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Una Receta con Quinoa:

 

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Tenía esta sección sobre alimentación algo olvidada, así que, he optado por dejaros por aquí una receta muy sencilla de hacer y añadiendo un superalimento que me parece muy rico y especial: ¡la quinoa! Mucha gente no sabe cómo combinarla, incluso qué hacer con ella, tampoco qué nos aporta y por qué se dice que tiene muchos nutrientes. La verdad, se puede combinar con todo pero yo lo suelo hacer con legumbres porque creo que le da mucho sabor a todo el plato y si le añadimos los vegetales, ya es para morirse. El plato que veis y os voy a decir cómo hacer es súper sencillo, práctico y con muy poco tiempo de preparación, a mí me cuesta hacerlo entre media hora y una hora más o menos, cuando me pongo a adornarlo y esas cosas…

La quinoa tiene altos niveles de proteínas y no tiene gluten, por lo que, es muy buena opción para las personas que tienen intolerancias o alergias al mismo. También es una buena fuente de omega6 y 3, tratándose de un alimento vegetal que controla el aumento del colesterol en la sangre y ayuda a la disminución de enfermedades cardiovasculares. Tienen muchísima fibra, vitaminas y minerales como el hierro, el potasio, calcio, magnesio, cinc, vitamina E, B12, B9, B1, B3. Así que, como podéis ver, es muy nutritiva y si la combinamos con verduras, completamos el cupo. La que suelo usar es la de tres colores, cada uno puede usar la que quiera. ¡Vamos con la receta!

Ingredientes:

–Quinoa.

–Vegetales (os digo los que he usado pero podéis poner los que queráis): kale, 3 zanahorias, 2 rábanos, 3 champiñones grandes, 2 cebolletas, tofu, cebollas, bróccoli, coliflor.

–Alubias rojas (o las legumbres que tengáis en casa).

–Especias (las que normalmente uséis).

–Pesto rojo (aquí lo tenemos, podéis usar algún tipo de tomate concentrado si queréis también, pero mirad que no contenga azúcar añadido. También lo podéis hacer casero, si queréis).

Preparación:

  1. Poned la quinoa en agua a fuego lento, tapadlo y dejadlo entre quince y veinte minutos, hasta que veáis que la quinoa se vuelve transparente y blanda.
  2. Mientras la quinoa se está haciendo, poneros a cortar todos los vegetales, no importa si son trozos grandes o pequeños, como os sea más cómodo y rápido.
  3. Empezad a sofreír la cebolla en una sartén mientras la quinoa se termina de hacer, cuando esté doradita, echáis los vegetales y los tapáis para que se vayan ablandando, no lo pongáis a mucha temperatura porque se van a hacer enseguida.
  4. Mientras se hace la verdura, cola la quinoa y déjala aparte para usarla más tarde.
  5. Una vez preparada la verdura, echa las especias que quieras, remueve y echa la quinoa y las legumbres (normalmente, las compro ya cocidas, pero si preferís prepararlas vosotros, también está bien).
  6. Vuelves a remover todo y echas el pesto rojo (aquí también suelo echar una salsita de chilli para darle un poco de sabor picante y unas especies diferentes, pero cada uno lo que le parezca), vuelve a mezclar y… ¡listo!

Me equivocaba siempre con las cantidades pero tened en cuenta que cada persona ingiere unos 200g de alimento, más o menos, así que, os podéis guiar por eso. Me ha ayudado a no cagarla siempre porque soy muy mala calculando…

He añadido otras cosas en el plato como es el aguacate, queso vegano y unas tostadas sin gluten con crema de queso vegano, depende de qué cantidad echéis, añadid algunas cosas para acompañar, también va muy bien con una ensalada. Daros cuenta que la quinoa hace el mismo efecto que cuando coméis arroz, es decir, os hicha, así que, os va a llenar enseguida y no hará falta mucho acompañamiento pero lo que vosotros veáis…

Es una buena receta para esos días que estáis cansados y queréis hacer algo rápido, práctico y, a la vez, nutritivo. Si sois veganos o vegetarianos, esta receta también es aconsejable para vosotros, como véis, tan solo lleva vegetales, legumbres, quinoa y especias. No es nada difícil cocinar cosas saludables y de verdad quieres cuidarte, ¿verdad?

¿Os atrevéis a probarla? ¿Os gustaría que os dejara por aquí más recetas?

 

 

Publicado en Reflexiones

Confianza:

Confianza

Pensé que te había perdido, que yacías en soledad en algún punto del camino. Quizá tan solo te olvidé, te dejé de lado después de que pisaran cada pedazo de mi autoestima, quizá fuera cuando mi inseguridad empezó a colapsarte. Todo empezó por “no haces nada bien”, después continuaron los gritos, las amenazas, las humillaciones y puede que permitiera perderme a mí misma, mientras tú te sentías confusa, desplazada, marginada entre un mar de emociones incontrolables. No conocía tu nombre porque se iba borrando conforme pasaban los días, ya casi eras indiferente, eras una especie de susurro en la distancia que no sabía muy bien de dónde venía, tampoco sabía cómo recuperarte, estabas demasiado lejos como para seguirte.

 Ya no sabía en qué creer, te perdí por completo, dejaste de ser parte de mis días, miraba por encima del hombro siempre que hablaba con alguien por mucho que gritaras, que trataras de hacerte oír. Te convertiste en un punto blanco en la distancia casi imperceptible a la vista, casi indiferente, te ibas disipando tan rápido que los segundos, incluso, parecían ser más largos. Oía sus palabras más altas que las tuyas y los insultos podían penetrarte en la carne, eran tan dolorosos que profundizaban cada vez más en mí, convirtiéndote en olvido, en algo que verdaderamente echaba de menos.

 Te puedo asegurar que quería creerte cuando decías que era única, que tenía talento, que me valía por mí misma, que me protegía, e incluso, quise creerte cuando trajiste a la autoestima contigo tratando de hacerme creer que era preciosa. Siento no haberte escuchado, siento haber dicho que la confianza se gana, cuando tú simplemente apareces cuando te necesito, en cualquier acto de amor que se presente, porque eres plena, eres distinta y eres de todos. Escuché a la desconfianza, puede que ella gritara más alto, puede que tuviera unos pulmones más desarrollados que tú y consiguiera dejarte de lado, quizá lo permitiera…

Puedo decirte que eres pura, que has ido volviendo tímidamente a mi vida. Puedo decirte que estás interesada en formar parte de mis días otra vez, de mis pasos hacia algo nuevo, de entrelazarte en cada palabra, en cada símbolo de amistad próspera. Supongo que supiste aparecer en el momento en el que más te necesité, resurgiste como el sol cada mañana, volviste de la nada para salvar a alguien que había perdido cada pedacito de personalidad que tenía, alguien que estaba cansada de esperar, de llegar a las expectativas de otros, de tratar de convencerse a sí misma de que no podía cambiar nada de lo que la rodeaba. Te sentaste a mi lado y te fundiste en mí para darme fuerza, esa seguridad perdida, esa autoestima casi fallecida y ese amor propio que muchos habían pisoteado.

 Ahora, te miro a los ojos y puedo sonreír, ya te he encontrado, ya puedo sentirte, puedo tenerte cerca de mí, puedo abrazarte cada mañana al despertar y agradecer que hayas vuelto por fin. Todavía me falta mucho por aprender, todavía tienes cosas que enseñarme y quizá me haga de rogar pero ya no estoy sola en el camino, sigo descubriendo partes de mi personalidad que creía perdidas, olvidadas y muchas que dejé que se marcharan por miedo a ser fuerte.

 Hola, confianza. ¿Te apetece tomar un café conmigo? ¿Quizá charlar de lo que hemos recuperado? ¿O prefieres una cerveza?

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Serie “13 Reasons Why”:

13 Reasons Why

Para empezar, he de decir que nunca había sentido tantas emociones contradictorias con una serie. Seguramente, muchos habréis oído hablar de ella porque cuando empezó, se puso bastante de moda, si el vecino la veía, incluso tú debías hacerlo, razón por la que yo no la he visto hasta hoy. Creo que es un tanto compleja de abordar porque está hecha con la mejor intención, de hecho, desde que empieza la serie y en muchos de sus episodios, te avisan de que van a salir escenas bastante explícitas que tienen que ver con la violencia o el suicidio y, bueno, lo veo bien, a parte por el factor por el que se hizo la serie y fue el concienciar a los jóvenes de qué es el suicidio realmente y de que no es una opción ni para ellos ni para nadie.

Empieza por el típico chico de instituto algo marginado porque no le gusta mucho relacionarse con otros, le gusta más bien, ir a su aire. Le llegan unas cintas a su casa, no tiene ni idea de quién pueden ser porque no llevan ningún nombre en la caja, hay trece cintas y bueno, tras conseguir escucharlas, se queda pasmado al descubrir que son trece razones por las que la protagonista de la serie (Hannah Baker) se suicidó cortándose las venas en la bañera de su casa. Fue un evento muy impactante y muchos de los estudiantes se ven envueltos y culpabilizados por Hannah, por haber sido una de las razones para que decidiera suicidarse. Cada cinta va dedicada a una persona que la hizo sufrir, la decepcionó, la hizo sentirse triste o avergonzada, cualquiera de esas emociones era totalmente válida. Él no puede quedarse de brazos cruzados al saber las tantas cosas que le habían hecho a la chica de la que estaba enamorado, no cabía en sí de rabia y frustración al ver que no podía hacer nada por cambiar la situación, ayudar de alguna forma o llevar a prisión a algunos de los que pudieron abusar de ella.

La segunda temporada, muestra un poco más el punto de vista de los estudiantes en cuanto a Hannah y Clay empieza a darse cuenta de que ella no era la chica que él creía ni de lejos, tenía muchos secretos y cosas que hacía que no le parecían bien. Ves su rabia, su ira, el amor por ella y todo lo que hace para tratar de ayudar a que el juicio vaya hacia adelante. Hay muchos involucrados y cada uno tiene una visión distinta de lo que ocurrió, cada uno tuvo vivencias distintas con ella, momentos diferentes que ni siquiera aparecían en las cintas. Todos le fallaron, le dieron la espalda y creen que el instituto pudo hacer algo de verdad por salvarla. En resumen, de esto va la serie, mientras esperamos la tercera temporada que vendrá este mismo año…

En mi opinión, creo que no debería haberse hecho desde un punto de vista tan adolescente o tan infantil, digamos que Hannah se acobarda por todo, se enfada constantemente, tiene miedo y siempre piensa en el qué dirán los demás y mucho más al ser nueva. Entiendo cómo las emociones de un adolescente pueden sentirse, de hecho, hay momentos en los que no ves más mundo que el tuyo pero, veo muchas situaciones demasiado estúpidas. Tampoco me ha convencido que una adolescente sea capaz de esconder ciertas situaciones fuertes a un familiar, siendo que tenía a unos padres que nunca se enfadaban con ella, que eran comprensivos aunque, a veces, no estuvieran atentos con ella (más bien, estaban más pendientes de problemas suyos que de los que presentaba su hija).

Al principio, muestran a Hannah como alguien fuerte que lucha contra el sistema, contra aquellos que le hicieron daño pero ella es bastante hipócrita porque también hizo daño a otros. No sé, hay ciertos puntos de la serie que no me convencen, aún sabiendo el motivo por el que se ha hecho. Muchos pensaréis que está bien hecha y que puedes ver lo que ocurre realmente en un instituto pero, ¿en serio? No digo que haya cosas que no sean admirables de la serie, ni mucho menos, pero he tenido sentimientos contradictorios y de rabia al ver ciertas escenas explícitas.

Creo que lo que menos me ha gustado ha sido el que la hayan hecho tan pero tan adolescente e inocente, quizá si le hubieran dado un toque algo más adulto, más serio, sin esa inocencia, ignorancia… a mí me hubiese convencido. En mi humilde opinión, la habría encaminado por otro lado, aunque muchos dicen que es buenísima y tiene mucho sentido pero eso ya va a gusto de cada uno. También he pensado que puede que mi opinión venga influida porque se ha hecho una serie muy popular y yo siempre voy a contracorriente pero bueno, no descarto mis primeras impresiones.

Os dejo por aquí un resumen de la primera temporada, está en inglés subtitulado a español (puede que haya “spoilers”, decide si verlo o no):

https://www.youtube.com/watch?v=73Vh-jk3aLM

Cada uno que decida si verla o no pero, si la has visto, puedes dejar tu opinión sobre ella en comentarios, ya sabéis que siempre os leo… 

 

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La que Huye: Kayla

Kayla

Relato procedente: “HUIDA”

Nombre: Kayla Goyde    Profesión: Administrativa

Ciudad natal: Belfast     Edad: 42 años

Descripción física:

Mi cabello negro es ondulado y suele estar algo enmarañado debido a mi situación actual, ya no puedo cuidármelo como antes, la cárcel no es un sitio agradable donde te presten un buen suavizante y unas esponjas para frotarte el cuerpo. Mis ojos castaño oscuro, grandes y expresivos, ahora permanecen cansados tras tantas noches sin dormir, recordándolo todo de una forma muy vívida, acercándose a la pesadilla. Mi tez pálida ahora tiende a parecer más rugosa, a veces, algo seca debido al ambiente que acontece en mi alrededor, las zonas cerradas, lugares en los que no llega el sol ni el aire. Mi cuerpo esbelto, tiende a adelgazar cada vez más debido a mi falta de apetito y, según mi psicólogo, a mi sentimiento de culpa y estrés postraumático, algo que no me ayuda en nada.

Descripción de la personalidad:

Puedo decir que siempre he sido una mujer casera, bastante pegada a la família y con pocas ganas de compartir mi vida con nadie más que con mi hija. He sido muy reservada, tranquila y controladora en lo que tenía que ver con las situaciones diarias, he mantenido la calma en momentos difíciles y me ha encantado acercarme a esos precioso bosques cerca de nuestra casa donde se podía respirar aire fresco, me daban mucho vida, justo lo que ahora más anhelo. Solían decirme que era una mujer triste, quizá por mi expresión, puede que por la forma de mis ojos o mi cara, pero he sido una mujer más sensible que ninguna otra cosa, aunque sea verdad que lloro con facilidad. He sabido guardar muy bien los secretos, sobretodo los míos, han estado sepultados en la profundidad de mi alma hasta llegado el momento.

Una infancia y adolescencia exigentes:

Desde muy pequeña, mi madre me trataba como una verdadera mujer con responsabilidades y quehaceres diarios, me marcaba los tiempos, desde qué hacer nada más despertar hasta cómo debía comportarme en la mesa. Mi madre era la típica mujer sumisa que servía a su marido con absoluta lealtad, nunca cuestionaba esos actos machistas de las mujeres de entonces, ni siquiera los consideraba como tal, de hecho, permitía que la pegara cuando no hacía algo exactamente como él quería. A mí me parecía excesivo, incluso, mi padre me decía que debía aprender de los errores de mi madre para que cuando me casara, no los cometiese con mi marido. A veces, me daba escalofríos.

Mi madre se preocupaba siempre que llegaba algo más tarde a casa, no quería que me relacionara demasiado con mis compañeros de clase, siempre tenía que hacer cosas en casa, según ella, para aprender a cómo hacerlo sola, quería que cada vez más, comenzara a ser independiente pero yo sabía perfectamente por qué lo hacía. Debíamos ser como los demás vecinos del barrio, exigentes con nuestros hijos, obedientes a nuestros maridos y debíamos dormir con un camisón pegado al cuerpo, nada de dormir desnuda o con sujetador y bragas. Dios, era agotador…

“Adiós, padre”:

Esas fueron mis palabras cuando me enteré de su muerte. Fue un accidente, al parecer, le atropellaron cuando salía borracho de una taberna en el centro de la ciudad. No puedo decir que no me aliviara el hecho de que por fin dejara de formar parte de nuestras vidas. Mi madre ni siquiera se inmutó, actuó como una autómata, como si su muerte no importara o, mucho peor, como si ella se convirtiera en polvo y no supiera qué hacer con su vida pero muy pronto lo descubrió.

No volví a pensar en ello, no volví a recordarle y tampoco quise. No había sido nada bueno para mi madre, la defendía aunque ella no se lo mereciera, era sumisa porque prefería la postura cómoda de no hacer nada para evitar ser maltratada de aquella forma. Aunque empezó a perderse entre hombres más jóvenes que ella, aunque perdiera totalmente el norte, la seguía ayudando a levantarse cada mañana y a que dejara de darse vergüenza a sí misma.

Mismo pasado, mismo presente:

Éramos felices. Me sentía completa con aquella persona que compartía tantos momentos conmigo, incluso, cuando murió me sentí culpable al sentirme aliviada por la muerte de mi padre, quizá pasó lo mismo por ello… No podía explicarme por qué mi madre y yo teníamos vidas tan paralelas, todavía sigo preguntándome qué pasó. No tenía ni idea de por qué dejé de mantener contacto con mi madre, quizá tenía miedo de que los acontecimientos de su vida empezaran a formar parte de la mía, que empezaran a afectarme de verdad, a influirme… Estuve aterrorizada un tiempo.

De compartir las responsabilidades de traer una vida al mundo, había pasado a cargarlas sobre mis hombros totalmente sola, ahora era madre soltera, algo que me quitaba el sueño de forma constante. La niña crecía muy rápido pero no dejaba de llorar, era tan intensa a veces que no podía controlarla, tampoco mi ira contenida durante tanto tiempo por la frustración que albergaba en mí tras la muerte de mi marido, ese que siempre entendió mis fases rebeldes y emotivas, ese que prometió no dejarme nunca sola…

Perdí completamente el control. Dejé de ver con normalidad, la visión se volvió borrosa pero iba directa hacia ella, hacia su cuello, quería mi objetivo, tan solo quería que se callara, tenía tanto trabajo que no podía dejarlo ni un minuto, era mi responsabilidad… Dejé que mi cuerpo decidiera por mí, que mis sentidos se agudizaran y adormilaran mi alma, me dejé llevar por completo, haciendo lo que mi madre había tenido tanto miedo de hacer conmigo… Apreté su cuello con fuerza, oía que su voz se iba apagando, se movía pero pronto dejó de hacerlo. Medio sonreí al comprobar que había conseguido que callara pero, en cuanto volví a mí, comprendí lo que había hecho, el tremendo error que había cometido y lo que había perdido, todo al mismo tiempo…

Después de su muerte:

No podía respirar. Sentía cómo me ahogaba cada vez que entraba al salón, cada vez que veía el sofá vacío, cada vez que pensaba en ella, en sus pequeños pies, en su olor, en su tacto suave y la ternura en sus ojos… Me obligué a olvidar lo que pasó porque no quería admitir lo que hice, no sabía cómo había sido capaz de consentírmelo, ni siquiera cómo había ocurrido. Era incapaz de mirarme al espejo, ya no conocía a esa mujer perdida, ya no sabía quién iba y volvía del trabajo o quién cogía el coche para ir de compras, ella ya no era yo en absoluto, se había transformado en alguien que desconocía.

Delante de la gente, actuaba como si no hubiera ocurrido nada, incluso, me inventé una historia que yo misma me creí para que pareciera más verídica a ojos ajenos. Según mi versión de la historia, estuve trabajando hasta tarde y, cuando llegué, la niña ya no respiraba, había muerto mientras hacía horas extras en la oficina. Algunos se lo creyeron pero otros no, mucho menos esa persona culpable que había dentro de mí, esa persona que montó un escenario para confesar y poder cumplir con su condena después de matar a su propia hija, fruto del amor que se tenían dos personas que se complementaban tan bien.

Un futuro siendo prisionera:

No puedo decir que esté cómoda pero todavía merezco mucho más que una cadena perpetua, todavía merezco la muerte por lo que hice. No lo conseguiré, soy demasiado sensible y tranquila para tener mal comportamiento y soy demasiado cobarde como para conseguir unas cuchillas en este tugurio y matarme yo misma, así que, lo único que puedo hacer es conformarme con lo que me rodea, no mirar a nadie y no hacer preguntas. Yo misma me metí aquí y yo misma pagaré las consecuencias de lo que hice.

No sé si sobreviviré, si volveré a tratar de huir de mí misma, tampoco si pagaré por todo o si necesitaré algo más, pero sí sé que no volveré a ser libre, viviré enjaulada hasta que muera, lo único que me quedan son los recuerdos, aquellas sonrisas, las miradas, la complicidad, la esencia y el alma que tuvimos en un pasado, ya lo vivo a él y no a mi presente, los días trascurren sin importancia, los miro mientras permanezco en la oscuridad, mientras espero que venga a por mí y por fin pueda estar en paz…

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Huida:

Huida

Llevaba un buen rato corriendo, tanto que se me cortaba la respiración pero no podía dejar de hacerlo. Alguien me seguía desde hacía dos kilómetros y no era capaz de explicar el qué, tan solo que no podía parar, no quería sentir su aliento en mi nuca, esperando que diera un paso en falso y me cayera al suelo para poder atraparme. Daba igual si hacía sol, llovía, si el viento me molestaba, si los truenos obligaban a todo el mundo a meterse en casa porque eran peligrosos, nada de eso podía frenar mis pies.

Casi no me sentía las piernas y mis pies pagaban las consecuencias de llevar unas sandalias tan finas para correr en un momento como aquel, de tremendo pánico, de deseos por llegar a algún tipo de destino. Quería ver su cara, era como huir de nadie en especial, era como ahogarse sin poder entender dónde estás. Recuerdo que me miraba fijamente en aquel sueño, que me decía que iba a venir a por mí, que debía esconderme si quería seguir viva porque, después de lo que hice, no podría seguir respirando por mucho tiempo. Mis manos temblaban y, bueno, oí la puerta de mi casa en la planta de abajo, así que, lo primero que pensé fue salir huyendo de allí con el camisón puesto y con el pelo deshecho, acabada de despertar y con ojeras.

Era de noche y la niebla no me dejaba ver muy bien, pero trataba de no desesperarme. Oía sus pasos detrás de mí, a veces, eran más rápidos, más decididos, era como si quisiera decirme algo al oído antes de cogerme, antes de que supiera quién era. Quería gritar pero no tenía las fuerzas suficientes para ello, desde que mi hija murió que no podía si quiera esbozar una sonrisa, a decir verdad, ya había olvidado cómo hacerlo. Mucha gente del pueblo creía que había sido yo la que la mató por las distintas marcas que tenía alrededor de su cuello pero sería incapaz de haberle hecho daño… ¿verdad?

“Eres una mentirosa”, decía la voz, cada vez más cerca de mí, era pausada, aunque cada vez más tenebrosa y oscura, sin poder identificarla. Debían haber enviado a alguien a que me aterrorizara para que hiciera una especie de confesión sobre lo que le pasó a mi hija pero yo no sabía absolutamente nada, ya la encontré muerta cuando entré en casa, justo en el salón, ni siquiera pude recordar más… “Sí que lo recuerdas, y muy bien”, dijo con un susurro. Me atormentaba, me empezaba a doler la cabeza, e incluso la espalda, no sabía a dónde me dirigía ni por qué seguía corriendo si estaba perdida, no tenía ni idea de si mi agresor iba a cansarse en algún momento, llevaba más de tres horas corriendo y no veía señales de que quisiera hacerlo.

“Ella te quería y le fallaste”. ¿Le fallé a mi hija? ¿De verdad pude hacerlo? A veces, creía que sí, casi no tenía tiempo para ella con todo el trabajo que tenía y, bueno, la descuidé un poco, no dejaba de llorar, de llamar mi atención, me ponía algo histérica pero, yo también la quería. “Nunca quisiste tener hijos, ella era una carga para ti”. Su voz repiqueteaba en mi cabeza como un martillo, cada segundo se volvía una hora, tedioso, de una dificultad palpable y empezaban a fallarme las piernas, tenía mucha sed y estaba algo mareada. No sabía qué hacer, estaba acercándose cada vez más y parecía tener mucha energía porque no había forma de dejarlo atrás, de hacer que desapareciera o de despistarle. ¿Qué se suponía que tenía que hacer? ¿Rendirme? ¿Y si me hacía algo en cuanto parara? ¿Y si quería violarme? Estábamos en medio de ninguna parte…

No pude más y me caí hacia adelante, inmóvil, inconsciente. Me resultó bastante difícil abrí los ojos pero, en cuanto lo hice, ya no estaba en aquel bosque lleno de hierba mojada, ya no había árboles a mi alrededor, tampoco niebla, era algo parecido a una casa de campo, pequeña y bastante acogedora. Me había puesto una manta encima para que no pasara frío, dado que, había llovido en cuanto empecé a correr, pero no veía a mi supuesto agresor por ninguna parte, quizá hubiera salido… No podría ser nadie malo si me había dejado aquí al lado de la chimenea sin hacerme nada y con una manta para que no pase frío, ¿verdad? Me volvía francamente loca el no saberlo.

El momento esperado llegó. Abrió la puerta poco a poco esperando que yo estuviera todavía dormida, mis ojos se abrieron como platos al descubrir quién me había seguido y llevado hasta allí. No podía creer el parecido, tampoco esa mínima posibilidad, tenía entre curiosidad y un pavor incontrolable porque no sabía muy bien de qué sería capaz de hacer conmigo después de todo lo que hice, si yo lo sabía, ella también.

– Bien, estás despierta – tenía la misma voz, esos dientes blanquecinos y unos labios finos que siempre veía en el espejo – Ya podemos hablar. Siéntate.

Me levanté poco a poco, con los ojos como platos, no podía apartar la vista de ella, de su expresión, de ese cambio de look, de ese montón de detalles que había pasado desapercibidos. Me senté a la mesa, justo donde me dijo que lo hiciera y seguí mirándola fijamente, se empezó a sentir incómoda:

– ¿Te sorprende mi físico? – asentí con la cabeza incapaz de mediar palabra – Pues no debería, ni siquiera debiste huir de mí.

– Lo… lo siento. No sabía que eras tú – mi voz temblorosa se acalló de inmediato, no podía creer lo que estaba pasando, pero me armé de valor para cuestionarlo – ¿Qué está… pasando? No lo entiendo…

– He venido porque quiero que confieses lo que hiciste y des un motivo. Tratas de huir de esto, de mí, del pueblo que espera verte en prisión… Pero actúas como una verdadera cobarde, la verdad, no te recordaba así – se encogió de hombros y empezó a fumar, cosa que me mosqueó un poco, lo había dejado hacía un año, no necesitaba que nadie me echara el humo en la cara – ¿Vas a hacerlo o voy a tener que usar la fuerza contigo?

– Estuve trabajando en la oficina hasta tarde y cuando llegué, estaba muerta… No pude imaginar que…

– ¡Quiero la verdad! – le dio un puñetazo a la mesa con todas sus fuerzas, no cabía en mí de pánico, podía ver aquella cara conocida con una ira incontrolada y podía entender por qué habíamos llegado hasta este punto – Si no me la dices… bueno, te arrancaré la cabeza y se la daré a los cerdos que esperan ahí fuera, ¿está claro? Están bastante hambrientos, ya sabes, comen por tres…

Al oír aquello y ver que dejaba un cuchillo grande y afilado encima de la mesa, pude creer que de verdad iba en serio, me dio tanto miedo que no pude evitar decir lo que tanto tiempo llevaba guardando y, puede que me sintiera algo aliviada:

– Llevaba varios días llorando mucho, no conseguía que se calmara y no sabía qué más hacer. Tenía mucho trabajo y había decidido terminarlo en casa mientras ella dormía pero no dejaba de llorar y me desconcentraba mucho… Era un trabajo crucial para la empresa y, bueno, me puse algo histérica, perdí el control de mí misma… – las lágrimas corrían por mis mejillas sin nadie que pudiera pararlas, con absoluta libertad, repletas de culpa y dolor, a la vez, de asombro y alivio por decirlo en voz alta, nadie nos escuchaba, ¿verdad? – Así que, bajé por las escaleras con un enfado bastante pronunciado, la agarré de la garganta y la presioné hasta que se… hasta que se… calló – la última palabra fue a penas un susurro pero mi interlocutora quedó satisfecha -.

– Perfecto, ¿ves como no era tan difícil? – el terror empezó a fluir de mí cuando me enseñó la grabadora que tenía en la mano, me había tendido una trampa para que confesara, ¿cómo podía siquiera hacerme eso? No pude controlar la situación porque ella tenía la posición de control en aquel lugar apartado y ya había mandado la grabación a las autoridades, me ató las manos en la silla donde estaba sentada y ambas esperamos a que viniera la policía -.

– ¿Quién coño eres tú? – le pregunté ya sin miedo, venían a por mí y no tenía absolutamente nada que perder – ¿Por qué eres tan parecida…?

– Sabes con total perfección quién soy, sabes de quién huías en el bosque y sabes por qué soy tan parecida. Está en tu cabeza, ahora mismo lo reconoces pero no sabes cómo explicarlo pero, es fácil si lo intentas…

En cuanto la policía entró, ella desapareció, como si nunca hubiera existido. Y todo tuvo su sentido, lo vi con absoluta claridad, sin neblina, sin mentiras, sin borrones ni tonos grises o translúcidos. En el bosque había estado huyendo de mí misma, de mi culpa, de la muerte de mi hija… había sido tan intenso, que sentía como si pasara en la realidad, terminando por grabar mi confesión, engancharme a una silla y no moverme hasta que llegara la policía. Yo misma había provocado aquello porque quería redimirme, quería ser perdonada aunque la neblina no me dejara ver nada. Por ello, esa mujer era yo, era idéntica, y me hablaba con aquella voz tan autoritaria y tranquila, quería que aceptara mi culpa y que viera la realidad tal y como era.

No más mentiras, no más esperas, no más momentos de debilidad. Yo fui quién mató a mi hija, ella fue mi víctima y tengo que pagar por mi crimen, sin huir, enfrentándome a la realidad misma de la que tanto había querido escapar…

 

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Serie “Bates Motel”:

Recomendacion de Bates Motel

¿Recordáis la película de “Psicosis”? Bueno, pues esta es la serie. Tiene cinco temporadas donde te explica el comienzo de todo, desde la enfermedad de Norman Bates hasta la unión tan profunda que tienen madre e hijo. Te mantiene en suspense durante cada capítulo, cada vez descubres una cosa distinta, te quedas pegado a la pantalla diciendo: “¿pero qué cojones ha pasado?” y creo que es un principio bueno poque eso quiere decir que la serie te está enganchando y vas a querer ver más. Mantiene a los personajes de la película y creo que hacen una interpretación fabulosa, sobretodo el actor Freddie Highmore (Norman Bates), sabe cómo cambiar la personalidad del protagonista muy bien, me sorprendió muchísimo.

En la primera temporada, te introducen un poco los personajes y las relaciones entre ellos, vas notando cómo la unión entre Norma y Norman Bates es bastante fuerte, llegando a parecer una locura. De hecho, empieza fuerte en el primer capítulo, ante una circunstancia (que no diré) que hace que Norma se plantee si todo irá bien y podrán empezar de cero en aquel lugar. La opinión que me trajo Norman fue que es el típico chico muy mimado, es el típico chaval que no crece porque su madre le protege demasiado, de hecho, creo que ni siquiera él quiere crecer, está lleno de miedos y su madre lo soluciona todo por él, lo cual, venía a preguntarme: ¿cómo puede permitir una madre que su hijo de diecisiete o dieciocho años duerma abrazado a ella como si tuviera cinco?

En la segunda y tercera temporada, ya vas viendo por dónde van los tiros. En realidad, ya vas viendo ciertas muertes sospechosas, ya ni siquiera son accidentes como Norma trata de dar a entender. Aquí ya ves que la enfermedad mental de norman va en aumento y que tiene pérdidas de memoria cuando se despierta tras haber sido otra persona durante unas horas. Ves el sufrimiento de una madre al ver lo que le pasa a su hijo que, hasta ahí lo veo normal pero, lo que no entiendo es: si eres madre y ves que tu hijo tiene ese tipo de lagunas, esos momentos en los que cambia de personalidad, ataques de ira descontrolada y, encima, crees que mata a gente cuando cambia, ¿cómo es que no se te ocurre ir a buscarle ayuda profesional antes de que vaya a peor y le proteges como si fuese un niño de tres años indefenso e incapaz de decir una palabra? A veces, me ponía nerviosa ese tipo de reacciones…

Más adelante, ya se empieza a ver cómo de grave es la enfermedad de Norman, de hecho, su psiquiatra consigue saber qué es y se reconoce como tal, lo cual, durante las primeras temporadas no tienes ni idea de si es personalidad múltiple o despersonalización, cualquiera de las dos podría ser perfectamente. En estos momentos, incluso a mitad de la tercera temporada también se puede ver que Norman empieza a ser peligroso para los miembros de su familia, incluso, para la gente nueva que conoce, por lo que, su madre lo encierra en su cuarto porque no se fia de lo que pueda o no pueda hacer. No lo he comentado antes pero, en la serie llaman “bloqueos” a esos momentos en los que él cambia, de hecho, también nos podemos dar cuenta de que, incluso Norman, empieza a escribir en una libreta todos los que va teniendo para poder saber qué ha podido hacer durante esas lagunas mentales.

También ocurre algo muy fuerte que no esperaba y que te hace darte cuenta de lo verdaderamente enfermo que está Norman y es la pérdida de un familiar que él quiere pero que él mata sin ser él mismo. Empieza a hacer cosas rarísimas que dan grima, en serio, y bueno, se niega a seguir tomando sus pastillas. Realmente, esta serie puede ser el antes de “Psicosis” o no (podréis saberlo si la véis y si os gusta tanto que conseguís llegar al final de la última temporada), me lo he estado planteando, si lo veis, podéis dejarlo en comentarios. Hay muchas cosas que me han resultado descabelladas, abrumadoras, me he sentido descolocada y me he tragado unos seis o siete capítulos de golpe porque no podía con la intriga pero, dentro de toda esta locura, te engancha y terminas viendo lo buena que es la serie.

Tenemos personajes como Dylan, por ejemplo, que es el hermano mayor de Norman, hijo de otro padre que también sale en la serie, es un momento de tensión y donde se descubre el pasado de Norma, tétrico y oscuro, la verdad, no sabría cómo una persona podría pasar por tantas circunstancias horribles y seguir viva. Me asombró ver su generosidad en cierto punto de la serie donde empieza a sentir algo por una joven que tiene una enfermedad terminal y da lo necesario para que sobreviva, la verdad, me enterneció el corazón. De hecho, cambia su vida entera por estar con la persona que quiere, creo que es el único de la familia Bates que cambia para bien y el único que pudo escaparse de esa realidad durante unos años… Siempre trata de ayudar a Norman a pesar de su rechazo constante, también sufre mucho pero sabe hacer lo correcto, es el que es capaz de enfrentar la enfermedad de su hermano con cierta claridad y realismo.

Hay una pequeña parte en la que se ve cómo Norma empieza una relación con alguien (el cual, no me esperaba porque pensaba que eran más diferentes de lo que se veía), cómo ella es capaz de centrarse en sí misma y ser feliz sin Norman, deja de preocuparse por un tiempo, dejando que se recupere en el lugar donde lo dejó (no os voy a decir dónde porque os cuento más de la cuenta y no me gusta), ves cómo puede llegar a ser su vida y dices: ¡esa es la verdadera Norma, no esa que siempre está sufriendo! También ves cómo termina su felicidad cuando Norman vuelve a entrar por la puerta, dejándote qué pensar. ¿Puede un hijo provocar la infelicidad de una madre? ¿Puede provocar un sufrimiento tan profundo como el que ella tiene? Norman la colapsa de disgustos, encontrarte un cadáver que puede que lo haya matado tu hijo, no debe ser agradable a ojos de una madre, de hecho, podría haberla matado del disgusto.

No os voy a decir que no hay momentos fuertes, intensos y otros, bastante confusos pero creo que esta serie se ha convertido en una más de mis favoritas, la vería las veces que hiciera falta. Me ha sorprendido, me ha hecho llorar, entristecerme, hacerme preguntas sobre las relaciones maternales, también sobre las enfermedades mentales… Es una serie muy completa que te abre las puertas a ver algo diferente, a comprender el sufrimiento de los personajes, eres capaz de ver el grito de ayuda de una madre que es capaz de hacer lo impensable por proteger a su hijo desde los primeros inicios de su enfermedad mental y ves cómo va progresando todo poco a poco. ¡Recomendada 100%!

Os dejo por aquí un par de vídeos para que decidáis por vosotros mismos si vale la pena verla o no y si os apetece hacerlo:

(trailer inglés): https://www.youtube.com/watch?v=7lCWKKNGiKs

(pequeño resumen para que entendáis mejor la serie, en español): https://www.youtube.com/watch?v=UmmlfPT7kRo

¿Os gustaría verla o la habéis visto ya? ¿Qué opinión tenéis sobre ella?

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La Inocente Grace:

Personaje Grace

Relato procedente: MIRADAS QUE SE ENCUENTRAN

Nombre completo: Grace Dale Cobern       Edad: 32 años

Ciudad natal: Londres                                   Profesión: Decoradora

Descripción física:

Mi cabello rojizo y ondulado me llega hasta más abajo de los hombros, brillante y más sedoso que años atrás, cuando era totalmente rebelde e intratable. Mis ojos verdes habían pasado de ser inocentes a ver la realidad con absoluta claridad. Mis labios gruesos, ya no formaban parte de otro cuerpo, permanecían solitarios, en la más remota oscuridad, sin contacto, sin un ápice de acercamiento. Mi cuerpo esbelto, había dejado de esperar un nuevo amor, había dejado de sentirse atraída por aquellos hombres que no querían más de tres citas y también había dejado de usar vestidos que no me daban más que rechazos.

Descripción de la personalidad:

Pues sí, soy alguien inocente, quizá algo curiosa por lo que no conozco y muy esperanzada en aquellos a los que no debería brindarles mi amor. Soy muy enamoradiza, me resbalo varias veces en ese túnel resplandeciente del amor, de miradas encontradas y un montón de inocentes sonrisas pero, lo que más me gusta es el primer beso, todos son especiales y únicos, están llenos de color. Siempre he sido algo impulsiva, he actuado en base a decisiones no pensadas sino hechas, no me ha gustado nunca arrepentirme de mis acciones, aunque lo terminara haciendo. Sí, fui muy pasional y muy dada a los demás, me dejaba llevar por cualquier enamoramiento porque me parecía fácil, me dejaba envolver por los buenos momentos…

Una familia unida:

Supongo que todo empieza por la familia. La mía siempre estuvo unida, no sé si fue por mí porque fui hija única o porque, simplemente, mis padres amaban estar juntos desde hacía más o menos una eternidad. Creo que fue por ellos por lo que siempre tuve el romanticismo tan idealizado, me llevaba a pensar que todos los hombres serían igual de respetuosos que mi padre, igual de amables, detallistas, interesados en el bienestar de la chica con la que están como lo hacía él con mi madre pero, quizá todo eran sueños que no se iban a cumplir.

Siempre me ayudaron en mis problemas pero nunca conseguían que saliera de casa, no eran capaces de que trajera a ninguna compañera de clase conmigo a merendar o a hacer los deberes, si os digo la verdad, para mí era realmente incómodo. Al no tener muchos amigos, tampoco podía encontrar a alguien con quién compartir mi vida, como es obvio, si no sales, no conoces gente nueva, todo acto tiene sus consecuencias, ¿verdad?

Un compendio de rechazos:

Conforme iba avanzando en edad, iba dándome cuenta de lo difíciles que eran las relaciones, lo complicado que era tratar de mantener a alguien contento todo el tiempo teniendo que arriesgar tu propia felicidad. Nunca llegué a tener una relación estable, la mayoría de ellas me duraban más o menos dos meses, todo se acababa tan pronto que no me daba tiempo ni a pestañear. Iba de relación en relación  y, casi siempre, llegaba a casa llorando por el típico desengaño amoroso del tipo “él no era como yo pensaba…”, era tan enamoradiza que perdía el tiempo con cualquiera.

Nadie me rechazó por mi físico, pero quizá sí por mi dramatismo, porque era una intensa y me dejaba llevar por mis impulsos en cualquier ámbito de la vida, supongo que eso era algo que les asustaba de mí. Muchos de ellos, tan solo buscaban acostarse con la típica tía que tenía una cara bonita y un cuerpo de ocho pero, ninguno valía lo suficiente como para arriesgarme a quitarme la ropa. Terminaron aburriéndome y dejé de intentarlo, dejé de ir a los bailes del instituto, de interesarme por tener pareja el día de San Valentín con tanto ímpetu, también dejé de tener interés por todo lo que tuviera que ver con el amor, ni siquiera soportaba ya las canciones lentas. Lo dejé todo y me centré en mis estudios al cien por cien, no más distracciones.

Casi-boda:

Hace más o menos tres años, conocí a un joven apuesto, simpático y entregado que pensé sería el que me llevaría al altar, de hecho, casi lo consiguió. Mi familia estaba realmente exaltada, feliz, incluso asombrada de que hubiese encontrado a alguien con quién mantener una relación totalmente sana y, no os voy a mentir, lo era. Los amigos de mis padres que, en aquellos momentos, también empezaron a ser mis amigos, también estaban muy ilusionados y, mucho más cuando recibieron la agradable noticia de que íbamos a casarnos, ¡no se lo podían creer! A decir verdad, yo tampoco.

Todo estaba preparado, nuestros padres pagaron algunas cosas que se salían de nuestro presupuesto para la boda y nosotros estábamos muy contentos de que todo fuera a suceder al fin y de que mi vida se fuera encarrilando pero me preguntaba constantemente: “¿esta es la vida que quiero o la que quieren los demás para mí?” Mis padres siempre quisieron que tuviera una relación como la suya, querían que me casara y tuviera hijos, algo que a mí, en realidad, me daba verdadero pavor y no estaba preparada ni siquiera para dar el “sí, quiero”, iba a quedar enlazada con una persona para siempre y lo único real que podía ver en mi cabeza era un gran cartel donde ponía: “ESA NO ERES TÚ”.

No quise pensar en ello, pensaba que eran los nervios de la boda, ya sabéis que a veces pasa y tienden a estropearlo todo. Me di cuenta de que aquellas preguntas eran reales cuando algo me decía que no debería hacerlo si no me nacía, realmente, era un alma libre a la que le gustaba pasar un buen rato con alguien, acostarnos juntos, viajar, ir a cenar… pero nada de vivir juntos y tomarnos las cosas más en serio que un “sí, quiero” en un altar. En vez de decírselo en su momento o, al menos, mucho antes de ir a la boda, lo guardé dentro de mí sin saber muy bien cómo hacerlo, en qué momento destrozarle la vida a aquel hombre tan ilusionado por el mejor día de su vida, y yo tampoco quería decepcionar a mis padres, así que, se me ocurrió esconderme en los baños sin que nadie se diera cuenta y salí corriendo de la iglesia antes de que empezara la ceremonia, dejándole en el altar, como la típica película de “Novia a la Fuga”. Me detesté a mí misma por aquello.

Vida sencilla y solitaria:

Decepcioné a todo el mundo, soy consciente de ello pero no pude hacer nada para remediar lo que hice porque ya estaba hecho. A partir de ese momento, alquilé un estudio pequeño para mí sola, para vivir de una manera sencilla y para centrarme un poco en el trabajo y en lo que realmente me gustaba hacer, iba a intentar salir con más hombres pero guardando las distancias y marcándome ciertas normas. Mi trabajo de decoradora de interiores, me abría las puertas a conocer nuevas personas, a encontrarme con hombres muy atractivos con los que acostarme sin compromiso o con lo que tomar una copa de vez en cuando y dejar que se quedasen en mi casa a dormir.

En ese momento es cuando conocí al último, ese que me tenía totalmente eclipsada y el que me dejó sin respiración, ese que tenía un secreto tan grande que me arrepentí de haberle seguido. Llevábamos unas tres citas, ni siquiera nos habíamos besado, él siempre marcaba las distancias y, muchas veces, se notaba la tensión entre ambos, era como si quisiéramos hacer algo, acercarnos más pero hubiera una barrera que nos lo impidiera provocando suspense. No puedo decir que no estaba intrigada por lo que escondía, siempre desaparecía cuando menos lo esperaba, me soltaba excusas y me gustaba tanto que creía eran bromas o me estaba ocultando que estaba casado o algo por el estilo, el simple hecho de pensar en ser “la otra” me daban ganas de vomitar, una de mis reglas era no enrrollarme con hombres casados, así que, quería averiguarlo, ¿era eso tan malo?

Pues lo fue, terminé muerta en el suelo de mi casa. Habría hecho bien si no le hubiese visto matando al alcalde, descubriendo que era un asesino a sueldo, por fin todo empezaba a encajar… Se gastaba mucho dinero conmigo, tenía una colección de coches en el garaje de su casa, la cual, era muy moderna, grande y preciosa, un largo etcétera. Tan solo quería saber más sobre él porque casi no hablaba de su vida, llegué a creer que incluso, se había inventado su nombre, no sabía si estaba siendo sincero conmigo y, por descontado, no lo estaba siendo. Él tenía que atar cabos, no podía quedar ninguno suelto, no podía confiar en que mantendría la boca cerrada, se empeñó en quitarme de en medio, sin sentimientos, sin remordimiento alguno pero, ¿es que a caso los asesinos los tienen?

Un futuro evaporado:

Había pensado aprender a vivir sola, a tener relaciones fuera del trabajo y a llevarme a hombres a casa cuando realmente me apeteciera tener algo con ellos, dejando de lado las reflexiones absurdas de mi familia, eran tiernos pero llegaban a un punto en el que resultaban pesados. Empezaba a saber qué camino quería tomar, qué dirección seguir con mi vida antes de que terminara de una forma tan trágica, evaporándose por completo, en un abrir y cerrar de ojos.

Ni siquiera noté la bala penetrar una parte de mi cerebro, caí en el suelo de manera instantánea y todo fue oscuridad, ese es el lugar al que voy a pertenecer ahora y en un futuro muy lejano, sin saber a dónde ir mientras camino a tientas, tocando paredes invisibles y cantando canciones absurdas para aliviar mi dolor y dejar las lágrimas correr por mis mejillas mientras voy olvidando quién soy, quién fui o quién pude haber sido…

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Miradas que se Encuentran:

 

Miradas que se Encuentran

Nuestras miradas se encontraron. Su cabello de color dorado brillaba bajo esas enormes lámparas que ocupaban el enorme salón, tan fuerte que parecía reflejarse en él, sus ojos azules eran terriblemente atrayentes, tan cercanos y excitantes que no podía apartar la mirada, incluso sus labios me llamaban mientras me tenía agarrada de la cintura, sabía bailar, eso me gustaba. La música era lenta, nos acompañaba en nuestro deseo por permanecer juntos el resto de la noche y no separarnos hasta terminar en la cama. No era de acostarme con hombres en la tercera cita pero sabía que este joven apuesto y protector, iba a ser el elegido, había soñado con él muchas veces antes de conocerle y mi intuición nunca fallaba…

Me atrajo un poco más hacia sí, con sus ojos azules puestos en mí. Durante estas tres citas, no ha querido contarme en qué trabaja, ¿puede ser una mala señal? La primera vez que pregunté, resultó algo violento y Eric tan solo quería centrarse en la suculenta cena que nos esperaba en el aquel coreano reservado tan solo para nosotros. No le gustaba hablar de su familia, tampoco de su trabajo pero parecía tener bastante dinero como para gastarse en una cena más de ciento cincuenta libras, no sabía qué pensar… Deseaba que no tuviera que ver con nada malo o ilegal pero, a la vez, me atraería mucho más si así fuera, ¿por qué las mujeres siempre nos empeñamos en salir con tipos que no deberían tener nuestra confianza?, ¿no debería enamorarme de alguien bueno?

Acarició mi espalda con la mano que tenía puesta en mi cintura. Noté un escalofrío y me sentí algo excitada por dentro, no sabía muy bien cómo reaccionar, tan solo pude sonreír tímidamente, mientras él no dejaba de mirarme halagado y agradecido porque siguiera bailando a pesar de que la pista de baile estaba a punto de cerrar, al igual que aquel salón precioso al que me había llevado, caro y bastante lujoso, no tenía ni idea de cuánto había pagado por ello pero quería que estuviera a gusto en todo momento. Nos mirábamos con tanta pasión que no podíamos dejar de movernos poco a poco, aunque la música ya no sonara, aunque nos avisaran dos veces de que estaban a punto de cerrar. Ahora entendía aquello de que una mirada valía más que mil palabras…

Se separó con brusquedad debido al último aviso del dueño del lugar, necesitaban limpiarlo para la reserva que tenían al día siguiente. La conexión se cortó sin quererlo, hubiera estado bailando sin música el resto de noche, junto a él, sin ningún otro objetivo que permanecer en la misma postura y ansiando sus labios como nunca antes. En las otras dos citas no nos besamos, todavía no sabía por qué pero, estaba segura de que trataba de captar mi atención por completo, quería que me embelesara y que mi curiosidad siguiera ahí cada vez que se iba a casa, pero no podía esperar mucho más…

Mis mejillas enrojecieron mientras me movía enciema de él, mientras nos mirábamos y dejáramos que el mundo siguiera rodando, mientras teníamos aquel momento propio, sin que nadie más pudiera formar parte de él. La cama chirriaba, estábamos en un motel a las afueras de la ciudad, algo pequeño pero suficiente como para hacer realidad los deseos que circulaban por nuestros cuerpos durante el tiempo que estuvimos bailando. Casi no hubieron palabras, tan solo miradas que decían más que nada, era como si se parara el tiempo a nuestro alrededor, como si nuestros jadeos reventaran las paredes… Jamás me había sentido igual, era extraño…

Cuando abrí los ojos aquella mañana, Eric ya no estaba. No puedo negar que me sentía algo confusa, me gustaba la idea de quedarme acurrucada a su lado todo el tiempo del que dispusiéramos pero, aquel instante, ya había desaparecido, ya no era posible. Mientras me vestía, pude ver un papel amarillo en el suelo, una especie de nota con una dirección, podría ser de los anteriores huéspedes… no había nada de malo en comprobarlo, ¿no? El taxi era la forma más rápida y fácil de llegar, era como una especie de propiedad privada, al parecer, Eric asistía a fiestas o algo por el estilo pero, en cuanto llegué allí, pude ver que no era ni remotamente lo que yo pensaba.

Sí que era una fiesta, pero en lo que no conté fue en que hubiera un asesinato allí mismo, que una persona tan importante para la ciudad como el alcalde cayera desplomado en el suelo de repente y que Eric saliera de allí con un arma más grande que yo pretendiendo no ser visto. Estar entre los arbustos me ayudó a ver el tipo del que me sentía atraída pero no podía dejar de pensar en cómo podía permitirme estar con alguien que parecía matar a gente por dinero. Llegué a casa unas horas más tarde sin saber qué pensar o creer y, allí estaba, esperándome, sentado en una de las sillas del salón, entre preocupado y distante. Dejé la bolsa que llevaba conmigo sobre la encimera de la cocina y me senté justo a su lado, sin poder mirarle:

– Viste cómo disparaba al alcalde, ¿verdad? – su voz era tranquila, pausada, aunque no parecía sentirse cómodo con la situación -.

– Encontré una nota en el suelo, pensé que…

– Pensaste que sería buena idea venir – empezaba a notar su enfado en la voz, estaba tenso pero decidido a seguir con la conversación – ¿Sabes qué es lo que viene ahora?

– ¿Lo que viene? No sé si te entiendo…

– Por meter las narices donde no te llaman, ahora eres testigo del asesinato del alcalde, por ello, nunca te dije en qué trabajaba, no quería implicarte en absoluto – noté la rudeza, su enfado, estaba entre frustrado y decepcionado, no sabía qué decir – Ahora eres un cabo suelto y un problema para mí.

– ¡Qué va, para nada! – respondí, sin tomármelo a pecho, no sabía la seriedad en la que se tornaba la conversación, incluso, reí un par de veces para mostrarle que no tenía nada que temer, que no se lo contaría a nadie pero, no fue suficiente – No contaré nada de esto, como si ni siquiera hubiese ocurrido, no te preocupes, de verdad…

– Los tipos para los que trabajo, se toman muy en serio la discreción – dijo, en tono amenazante, sacando un arma y dejándola encima de la mesa para que viera a qué me estaba enfrentando, ahí fue donde mi corazón empezó a palpitar cada vez más rápido – Y tener un cabo suelto, no me ayuda en nada…

– ¡No voy a decir nada, te lo juro! ¡Por favor, no hagas lo que creo que vas a hacer! – grité, atraída por ese ataque de pánico que notaba se aproximaba -.

– Lo siento, Grace, debiste ir a casa después del motel – se levantó de la silla y me apuntó con el arma – Siento todo esto, de verdad, me lo he pasado genial contigo pero, no puedo… no puedo dejar que te marches. Adios, Grace.

No sentí gran cosa, creo que tan solo fue el golpe cuando caí al suelo pero, estaba segura de que Eric no dejaría huellas y que lo dejaría todo lo más limpio posible para que pareciera un fatal accidente de una joven despistada a la que se le olvidó apagar el gas o a la que le robaron una noche fría de invierno, se hablaría de ello y, a la semana, lo olvidarían todo. Casi no se puede confiar en nadie, crees que conoces a alguien por esa enorme conexión que os une tras tres citas, pero no es ni remotamente cierto, puedes acabar muerta en tu propia casa, dejando tras de sí una casa preciosa y ninguna relación afectiva con tu familia, una soledad que tan solo te daba dolores de cabeza y el tener citas cada fin de semana para tratar de encontrar al hombre perfecto.

Es curioso, cuando encuentras a ese alguien, el destino te recuerda que no eres digna de ello…

 

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Serie “Orange Is The New Black”:

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Bueno, e aquí la última serie que he visto, la terminé hace muy poco. En resumen: una locura. Ya empiezo diciendo que la temporada que más me ha gustado y en la que mejor me creía todos los papeles de los personajes fue la primera, dado que, la segunda y la tercera me parecieron muy flojas, en la cuarta mejoró y en la quinta volvió a decaer pero, en general, está bastante bien, sí que recomendaría verla. Ha sido una serie que se hizo famosilla en su día pero que, como todo el mundo se puso a verla en plan borregos del tipo “si lo hacen todos, yo también”, pues yo decidí no verla, he esperado hasta ahora, cuando nadie la está viendo porque me gusta tomarme mi tiempo y analizar bien los contenidos sin manipulaciones del exterior.

Para los que no la conozcáis, va sobre una cárcel de mujeres. Cada una tiene su historia, la cual, la explican durante las temporadas, algo que valoré muchísimo y me encantó porque te dice cómo ha acabado cada una de ellas en la cárcel. Empieza con Pipper, una joven muy inocente, algo ignorante y bastante pegada a su novio que tiene que cumplir una condena de un año por haber ayudado a su ex novia a traficar con droga hace ya unos años. Como es evidente, está aterrada y, al entrar en la cárcel por voluntad propia, se siente como un alien, acostumbrada a tener todo lo que necesita a no tener nada y a tener que ducharse delante de otras presas, no está acostumbrada a los insultos, reproches, a los robos… digamos que en tres días se vuelve loca pero, lo que no espera es que su ex también está cumpliendo condena en la misma prisión. No “spoileo” más.

Los personajes se componen de una rusa que es una de las mandamases de las chicas de la cocina, las cuida, les proporciona lo que necesitan y es algo así como una madre para ellas, las ha protegido siempre, lo único que exige es que ninguna de ella vuelva a consumir drogas o las echa inmediatamente del grupo; la verdad es que esta mujer es muy fuerte, no le teme a nada y se las ingenia para aterrorizar a las que la amenazan, en plan a lo ruso, no sé como explicarme mejor, si la véis lo entenderéis enseguida. La que me encanta es Nicky, una exdrogadicta que se metía heroína en sus tiempos y, bueno, lleva casi tres años limpia, le cuesta muchísimo aguantar sabiendo que en la cárcel ciertos policías pasan droga pero sabe cómo entretenerse en sus ratos libres, digamos que se acuesta con varias de por allí y, en especial a la italiana Norma Morello, la cual, cree que su prometido todavía la quiere desesperadamente y se va a casar con ella cuando termine su condena, es tan mona e inocente que parece que esté como una regadera. Adoro a Pussey, digamos que es un alma muy pura en la serie, siempre la califican como alguien pobre y delincuente pero, en realidad, es hija de un militar, es alemana y sabe varios idiomas, es alguien muy diferente a lo que suelen decir… Y bueno, hay muchas más que deberíais conocer.

Nunca he estado en una prisión y tampoco me gustaría, pero creo que es bastante fiel a lo que acontecería en una cárcel de mujeres en Estados Unidos (no me refiero en todos los aspectos). Están los típicos policías corruptos, la difícil situación de las familias con las presas, la distancia entre parejas que tienen hijos, cómo las suelen tratar los guardias (normalmente, como si no fueran personas), la mala gestión de la prisión, los castigos, los robos, la poca intimidad, los tocamientos y amenazas, los grupos que se forman, las peleas… En fin, hay muchas variantes que creo son muy fieles a lo que se podría ver en una prisión.

Lo que me da bastante rabia de la protagonista (Pipper) es que nunca sepa qué hacer con su vida, que no conozca nunca sus sentimientos, su completa y absoluta confusión constante, la verdad, me ha puesto de los nervios en toda la serie. Está claro que la serie no solo engloba la vida de ella sino que, poco a poco, te va mostrando la de las demás y cómo muchas de ellas caen en hábitos antiguos, ves los síntomas de abstinencia bastante de cerca y qué es capaz de hacer una persona por conseguir algo de droga, es muy triste. Las vidas de cada una de las presas son muy duras, se sienten insignificantes respecto al sistema, se han rendido porque nadie las escucha, aunque, debido a una muerte en la prisión (no os voy a decir la de quién porque sería gafarlo), me encanta cómo Taystee coge las riendas de todo y empieza a defender a aquellas que han sufrido tanto por la mala gestión de la cárcel, me ha encantado que la hayan puesto como líder porque vamos, lo hizo de perlas.

En cuanto a las bandas, están las latinas, las que van con el grupo de la rusa, las negras, las cristianas y las blancas. Creo que lo han bordado, incluso los escenarios y las protagonistas están muy logradas, he visto mucho realismo en las actuaciones y todo va muy acorde a las situaciones que ocurrirían en una prisión, como bien os he dicho. El final fue algo agridulce, no me terminó de convencer, me dejó como alucinada, en plan: ¿y ya está? No sé me supo a poco, esperaba algo más currado o que me sorprendieran con algo diferente, fue un final entre feliz y triste, no sé cómo explicarlo exactamente…

Bueno, os dejo por aquí un vídeo resumido que espero que os ayude a decidir si queréis verla o no (está en inglés pero el chico lo explica muy bien, no lo he encontrado en español, así que, sorry!):

https://www.youtube.com/watch?v=RfRavxX-jbA&t=41s

Espero que os haya gustado y entretenido el post y de haberos convencido para que veáis la serie. ¡Un beso y un abrazo, lectores!

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El “No Tengo Tiempo” no es una Excusa:

elnotengotiemponoesunaexcusa

Esta frase se oye muy a menudo pero, más que una frase es una excusa. Siempre hay alguien que dice que no tiene tiempo, que está muy ocupado, que pasa el día trabajando y no puede prepararse nada saludable, que al tener hijos todo gira en torno a ellos… Bueno, un conglomerado de situaciones que hacen que a estas personas les sea completamente imposible prepararse algo rico y, a la vez, saludable para comer, cenar o como un simple “snack” entre horas. Basándome en nuestra experiencia de estas últimas semanas, os puedo decir que Fabio y yo también estamos muy ocupados trabajando, tenemos a veces, unos horarios de locos y solo descansamos dos días cada semana pero lo que solemos hacer es preparar cositas para el resto de semana (en caso de que vayamos a doblar, si trabajamos por la tarde, no hace falta porque comemos en casa, pero sí viene bien preparar algunos batidos y dejarlos en la nevera, por ejemplo).

Lo que me ha servido de mucho es cocinar para un regimiento, y no es coña. Por ejemplo, si estoy durante tres días yendo a trabajar por la tarde, lo que hago es hacer comida para dos o tres personas, pongo la comida que me sobra en “tuppers” y Fabio se la puede llevar si dobla un día o yo si ocurre lo mismo o si trabajo de mañana y prefiero comer en el trabajo para no llegar a casa y comer a las cinco de la tarde. Hay veces que comes lo mismo, es evidente pero como te ha salido tan rico, pues no te importa, ¡lo comerías los siete días de la semana si hiciese falta!

Las comidas vegetarianas o veganas o de tipo “comida saludable” (dependiendo lo que entienda cada uno por “saludable”), suelen hacerse bastante rápido, con lo que cocino en casa, por ejemplo, puedo tardar entre cuarenta y cinco minutos y una hora, no más. No hace falta estar tres horas en la cocina preparando platos, ni mucho menos, se trata de comer saludable y ser prácticos a la vez, aprovechar los días libres y dedicar aunque sea una hora para preparar las comidas de los próximos días, no me digáis que para hacer una ensalada vais a tiraros dos horas… A eso me refiero, a retirar esas excusas de nuestro vocabulario o de nuestro cuaderno de frases.

Otra cosa que os puede servir son los calendarios de comidas. Me compré uno aquí en Edimburgo que me sirve de mucho, dado que, tan solo tengo que escribir lo que quiero preparar o comer durante los días de la semana en cada una de las comidas (incluidos los “snacks”), así no tengo que pararme a pensar qué puedo hacer que sea rápido, práctico y saludable, sino que, al ya tenerlo pensado y escrito, tan solo tengo que ponerme a hacerlo y listo. Creo que muchos de los problemas que tienen las personas con este tipo de contratiempos a la hora de cocinar o de excusarse, se solucionarían si supieran organizarse con calendarios, con agendas solo para escribir las recetas y las comidas diarias…

Lo que me ha salvado muchas veces, han sido las revistas de comida vegana o vegetariana donde te vienen un montón de recetas fáciles de preparar. Hay días en los que no tienes ni la menor idea de qué hacer para comer y creo que es algo que le ha pasado a más de uno. Nunca va mal tener algunas guardadas para este tipo de ocasiones, las utilizo mucho cuando no sé qué poner en los “tuppers” para llevar al trabajo, algunas recetas son muy ingeniosas y son de tipo “take away” y que se hacen en veinte minutos, es muy práctico…

Nosotros también empezamos a comer mal al principio. Cuando empezamos a trabajar en el restaurante, comíamos de todo, mal, rápido y picábamos un montón de dulce entre horas, entre otras cosas, gluten y leche, cosas que yo no debería probar. Estaba hinchada, iba fatal al baño, a veces, hacía las digestiones muy lentas… Fabio engordó más y, en ciertas ocasiones, le sentaba mal la comida. Llega un momento en el que te das cuenta de que no puedes continuar así porque no dejas de hacerte daño por ponerte una excusa, un límite, por no abrirte un poco a dedicarle tiempo a lo que debes por ti y por tu salud. Empezamos decidiendo el tema del veganismo tanto por nuestra salud como por el maltrato animal que se utiliza para que los seres humanos nos alimentemos, totalmente injusto y desagradable, pero cada uno puede decidir hacia dónde va su alimentación (con esto no quiero decir que os hagáis veganos, es una experiencia nuestra), te das cuenta de cuánto has maltratado al cuerpo en cinco meses cuando ves cómo va transformándose y cambiando, mientras, vas encontrándote mejor y expulsando aquello que tu cuerpo no ha digerido bien.

Hay otras personas que no se cuidan nada, se dedican a no comer en todo el día o tan solo hacen una comida, ¿dónde vais almas de cántaro? Luego se quejan de que les duele todo, están débiles… encima, se pasan el día trabajando y casi siempre caen enfermos y no me extraña en absoluto. Si alguno de vosotros hace esto, podéis poneros malísimos de verdad, llegar a tener serios problemas de salud por no darle a vuestro cuerpo lo que necesita, seguís con esas excusas absurdas del “no tengo tiempo para nada” o del “es que trabajo mucho” pero, ¿y cuando no trabajas? ¿tienes tiempo? ¿o prefieres dedicarlo a otras cosas? Uno no valora su salud hasta que la va perdiendo, hasta que la pone en riesgo y se ve ingresado en un hospital, de verdad, no lleguéis a esto y esforzaros un poco por prepararos, aunque sean, dos “tuppers” cada día, puede que os acostéis un poco más tarde u os levantéis más temprano pero, a la larga, valdrá la pena.

Os aconsejaría que las comidas rápidas las apartarais de vuestra vista, de hecho, no tienen ni buena pinta. No creo que tengan calidad de “comida saludable”, les ponen aceites refinados y las ensaladas tienen aditivos que ni siquiera sabía que existían. Te puedes pasar el día comiendo sándwitches de cualquier tienda pero, ¿de verdad te sacias o tienes hambre a la hora de habértelo comido y necesitas algo dulce para continuar con tu día? Pues lo más fácil para estos casos es llevaros al trabajo frutos secos, es un “snack” que no ensucia, que es saludable y que aporta nutrientes. También es normal que nos equivoquemos de vez en cuando, que caigamos en ciertos hábitos al principio pero el esfuerzo se ve recompensado más adelante.

Así que, como os he dicho, dejemos las excusas y concentrémonos en comer saludable. Espero que este post os anime a ello. ¡Un beso y un abrazo, lectores!