Publicado en Personajes

Lara: El Hada

Relato procedente:Alas Blancas“. Edad: 120 años.

Ciudad: Reino de las Hadas. Profesión: Reina.

Descripción física:

Mi cabello dorado, onda al viento mientras vuelo con mis alas blancas recién curadas. Mis ojos verdes muestran honestidad, integridad y rectitud, siempre mirando al frente y con ideas para un futuro diferente. Labios finos, sellados, que batallan contra nuestros enemigos con tan solo una palabra, normalmente, con un poco de carmín. Tez pálida y orejas puntiagudas, caracterizado en nuestra especie. Mi vestimenta suele referirse a un pequeño vestido que cubre mi esbelto cuerpo hasta un poco más arriba de las rodillas, blanco con un poco de brillantina por todas partes, unos calcetines largos del mismo color y unas zapatillas rosas parecidas a las utilizadas en ballet.

Descripción de la personalidad:

Siempre he sido atada a la magia blanca, por mi pureza de espíritu, mi rectitud y constancia, con una gran necesidad de proteger a mi pueblo y amante de la paz y el sosiego. Me agradan las causas justas, lo que se debe decir y lo que se dice, la prosa, la música y el baile, perderse entre los árboles y crecer rodeada de ellos. Me calificaría como naturaleza, vida y constante cambio, sin lugar para la incertidumbre o pensamientos negativos, con la única misión de seguir con el cometido de mis padres a la vez que sigo honrando sus memorias. Las lecturas interesantes me dejan dormida, me relajan y me dan conocimiento de las miles de especies diferentes que existen entre nosotros, sus habilidades, la forma de moverse, entenderse con otros y saber cómo hablarles. Ser Reina me ha cambiado, me ha madurado, me ha empujado a encontrarme.

El principio del reinado:

Cuando era una pequeña princesa al cuidado de mis padres, siempre formé parte de las decisiones que tomaban, no directamente pero les escuchaba, ellos querían que lo hiciera, sabían que sería su última esperanza de mantener el Reino de las Hadas a salvo. Por aquellos tiempos, estábamos en guerra con las brujas, los centauros querían parte de nuestro territorio porque sus antepasados vivieron allí y los gigantes no se conformaban con tan poca comida, volvían a robarnos la nuestra dejándonos sin nada. Mi familia peleaba cada día porque reinase la paz, pero los problemas se amontonaban como si de una montaña se tratara.

Sus desacuerdos costaron desgracias, muertes, sangre, mitad de nuestro poblado muerto y gritos en cada rincón, mientras la ferocidad de las brujas era imparable. Fuego, casas destruidas, la mayoría de las hadas escaparon por los bosques y nadie consiguió encontrarlas, todos se asustaron. Terminamos viviendo escondidos durante algunos años hasta que las aguas se calmaron, hasta que los desacuerdos empezaron a ser acuerdos y cada uno empezaba a conseguir lo que venía buscando, mientras lo más importante entre nuestra familia eran las necesidades básicas, tuvimos que construir nuestro pueblo de la nada con nuestras propias manos, una vez más, aportando a nuestra gente lo que necesitaba.

La muerte de la Realeza:

Los acuerdos con las brujas empezaban a solidificarse, todos se estaban tomando las cosas en serio, incluidos los hombres lobos que, por aquellos tiempos, todavía no controlaban las transformaciones y se dedicaban a cazar sin encerrarse. Este largo lapso de tiempo, nos permitió unirnos y curarnos las heridas, ser partícipes de las vidas de otras especies, ayudando a las brujas a recuperar la magia que habían perdido, querían renovar sus energías después de la guerra y ellas nos ayudarían a reestablecer el orden y la paz en nuestro Reino a cambio. Fue una oferta de paz que mis padres no quisieron rechazar, “primero era el pueblo y después las disputas”, ese era el nuevo lema. Parecía que todo volvía a la normalidad, al menos, a simple vista, algo que a mí resultaba extraño y sospechoso tras una guerra, pero a mis 50 años, preferí simplemente, disfrutar de los días de bonanza y no pensar en lo negativo, así era yo.

Esto me dio en plena cara unos años más tarde cuando encontramos los cuerpos de mis padres en uno de los refugios que estaban construyendo con las brujas, al parecer, una de ellas, nos había estado traicionando desde el primer acuerdo, quería que bajáramos la guardia para volver a dejarnos sin nada. Me estuvo buscando durante días tratando de que ningún heredero se quedara con el Reino y pudiera pertenecer a su aquelarre de brujas pero, no pudo encontrarme, me escondí durante meses haciéndoles creer que había desaparecido o estaba muerta, mientras volvía a establecer a nuestro pueblo y hacía que creyeran en mí como nueva Reina.

El Reino de las Hadas:

No fue complicado recobrar el poder del Reinado y reconstruirlo desde cero permaneciendo entre las sombras porque nadie esperaba que equilibrara nuestro poblado de esa forma tan sigilosa y pausada, dejando creer siempre a las brujas que habían acabado para siempre con las hadas. Me encantó sorprenderlas una vez terminamos con todo lo que había que hacer, nadie podría estorbarnos con los nuevos acuerdos, la magia que habíamos aprendido nosotras mismas sin necesidad de ayuda y el conocimiento de otras especies llevándonos a saber sus puntos débiles. Me costó hacerlo pero, me gané tanto su respeto como el de mi Reino, así que, gané mi puesto con creces haciendo que mis padres se sintieran orgullosos.

Durante todo el tiempo que he pasado en el trono les he echado de menos, ha sido como escucharles a lo lejos, sintiéndome observada, ni siquiera sabía si estarían de acuerdo con mis decisiones para el poblado o si les hubiera gustado que hubiera elegido otras para que reinase la paz de otra forma pero, supuse que era buena señal el simple silencio. Lloré, me desesperé y guardé sus cosas en el baúl más escondido posible de mi armario, no podía centrarme en los quehaceres diarios si la casa olía a ellos.

Destinada a una botella:

Hubo muchas hadas que empezaron a aprender hechizos de magia negra que algunas brujas dejaron atrás. Al principio, pensé que era bueno tener algo de conocimiento extra contra nuestros enemigos, un poder que pudiese dejarlos sin fuerzas y no tuviesen más remedio que irse. Pensé que ellas, simplemente, se defendían de lo desconocido y que lo practicaban para ganar. Fue diferente cuando esto empezó a ser un hábito y sus reacciones a cualquier ataque eran la de usar hechizos de este tipo, apoderándose de sus corazones y haciéndolas cada día más malvadas y viles. Pude armonizar el ambiente un tiempo, incluso, prohibirlo pero, tal como les pasó a mis padres, fui rechazada por no querer seguir sus pasos.

Me desterraron mientras una de ellas se quedaba con el trono, las flores se marchitaban y dejaba atrás un pueblo marcado por la ira, el poder y el odio, algo que jamás habían experimentado y que las hartaba de placer. Me destrozaron y me metieron en una botella casi inconsciente sellada con magia para que no pudiese salir, lo consiguieron hasta pasados dos años surcando las aguas sin haber visto tierra en ningún momento. La luz que había en mi interior, tras constante práctica, consiguió romper el cristal y salir de la botella, con ambas alas curadas, alzando el vuelo para recuperar mi magia y mis tierras en el lugar en que nací.

Un futuro de elecciones:

Se quedaron anonadadas al volver y, no era para menos, tenían claro que iba a perecer en el olvido. Mi magia volvió a mí sin pedirla, ella misma me pertenecía y mi interior colapsó de júbilo mientras las miraba con desdén, tratando de decidir de quién fiarme. Por supuesto, todas ellas han sido desterradas, tan solo espero que haya más en algún lugar y quieran formar parte de mi Reino, mientras me dedico a volver a construir lo que echaron trizas. Fue un lugar apacible durante mucho tiempo y me dolía verlo así, apagado, oscuro, devastado por tanto odio… Debía empezar a tomar decisiones que hicieran que las hadas se sintieran seguras, protegidas y no necesitaran de magias alternativas para satisfacer sus necesidades más primitivas.

Debía elegir bien quién entraba por esas puertas, no quería tener el mismo destino que mis padres, no podría cambiar nada en el Reino de las Hadas si así ocurriera. Debía saber en quién confiar, contra quién pelear y quién podría ser mi aliado. Tenía mucho que hacer. ¡Manos a la obra!


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Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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