Publicado en Personajes

La Inocente Grace:

Personaje Grace

Relato procedente: MIRADAS QUE SE ENCUENTRAN

Nombre completo: Grace Dale Cobern       Edad: 32 años

Ciudad natal: Londres                                   Profesión: Decoradora

Descripción física:

Mi cabello rojizo y ondulado me llega hasta más abajo de los hombros, brillante y más sedoso que años atrás, cuando era totalmente rebelde e intratable. Mis ojos verdes habían pasado de ser inocentes a ver la realidad con absoluta claridad. Mis labios gruesos, ya no formaban parte de otro cuerpo, permanecían solitarios, en la más remota oscuridad, sin contacto, sin un ápice de acercamiento. Mi cuerpo esbelto, había dejado de esperar un nuevo amor, había dejado de sentirse atraída por aquellos hombres que no querían más de tres citas y también había dejado de usar vestidos que no me daban más que rechazos.

Descripción de la personalidad:

Pues sí, soy alguien inocente, quizá algo curiosa por lo que no conozco y muy esperanzada en aquellos a los que no debería brindarles mi amor. Soy muy enamoradiza, me resbalo varias veces en ese túnel resplandeciente del amor, de miradas encontradas y un montón de inocentes sonrisas pero, lo que más me gusta es el primer beso, todos son especiales y únicos, están llenos de color. Siempre he sido algo impulsiva, he actuado en base a decisiones no pensadas sino hechas, no me ha gustado nunca arrepentirme de mis acciones, aunque lo terminara haciendo. Sí, fui muy pasional y muy dada a los demás, me dejaba llevar por cualquier enamoramiento porque me parecía fácil, me dejaba envolver por los buenos momentos…

Una familia unida:

Supongo que todo empieza por la familia. La mía siempre estuvo unida, no sé si fue por mí porque fui hija única o porque, simplemente, mis padres amaban estar juntos desde hacía más o menos una eternidad. Creo que fue por ellos por lo que siempre tuve el romanticismo tan idealizado, me llevaba a pensar que todos los hombres serían igual de respetuosos que mi padre, igual de amables, detallistas, interesados en el bienestar de la chica con la que están como lo hacía él con mi madre pero, quizá todo eran sueños que no se iban a cumplir.

Siempre me ayudaron en mis problemas pero nunca conseguían que saliera de casa, no eran capaces de que trajera a ninguna compañera de clase conmigo a merendar o a hacer los deberes, si os digo la verdad, para mí era realmente incómodo. Al no tener muchos amigos, tampoco podía encontrar a alguien con quién compartir mi vida, como es obvio, si no sales, no conoces gente nueva, todo acto tiene sus consecuencias, ¿verdad?

Un compendio de rechazos:

Conforme iba avanzando en edad, iba dándome cuenta de lo difíciles que eran las relaciones, lo complicado que era tratar de mantener a alguien contento todo el tiempo teniendo que arriesgar tu propia felicidad. Nunca llegué a tener una relación estable, la mayoría de ellas me duraban más o menos dos meses, todo se acababa tan pronto que no me daba tiempo ni a pestañear. Iba de relación en relación  y, casi siempre, llegaba a casa llorando por el típico desengaño amoroso del tipo “él no era como yo pensaba…”, era tan enamoradiza que perdía el tiempo con cualquiera.

Nadie me rechazó por mi físico, pero quizá sí por mi dramatismo, porque era una intensa y me dejaba llevar por mis impulsos en cualquier ámbito de la vida, supongo que eso era algo que les asustaba de mí. Muchos de ellos, tan solo buscaban acostarse con la típica tía que tenía una cara bonita y un cuerpo de ocho pero, ninguno valía lo suficiente como para arriesgarme a quitarme la ropa. Terminaron aburriéndome y dejé de intentarlo, dejé de ir a los bailes del instituto, de interesarme por tener pareja el día de San Valentín con tanto ímpetu, también dejé de tener interés por todo lo que tuviera que ver con el amor, ni siquiera soportaba ya las canciones lentas. Lo dejé todo y me centré en mis estudios al cien por cien, no más distracciones.

Casi-boda:

Hace más o menos tres años, conocí a un joven apuesto, simpático y entregado que pensé sería el que me llevaría al altar, de hecho, casi lo consiguió. Mi familia estaba realmente exaltada, feliz, incluso asombrada de que hubiese encontrado a alguien con quién mantener una relación totalmente sana y, no os voy a mentir, lo era. Los amigos de mis padres que, en aquellos momentos, también empezaron a ser mis amigos, también estaban muy ilusionados y, mucho más cuando recibieron la agradable noticia de que íbamos a casarnos, ¡no se lo podían creer! A decir verdad, yo tampoco.

Todo estaba preparado, nuestros padres pagaron algunas cosas que se salían de nuestro presupuesto para la boda y nosotros estábamos muy contentos de que todo fuera a suceder al fin y de que mi vida se fuera encarrilando pero me preguntaba constantemente: “¿esta es la vida que quiero o la que quieren los demás para mí?” Mis padres siempre quisieron que tuviera una relación como la suya, querían que me casara y tuviera hijos, algo que a mí, en realidad, me daba verdadero pavor y no estaba preparada ni siquiera para dar el “sí, quiero”, iba a quedar enlazada con una persona para siempre y lo único real que podía ver en mi cabeza era un gran cartel donde ponía: “ESA NO ERES TÚ”.

No quise pensar en ello, pensaba que eran los nervios de la boda, ya sabéis que a veces pasa y tienden a estropearlo todo. Me di cuenta de que aquellas preguntas eran reales cuando algo me decía que no debería hacerlo si no me nacía, realmente, era un alma libre a la que le gustaba pasar un buen rato con alguien, acostarnos juntos, viajar, ir a cenar… pero nada de vivir juntos y tomarnos las cosas más en serio que un “sí, quiero” en un altar. En vez de decírselo en su momento o, al menos, mucho antes de ir a la boda, lo guardé dentro de mí sin saber muy bien cómo hacerlo, en qué momento destrozarle la vida a aquel hombre tan ilusionado por el mejor día de su vida, y yo tampoco quería decepcionar a mis padres, así que, se me ocurrió esconderme en los baños sin que nadie se diera cuenta y salí corriendo de la iglesia antes de que empezara la ceremonia, dejándole en el altar, como la típica película de “Novia a la Fuga”. Me detesté a mí misma por aquello.

Vida sencilla y solitaria:

Decepcioné a todo el mundo, soy consciente de ello pero no pude hacer nada para remediar lo que hice porque ya estaba hecho. A partir de ese momento, alquilé un estudio pequeño para mí sola, para vivir de una manera sencilla y para centrarme un poco en el trabajo y en lo que realmente me gustaba hacer, iba a intentar salir con más hombres pero guardando las distancias y marcándome ciertas normas. Mi trabajo de decoradora de interiores, me abría las puertas a conocer nuevas personas, a encontrarme con hombres muy atractivos con los que acostarme sin compromiso o con lo que tomar una copa de vez en cuando y dejar que se quedasen en mi casa a dormir.

En ese momento es cuando conocí al último, ese que me tenía totalmente eclipsada y el que me dejó sin respiración, ese que tenía un secreto tan grande que me arrepentí de haberle seguido. Llevábamos unas tres citas, ni siquiera nos habíamos besado, él siempre marcaba las distancias y, muchas veces, se notaba la tensión entre ambos, era como si quisiéramos hacer algo, acercarnos más pero hubiera una barrera que nos lo impidiera provocando suspense. No puedo decir que no estaba intrigada por lo que escondía, siempre desaparecía cuando menos lo esperaba, me soltaba excusas y me gustaba tanto que creía eran bromas o me estaba ocultando que estaba casado o algo por el estilo, el simple hecho de pensar en ser “la otra” me daban ganas de vomitar, una de mis reglas era no enrrollarme con hombres casados, así que, quería averiguarlo, ¿era eso tan malo?

Pues lo fue, terminé muerta en el suelo de mi casa. Habría hecho bien si no le hubiese visto matando al alcalde, descubriendo que era un asesino a sueldo, por fin todo empezaba a encajar… Se gastaba mucho dinero conmigo, tenía una colección de coches en el garaje de su casa, la cual, era muy moderna, grande y preciosa, un largo etcétera. Tan solo quería saber más sobre él porque casi no hablaba de su vida, llegué a creer que incluso, se había inventado su nombre, no sabía si estaba siendo sincero conmigo y, por descontado, no lo estaba siendo. Él tenía que atar cabos, no podía quedar ninguno suelto, no podía confiar en que mantendría la boca cerrada, se empeñó en quitarme de en medio, sin sentimientos, sin remordimiento alguno pero, ¿es que a caso los asesinos los tienen?

Un futuro evaporado:

Había pensado aprender a vivir sola, a tener relaciones fuera del trabajo y a llevarme a hombres a casa cuando realmente me apeteciera tener algo con ellos, dejando de lado las reflexiones absurdas de mi familia, eran tiernos pero llegaban a un punto en el que resultaban pesados. Empezaba a saber qué camino quería tomar, qué dirección seguir con mi vida antes de que terminara de una forma tan trágica, evaporándose por completo, en un abrir y cerrar de ojos.

Ni siquiera noté la bala penetrar una parte de mi cerebro, caí en el suelo de manera instantánea y todo fue oscuridad, ese es el lugar al que voy a pertenecer ahora y en un futuro muy lejano, sin saber a dónde ir mientras camino a tientas, tocando paredes invisibles y cantando canciones absurdas para aliviar mi dolor y dejar las lágrimas correr por mis mejillas mientras voy olvidando quién soy, quién fui o quién pude haber sido…

Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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