Publicado en Relatos

Vuelta Inesperada:

Podía encontrarme con los ojos invisibles de alguien que parecía desaparecer cuando trataba de encontrarlo, cuando quería alargar mi mano para tratar de que permaneciera a mi lado y conseguir conocerlo, era otro intento nulo de formarme una idea lo suficientemente adecuada como para sorprender a alguien más, como para parecer madura, centrada, la elegida entre la multitud y no dejada a un lado por inocencia.

La lluvia ya no me decía aquello que quería saber, caminaba sin rumbo y dejaba que mi mente se entretuviera con cada pequeño detalle que cruzaba frente a mí sin preocuparme lo ocupada que pudiera estar la oficina, mi familia o incluso yo, me envolvía esa distracción que tanto odiaba pero que, a la vez, me hacía sentir libre de horarios, minutos que me volvían desdichada, momentos forjados por prisas o esperas interminables. No podía dejar de encontrarme con aquellos ojos perdidos, los buscaba por todas partes, como si esperara una vuelta inesperada, una vuelta que podría ser inexistente.

Nunca supe qué hacer con mi vida, vagaba de un lado a otro esperando las primeras nevadas y excitándome al poder construir un pequeño muñeco en el porque de mi casa con los guantes puestos y una sonrisa de niña pequeña. Jamás esperaba una visita, una palabra de agradecimiento o cualquier ofrecimiento social en el que me aburriría al instante o en el que me sentiría fuera de lugar, no esperaba una mirada complaciente o un “quédate”, ya no. Muchos no pueden creer mi escepticismo, quizá yo tampoco lo hago en mis momentos más bajos, quizá ni siquiera quiera preguntármelo…

Vivía entre soledad y lectura, cada mañana era una nueva aventura, ni siquiera el trabajo resultaba pesado con tanto interés fingido por las aficiones ajenas y las conversaciones en la sala del café, siempre me quedaba una hora más para ser la última en marcharme y no tener que dar demasiadas explicaciones. ¿Quizá soy una hermitaña? ¿Podría ser? Opiniones ajenas, susurros sembrando críticas y sonrisas pretendiendo que le caes bien a alguien, son los perfectos condimentos para un día en sociedad, para un día completo de trabajo. Los silencios, en cambio, son infinitos, son momentos reflexivos, ocupados por pensamientos, invadidos por introspección y perfectos en su absoluta esencia.

Permitía mirarme al espejo, concediéndome el capricho de encontrarme con aquellos ojos perdidos, aquellos que creí no volverían a mí, los que se hacían de rogar incluso un sábado por la noche. Eran inesperados, concentrados en mirarme desde el corazón, con mi misma sonrisa de absoluta felicidad y un interior puro que aprendía a seguir andando a pesar del derroche de negatividad que el ser humano suele esparcir mientras camina como si fuera algo importante. Una vuelta inesperada mientras me miraba a mí misma, me tocaba, me sentía libre y podía ser yo sin tapujos, sin ataduras, sin comentarios incómodos o ruido exterior interminable, era mi interior hablándome de lo afortunada que era por continuar de pie después de tanto… Ya dejaba de estar perdida, por fin.


Unexpected Return:

I could find myself with the invisible eyes of someone who seemed to disappear when I tried to find her, when I wanted to extend my hand to try to keep her by my side and get to know her, it was another null and void attempt to form an idea suitable enough to surprise someone else, to seem mature, focused, the one chosen by the crowd and not left aside for innocence.

The rain no longer told me what I wanted to know, I walked aimlessly and let my mind entertain myself with every little detail that crossed in front of me without worrying about how busy the office, my family or even me might be, it enveloped me with that distraction that I hated so much but that, at the same time, made me feel free of schedules, minutes that made me miserable, moments forged in haste or endless waits. I couldn’t help but meet those lost eyes, I was looking for them everywhere, as if waiting for an unexpected lap, a lap that might be non-existent.

I never knew what to do with my life, wandered back and forth waiting for the first snowfall and excited me to build a little snowman of the porch with the gloves on and a little girl smile. I never expected a visit, a word of gratitude or any social offering that would instantly bore me or feel out of place, I didn’t expect a complacent look or a “stay,” no longer. Many can’t believe my skepticism, maybe I don’t do it in my lowest moments either, maybe I don’t even want to ask myself…

I lived between loneliness and reading, every morning it’s a new adventure, not even the work was heavy with such interest pretended by other people’s hobbies and conversations in the coffee room, I always stay one more hour at work to be the last one to leave and not have to give too many explanations. Maybe I’m a hermit? It could be? Outsider opinions, whispers sowing criticism and smiles pretending that someone likes you are the perfect condiments for a day in society, for a full day’s work. Silences, on the other hand, are infinite, they are thoughtful moments, occupied by thoughts, invaded by introspection and perfect in their absolute essence.

It allowed me to look in the mirror, conceding the whim of meeting those lost eyes, those I believed would not return to me, those who were begging even on a Saturday night. They were unexpected, focused on looking at me from the heart, with my own smile of absolute happiness and a pure inside that I learned to keep walking despite the waste of negativity that human beings usually spread while walking as if it were something important. An unexpected return as I looked and touched myself, felt free and could be me without plugs, no strings attached, no awkward comments or endless outside noise, it was my inside talking to me about how lucky I was to continue standing after so much… She was no longer lost at last.

Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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