Publicado en Reflexiones

De Vuelta al Principio:

de vuelta al principio

No puedes ver esos ojos tras la máscara, esa cara malvada que se esconde, esa mirada que te produce pavor, junto a esas palabras de falsedad. Somos víctimas de una sociedad hipócrita, es mejor cuando otros no oyen nuestras quejas, es agradable contemplarles sonrientes sin saber lo que han dicho a nuestras espaldas. Caminan con impertinencia, con la cabeza bien alta, sin saber que los demás nos hemos dado cuenta de esa falsedad que habita en cada una de sus facetas. Ni siquera unas palabras de alivio pueden mejorar la situación, una ofrenda de paz o una mirada complaciente, no hay sabor más amargo que la traición.

Cuando te das la vuelta, ahí están, observando en la penumbra. Escuchan, analizan y hablan a tus espaldas, no hay nada más en sus vidas que simples críticas, quejas constantes de los demás cuando se están mirando en un espejo. Puede que no se soporten a sí mismos y necesiten juzgar a los demás sin motivo aparente o, quizá sea el ansia de ser importante lo que les lleva a hablar de lo que no entienden. El miedo les ciega, la cobardía es el pilar fundamental en sus relaciones y todavía se preguntan por qué los demás les ignoran.

Sonrisas falsas, ofrendas para olvidar lo ocurrido, bromas sutiles para contentar a aquel al que han criticado, no se dan cuenta de que no hay forma de olvidar. Te dicen cosas bonitas, te dan las gracias mil veces, e incluso, se sientan contigo a hablar como si nada, cuando sus palabras han sido como dagas en tu espalda, intentas quitarlas pero permanecen dentro. Lo únido que se te pasa por la cabeza es la forma de evitarles, de apartarles de tu vida, de tu día a día, pero es como si nacieran de los árboles, se reproducen tan rápidamente que abruma, jamás podrás escapar de ellos…

Abres los ojos y te das cuenta de que has vuelto a empezar de nuevo aquello que terminaste en su día, aquello por lo que te cabreabas, ha vuelto a tu vida de la nada sin quererlo, como si lo atrayeras de alguna forma, como una especie de imán. Te contienes porque no tienes otra opción, respiras una incomodidad manifiesta en el aire, sientes hasta en los poros de tu piel cómo deseas evadirles, distanciarte, ahorrarles el sufrimiento de ser ellos mismos. ¿Qué pensarán de mí si descubre que he hablado a sus espaldas? Vaya problema el suyo, ¿verdad? Sus mejillas enrojecerían, probablemente, trataría de permanecer lo más alejado posible, cambiaría sus horarios para no verte, e incluso, sería capaz de hacer que le despidieran.

Quien critica a los demás, se mira a un espejo. Quien se queja constantemente de los demás, no tiene autoestima y, en realidad, se queja de sí mismo. Quien se siente importante y disfruta del dolor ajeno, lo único que tiene es inseguridad de no estar a la altura de su grupo social elegido. Quien no deja de hablar mal de la misma persona una y otra vez, es porque no cabe en sí de envidia. Quien no deja de señalar las imperfecciones y nunca está de acuerdo con nada, es porque él mismo no se valora lo suficiente. Luego lo niegan, crean nubes de humo con sus máscaras para que no encuentres sus miedos, para que no te fijes en cómo fingen y para no darse cuenta de que a quienes más odian, es a ellos mismos.

Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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