Publicado en Relatos

Tan Solo Verte:

Tan solo Verte

Llevaba horas bailando en ese salón lleno de espejos, esforzándose por sacar esa audición adelante. Se movía con soltura, expresaba tristeza en la mirada y el dolor a través de sus brazos. Parecía como si volara, como si nada más le importara y tan solo estuviera con ella misma, ni siquiera se había dado cuenta de mi presencia, ni siquiera supo que era un extraño apoyado en la puerta del fondo observando cada movimiento en completo silencio. Tenía una elegancia exquisita, una forma de mover las manos sin ingual, un cabello oscuro que embriagaba de belleza.

Llevaba callada mucho tiempo, no sabía expresarse de otra forma, las relaciones sociales la estaban matando. La mejor forma de desahogarse era ese “breakdance” que con tanto ímpetu prácticaba. Parecía sentirse poderosa, nadie podía con sus poses, con la multitud de caras que ocupaban su rostro, con aquellas máscaras que por fin, habían caído al suelo para dejar entrever a la verdadera mujer que había detrás. No sabría definirla, quizá no era nada coqueta, quizá no le importaban los chicos o el maquillaje, lo que sí dejaba entrever era su cálida sonrisa mientras miraba al espejo, quería ser comprendida y dejar de ser invisible.

Cada vez se movía más rápido, hablaba en silencio, expresaba con diferentes parpadeos, tan delicada, tan suave. Cualquiera hubiese pensado que era un acosador pero, la verdad es que me había dejado fascinado y no podía dejar de observarla, de encontrar la foto perfecta para unirla a mi álbum de personalidades que expresaban algo para mí. Su cuerpo era un motor que hacía que el resto tuviese significado, dejaba entender su fuente de energía, la simpleza de su mente. Podía ver su corazón con aquellos giros, sus gritos en sus saltos y sus hombros encogidos cuando caía al suelo, preguntándose, impotente, por qué ese paso no lo recordaba.

Podía vislumbrar su ansia por la perfección, pude ver su impotencia al no recordar algunos de los movimientos, perder el control y creer que toda la coreografía iba a terminar en nada. Pero también vi cómo se esforzaba y volvía a intentarlo, a pesar de haber caído muchas veces, de haber fallado de forma estrepitosa y cómo le importaba haberlo hecho. Quizá era confuso para muchos pero, ver a alguien bailar es como ver su personalidad flotando alrededor, es como verles a sí mismos esforzándose y luchando por ser quiénes son, justo como lo estaba haciendo ella. No sabía su nombre, tampoco dónde vivía o trabajaba pero, lo que sí sabía era que, con su baile, estaba cambiando muchas cosas.

Se alejaba del mundo para tener su propio espacio, allí fuera todo era ruido, nadie entendía su posición, su dedicación, su forma de vida y de expresión. Parecía vivir entre la música, fluyendo a través de ella sin que nadie más interrumpiera, sin que nadie más estropeara ese precioso momento que tenía consigo misma, nadie podía imaginar qué sentía en esos precisos instantes en los que la grandeza empezaba a asomarse entre resquicios de duda. Quizá era una audición, un estúpido concurso donde ganar un dinero extra para mudarse a un lugar mejor, no tenía ni idea, pero la esperanza vibraba en ella, la confianza, la seguridad, ese concepto de amor, de serenidad, de pequeñas dosis de sinceridad, de mostrarse a ella misma, esa desnudez, sin máscaras, sin tapujos… tan solo, siendo vulnerable y sin avergonzarse por ello.

No me había dado cuenta de que se había acercado a mi posición hasta que vi una mano extendida hacia mí, con una sonrisa deslumbrante, su cabello moreno detrás de la oreja, esos pendientes dorados que le daban vida a su mirada de un color azul zafiro y esos labios que no decían nada más que “acompáñame entre los espejos”. Le devolví la mirada algo contrariado, deseoso de comprender qué ocurría pero ella, seguía esperando mi respuesta. Al no obtenerla, me instó a algo que no tenía en mente:

– Baila conmigo – dijo, con aquella voz tan dulce y susurrante, cálida y transparente que me dejó pensando por un momento. Negué con la cabeza algo avergonzado y seguí mirando el suelo – Tan solo, sé tú mismo. Verás como todo sale solo.

No me dio tiempo a responder. En cuanto me di cuenta, ya estaba en ese salón repleto de espejos acompañándola en un baile improvisado, sin saber bailar pero siguiendo sus pasos, su espíritu y ganas de vivir, podía seguir viendo su sonrisa, su delicadeza y sus movimientos acompasados. Nos movíamos juntos, nuestros cuerpos no se soltaban y, aunque lo hicieran, seguían pegados, era una sensación gratificante, algo novedoso a experimentar, algo que fotografiar y vivir, un pedazo de tiempo pegado en tu memoria, al igual que su sonrisa y aquellos ojos que recordaban su baile…

Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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