Publicado en Reflexiones

Pequeña Burbuja:

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Te creas una especie de muros transparentes a tu alrededor que te hacen sentir segura del exterior, de aquello que puede provocarte un desequilibrio repentino. Puedes observar a los que caminan cerca de ti, sus conversaciones, puedes captar sus miradas, coincidir en sus caminos pero dejas de oírles, dejan de importar dentro de esa pequeña burbuja que has formado año tras año en la que tan solo existes tú y en la que nada puede afectarte. Te controlas, no bajas la guardia y te mantienes firme a tus límites, a tus valores, sin necesidad de soportar críticas exteriores porque allí, tan solo estás tú y nadie más que pueda corroer tu estado de plenitud.

Dejas que la gente hable, que la gente grite, que traten de incomodarte… pero siempre permanecerás en ese lugar tranquilo, en ese pequeño espacio que tú misma has creado. Es el único sitio en el que te sientes completa, tranquila, en el que respiras un poco de paz, al menos, una vez al día. Lo demás se transforma en un eco tenue, casi sin importancia, mientras la música se abre paso en tus oídos para recordarte lo que te apasiona, para enseñarte que puedes hacer todo lo que te has propuesto sin la necesidad de imposibles.

No hace falta encender la televisión, estás en tu pequeño espacio privado donde nadie puede interferir, pueden contemplarte pero ellos a ti no te importan porque te mantienes alejada, en tu burbuja personal. Tienes largas conversaciones contigo misma y, la verdad, te entretiene y te hace sentir bien, dar las gracias por lo que uno tiene es una tarea que para muchos no es fácil, hay demasiada gente altiva que cree merecerse muchísimo más de lo que tiene aunque eso ya sea suficiente. Tampoco importa el dinero porque aún no teniendo, en tu burbuja solo hay espacio para disfrutar y ser tú misma en un mundo donde quizá, no te entiendan demasiado.

Cuando hay gente que habla en un espacio lo suficientemente pequeño como para molestarte, puedes ser capaz de mantenerte firme, atenta a aquello que lees porque sabes que estás aprovechando esa increíble aventura que los personajes de ese libro te muestran, brindando a tu imaginación la oportunidad de mejorar como persona porque, para eso están los libros, ¿no? Te mantienes de pie, esperando el autobús, puedes decidir impacientarte o encontrar una forma de mantenerte entretenida contigo misma, recordando viejos momentos que te hicieron sentir feliz o, incluso, de aquello que comiste al mediodía y que te ha encantado, podemos manejarnos libremente en esa burbuja que no nos hace sentir solos…

Puede que los susurros de nuestra mente nos incomoden, puede que nos hagan sentirnos pequeños, casi imperceptibles a los demás, pero el acallarlos está en nuestra mano. Quizá pensemos demasiado y no nos damos cuenta de la suerte que tenemos de haber creado esos muros inquebrantables, esa imaginación que flota a nuestro alrededor y de entender cómo es nuestro exterior para mantener el interior más limpio de todas las impurezas que encarcelan a las personas día tras día. Quizá, esos susurros desaparezcan en algún momento de nuestro camino, o quizá estén a gusto trayéndonos esa negatividad que no queremos pero que nos ayuda a entender algunas cosas de nuestro entorno o, puede que tengamos que luchar contra ellos el resto de nuestros días para aprender a ser más positivos.

Esa burbuja nos hace vivir en libertad, a gusto con nosotros mismos, a mantener charlas interesantes con la persona que más conocemos en este mundo, nos da tiempo para reflexionar en aquello que hemos hecho durante el día, para entendernos un poco más día tras día, para afrontar otro momento en este mundo desigual, para encontrar la forma de sobrevivir a la negatividad que constantemente ronda a nuestro alrededor. Es algo nuestro que nadie puede arrebatarnos, es algo preciado, libre, lo espacioso que nosotros queramos que, aunque invisible, también nos protege. Está hecho de pequeños pedacitos de nuestro amor incondicional hacia nosotros mismos…