Publicado en Relatos

En Silencio:

principal-ojos-vendados-719x449

Miré la copa de vino, la única que me esperaba en aquella habitación vacía, la que ni siquiera se dignaba a mandarme una sonrisa. Entré en casa tras una fracasada cena con mi familia, resonando todavía en mis oídos aquellas frases  como “deberías buscarte un marido”, “¿a tus treinta y cuatro años y aún no tienes hijos?”, “a ver si se te pasa el arroz…”. La palabra que se me venía a la mente era indignante, no tenía otra definición, tampoco otra estructura, ellos eran de tradiciones, de presionar, de calar hondo con las palabras y no entender las decisiones ajenas.

Era como si sus gritos siguiesen ahí, no solo los oía, los sentía dentro de mí. El silencio me empezaba a embriagar, casi me sentía sobrecogida, mientras seguía mirando ese vino que esperaba a ser bebido. Pero ya no tenía sentido, no había nada por lo que brindar, parecía estar feliz en mi burbuja, ¿y si mi mundo era una mentira? Siempre me hacían dudar pero, ¿era eso lo que me ocurría? ¿Dudaba a caso sobre mi estilo de vida? Me tiré en el sofá como un saco de patatas, abatida, me sentía como si me hubiesen ganado en una batalla, como si hubiesen acabado conmigo y se hubiesen reído a carcajada limpia viendo cómo me comía el suelo al caer… La “familia” es tan solo eso, una palabra.

Había dejado las luces encendidas, engañándome a mí misma, creyendo que alguien vendría tras mi marcha para esperarme pero nadie iba a hacerlo. Llevaba sola diez años y parecía que iba a seguir siendo así, ¿era lo que yo quería? Posiblemente. ¿Era lo que merecía? No tenía ni idea. Me empeñaba en centrarme en el trabajo, en no hacer caso de las insinuaciones masculinas hacia mí, en no aceptar citas porque estaba demasiado ocupaba… ¿esos eran mis verdaderos motivos o estaba evitando mantener una relación con otra persona? Quizá me era difícil reconocerlo pero, me había ido muy bien así.

Mis limitaciones eran insuperables, yo misma me marcaba mis objetivos y nadie más interrumpía esos momentos de paz que prevalecían en mi zona de confort, me protegían del exterior. Nadie entendía por qué prefería irme a casa sola, por qué tenía noche de películas el viernes en vez de salir con mis compañeras de trabajo a cazar a algún tío lo suficientemente idiota como para desear dejarme preñada, no entendían por qué prefería tomar una copa en la taberna cercana a mi casa los sábados por la noche en vez de pasearme por las discotecas con minifalda y un escote de infarto para llamar la atención de los babosos que no tenían muy claro dónde mirar, si arriba o detrás.

Solía tener mi espacio en casa, estaba algo desordenada pero tenía un toque personal que daba a la reflexión, trabajaba en una biblioteca donde se me daba la oportunidad de ayudar a aquellos que necesitasen alguna lectura interesante para sus noches solitarias y tenía un magnífico jardín donde pasar las tardes tomando una taza de té con un buen libro entre manos. Era extraño cómo sentía que no era suficiente, era algo que permanecía escondido, lo ignoraba, lo trataba de evitar a toda costa, manteniéndome ocupada, aún sintiendo esa presión en mi interior. Nadie esperaba mi llegada, nadie venía a recibirme o a hacerme un masaje en los pies tras el trabajo, no solía gustarme compartir mis palomitas en las noches de las películas de los viernes pero, podría hacerlo si alguien me lo pidiese… Esta casa no se sentiría tan grande.

A veces, es como caminar a tientas entre las oscuridad con una venda puesta en los ojos, tratando de evitar el contacto humano, las relaciones, el simple hecho de vivir en mi propia casa de papel. Permanecer sola era francamente difícil, no os voy a mentir, es como si te faltase una mitad, suelo sentirme bien mientras trabajo pero al llegar, tan solo veo desolación, piso un torrente de soledad y observo un ambiente vacío, neutro, con ausencia de ruido. Tenía sentimientos encontrados que me atrapaban, lloraba sin razón aparente y acallaba mi mente con las películas de los viernes mientras comía esas palomitas de mantequilla que tanto deseaba compartir, ese vino con el que brindar por una agradable noticia, viendo una sonrisa al llegar a casa y dejar la chaqueta.

Es un quiero y no puedo, un me importa pero no, quiero hablar de ello pero prefiero no hacerlo, un adoro el silencio pero me mata por dentro, un quiero estar sola pero deseo que alguien me espere levantado…

Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

2 comentarios sobre “En Silencio:

  1. Thank you for sharing a well-written piece of introspection, Laura. The silence is deafening but not sufficiently painful to cause any changes in life.

    The family is of no help. They seldom are. Families are like that sometimes. OK, most of the time. And if you do as they collectively feel is the best for you and it goes awry, they are the first to judge you.

    Either way one can be better off with a silent house and a glass of wine.

    Me gusta

    1. Thank you for read and enjoy my post! The silence sometimes is effective but just in the case that you want to keep yourself relaxed, also when you haven’t enough words to explain how bad are you feeling… In another times, just means emptyness, silence, darkness, you know? Just feel a little bit alone.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s