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Miradas que se Encuentran:

 

Miradas que se Encuentran

Nuestras miradas se encontraron. Su cabello de color dorado brillaba bajo esas enormes lámparas que ocupaban el enorme salón, tan fuerte que parecía reflejarse en él, sus ojos azules eran terriblemente atrayentes, tan cercanos y excitantes que no podía apartar la mirada, incluso sus labios me llamaban mientras me tenía agarrada de la cintura, sabía bailar, eso me gustaba. La música era lenta, nos acompañaba en nuestro deseo por permanecer juntos el resto de la noche y no separarnos hasta terminar en la cama. No era de acostarme con hombres en la tercera cita pero sabía que este joven apuesto y protector, iba a ser el elegido, había soñado con él muchas veces antes de conocerle y mi intuición nunca fallaba…

Me atrajo un poco más hacia sí, con sus ojos azules puestos en mí. Durante estas tres citas, no ha querido contarme en qué trabaja, ¿puede ser una mala señal? La primera vez que pregunté, resultó algo violento y Eric tan solo quería centrarse en la suculenta cena que nos esperaba en el aquel coreano reservado tan solo para nosotros. No le gustaba hablar de su familia, tampoco de su trabajo pero parecía tener bastante dinero como para gastarse en una cena más de ciento cincuenta libras, no sabía qué pensar… Deseaba que no tuviera que ver con nada malo o ilegal pero, a la vez, me atraería mucho más si así fuera, ¿por qué las mujeres siempre nos empeñamos en salir con tipos que no deberían tener nuestra confianza?, ¿no debería enamorarme de alguien bueno?

Acarició mi espalda con la mano que tenía puesta en mi cintura. Noté un escalofrío y me sentí algo excitada por dentro, no sabía muy bien cómo reaccionar, tan solo pude sonreír tímidamente, mientras él no dejaba de mirarme halagado y agradecido porque siguiera bailando a pesar de que la pista de baile estaba a punto de cerrar, al igual que aquel salón precioso al que me había llevado, caro y bastante lujoso, no tenía ni idea de cuánto había pagado por ello pero quería que estuviera a gusto en todo momento. Nos mirábamos con tanta pasión que no podíamos dejar de movernos poco a poco, aunque la música ya no sonara, aunque nos avisaran dos veces de que estaban a punto de cerrar. Ahora entendía aquello de que una mirada valía más que mil palabras…

Se separó con brusquedad debido al último aviso del dueño del lugar, necesitaban limpiarlo para la reserva que tenían al día siguiente. La conexión se cortó sin quererlo, hubiera estado bailando sin música el resto de noche, junto a él, sin ningún otro objetivo que permanecer en la misma postura y ansiando sus labios como nunca antes. En las otras dos citas no nos besamos, todavía no sabía por qué pero, estaba segura de que trataba de captar mi atención por completo, quería que me embelesara y que mi curiosidad siguiera ahí cada vez que se iba a casa, pero no podía esperar mucho más…

Mis mejillas enrojecieron mientras me movía enciema de él, mientras nos mirábamos y dejáramos que el mundo siguiera rodando, mientras teníamos aquel momento propio, sin que nadie más pudiera formar parte de él. La cama chirriaba, estábamos en un motel a las afueras de la ciudad, algo pequeño pero suficiente como para hacer realidad los deseos que circulaban por nuestros cuerpos durante el tiempo que estuvimos bailando. Casi no hubieron palabras, tan solo miradas que decían más que nada, era como si se parara el tiempo a nuestro alrededor, como si nuestros jadeos reventaran las paredes… Jamás me había sentido igual, era extraño…

Cuando abrí los ojos aquella mañana, Eric ya no estaba. No puedo negar que me sentía algo confusa, me gustaba la idea de quedarme acurrucada a su lado todo el tiempo del que dispusiéramos pero, aquel instante, ya había desaparecido, ya no era posible. Mientras me vestía, pude ver un papel amarillo en el suelo, una especie de nota con una dirección, podría ser de los anteriores huéspedes… no había nada de malo en comprobarlo, ¿no? El taxi era la forma más rápida y fácil de llegar, era como una especie de propiedad privada, al parecer, Eric asistía a fiestas o algo por el estilo pero, en cuanto llegué allí, pude ver que no era ni remotamente lo que yo pensaba.

Sí que era una fiesta, pero en lo que no conté fue en que hubiera un asesinato allí mismo, que una persona tan importante para la ciudad como el alcalde cayera desplomado en el suelo de repente y que Eric saliera de allí con un arma más grande que yo pretendiendo no ser visto. Estar entre los arbustos me ayudó a ver el tipo del que me sentía atraída pero no podía dejar de pensar en cómo podía permitirme estar con alguien que parecía matar a gente por dinero. Llegué a casa unas horas más tarde sin saber qué pensar o creer y, allí estaba, esperándome, sentado en una de las sillas del salón, entre preocupado y distante. Dejé la bolsa que llevaba conmigo sobre la encimera de la cocina y me senté justo a su lado, sin poder mirarle:

– Viste cómo disparaba al alcalde, ¿verdad? – su voz era tranquila, pausada, aunque no parecía sentirse cómodo con la situación -.

– Encontré una nota en el suelo, pensé que…

– Pensaste que sería buena idea venir – empezaba a notar su enfado en la voz, estaba tenso pero decidido a seguir con la conversación – ¿Sabes qué es lo que viene ahora?

– ¿Lo que viene? No sé si te entiendo…

– Por meter las narices donde no te llaman, ahora eres testigo del asesinato del alcalde, por ello, nunca te dije en qué trabajaba, no quería implicarte en absoluto – noté la rudeza, su enfado, estaba entre frustrado y decepcionado, no sabía qué decir – Ahora eres un cabo suelto y un problema para mí.

– ¡Qué va, para nada! – respondí, sin tomármelo a pecho, no sabía la seriedad en la que se tornaba la conversación, incluso, reí un par de veces para mostrarle que no tenía nada que temer, que no se lo contaría a nadie pero, no fue suficiente – No contaré nada de esto, como si ni siquiera hubiese ocurrido, no te preocupes, de verdad…

– Los tipos para los que trabajo, se toman muy en serio la discreción – dijo, en tono amenazante, sacando un arma y dejándola encima de la mesa para que viera a qué me estaba enfrentando, ahí fue donde mi corazón empezó a palpitar cada vez más rápido – Y tener un cabo suelto, no me ayuda en nada…

– ¡No voy a decir nada, te lo juro! ¡Por favor, no hagas lo que creo que vas a hacer! – grité, atraída por ese ataque de pánico que notaba se aproximaba -.

– Lo siento, Grace, debiste ir a casa después del motel – se levantó de la silla y me apuntó con el arma – Siento todo esto, de verdad, me lo he pasado genial contigo pero, no puedo… no puedo dejar que te marches. Adios, Grace.

No sentí gran cosa, creo que tan solo fue el golpe cuando caí al suelo pero, estaba segura de que Eric no dejaría huellas y que lo dejaría todo lo más limpio posible para que pareciera un fatal accidente de una joven despistada a la que se le olvidó apagar el gas o a la que le robaron una noche fría de invierno, se hablaría de ello y, a la semana, lo olvidarían todo. Casi no se puede confiar en nadie, crees que conoces a alguien por esa enorme conexión que os une tras tres citas, pero no es ni remotamente cierto, puedes acabar muerta en tu propia casa, dejando tras de sí una casa preciosa y ninguna relación afectiva con tu familia, una soledad que tan solo te daba dolores de cabeza y el tener citas cada fin de semana para tratar de encontrar al hombre perfecto.

Es curioso, cuando encuentras a ese alguien, el destino te recuerda que no eres digna de ello…

 

Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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