Publicado en Relatos

El Acantilado:

Corría. Mis pies no podían parar. Miraba hacia atrás repetidamente para ver si aquel chico seguía persiguiéndome. No sabía quién era pero sentía que quería matarme, llevaba un arma y varias veces casi llega a alcanzarme. Mi respiración se entrecortaba, me dolían los pulmones tras haber corrido algo más de tres kilómetros sin haber hecho un pre calentamiento como muchos entrenadores aconsejan antes de salir a correr. Desde hacía unos metros, sentía un pequeño tirón en el gemelo izquierdo pero, no podía parar, algo dentro de mí me decía que no lo hiciera.

Las ramas de los árboles golpeaban mi cara de vez en cuando, a veces, no podía esquivarlas porque tenía miedo a caerme, estaba oscuro y la única luz de la que disponía era la luna llena que se alzaba sobre nosotros, los únicos que parecíamos recorrer ese bosque. Noté la boca seca, mi espalda algo resentida debido a no tener unos zapatos adecuados para correr, sudaba como nunca antes lo había hecho y me sentía empapado, asustado y decidido a seguir adelante aunque no hubiera salida.

Mi amigo atlético continuaba fijo en mí. Digo atlético porque esquivaba todo lo que había en su camino, a veces, se posicionaba detrás de mí, otras saltaba cuatro rocas con tan solo una mano y estaba casi a mi lado, lo cual, me aterrorizaba. No podía verle la cara, llevaba una capucha y una máscara de V de Vendetta, las típicas que solían utilizar muchos jóvenes para reforzar una idea de la que no estaban de acuerdo y vengarse de aquellos que les sometían. Llevaba pantalones cortos y unos zapatos totalmente adecuados para no resbalarse mientras corría y que el impacto al pisar no fuera tan fuerte para las vértebras, ¡este chico sí sabía!

¿Era un chico?, ¿cómo sabía que lo era? Ahora no tenía mucho tiempo para pensar, llevaba corriendo en línea recta más tiempo del que debería y ni siquiera sabía a dónde me dirigía, tampoco si el camino de piedras se terminaría pronto, la incertidumbre se apropiaba de mi mente y el extremo cansancio del resto de mi cuerpo, en este momento, sería capaz de dormir tres días seguidos. Cada vez le notaba más cerca de mí, su respiración era pausada, señal de que salía a correr a menudo o de que tenía esa costumbre de ir cazando a gente por el bosque…

¿Recordáis que dije que no sabía dónde estaba el final de aquel camino? Lo encontré. Frené de lleno ante un acantilado demasiado alto como para saltar, era muy arriesgado. El joven frenó justo a un metro de mí en seco, parecía tranquilo, con un arma en la mano derecha, erguido, de alguna forma supe que estaba decidido a hacer aquello por lo que le habían pagado o dicho. Sabía que no vacilaría. Seguí mirando hacia abajo tratando de decidir qué hacer pero era demasiado cobarde como para plantearme semejante locura, así que, con las manos en alto, decidí volver el semblante hacia él, temblando, asustado.

– ¿Por qué…? – pregunté, mi voz también temblaba pero, ya que iba a morir, quería saber por qué o a quién le serviría, era tan solo un aspirante a bombero -.

– Viste algo que no debiste ver – definitivamente, era un chico joven, a juzgar por su voz, tal como dije, pausada y decidida -.

– ¿El qué?, ¿de qué hablas? – empecé a hacer memoria de las semanas anteriores, hasta que encontré un pequeño recuerdo que me trajo de cabeza durante días tratando de olvidarlo – Oh…

– Lo recuerdas, ¿verdad?

– No diré nada, tampoco lo tenía pensado, ¡me metería en un lío!

– No puedo estar seguro de ello, ¿verdad? No te conozco – quitó el seguro del arma, la cargó y me apuntó con ella – Tranquilo, será rápido.

Reviví el momento. Un hombre alto y robusto, un callejón y sin público, llevaba un sombrero y una gabardina negra, era imponente, parecía que esperara a alguien. Un chico delgaducho se acercó a él para entregarle algo, era bastante joven, estaba algo nervioso pero le entregó un USB, el hombre alto le dio las gracias y, mientras el chico le daba la espalda y se alejaba de él confiando en que no le pasaría nada, dos tiros perforaron su espalda. Yo estaba escondido detrás de un coche, en cuanto vi aquello, salí corriendo, apuesto a que el hombre con sombrero me vio y este chaval trabajaba para él, no era muy difícil de adivinar, pero de nada servía ahora, debí quedarme detrás de ese coche sin moverme, nadie se hubiese enterado…

– Date la vuelta y arrodíllate – me ordenó. Obedecí – Acércate más al borde.

Hice lo que me pidió. Empezó a oscurecerse mi alrededor mientras veía salir sangre de mi pecho, noté que me empujaban por detrás y caía por el acantilado. Decidí cerrar los ojos y dejarme llevar, me dijo que sería rápido. ¿Lo será?


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The Cliff:

I ran. My feet couldn’t stop. I looked back repeatedly to see if that boy kept following me. I didn’t know who he was, but I felt like he wanted to kill me, he was carrying a gun and several times he almost catch me. My breathing was choppy, my lungs hurt after running a little more than three kilometers without having done a pre-warm-up as many trainers advise before going for a run. For a few feet, I felt a little tug on the left twin but, I couldn’t stop, something inside me was telling me not to.

The branches of the trees struck my face from time to time, sometimes I could not dodge them because I was afraid to fall, it was dark and the only light we had was the full moon that stood above us, the only ones who seemed to roam that forest. I noticed my mouth dry, my back a little resentful because I didn’t have proper running shoes, I was walking around like I’ve never done it before and I felt soaked, scared and determined to move on even if that forest doesn’t have any scape.

My athletic friend was still fixed on me. I say athletic because I dodged everything in his path, sometimes he positioned himself behind me, others jumped four rocks with just one hand and was almost by my side, which terrified me. I couldn’t see his face, he wore a hood and a V mask from Vendetta, the typical ones that many young people used to use to reinforce an idea they disagreed with and take revenge on those who subdued them. He was wearing shorts and shoes that were totally suitable for not slipping while running and that the impact on treading wasn’t so strong for the vertebra, this guy knows how to do it right!

He was a boy? Now I didn’t have much time to think, I had been running in a straight line longer than I should and didn’t even know where I was going, nor if the stone path would end soon, the uncertainty took over my mind and the extreme tiredness of the rest of my body, at this time, I would be able to sleep three days in a row. He was getting closer and closer to me, his breathing was paused, a sign that he went for a run often or that he had that habit of hunting people through the woods…

Do you remember when I said I didn’t know where the end of that road was? I found it. I braked full on a cliff too high to jump, it was too risky. The young man braked just a metre from me, seemed calm, with a gun in his right hand, upright, somehow I knew he was determined to do what he had been paid or told for. I knew he wouldn’t hesitate. I kept looking down trying to decide what to do but I was too cowardly to think of such madness, so with my hands up, I decided to turn my body to see him, shaking, scared.

– Why…? – I asked, my voice was shaking too but I was going to die, I wanted to know why or who my dead body would serve, I was just an challenger firefighter.

– You saw something you shouldn’t have seen – he was definitely a young boy, judging by his voice, as I said, paused and determined.

– What? What are you talking about? – I started to remember the previous weeks, until I found a little memory that brought me upside down for days trying to forget it – Oh…

– You remember it, right?

– I won’t say anything, I’ve never thought about it even so… I can be in trouble if I say something!

– I can’t be sure about it, can I? I don’t know you — he took the lock off the gun, loaded it and pointed it at me – Don’t worry, it’ll be quick.

I relived the moment. A tall, sturdy man, an alley and no audience, wearing a hat and a black trench coat, was imposing, he seemed to wait for someone. A shrewd boy came up to him to give him something, he was quite young, he was a little nervous but he handed him a USB, the tall man thanked him and as the boy turned his back on him and walked away trusting that nothing would happen to him, two shots pierced his back. I was hiding behind a car, as soon as I saw that, I ran out. Probably, the man with a hat saw me and this kid worked for him, it wasn’t very hard to guess, but it was no scape now, I should have stayed behind that car without moving, no one would have known…

-Turn around and put your knees on the floor- he ordered me and I obeyed him – Come closer to the edge.

I did what he asked. It started to get dark around me as I saw blood coming out from my chest, I noticed being pushed from behind and falling off the cliff. I decided to close my eyes and get carried away, he told me it would be quick. Will it be?


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Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

Un comentario sobre “El Acantilado:

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