Publicado en Relatos

Susurro:

Susurro

Podía sentirlo dentro de mí. Mis colmillos salían poco a poco, esperando el momento. Esa emoción se aferraba cada vez más, quería formar parte de mi mundo, de todo mi universo, de cada depredador de este planeta, de cada ser sobrenatural que no podía ver el sol o la luna. Intentaba olfatearlo, pero no daba con la esencia, no daba con la emoción, podía pasar la lengua por mis labios pero no encontraba la sangre, tampoco de dónde provenía ese pequeño atisbo de inocencia.

Miré a mi alrededor, no comprendía qué estaba ocurriendo. Notaba una presencia, pero no podía acercarme, tampoco verlo o tocarlo. No se mueve muy rápido pero tiene la ventaja de que sí puede verme, no sabría decir si se atrevería a ponerse enfrente de mí, a respirar mi aroma a sangre de entre mis colmillos. Estaba alerta, con los cinco sentidos puestos en todo lo que ocurría o, en un futuro, pudiera suceder, preparada para saltar en el momento justo en el que viera algo, en el que sintiera que debía hacerlo.

Mi cuerpo se tensó al escuchar un siseo, unas palabras formadas a base de susurros casi inentendibles, imperceptibles aún teniendo un oído como el mío. Nunca me había sentido tan insegura, tan indefensa ante algo que podría atacarme sin que me diera cuenta, algo que podría matarme sin verlo venir. No quería parecer vulnerable a ojos de aquel que sabía me observaba, me sentía cohibida, con cierta desconfianza que iba en aumento. La frustración residía en mi interior tan intensamente que no sabía muy bien cómo deshacerme de ella, siempre había podido sentir con mis instintos más vampíricos qué estaba ocurriendo a mi alrededor o quién podía estar detrás de mí, ¿por qué ahora no podía?

Los siseos no cesaban, tampoco ese olor a sangre que empezaba a notarse en el ambiente. De repente, noté cómo mi cabello se movía hacia atrás, como si alguien lo estuviera haciendo por mí, como si una mano lo apartara de mi cara para decirme algo. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y un terror irreconocible se apoderó de mí sin previo aviso, sintiéndome algo asombrada, dado que, jamás había tenido miedo. Todo mi cuerpo se tensó cuando sentí un aliento frío en mi oreja, noté unos labios tan helados que no supe muy bien si apartarme o permanecer, debido a la intriga que aumentaba en mi interior.

“Bosque”. Esa fue la palabra. Una simple e indistinta palabra que creía podía significar algo pero todavía no sabía muy bien por qué, hasta que decidió seguir adelante. “Su cabello era rojizo, sus ojos verdosos, su mirada perdida y sus labios finos, notaste su piel entre tus manos alrededor de su cuello”. Mis ojos se abrieron de par en par. Describió mi primera muerte, aquella que más temí y, a la vez, que más deseé, tan inexperta, tan ineficaz y precaria, sin control de mí misma. “Hasta que dejó de respirar, ¿verdad?”. Asentí sin poder evitarlo, sintiendo cada parte de mi cuerpo en un juicio justo del que no podría escapar. Sus palabras fueron exactas, tanto como una aguja clavándose en mi espalda, tratando de sacar aquello que más me dolía, una experiencia que seguirá mis pasos hasta que muera.

“Eres la 546”. En ese momento lo supe. Hacía años que merodeaban entre nosotros, cazadores invisibles a ojos sobrenaturales, nos pusieron un nombre, una etiqueta y, llegado el momento, te matan por tus pecados más escondidos aunque te arrepientas de ellos. Noté una cuerda de cobre agarrarse a mi cuello. No podía respirar. Intenté zafarme muchas veces pero era muy fuerte, demasiado como para ver un atisbo de esperanza a lo lejos. Sabía que iba a morir como los otros 545 a los que habían cazado ya, a los que habían matado sin remordimiento, a través de un susurro casi inaudible, imperceptible y deseoso de eliminar la amenaza. A veces, los llamaban “Los Susurradores”, aquellos que juzgan a otros por matar por placer cuando ellos también lo hacen, te distraen haciéndote recordar, susurrándote al oído, haciendo que sientas cada parte de su aliento en ti, ese frío comer tus entrañas, deshacerte en pedazos para comenzar un ataque.

Mi cabeza terminó en el suelo y mi cuerpo ya nunca fue de mi posesión. Mis ojos azules se quedaron abiertos como platos, todavía mostrando sorpresa, desesperación, lamentando no haber podido cambiar la situación, desearía haberlos visto agonizando bajo mis colmillos. Desconecté mi mente de todo, mi cuerpo de ella y mi alrededor de mí, de una manera algo volátil y sobrecogedora, incluso, algo traumática, queriendo sentir que los susurros no me hicieron vulnerable, sino rota…

Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

Un comentario sobre “Susurro:

  1. Una gran descripción de sensaciones de la personaje… El clímax, sorpresivo y el desenlace cierra bien la historia. El desarrollo creo que puede entregar más elementos para entender la historia. Un gran desafío desarrollar una historia, a mi me cuesta, y me parece de admiración que compartas tus escritos. Te felicito por tu camino en la escritura, yo empiezo la poesía y pronto me animare a escribir relatos.. Despacito y firme. Que estés bien.

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