Publicado en Personajes

Janine: La Mujer Solitaria

01d

Relato procedente:“EL SILENCIO”

Nombre: Janine Eringer                Edad: 34 años

Ciudad natal: Sheffield                Profesión: Bibliotecaria

Descripción física:

Mi cabello castaño claro es largo hasta más abajo de los hombros, casi no lo cuido por falta de tiempo pero trato de que permanezca lo más suave posible, consiento el desorden en mi casa pero no los nudos en mi pelo. Mis ojos color miel suelen estar algo decepcionados al mirar alrededor, al permanecer en un lugar tan vacío sin darme demasiada cuenta o sin querer exteriorizarlo. Mis labios gruesos tratan de seguir acallados tras las acusaciones de mi familia, tras los muchos insomnios y las horas vacías delante del televisor. Mi tez pálida sigue algo áspera debido al frío, suele pasarme también en las manos, soy consciente de que debo cuidarme más la piel pero se me olvida con regularidad debido al trabajo. Mi cuerpo esbelto normalmente va vestido con unos vaqueros, cualquier camisa planchada que haya en el armario y una gabardina lo bastante larga como para que cubra una parte de mis piernas.

Descripción de la personalidad:

Suelo ser bastante callada, nada tímida pero con tendencia a apartarme del resto de la gente, me gusta tener mi espacio y horas dedicadas a mí. Mi frase típica tiende a ser: “lo siento, no puedo, tengo mucho trabajo”, termino espantando a todo aquel que quiere mantener una relación amistosa o amorosa conmigo, no puedo evitarlo, sale sin más de mi boca. Me escapo de aquellos que quieren conversar, pienso que siempre tienen una intención negativa detrás y no me gusta que hablen conmigo por sacar algún beneficio, sino por quién soy. No me he tenido en tan alta estima debido a mi familia, he creído sus críticas, he pretendido ignorarles pero de nada sirve cuando las cenas familiares son lo único que te hace levantarte un sábado por la tarde tras toda una semana de trabajo…

Una infancia no muy interesante:

Mis padres siempre han sido bastante estrictos, esperaban muchas cosas tanto de mi hermana como de mí, aunque ella ha conseguido más cosas que yo, tiene un doctorado, marido y dos hijos, ¿qué más pueden pedir? Mientras que, en mi caso, me resultaba más difícil mantener contacto con los demás, no porque no fuese abierta, sino porque no quería, no me inspiraban demasiada confianza. Nos pedían más de lo que podíamos dar, aunque mi hermana siempre llegaba a los niveles que demandaban, siempre les complacía como una buena niña que era, a veces, no soportaba su hipocresía.

No comíamos como los demás niños, nuestras dietas estaban basadas en vegetales crudos, huevos cocidos y demás gilipolleces que no me llenaban para nada, estaba preocupantemente delgada. En el colegio no me pasaban demasiadas cosas interesantes, yo era la hermana de la guapa, de la que triunfaba y sacaba buenas notas, era su sombra hasta que me independicé tan rápido como pude.

La independencia fue la clave de todo:

Cuando no soportas que tus padres lleven las riendas de tu vida como si fueran las suyas, decides qué es mejor para ti, ansiando la libertad más que nada en el mundo y, cuando la tienes, ya nunca más quieres soltarla. Mientras estudiaba en el instituto, iba a trabajar a una floristería a tiempo parcial, pude dedicarme a todo y pasar de curso, algo justa pero seguía adelante. No le dije a nadie que trabajaba hasta que pagué el depósito de un piso y el primer mes con tan solo dieciocho años, mis padres se volvieron locos e intentaron impedírmelo pero no pudieron más que callar y agachar la cabeza, como había hecho yo en su casa durante tanto tiempo. Fue una de las mejores sensaciones que había tenido en años…

Una vez me hube mudado y pude llevar las riendas de mi vida poco a poco, me di cuenta de a qué sabía la libertad, qué era el silencio en una casa propia, con la decoración que a mi me gustaba, sin dar explicaciones de nada, sin estar obligada a celebrar tradiciones absurdas o cenas con tu familia, podía hacer lo que quisiera, dado que, aquel era mi espacio por fin, un espacio que he cuidado desde entonces, dado que, sigo en el mismo piso, le he llegado a coger muchísimo cariño y respeto. Mis padres no han entrado nunca aquí, para ellos, vivir en un primer piso es demasiado malo, no tiene nada de glomouroso, dado que, mi hermana vive en un adosado tras sacarse un doctorado en medicina, ya se encargan de restregármelo en cada cena familiar.

Las relaciones abruman:

En mi vida tan solo he tenido dos relaciones y mis padres ya se encargaron de estropearlas, para ellos, no eran suficientes para mí aún siendo chicos decentes, de familia humilde y muy trabajadores, lo que pasa era que no tenían dinero, tan solo trabajos temporales que no tenían ni idea de lo que iban a durar. Cuando venían a cenar, les humillaba, les decía qué hacer y qué no, trataban de sacarles información sobre mi vida, sobre a dónde iba y cómo era mi piso, siendo que ninguno de los dos llegaron a pisarlo en el tiempo que estuve con nada uno.

El primero me dejó porque la relación le parecía demasiado con mi familia siempre fisgando sobre nuestras vidas, no podía con ese acoso constante del que estaba siendo víctima, me costó procesarlo porque le quise mucho y estuve a punto de irme a vivir con él pero terminé entendiéndolo, no podía dejar que su vida estuviera afectada por semejantes chupasangres. El segundo dejó de prestarme atención, dejó de responder a mis llamadas y, en cuanto fui a buscarle a su casa, me lo encontré enrollándose con otra, lo cual, entendí como una finalización de relación bastante fiable.

Tras estas experiencias tanto con mi familia como ex parejas, decidí no volver a tener relaciones, me parecían demasiado complicadas como para poder manejarlas y mucho menos si mis padres persistían en evaluar cada parte de mi vida, en realidad, estaba protegiendo a mis futuras parejas. Llevo así desde los veinticuatro años, sin nadie en quién contar o en quién confiar, viviendo mi vida al margen de la de los demás, deseando llegar a casa para dejar de evitar a todo el mundo y para tener mi pequeño espacio a mi completa disposición.

La soledad más oscura:

Puedo decir que me he acostumbrado a la soledad, al silencio de mi casa, a no encontrar a nadie al llegar. Puedo decir que estoy cómoda donde estoy, que me encanta tener mi espacio y tener la oportunidad de no decepcionar a nadie. Podría decir que me siento plena teniéndome a mí misma y que no siento en absoluto la soledad, que la disfruto pero, muchas veces, no es así. Que alguien espere a que llegues a casa para abrazarte es realmente alentador, ver una sonrisa en la cara de la otra persona al ver que has llegado no tiene nombre, un masaje en los pies mientras te relajas tras tantas horas en el trabajo es un momento especial y, por descontado, llegar y oler la cena que ha preparado esa persona que te abraza en la cama cada noche, es algo único.

Durante diez años no he sentido nada de eso, tan solo un vacío sobrecogedor que no he podido evadir, he querido ignorarlo, apartarlo de mi mente, centrarme en el trabajo y dejar que se disipara pero no ha sido tan sencillo. Mis padres esperan verme con un hombre prometedor, tener nietos, sentirse al menos, algo orgullosos de mí pero, puedo ver tanta distancia entre ese pequeño deseo y yo que no sabría si expresar tristeza, decepción o desconcierto al no entender nada de lo que ocurre conmigo, soy un contraste de emociones demasiado complicadas para encajar, demasiado tristes para permanecer unidas, desapareciendo entre el silencio.

Un futuro siguiendo el camino:

Mi destino está escrito, miro hacia adelante y, tal vez, no veo nada pero puede que haya algo que me espera. Seguiré sola como hasta ahora, no es ningún plan, tampoco es un deseo o una plegaria, sigo un camino predestinado para mí, el vagar en soledad no debería ser ya un problema. Quizá mi familia no deje sus preguntas, querrán seguir humillándome y puede que, algún día, deje de ir a esas cenas que tanto les importan, sí, puede que lo haga desde ya, sin pensarlo, sin ningún tipo de compasión.

Puede que, dejándoles atrás, pueda tener una vida nueva, pueda hablar con la gente que me rodea y tener una cita como es debido. ¿Podré hacerlo o es simple imaginación?

Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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