Publicado en Personajes

Martha: La Inconformista

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Relato procedente:DERROCHE

Nombre: Martha Kalvins                  Edad: 21 años.

Ciudad: Londres                                  Profesión: Cantante.

Descripción física:

Mi cabello castaño con mechas rubias suaves, me llega hasta más abajo de los hombros, liso y de lo más manejable, podría decir que es una de las cosas que más cuido de mi cuerpo, le tengo un especial cariño desde que tengo uso de razón. Mis ojos de un color miel, permanecen a la espera de observar mi alrededor, tratando de no decepcionarse al ver a mi madre irresponsabilizarse de todo otra vez. Mis labios gruesos suelen estar pintados con algún toque negro, morado o rojo mate, son los colores que más me identifican, sin repartir demasiadas sonrisas, no me gusta quedar bien con todo el mundo, es nefasto y patético. Mi cuerpo esbelto, suele estar adornado con camisetas negras de grupos de música heavy o rockera, me apasiona considerando que formo parte de un grupo.

Descripción de la personalidad:

Siempre me he considerado una joven inconformista con la sociedad, no se me ha dado demasiado bien relacionarme, no me interesan las vidas ajenas, tampoco que me lloren o me llenen de florituras sus halagos innecesarios. Suelen decir que soy grosera, ruda, maleducada pero, ¿qué le voy a hacer? No puedo resistirme a un buen sarcasmo de vez en cuando, aunque la verdad, la gente me lo pone a huevo cuando abre la boca. Odio las multitudes, trato de evadirlas, de distanciarme lo máximo posible de fiestas de richachones a las que a mi madre le encanta ir, me encanta la cerveza y termino en cualquier sofá con unos cascos en mis oídos, mi música a toda hostia y alejada de cualquier persona que pretenda emparejarse conmigo o emitir algún sonido por aquello que llamamos boca. Podría decir que detesto a la gente, para abreviar…

Una familia no tan perfecta:

Vivíamos los tres juntos, mis padres y yo. Al principio, eran una pareja no demasiado unida pero que empezó a estarlo cuando mi madre se quedó embarazada de mí. Mi padre, como es habitual, le brindó todo el apoyo del que fue capaz para que el embarazo no la asustase, para que se sintiera cómoda y, por nada del mundo, cometiera ninguna estupidez. Terminé por desquiciarla, lloraba mucho, no sabía qué hacer conmigo y mi padre tenía que dejar el trabajo para ocuparse de la situación pero no hubo nada que hacer cuando mi madre empezó a consolarse con el alcohol y menos cuando lo mezclaba con pastillas, así que, él terminó por ocuparse de todo, desde mi educación hasta la hora de los potitos.

Los gritos cada día eran más altos y más perceptibles, aún cuando tan solo tenía siete años de edad, les oía en la habitación. Siempre me sentí sola, estaba alejada de mis padres aunque estuviesen a unos pasos de donde me encontraba, así que, empecé a refugiarme en los libros, hacían que me concentrase tanto que dejaba de oírles, era bastante terapéutico. A los diez años, mi padre se fue, justo en el momento en el que me atraían grupos como Anthrax o Misfits, Metallica y Iron Maiden, grupos que me recordaban a su época de adolescente inconformista… Al principio, empecé a culparle por dejarnos cuando más lo necesitábamos, él era el que se había marchado sin decir una palabra, el que salió por la puerta y decidió no volver jamás.

La hija haciendo de madre:

Mi madre empezó a descontrolarse en cuanto se vio sola conmigo, incluso yo, me sentía así, dado que, no me daba la suficiente confianza como para sentarme a su lado y mantener una conversación, vivíamos en la misma casa pero no hablábamos el mismo idioma. Mi vida era una pesadilla y no podía hacer más que culpar a mi padre por dejarme con ese ser tan fuera de sus cabales, bebía hasta quedarse dormida en la alfombra del salón, casi no comía, fumaba como un carretero, tomaba más pastillas para dormir de las que le permitía el médico y se follaba a todo el que se le ponía por delante, le daba igual si era camionero, butanero, abogado, si trabajaba en el circo… le era totalmente indiferente, tan solo quería abrirse de piernas y olvidar que su vida era una mierda absoluta.

A los quince años, ya iba a recogerla de las fiestas en las que bebía hasta quedarse inconsciente y en las que la echaban por desmelenarse demasiado, hasta el punto de desnudarse ante un salón repleto de gente; iba a hacer la compra, limpiaba la casa, trataba de no morir entre infecciones, dado que, ella no se ocupaba ni de pasar la aspiradora ni de limpiar los baños que, normalmente, estaban pintados de ese adorable vómito que salía de su boca la noche anterior y, aún así, tenía que cargar con el peso del instituto, ese lugar infernal en el que solo podía encontrar a retrasados con mentes vacías. No tenía ni idea de cómo pude aguantar todo esto durante seis años, pero lo hice, siempre tratando de sacar buenas notas en el instituto para poder largarme lo antes posible de aquella ciudad de psicópatas y dejar por fin a mi madre.

Derrochando glamour:

Aquel pueblo era de locos, no tenían ni un ápice de sentido común. Organizaban fiestas en las mansiones de los ricos y lo único que hacían era beber y follar, eran tan patéticos como la vida de mi madre. No había cabida para mí allí, ni siquiera me sentía parte de algo, estaba en un lugar que no era el mío, no me sentía cómoda y tan solo quería largarme de allí. La mayoría de las jóvenes llevaban vestidos carísimos, se peinaban como si hubieran sido invitadas a la alfombra roja, sus horarios de fiestas eran interminables y podía figurarme que sus resacas también.

No había cabida para los solitarios, para los que nos gustaba el silencio y estar acompañados de un buen libro, un sinónimo de cultura. Nadie se interesaba por cosas como el medio ambiente o la educación entre los jóvenes, tan solo varias madres preocupadas por cómo trataban los profesores a sus alumnos, de una forma déspota y fuera de lugar en muchas ocasiones. Siempre había dicho que aquel lugar estaba maldito, tenía alguna especie de demonio escondido en las profundidades del pueblo porque no podía explicarme la cantidad de dinero que derrochaban con tonterías.

El grupo:

Tuve suerte al encontrarles. Dos chicos tan amigos que eran capaces de dar la vida uno por el otro, eran como hermanos y se metieron en la banda desde el principio: Dave y Jamie, los dos guitarristas. Karen tocaba la batería y se había convertido en una de mis extremidades para sobrevivir en la vida y en aquel pueblo del infierno, no había estado desde el principio pero lo parecía porque nos conocía mucho más que nosotros a ella. Yo era la cantante de un grupo de heavy metal, algo que le hubiese gustado ver a mi padre pero ya era demasiado tarde como para desearlo o pensarlo si quiera, dado que, desde que se fue, no he vuelto a saber nada más de él.

Pudimos hacer dos giras por nuestra ciudad y por las afueras, parábamos en cada pub que veíamos y nos colábamos para que la gente nos escuchara, a veces, les gustamos tanto que nos pagaron por estar allí y nos pidieron que volviéramos por una suma de dinero mayor. Sacamos nuestro primer disco y tuvo una gran acogida entre la gente, no me lo esperaba pero así fue, era lo único en mi vida que tenía un rumbo fijo y constante, lo único que funcionaba… Fui capaz de compaginar mi vida familiar, profesional y los estudios, algo que se convirtió en un gran logro para mí tras tanta lucha por mantenerme en pie.

Un futuro en la carretera:

Hacía un par de días que me había ido del pueblo, me cansé de aguantar a mi madre, las promesas que terminaban en agua de borrajas, toda aquella gente que me rodeaba… estaba harta. Cogí el coche de mi madre, fui a casa y me llevé todo lo necesario sin avisar a nadie, tirando el móvil a la carretera para que no pudieran localizarme, además para evitar cogerle el teléfono a mi madre y, bajo una coacción por su parte, hacerme volver, ya lo había intentado antes ganando la partida, no iba a permitirlo otra vez. Me sentí mal por los chicos del grupo, así que, les llamé desde una cabina en cuanto me había alejado lo suficiente para saber si podrían acompañarme en aquella aventura en solitario, yo tan solo quería cantar…

Se ha convertido en un viaje en carretera acompañada de bromas pesadas, música, amigos sanos, comidas basura y un cúmulo de sonrisas en un coche en el que apenas cabemos pero en el que nos podemos permitir una vida cuando decidamos parar en algún sitio y empezar de nuevo, cuando encontremos un lugar al que pertenecer sin derrochar demasiado. Quizá alguien nos escuche, quizá nos animen a seguir, seamos famosos y tengamos nuestro sitio en la sociedad, en el mundo, en el lugar en el que nos pertenece, dejando atrás las mierdas que nos han llevado a desaparecer… ¿Vosotros qué creéis?

 

Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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