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YOES:

YOES

Mi respiración se entrecortaba. Volví en mí después de largo rato, algo mareado, pero volviendo a encontrar mi posición, fue como si hubiera estado fuera de mi cuerpo durante tiempo indefinido sin darme cuenta… Noté que tenía algo en las manos, algo espeso pero no sabía qué, algo que olía a sangre… Dios mío.

Podía volver con algo más de nitidez, los movimientos bruscos desaparecían y pude ver qué había ocurrido durante mi ausencia. Últimamente, sentía como si alguien más hiciera propio mi cuerpo, como si estuviera compartiéndome con más gente, personas o entidades que salían de mi interior entre mis arrebatos de nerviosismo y ansiedad intensa, entre mis momentos de más absoluta debilidad, aprovechándose de la situación acontecida, algo que todavía no había logrado entender del todo. Seguía confuso. Atorado.

Reconocí la pequeña casa del lago, ni idea de por qué o cómo había llegado allí, era un lugar precioso, eso no podía negarlo… Dejó de parecerlo en cuanto vi un cuchillo al lado derecho del cuerpo inerte de alguien más, alguien con el que había compartido seis años de mi vida y que no podía caber en mí de orgullo. ¿Qué había hecho? ¿Qué había pasado? No recuerdo haber… matado… oh, dios mío… ¿he matado a mi hijo?

Yací largo rato a su lado, tratando de creer que aquello había sido una idea absurda, una broma estúpida, un juego con el que quizá él se estuviera haciendo el muerto y nada de esto hubiera sucedido pero, seguía sin moverse y no respiraba. Uno de mis primeros impulsos fue llamar a la policía y entregarme, pero con lágrimas en los ojos, decidí hacer lo que mi padre siempre me había enseñado: alzar la cabeza y hacerte cargo de tus asuntos. Busqué una zona apartada y empecé a cavar un hoyo donde mi hijo pudiera yacer en paz, sin un entierro digno o un adiós completo, sin que nadie supiese qué ocurrió en realidad, dejando que mi egoísmo formara otra vez parte de mi día, tal y como mi ex mujer odiaba que sucediera.

Sentí dentro de mí una explosión de poder, de satisfacción y, a la vez de tristeza profunda, éramos tres personas en el mismo cuerpo, estaba seguro y ellos nunca quisieron que siguiera viendo a mi hijo. Jamás podré perdonarme lo que hice, ya no puedo volver atrás, ahora las mentiras se agolpan en que mi hijo ya ha terminado la Universidad y se va al extranjero, tratando siempre de hacer interesante la velada, sin que nadie se dé cuenta de lo rápido que cambio de conversación en cuanto empezamos a profundizar en algo más.

Es una situación insalvable, un momento de soledad abrumadora que sigo sin poder fingir que duele, sin tener control verdadero de lo que sucede a mi alrededor, una culpa que va haciendo hincapié en cada una de mis lágrimas, dejándome despierto cada noche, reviviendo cómo uno de mis otros yo acuchillaba a mi hijo con absoluta despreocupación, otra de las cosas que me tenía asustado, ¿podría haber ocurrido otras veces sin haberlo sabido? ¿Cuántos cuerpos habré dejado por el camino? Todo era un desastre. Y cada día, la culpa dejaba entrever una sonrisa.


My Others Me:

My breathing was choppy. I came back to me after a long time, somewhat dizzy, but again to find my position, it was as if I had been out of my body indefinitely without realizing… I noticed that I had something on my hands, something thick but I didn’t know what, something that smelled of blood… Oh my god.

I could come back with a little more sharpness, the sudden movements disappeared and I could see what had happened during my absence. Lately, I felt as if someone else made my own body, as if I were sharing with more people, people or entities coming out of my inside among my outbursts of nervousness and intense anxiety, among my moments of absolute weakness, taking advantage of the situation that happened, something that I had not yet quite understood. I was still confused. Stuck.

I recognized the little house on the lake, no idea why or how I had got there, it was a beautiful place, that I couldn’t deny it… It stopped looking like it as soon as I saw a knife on the right side of someone else’s inert body, someone I had shared six years of my life with and couldn’t fit in me with pride. What had I done? What had happened? I don’t remember having… Killed… Oh, my God… have I killed my son?

I’ve been doing a long time by his side, trying to believe that this had been an absurd idea, a stupid joke, a game that maybe he was playing dead with and none of this would have happened but, he still didn’t move and he wasn’t breathing. One of my first impulses was to call the police and turn myself in, but with tears in my eyes, I decided to do what my father had always taught me: raise your head and take care of your affairs. I looked for a secluded area and started digging a hole where my son could lie in peace, without a dignified burial or a full goodbye, without anyone knowing what actually happened, letting my selfishness be part of my day again, just as my ex-wife hated it to happen.

I felt within me an explosion of power, of satisfaction, and at the same time of deep sadness, we were three people in the same body, I was sure and they never wanted me to keep seeing my son. I can never forgive myself what I did, I can no longer go back, now the lies are on the after that my son has already finished university and goes abroad, always trying to make the evening interesting, without anyone noticing how quickly I change the conversation as soon as we start delving into something else.

It’s an insurmountable situation, a moment of overwhelming loneliness that I still can’t pretend it hurts, without having real control of what’s going on around me, a guilt that goes emphasizing each of my tears, leaving me awake every night, reliving how one of my others I stabbed my son with absolute carefreeness, another of the things that scared me, could it have happened before without knowing? How many bodies have I left along the way? It was all a mess. And every day, guilt showed a smile.