Publicado en Relatos

Tus Ojos:

Tus Ojos

Los vi cuando entraste por la puerta, eran sobrecogedores. Jamás te había visto tan segura, tan tuya, tan desprendida de tus errores. Mostrabas unos andares de soltura, de constante contemplación del ambiente, de mi posición de defensa, mientras trataba de trotar a lo largo de la profundidad de tu mirada. Siempre me cautivaste, lo sabes, te adoré hasta terminar con el corazón desgarrado y la esperanza vacía, mientras entendía cada día que pasaba que no había nadie tan despiadada, tampoco tan inteligente.

Sabías cómo meterte en mi cabeza con éxito, dominar la conversación mientras caminabas a mi alrededor, esperando una respuesta que fuera satisfactoria, es agradable saber que sigues haciéndolo. Pude denotar significativos signos de molestia en tu rostro al encontrarte con mi silencio, sé cuál es tu juego y cómo esperas que todo esto continúe. Para ti, somos piezas de un puzzle roto, servidores de tus más altas expectativas, errados al contemplar tus errores y nombrarlos en voz alta, obviando cada letra para que forme parte de otro desastre.

Tu cabello rojizo combina con tu fiereza, una mujer de negocios sin piedad, de pie enfrente de mí sin un ápice de emoción en su cara. Eres ruda, difícil, con esas técnicas de defensa tan potentes y aseguradas en cada rincón de tu mente, para que nadie entre o salga sin ser visto. Jamás te gustó la simpleza, un marido entregado y un coche en la puerta para llevarte donde quisieras, tan solo soy otro caminante de tus mil opciones, tus labios disipan tus mentiras y tus oídos quieren escuchar lo que más deseas, mientras esperas que tu interlocutor caiga rendido a tus pies.

Viniste a por mí, sin vergënza, tampoco tapujos o intenciones desinteresadas. Me querías a mí en tu silla, en tu pequeño trono de venganza personal por algo que ni recuerdo que te hice, por muchos momentos que permanecí en silencio en vez de seguirte la corriente. Siempre fui presa de tus compromisos, de las vendettas con tus exes y el millar de excusas para no hacerme ningún favor, lo  nuestro fue un matrimonio repleto de mentiras y yo fui una de las víctimas. Después de tanto tiempo, vuelves para llevarme a una sala solitaria y oscura, en la que me amordazas bajo mi consentimiento, otra vez teniéndome a tus pies, cautivo bajo tu hechizo.

Podía oír el sonido de tus tacones. Seguía sin decir nada, mientras me seducías con ese cuchillo que rozaba mi pecho, lo notaba afilado. No quería mostrarte miedo, tampoco terror o pánico pero tú querías oírlo, ¿verdad? Querías oírme gritar. Pensé en lo que pudo ser, en las piezas que nunca enjacaron, en los momentos de desasosiego e incomprensión antes de mi último aliento y de oírte reír como si nunca hubieras sido tan feliz como en ese instante. Habías ganado. Me tenías retenido en una de tus jaulas, mientras encontrabas una forma de enterrarme entre tus deseos…


Your Eyes:

I saw them when you walked in the door, they were shrugs. I’ve never seen you so sure, so yours, so detached from your mistakes. You showed a few walks of ease, of constant contemplation of the environment, of my position of defense, as I tried to jog along the depth of your gaze. You always captivated me, you know, I adored you to the end of my heart torn and hope empty, while I understood every day that passed that there was no one so ruthless, not even so intelligent.

You knew how to get into my head successfully, master the conversation while walking around me, waiting for a answer that would be satisfactory for you, it’s nice to know that you’re still doing it. I was able to denote significant signs of annoyance in your face when you found my silence, I know what your game is and how you expect all this to continue. For you, we are pieces of a broken puzzle, servers of your highest expectations, erroneous in contemplating your mistakes and naming them aloud, ignoring each letter to be part of another disaster.

Your reddish hair matches your fierceness, a merciless businesswoman, standing in front of me without a shred of emotion on her face. You’re tough, you’re difficult, with those powerful and secure defense techniques in every corner of your mind, so no one goes in or out without being seen. You never liked the simplicity, a dedicated husband and a car at the door to take you wherever you wanted, I’m just another walker of your thousand choices, your lips dissipate your lies and your ears want to hear what you want most, while you wait for your interlocutor to fall at your feet.

You came for me, without shame, neither splinters or selfless intentions. You wanted me in your chair, on your little throne of personal vengeance for something I didn’t even remember I did to you, for many moments that I remained silent instead of following your lead. I was always prey to your commitments, the vendettas with your exes and the thousand excuses not to do me any favors, it was a marriage full of lies and I was one of the victims. After all this time, you come back to take me to a lonely, dark room, where you gag me under my consent, once again holding me at your feet, captive under your spell.

I could hear the sound of your heels. I kept saying nothing, while you seduced me with that knife that rubbed my chest, I felt it sharp. I didn’t want to show you fear, no terror or panic, but you wanted to hear it, didn’t you? You wanted to hear me scream. I thought of what might have been, the pieces that never lay away, in times of unease and incomprehension before my last breath and to hear you laugh as if you’d never been as happy as at that moment. You had won. You held me in one of your cages, while you found a way to bury me among your desires.

 

 

 

Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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