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Bailando Entre Recuerdos:

Lo que pareció un sonido lejano, me hizo abrir los ojos poco a poco. No era molesto, pero tampoco algo que esperara a las 07:00am. Al principio, pensé que sería el vecino tratando de escenificar en mi cabeza mil y una formas de amenazarle para que dejara de poner la música tan alta porque las paredes solían ser de papel pero, todo aquello se borró de mi cerebro en cuanto entré en la cocina, en cuanto vi el libro “Neverwhere” de Neil Gaiman encima de la mesa con un boli en el lado derecho, combinados con una de las canciones más escuchadas de David Bowie, “Space Oddity”.

Para cualquier otra persona, hubiesen sido dos circunstancias sin importancia, dejadas ahí por error, quizá yo no lo recordaría por lo despistado y poco atento que soy a los detalles pero, justo aquello, hizo que mis pies se frenaran de repente, dejándome escuchar la canción con deleite, mientras los recuerdos se apoderaban de mi mente sin quererlo. Quise parar el tocadiscos y guardar ese libro algo maltrecho y viejo, olvidarme de todo y pasar página, tal y como hice cinco años atrás, seguir siendo aquella rata de biblioteca recorriendo los pasillos y cobrando el salario mínimo para pagar sus facturas y seguir siendo un solitario, pero no pude, no dejaba de venirme a la mente.

Recordé a mi hermana gemela, sentada en la mecedora frente al sofá en casa de nuestros padres, hablando de las aventuras de Richard en el mundo subterráneo, cómo le apasionaba después de leerlo unas ochenta veces desde que se lo regalé por su décimo cumpleaños. Si este fuera el mundo de Harry Potter, ese libro sería uno de los Horrocruxes, así era cómo Helena estaba ligada a él, como si fuera parte de su alma, de su misma esencia, imposible que no le atravesara la piel y más cuando fui yo quién se lo regalé. “Space Oddity” era su canción favorita mientras leía, era la combinación perfecta que permitía que se deleitara de cada palabra y se concentrara, había sacado mi déficit de atención y el aburrimiento de estar en una silla sin hacer nada tan solo por el placer de no hacerlo. Recuerdos que estaban encerrados en un baúl entre cicatrices, habían vuelto a mí de repente abriendo una herida que creía cerrada y olvidada…

Me senté en la silla frente al libro, mientras la canción volvía a repetirse desde el principio, mientras se me ponía la piel de gallina al pensar que ella podría haber vuelto y que dejarme un mensaje habría sido de las primeras cosas que haría para no olvidarla nunca que, a decir verdad, nunca lo hice. Había una hoja doblada por una de las esquinas, la abrí y vi entre esas páginas ya algo amarillentas por el tiempo pasado, una nota: “recuerda que siempre estaremos juntos”. Cerré la tapa y me distancié del libro, empezaba a sudar y a hiperventilar sin tener control alguno de mi cuerpo. HABÍA VUELTO.

Muchos creerán que es una buena noticia, yo debería creerlo siendo su hermano mayor pero jamás pensé que, tras su desaparición cinco años atrás, volvería. Toda la familia sigue pensando que la secuestraron porque nadie encontró su cuerpo, tan solo una habitación vacía y una cama a medio hacer, no había ni rastro de Helena porque ella no quería que la encontraran. Al parecer, ahora sí y me aterraba la posibilidad de tenerla frente a mí y decirle que había seguido adelante sin ella.

La voz de David Bowie seguía calando en mí, en cada partícula de mi cuerpo, de mi piel y la boca seca, no podía sino recordar su cabello pelirrojo y las mejillas siempre coloradas, su tez pálida con pecas cerca de la nariz y los pómulos, la suavidad de sus manos y sus ojos verdosos mostrando tenacidad y un toque curioso por las acciones ajenas, buscando por qués entre puertas cerradas. Su caminar tendía a ser gracioso, daba saltitos como una niña feliz al haber conseguido la piruleta que llevaba pidiendo durante horas. Era la mujer más bella a la que había abrazado y todos esos recuerdos habían permanecido intactos, sin saberlo.

– Veo que has recibido mi mensaje.

Levanté la mirada y allí estaba, en mi cocina sin saber muy bien cómo había entrado. Una sonrisa que embriagaba y un vestido que solía ponerse en primavera estampado de flores y con la esperanza de un abrazo del que no fuera a soltarse nunca. No pude hacer nada más que devolverle una tímida sonrisa, a la par que me acercaba a ella y volvía a oler su perfume a rosas y su crema de almendra. Era como volver a estar en casa…


Dancing Between Memories:

What seemed like a distant sound made me open my eyes little by little. It wasn’t annoying, but it wasn’t something I expected at 07:00am either. At first, I thought it could be the neighbor trying to stage in my head a thousand and one ways to threaten him to stop putting the music so loud because the walls used to be like paper but, all that was erased from my brain as soon as I walked into the kitchen, as soon as I saw Neil Gaiman’s book “Neverwhere” on the table with a pen on the right side, combined with one of David Bowie’s most listened songs, “Space Oddity”.

For anyone else, it would have been two unimportant circumstances, left there by mistake, maybe I wouldn’t remember it because of how clueless and unreteful I am to the details but, just that, it caused my feet to brake suddenly, letting me listen to the song with delight, while memories inadvertently took over my mind. I wanted to stop the record player and save that somewhat battered old book, forget everything and turn the page, just like I did five years ago, to remain as that library rat walking the halls and collecting the minimum wage to pay his bills and remain lonely, but I couldn’t, it kept coming to my mind.

I remembered my twin sister, sitting on the rocking chair in front of the couch at our parents’ house, talking about Richard’s adventures in the underground world, how she was passionate after reading it about eighty times since I gave it to her for her tenth birthday. If this were the world of Harry Potter, that book would be one of the Horcruxes, that’s how Helena was tied to him, as if she were part of her soul, her very essence, impossible that it would not cross her skin and more when I was the one who gave it to her. “Space Oddity” was her favorite song every time she decided to read, it was the perfect combination that allowed her to revel every word and focuse, she had taken my attention deficit and boredom of being in a chair doing nothing just for the pleasure of not doing it. Memories that were locked in a trunk between scars, had suddenly come back to me opening a wound that I thought was closed and forgotten.

I sat in the chair in front of the book, as the song was repeated from the beginning, as I put on goose bumps thinking that she might have come back and that leaving me a message would have been one of the first things I would do to never forget her that, to tell you the truth, I never did. There was a sheet bent around one of the corners, I opened it and I saw between those pages already somewhat yellowish for the past time, a note: “remember that we will always be together”. I closed the lid and distanced myself from the book, started sweating and hyperventilating without any control of my body. SHE WAS BACK.

Many people will think that are good news, I should believe it being her older brother, but I’ve never expect that, after her disappearance five years ago, she would come back. The whole family still thinks she was kidnapped because no one found her body, just an empty room and a half-made bed, there was no sign of Helena because she didn’t want to be found. Apparently, now I did and I was terrified of having her in front of me and telling her I’d moved on without her.

David Bowie’s voice kept sticking in me, in every particle of my body, my skin and dry mouth, I could only remember her red hair and always red cheeks, her pale complex with freckles near her nose and cheekbones, the softness of her hands and her green eyes showing tenacity and a curious touch for the actions of others, looking for why between closed doors. Her walk tended to be funny, she jumped like a happy little girl having gotten the lollipop she had been asking for during hours. She was the most beautiful woman I had ever huged and all those memories had remained intact, unknowingly.

– I see you’ve received my message.

I looked up and there she was, in my kitchen without knowing very well how she had entered. An intoxicating smile and a dress that used to be stamped with flowers in spring and hoping for a hug from which she would never let go. I couldn’t do anything that cross my mind in that moment but I just could give her back a shy smile, while I was approaching to her and smelling her rose perfume and almond cream again. It was like being home one more time…