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Despertar:

Despertar

Abrí los ojos poco a poco, como si ellos mismos hubieran sabido que era el momento adecuado para hacerlo. Iba sintiendo todo mi cuerpo dolorido y, cuanto más lo pensaba, peor me sentía, incluso, tenía el estómago algo revuelto, cosa que se intensificó cuando vi la cantidad de tubos y cables que había a mi alrededor… ¿Estaba en el hospital? No recordaba absolutamente nada de lo que había pasado, era evidente, dada mi cara de extrañeza al ver a mi padre sentado a mi lado, no sabía muy bien si esperando un milagro o si no esperaba nada bueno de aquel suceso.

En cuanto pude incorporarme gracias a la ayuda de algunas enfermeras, escuché la palabra “estable” en la conversación que mantuvieron con mi padre, lo cual, entendí como algo bueno. No tenía ni idea de cuánto tiempo había estado en coma pero era como volver de la paz al desastre en un mismo día. Notaba todo mi cuerpo agarrotado y mis piernas sudaban debido a los bendajes, al parecer, me las había roto en un accidente un par de semanas antes de llegar a este punto. Nadie esperaba que fuera a volver, me golpeé la cabeza y había perdido bastante sangre, algo que no recordaría hasta dentro de unas horas, una tortura personal que podría disfrutar con mi padre diciéndome lo que podía y no podía comer debido a mi estado actual.

Había tanta gente a mi alrededor que ni siquiera podía pensar con tranquilidad, ni siquiera podía hacer un esfuerzo por recordar, no tenía ni un momento de silencio. A todo el mundo le importaba mi salud, todos estaban encima de mí pero nadie me escuchaba realmente, seguía contrariada, confusa desde que había despertado y nadie me aclaraba las ideas, nadie se paraba a preguntar un simple “cómo estás” sincero, incluso mi padre, el que seguía las normas de los médicos a rajatabla, seguía todas y cada una de sus directrices, la peor parte estaba en camino: la medicación.

Cinco horas después de despertar, ya tenía un montón de horarios, fechas y escritos donde me decían cuándo y a qué hora tenía que presentarme a la rehabilitación diaria y semanal algo más tarde, qué debía comer y el montón de pastillas que me habían recetado debido al coma y a las dos operaciones que me realizaron sin darme la menor cuenta y sin poder dar mi consentimiento. No podía sentirme más inútil y tan poco esperanzada, todo mi mundo había desaparecido durante dos semanas y nadie había preguntado, ni una sola llamada, ni un solo mensaje en el buzón de voz, nada… Podría haber muerto y ni un ápice de interés, voy a tener que replantearme mis amistades muy seriamente, si esque lo son o alguna vez lo fueron…

Era un hospital, pero no dejaba de escuchar ruido por todas partes, era como si mis oídos hubieran dejado de soportar las voces humanas, cómo mi padre sonreía a las enfermeras y seguía todo lo que le decían y trataba de quitarle importancia a lo ocurrido, incluso, obviaba mi amnesia. Empecé a ir al psicólogo del hospital mientras seguía ingresada unos tres días a la semana para que me ayudara con esa difícil transición desde la supuesta casi muerte a la vida. Algo que no tenía ni la menor idea porque tan solo llevaba siete horas despierta, ¿qué pretendía, matarme otra vez?

– Me gustaría saber cómo se siente…

– Fenomenal, gracias – respondí con cierta desgana -.

– Juraría que no está feliz por haber vuelto con nosotros, señorita Kuller…

– Llevo siete horas despierta, ¿usted qué coño cree? – no esperaba que me entendiera, pero traté de gesticular con los brazos y las manos para ver si le llegaba el mensaje -.

– Debería de alegrarse de estar viva, tuvieron que operarla de urgencia porque perdía mucha sangre… Su padre casi la pierde, ¿sabe? Ha sido un gran alivio.

– ¿Un gran alivio para él? Mmmm es interesante que lo comente porque hace como si no hubiese pasado nada y resulta que me revienta porque las cosas suceden, más cuando trato de recordar y no puedo – sí, podría decir que estaba a la defensiva, pero tras todo lo que había pasado me veía con razón suficiente como para estar enfadada – Todo el mundo ignora mis sentimientos, miran hacia otro lado…

– Pero si todos han estado muy preocupados por usted, más bien, aterrorizados – trataba de entenderme pero estaba segura de que no llegaba a hacerlo aunque quisiera – Su padre el que más.

– Sí claro, esque es toda una eminencia – le solté con sarcasmo y cierto deje de pasotismo. Me levanté de la silla como pude y, antes de salir por la puerta sin su permiso, me despedí rápidamente – En fin, me voy. No pienso seguir viniendo si vamos a hablar de mi padre como si fuera un santo y de tratar esta situación como algo pasajero y normal, si va a seguir así su terapia conmigo, olvídese. Buenas tardes.

Salí de allí dando un portazo. Casi no podía andar, pero me esforcé lo suficiente como para llegar a la habitación. Tuve una bronca espantosa de mi padre tras descubrir que no había pedido ayuda para llegar a la cama, podría haberme caído y estaba terminada de operar, por qué no le había llamado y esos rollos… de repente, le preocupaba lo que había sucedido, qué casualidad… Su preocupación resultaba enternecedora, más cuando no le había dicho a nadie que su hija había tenido un accidente y yacía en la cama de un hospital, qué dirían si sus compañeros de trabajo si se enteraban… Cuánta hipocresía en una persona que medía metro ochenta.

Me ayudó a meterme en la cama y se sentó a mi lado con delicadeza. Sonrió y me dijo que todo estaba bien, repitiéndome otra vez cómo serían las sesiones con el psicólogo y cómo habían ido mis últimos análisis de sangre. Nada sobre mi amnesia. Quizá no debería hacerlo pero, quería tratar de recordar, de saber por qué ocurrió, si hubo alguien más herido o si fui yo la única superviviente… quizá caí por un acantilado. Estaba de lo más confusa y sabía que él tenía la información que necesitaba saber, lo que no tenía claro es de si algún día iba a contármela… Interrumpí su discurso sobre responsabilizarse de las pastillas que debía tomarme, fui muy directa, sincera y bastante clara hacia lo que quería saber:

– ¿Y las enfermeras no han dicho nada de cuándo recuperaré la memoria?

– No, emmm. Nada de eso – miró hacia otro lado, mientras respondía negativamente, algo que no fue suficiente para mí – Ahora tienes que centrarte en recuperarte.

– Tú sabes lo que pasó, ¿verdad? – le pregunté con un dejé de acusación en mi voz. Aunque pude ver en sus ojos la respuesta, no fue muy difícil -,

– Bueno, cariño, he de ir a la oficina tan solo por un par de horas, ¿de acuerdo? Volveré enseguida y hablamos de lo que quieras – respondió, cambiando de tema y sin dar más explicación -.

– Necesito saber lo que ocurrió, AHORA MISMO – estas dos últimas palabras fueron pronunciadas con fuerza y absoluta claridad, lo que no esperé de buen grado fue su respuesta, frívola, sin un deje de ayuda, sin un poco de amor ni una pizca de comprensión ni en la mirada ni en la voz -.

– Oye, lo que debes hacer ahora es recuperarte y olvidarte de lo ocurrido, haz como si nunca hubiera ocurrido, ¿vale? – me dio un beso en la frente mientras permanecía erguida en la cama todavía procesando la respuesta -.

Que me olvidase… Nunca se puede cuando algo ha ocurrido y te ha herido. No todo pasa y desaparece, tampoco se desvanece porque quieras, primero, debes aceptarlo y, para ellos, debes saber exactamente lo que ocurrió. No esperaba que nadie me lo contase, tampoco que alguien tuviera la decencia de ayudarme a superarlo o a descubrir por qué ocurrió tal cosa, por qué me sentía de aquella manera. quería encontrar la forma de comprender qué había venido a mi vida con ese accidente. Pero estaba claro que ni un mensaje en el buzón de voz iba a arreglar nada y que ese beso falso y frívolo en la frente, tampoco iba a hacer que las cosas mejoraran, no era suficiente para mí, ya no había mucho más que decir.

Podía seguir esperando a entenderlo o seguir adelante y luchar por aceptarlo.

Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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