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De Vuelta al Principio:

de vuelta al principio

No puedes ver esos ojos tras la máscara, esa cara malvada que se esconde, esa mirada que te produce pavor, junto a esas palabras de falsedad. Somos víctimas de una sociedad hipócrita, es mejor cuando otros no oyen nuestras quejas, es agradable contemplarles sonrientes sin saber lo que han dicho a nuestras espaldas. Caminan con impertinencia, con la cabeza bien alta, sin saber que los demás nos hemos dado cuenta de esa falsedad que habita en cada una de sus facetas. Ni siquera unas palabras de alivio pueden mejorar la situación, una ofrenda de paz o una mirada complaciente, no hay sabor más amargo que la traición.

Cuando te das la vuelta, ahí están, observando en la penumbra. Escuchan, analizan y hablan a tus espaldas, no hay nada más en sus vidas que simples críticas, quejas constantes de los demás cuando se están mirando en un espejo. Puede que no se soporten a sí mismos y necesiten juzgar a los demás sin motivo aparente o, quizá sea el ansia de ser importante lo que les lleva a hablar de lo que no entienden. El miedo les ciega, la cobardía es el pilar fundamental en sus relaciones y todavía se preguntan por qué los demás les ignoran.

Sonrisas falsas, ofrendas para olvidar lo ocurrido, bromas sutiles para contentar a aquel al que han criticado, no se dan cuenta de que no hay forma de olvidar. Te dicen cosas bonitas, te dan las gracias mil veces, e incluso, se sientan contigo a hablar como si nada, cuando sus palabras han sido como dagas en tu espalda, intentas quitarlas pero permanecen dentro. Lo únido que se te pasa por la cabeza es la forma de evitarles, de apartarles de tu vida, de tu día a día, pero es como si nacieran de los árboles, se reproducen tan rápidamente que abruma, jamás podrás escapar de ellos…

Abres los ojos y te das cuenta de que has vuelto a empezar de nuevo aquello que terminaste en su día, aquello por lo que te cabreabas, ha vuelto a tu vida de la nada sin quererlo, como si lo atrayeras de alguna forma, como una especie de imán. Te contienes porque no tienes otra opción, respiras una incomodidad manifiesta en el aire, sientes hasta en los poros de tu piel cómo deseas evadirles, distanciarte, ahorrarles el sufrimiento de ser ellos mismos. ¿Qué pensarán de mí si descubre que he hablado a sus espaldas? Vaya problema el suyo, ¿verdad? Sus mejillas enrojecerían, probablemente, trataría de permanecer lo más alejado posible, cambiaría sus horarios para no verte, e incluso, sería capaz de hacer que le despidieran.

Quien critica a los demás, se mira a un espejo. Quien se queja constantemente de los demás, no tiene autoestima y, en realidad, se queja de sí mismo. Quien se siente importante y disfruta del dolor ajeno, lo único que tiene es inseguridad de no estar a la altura de su grupo social elegido. Quien no deja de hablar mal de la misma persona una y otra vez, es porque no cabe en sí de envidia. Quien no deja de señalar las imperfecciones y nunca está de acuerdo con nada, es porque él mismo no se valora lo suficiente. Luego lo niegan, crean nubes de humo con sus máscaras para que no encuentres sus miedos, para que no te fijes en cómo fingen y para no darse cuenta de que a quienes más odian, es a ellos mismos.

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Rebecca: Amor Perdido

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Relato procedente: “CUERPO”

Nombre completo: Rebecca Ribers.      Edad: 28 años.

Ciudad natal: Cardiff.                              Profesión: Fotógrafa.

Descripción física: 

Mi cabello negro intenso es corto, rapado por el lado izquierdo, algo enmarañado y deshecho, no me gusta dar la sensación de darle demasiada importancia a mi aspecto, aunque sí la tenga. Mis ojos son del mismo color que el cabello, ahora rezuman tristeza y algo de inquietud preguntándome qué haré con esta soledad que ahora embriaga mi vida, mientras mis labios gruesos ya no encuentran a su otra mitad. Mi tez sigue siendo igual de pálida que cuando nací, tampoco soy persona de ponerme al sol, así que, creo que está justificado y, bueno, mi cuerpo sigue siendo esbelto, normalmente, adornado con pantalones rotos, chupas de cuero, cadenas y collares de plata.

Descripción de la personalidad:

Por lo general, soy desconfiada, cuido de mí misma y tiendo a ser bastante egoísta con aquellos que no se merecen mi cariño. Consigo el respeto de los que me rodean, mi presencia suele intimidar y, aunque no sea así en absoluto, me gusta que los demás lo crean, autodefensa sería un buen sinónimo a utilizar. No muestro debilidad hacia nadie, tan solo lo he mostrado con la única persona que lo merecía, tampoco me gusta mostrar ninguna de mis buenas facetas porque todo el mundo tiende a juzgarte, nadie te toma en serio y terminas sufriendo, así que, digamos que utilizo varios patrones útiles para sobrevivir en la sociedad, patrones que ni siquiera me definen.

Una soledad impuesta:

Desde niña, sentía que no formaba parte de este mundo, que no encajaba en los estándares habituales de la sociedad, mi mente estaba llena de “por qués” sin respuesta. Mi madre era una drogadicta que, por mucho que fuera a desintoxicación no le servía para nada, su compañera más leal era la heroína y nadie podía hacer que se rehabilitara, ni siquiera yo, de hecho, muchos se sorprendieron de que naciera sana, mi madre no pude resistir mucho tiempo estando sobria. Mi padre nos abandonó en cuanto tuvo oportunidad, ni siquiera me acuerdo de su cara y todavía estoy decidiendo si valió la pena conocerle o no, saber quién era o habría sido, imaginar nuestra relación padre-hija.

En ocasiones, solía jugar a que tenía otros padres con muñecos que me dejaban mis compañeros de clase, todo parecía menos jodido y mucho más interesante. Me mentía a mí misma para sentirme mejor, para olvidar que, al llegar a casa, habría alguien que ni siquiera me prestaría atención, ¿a caso a mi padre le dolió irse? ¿A caso pensó en cómo me afectaría a mí? Soñaba con la posibilidad de conocerle, de ser parte de su vida cada día al despertar pero, cada vez, me sentía más alejada de la respuesta.

Independecia forzada:

Hice lo que cualquier buena hija habría hecho por su madre: quitarle la droga para conseguir que mejorara, error que jamás volví a cometer. Empezó a tener un síndrome de abstinencia tan grave que casi me mata con un cuchillo para conseguir que le devolviera la droga, así que, no tuve otra opción que hacerlo. En cuanto volvió a ponerse ciega, vino a decirme cuánto me quería. En ese preciso momento, comprendí que debía irme si quería sobrevivir y tener una oportunidad en la vida…

Vendí drogas durante un tiempo, tanto que llegué a engancharme a la abundancia económica que esta me proporcionaba, en cuanto me di cuenta, ya tenía el dinero suficiente para alguilar un piso grande y lujoso para vivir como yo quería y tener algo ahorrado hasta que pudiera dedicarme de lleno a la fotografía. De momento, los yonkis me pagaban las facturas y, mientras permaneciera en perfil bajo, todo iría a pedir de boca, no tenía que llamar la atención. Dejé a mi madre en cuanto me hube mudado por completo y no volví a pisar su casa jamás, empecé a pensar en mí misma y dejé esa parte de mi pasado atrás, como si no hubiese existido, actuaba como una joven huérfana que no tenía a nadie en la vida.

Una luz al final del túnel:

Empecé a tener un insomnio tan pronunciado que necesité pastillas para dormir, bastante fuertes. Me sumían en un estado de completa armonía, de paz, de felicidad fingida pero que era suficiente para mí, era como creer que todo iba bien, incluso, sentía que tenía una compañera cerca cuando la necesitaba, estaba tan sola que ya no distinguía qué era bueno y qué no, empezaba a caer en un pozo que gritaba mi nombre, empezaba a ser mi madre. Llegué a sentir tanta vergüenza de mí misma que no podía mirarme al espejo, que no podía creer cómo había llegado al punto de dejar que mis ojos se dilataran tanto, de matar por una pastilla y esnifarla cuando no tuviera más opción, estaba desesperada, totalmente enganchada.

Pero una pequeña luz se acercó a mí a paso lento, tenía una sonrisa preciosa, una manera de reír muy particular y unos ojos tan azules que podían eclipsar una habitación entera, tenía personalidad, carisma, era ignorante y tan inocente que tan solo me daban ganas de besarla sin saber por qué, todo me atraía a ella, a su mirada, a su cuerpo esbelto y su cabello negro. Susan me gustaba mucho, me hacía sentir segura a su lado aunque fuéramos despacio en nuestra “relación”, ni siquiera hablamos de ello, tan solo nos dejábamos llevar por nuestros deseos, por lo que queríamos en ese preciso momento. Apartó las pastillas de mi vida poco a poco, sin que me diera cuenta, me mantenía entretenida, me acariciaba el cuerpo y dejaba que fuese parte de mí, se reía conmigo y contaba unos chistes malísimos, se escondía en el armario y tenía que encontrarla para al final, terminar besándola apasionadamente como respuesta. En pocas palabras, Susan me salvó la vida, me salvó de mí misma y se lo debía todo…

Mi musa:

Empezó a ser mi musa, ella posaba para mí. Llegué a hacer obras de arte con las fotografías que le hacía, conseguí un trabajo muy bien pagado en una empresa de fotografía, tan solo me querían a mí para el puesto y fue una oportunidad única gracias a Susan. Pude dejar atrás la venta de droga para llevar a cabo el talento para el que nací, para lo que me llenaba de verdad, pasaba el día en la oficina pero sentía que valía la pena. Con ello, podía notar que daba por sentado mi “relación” con Susan, se quedaba la mayor parte del tiempo sola, dado que, no tenía muchas amigas y las que tenía estaban lejos, su familia creía que ella era un poco tonta y por ello, casi no hablaban con ella, tan solo los fines de semana cuando iba a verles por simple obligación.

A Susan le encantaba posar, hacerse la interesante, nos hacíamos “selfies”, sonreíamos a la cámara, hacíamos vídeos graciosos, todavía tengo algunos momentos compartidos en mi ordenador que olvidaré borrar. La fotografía siempre estuvo presente en cada momento de nuestra relación, formábamos parte de ella, incluso, en los momentos íntimos o privados, era como una experiencia más de todas a las que ella no se sometía por vergüenza pero, al menos, la hacía sonreír.

Una muerte prematura:

Tenía veinte años, todavía era algo así como una niña inocente. La encontré muerta en el suelo de su casa, había sangre por todas partes y no pude hacer otra cosa que quedarme inmóvil mientras recordaba los mil momentos que pasamos juntas y sin arrepentirme lo suficiente por haber pasado los últimos cuatro días en el trabajo sin poder verla porque era un negocio importante. Ahora, se había ido. Tan solo podía pensar en esos momentos irrecuperables, en las lágrimas que no eran capaces de salir a través de mis ojos debido al shock existencial que tenía en aquellos instantes, recordaba cada pequeño detalle que compartimos, cada pasado haciéndose tan presente.

Se la llevaron en una bolsa negra, dejando atrás una mancha de sangre roja, esa huella en mi memoria que recordaría siempre. Tras limpiarla, no podía dejar de observar la madera, esperando oír su voz, su risa estridente, su cuerpo encima del mío, un beso que quitara el hipo… pero nada de eso ocurrió en las horas siguientes, incluso durante la noche, permanecía sentada en el sillón mirando el suelo donde había yacido Susan sin poder creer que ya no volvería a entrar por la puerta. Se había ido para siempre, dejando el silencio tras de sí, insoportable, ruidoso, estremecedor, inquietante…

Un futuro absorto de soledad:

Volvía al mismo sitio donde había empezado, a esa soledad obligada con mi madre, con el padre que se fue para no volver y una casa tan grande donde se oía prácticamente todo y nada a la vez, donde el silencio y la soledad podían comerte en cualquier momento. Se me cae la casa encima, no puedo acostarme en la misma cama donde dormíamos las dos y el sofá es, más bien, incómodo; las luces del pasillo permanecen apagadas, ya nadie se sienta en la habitación del fondo a escribir su diario…

No puedo evitar echarlo todo de menos, tantas cosas que no puedo olvidar, muchos recuerdos que me gustaría tocar pero que se escapan de mis manos cuando vuelvo al presente, a la realidad de que no está. Miro hacia el cielo buscando respuestas, tratando de equilibrar mis pensamientos y el deseo de matar a quién haya provocado semejante acto atroz sin saber con certeza si, algún día, le encontraré para mostrarle el dolor que ha causado en su propia piel, mientras sonrió al verle gritar…

 

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Cuerpo:

cuerpo

Estaba de pie, mirándola, inmóvil. La sangre salía con impaciencia de su cabeza inundándolo todo de un color rojo intenso, sus maravillosos ojos azules, ahora permanecían cerrados y sus cálidos labios, ahora estaban abiertos tras expirar su último aliento. Su cabello castaño estaba enmarañado y ahora tintado de rojo, estaba inerte en el suelo de su casa, nadie más sabía que su cuerpo yacía tendido allí, nadie se había percatado de su falta al trabajo, a la cafetería donde iba cada mañana y a casa de sus padres cada fin de semana, nadie se había percatado de su ausencia, quizá porque ella tenía razón al sentirse inexistente.

El hedor que irradiaba su cuerpo era penetrante, señal de que llevaba algo más de tres días fallecida, su preciosa cara parecía hecha de cerámica, aquella que no pude ver durante estos días porque estaba ocupada en el trabajo y ni siquiera pude vernir a verla. No tenía ni un solo mensaje en el contestador dado por alguna preocupación de un amigo o familiar, nadie la había llamado para saber cómo estaba, para saber si estaba bien o había faltado por alguna razón, nadie prestaba atención a alguien tan dulce y, a la vez, tan invisible. Sonreí al recordar cómo era su risa, a veces estridente, otras casi ni se le oía pero podía iluminar una habitación con tan solo una sonrisa, aunque nadie más se percatara de ello.

Era inocente, a veces, ignorante, inquieta hasta el punto de pasearse arriba y abajo por una calle transitada para tener algo que hacer durante sus mañanas libres, no podía yacer en la cama tranquilamente mientras veía una película, era incapaz de aquietar su mente ni un segundo. No sabía mentir, tampoco evadir las preguntas directas, no era capaz de reconocer el sarcasmo y siempre me miraba a mí para que la salvara de una situación incómoda. Muchos nos consideraban pareja, pero simplemente nos lo pasábamos bien juntas, aunque un beso no significara tanto para ella como para mí, nunca había estado con una mujer, ni siquiera le atraían los hombres, era un espíritu libre e inocente que no había utilizado nunca la palabra “sexo”, siempre se ponía roja y no entendía por qué, tenía esa ignorancia que tanto prenominaba en ella y que la hacía cada vez, más atrayente.

Recuerdo su mirada perdida cuando íbamos al lago cerca de la casita de madera donde veraneaban sus padres, la cautivaba, la hacía sentirse viva, diferente, eclipsada… Una noche, nos bañamos desnudas y no pudo hacer otra cosa que ponerse roja y fingir que no se sentía atraída por mí, tenía tanta vergüenza que sería incapaz de pedirme que le diera placer allí mismo. No pude evitar besarla, era tan tierna y estaba tan decidida a perderse entre mis idas de olla, que quería recompensarla de alguna forma. Nunca se apartaba, señal de que le gustaba, sus mejillas se enrojecían y nos sentíamos como si flotáramos, nada de lo que había alrededor existía ya… Rodeó sus brazos en mi cuello y dejó que acariciara todo su cuerpo mientras la besaba, sin ser consciente de que me había dado el permiso de amarla tal como era.

Ahora, se la llevaban los de emergencias en una bolsa negra y, en el suelo, tan solo quedaba la huella de su cuerpo. Me quedé sentada en uno de los sillones de su salón mirando aquella mancha roja que había dejado su sangre sin saber con exactitud qué había ocurrido allí mientras yo no estaba. Las preguntas de los detectives sonaban tan vacías que nada de lo que dijesen me resultaría útil, los suspiros al tratar de entender cómo una chica tan joven muere a manos de a saber quién tampoco ayudaban y la cantidad de gente que toqueteaba sus cosas sin permiso, merecían que les echara a patadas, ya no había nada más que ver aquí.

Tras un día entero observando esa mancha de sangre y pasando la noche en vela, trato de convencerme de que ella sigue aquí, en alguna parte, en alguno de sus escondites favoritos como el armario de la ropa o uno de los cajones de la cocina, pero ya no oigo su voz, tampoco su risa y, mucho menos, todo su cuerpo cerca del mío… es como si me hubiesen arrancado un brazo y no lo fuese a sentir nunca más. Limpio la mancha pero, aunque ya veo la madera de debajo, no puedo olvidar nada de lo que ha ocurrido, permanece en mi mente como un parche incapaz de quitarse, una mancha de sangre que te persigue para siempre…

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A Pequeños Pasos:

vegan

Dándole vueltas a cómo empezar este post, creo que la mejor forma de hacerlo es diciendo que la alimentación es un pilar importante en nuestra vida diaria, es la que determina nuestra salud, cómo nos afectará dentro de unos años y cómo nos sentimos nosotros mismos comiendo ciertas cosas. Hay muchos puntos de vista en cuanto a esto y todos son igual de aceptables, no hay que apartar a ninguna persona porque coma carne y tú no, al igual que no hay que dejarle de hablar a un vegano porque no coma huevos, por ejemplo. Tampoco creo que haya que esperar al momento oportuno para empezar a pensar en uno mismo y comer debidamente, cualquier momento es el adecuado para hacer un cambio en tu vida para que sea algo más sana.

Hace un par de semanas, Fabio me comentó de una forma simpática y bastante inocente, el hecho de hacernos veganos. Le pregunté varias veces si estaba seguro y si era consciente de lo que implicaba ser vegano y me dijo que sí, entendía perfectamente tanto el proceso como el efecto en nuestra salud al comer carne o pescado, por ejemplo. Además de esto, empezamos a leer en varias revistas un tiempo atrás, cómo matan a los animales (ya sean cerdos, vacas, toros, pescado en general…) y cómo sufren para que nosotros podamos alimentarnos y, la verdad, nos dolió mucho ver algo semejante. En el trabajo, matan langostas y cangrejos vivos allí mismo y, bueno, soy incapaz de verlo, así que, pensamos que era un buen momento para dar un paso adelante, tanto por los animales que conforman este planeta como por nuestra salud.

Debido al trabajo, estábamos llevando una alimentación basada en carne, pescado, algunas legumbres, arroz, pasta y bastantes dulces por su combustión rápida, lo cual, tiende a dar energía cuando estás cansado, esto ha provocado que, la primera semana, sea un poco dura. Estamos en constante movimiento y en Edimburgo hace mucho frío, así que, debemos planificarnos muy bien las comidas para poder darnos ese aporte extra de calorías que necesita nuestro cuerpo. Llevamos dos semanas sin comer carne y varios días sin probar dulces, esto último está siendo difícil, notas como una especie de síndrome de abstinencia de azúcar bastante incómodo que espero que se pase la semana que viene, incluso, tiendes a sentirte más cansada de lo habitual hasta que tu cuerpo elimina todo el azúcar ingerido hasta el momento. Estamos disminuyendo la ingesta de pescado poco a poco porque no queremos ser muy radicales y que nuestro cuerpo se impacte, así que, un paso detrás de otro… Hemos decidido que seguiremos comiendo huevos por su gran aporte de proteínas tan necesarias, en nuestro trabajo nos movemos muchísimo, así que, creo que es acertado dejarlos en nuestra alimentación (de hecho, me parece demasiado radical quitarse los huevos para ser vegano, pero opiniones hay infinitas).

Nos estamos dando cuenta de la cantidad de recetas veganas que podemos encontrar en revistas dedicadas únicamente a esto y lo mucho que nos están ayudando a planificar las comidas. También hay que estar pendientes de los nuetrientes que nos aporta cada alimento y estar atentos para que no nos falte ninguna vitamina, por ello, estamos a la espera de comprarnos la vitamina B12 y la vitamina C. Nos sentimos más deshinchados y no dejamos de ir al baño (es un efecto que ya tuve cuando fui vegetariana, así que, es bastante normal), un poco ansiosos al quitarnos ese chute de azúcar pero motivados al poder ver que esta alimentación realmente funciona. El cuidarse a uno mismo no debería ser un capricho, sino un orgullo y una forma de quererse…

Estoy encantada de ver nuestro carro de la compra impregnado de verde y de los diferentes colores de las frutas, me siento bien viendo productos veganos que pueden ayudarnos a hacer unos mejores platos, dado que, ahora no es tan raro como antes conocer a gente vegana, hace tiempo, era difícil ver productos veganos que la gente pudiera comprar, se las tenían que ingeniar para combinar verduras y demás, ahora no es un problema. Me encanta el poder comprar más frutos secos, más semillas, legumbres (porque me encantan) y comprobar que las recetas son mucho más sencillas que incluyendo las famosas carnes. Hay que tener en cuenta también el hecho de que un producto que sea vegetariano o vegano, no tiene por qué ser saludable, dado que, muchos de estos, son ultraprocesados que no nos van a hacer ningún bien. Por ello, nos retrasamos un poco más en el supermercado mirando las etiquetas de lo que compramos, no obsesivamente, sino para ser conscientes de lo que comemos y de que sea lo más natural posible.

Me siento muy bien al saber que estamos contribuyendo a que los animales puedan vivir, me parece muy cruel que se diga que nosotros somos los que estamos en la posición más alta de la cadena alimenticia cuando podrías estar delante de un león y cambiar esa perspectiva en menos que canta un gallo. No somos superiores a los animales, que no hablen no significa que no sufran o que no tengan sentimientos, todos somos seres vivos y, así como nosotros nos merecemos un lugar en el mundo, ellos también. No pueden decidir porque no pueden comunicarse, es lo único que nos diferencia, pero estaría bien respetarles como seres que habitan el planeta, parece que se obvien y en la cultura esté programado que matarlos es normal porque los humanos tenemos hambre y nos encanta la carne y el pescado. Repito: hay opiniones para aburrir, no digo que esta sea la única válida.

A raíz de todo esto, pensé que sería buena idea incluir una categoría más en el blog como es la alimentación, así puedo hablar sobre nuestras experiencias, recetas, cómo nos vamos sintiendo, aconsejar vitaminas naturales, productos que hemos utilizado y que nos van bien… En fin, ¡creo que es una buena idea! ¿Vosotros qué pensáis?

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Serie “Limitless”:

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Esta es una de las últimas series que he visto, os la recomiendo pero no es una de las que deberías ver sí o sí, evidentemente, hay otras mejores, lo único es entretenida. “Limitless” tiene una temporada, un final dividido en dos partes y, bueno, creo que es muy típico, el que ya imaginaba, lo cual, me resultó aburrido. Me reí mucho con el protagonista de la serie, es bastante sarcástico, pasota pero con un gran corazón, le encanta ayudar a la gente y eso es una de las cosas que provoca que le vayas cogiendo más cariño al personaje. Nunca había oído hablar de una trama como esta desde la película (se llama exactamente igual) donde del que se habla es del que se hace político en la serie.  Me pareció muy original y no me esperaba para nada muchas cosas de las que ocurren, pensaba que era un rollo de drogas (y, en cierto modo, lo es) pero en el plan narcotráfico o algo tipo “yonki” pero, me sorprendió cómo fue evolucionando la trama.

Os comento un poco de qué va. El joven que veis en la foto, era un tío normal, fumaba marihuana, no tenía ningún futuro, saltaba de trabajo en trabajo temporal y siempre le despedían. Tenía una banda de música pero, poco a poco, se fue distanciando y se quedó como solista mientras veía a sus hermanos triunfar en la vida y a su padre cada vez más avergonzado de él, dado que, todavía vivía con su familia. Un día, encontró a uno de sus antiguos compañeros de banda, el cual, parece haber triunfado mucho en la empresa donde ha empezado a trabajar como alguien que se dedica a archivar, básicamente. Le ofrece una droga que a él le ha ayudado a mantenerse más centrado, a activar el cerebro literalmente, a observar con mayor detalle, a oírlo y verlo todo, a estar colocado de inteligencia. Esta droga se llama NZT, tiene doce horas de efecto, le da unas resacas horrorosas y tiene un sinfín de efectos secundarios para las personas, desde psicosis hasta la muerte. Digamos que es bastante fiel a la película.

Al principio, han desarrollado la historia de forma tranquila, dando varios detalles, como si no tuvieran prisa… pero, en cuanto vas por la mitad es como si todo fuese más rápido, a parte de que meter a un político y a un matón de por medio, me descolocó bastante. ¿Por qué iban a fijarse en un tío cualquiera que toma lo mismo que muchos de los “yonkis” de la ciudad? Diría que es una serie bastante básica pero que sabe entretener al que la está viendo, no es de las típicas que tienen un argumento súper aburrido y tienes que cambiar porque no le encuentras el menor sentido, sino que, tiene cierto toque atrayente.

Como he dicho, esperaba el final, totalmente y en mi opinión, creo que algo funciona cuando no sabes lo que va a pasar, cuando te mantienen intrigado y el final da un giro de trescientos sesenta grados. En este caso, no lo ha sido y me decepcionó, esperaba más aún siendo una serie algo básica. La han hecho como si el chaval fuera un héroe que va salvando gente, con los típicos villanos de por medio y una pastilla que le hace ser diferente de un ser humano normal, objetivo que los creadores de la droga querían conseguir: personas más inteligentes y superiores al resto. En ciertas ocasiones, te desespera ver en qué encrudijadas se mete, te inquieta e intriga…

Me gustó que explicaran más cosas sobre esa droga moderna inventada por la película, para ponerte en situación, incluso, puedes ver los efectos secundarios que sentiría un ser humano que decidiera probarla. Me encantó esa perfecta inteligencia que desarrolla al tomar la pastilla porque es capaz de explicar cualquier cosa, te da tanta información que tienes claro de qué va a ir ese capítulo es, incluso, predecible. Pude darme cuenta de que el nombre de la serie va muy a corde con la misma, dado que, no tienes límites en tu cerebro, lo usas en su totalidad, no como un tres por ciento, me hizo hacerme una idea de cuánto abarcaríamos las personas si utilizáramos el cien por cien de nuestro cerebro, ¿os lo podéis imaginar? Seríamos genios…

Como siempre, os voy a dejar un vídeo de la película y otro de la serie para que decidáis si vale la pena verlas o no. A mí, en general me gustó, aunque cambiaría algunas cosas como las que he comentado:

Trailer película: https://www.youtube.com/watch?v=cNryqkC5x00

Trailer serie (inglés): https://www.youtube.com/watch?v=_2rNUsii7Mk

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Cómo Llevar una Relación a Distancia:

como llevar una relacion a distancia

Me apetecía mucho hablar sobre esto porque hay varias cosas que recuerdo de esos momentos en los que Fabio y yo estuvimos alejados el uno del otro durante unos nueve meses o algo más. Pienso en los pequeños errores que pudimos haber cometido emocionalmente y creo que cada vez, voy aprendiendo un poco más de ello; hay mucha gente que tiene este problema, parejas que se han distanciado por temas de trabajo y estudios pero que siguen manteniendo su relación a distancia, es difícil pero se puede hacer algo más llevadera si no te permites llegar a ciertos límites. En este caso, me gustaría ayudaros en esta situación si alguien ha pasado o está pasando por algo así, empatizo porque sé que es duro estar a kilómetros de esa persona que te hace sonreír cada día y te manda mensajes de buenos días…

Creo que una de las cosas a comentar, sería el no desesperarse. Este fue un fallo mío bastante recurrente, dada la difícil situación en la que me encontraba con mi familia, tenía ganas de seguir adelante y formar una vida con Fabio, evidente. Me sentía desesperada constantemente porque las visitas de un par de días cada fin de semana o cada dos, ya no eran suficientes, quería más y no podía tenerlo, mi única opción era esperar. Si te desesperas, va a ser peor porque tú misma te creas un abismo de ansiedad que eres incapaz de controlar, te sumes en la tristeza, en que las cosas deberían ser distintas y en que tan solo quieres estar con esa persona, sin fijarte en lo que hay a tu alrededor o en las personas que te están ayudando a sobrellevarlo. Es importante llevarlo con calma.

Otra de las cosas que apuntaría para llevar una relación a distancia sana, sería el no presionar al otro. Ambos pasáis por una circunstancia difícil y más cuando lleváis juntos mucho tiempo, así que, lo que menos hay que hacer es forzar las situaciones para que sean como tú quieres porque puedes provocar que la otra persona se enfade y, estando a distancia, te va a crear más ansiedad que no te conteste a esos mensajes confusos y desesperados que le mandas para intentar que no se enfade contigo. En mi caso, presionaba sin darme cuenta y tuve que contenerme un poco, por mucho que deseara que todo cambiara a mejor, teníamos que aguantar como estábamos sin poder ver otra salida.

Disfruta de los pequeños y fugaces momentos en los que podéis estar juntos. Aconsejo que no os amarguéis en esos pequeños instantes que podéis veros en persona pensando que ya no os veréis otra vez hasta no sabéis cuánto tiempo, sino que, disfrutéis de ese tiempo que os han regalado para estar juntos, tal y como decidisteis hacer en su día. Id donde habíais planeado ir, contaros las útlimas novedades que no habéis podido comentar por teléfono, abrazaros, besaros cuanto podáis y sentiros cercanos hasta la siguiente pausa. Para mí era fácil estar súper contenta con Fabio porque simpre me hace reír, lo que no soportaba eran las despedidas, me volvía en el autobús llorando y, al final, olvidaba lo bien que me lo había pasado durante esos dos mágicos días.

No os lo digáis todo en las llamadas de teléfono. Preguntaréis, ¿y por qué no? Es extraño pero, cuando ya lo has contado todo por el móvil, cuando estéis juntos, ¿qué os vais a contar? No sé si alguien lo habrá experimentado pero, se crea una especie de silencio en el que tendéis a miraros como diciendo: “bueno, ¿y qué le cuento? Ya sabe hasta lo que he desayunado esta mañana…” y tiende a ser una visita o una unión después de un tiempo, algo incómoda tan solo por el hecho de haber contado más de la cuenta por teléfono. Me ha pasado pero Fabio tiende a dar mucha conversación, así que, no fue problema… jeje.

Calmaros con el dichoso “Whatsapp”. Digo esto no por mí, sino porque lo he visto con muchas parejas. Enfados tontos porque la otra persona no ha respondido a un mensaje, montándose películas de que le estaba siendo infiel, que era un cerdo, que ya ves tú qué hacía ella esperándole… y resulta que estaba dándose una ducha y tenía el móvil en silencio. Así que, calma por favor, que estéis distanciados no quiere decir que el otro tenga que estar pendiente del teléfono las veinticuatro horas del día para responderte, tiene otras cosas que hacer. Además, en este tipo de aplicaciones, se malentiende todo y algo que parece un comentario normal, tiende a parecer una acusación de la que el otro trata de defenderse y no es nada por el estilo. Os aconsejaría que hablárais más por teléfono, al menos, os entenderéis mejor.

Los celos os los guardáis en casa. No soy una persona celosa, esto lo incluyo para quién lo sea, dado que, hay personas y carácteres diferentes en este mundo, así que, digamos que prefiero incluirlo para dar una visión más general. Los celos son una conducta muy tóxica en las relaciones, tanto que pueden hacer que una unión muy fuerte entre dos personas se rompa por el simple hecho de no confiar en ella, la base que debe tener una relación siempre: CONFIANZA, si no la hay, no sigas, es inútil. Estáis a distancia, evidentemente cada uno tiene a sus amigos o personas con las que os gusta ir, no vais a negaros porque al otro le pique que lo hagas, de hecho, no debería, pero bueno. Estando celosas, lo que provocaréis desde un principio, será una ruptura bastante prematura, nadie va a estar aguantando actitudes como esta todo el tiempo, ¿verdad? Y quién las aguante, es de ser persona paciente…

Sentirse sensible es muy normal. Esto lo digo por que a mí me pasaba mucho. Cuando ocurría algo importante en mi vida, no podía evitar pensar que no estaba Fabio para verlo o cuando necesitaba que me abrazara por alguna situación que me hacía sentir bastante mal, pues recordaba que no estaba allí para hacerlo. En esos momentos, tan solo tenía más ganas de llorar o ni siquiera me apetecía hablar, tratando de esconderlo de alguna forma porque no quería ser pesada con los demás. Así que, si os apetece llorar, hacedlo, echarle de menos es normal, exterioriza tus emociones…

Recordad que todo se acaba. Os aseguro que la espera se termina y se cumple lo que tanto estabas deseando, creo que soy una prueba viviente de ello. Tras nueve meses de distancia, Fabio me confirmó el día que venía a buscarme para irnos a vivir juntos. En un principio, no me lo podía creer porque llevábamos tanto tiempo esperando que me descolocó pero, cuando lo vi abajo esperándome con el coche, se me iluminó la cara y ya pude creerme que todo aquello iba muy en serio. Pensad que todo llega y no desesperéis, cuando os déis cuenta, estaréis juntos…

¿Habéis tenido una experiencia similar? ¿Estáis pasando por una situación así? Ponedlo en comentarios, ¡os leo!

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Sissy: Una Presa Liberada

 

personaje liberada

Relato procedente: LIBERADA

Nombre: Sissy Greymark          Edad: 34 años

Ciudad natal: Chester               Estado: Presa

Descripción física:

Mi cabello negro está rapado por el lado izquierdo y algo más largo por el derecho, no me gustaban este tipo de estilos hasta que llegué a la cárcel y pude comprobar la gama de peinados diferentes que llevaba la gente y la enorme oportunidad que tenía de lograr un cambio de “look” que no me hiciera parecer una niña asustadiza y mimada, así que, creo que doy una imagen de fortaleza con él. Mis ojos negros son intensos, profundos y, en muchas ocasiones, fieros, dicen más cosas de las que me gustaría expresar. Mis labios finos permanecen en pausa, se mueven cuando deben hacerlo y se mantienen sellados cuando es necesario. Mi tez continúa siendo pálida, casi no salimos a la calle y el sol no nos suele dar en la cara aunque recuerde qué se sentía al bañarme con él cada mañana; sigue estando rugosa y seca, dado que, aquí no dispongo de cremas faciales apropiadas para mi piel. Mi cuerpo está más esbelto que antes debido a las comidas de mierda que suelen cocinar en las cárceles, huelen mal y saben mucho peor.

Descripción de la personalidad:

Soy una persona muy diferente a cómo era hace cinco años. Ahora puedo decir que soy una persona luchadora, bastante cauta a la hora de abrir la boca, no soy de las chivatas y suelo solucionar mis propios problemas sin ayuda, tratando de ser estratégica, utilizar la lógica y no caer en chantajes emocionales o mentiras que sueltan otras internas para que hagas lo que quieran o simplemente, para joderte. Suelo tener miedo al futuro sabiendo que nadie me espera al salir, a esa pregunta de qué pasará cuando me dejen libre, cómo seguiré adelante… Pero, como he dicho, mis problemas son solo míos y siempre vivo entre silencio, a nadie más le importa.

Familias desestructuradas:

Tanto Caleb como yo, teníamos familias bastante desestructuradas, quebradas de dentro hacia afuera, habían tantas mentiras dichas y por decir que eran incontables. Desde que tengo uso de razón, mi familia ha sido muy tóxica, rica pero sin un ápice de cerebro o inteligencia, vivos tan solo para gastar y utilizar a su única hija como florero de jardín, no importaba a nadie. Fui una joven solitaria que vivía en silencio, aguantando discusiones entre mis padres, gritos de una madre estirada y demasiado centrada en la moda como para prestarme atención y un padre gruñón que no hacía más que quejarse.

Como era de esperar, se divorciaron dejándome a mí ante un compromiso enorme. Me preguntaban constantemente con quién quería vivir y a quién quería ver de forma más esporádica por el tema de los estudios y los profesores particulares pero, la verdad, no supe qué responder porque cada uno era más irresponsable que el otro, tan solo resoplé y dejé que el Juez dijera lo que quisiera, al fin y al cabo, yo era un mueble más en las decoraciones de sus casas. Mi padre asumió el cargo, dado que mi madre, no quiso hacerlo, según ella, era demasiado mayor como para cuidar a una niña consentida y desperdiciar el resto de su vida para no obtener nada, así que, viví con un hombre tirano, borracho, violento y sin fuerza de voluntad para seguir adelante.

Independencia:

Tras un tiempo viviendo con mi padre, aguantando cada una de sus facetas y cambios de humor, conocí a Caleb y juntos, decidimos comprar un pequeño estudio en el centro donde esperábamos empezar una nueva vida, llena de agradables sorpresas, casarnos, quizá tener hijos y hacernos viejecitos juntos, bueno, como la mayoría de las parejas planean… No puedo decir que el dinero para ello lo tuviéramos de un día para otro pero ahorramos mucho en el tiempo en el que seguimos con nuestros padres trabajando en lugares en los que se sirve comida basura, restaurantes, floristerías, librerías, cafeterías… creo que cambiamos de trabajo bastante a menudo pero, entre los dos, podíamos tener suficiente para comprar un estudio en el que vivir de forma definitiva, incluso, teniendo hijos.

Nadie se disgustó por nuestra marcha, mi padre estaba encantado de no tener que cargar conmigo, mi madre ni se enteró debido a un tío que se había ligado hacía poco y con el que se había ido a Egipto de vacaciones pagadas y los padres de Caleb no le echaban mucho de menos en Viena, así que, decidimos empezar una nueva vida sin el lastre del pasado: casa nueva, trabajos nuevos y situaciones nuevas. Durante siete años todo fue bien, el carro empezó a descarrilar debido a un descuido, a una herencia por parte de padre, a una circunstancia que me llevó a uno de los lugares más oscuros en los que pude caer.

Algo que olvidar:

Empecé a beber para olvidar todo lo que había ocurrido con mi familia. Al principio, tan solo fue un vaso de nada pero, noté que me sentía mejor, más relajada, así que, al día siguiente, decidí repetir. Cada vez, me hacía menos efecto la copa, ya necesitaba dos o tres para pillar el toque, para sentirme algo sedada y olvidar que existía; después de esto, para mí no era suficiente beberme una botella, necsitaba más, mi cuerpo me pedía alcohol incluso en el trabajo, me escapaba para beber un poco en los baños y sentirme otra vez en suspensión, la sensación que más adoraba del día.

Recuerdo que ni siquiera un abrazo de Caleb me aliviaba tanto como un vino tinto, recuerdo que la ginebra era un gran somnífero que me dejaba K.O. y el chicle era el que me acompañaba a casa para que mi compañero de aventuras no se diera cuenta de mi problema. Mi vida se volvió una mentira, yo misma me miré en el espejo y vi a mi padre, yo misma me había fallado y no podía soportar ese peso sobre mis hombros, tampoco que Caleb lo aguantase por mí, no era justo… Nadie supo de mi problema hasta que la cagué todavía más y las cosas empeoraron.

Encarcelada como un animal:

Todavía me viene a la mente lo que pensé al cruzar esas rejas de la calle, recuerdo que todo me daba igual y que llegué a pensar que me lo merecía. Hacía poco, había tenido a una niña, preciosa, agradable al rodearla con los brazos y, a la cual, me quitaron para venir aquí debido a mi embriaguez al volante y al haber atropellado a una mujer, estaba bastante grave en el hospital. Cinco años de condena fueron suficientes para cambiarme la vida, para ser distinta, dura, fiera, para causar miedo entre las presas pero, no era más que una niña mimada con aspiraciones de una grandeza que no llegaría en años, tan solo era una ex alcohólica que mataría por un trago de whisky.

Éramos como animales salvajes en el desierto, nos mirábamos con desprecio, con desdén, nos gritábamos, nos robábamos, nos hacíamos daño… incluso, puedo recordar cómo me rompieron las costillas en una pelea. Nunca había tenido aquellos sentidos primarios tan agudizados como en aquel lugar, muchos hacíamos cosas de las que no estábamos orgullosos pero nadie nos juzgaba, nadie pretendía que fueses de otra forma porque ellos también habían pecado. Había que ir con cautela, hablando en momentos justos, no mirar a nadie a los ojos y seguir tu propio camino, nada de hacer amigos ni de comportarte como lo harías en la vida diaria, había que convertirse en otra persona y, para mí, no tenía ni marido ni hija, necesitaba que fuera así para sobrevivir en aquel antro del demonio.

Una libertad amarga:

Tras cumplir cinco años de condena, por fin pude ver cómo ponía los pies en el suelo de la calle, respirando el aire fresco y con el corazón acelerado debido a la duda de si alguien me esperaría en casa, tuve mi respuesta cuando llegué y vi nuestro antiguo estudio vacío, desolado, lleno de polvo y sin un solo mueble. Todo el esfuerzo, dedicación y cariño que le dimos a aquel precioso estudio, se había vuelto gris, había desaparecido por completo y no cabía en mí de tristeza, tanta que no me salían ni las lágrimas.

Tuve suerte al encontrar una guía de teléfonos en una de las esquinas del salón, tirada en el suelo, quizá esperando que yo me fijara en ella. El apellido de Caleb figuraba en una de las páginas y pude comprobar que se había cambiado de barrio, el cual, descubrí más tarde que era el de ricos y que su economía se había equilibrado bastante para poder permitirse una mansión como aquella. Las ganas de ver a mi familia se esfumaron al ver a Caleb mirándome al abrir la puerta, perplejo, sin siquiera esperarme sabiendo que hoy era mi día de puesta en libertad, lo peor es que ni se había acordado, conocía perfectamente esa cara… No me dejó ver a Janna, según él no era buen momento. Pero lo que me terminó de romper por dentro fue ese anillo de casado y su confirmación de que estaba con otra persona con la que mi hija conjeniaba, había formado su propia familia y ni siquiera se había dignado a contármelo. Aquel fue el punto y final de mi vida, por ello, decidí volver a mi hogar.

Vuelta al hoyo:

Pude comprender que para las presas, no había una vida a la que volver, nadie te esperaba tantos años al otro lado de las rejas, nadie hace un esfuerzo para volver a sentirte entre sus brazos, nadie es lo suficiente bueno como para esperarte… así que, rompí las ventanas de un coche de policía y les agredí con el bate de béisbol. Cuando me pusieron las esposas, ni siquiera opuse resistencia, tan solo sonreí al ser capturada, volvía a mi casa…

Aquel era el lugar al que había pertenecido a lo largo de mis cinco años de condena, me había moldeado, incluso cambiado de peinado, las presas me conocían, muchas de ellas me temían y era en el único sitio donde te trataban como a una igual, comías la misma mierda y te sentías igual de sola, con esperanza de salir o no pero con el tiempo suficiente como para plantearte qué hacer cuando salgas. Me cayeron diez años esta vez, estaba segura de que a nadie iba a importarle demasiado, así que, iba a dejar que pasaran los días…

Un futuro en casa:

Sé que estoy sola y voy a seguir estándolo, ya no hay nada que me espere fuera, ni siquiera una niña pequeña que conoce a su madre porque, a la única que sabe que existe es la mujer casada con Caleb, mi llegada la desequilibraría, la haría preguntarse muchas cosas que no sería capaz de responder y tampoco sería muy apropiado. Mi futuro se resume en dos simples palabras: esperar y sobrevivir. Quizá, cuando termine mis actuales diez años de condena, mate a alguien para llegar a cadena perpetua o incluso, dejar que me maten en algún baño de mujeres… sí, sería gracioso.

Mi hogar es el lugar en el que elijo pertenecer, es el que me ha hecho quién soy, sentirme parte de él aunque te traten como si fueras un animal sin derechos, aunque no haya nada más que oscuridad y te la cargues siempre que alguien decide joderte la vida. La cárcel es un lugar mucho más que horrible, es resbaladizo, es caótico, difícil y muy pesado, tiende a sacar lo peor de ti, aquello que ni imaginabas que existía y se lo muestra al mundo para que sepan con quién no se debe jugar…

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Liberada:

 

relato libertad

Tras cinco años, por fin había puesto un pie fuera de la cárcel. Era una nueva oportunidad, un nuevo comienzo y un montón de preguntas que todavía no tenían respuesta en mi mente. Me sentía liberada, podía sentir el aire rozar mis mejillas, mientras cerraba los ojos y respiraba profundamente, quería disfrutar el momento. Unos minutos después, andé un poco hasta la parada de autobús que había más abajo y me dirigí a la ciudad, totalmente aterrada, preguntándome si sería capaz de volver a tener una vida normal, si alguien me esperaría al otro lado…

Hacía mucho tiempo que no tenía visitas, tampoco calor humano y, mucho menos, una conversación interesante, incluso, el autobús me parecía silencioso en comparación con el salón de la cárcel donde las internas solían pelearse por cualquier gilipollez. Me era difícil volver a ver toda aquella naturaleza pasando ante mis ojos, aquellas casas repletas de familias que adoraban a sus hijos… empezaba a sentirme como una extratarrestre en un mundo que no llegaba a comprender del todo. En cuanto bajé en mi parada, miré aquel edificio, antes vivía en el segundo piso y esperaba de verdad que todavía hubiera alguien que me esperara. El suelo de la entrada estaba mugriento, descuidado, el portero no estaba en su cabina y las escaleras estaban llenas de polvo, mi corazón palpitaba cada vez más fuerte y mi respiración se volvió entrecortada, pero en cuanto llegué, empujé la puerta de la entrada, la cual, estaba medio abierta y tan solo pude ver un piso vacío, con un sofá descolorido, las paredes agrietadas y una sensación de soledad que podía conmigo.

Tras observar cada una de las habitaciones, encontré una guía de teléfonos y hallé su apellido. Tenía otra dirección, vivía en otro lugar, tan solo era eso… no había ningún problema, pude respirar con normalidad, me sentía aliviada. Conforme pasaban las casas a toda velocidad en el autobús, me di cuenta de que mi marido y mi hija ahora vivían mucho mejor, parecía que se había comprado una casa en el barrio de los ricos. No pude evitar el nerviosismo una vez estuve de pie en la puerta del hombre con el que había compartido siete años de mi vida y esa niña que llevaba tres años sin ver por decisión de él, no quería que nuestra hija viera dónde pasaba su madre esos días interminables. Por fin me aventuré a llamar a la puerta, aquel hombre moreno, con ojos azules y labios carnosos, una barba poblada y su cuerpo esbelto, apareció ante mí. Su expresión me indicó que no me esperaba para nada, también estaba perpleja…

– Veo que no me esperabas… – le dije, con una media sonrisa, algo incómoda pero resistiendo – He salido.

– Verás, ahora no es un buen momento, ¿sabes? – estaba nervioso, incómodo, pensaba que ya no iba a volver a casa – Lo siento.

– ¿Que no es buen momento? – le pregunté, levantando algo más la voz, estaba indignada tras ver esa indiferencia tanto en sus ojos como en sus palabras – He ido a nuestro antiguo piso, ese que compramos juntos hace siete años, estaba vacío, lleno de recuerdos desgarrados, ¡me sentí desolada, Caleb! ¿Qué ha…? – pretendía terminar la frase hasta que vi un anillo de casado en su mano izquierda y lo comprendí todo por fin, bajé la cabeza con los ojos algo húmedos -.

– Sí, eh… Me he casado, vivimos juntos aquí con Janna y…

– ¿Por eso decidiste no volver a verme? ¿Porque habías pasado página…?

– No planeé esto, yo solo…

– Dónde está mi hija, quiero verla – fue más una exigencia que una pregunta pero comprendí que no había nada más que hacer – Por favor.

– Ahora… Ahora está dormida, ya sabes. No es un buen momento – le temblaban las manos, quiso esconderlo pero muy pocas de sus actitudes se me pasaban por alto, no quería que volviera a ver a mi hija – Tiene un equilibrio ahora, está bien.

– ¡Que te jodan, Caleb! – le grité, mientras me alejaba de aquella mansión de ricachones -.

No había un lugar al que volver tras la cárcel, esa era la cruda realidad. Nadie espera al otro lado a que te reformes, a que pagues tus pecados con la sociedad, a que te vuelvas a insertar y empieces una vida nueva. A ninguna interna la preparan para pasar por esto, para ver su hogar vacío, aislado, solitario, lleno de mugre y polvo, sin un abrazo de bienvenida o una pancarta que pone “te hemos echado mucho de menos”, eso eran cuentos chinos, cosas que sueñas o crees que pasarán una vez salgas de ese lugar, el cual, termina siendo el único hogar que te queda.

Había cometido un error. Mi antigua vida ya formaba parte de un pasado, no podía ver a mi hija, tampoco sentir un poco de calor humano tras prohibiciones reiteradas de abrazarnos entre presas por parte de los de seguridad, no había forma de sentir nada. Tras cinco años, ese era al lugar que sentía que pertenecía, no tenía una casa, tampoco un trabajo y, mucho menos, una familia que me apoyara en esta extraña situación, era jodido pero, algo debía hacer. Fui a una tienda cerca de allí, compré un bate de béisbol y esperé pacientemente a que llegaran un par de policías con su coche patrulla, rompí los cristales y les agredí, fui condenada a diez años de cárcel, nunca más volvería a quejarme de aquel lugar que, aunque mugriento y con prohibiciones absurdas, era mi hogar dejando atrás la vida anterior y a las personas que formaban parte de ella…

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Serie “HAPPY!”:

happy

Hoy quería recomendaros esta serie de Netflix. Ni me imaginaba que llegaría a ver algo semejante, me eché unas risas y me quedé sorprendida con muchas de las situaciones por las que pasa esta pareja tan peculiar que podéis ver en la foto. Os puedo decir que es una serie muy original, el contexto es tan loco que llega a funcionar y te pasas cada capítulo soltando un: ¡¿pero qué coño ha pasado?! Vas cabalgando de sorpresa en sorpresa y te preguntas a quién narices se le ha podido ocurrir tal maravilla y, a la vez, disparate. Sí, sé que mis opiniones son confusas pero, en cuanto veáis el vídeo que adjunto al final de esta entrada, no os dejará indiferentes, incluso, iréis a verla rápidamente tan solo por curiosidad, eso hice yo cuando vi el trailer.

Os pongo en situación. El hombre que véis sentado en la foto, es el protagonista de la serie, tiene un pasado oscuro, era el típico policía que vio tanta mierda que no pudo evitar meterse drogas para olvidar lo que veía cada día en las calles, tanta que lo despidieron del cuerpo y empezó a ganarse la vida matando gente por dinero. Es un tío raro, alcohólico, sabe defenderse y mata a todo el que se cruza en su camino, es gruñón, cabezota y quejica, digamos que es el típico hombre insoportable y solitario del que no te enamorarías por nada del mundo. El pequeño unicornio que tiene alrededor de su cuello es el amigo imaginario de la hija que él ni siquiera sabía que tenía y que, casualmente, puede ver (no como el resto de la gente); este bichejo se va a buscarlo por toda la ciudad porque un psicópata ha secuestrado a su hija y tan solo quiere que el ex policía le ayude a rescatarla. Lo sé, es de locos, pero está basada en una novela gráfica.

En un principio, no creía que me fuese a convencer, veía a este tío muy agresivo, pensaba que la historia tan solo tenía que ver con violencia pero, la verdad, tiene varios matices diferentes y la historia es bastante sólida y bien explicada, no es la típica serie que no está bien contada y no han argumentado bien, esta aunque parezca un disparate, tiene su originalidad, una historia que contar y un montón de personajes oscuros. No pensaba que el protagonista terminaría creyendo y ayudando a Happy a encontrar a su hija pero, los milagros existen incluso en series sorprendentes. El unicornio le da un toque muy cómico a la serie, la hace algo más simpática, dinámica, te ríes con sus ocurrencias y crees, incluso, que puede que deje de existir, le llegas a coger mucho cariño, es tan mono que sería inevitable no enternecerte con él.

A lo largo de la historia, hay situaciones sangrientas, violentas, bastante fuertes… Por ello, no imaginaba qué hacía un personaje tan tierno como Happy en medio de toda aquella catástrofe pero, parece que los guionistas supieron encajarlo muy bien en la historia y me pareció que funcionaba a la perfección. También me gustó mucho la personalidad de los mafiosos y los psicópatas que incluyen en la serie, llegan a dar miedo (no para asustarse, pero sí intimidan). Me sorprendió que el protagonista tuviese unos cinco infartos a lo largo de la serie y se curara con unas pastillas, eso sí me dejó desconcertada del todo… ¿quién podría sobrevivir a cinco infartos? Es algo así como un tío invencible que quiere morir pero que las fuerzas del Universo no le dejan porque tiene un trabajo importante que hacer.

Describiría la serie como interesante, impactante, sorprendente, en ciertos momentos, inquietante. No subestiméis a los personajes porque todos ellos, os dejarán sorprendidos al terminarla, otra cosa que me gusta… Tiene princpio y fin, no tienes que esperar más temporadas, no hay intriga pero sí mientras la estás viendo, ¿qué pasa con el prota? ¿dónde cojones se ha metido Happy ahora? Y así, todo el tiempo pero, se disfruta, espero que os convenza para que la veáis… Deja muy buen sabor de boca. Aquí tenéis un vídeo de la primera temporada, chicos (inglés subtitulado al español):

https://www.youtube.com/watch?v=0u5dF4obCjc

 

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Trabajando en la Exigencia:

 

trabajando en la exigencia

“Exigencia” es una palabra a la que no le prestamos demasiada atención pero que está cada día muy presente en nuestras vidas, sobre todo si eres alguien a quién le encanta la perfección y que todo esté donde debe estar, tanto si es por obsesión o por puro placer. Suena fuerte, como una palabra a la que se debiera respetar, alabar, concentrarse en ella y sentirse importante al decir: “soy una persona muy exigente”, pero no es más que la presión que emites sobre otro o sobre ti mismo para asegurarte de que todo marcha según tus expectativas, algo que, a mi parecer, no debería suceder.

Puedo hablar de mi caso porque es el que realmente conozco y porque puedo y siempre he dicho que soy muy exigente tanto conmigo misma como con los demás, pero sobretodo, a la que más apaleo es a mí. Muchos pueden decir que soy autodestructiva y que por eso me presiono a mí misma pero, el hecho es que siempre me he comportado así, he creído que podía dar mucho más de lo que doy de mí a los demás, al trabajo, a mi pareja, a mi día a día… Llega un momento en el que creo que la verdadera meta es la perfección y si no llego a ella, no lo he hecho bien, que he fallado, que he vuelto a perder el control de mi vida… Es curioso cómo nuestra mente es capaz de engañarnos con tantas palabras pululando en nuestro interior, sabe que tiene más poder que nosotros y que puede hacerlo y, lo que es más importante, le dejo que lo haga.

La exigencia no es aceptar ni mucho menos la situación, tampoco el hecho de que todo el mundo tiene fallos y que tú también puedes tener un mal día, que nada ni nadie es perfecto porque la perfección no existe. Me da la sensación de que en el trabajo debo tenerlo todo bajo control, que debo llevar a cabo las directrices correctas, tanto que, muchas veces, me pongo nerviosa, me distraigo, me vuelvo despistada… y todo sale peor de lo que pretendía. Exigencia es cargarse un saco muy pesado a la espalda y caminar con él montaña arriba, sin pensar que quizá, pueda provocarnos un dolor de huesos insoportable pero, ¡ahí estamos nosotros! Aguantando lo que nos hemos impuesto.

Incluso, llega un momento en el que nos exigimos en el ámbito de nuestras pasiones, de las cosas que nos gusta hacer, en mi caso, escribir. He intentado muchas veces escribir un libro pero, me he exigido tanto que he terminado frustrada, echa polvo, llorando y preguntándome que cojones estaba haciendo con mi vida; dándome cuenta de que, quisiera o no, ya había vuelto a dejar una idea fantástica para empezar un libro atrás. Exigencia es estrés innecesario que, muchas veces, otras personas tienen que soportar para no decepcionarte, pones una expectativa tan grande en ellos que terminan por querer arrancarte los pelos, Fabio me invita en bastantes ocasiones a que me deje llevar, que acompañe a la corriente y deje de pensar… Parece sencillo pero se trabaja día a día con fuerza de voluntad.

Este es un aspecto que debo moldear en mí y que estoy tratando de mejorar estando aquí, sobretodo trabajando. Todos los días me repito: “no te preocupes, no todo es perfecto, te has equivocado, acéptalo”. También me pasa mucho con el idioma, preguntándome tontamente por qué no soy capaz de hablar inglés de forma fluida llevando aquí ya cinco meses y, cuando pienso en la pregunta digo: “pero si todavía estás adaptándote a la situación, boba”. Cuando me exijo soy una especie de montaña rusa de ansiedad, nervios y tensión descontrolada hasta que llega el momento en el que no le veo el sentido o Fabio me abre los ojos para que deje de frustrarme por cosas insignificantes. Puedo decir que he tenido mis avances, ahora al menos, no me enfado por todo como hace unos años, no permitía ni que se me cayese algo al suelo, me ponía a gritar y me volvía bastante loca todo por buscar la dichosa perfección.

La exigencia hace que vivas encadenada a ese constante vacío porque no eres capaz de llegar a tus objetivos perfectos, vives prisionera de tus propios pensamientos, esperando algo que nunca vas a tener porque la perfección no es más que una ilusión. Hace que vivas en confusión, en una constante desaprobación hacia ti misma, como si estuvieras enganchada a una droga de la que no pudieras alejarte nunca porque te hace sentir divinamente, te vuelve una prisionera.

Al fin, he comprendido que la exigencia vuelve a una persona infeliz, la amarga, la hace sentir pequeña, inútil tanto para sí misma como para los demás, frustrada por no llegar constantemente a esas expectativas impuestas por mi propia mente porque nadie más las ha puesto ahí, que yo sepa. Por supuesto, todo va encauzándose al miedo, al terror de fallar, de ser una carga, de no llegar a tus objetivos, de enfadar a alguien, de no quedar bien, del qué dirán, del puede que pase esto o lo otro y, al final, no disfrutas de nada de lo que te rodea y no vives el presente. Soy consciente de todo esto desde hace tiempo, puedo decir que he notado mejorías en mí al practicar los métodos de aceptar las situaciones que tengo delante y entender que, si no las puedo cambiar, puedo hacer algo distinto para solucionarlas. Lo del trabajo me cuesta más por la misma “exigencia de la empresa” de cómo se deben hacer las cosas pero, sigo queriendo llegar a esa paz mental que tanta falta me hace.

Supongo que esto es como todo, se consigue poco a poco y con una paciencia incomensurable, teniendo claro por qué actuamos así y qué podemos hacer para cambiarlo… El respirar hondo antes de reaccionar, funciona muy bien. Si a alguien también le pasa, ya sabéis que podéis comentarlo o compartirlo por aquí, ¡os leo!