Publicado en Relatos

Cenizas:

Cenizas

Siempre vagué sin rumbo, bucando un camino por el que dirigir mi vida. Traté de alinear mis pies sobre el suelo y continuar con lo previsto pero fallé, mientras mi necesidad de tenerlo todo bajo control empezó a disiparse, a balancearse y a caer sin ningún modo de frenarlo, lo dejaba todo echo pedazos a su paso, en vez de flores debajo de mí, tan solo podía ver la ceniza de mis mentiras, de mis ideales absurdos y mis ganas por focalizar mi frustración en el espejo.

Tendía a encontrar la fuerza en los más débiles, me satisfacía verles sufrir, arrancarles de sus vidas aquello que más apreciaran y despojarlo tan lejos como fuera posible, tan solo por ver sus mejillas repletas de incontrolables lágrimas. Me quemaba en mi propio abismo, con una doble moral que hacía plantearme un montón de preguntas que ni siquiera yo podía responder. Me tambaleaba hasta llegar a casa tras unas bebidas de más y unas risas falsas con las chicas de detrás de la barra, nunca me había comportado de forma tan machista y misógina pero, ahí estaba, arrastrándome por el suelo para poder llegar a la cama y esperar que la resaca del día siguiente no fuera una pesadilla.

En mis sueños me veía a mí mismo corriendo sobre fuego, me quemaba, abrasaba, ardía tantísimo que terminaba con mis piernas llenas de quemazones, despertándome mojado de sudor en plena noche y respirando con dificultad. Mi insomnio jamás progresó, fue cayendo en picado hasta no dormir en cuatro días seguidos, la tensión de mi cuerpo y el control de mis emociones me estaba volviendo loco pero ni siquiera pensaba en ello o, al menos, trataba de no hacerlo. Contemplaba mi rostro casi irreconocible, ya no era aquel niño soñador, ambicioso, competitivo que solía ser, todo eso había sido sustituido por rabia y mil maneras defensivas de marcar mi dominación sobre los demás, un juego detrás de otro para sentirme algo más poderoso que ayer, menos vacío.

Empecé a caminar sin rumbo por las calles, preguntándome qué sentido podía tener mi vida, en qué ilusión óptica podría vivir, cómo podría cambiarlo todo para que no pareciera tan jodido a mis propios ojos, pretender sabemos todos. Las quemaduras seguían presentes, los gritos y las lágrimas ajenas, el fuego abrasando mi piel sin compasión y el millar de cosas que no podía decir por mucho que quisiera, estaba encerrado en mi propia prisión, en mi ego contenido y mi incansable perfeccionismo. Traté de salir y no pude, de parpadear y mis ojos no se movían, de hacer una señal al universo pero fue en vano, de caminar hacia otra dirección pero las llamas me alcanzaron. No pude ser yo mismo porque preferí ser alguien más…


Ashes:

I always wandered aimlessly, diving a path to lead my life. I tried to align my feet on the ground and continue as planned but I failed, while my need to have everything under control began to dissipate, to sway and fall without any way to slow it down, I left everything in its path, instead of flowers beneath me, I could only see the ash of my lies, my absurd ideals and my desire to focus my frustration on the mirror.

I tended to find strength in the weakest, I was pleased to see them suffer, to rip away from their lives what they most appreciated and to strip it as far as possible, just to see their cheeks filled with uncontrollable tears. I was burning myself in my own abyss, with a double standard that made me ask a lot of questions that even I couldn’t answer. I staggered to arrive home after extra drinks and fake laughter with the girls behind the bar, I had never behaved so sexistly and misogistically but, there I was, crawling on the floor so I could get to bed and hope that the next day’s hangover wasn’t a nightmare.

In my dreams I saw myself running on fire, scorching, burning so much that I ended up with my legs full of itch, waking up sweat in the middle of the night and breathing with difficulty. My insomnia never progressed, it was plummeting until I didn’t sleep in four days in a row, the tension of my body and the control of my emotions was driving me crazy but I wasn’t even thinking about it or, at least, trying not to. I looked at my almost unrecognizable face, I was no longer that dreamy, ambitious, competitive child that I used to be, all of which had been replaced by rage and a thousand defensive ways of marking my domination over others, one game after another to feel something more powerful than yesterday, less empty.

I started walking aimlessly through the streets, wondering what sense my life could have, what optical illusion I could live in, how I could change everything so that it didn’t seem so fucked up in my own eyes, pretend we all know. The burns were still present, the screams and tears of others, the fire scorching my skin without compassion and the thousand things that I could not say no matter how much I wanted, I was locked in my own prison, in my ego contained and my tireless perfectionism. I tried to get out and I couldn’t, to blink and my eyes wouldn’t move, to make a signal to the universe but it was in vain, to walk in another direction but the flames reached me. I couldn’t be myself because I preferred to be someone else…