Publicado en Reflexiones

El Por qué:

el por qué

Por qué, por qué, por qué. Tendemos a necesitar respuestas para todo, conclusiones cercanas a nuestras propias opiniones, tratando de enfrentarnos a nuestros miedos tras esa pregunta que ataca nuestro cerebro: por qué. Necesitamos información, necesitamos saber lo que el otro sabe para tener más poder, entrar en conciencia a otros niveles, acatar órdenes y seguir al rebaño con aceptación y menosprecio hacia uno mismo.

¿Por qué eres tan callada?, ¿por qué nos evitas?, ¿por qué nunca respondes?, ¿por qué no vienes con nosotros?, ¿por qué ignoras las llamadas?, ¿por qué eres tan fría?, ¿por qué no te disculpas?, ¿por qué me tratas así? Es una constante nube de dudas, de confusiones que necesitan ser aclaradas, inseguridades, una constante fuente de impresiones que los demás se hacen de nosotros sin siquiera cuestionarse si están equivocados. El por qué es una forma de corresponderte contigo mismo, para entender mejor a la otra persona pero también para tratar de sacar una explicación que, para ti, resuene lo suficientemente contundente como para seguir adelante en la conversación o calificar a esa persona como ignorante, al parecer, los por qué también son un precio a pagar.

A mi entender, escuchamos lo que queremos y comprendemos todavía menos de lo que deberíamos, buscamos respuestas fáciles a preguntas no tan importantes, tratamos de entender el por qué de las pequeñas cosas cuando ni siquiera puede que haya una respuesta que sea equitativa a todo. El por qué trata de clarificar dudas, malentendidos, partes de la realidad que han sido distorsionadas, es una forma de comprender en qué parte del universo nos toca estar, nos toca vivir o sentir, nos coloca en nuestro sitio con tan solo un simple por qué.

Preguntamos pero, raramente, nos gusta la respuesta. Tendemos a justificar, enjuiciar o clarificar ciertas críticas acorde a ese por qué. Necesitamos saber si podemos confiar en la persona que tenemos delante o estamos a punto de dar un paso a dormir con el enemigo, tendemos a encontrarnos entre barreras que ennublan nuestra mente y tratamos de encontrar el sentido de cosas que, puede, que ni siquiera lo tengan mínimamente. Intentamos aprender a cómo actúan las personas, por ello, estudiamos campos como es la Psicología o la Sociología, por qué hay gente que tiende a sobrepasar sus límites y que, además, les encanta como pueden ser los psicópatas o sociópatas. Tratamos de entender de dónde proviene la corriente, normalmente, para evitar daños en el sistema, para evitar encuentros inóspitos con nuestros propios fallos y saber cómo podemos salir de ellos ilesos.

Realmente, el por qué no es lo que nos interesa, es la intención. Queremos saber dónde nos llevará ese camino si lo aceptamos, ese por qué es prudencia, es requestionarse qué luz enciendes y cuál decides que permanezca apagada, es tratar de elegir una mejor opción, no cometer los mismos errores y dejar de ser inocente. A veces, no solo necesitamos un por qué, necesitamos una acción, una confirmación a ella, respirar una realidad transparente, encontrarte con un millar de pequeños momentos que no tienen respuesta, que no encuentran salida. El por qué es una simple pregunta a la desconfianza, a la posible traición, a la no libertad, a la necesidad de encontrar la verdad, de saber con qué pie pisas un suelo repleto de cuchillos y por qué has sido llamado a pisarlo.

“Por qué” tan solo son dos palabras que definen un millón de respuestas posibles, expresiones en una cara que anhela una última mirada, son dos palabras que se resumen en una sonrisa, son dos palabras que no necesitan demasiadas confirmaciones, negaciones en una misma habitación. “Por qué” son dos palabras que abren y cierran puertas, que muestran un sí o un no, son un vete o sigue aquí, son un confío en ti o no, exigen un rechazo o un te amo, te enfrentan a un miedo o a una verdad absoluta, te muestran quién eres y captan tu voz en el ahora…


The Why:

Why, why, why. We tend to need answers for everything, conclusions close to our own opinions, trying to confront our fears behind that question that attacks our brain: why. We need information, we need to know what the other person knows to have more power, to become aware at other levels, to follow orders and to follow the flock with acceptance and contempt for ourselves. 

Why are you so quiet?, why are you avoiding us?, why don’t you ever answer?, why don’t you come with us?, why do you ignore the calls?, why are you so cold?, why don’t you apologize?, why are you treating me like that? It’s a constant cloud of doubts, of confusions that need to be clarified, insecurities, a constant source of impressions that others make of us without even questioning if they’re wrong. “Why” is a way to correspond with yourself, to better understand the other person but also to try to get an explanation that, for you, resonates strong enough to move forward in the conversation or qualify that person as ignorant, apparently that why is also a price to pay.

In my opinion, we listen to what we want and understand even less than we should, we look for easy answers to not-so-important questions, we try to understand why of small things when there may not even be an answer that is equitable to everything. “Why” tries to clarify doubts, misunderstandings, parts of reality that have been distorted, it’s a way of understanding about the universe we are, it’s our turn to live or feel, it puts us in our place with just a simple why.

We ask, but we rarely like the answer. We tend to justify, prosecute or clarify certain criticisms according to that why. We need to know if we can trust the person in front of us or we’re about to take a step to sleep with the enemy, tend to find ourselves between barriers that cloud our minds and try to find the sense of things whitch ones maybe don’t even have it minimally. We try to learn how people act, so we study fields such as Psychology or Sociology, why there are people who tend to push their limits and why they love it as psychopaths or sociopaths. We try to understand where the current usually comes from to avoid damage to the system, to avoid inhospitable encounters with our own faults and know how we can get out of them unharmed.

Actually, “why” is not what we’re interested in, it’s the intention. We want to know where that path will take us if we accept it, that “why” is prudence, it’s to ask what light you turn on and which you decide to stay off, it’s to try to choose a better option, not to make the same mistakes and to stop being innocent. Sometimes, we don’t just need a why, we need an action, a confirmation to it, breathe a transparent reality, you come across a thousand small moments that have no answer, that find no way out. “Why” is a simple question to don’t trust, possible betrayal, not freedom, the need to find the truth, to know what foot you step on a floor full of knives and why you have been called to step on it.

“Why” are just two words that define a million possible answers, expressions on a face that yearns for one last look, are two words that are summed up in a smile, they are two words that do not need too many confirmations, denials in the same room. “Why” are two words that open and close doors, that show a yes or a no, they are a go away or stay here, they are a trust in you or not, they demand a rejection or a love you, they face you a fear or an absolute truth, show you who you are and capture your voice in the here and now…