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Sissy: Una Presa Liberada

 

personaje liberada

Relato procedente: LIBERADA

Nombre: Sissy Greymark          Edad: 34 años

Ciudad natal: Chester               Estado: Presa

Descripción física:

Mi cabello negro está rapado por el lado izquierdo y algo más largo por el derecho, no me gustaban este tipo de estilos hasta que llegué a la cárcel y pude comprobar la gama de peinados diferentes que llevaba la gente y la enorme oportunidad que tenía de lograr un cambio de “look” que no me hiciera parecer una niña asustadiza y mimada, así que, creo que doy una imagen de fortaleza con él. Mis ojos negros son intensos, profundos y, en muchas ocasiones, fieros, dicen más cosas de las que me gustaría expresar. Mis labios finos permanecen en pausa, se mueven cuando deben hacerlo y se mantienen sellados cuando es necesario. Mi tez continúa siendo pálida, casi no salimos a la calle y el sol no nos suele dar en la cara aunque recuerde qué se sentía al bañarme con él cada mañana; sigue estando rugosa y seca, dado que, aquí no dispongo de cremas faciales apropiadas para mi piel. Mi cuerpo está más esbelto que antes debido a las comidas de mierda que suelen cocinar en las cárceles, huelen mal y saben mucho peor.

Descripción de la personalidad:

Soy una persona muy diferente a cómo era hace cinco años. Ahora puedo decir que soy una persona luchadora, bastante cauta a la hora de abrir la boca, no soy de las chivatas y suelo solucionar mis propios problemas sin ayuda, tratando de ser estratégica, utilizar la lógica y no caer en chantajes emocionales o mentiras que sueltan otras internas para que hagas lo que quieran o simplemente, para joderte. Suelo tener miedo al futuro sabiendo que nadie me espera al salir, a esa pregunta de qué pasará cuando me dejen libre, cómo seguiré adelante… Pero, como he dicho, mis problemas son solo míos y siempre vivo entre silencio, a nadie más le importa.

Familias desestructuradas:

Tanto Caleb como yo, teníamos familias bastante desestructuradas, quebradas de dentro hacia afuera, habían tantas mentiras dichas y por decir que eran incontables. Desde que tengo uso de razón, mi familia ha sido muy tóxica, rica pero sin un ápice de cerebro o inteligencia, vivos tan solo para gastar y utilizar a su única hija como florero de jardín, no importaba a nadie. Fui una joven solitaria que vivía en silencio, aguantando discusiones entre mis padres, gritos de una madre estirada y demasiado centrada en la moda como para prestarme atención y un padre gruñón que no hacía más que quejarse.

Como era de esperar, se divorciaron dejándome a mí ante un compromiso enorme. Me preguntaban constantemente con quién quería vivir y a quién quería ver de forma más esporádica por el tema de los estudios y los profesores particulares pero, la verdad, no supe qué responder porque cada uno era más irresponsable que el otro, tan solo resoplé y dejé que el Juez dijera lo que quisiera, al fin y al cabo, yo era un mueble más en las decoraciones de sus casas. Mi padre asumió el cargo, dado que mi madre, no quiso hacerlo, según ella, era demasiado mayor como para cuidar a una niña consentida y desperdiciar el resto de su vida para no obtener nada, así que, viví con un hombre tirano, borracho, violento y sin fuerza de voluntad para seguir adelante.

Independencia:

Tras un tiempo viviendo con mi padre, aguantando cada una de sus facetas y cambios de humor, conocí a Caleb y juntos, decidimos comprar un pequeño estudio en el centro donde esperábamos empezar una nueva vida, llena de agradables sorpresas, casarnos, quizá tener hijos y hacernos viejecitos juntos, bueno, como la mayoría de las parejas planean… No puedo decir que el dinero para ello lo tuviéramos de un día para otro pero ahorramos mucho en el tiempo en el que seguimos con nuestros padres trabajando en lugares en los que se sirve comida basura, restaurantes, floristerías, librerías, cafeterías… creo que cambiamos de trabajo bastante a menudo pero, entre los dos, podíamos tener suficiente para comprar un estudio en el que vivir de forma definitiva, incluso, teniendo hijos.

Nadie se disgustó por nuestra marcha, mi padre estaba encantado de no tener que cargar conmigo, mi madre ni se enteró debido a un tío que se había ligado hacía poco y con el que se había ido a Egipto de vacaciones pagadas y los padres de Caleb no le echaban mucho de menos en Viena, así que, decidimos empezar una nueva vida sin el lastre del pasado: casa nueva, trabajos nuevos y situaciones nuevas. Durante siete años todo fue bien, el carro empezó a descarrilar debido a un descuido, a una herencia por parte de padre, a una circunstancia que me llevó a uno de los lugares más oscuros en los que pude caer.

Algo que olvidar:

Empecé a beber para olvidar todo lo que había ocurrido con mi familia. Al principio, tan solo fue un vaso de nada pero, noté que me sentía mejor, más relajada, así que, al día siguiente, decidí repetir. Cada vez, me hacía menos efecto la copa, ya necesitaba dos o tres para pillar el toque, para sentirme algo sedada y olvidar que existía; después de esto, para mí no era suficiente beberme una botella, necsitaba más, mi cuerpo me pedía alcohol incluso en el trabajo, me escapaba para beber un poco en los baños y sentirme otra vez en suspensión, la sensación que más adoraba del día.

Recuerdo que ni siquiera un abrazo de Caleb me aliviaba tanto como un vino tinto, recuerdo que la ginebra era un gran somnífero que me dejaba K.O. y el chicle era el que me acompañaba a casa para que mi compañero de aventuras no se diera cuenta de mi problema. Mi vida se volvió una mentira, yo misma me miré en el espejo y vi a mi padre, yo misma me había fallado y no podía soportar ese peso sobre mis hombros, tampoco que Caleb lo aguantase por mí, no era justo… Nadie supo de mi problema hasta que la cagué todavía más y las cosas empeoraron.

Encarcelada como un animal:

Todavía me viene a la mente lo que pensé al cruzar esas rejas de la calle, recuerdo que todo me daba igual y que llegué a pensar que me lo merecía. Hacía poco, había tenido a una niña, preciosa, agradable al rodearla con los brazos y, a la cual, me quitaron para venir aquí debido a mi embriaguez al volante y al haber atropellado a una mujer, estaba bastante grave en el hospital. Cinco años de condena fueron suficientes para cambiarme la vida, para ser distinta, dura, fiera, para causar miedo entre las presas pero, no era más que una niña mimada con aspiraciones de una grandeza que no llegaría en años, tan solo era una ex alcohólica que mataría por un trago de whisky.

Éramos como animales salvajes en el desierto, nos mirábamos con desprecio, con desdén, nos gritábamos, nos robábamos, nos hacíamos daño… incluso, puedo recordar cómo me rompieron las costillas en una pelea. Nunca había tenido aquellos sentidos primarios tan agudizados como en aquel lugar, muchos hacíamos cosas de las que no estábamos orgullosos pero nadie nos juzgaba, nadie pretendía que fueses de otra forma porque ellos también habían pecado. Había que ir con cautela, hablando en momentos justos, no mirar a nadie a los ojos y seguir tu propio camino, nada de hacer amigos ni de comportarte como lo harías en la vida diaria, había que convertirse en otra persona y, para mí, no tenía ni marido ni hija, necesitaba que fuera así para sobrevivir en aquel antro del demonio.

Una libertad amarga:

Tras cumplir cinco años de condena, por fin pude ver cómo ponía los pies en el suelo de la calle, respirando el aire fresco y con el corazón acelerado debido a la duda de si alguien me esperaría en casa, tuve mi respuesta cuando llegué y vi nuestro antiguo estudio vacío, desolado, lleno de polvo y sin un solo mueble. Todo el esfuerzo, dedicación y cariño que le dimos a aquel precioso estudio, se había vuelto gris, había desaparecido por completo y no cabía en mí de tristeza, tanta que no me salían ni las lágrimas.

Tuve suerte al encontrar una guía de teléfonos en una de las esquinas del salón, tirada en el suelo, quizá esperando que yo me fijara en ella. El apellido de Caleb figuraba en una de las páginas y pude comprobar que se había cambiado de barrio, el cual, descubrí más tarde que era el de ricos y que su economía se había equilibrado bastante para poder permitirse una mansión como aquella. Las ganas de ver a mi familia se esfumaron al ver a Caleb mirándome al abrir la puerta, perplejo, sin siquiera esperarme sabiendo que hoy era mi día de puesta en libertad, lo peor es que ni se había acordado, conocía perfectamente esa cara… No me dejó ver a Janna, según él no era buen momento. Pero lo que me terminó de romper por dentro fue ese anillo de casado y su confirmación de que estaba con otra persona con la que mi hija conjeniaba, había formado su propia familia y ni siquiera se había dignado a contármelo. Aquel fue el punto y final de mi vida, por ello, decidí volver a mi hogar.

Vuelta al hoyo:

Pude comprender que para las presas, no había una vida a la que volver, nadie te esperaba tantos años al otro lado de las rejas, nadie hace un esfuerzo para volver a sentirte entre sus brazos, nadie es lo suficiente bueno como para esperarte… así que, rompí las ventanas de un coche de policía y les agredí con el bate de béisbol. Cuando me pusieron las esposas, ni siquiera opuse resistencia, tan solo sonreí al ser capturada, volvía a mi casa…

Aquel era el lugar al que había pertenecido a lo largo de mis cinco años de condena, me había moldeado, incluso cambiado de peinado, las presas me conocían, muchas de ellas me temían y era en el único sitio donde te trataban como a una igual, comías la misma mierda y te sentías igual de sola, con esperanza de salir o no pero con el tiempo suficiente como para plantearte qué hacer cuando salgas. Me cayeron diez años esta vez, estaba segura de que a nadie iba a importarle demasiado, así que, iba a dejar que pasaran los días…

Un futuro en casa:

Sé que estoy sola y voy a seguir estándolo, ya no hay nada que me espere fuera, ni siquiera una niña pequeña que conoce a su madre porque, a la única que sabe que existe es la mujer casada con Caleb, mi llegada la desequilibraría, la haría preguntarse muchas cosas que no sería capaz de responder y tampoco sería muy apropiado. Mi futuro se resume en dos simples palabras: esperar y sobrevivir. Quizá, cuando termine mis actuales diez años de condena, mate a alguien para llegar a cadena perpetua o incluso, dejar que me maten en algún baño de mujeres… sí, sería gracioso.

Mi hogar es el lugar en el que elijo pertenecer, es el que me ha hecho quién soy, sentirme parte de él aunque te traten como si fueras un animal sin derechos, aunque no haya nada más que oscuridad y te la cargues siempre que alguien decide joderte la vida. La cárcel es un lugar mucho más que horrible, es resbaladizo, es caótico, difícil y muy pesado, tiende a sacar lo peor de ti, aquello que ni imaginabas que existía y se lo muestra al mundo para que sepan con quién no se debe jugar…