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Janine: La Mujer Solitaria

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Relato procedente:“EL SILENCIO”

Nombre: Janine Eringer                Edad: 34 años

Ciudad natal: Sheffield                Profesión: Bibliotecaria

Descripción física:

Mi cabello castaño claro es largo hasta más abajo de los hombros, casi no lo cuido por falta de tiempo pero trato de que permanezca lo más suave posible, consiento el desorden en mi casa pero no los nudos en mi pelo. Mis ojos color miel suelen estar algo decepcionados al mirar alrededor, al permanecer en un lugar tan vacío sin darme demasiada cuenta o sin querer exteriorizarlo. Mis labios gruesos tratan de seguir acallados tras las acusaciones de mi familia, tras los muchos insomnios y las horas vacías delante del televisor. Mi tez pálida sigue algo áspera debido al frío, suele pasarme también en las manos, soy consciente de que debo cuidarme más la piel pero se me olvida con regularidad debido al trabajo. Mi cuerpo esbelto normalmente va vestido con unos vaqueros, cualquier camisa planchada que haya en el armario y una gabardina lo bastante larga como para que cubra una parte de mis piernas.

Descripción de la personalidad:

Suelo ser bastante callada, nada tímida pero con tendencia a apartarme del resto de la gente, me gusta tener mi espacio y horas dedicadas a mí. Mi frase típica tiende a ser: “lo siento, no puedo, tengo mucho trabajo”, termino espantando a todo aquel que quiere mantener una relación amistosa o amorosa conmigo, no puedo evitarlo, sale sin más de mi boca. Me escapo de aquellos que quieren conversar, pienso que siempre tienen una intención negativa detrás y no me gusta que hablen conmigo por sacar algún beneficio, sino por quién soy. No me he tenido en tan alta estima debido a mi familia, he creído sus críticas, he pretendido ignorarles pero de nada sirve cuando las cenas familiares son lo único que te hace levantarte un sábado por la tarde tras toda una semana de trabajo…

Una infancia no muy interesante:

Mis padres siempre han sido bastante estrictos, esperaban muchas cosas tanto de mi hermana como de mí, aunque ella ha conseguido más cosas que yo, tiene un doctorado, marido y dos hijos, ¿qué más pueden pedir? Mientras que, en mi caso, me resultaba más difícil mantener contacto con los demás, no porque no fuese abierta, sino porque no quería, no me inspiraban demasiada confianza. Nos pedían más de lo que podíamos dar, aunque mi hermana siempre llegaba a los niveles que demandaban, siempre les complacía como una buena niña que era, a veces, no soportaba su hipocresía.

No comíamos como los demás niños, nuestras dietas estaban basadas en vegetales crudos, huevos cocidos y demás gilipolleces que no me llenaban para nada, estaba preocupantemente delgada. En el colegio no me pasaban demasiadas cosas interesantes, yo era la hermana de la guapa, de la que triunfaba y sacaba buenas notas, era su sombra hasta que me independicé tan rápido como pude.

La independencia fue la clave de todo:

Cuando no soportas que tus padres lleven las riendas de tu vida como si fueran las suyas, decides qué es mejor para ti, ansiando la libertad más que nada en el mundo y, cuando la tienes, ya nunca más quieres soltarla. Mientras estudiaba en el instituto, iba a trabajar a una floristería a tiempo parcial, pude dedicarme a todo y pasar de curso, algo justa pero seguía adelante. No le dije a nadie que trabajaba hasta que pagué el depósito de un piso y el primer mes con tan solo dieciocho años, mis padres se volvieron locos e intentaron impedírmelo pero no pudieron más que callar y agachar la cabeza, como había hecho yo en su casa durante tanto tiempo. Fue una de las mejores sensaciones que había tenido en años…

Una vez me hube mudado y pude llevar las riendas de mi vida poco a poco, me di cuenta de a qué sabía la libertad, qué era el silencio en una casa propia, con la decoración que a mi me gustaba, sin dar explicaciones de nada, sin estar obligada a celebrar tradiciones absurdas o cenas con tu familia, podía hacer lo que quisiera, dado que, aquel era mi espacio por fin, un espacio que he cuidado desde entonces, dado que, sigo en el mismo piso, le he llegado a coger muchísimo cariño y respeto. Mis padres no han entrado nunca aquí, para ellos, vivir en un primer piso es demasiado malo, no tiene nada de glomouroso, dado que, mi hermana vive en un adosado tras sacarse un doctorado en medicina, ya se encargan de restregármelo en cada cena familiar.

Las relaciones abruman:

En mi vida tan solo he tenido dos relaciones y mis padres ya se encargaron de estropearlas, para ellos, no eran suficientes para mí aún siendo chicos decentes, de familia humilde y muy trabajadores, lo que pasa era que no tenían dinero, tan solo trabajos temporales que no tenían ni idea de lo que iban a durar. Cuando venían a cenar, les humillaba, les decía qué hacer y qué no, trataban de sacarles información sobre mi vida, sobre a dónde iba y cómo era mi piso, siendo que ninguno de los dos llegaron a pisarlo en el tiempo que estuve con nada uno.

El primero me dejó porque la relación le parecía demasiado con mi familia siempre fisgando sobre nuestras vidas, no podía con ese acoso constante del que estaba siendo víctima, me costó procesarlo porque le quise mucho y estuve a punto de irme a vivir con él pero terminé entendiéndolo, no podía dejar que su vida estuviera afectada por semejantes chupasangres. El segundo dejó de prestarme atención, dejó de responder a mis llamadas y, en cuanto fui a buscarle a su casa, me lo encontré enrollándose con otra, lo cual, entendí como una finalización de relación bastante fiable.

Tras estas experiencias tanto con mi familia como ex parejas, decidí no volver a tener relaciones, me parecían demasiado complicadas como para poder manejarlas y mucho menos si mis padres persistían en evaluar cada parte de mi vida, en realidad, estaba protegiendo a mis futuras parejas. Llevo así desde los veinticuatro años, sin nadie en quién contar o en quién confiar, viviendo mi vida al margen de la de los demás, deseando llegar a casa para dejar de evitar a todo el mundo y para tener mi pequeño espacio a mi completa disposición.

La soledad más oscura:

Puedo decir que me he acostumbrado a la soledad, al silencio de mi casa, a no encontrar a nadie al llegar. Puedo decir que estoy cómoda donde estoy, que me encanta tener mi espacio y tener la oportunidad de no decepcionar a nadie. Podría decir que me siento plena teniéndome a mí misma y que no siento en absoluto la soledad, que la disfruto pero, muchas veces, no es así. Que alguien espere a que llegues a casa para abrazarte es realmente alentador, ver una sonrisa en la cara de la otra persona al ver que has llegado no tiene nombre, un masaje en los pies mientras te relajas tras tantas horas en el trabajo es un momento especial y, por descontado, llegar y oler la cena que ha preparado esa persona que te abraza en la cama cada noche, es algo único.

Durante diez años no he sentido nada de eso, tan solo un vacío sobrecogedor que no he podido evadir, he querido ignorarlo, apartarlo de mi mente, centrarme en el trabajo y dejar que se disipara pero no ha sido tan sencillo. Mis padres esperan verme con un hombre prometedor, tener nietos, sentirse al menos, algo orgullosos de mí pero, puedo ver tanta distancia entre ese pequeño deseo y yo que no sabría si expresar tristeza, decepción o desconcierto al no entender nada de lo que ocurre conmigo, soy un contraste de emociones demasiado complicadas para encajar, demasiado tristes para permanecer unidas, desapareciendo entre el silencio.

Un futuro siguiendo el camino:

Mi destino está escrito, miro hacia adelante y, tal vez, no veo nada pero puede que haya algo que me espera. Seguiré sola como hasta ahora, no es ningún plan, tampoco es un deseo o una plegaria, sigo un camino predestinado para mí, el vagar en soledad no debería ser ya un problema. Quizá mi familia no deje sus preguntas, querrán seguir humillándome y puede que, algún día, deje de ir a esas cenas que tanto les importan, sí, puede que lo haga desde ya, sin pensarlo, sin ningún tipo de compasión.

Puede que, dejándoles atrás, pueda tener una vida nueva, pueda hablar con la gente que me rodea y tener una cita como es debido. ¿Podré hacerlo o es simple imaginación?

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Jane: La Chica Abandonada

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Relato procedente: “DISTANCIA” 

Nombre: Jane Smith                    Edad: 32 años

Ciudad natal: Bristol                   Profesión: Cocinera

Descripción física:

Mi cabello castaño me llegaba hasta un poco más abajo de los hombros, quería seguir dejándomelo largo, a la jefa del restaurante no le gustaba demasiado la idea por su pulcritud en cuanto a la higiene se refiere pero, estoy en ello. Mis ojos de color miel siguen algo caídos debido a mi situación matrimonial, a mi marcha del que había sido mi hogar durante diez años, no sabía cómo reavivar aquella mirada perdida ni cómo hacer que se desvaneciera la tristeza. Mis labios finos permanecían acallados mientras seguía en casa, tanto si estaba Josh como si no, me abrumaba la cantidad de silencio que se podía albergar en una casa como aquella. Mi tez pálida seguía suave debido a todo lo que solía cuidarla, normalmente, se secaba debido al intenso frío que solía hacer fuera. Mi cuerpo esbelto seguía siéndolo debido a la tensión que solía notarse entre nosotros, a mi estado emocional y a la cantidad de cosas que tenía en mi mente y que no me dejaban relajarme ni un segundo.

Descripción de la personalidad:

Siempre he sido una persona bastante comunicativa, el vacío de palabras no es lo mío, no puedo simplemente enmudecerme en una conversación entretenida. He sido alguien alegre y con mucha energía, donde haya un café para subirme el ánimo, ¡que desaparezca todo lo demás! Soy alguien muy independiente que toma sus propias decisiones, cuando algo deja de funcionar, dejo de esforzarme para que lo haga porque siento que es una energía estancada. Tengo mucha confianza en mí misma y soy muy positiva, dentro de lo que se puede, tengo momentos en los que me gustaría desaparecer para siempre, como cualquier persona del mundo. No me gusta demasiado llamar la atención o convertirme en alguien importante, me gusta mucho ser una buena cheff pero no que lo publiquen en el mejor periódico del país, ¿entendéis?

Una niña sintiéndose adulta:

Desde muy temprana edad, mi madre me trataba como a una joven que tenía muchas responsabilidades, todo debía hacerlo dentro de los horarios previstos por ella, de hecho, teníamos una tabla en el salón donde me decía a qué hora debía hacer cada actividad del día, terminaba siendo agotador y de lo más paranoico por su parte. A mi madre no le gustaba que fuese demasiado emocional, de esa forma, me hizo saber que no era amante de los abrazos y que prefería mantener las distancias aunque fuese su hija, yo siempre he tenido la personalidad de mi padre, ese al que nunca conocí porque decidió largarse de casa cuando yo nací, al parecer, estaba muy asustado por la criatura que iba a asomar la cabeza, sintió tanto pánico que prefirió salir corriendo.

Mi madre tenía preparados folletos de tantas Universidades que perdí la cuenta, quería que me esforzase muchísimo para llegar tan lejos como las hijas de sus amigas habían llegado, no quería que nadie hablase mal de mí o, mucho peor, que nadie dijese nada sobre mis triunfos estudiantiles. Para empezar, no quería menos de un ocho, si lo sacaba, podría arriesgarme a estar castigada, justo como si hubiese sacado un suspenso, era de lo más estricta pero yo seguía con la esperanza fija en mi mente de que debía seguir sus pasos hasta que tuviese la edad suficiente como para elegir si quería seguir bajo la dictadura de mi madre o empezar una nueva vida lejos de ella, imagináis cuál fue mi decisión, ¿verdad?

Decepción maternal:

Como podréis suponer, no fui a la Universidad, sino a una de las escuelas de cocineros más importantes de por aquí, ¡estaba realmente orgullosa de poder cumplir mi sueño! Por descontado, mi madre pensó que había avergonzado a nuestra familia, qué iban a pensar sus amigas al saber que tan solo iba a poner las manos sobre comida y a usar un estúpido horno, por desgracia, nunca cambió de opinión y desde entonces, no sé nada de ella. Justo en el momento en el que le comuniqué mi elección de estudiar para ser una buena cheff, me dijo que me largara de casa, no quería a alguien que la humillase ni decepcionase, ya lo había hecho bastante, así que, me espabilé en encontrar un sitio en el que trabajar, mientras me quedaba en casa de mi amiga Lissy, tenía un piso precioso y, además, estaba buscando una compañera de piso.

Por todo esto, Josh y yo conectábamos tanto. Él venía de una familia que nunca le había aceptado, querían que fuese abogado y terminó dedicándose al marketing empresarial, algo que le apasionaba desde que era pequeño, sorprendente pero cierto. Le echaron en cuanto supieron que su único primogénito iba a ser un don nadie, también tuvo que vivir con algunos amigos en un cuchitril, el cual, podía pagarse mientras seguía estudiando y trabajando en cosas que ni le gustaban pero con las que podía comer y tener un techo. Y así fue como nos conocimos, en mitad de una conversación sobre el asco que daban nuestros padres, cómo nos habían tratado en nuestra infancia y cuál era nuestra comida favorita, conectamos in situ. Casi tuvimos que darle las gracias a nuestros padres por haber hecho de sus vidas desgraciadas una agradable velada en pareja.

Lo que parecía un matrimonio duradero:

Tras cuatro años viviendo juntos y compartiendo nuestras vidas, Josh decidió pedirme matrimonio y, cómo no, le dije que sí. Estábamos muy compenetrados, teníamos nuestros altibajos pero seguíamos llevando una vida conjunta saludable y muy tranquila, de hecho, quisimos esperar a vivir juntos para seguir tomando más decisiones como aquella. Nuestra boda fue preciosa y pudieron venir todos nuestros amigos, a algunos les costó llegar pero lo hicieron, haciendo de aquel día una reunión de antiguos compañeros de trabajo y estudios. Recordamos aquel día con mucha intensidad, dado que, hubo muchas risas, muchas memorias sobre quiénes éramos y cómo luchamos contra aquellas esposas que nos ataban a seguir viviendo con nuestros padres hasta que nos fuimos de casa, fueron momentos difíciles que dejamos atrás juntos.

Pasamos seis años de matrimonio entre discusiones y momentos tranquilos, a veces, eran cosas del trabajo lo que las provocaban, dado que, empezábamos a entrar en el terreno que queríamos para los dos, es decir, yo ya era la cheff en el restaurante donde trabajo, ya había recibido varias críticas muy buenas sobre mi comida y cada vez nos hacíamos más famosos, éramos como el lugar perfecto para ir a cenar algo increíble mientras tienes una romántica velada; mientras que, Josh había conseguido un ascenso y por fin tenía el despacho y el sueldo que quería, habían sido momentos duros para llegar ahí, así que, fue normal. Nos fuimos acoplando bien a nuestra nueva situación, el problema fue que estábamos demasiado ocupados, casi no salíamos del trabajo, había días que ni nos veíamos, creo que eso fue lo que empezó a distanciarnos…

Las distancias:

Tal como he dicho anteriormente, trabajábamos mucho y no teníamos tiempo para nosotros y, cuando lo teníamos, estábamos tan tensos que siempre terminábamos discutiendo, era un asco. Empezamos a tomar distancias, a darnos un tiempo para recuperarnos de la pelea, a evadirnos del otro, el no cruzarnos ni siquiera por los pasillos de casa, ayudaba… Trataba de aparecer por casa más tarde de lo que debía, de hecho, me iba a dar un paseo tras el trabajo para no encontrarme con Josh, para asegurarme de que dormía cuando llegase y él trataba de levantarse lo más pronto posible para no toparse conmigo. Un error que nunca debimos dejar que se prolongase tanto, ahora éramos dos desconocidos metidos en una casa silenciosa sin más conversación que: “luego nos vemos”, “no me esperes levantado”, “comeré algo en el trabajo”, “adiós”. De lo más entretenido, sí…

Nuestra sequía ha continuado tanto tiempo que he tomado una decisión: dejarle. Comprendí que una situación así no es sana, ya se terminó todo, dejamos que las cosas pasasen sin querer arreglarlo, sin afrontar los problemas de frente, evadiéndonos mutuamente. Todavía miraba las cajas de la mudanza y pensaba en todo lo que habíamos pasado a lo largo de diez años y simplemente, no podía irme, era energía estancada, como cuando vivía con mi madre, realmente frustrante… odiaba perder el tiempo. Quería empezar algo nuevo, poder hablar con la gente, tener algo de ruido en el pequeño piso que había alquilado en el centro de la ciudad y, al menos, encontrar la forma de recuperarme de una distancia tan larga del marido que dormía a mi lado… ¿podría si quiera hacerlo? ¿Conseguiría olvidarme?

Un futuro separada:

Hacía tanto tiempo que no sabía qué era estar sola que me aterraba encontrarme la casa vacía al llegar pero, bien pensado, así había sido durante los últimos años con Josh, ¿verdad? Era como si hubiera vivido sola durante todo ese tiempo… Esperaba que hubiese leído la carta, no me había llamado, tampoco escrito ningún mensaje, o estaba enfadado o seguía evadiéndome, no era el típico tío al que le gusta afrontar los problemas, pasa de ellos para que no haya bronca, es muy inteligente pero nada práctico…

Había llamado a mi abogado para que empezara los trámites del divorcio, iba a volver a ser una mujer soltera, no sabía si emocionarme o decepcionarme por el estrepitoso fracaso que había tenido mi matrimonio. Iba a empezar una nueva vida pero no podía evitar sentirme algo vacía, como si me faltara una parte importante de mi cuerpo, un pilar fundamental en mi día a día, en mi rutina… supongo que se me pasaría dentro de unos años, todavía tenía que recuperarme de todo esto, el restaurante me ayudaría, me mantendría lo suficientemente ocupada para no pensar en ello. Por fin oiría mi voz… ¿Vosotros la oís desde tanta distancia?

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Martha: La Inconformista

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Relato procedente:DERROCHE

Nombre: Martha Kalvins                  Edad: 21 años.

Ciudad: Londres                                  Profesión: Cantante.

Descripción física:

Mi cabello castaño con mechas rubias suaves, me llega hasta más abajo de los hombros, liso y de lo más manejable, podría decir que es una de las cosas que más cuido de mi cuerpo, le tengo un especial cariño desde que tengo uso de razón. Mis ojos de un color miel, permanecen a la espera de observar mi alrededor, tratando de no decepcionarse al ver a mi madre irresponsabilizarse de todo otra vez. Mis labios gruesos suelen estar pintados con algún toque negro, morado o rojo mate, son los colores que más me identifican, sin repartir demasiadas sonrisas, no me gusta quedar bien con todo el mundo, es nefasto y patético. Mi cuerpo esbelto, suele estar adornado con camisetas negras de grupos de música heavy o rockera, me apasiona considerando que formo parte de un grupo.

Descripción de la personalidad:

Siempre me he considerado una joven inconformista con la sociedad, no se me ha dado demasiado bien relacionarme, no me interesan las vidas ajenas, tampoco que me lloren o me llenen de florituras sus halagos innecesarios. Suelen decir que soy grosera, ruda, maleducada pero, ¿qué le voy a hacer? No puedo resistirme a un buen sarcasmo de vez en cuando, aunque la verdad, la gente me lo pone a huevo cuando abre la boca. Odio las multitudes, trato de evadirlas, de distanciarme lo máximo posible de fiestas de richachones a las que a mi madre le encanta ir, me encanta la cerveza y termino en cualquier sofá con unos cascos en mis oídos, mi música a toda hostia y alejada de cualquier persona que pretenda emparejarse conmigo o emitir algún sonido por aquello que llamamos boca. Podría decir que detesto a la gente, para abreviar…

Una familia no tan perfecta:

Vivíamos los tres juntos, mis padres y yo. Al principio, eran una pareja no demasiado unida pero que empezó a estarlo cuando mi madre se quedó embarazada de mí. Mi padre, como es habitual, le brindó todo el apoyo del que fue capaz para que el embarazo no la asustase, para que se sintiera cómoda y, por nada del mundo, cometiera ninguna estupidez. Terminé por desquiciarla, lloraba mucho, no sabía qué hacer conmigo y mi padre tenía que dejar el trabajo para ocuparse de la situación pero no hubo nada que hacer cuando mi madre empezó a consolarse con el alcohol y menos cuando lo mezclaba con pastillas, así que, él terminó por ocuparse de todo, desde mi educación hasta la hora de los potitos.

Los gritos cada día eran más altos y más perceptibles, aún cuando tan solo tenía siete años de edad, les oía en la habitación. Siempre me sentí sola, estaba alejada de mis padres aunque estuviesen a unos pasos de donde me encontraba, así que, empecé a refugiarme en los libros, hacían que me concentrase tanto que dejaba de oírles, era bastante terapéutico. A los diez años, mi padre se fue, justo en el momento en el que me atraían grupos como Anthrax o Misfits, Metallica y Iron Maiden, grupos que me recordaban a su época de adolescente inconformista… Al principio, empecé a culparle por dejarnos cuando más lo necesitábamos, él era el que se había marchado sin decir una palabra, el que salió por la puerta y decidió no volver jamás.

La hija haciendo de madre:

Mi madre empezó a descontrolarse en cuanto se vio sola conmigo, incluso yo, me sentía así, dado que, no me daba la suficiente confianza como para sentarme a su lado y mantener una conversación, vivíamos en la misma casa pero no hablábamos el mismo idioma. Mi vida era una pesadilla y no podía hacer más que culpar a mi padre por dejarme con ese ser tan fuera de sus cabales, bebía hasta quedarse dormida en la alfombra del salón, casi no comía, fumaba como un carretero, tomaba más pastillas para dormir de las que le permitía el médico y se follaba a todo el que se le ponía por delante, le daba igual si era camionero, butanero, abogado, si trabajaba en el circo… le era totalmente indiferente, tan solo quería abrirse de piernas y olvidar que su vida era una mierda absoluta.

A los quince años, ya iba a recogerla de las fiestas en las que bebía hasta quedarse inconsciente y en las que la echaban por desmelenarse demasiado, hasta el punto de desnudarse ante un salón repleto de gente; iba a hacer la compra, limpiaba la casa, trataba de no morir entre infecciones, dado que, ella no se ocupaba ni de pasar la aspiradora ni de limpiar los baños que, normalmente, estaban pintados de ese adorable vómito que salía de su boca la noche anterior y, aún así, tenía que cargar con el peso del instituto, ese lugar infernal en el que solo podía encontrar a retrasados con mentes vacías. No tenía ni idea de cómo pude aguantar todo esto durante seis años, pero lo hice, siempre tratando de sacar buenas notas en el instituto para poder largarme lo antes posible de aquella ciudad de psicópatas y dejar por fin a mi madre.

Derrochando glamour:

Aquel pueblo era de locos, no tenían ni un ápice de sentido común. Organizaban fiestas en las mansiones de los ricos y lo único que hacían era beber y follar, eran tan patéticos como la vida de mi madre. No había cabida para mí allí, ni siquiera me sentía parte de algo, estaba en un lugar que no era el mío, no me sentía cómoda y tan solo quería largarme de allí. La mayoría de las jóvenes llevaban vestidos carísimos, se peinaban como si hubieran sido invitadas a la alfombra roja, sus horarios de fiestas eran interminables y podía figurarme que sus resacas también.

No había cabida para los solitarios, para los que nos gustaba el silencio y estar acompañados de un buen libro, un sinónimo de cultura. Nadie se interesaba por cosas como el medio ambiente o la educación entre los jóvenes, tan solo varias madres preocupadas por cómo trataban los profesores a sus alumnos, de una forma déspota y fuera de lugar en muchas ocasiones. Siempre había dicho que aquel lugar estaba maldito, tenía alguna especie de demonio escondido en las profundidades del pueblo porque no podía explicarme la cantidad de dinero que derrochaban con tonterías.

El grupo:

Tuve suerte al encontrarles. Dos chicos tan amigos que eran capaces de dar la vida uno por el otro, eran como hermanos y se metieron en la banda desde el principio: Dave y Jamie, los dos guitarristas. Karen tocaba la batería y se había convertido en una de mis extremidades para sobrevivir en la vida y en aquel pueblo del infierno, no había estado desde el principio pero lo parecía porque nos conocía mucho más que nosotros a ella. Yo era la cantante de un grupo de heavy metal, algo que le hubiese gustado ver a mi padre pero ya era demasiado tarde como para desearlo o pensarlo si quiera, dado que, desde que se fue, no he vuelto a saber nada más de él.

Pudimos hacer dos giras por nuestra ciudad y por las afueras, parábamos en cada pub que veíamos y nos colábamos para que la gente nos escuchara, a veces, les gustamos tanto que nos pagaron por estar allí y nos pidieron que volviéramos por una suma de dinero mayor. Sacamos nuestro primer disco y tuvo una gran acogida entre la gente, no me lo esperaba pero así fue, era lo único en mi vida que tenía un rumbo fijo y constante, lo único que funcionaba… Fui capaz de compaginar mi vida familiar, profesional y los estudios, algo que se convirtió en un gran logro para mí tras tanta lucha por mantenerme en pie.

Un futuro en la carretera:

Hacía un par de días que me había ido del pueblo, me cansé de aguantar a mi madre, las promesas que terminaban en agua de borrajas, toda aquella gente que me rodeaba… estaba harta. Cogí el coche de mi madre, fui a casa y me llevé todo lo necesario sin avisar a nadie, tirando el móvil a la carretera para que no pudieran localizarme, además para evitar cogerle el teléfono a mi madre y, bajo una coacción por su parte, hacerme volver, ya lo había intentado antes ganando la partida, no iba a permitirlo otra vez. Me sentí mal por los chicos del grupo, así que, les llamé desde una cabina en cuanto me había alejado lo suficiente para saber si podrían acompañarme en aquella aventura en solitario, yo tan solo quería cantar…

Se ha convertido en un viaje en carretera acompañada de bromas pesadas, música, amigos sanos, comidas basura y un cúmulo de sonrisas en un coche en el que apenas cabemos pero en el que nos podemos permitir una vida cuando decidamos parar en algún sitio y empezar de nuevo, cuando encontremos un lugar al que pertenecer sin derrochar demasiado. Quizá alguien nos escuche, quizá nos animen a seguir, seamos famosos y tengamos nuestro sitio en la sociedad, en el mundo, en el lugar en el que nos pertenece, dejando atrás las mierdas que nos han llevado a desaparecer… ¿Vosotros qué creéis?

 

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Shawna: La Bruja

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Relato procedente: “DESTINO”

Nombre: Shawna Grinville.                         Edad: 100 años.

Ciudad: Nothern.                                 Profesión: Heredera.

Descripción física:

Mi cabello dorado, rizado y bastante manejable, me llegaba hasta más abajo de los hombros, siempre solía ponerme una tiara de flores para conectarme más con la naturaleza, es algo que suelen hacer los seres de los bosques y no las brujas pero no he sentido que pertenezca a mi mundo sino a lo que hay fuera de él. Mis ojos azules permanecían gachos ante la sola rutina de tener clase, de ser la mujer que esperaban los demás y de encajar en un lugar que no era para mí. Mis labios finos se mantenían acallados ante las duras palabras de mis padres, tras humillaciones y desaprobación constante. Mi tez pálida era suave, solía utilizar una crema de caracol que preparaba mi madre una vez a la semana y me servía para no sentir mi piel agrietarse por el frío de la noche. Mi cuerpo esbelto normalmente se sentía cansado tras tantas clases de burocracia, señorío y magia, terminaba exhausta cuando me echaba en la cama, ni siquiera podía con el torrente de pensamientos que ocupaban mi mente.

Descripción de la personalidad:

Muy dentro de mí me he sentido libre, aunque encarcelada en el mundo que mis padres habían formado para mí. Me ha gustado siempre tener mi espacio, tener aquello que me hace sentir cómoda a mi disposición, aunque no sea del estilo que quieren que sea, he estado obligada a ser como mi destino prefería que fuese, tomando decisiones acorde a lo que mi padre consideraba lo correcto para nuestro pueblo y con una enorme responsabilidad sobre mis hombros heredada por mi familia sin quererla en absoluto. He sido una persona fuerte pero he tragado demasiadas cosas en muy poco tiempo, accedí a pasar por todo esto sin rechistar y, en el último momento, se desmoronó todo mi mundo al tomar una sola decisión por mi cuenta.

Tradición:

El aquelarre de brujas de Nothern ha sido un lugar muy conocido, apartado de todo y que tiene innumerables tradiciones, desde fiestas alrededor del fuego hasta clases de magia de lo más exigentes. Los herederos de la Corona estamos obligados a pasar por varias series de burocracia y enseñanza de modales que nuestros padres creen es nuestro deber con nuestro pueblo. Se organizan muchas fiestas en torno a lo que significa ser brujo, la magia forma parte de nosotros y es como tener la oportunidad de dar las gracias por ello y celebrarlo de forma constante con gozo y sabiduría.

Mis padres siempre fueron muy exigentes conmigo en cuanto a este tema, era la principal heredera de la Corona de Rubíes, la bruja que guiaría a nuestro pueblo cualesquiera que fueran las circunstancias, en las guerras y en las victorias, en la toma de decisiones y en apoyar a mi padre en sus planes de Gobierno. Las mujeres somos las que nos transmitimos el puesto en el trono, así que, mi madre era la que siempre me dictaba las normas que debía seguir en sociedad, quería hacer de mí una dama con dotes para la negociación. A ellos casi no les importaba el bienestar del pueblo, sino que, aparentar tener dinero y poder era lo esencial, por ello, debía llevar a cabo todos los protocolos necesarios en fiestas y celebraciones aunque para mí fuese una completa estupidez.

Mis verdaderas pasiones:

Siempre me ha encantado estar en los bosques, entre naturaleza, leyendo innumerables historias humanas, fascinantes, llenas de anécdotas y enseñándome verdaderos valores, no me gustan los libros de nuestras bibliotecas, se suelen basar en normas absurdas que debemos seguir para tener cada vez más poder que los demás. Me gusta ayudar a que las rosas crezcan más rápido, aunque a mi familia nunca le ha gustado que desperdicie mi magia con seres sin vida…

Desde hace mucho tiempo, conozco a una joven preciosa que pertenece a la familia enana y, siendo totalmente honesta, la envidio. No tienen normas, se pasan el día haciendo lo que les apetece, rugen cuando no están de acuerdo y no sienten la necesidad constante de sentirse mejor que los demás. Es una buena amiga, muy glotona y dedicada a ayudar a los suyos siempre que tiene ocasión, nos veíamos a escondidas pero a ella no el importaba, tan solo quería que compartiéramos algunos momentos juntas, algo que mis padres desaprobarían por completo.

Magia:

Hace algún tiempo que llegó a mí y todavía aprendo a controlarla, no es sencillo y tampoco manejable, tenía tanto poder que podía matar a alguien con tan solo cerrar los ojos y concentrarme en ello. Antes de que naciera, mi pueblo esperaba mi llegada entusiasmado, iba a ser la heredera que cambiaría las cosas, se organizaban fiestas en honor a mí al nacer y todo el mundo estaba lleno de júbilo. Era la hija de la bruja más poderosa de todos los tiempos, mi madre era una verdadera dama, tenía unos modales exquisitos y las cosas se hacían tal y como ella lo pedía, tomaba las decisiones basándose en la integridad y el sentido común, ayudando a aquellos que se lo merecían… pero la niña esperada no quería ese destino.

La magia es frágil, difícil de controlar, increíblemente poderosa si te esfuerzas lo suficiente… Puedes perderte en la oscuridad y ella puede sacarte de allí si realmente lo necesitas, es una fuerza que crece en ti de una forma perpetua, florece y se vuelve imparable. Puede ser tan intensa que sería capaz de arrasar con un pueblo entero si no tienes cuidado, hay un espacio muy pequeño entre tú y la magia negra, así que, es oportuno que te enseñe alguien que sepa cómo usarla para que no caigas en sus redes, dado que, en la mayoría de lugares, está prohibido utilizarla.

Mi marcha:

Supongo que me marché en el momento más inoportuno, me empeñé en esperar demasiado y terminé con todo el espacio privado que había construido para mí lejos de mi familia, más bien, terminé con todo. Me escapé de mi pueblo una noche cualquiera, ni siquiera estaba planeado, con una mochila y algo de comida para el viaje, no sabía dónde me iría pero tenía claro que no me gustaba lo que todos llamaban constantemente: mi DESTINO. No se me ocurrió hablar con nadie antes de hacerlo, tampoco insinuarlo, fue pensado y hecho, sin más dilación, estaba cansada de tratar de ser la hija perfecta y llevar a cabo todas y cada una de las exigencias de mi madre para ser una heredera modelo, estaba harta de ser otra persona.

Uno de los elfos que más odiaba a las brujas, se topó conmigo y no pudo hacer otra cosa que avisar a mi padre para que viniera a por mí, dado que, estaba invadiendo sus bosques. Desde hacía muchos años, su pueblo había sido enemigo del mío debido a guerras que ni siquiera tenían cabida en el presente, eran situaciones absurdas que provocaban que nuestro alrededor se sintiera incómodo y tuviera que actuar con odio, no era nada sano y lo sabía para mis adentros, pero los elfos seguían creyendo que yo era el enemigo por ser hija de mis padres, era de esperar… Me amordazaron y me entregaron a mi padre en cuanto salí huyendo, no tuve el tiempo suficiente como para saborear la libertad que yo misma me había brindado, no había sido lo bastante rápida para conseguirla.

No sabría decir si esperaba que me condenaran a muerte por mis actos, tampoco si mi cabeza a los pies de mi padre le sugirió algún tipo de sentimiento por mi pérdida o si mi madre lloró al llegar a casa tras la larga condena. Lo que sí sabía con exactitud es que nadie más hablaría de mí, mi pueblo tenía terminantemente prohibido hablar de una bruja que había traicionado a los suyos de esa forma, para ellos yo había desertado sin más y los desertores tan solo se merecían la muerte y el olvido perpetuo de todos los de su pueblo. Sería olvidada para siempre por desear ser libre…

Un futuro en la sombra:

Estaba oscuro, en silencio y hacía frío. Hacía ya algunas horas que había muerto, que había visto aquellos rostros contemplar mi muerte mientras empezaban a olvidar que yo, alguna vez, existí. No hay ningún mundo al que regresar cuando mueres, tal y como nos decía la maestra Idalia cuando nos enseñaba el hechizo de la muerte, ella siempre contaba con un paraíso al final del viaje, un lugar lleno de color que esperaba por ti en cuanto expiraras tu último suspiro pero, en realidad, no había nada, ningún mundo nuevo al que ir, nadie esperando tu llegada, ningún lugar mágico aguardaba a los brujos, tan solo una soledad infinita.

No sé si merezco el cielo o el infierno perpetuo pero, lo que sí sé es que si repitiera mi vida, pediría vivir en los bosques con gente humilde, sentirme libre cada hora que pasara con vida y morir de forma honorable, con un recuerdo en las mentes de mi pueblo, una huella que perdurara un siglo tras otro. Volvería a nacer para encontrar mi camino, mi verdadera razón de ser, para hacer, por una vez, lo que siempre he querido sin la aprobación de nadie, sin esperar nada… Mi futuro ahora es un suspiro que se atenúa, un silencio que se prolonga y una oscuridad infinita, un abismo que no parecía que fuese a terminar, era la primera vez que cerraba los ojos para dar las gracias por estar sola, sin la sombra de mis padres…

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La Escritora de Varias Realidades: Marie

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Relato procedente: “DIVINA JUVENTUD”

Nombre: Marie                                            Edad: 40 años

Ciudad Natal: Melburne        Estado Actual: Vive en el interior del libro que escribió

 

Descripción física:

Hace algún tiempo, mi cabello era castaño, tenía mucho volumen y podía manejarlo a mi antojo, nunca he entendido a esas personas que siempre se han quejado de su color o de tener un cabello como el mío, se supone que son difíciles pero he podido jugar con ello cuando lo he requerido; ahora son de color negro, mi cabello es mucho más fino y largo. Mis ojos castaños, ahora eran de un verdoso intenso, seguían siendo penetrantes pero algo más fieros que antes, nunca había visto una mirada tan perdida como la mía tras empezar a entender lo que estaba ocurriéndome por mucho que mi mente me dijese que era una completa locura. Mi cara empezaba a ser mucho más fina que antes, las arrugas desaparecían por completo conforme escribía con la pluma que me regaló mi abuelo. Pesaba unos tres kilos más pero seguía sintiéndome bien, me alegraba de no haber creado a un personaje con sobrepeso, fue un verdadero acierto…

Descripción de la personalidad:

Siempre he sido una persona muy sensible, a la vez, algo encerrada en mí misma, me ha encantado crear mi propio espacio con mis historias y personajes. Me ha gustado compartir todo pero, no he podido evitar ser desconfiada con aquellos que no he conocido lo suficiente como para mantener amistad o una simple conversación. No me gustan los silencios incómodos, tampoco la soberbia, la soledad fue mi enemiga durante mucho tiempo, ahora no puedo seguir adelante teniéndola a mi lado cada mañana aliándose a mis estados de ánimo. Al menos, no ha cambiado mi personalidad junto con mi físico y mi edad…

De hobbie a carrera:

Heredé el amor por la escritura de mi abuelo por parte de mi madre, era un hombre tierno, dedicado a lo que le apasionaba y nunca le vi dejar su máquina de escribir, tampoco aquellos ojos llenos de entusiasmo al terminar una historia. Empecé a interesarme por ello al ver lo que él veía en las palabras, era como un juego, era imaginación en estado puro y me gustaba experimentar con cualquier cosa que se me ocurría. Era una niña bastante insegura, así que, sentía esa confianza en mí misma que me faltaba en la vida real. era como si pudiera cambiar lo que quisiera de mi alrededor, sumergirme en una historia que yo misma había creado sin demasiada dificultad, controlaba esa parte de mi vida y eso me gustaba.

Desde que publiqué mi primer libro a los 20 años, no dejé de hacerlo, pasó de ser un hobbie para convertirse en aquello a lo que quería dedicar mi vida, justo como lo hizo mi abuelo cuando vivía, supongo que he continuado con su legado… Mi alrededor mejoraba porque a la gente le gustaban mis libros, disfrutaban con ellos, empezaba a formar parte de una sociedad de la que me escondía debido a mis inseguridades. Me sorprendí a mí misma siguiendo con mi pasión, sin parar de escribir, sin parar de imaginar…

Tiempo sin palabras:

Durante años, no conseguía escribir una sola frase sin atascarme. Había sacado a la venta unos veinte libros, mis escritos habían tenido mucho éxito pero, lo que no esperaba era que la inspiración empezara a esfumarse de una manera tan nefasta, de hecho, dejé de publicar a los 34 años, una edad demasiado temprana para dejar la carrera de escritora, a mi parecer. Dejé todo esto atrás, muy a mi pesar, traté de aceptarlo aunque, de igual forma, no desaparecía de mi mente.

Las palabras tan solo dejaron de acompañarme, de ser parte de mi día a día, dejaron de existir sin más razón que la no aparición. Me pasaba los días nerviosa e inquieta, preguntándome si la razón por la que no aparecían era yo, mi poca disciplina, por negarme a exigirme demasiado a mí misma, por no estar atenta a los detalles… Poco a poco, fui perdiendo esa fama que había tenido entre los mejores escritores, era joven y recordaba tanto aquellos tiempos que no podía evitar pensar en ellos. Me había abandonado el sentido de la expresión, preguntándome una y mil veces si me estaba haciendo demasiado vieja como para sentir lo que sentía cuando era joven, eran cuestiones tan complejas que no tenía ni idea de cómo manejarlas, me sentí perdida durante todo ese tiempo.

La pluma que lo cambió todo:

Todo cambió por completo en cuanto cogí aquella pluma, la que me regaló mi abuelo cuando era pequeña, mientras me decía que la utilizara tan solo cuando me hiciese falta, cuando se gastaran totalmente mis palabras y no supiera muy bien cómo continuar. Supongo que, mi propia desesperación me llevó a coger aquella pluma delicada, diseñada para convertir la vida del escritor en algo diferente, a provocar su inmersión en el libro que escribe. Así ocurrió.

Al principio, empecé a coger la pluma de forma automática mientras hacía algunos cambios a mano en el libro que tenía entre manos sin darme cuenta de cómo me llamaba, cómo me gritaba para formar parte de mi escritura, sin ver el ansia de mi personaje por salir de las páginas sintiéndolo tan real dentro de mí tanto física como psicológicamente que no me daba cuenta de lo profundo que se estaba volviendo.

La pluma tenía inscrito en uno de los lados “Divina Juventud”, no sabía lo que significaba hasta mucho después, cuando lo leí detenidamente y me paré un minuto a pensarlo. Me estaba convirtiendo en el personaje de mi libro, la cual, era mucho más joven que yo, tenía 28 años de edad y, simplemente, me volví ella y empecé a vivir entre las páginas de mi propia historia. Tenía miedo, no sabía dónde iba a terminar…

Un libro especial:

Siempre había querido escribir un libro de fantasía donde todo pudiese volverse realidad, que todo se pudiera tocar, que las dimensiones estuvieran pegadas, que pudiéramos andar entre recuerdos pudiendo cambiar las cosas que quisiéramos. Quería que mi personaje viviese una aventura como esa, el problema era que no había escrito un personaje adicional que la acompañara y, sin mi pluma era difícil volver a mi despacho para crearlo. No tenía ni idea cuánto tiempo iba a estar aquí, había desaparecido por completo de mi realidad y parecía que fuera a formar parte de mis propias letras los próximos meses, quizá años, quizá… para siempre.

Me encontraba en una realidad paralela bastante curiosa. Era un lugar en el que siempre había temido estar, un lugar que jamás pensé que visitaría, un lugar que puede que me rompa el corazón… Es una realidad sin éxito, una realidad sin palabras, sin inspiración, sin aquellos libros que había escrito publicados… Mi protagonista era como yo en muchos aspectos de mi vida y también era escritora… Entre esas páginas había creado maravillas pero también se encontraban mis peores pesadillas y no tenía ni idea de cómo sentirme respecto a ello. A veces quería explorar aquel pequeño mundo que había formado, aquella ciudad perfecta donde podías ver dos lunas en el cielo, donde la gente era agradable, donde no sentía todas las miradas de los demás puestas en mí porque nadie me conocía… porque no había escrito nada.

A veces, deseaba volver. Otras, necesitaba explorar mi entorno por si alguna vez volvía y podía cambiar algo de la historia para que les gustara más a mis editores pero, cada vez, parecía que me alejara más de ella, como si la soledad fuera a colapsarme de un momento a otro, como si el silencio también se hubiera vuelto real…

Un futuro en otra realidad:

Esperaba que las cosas cambiasen, de verdad que lo esperaba. Cada día que pasa estoy en una realidad distinta donde puedo ver cada uno de mis miedos, donde me siento algo más retraída que de costumbre, donde no puedo ver más que gente pasar a mi lado sin tener la menor idea de quién era yo en realidad. ¿Las cosas podían cambiar? ¿Iba a quedarme aquí para siempre? Si era así… ¿qué iba a hacer?

Tan solo soy un personaje que camina entre páginas, que se empapa de su alrededor y que quizá, a veces, se siente como una marioneta. ¿Encontraría la llave para salir? ¿De verdad quería salir o me sentía más cómoda sin que nadie conociera mi identidad? ¿Alguna vez me había gustado el anonimato? Hay muchas cosas inconclusas que resolver, muchas preguntas que responder y sin tener la menor idea de cómo volver a una realidad que quizá, tampoco es la mía…

 

 

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La Mujer Invisible: Dayene

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Relato Procedente: “OLVIDABLE”

Nombre: Dayene                                                            Edad: 22 años

Ciudad natal: Londres                                                Estado  Actual: Vida humana   

Descripción física:

Mi cabello castaño caía sobre mis hombros, sin flequillo, siempre los he odiado; mis ojos verdes han sido siempre lo que más me ha gustado de mí, de mi conexión con el exterior, no tengo ni idea de si a los demás les gustan, debido a la lejanía entre ellos y yo. Mi piel suave, siempre tan bien cuidada, tan refrescada por la lluvia y, a veces, atizada por el frío invierno, ha querido tener algún simple contacto con alguien, aunque fuesen unos segundos, pero no se vería tan sola, tan necesitada de aprecio. Mis labios son incapaces de mantener esa sonrisa que en un principio tuve, ahora permanecen tan prietos, tan encerrados en un conglomerado de palabras en silencio y mi cuerpo, tiembla al recordar que no voy a volver a mis orígenes.

Descripción de la personalidad:

Supongo que las circunstancias me han hecho ser algo individualista, no creo que haya llegado a egoísta pero sí he tenido un deje de negatividad a la hora de compartir. Siempre he sentido un anhelo, un vacío interior que me decía que me faltaba algo para seguir en aquella burbuja solitaria. No solía sonreír, tampoco hablaba, tan solo pensaba en un nuevo futuro, quizá con esperanzas o no pero, era algo que siempre estaba ahí. He sido muy reflexiva, interesada en esos sentimientos humanos, en el tacto, las miradas furtivas… Podría decir que siempre he sido alguien curioso que le gusta saber de aquello que no tiene o no conoce.

Pequeña burbuja:

Creada a mi alrededor con soltura, hecha para abrazarme entre su soledad sin poder tener contacto con el exterior, nadie puede verme, oírme o escucharme, formo parte de una pequeña zona de confort a la que nadie puede acceder. No me acuerdo cuándo fue el momento en el que me debatí entre permanecer con personas que me juzgaban y vivir en mi pequeña burbuja, donde nadie me molestase, donde a nadie se le ocurriese dirigirme la palabra. Estaba demasiado herida para pensar con cierto raciocinio, tendría cerca de ocho años y no entendía muy bien las relaciones humanas, era callada, vivía en mi mundo y tan solo quería que las cosas siguieran siendo así.

Recluida entre mis propios miedos, entre lágrimas derramadas, cicatrices que no se curaban del todo y un millar de palabras que me negaba a escuchar. Envidia que abría cada una de mis heridas, empezaba a necesitar de otros, sentir algo más que a mí misma, era difícil respirar el mismo aire y no poder comunicarme, no poder compartir mis anhelos con nadie más, tan solo podía pensar en encontrar algo de comprensión, aunque fuera ínfima, aunque pronto fuese a desaparecer, a desvanecerse entre un millar de preguntas.

Silencio ensordecedor:

Tras tanto tiempo en soledad, te vas dando cuenta de lo que es el silencio. Es como si, de repente, dejases de oír, flotaras entre el vacío y no volvieras a despertar. Estar lejos de los demás es diferente, es permanecer en la sombra, en la completa inexistencia, sin importar lo más mínimo, sin ser visto, sin ser oído. Al principio, podía oírles hablar, podía observar sus momentos, podía entender sus circunstancias pero ahora, todo se ha vuelto más tenue, más apagado, más lejano…

Es difícil comprenderlo pero forma parte de ti, de quién eres, sin poder cambiarlo. Una simple palabra que lo cambia todo, que termina por hacerte sentir diferente, alejado de toda humanidad. Puedo mirar a mi alrededor y recordar las palabras de alguien, cómo sonaban, cómo llegaba a entenderlas, cómo eran esas miradas compasivas. Todo eso, consiguió acallarse, volverse transparente, inexistente, olvidable, ni siquiera podía recordarlo…

Cambios radicales:

Una mañana en la que no quería ver a nadie, en la que quería refugiarme en mi tristeza, alguien me dio la oportunidad de salir de mi burbuja, brindándome un pequeño regalo tras haber deseado tanto formar parte de esa vida humana que tan lejos de mí se había quedado. Noté cómo una mujer chocó contra mí debido a un descuido, quizá ni siquiera me vio venir del “otro lado”, puedo decir que fue increíble por notar ese tacto que tanto había anhelado. Sentí una alegría infinita que no podría describir con palabras, sentí que formaba parte de algo más grande que yo misma y lo echaba de menos desde mis ocho años de edad.

Tras las primeras semanas, todo fue perfecto, tenía curiosidad por todo lo que me rodeaba, estaba maravillada por todo lo que me iba a brindar la vida y estaba increíblemente agradecida por esa persona que me había dado la oportunidad de encontrar mi sitio, de volver a nacer. Nada es lo que parece, por supuesto. Tras el primer mes entre las personas que me rodeaban, pude presenciar el dolor que se puede infringir con tan solo una mirada, una frase, un susurro, una burla, una humillación… Pude sentir el dolor de todas las víctimas que habían sido maltratadas por alguien, pude denotar toda aquella vergüenza que, alguna vez, pudieron sentir muchas de ellas y no pude evitar llorar. Me di cuenta de mi equivocación, del terrible error que había cometido y, entendiendo perfectamente el por qué de mi decisión.

Un futuro encadenado:

No pude volver. Nadie quiso ni pudo ayudarme. Tras todas mis quejas y mis deseos de volver a este “mundo” donde todos pueden herirse sin ser culpados de nada, sin ser castigados, sintiéndome encadenada a esta continua circunstancia, a este continuo descontrol de sentimientos, a tantas dificultades y a un mundo desconocido para mí. Tenía que sobrevivir, hacer frente a las adversidades, a observar los continuos abusos a mis semejantes, por no aceptarme y quererme tal y como soy, por no aceptar que vivir en tu burbuja no es tan malo, es revelador, es diferente, es sentirte tú mismo.

Tras querer ser como los demás, formar parte de su mundo y ver que, para nada, es para mí, he podido comprender que eso no es lo importante. Cada uno debe ser compañero de sí mismo, con eso te vale, no hace falta ser quién no eres para demostrar nada, para sentir más de lo que ya sientes, para ser aceptado o llamar la atención, te bastas con ser tú y compartir la vida contigo mismo. Algunos lo llaman soledad, otros lo llamamos “liberación de una sociedad contaminada”. ¿Tú cómo lo llamarías?