Publicado en Relatos

Satisfacción:

Satisfacción

La cárcel seguía siendo un lugar terrorífico para muchos, normalmente, para los débiles, aquellos que se dejaban apalear y gritaban tras una herida de navaja a voces o tras ser apaleados hasta quedarse en el suelo, no tenían fortaleza, tampoco fuerza de voluntad u honor hacia ellos mismos, eran una nimiedad entre tanta crueldad. Tras cinco años encerrado, he de reconocer que no me sorprende nada y mantenerse alejado de los problemas no es difícil dada la razón por la que estoy aquí, enjaulado como un león en un zoológico.

No sé si es respeto o miedo, ni siquiera me importa. Pero creo que me ha ido bien, siempre he sabido cómo relacionarme lo mínimo y cómo marcar mi territorio, tampoco es un problema si tengo que acuchillar a alguien en el cuello por cualquier estúpida razón. Sigo viendo sus caras, sus ojos de temor, de odio, de constante súplica, de vergüenza… el ser humano es un saco de huesos con patas, alguien del que puedes prescindir fácilmente. Hay varias formas de matar a un hombre, algunas muy divertidas…

Tras la hora de comer, fui llevado por un guardia gordo y con cara de pocos amigos a la consulta de la inigualable Dorian, una psicóloga que creía que podía llegar más adentro de mi cabeza para saber de dónde venía mi rabia, pobrecilla… aunque, en realidad, me gusta su estilo, al menos, lo intenta.

– ¿Sabes por qué te han mandado aquí hoy, Joseph?

– Pues ni idea – respondí, la verdad, me importaba muy poco, ni siquiera recordaba si había hecho algo malo, para mí todo era lo mismo -.

– ¿Recuerdas lo que sucedió hace tres días? – me preguntó, mientras escribía algo en su bloc de notas que, conociéndola, podrían ser dibujos de Mafalda -.

– No recuerdo ni lo que cené anoche, voy a recordar qué pasó hace tres días… tss – moví la cabeza en señal de negación y con una media sonrisa -.

– Mataste a otro preso a puñaladas mientras dormía – me miró fijamente mientras hablaba, a los ojos, creo que era la única que lograba hacerlo y, por ello, podía reconocer mi admiración por su trabajo – ¿Puedes contarme algo más sobre ello?

– Admiro tu temple al comentarlo – respondí, cambiando de tema – Pero no hay mucho que decir sobre ello.

– ¿Crees que fue una reacción adecuada?

– En tu lado, supongo que no, no fue la adecuada.

– No me refiero a mi lado, de hecho, aquí no hay lados. Me refiero a lo que tú crees… ¿fue una reacción adecuada?

– Sí, era un gilipollas – respondí con indiferencia -.

– ¿Te parece un buen motivo para matar a alguien?

– Absolutamente.

– ¿Qué sentiste al hacerlo?

– Nada, total indiferencia. ¿Por qué eso es tan importante?

Estuvimos hablando durante un buen rato sobre esa tontería llamada empatía y esas mil caras de la rabia y la violencia. No oí demasiado, desconecté a los cinco minutos, era agotador tener que escuchar sus mierdas moralistas como si nadie pudiera expresar su rabia, su problema es que no la expresan creyendo que es malo.

Supongo que, cuando la mate, no tendré que escuchar más palabras de su boca.


Satisfaction:

The prison remained a terrifying place for many, normally, for the weak, those who let themselves be beaten and shouted after a knife wound in loud or after being beaten to the ground, they had no strength, no willpower or honor toward themselves, were a small thing among so much cruelty. After five years locked up, I must admit that I am not surprised at all and staying out of trouble is not difficult given the reason why I’m here, caged as a lion in a zoo.

I don’t know if it’s respect or fear, I don’t even care. But I think I’ve done well, I’ve always known how to relate the least and how to mark my territory, it’s not a problem if I have to stab someone around his neck for any stupid reason. I still see their faces, their eyes of fear, of hatred, of constant supplication, of shame… human beings are a bag bones with legs, someone you can easily dispense with. There are several ways to kill a man, some very funny…

After lunchtime, I was taken by a fat guard to the incomparable Dorian consultation, a psychologist who believed that I could get deeper into my head to know where my rage came from, poor ignorant… although, actually, I like her style, at least, she tries.

– Do you know why you were sent here today, Joseph?

– Well, no idea – I replied, I really didn’t care, I didn’t even remember if I’d done anything wrong, for me it was all the same -.

– Remember what happened three days ago? – she asked me, while writing something on her notebook that, knowing her, could be Mafalda drawings.

– I don’t even remember what I had dinner last night, I’m going to remember what happened three days ago?… tss — I moved my head in sign of denial and with a half-smile -.

– You stabbed another prisoner in his sleep – he stared at me as she spoke, in my eyes, I think she was the only one who managed to do it and therefore, I could recognize my admiration for her work – Can you tell me anything else about it?

– I admire your mettle in commenting on it – I replied, changing the subject – But there’s not much to say about it.

– Do you think it was a proper reaction?

– On your side, I suppose no, it wasn’t the right one.

– I don’t mean my side, in fact, there are no sides here. I mean what you think… was it a proper reaction?

– Yes, he was an asshole – I answered indifferently -.

– Do you think that’s a good reason to kill someone?

– Absolutely.

– What did you feel doing it?

– Nothing, a total indiference. Why this is so important?

We were talking for a while about that nonsense called empathy and those thousand faces of rage and violence. I didn’t hear too much, disconnected at five minutes, it was exhausting to have to listen to their moralistic as if no one could express their anger, their problem is that they don’t express it believing it’s bad.

I guess when I kill her, I won’t have to hear any more words from her mouth.