stop being important and eating becomes a simple routine because appetite has faded along with your desire to keep walking in the fog and the cold.

I can’t feel my face, I don’t feel my hands inside the black leather gloves either, I have to be careful that my legs don’t falter because they tremble like never before, causing me some imbalance. I walk at a slow pace, I’m in no hurry to get to where my body takes me, I don’t want to look at the time either or hope it’s going to be a different day. After receiving my boss’s refusal not to return to work until psychological help had its effect, I had nothing better to do. Even my boss couldn’t stand me in my dark moments, a few times of little dizziness that I characterized every morning while archiving paperwork, while writing some chronological or when I played a news story as good when I was a long-distance slug.

I spend the afternoons looking at old photos, memories of when I could say that I was happy although I always added that it is not entirely because of problems outside of us. I felt that I didn’t enjoy them, I hadn’t been more present, to stop following what was supposed to be done for what I really wanted… I watched the window like an idiot as it rained back to those moments of security, composure, endless friendship where I thought nothing was going to change and that there would always be a moment when I could ask “we should have a date, we’ve been friends for a long time, don’t you think?” it was a sure bet that a hit-and-run right in front of our house made it not so imaginable. My feet began to move quickly into the street to assist her, while my desperation caused my hands to stop shaking and my voice breaking trying to get she opened her eyes. She never did.

“Daughter, friend and journalist,” that’s what they decided to write in her grave. It sounds like a joke. I looked at her as if she were in front of me, a transparent reflection that dissipated with fog but insisted that it be permanent. I sat on the grass and continued to look at the inscription, trying to understand the importance of those words coming from a family that had never taken her as part of their own, only her brothers came to the funeral and she simply disappeared. I traded the withered poppy flowers I left a couple of days ago for some stunning red roses that made it look better. Being there it was as if I were with her, in the same boat, in the same flood, in the same room… Simple roommates who made crumbs from the first smile and could never say goodbye after the last sigh.


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Un Nombre:

Leyendo el periódico durante horas y ya me había dado cuenta de que todavía no me habían puesto un nombre. Habían encontrado al periodista muerto en medio de la plaza de la ciudad pero, todavía no tenía un nombre. Durante estos días tan solo han dedicado los titulares al tal Doyle Hichman, a sus hijos y a su ex mujer que casi muere de un infarto al enterarse de que el ricachón la había palmado, menuda sorpresa. Pero yo, tan solo quería un nombre. Fantaseaba con cuál podría ser, la Policía siempre era muy creativa cuando tenía que ver con casos de asesinato y, mucho más, cuando eran de carácter profesional. Este lo fue. Tan solo dejé el cadáver en medio de la calle por puro aburrimiento, el tío para el que trabajo estará a punto de llamarme para echarme la bronca… ¿o no? Ni idea. Creo que este periódico no atiende a los verdaderos detalles.

¿Sería la gata salvaje? Nah, parece de telenovela. ¿La mujer de negro? Nunca me han visto, no podrían determinar el color. ¿Pluma sangrienta? Nah, eso tenía que ver con el muerto, yo solamente hice lo que debía hacer para que mi cuenta del banco creciera a medio millón más. Debía ser algo con dos palabras, pegadizo, algo que les hiciese recordar el caso… ¿muerte en el callejón? Tipicazo. Ajj, podría estar así todo el día. Tiré el periódico a un lado del sofá y vi que me había llegado un mensaje del que me contrató: “¿Estás loca? ¿Has dejado el cadáver en medio de la calle más transitada de Brooklyn? ¡El trato incluía discreción! Ahora mismo estoy dudando de tu profesionalidad. ¡Llámame!”. Ups, esa había sido yo. Era un exagerado, él me contrata para que mate a un periodista que indagaba en sus asuntos mafiosos y ahora me viene con gilipolleces, ¿quién es aquí el poco discreto? El que me llama a mi teléfono privado diciendo “llámame”, dios, los hombres nunca aprenden.

Encendí la tele. Todo tenía que ver con Hichman, era aburrido. Puse los ojos en blanco y la apagué, a la vez que sonó la puerta de la habitación del hotel, me acerqué a ella con cuidado con una mano puesta en el arma que tenía sujeta en la pierna derecha. Al abrir, me topé con el idiota que me había dejado el mensaje con una Glock apuntándome en la cabeza, entrando en mi piso como si fuera su casa. Se cerró la puerta tras él y nos plantamos en el salón, si hubiera sabido que iba a tener visita, hubiera arreglado ese desastre, tenía braguitas y sujetadores por todas partes… ups.

– ¡Te dije que necesitábamos discreción, no una hoguera en medio del pueblo!

– ¿Una hoguera? Pensaba que era un muerto…

– No juegues conmigo, Gloria. Un trato es un trato, no has cumplido tu parte – su voz era aún más seria pero, todavía podía sacar partido de la conversación -.

– El trato era matarle y está muerto, me habéis pagado y yo me voy por donde he venido, no encontrarán nada – respondí, despreocupada – No seas tan dramático.

– ¿Dramático yo? ¡Reza para que los federales no llamen a nuestra puerta! – empezaba a bajar el arma, aunque seguía nervioso -.

– No te lo tengas tan creído, no eres tan guapo – le guiñé un ojo, algo coqueta, no me mataría ni aunque le pagasen -.

– ¡Joder, Gloria!

En cuanto me di cuenta, habíamos acabado en la cama. El tío se movía bien aunque fuese idiota, todo había que decirlo… Me fumé un cigarrillo y entró una noticia nueva en mi teléfono: “¿Acechará la Dama Oscura de nuevo?”. La Dama Oscura, ¿eh? Me gusta. Sonreí a la vez que recogía mis cosas y salía del hotel, mientras dejaba al señor dramas roncando en la cama, le echarían a patadas, tendría un despertar más que marchoso y vendría a matarme. ¡Hasta la vista Brooklyn!


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A Name:

Reading the newspaper for hours and I had already realized that I didn’t have a name yet. They had found the journalist dead in the middle of the city square but I still didn’t have a name. During these days they have only dedicated the headlines to Doyle Hichman, his children and his ex-wife who almost died of a heart attack when she heard the news that the rich guy had been murdered, what a surprise! But I just wanted a name. Fantasizing what it might be, the police were always very creative when it had to do with murder cases and, much more, when they were professional in nature. This one was. I just left the body in the middle of the street out of sheer boredom, the guy I work for is about to call me to tease me… won’t he? I have no idea. I don’t think this newspaper gets the correct details.

Would it be the wild cat? Nah, it looks like a soap opera. The woman in black? They’ve never seen me, they couldn’t determine the color. Bloody feather? Nah, that had to do with the dead man, I just did what I had to do to get my bank account to grow to half a million more. It must have been something with two words, catchy, something that made them remember the case… death in the alley? That’s tipical. Ajj, I could be like this all day. I threw the newspaper to the side of the couch and saw that I had got a message from the guy who hired me: “Are you crazy? Did you leave the body in the middle of Brooklyn’s busiest street? The deal included discretion! Right now I’m doubting your professionalism. Call me!” Ups, that was me. It was an exaggeration, he hires me to kill a journalist who investigated his mafia affairs and now he blames me, who is here the little discreet? Whoever calls me on my private phone saying “call me”. God, men never learn.

I turned on the TV. Everything had to do with Hichman, it was boring. I turned my eyes blank and turned it off, while the door of the hotel room stood, I approached it carefully with a hand placed on the gun that was holding on my right leg. When I opened up, I ran into the idiot who left me the message with a Glock pointing at my head, coming into my apartment like it was his house. The door was closed behind him and we stood in the living room, if I had known I was going to have a visitor, I would have arranged that disaster, I had panties and bras everywhere… Ups.

– I told you we needed discretion, not a bonfire in the middle of town!

– A bonfire? I thought it was a dead man…

– Don’t play with me, Gloria. A deal is a deal, you haven’t done your part – his voice was even more serious but, I could still take advantage of the conversation -.

– The deal was to kill him and he’s dead, you paid me and I’m going where I came from, they won’t find anything -I answered, carefree – Don’t be so dramatic.

– Dramatic me? Pray the feds don’t knock on our door! – he was starting to put the gun down, even though he was still nervous -.

– Don’t keep it so believful, you’re not so handsome – I winked at him, flirting a little, he wouldn’t kill me even if someone paid him -.

– Damn it, Gloria!

As soon as I realized, we ended up on bed. The guy moved well even being an idiot, everything had to be said… I smoked a cigarette and good news came in on my phone: “Will the Dark Lady lurk again?” Dark Lady, huh? I like it. I smiled at the same time as I picked up my things and left the hotel, as I left Mr. Dramas snoring in bed, when the cleaners kicked him out, he gonna have a more than a withered awakening and I’m sure he gonna come to kill me. See you soon, Brooklyn!


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No lo Sabes:

– No. No lo sabes.

No sabes las atrocidades que he visto. Las miradas inquietas, las sonrisas quedas, sin piedad o compasión tras cada conversación, frialdad, distancia y dolor. Podías oír sus huesos romperse, los gritos, sangre y cuerpos inertes ocupando el centro de la iglesia. No sentía una sola alma palpitante, ni un susurro, ni una palabra lejana proveniente de un “estoy aquí”, tampoco un apoyo. El shock se dispara, mi mente trata de rechazar el suceso y caigo en un espiral de un “no lo entiendo”. Puedo respirar pero no sé hasta cuándo, mis ojos se van adaptando al color rojo que tiñe las paredes, a ver caras sin mueca, desastres entre incertidumbre.

Un mareo. El olor. El estómago revolviéndose. No, no lo sabes. No lo has vivido, tampoco lo has sentido, no has estado en mi piel y en mis cicatrices, ni mucho menos en mi mente. Esto último, considéralo un regalo. No te has encontrado con mis demonios, mis puertas cerradas y la oscuridad que adentran. No sabes el color de mis pensamientos, de mis locuras y las preguntas que guardo para un “quizás más tarde te cuento”. No sabes de mis inquietudes, dudas y constante desesperación por saber qué ocurrirá mañana, cuando trato de resolver un rompecabezas para mantener la mente ocupada y no recordar cómo se rompía cada hueso de mi cuerpo tras la transformación. No sabes mis miedos, mis esperanzas, mis pesadillas después de cada muerte.

No sabes lo que yo sé. No entiendes lo que yo entiendo. Y no les oyes. Esos susurros que acechan cada noche en cada habitación, en cada rincón de una mansión silenciada, de una soledad hiriente y flores marchitas. No sabes de los paseos en coche a altas horas de la madrugada para no pensar, de los días grises y las noches de Luna Llena. Esas noches donde descubres quién eres, qué eres y quién será el siguiente, visto entre borrosas imágenes y sin saber si quiera su nombre. No sabes las preguntas que te haces al despertar en medio de ninguna parto con un cuerpo inerte a tu lado y no recordar lo que ha ocurrido, tampoco sabes el arrepentimiento que perfora tu pecho y te deja sin aliento cuando descubres que has sido tú una vez más.

Quiénes andamos solos, encontramos sombras, malos momentos, irrompibles recuerdos. Nadie nos sostiene mientras caemos, luchamos mientras nuestros dedos se vuelven garras y los dientes colmillos, sabiendo que tendremos otra noche movidita de la que volver desnudos a casa. Las ropas raídas y la pequeña resaca, mostrada en sangre recorriendo las comisuras de los labios, un cansancio horrible y dolor en cada parte del cuerpo. Te destroza el alma y no sabes cuántas horas necesitarás de sueño. Empiezas a entender que eres fuerte pero sigues teniendo una parte humana que sigue sintiendo, extasiada, mientras caminas a rastras hasta tu casa para tirarte en la cama sin ponerte el despertador, tan solo buscando dormir y encontrar cierto confort entre las sábanas de seda que te esperan.

No. No sabes quiénes son los que lo hicieron. No sabes nada. Porque no estuviste allí, no les viste, sentiste y oíste. Mordían y arrancaban la carne de aquella gente como si de muñecos se tratara, pequeñeces en comparación a sus destrezas, rapidez y fuerza, a sus colmillos y cambios, sus ojos inyectados en sangre y ese poder que no podían evitar que saliera de su ego. Ese placer mientras la sangre embadurnada sus bocas, mientras se relamían como gatos al terminar su comida. Parecían hambrientos, sedientos de sangre y violencia, llenos de odio, no eran llamados a la consciencia, al dudar de si lo que estaban haciendo no era excesivo. Parecían no sentir. No entender. No comprobar dos veces. Dejando las paredes bañadas en sangre sin remordimiento, yéndose tras haberse dado un buen festín justo en la casa de Dios.

No. No sabes quiénes somos. Quiénes fuimos y en qué nos convertiremos. Si corremos junto a una manada o caminaremos a paso lento entre una oscuridad combinada con tristeza, colmada de violencia e incertidumbre al no saber qué puedes llegar a hacer en la siguiente Luna Llena.

– No. No lo sabes.


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You Don’t Know:

– No. You don’t know.

You don’t know the atrocities I’ve seen. Restless glances, smiles remain, merciless or compassionless behind every conversation, coldness, distance and pain. You could hear their bones breaking, screaming, blood and inert bodies occupying the center of the church. I didn’t feel a single throbbing soul, a whisper, not a distant word coming from a “I’m here,” not a support. The shock soars, my mind tries to reject the event and I fall into a spiral of a “I don’t get it.” I can breathe but I don’t know how long, my eyes adapt to the red color that stains the walls, to see faces without grimace, disasters between uncertainty.

Dizziness. The smell. Stomach wallowing. No, you don’t know. You haven’t lived it, you haven’t felt it either, you haven’t been on my skin and my scars, let alone in my mind. The latter, consider it a gift. You haven’t met my demons, my locked doors and the darkness that go in. You don’t know the color of my thoughts, my follies and the questions I keep for a “maybe later I’ll tell you.” You don’t know about my concerns, doubts and constant desperation to know what’s going to happen tomorrow, when I try to solve a puzzle to keep my mind busy and not remember how every bone in my body broke after a transformation. You don’t know my fears, my hopes, my nightmares after every killing.

You don’t know what I know. You don’t understand what I understand. And you can’t hear them. Those whispers lurking every night in every room, in every corner of a silenced mansion, of hurtful loneliness and withered flowers. You don’t know about late-morning drives so you don’t think about gray days and Full Moon nights. Those nights where you find out who you are and who will be the next victim, seen between blurry images and not knowing if you want to know their name. You don’t know the questions you ask yourself when you wake up in the middle of nowhere with an inert body by your side and not remember what happened, you also don’t know the regret that pierces your chest and leaves you breathless when you find out it was you once again.

Those of us who walk alone find shadows, bad times, unbreakable memories. No one holds us as we fall, we fight as our fingers become claws and fangs, knowing that we will have another busy night from which to return home naked. The cracked clothes and the small hangover, shown in blood walking through the corner of the lips, horrible tiredness and pain in each part of the body. It shatters your soul and you don’t know how many hours you’ll need of sleep. You begin to understand that you are strong but still have a human part that still feels, ecstatic, as you walk to your house to lie in bed without setting the alarm clock, just looking to sleep and find some comfort among the silk sheets that await for you.

No. You don’t know who did it. You don’t know anything. Because you weren’t there, you didn’t see them, you didn’t feel and heard them. They bit and ripped off the flesh of those people as if they were dolls, small things compared to their skills, speed and strength, their fangs and changes, their eyes injected in blood and that power that could not prevent them from coming out of their ego. That pleasure as the blood smeared their mouths, while they were beathed like cats at the end of their meal. They seemed hungry, thirsty for blood and violence, full of hatred, were not called to consciousness, doubting whether what they were doing was not excessive. They didn’t seem to feel. Don’t understand. Don’t double-check. Leaving the walls bathed in blood without remorse, leaving after having given a good feast right in the house of God.

No. You don’t know who we are. Who we were and what we will become. If we run alongside a pack or walk slowly through a darkness combined with sadness, filled with violence and uncertainty by not knowing what you can do on the next Full Moon.

– No. You don’t know.


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Alas Blancas:

Érase una vez, un hada. Destinada a estar encerrada en una botella por el resto de sus días, sin una oportunidad de explicarse ante sus hermanas. La tiraron al mar para que se perdiera, para que dejara de alzar su voz y utilizar su magia para hacer el bien, algo que empezaba a estar muy mal visto entre su poblado, alguien que no quería sacrificar vidas humanas para satisfacer la suya propia, creando caos y ayudando a resurgir la magia negra, algo que los padres de Lara lucharon por enterrar para que nunca más ningún hada quisiera corromperse por ese poder.

Sus pequeñas alas empezaron a resquebrajarse poco a poco, las hermanas le habían quitado la magia que poseía desde que nació, desterrada y marchita. Llevaba intentando escapar más tiempo del que habría querido y no existía salida, era una botella sellada con magia. Estaba perdida. Recordó sus risas mientras le daban golpes, la abucheaban y la destinaban a permanecer olvidada, incluso, amando el reino de las hadas más que ninguna otra cosa en el mundo. Recordó sus miradas de satisfacción, aquella determinación que no podía asustarla más y esa condena al no querer cometer los mismos actos atroces que ellas. No pudo quitarse de la cabeza durante meses los gritos, la sangre, la masacre que desataron a través de ciudades repletas de gente inocente. Se volvieron demonios con almas oscuras y sus corazones susurraban “piedad”.

Se sentó una vez más, en el centro de la botella perdida. Se zarandeaba mucho pero esto no le importó para mantenerse conectada con la madre Tierra, con su espíritu y la magia que, algún día residió dentro de ella. Cerró los ojos, inspiró y expiró. Una y otra vez. Nadie pudo derrotarla cuando los hombres lobos quisieron conquistar los bosques, tampoco las brujas, que intentaron absorber su magia para dejarlas sin nada, ni mucho menos, los gigantes que, tan solo querían ver a “esos pequeños bichejos” muertos, los cambiaformas no tuvieron nada que hacer en cuanto dejó claro que estaban allí para defender lo que era suyo y nadie les quitaría lo que habían conseguido con tanto esfuerzo y, por descontado, los humanos echaron dos pasos hacia atrás cuando contemplaron su pureza, su fuerza y el poder que albergaba. Todos ellos prefirieron la paz antes que ser derrotados sin un ápice de duda y, todo ello, lo consiguió con esa luz que salía de su pecho cada vez que se sentaba y respiraba hondo.

Esta vez, sí era fuerte. Su cabeza cayó hacia atrás, sus alas empezaron a extenderse poco a poco y la botella a romperse. Recordó a sus padres cuando le dijeron que era la única que podía controlar los bosques y que debía ser fuerte. La luz en su pecho se iluminó más. Recordó a aquellos niños que jugaban con las flores, subidos a los árboles intentando llamar la atención de sus mayores, las grandes cenas, las conversaciones de cama con sus hermanas, las preocupaciones, que fueron muchas… El cristal, al fin, se rompió en dos y la luz volvió a entrar en su pecho, dejándola exhausta con ambas piernas tocando el agua y sus alas por fin curadas. El aire chocó contra su cara, era la mejor sensación que había tenido en años, el agua fría la hizo sentir de nuevo y el viento, la hizo volar sin perder más tiempo…


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White Wings:

Once upon a time, there was a fairy. Destined to be locked in a bottle for the rest of her days, without a chance to explain herself to her sisters. They threw her into the sea to get lost, to stop raising her voice and use her magic to do good, which it was something that was very badly seen among her village, someone who did not want to sacrifice human lives to satisfy her own, creating chaos and helping to resurface black magic, something Lara’s parents struggled to bury so that no fairy would ever again want to be corrupted by that power.

Her little wings began to crack little by little, the sisters had taken away the magic she possessed since she was born, banished and withered. She had been trying to escape longer than she would have wanted and there was no way out, it was a bottle sealed with magic. She was lost. She remembered their laughters as she was beaten, booed and destined to remain forgotten, even loving the Fairy Kingdom more than anything else in the world. She also remembered their looks of satisfaction, that determination that could no longer frighten her and that condemnation by not wanting to commit the same terrible acts as them. She could not get out of her head for months the screams, the blood, the massacre they unleashed through cities full of innocent people. They became demons with dark souls and their hearts whispered for mercy.

She sat once more, in the center of the lost bottle. It was shaking a lot but she didn’t care about this to stay connected to Mother Earth, with her spirit and the magic that someday resided within her. She closed her eyes, inspired and expired. Over and over again. No one could defeat her when werewolves wanted to conquer the forests, nor did the witches, who tried to absorb their magic to leave them with nothing, not even the giants who just wanted to see “those little things” dead, the shapeshifters had nothing to do as soon as Lara made clear that they were there to defend what was theirs and no one would take away what they had achieved with so much effort and of course, humans took two steps back when they contemplated her purity, strength and the power she harbored. All of them preferred peace rather than being defeated without a shred of doubt and all of this she got it with that light coming out of her chest every time she sat and breathed deep.

This time, it was stronger. Her head fell backwards, her wings began to spread gradually and the bottle to break. She reminded her parents when she was told she was the only one who could control the woods and that she had to be strong. The light on her chest lit up more while she remembered those children who played with flowers, climbing trees trying to get the attention of their elders, the big dinners, the bed talks with their sisters, the worries, which were many… The glass, at last, broke in two and the light re-entered her chest, leaving her exhausted with both legs touching the water and her wings finally healed. The air hit her face, it was the best feeling she had in years, the cold water made her feel again and the wind, made her fly without wasting any more time…


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El Acantilado:

Corría. Mis pies no podían parar. Miraba hacia atrás repetidamente para ver si aquel chico seguía persiguiéndome. No sabía quién era pero sentía que quería matarme, llevaba un arma y varias veces casi llega a alcanzarme. Mi respiración se entrecortaba, me dolían los pulmones tras haber corrido algo más de tres kilómetros sin haber hecho un pre calentamiento como muchos entrenadores aconsejan antes de salir a correr. Desde hacía unos metros, sentía un pequeño tirón en el gemelo izquierdo pero, no podía parar, algo dentro de mí me decía que no lo hiciera.

Las ramas de los árboles golpeaban mi cara de vez en cuando, a veces, no podía esquivarlas porque tenía miedo a caerme, estaba oscuro y la única luz de la que disponía era la luna llena que se alzaba sobre nosotros, los únicos que parecíamos recorrer ese bosque. Noté la boca seca, mi espalda algo resentida debido a no tener unos zapatos adecuados para correr, sudaba como nunca antes lo había hecho y me sentía empapado, asustado y decidido a seguir adelante aunque no hubiera salida.

Mi amigo atlético continuaba fijo en mí. Digo atlético porque esquivaba todo lo que había en su camino, a veces, se posicionaba detrás de mí, otras saltaba cuatro rocas con tan solo una mano y estaba casi a mi lado, lo cual, me aterrorizaba. No podía verle la cara, llevaba una capucha y una máscara de V de Vendetta, las típicas que solían utilizar muchos jóvenes para reforzar una idea de la que no estaban de acuerdo y vengarse de aquellos que les sometían. Llevaba pantalones cortos y unos zapatos totalmente adecuados para no resbalarse mientras corría y que el impacto al pisar no fuera tan fuerte para las vértebras, ¡este chico sí sabía!

¿Era un chico?, ¿cómo sabía que lo era? Ahora no tenía mucho tiempo para pensar, llevaba corriendo en línea recta más tiempo del que debería y ni siquiera sabía a dónde me dirigía, tampoco si el camino de piedras se terminaría pronto, la incertidumbre se apropiaba de mi mente y el extremo cansancio del resto de mi cuerpo, en este momento, sería capaz de dormir tres días seguidos. Cada vez le notaba más cerca de mí, su respiración era pausada, señal de que salía a correr a menudo o de que tenía esa costumbre de ir cazando a gente por el bosque…

¿Recordáis que dije que no sabía dónde estaba el final de aquel camino? Lo encontré. Frené de lleno ante un acantilado demasiado alto como para saltar, era muy arriesgado. El joven frenó justo a un metro de mí en seco, parecía tranquilo, con un arma en la mano derecha, erguido, de alguna forma supe que estaba decidido a hacer aquello por lo que le habían pagado o dicho. Sabía que no vacilaría. Seguí mirando hacia abajo tratando de decidir qué hacer pero era demasiado cobarde como para plantearme semejante locura, así que, con las manos en alto, decidí volver el semblante hacia él, temblando, asustado.

– ¿Por qué…? – pregunté, mi voz también temblaba pero, ya que iba a morir, quería saber por qué o a quién le serviría, era tan solo un aspirante a bombero -.

– Viste algo que no debiste ver – definitivamente, era un chico joven, a juzgar por su voz, tal como dije, pausada y decidida -.

– ¿El qué?, ¿de qué hablas? – empecé a hacer memoria de las semanas anteriores, hasta que encontré un pequeño recuerdo que me trajo de cabeza durante días tratando de olvidarlo – Oh…

– Lo recuerdas, ¿verdad?

– No diré nada, tampoco lo tenía pensado, ¡me metería en un lío!

– No puedo estar seguro de ello, ¿verdad? No te conozco – quitó el seguro del arma, la cargó y me apuntó con ella – Tranquilo, será rápido.

Reviví el momento. Un hombre alto y robusto, un callejón y sin público, llevaba un sombrero y una gabardina negra, era imponente, parecía que esperara a alguien. Un chico delgaducho se acercó a él para entregarle algo, era bastante joven, estaba algo nervioso pero le entregó un USB, el hombre alto le dio las gracias y, mientras el chico le daba la espalda y se alejaba de él confiando en que no le pasaría nada, dos tiros perforaron su espalda. Yo estaba escondido detrás de un coche, en cuanto vi aquello, salí corriendo, apuesto a que el hombre con sombrero me vio y este chaval trabajaba para él, no era muy difícil de adivinar, pero de nada servía ahora, debí quedarme detrás de ese coche sin moverme, nadie se hubiese enterado…

– Date la vuelta y arrodíllate – me ordenó. Obedecí – Acércate más al borde.

Hice lo que me pidió. Empezó a oscurecerse mi alrededor mientras veía salir sangre de mi pecho, noté que me empujaban por detrás y caía por el acantilado. Decidí cerrar los ojos y dejarme llevar, me dijo que sería rápido. ¿Lo será?


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The Cliff:

I ran. My feet couldn’t stop. I looked back repeatedly to see if that boy kept following me. I didn’t know who he was, but I felt like he wanted to kill me, he was carrying a gun and several times he almost catch me. My breathing was choppy, my lungs hurt after running a little more than three kilometers without having done a pre-warm-up as many trainers advise before going for a run. For a few feet, I felt a little tug on the left twin but, I couldn’t stop, something inside me was telling me not to.

The branches of the trees struck my face from time to time, sometimes I could not dodge them because I was afraid to fall, it was dark and the only light we had was the full moon that stood above us, the only ones who seemed to roam that forest. I noticed my mouth dry, my back a little resentful because I didn’t have proper running shoes, I was walking around like I’ve never done it before and I felt soaked, scared and determined to move on even if that forest doesn’t have any scape.

My athletic friend was still fixed on me. I say athletic because I dodged everything in his path, sometimes he positioned himself behind me, others jumped four rocks with just one hand and was almost by my side, which terrified me. I couldn’t see his face, he wore a hood and a V mask from Vendetta, the typical ones that many young people used to use to reinforce an idea they disagreed with and take revenge on those who subdued them. He was wearing shorts and shoes that were totally suitable for not slipping while running and that the impact on treading wasn’t so strong for the vertebra, this guy knows how to do it right!

He was a boy? Now I didn’t have much time to think, I had been running in a straight line longer than I should and didn’t even know where I was going, nor if the stone path would end soon, the uncertainty took over my mind and the extreme tiredness of the rest of my body, at this time, I would be able to sleep three days in a row. He was getting closer and closer to me, his breathing was paused, a sign that he went for a run often or that he had that habit of hunting people through the woods…

Do you remember when I said I didn’t know where the end of that road was? I found it. I braked full on a cliff too high to jump, it was too risky. The young man braked just a metre from me, seemed calm, with a gun in his right hand, upright, somehow I knew he was determined to do what he had been paid or told for. I knew he wouldn’t hesitate. I kept looking down trying to decide what to do but I was too cowardly to think of such madness, so with my hands up, I decided to turn my body to see him, shaking, scared.

– Why…? – I asked, my voice was shaking too but I was going to die, I wanted to know why or who my dead body would serve, I was just an challenger firefighter.

– You saw something you shouldn’t have seen – he was definitely a young boy, judging by his voice, as I said, paused and determined.

– What? What are you talking about? – I started to remember the previous weeks, until I found a little memory that brought me upside down for days trying to forget it – Oh…

– You remember it, right?

– I won’t say anything, I’ve never thought about it even so… I can be in trouble if I say something!

– I can’t be sure about it, can I? I don’t know you — he took the lock off the gun, loaded it and pointed it at me – Don’t worry, it’ll be quick.

I relived the moment. A tall, sturdy man, an alley and no audience, wearing a hat and a black trench coat, was imposing, he seemed to wait for someone. A shrewd boy came up to him to give him something, he was quite young, he was a little nervous but he handed him a USB, the tall man thanked him and as the boy turned his back on him and walked away trusting that nothing would happen to him, two shots pierced his back. I was hiding behind a car, as soon as I saw that, I ran out. Probably, the man with a hat saw me and this kid worked for him, it wasn’t very hard to guess, but it was no scape now, I should have stayed behind that car without moving, no one would have known…

-Turn around and put your knees on the floor- he ordered me and I obeyed him – Come closer to the edge.

I did what he asked. It started to get dark around me as I saw blood coming out from my chest, I noticed being pushed from behind and falling off the cliff. I decided to close my eyes and get carried away, he told me it would be quick. Will it be?


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