Publicado en Personajes

Nadia: La Mujer Lobo

Relato procedente:No lo Sabes“. Edad: 32 años.

Ciudad: Nueva Jersey. Profesión: Antropóloga.

Descripción física:

Cabello castaño hasta más abajo de los hombros, ondulado y alineado, no soy de esas a las que le gustan las florituras en el pelo, soy de estilos clásicos. Mis ojos castaño oscuro cambian a negro cuando me transformo, mis labios finos y mi nariz en un hocico, y mi cuerpo esbelto en el de un lobo con muchas ganas de corretear por el bosque. He pasado por cambios, a veces, no tienes control sobre ellos, es como si tuvieras dos tipos de cuerpo y cada uno se mostrase de una forma hacia los demás. Y bueno, siempre tienes que comprar ropa de más, al transformarte rompes con absoluta seguridad la que llevas puesta, cuando te das cuenta, necesitas más bragas de las pocas que siguen existiendo en tu armario…

Descripción de la personalidad:

Supongo que no soy como todos los lobos ni como todas las personas, suelo ser más bien solitaria, amante de mi propio espacio y me gusta ocuparme de mis propios asuntos, asumir el control de mi naturaleza y dejar de lado aquello que me atrapaba, las manadas son mucho más complejas de lo que se deja ver a simple vista. Me gusta verme como alguien normal a ojos de los demás, mezclarme entre humanos porque yo también tengo esa parte, me da tiempo para dejar de lado lo sobrenatural, es lo que siempre debo arreglar o a lo que debo prestar más atención. El auto conocimiento lo he entendido como un don que he desarrollado con el tiempo, nadie me ha enseñado del todo a sentir o percibir, a oler o saltar, mis pasos han sido míos, tratando de cuidarme y protegerme a mí misma.

Desde el nacimiento:

Cuando era niña, empecé con pesadillas, a esto le siguió una sensibilidad extraordinaria a todo lo que olía, a una rabia a veces, incontrolada y un tacto muy sensible. Mis padres también fueron licántropos de nacimiento y mantenían todos mis cambios a raya, sabían qué paso debían dar tras haber pasado una nueva fase. Aprendí mucho de ellos pero eran demasiado exigentes, tercos, no me permitían salir hasta tarde, tener novio y, mucho menos, dejarme ver tras haberme transformado, incluso, las noches de luna llena me encerraban en el sótano para que no hiciera daño a nadie. Para mí, nada de esto eran opciones, no era vida, no era sentirse libre, era un lobo esclavizado.

Siempre me contaron historias sobre los vampiros y la rivalidad que prevalecía desde hacía décadas entre ambas especies, debía estar alerta incluso cuando volvía del instituto, olían nuestro aroma. Me parecían curiosos, no lo negaré, pero cuando veías los baños de sangre que eran capaces de provocar en menos de dos segundos, toda esa curiosidad inicial se desplomaba. En aquellos tiempos de adolescencia era muy inocente, era humana a ojos de la gente, vivía como una pero tras cruzar la puerta de casa todo volvía a ser obsesivamente anormal, desde interrogatorios sobre si me había controlado hasta a cuántos kilómetros de distancia podía escuchar esta vez. Era agobiante.

Los baches que cayeron en desgracia:

Los licántropos, a veces, tienen transformaciones complejas cuando llegan a cierta edad, cada uno es distinto. En mi caso, no empecé a notar nada hasta los 18, edad en la que todo se magnificó, desde los sonidos, el tacto, la memoria, la ira… todo me excitaba de más, no podía estar en aglomeraciones de gente, debía apartarme y seguir sola. Recuerdo que mis padres estuvieron a las duras y a las maduras conmigo, pasando todos los baches juntos, parecía que lo controláramos. Una noche, algunos vampiros de un clan que mis padres llevaban tiempo investigando, entraron en nuestra casa por sorpresa, la luna llena estaba fuera y yo permanecía en el sótano con todos los huesos de mi cuerpo rompiéndose a velocidad de una abuela cruzando un paso de cebra, fue una de las transformaciones más dolorosas por las que pasé… Solo recuerdo haber terminado la transformación, el haber roto la puerta que me mantenía encerrada en el sótano y el ver a mis padres tratando de llegar a un acuerdo con ellos para que se fueran.

Perdí el control. Rugí tan fuerte y con tanta rabia que todos los presentes se quedaron muy quietos. Mi madre, se acercó a mí hablándome con tranquilidad, cercanía, pero ella fue a la primera a quién ataqué, dejé de ser Nadia y pasé a ser la bestia incontrolable. Desperté desnuda en medio del salón con sangre a mi alrededor y en las paredes, vi los cuerpos de aquellos a los que quise y a mis enemigos, los maté a todos. No tuve fuerzas ni siquiera para llorar, no había logrado controlar mi transformación, tal como mi padre había temido, no le hice caso y no quise que me atara con cadenas, debí haberle dejado. Tras aquello, no volví a casa. Hice un velatorio privado donde honré su memoria, mientras puse sus cuerpos en una barca que empujé al mar y la que quemé viendo cómo se alejaba. Esa fue la última vez que tuve contacto con mis padres. Los vampiros del clan Letta me persiguieron desde entonces.

Rechazo de una manada:

Desde que nací, ya estaba destinada a la manada a la que mis padres siempre habían pertenecido: Lotus Librea, una de las más antiguas y más fortalecidas. Siempre me enseñaron a cazar en grupo, la llamada a otros hombres lobo, cómo ayudarme de otro para transformarme, a aullar, a cómo empezar una lucha y, sobre todo, me entrenaron para los ritos de iniciación. Lo sabía todo sobre la manada, creo que era una de las cosas que me embaucaban de seguridad, sabía que ellos cuidarían siempre de mí y bueno, les conocía desde que era pequeña, la mayoría de veces estaban en casa, éramos como una familia enorme pero, al haber “matado” a mi familia y al tener a los vampiros Letta pisándome los talones, no creí que fuera buena idea empezar el rito de iniciación, no era bueno para ellos y mucho menos, para mí, no quería perder el control, debía estar sola.

Luke, el que era como el hermano de mi padre, me lo pidió varias veces, tan solo querían cuidar de mí, pensaban que necesitaría refuerzos, alguien con quién contar. Debía aprender a moverme sola, a cazar y desenvolverme en ambientes oscuros, a no esperar ayuda de nadie para aprender a cómo sobrevivir, tenía que sentirlo y verlo, conocerme a mí misma durante las transformaciones y cómo llegar a controlarlas. Por supuesto, que ellos podían ayudarme, lo tenía claro, pero era algo que debía descubrir por mí misma, mientras Luke me prometió que se mantendrían a salvo del clan Letta, no quería verles involucrados en mi desastre.

Aprendizaje y experiencia:

Fue un viaje duro, iba de ciudad en ciudad hasta que encontré una pequeña casa en una montaña, deshabitada desde hacía bastante tiempo, decidí reformarla y quedármela, tenía un bosque alrededor que podría servirme de ayuda en mi forma de lobo. Y así fue. No había necesidad de esconderse, tampoco de que nadie resultase herido, tampoco era una zona conocida, así que, ni siquiera el clan de los Letta podría encontrarme allí, era perfecto, pensé que instalarme sería una gran idea.

Controlar mis transformaciones no fue fácil, tuve que observar cómo reaccionaba mi cuerpo a los estímulos externos para entender cómo controlar la parte bestia. No lo conseguí a la primera, tampoco a la segunda y, mucho menos, a la número mil, fueron años de meditación, concentración, ejercicio, entrenamiento físico, respiración profunda y grandes dosis de paciencia para lograr controlar cuándo quería transformarme y cuándo debía reprimir esa parte de mí. Debía estar preparada para dejar de ser la presa y empezar a ser el depredador, el clan de vampiros Letta debían desaparecer.

La caída:

Oí a un grupo de vampiros hablando sobre un ataque en la iglesia pero, no supe a qué se referían hasta que me planté allí para verlo. El clan Letta había descuartizado a cada miembro de la manada Lotus Librae, las paredes estaban bañadas en sangre. No escuché ni un grito, tampoco un susurro de nadie alrededor que pudiera ayudarme con aquel desastre, iban tras de mí y tuvieron que pasar por encima de ellos para hacerlo, sabían que me enfadaría e iría en su busca, todo ese espectáculo mafioso era una trampa, simples peones caídos por un capricho mayor. Me mareé, incluso, vomité. Aquellos lobos habían sido mi familia, me aparté de ellos para protegerles y, aún así, habían perecido, mis padres no estarían muy orgullosos, eso seguro…

Y, ¿en la casa de Dios?, ¿en serio? Sabía que los vampiros eran unos enemigos incansables de lo llamado todopoderoso pero, ¿en una iglesia cometer un acto tan macabro? No podía creerlo, tampoco el hecho de que Luke también hubiese muerto, había sido lo más cercano a un tío que había tenido.

Un futuro de incansable venganza:

Les he perseguido durante días, meses. Sé sus escondites, sus trapicheos y sus tipos de sangre preferidos, los juguetes que se llevan a la cama y lo que ellos llaman armas. Son listos, inteligentes, astutos, diría que tienen todo el perímetro de la mansión que habitan totalmente controlado y podría confirmar que es impenetrable, tan solo debo seguir el mapa donde me indica por qué pasadizo secreto podría entrar. Meses de preparación, entrenamiento en bucle y la parte bestia preparada para morder traseros. En vez de mantener el control, esta noche, debía disfrutar de no tener ninguno, de moverme libre entre ellos, matar a cada uno que se me cruce por el camino sin piedad. Mis colmillos lo estaban deseando.

No podía ver el futuro, tampoco si saldría viva pero quería ver aquella mansión llorando sangre y yo siempre obtengo lo que quiero.


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Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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