Publicado en Reflexiones

Aprendí:

081d56f14f2496f81647506695e51123--hipster-images-hipster-art

Tras muchas batallas, momentos bajos, desesperación, ansiedades, complejos, victorias y pérdidas, situaciones complejas…

Aprendí a decir “no” cuando tenía que hacerlo. Es una consonante y una vocal bastante interesantes que juntas, hacen a uno libre de negarse a cualquier cosa que otro le pida, no hay que acceder a todo lo que necesitan los demás de nosotros, no hay que pasar por el aro de aquellas personas que nos han hecho daño, incluso, si no estamos bien de ánimos y ese día nos resulta imposible levantarnos de la cama, somos libres de decir “no”. Primero nosotros y luego los demás, si te nace decir sí lo dices, no hay problema pero luego, no te quejes cuando te toque hacerlo.

Aprendí a alejarme de las personas tóxicas, a deshacerme de sus malas vibraciones, de sus idas de olla, de sus palabras hirientes. Me he demostrado a mí misma, que si quiero puedo dejarlas atrás, que si me esfuerzo un poco, puedo ignorar el hecho de que existen, de que están ahí, puedo seguir con mi vida sin que interfieran en ella porque también, sé decir “no”.

Aprendí que no todo el mundo da por placer, sino que esperan algo a cambio. Siempre hay “yo hice esto por ti, también hice lo otro…”, te dejo dinero para que me lo devuelvas, te doy cariño pero si no siento ese cariño de vuelta no me siento amado, te dejo mis apuntes pero me debes una y a la próxima vez me los deberás dejar tú… y un largo etcétera. La bondad es solo una palabra, mucha gente sabe lo que significa pero otra espera algo de vuelta, algo que le haga sentir completo cuando tú se lo das, algo que te hace sentirte en deuda con otros por el simple hecho de pedir ayuda.

Aprendí que la realidad es más dura de lo esperado. No todo son sueños, no todo es imaginación, ni esperanza, ni pensamientos positivos… podemos tenerlo pero, no lo es todo, siempre puede haber algo que te pare, que te frene en un momento dado, que te dé una bofetada en la cara cuando más feliz te sientas para ponerte a prueba, otra vez…

Aprendí a mantenerme alerta. Siempre habrá un problema esperándote a la vuelta de la esquina, siempre habrá algo que solucionar, algo a lo que enfrentarte por mucho que el resto de tu vida funcione de maravilla, siempre habrá una silla que cojee. Las cosas que te desequilibran aparecen de nuevo, como ráfagas de aire frío que no te esperas y siempre debes estar preparado para lo que pueda ocurrir, no puedes cambiarlo por mucho que te preocupes pero sí intuir que va a llegar de un momento a otro y actuar de una manera más rápida y eficaz que si te mantienes ajeno a todo.

Aprendí que la palabra “familia” es solo eso, una palabra. Se utiliza constantemente, en todos los ámbitos de la vida, desde lo familiar a las amistades y tan solo se cumple cuando hay un toma y daca de por medio, si no das, no recibes, si no eres bueno, no vas a tener la chocolatina, si no te portas bien, no tendrás la bicicleta y si le gritas a mamá, Papá Noel te traerá carbón en Navidad. Todos son amigos en los buenos momentos, en los malos ni te llaman, tampoco se molestan en preguntar, hablan de que eres su “familia” pero ni siquiera entienden el sentido de la palabra, para mí ha dejado de tener el menor de los significados en estos dos ámbitos.

Aprendí que la independencia es la mejor de las salidas. Cuando eres independiente de tus padres, de tus amigos, tus conocidos, la gente de la que has dependido, todo se vuelve más claro, más nítido, ya no esperas una queja al otro lado del teléfono, ya no esperas un “es que siempre estás pidiendo”. Te pagas tus necesidades con tu dinero y ya nadie puede decir nada al respecto, nadie puede interferir en lo que te compras o por qué te lo compras, en cuánto te ha costado o de qué color es, tampoco en el estilo que le das a tu cuarto o por qué tienes que escuchar heavy metal, leer tanto o escribir hasta altas horas de la madrugada. Para mí, independencia significa libertad.

Aprendí a huir de lo políticamente correcto. Empecé a formar mi pequeña burbuja hace tiempo, el suficiente como para aguardar y dejar de ser lo mismo que los demás, dejar de seguirles y hacer lo que hacían ellos, para dejar de ser la niña buena que todos esperan. Cada uno siente lo que siente, aunque no entre dentro de los estándares prefijados en la sociedad, es decir, si a un chico le gusta otro de su mismo sexo, ¿ocurre algo? ¿se merecen a caso comentarios como “maricón” o “mariquita”, pues yo creo que no.

Aprendí a ignorar las etiquetas. Era algo a lo que le daba mucha importancia cuando iba al colegio y al instituto, era importante saber cómo te definía la gente, si les caías bien, si eras “la rara”, “la sosa”, “la heavy de mierda”… o si se iban a dedicar a llamarte por tu nombre y dejarse de gilipolleces. Incluso ahora, con el tema del feminismo y el machismo que en España se está volviendo tan “viral” (es una forma de hablar), todo el mundo ha elegido una etiqueta, todo el mundo defiende un subgénero dentro de ese feminismo y ese machismo, un montón de nombres que no había escuchado en mi vida, igual que en el ámbito de la sexualidad, ¿alguien había oído la palabra pansexualidad? Pues yo no desde hace unos días y oye, la gente tan cómoda etiquetándose de esto y lo otro y olvidándose de lo más importante: el respeto mutuo de que cada uno sea lo que quiera ser, metiéndose en discusiones absurdas por redes sociales que no tienen ningún sentido, a mi entender.

Aprendí a ignorar las críticas. Sí, algo que me afectaba tanto y por fin, aprendí a que me resbale, aunque hay cosas que no permito, por ejemplo: que una persona me falte al respeto, eso es objeto de decirle cuatro cosas, callarla y dejar que se largue, si no lo hace y sigue, que se atenga a las consecuencias porque por ahí no paso. Pueden decirte lo que quieran mientras tú sepas quién eres, de dónde vienes y hasta dónde quieres llegar, nadie tiene por qué decirte nada ni interferir en tu vida de una forma tan nefasta como es un insulto o una humillación. Tan solo hay que darse la vuelta y dejar al otro hablando de sus tonterías, simple y rápido.

Y, por último, aprendí a no mostrar más de mí de lo que realmente debo. Cuando eres abierta, cuentas muchas cosas de ti, de tu familia, tu entorno, de cualquier cosa, te arriesgas a ser juzgado, por lo tanto, cuanto menos dices y menos comentas de tu vida, menos terreno tienen para criticar, es simple. Antes no sabía cómo manejarlo pero ahora, es un paseo por el parque, no hay complicación.

¿Vosotros habéis aprendido algo nuevo? ¿Qué es? ¡Escribidlo en comentarios y os leo!

Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

3 comentarios sobre “Aprendí:

  1. Excellent list of life lessons, Laura. Well spoken and easy to understand and adopt.

    Among the many lessons I have learned, the last place to find approval is from one’s family.

    When I was 12, I read a poem by Rudyard Kipling called “If.” Except for the last line (it is sexist but the poem waswritten in the early part of the 20th Century) it is filled with wonderful advice for living. It might be worth your time to have a look at it. I also found the Book of Proverbs in the Bible to be a great source of wisdom and knowledge of human behavior. Chapters 5 to 30 are especially good.

    A hug and have a pleasant weekend!

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s