Publicado en Edimburgo

Empezar de Cero:

Nueva Vida

Llevo una semana pensando cómo tratar este tema y bueno, espero haber encontrado la manera de hacerlo porque, aunque leyéndolo lo podáis ver inspirador, a la vez, también puede llegar a dar cierto miedo. Muchas veces, habréis oído estas palabras pero quizá no entendáis hasta dónde son capaces de llegar, dado que, empezar de cero es una ardua tarea que trata de llevar toda tu vida a un inicio que antes no habías probado, por tanto, es desconocido para ti y lo desconocido tiende a asustar.

No muchos tienen la oportunidad de empezar una nueva vida, ver las cosas desde una perspectiva diferente, empezar a hablar otro idioma, conocer gente, integrarse en las costumbres de otros, construir una vida sin nada de lo que llevabas en tu mochila. Es una especie de “reset” en el que el pasado se queda quieto, donde está, sin permitirle traspasar la línia y empezar a vivir el presente. Al principio descoloca bastante porque no esperas la cantidad de cosas que pueden ser diferentes, llegas a entender que tú eres el único que puedes cambiar tu vida y que nadie más lo va a hacer por ti. No llevas nada contigo de lo que conocías, es momento de madurar, ya no estás bajo las faldas de tus padres, nadie te va a pagar tus caprichos, ahora vas a tener que mover el culo para no quedarte tirado, para seguir adelante sin casi nada.

Nuestra experiencia fue reveladora, dado que, tan solo teníamos un billete de avión de ida, una maleta con las cosas más necesarias, 400 euros y el uno al otro, lo demás, vendría solo. Os podría decir de que no estábamos seguros de nada, tan solo queríamos probar suerte, era una nueva aventura y lo que sabíamos era que España ya formaba parte de un pasado porque no había nada allí que pudiera ayudarnos en nuestra difícil situación económica, así que, empezar de cero en Edimburgo era un buen comienzo. La necesidad de encontrar un sitio al que pertenecer, un lugar en el que estar, independizarse y tener esa libertad que ansiabas no tiene precio, pero te lo juegas todo a una carta. No podría decir que no he pasado nervios ningún día o que no he dormido en sitios que no me han gustado nada porque lo he hecho, he sentido rabia, decepción, tristeza, desconcierto, desánimo… pero todo ha formado parte de ese “vamos a empezar de nuevo”.

Por supuesto, todo impacta. Desembocan una serie de emociones en ti que puede que no controles muy bien, de hecho, a tu cuerpo le cuesta más acostumbrarse a ello y lo sé porque me está pasando en estos momentos tras cuatro meses viviendo aquí. Antes no sabía lo que era tener tanta hambre, ni siquiera sabía por qué aquí tengo más de lo normal, me asustaba, creía que pasaba algo en mí pero me dijeron que era normal, al hacer frío mi cuerpo necesita más calorías, por tanto, debe acoplarse a comer más, tengo que incluir grasas en mi dieta y bueno, disfrutar comiendo, como siempre. Con esto, os quiero decir que el cuerpo también cambia con la situación pero que necesita más tiempo para procesar toda la información que llega de repente, de hecho, puede que haya gente que lo transforme a modo de cansancio, otros a modo de excitación o alegría sobremedida… cada persona es un mundo.

Empezar de cero también significa cubrir todas tus necesidades básicas y tomarte tu tiempo para hacerlo, normalmente, meses. Cuando llevas esa maleta tan ligera que da pena de ver porque no llevas casi nada, existe una necesidad imperiosa de comprar ropa, obvio, así que, eso sería también una buena forma de empezar… Nosotros no teníamos toallas para los baños, tampoco trapos para limpiar, ni pijamas, tampoco zapatos adaptados al frío o ropa térmica, tampoco utensilios de cocina… lo hemos comprado todo nuevo, no hay nada del pasado en nuestras vidas ahora mismo, ha sido borrón y cuenta nueva, nada que ver con lo viejo, nada que ver con quiénes éramos. Tal como dice una canción de “As I Lay Dying”, lo único que es constante es el cambio y, a mi entender, siempre debemos estar preparados para ello porque va a producirse queramos o no.

Empezar de cero es cruzar la barrera del “no puedo”. Normalmente, nos formamos unos muros delante de nosotros que creemos son infranqueables pero, una vez cruzado te preguntas a qué le tenías tanto miedo, te parece incluso, infantil. Creo que una buena solución es estar abierto a todo aquello nuevo que venga a tu vida durante ese período en el que estás empezando, aceptar toda la ayuda que te brinden los demás y no decir “no” a ninguna aventura, acéptalas todas porque seguro que te quitan ese miedo que impide que sigas. No te pongas excusas como: “es que hace mucho frío”, “voy a estar lejos de mi famillia y amigos”, “voy a estar solo”… y pregúntate si no es mejor prosperar antes que seguir sufriendo la situación por la que te quieras ir sin hacer nada al respecto, sin querer mover un dedo por mejorarla. Quiérete un poco a ti y a la vida que tienes, cuídate y da el paso que cambiará tu vida, es arriesgado sí, pero a veces, vale la pena…

 

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Serie “A Series of Unfortunate Events”

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¡Tenía muchas ganas de recomendaros esta serie! Como algunos sabréis, viene de la película, la cual, también me encantó. Al saber que había una serie, fui corriendo a buscarla y no me ha decepcionado en absoluto, es más, me ha gustado mucho lo fiel que es a la película y cómo se han trabajado los personajes, el Conde Olaf no es Jim Carrey pero es Neil Patrick Harris (el que hace de Barney Stinson en “Cómo Conocí a Vuestra Madre”, es para recordarlo), al principio, no me terminó de convencer pero, conforme avanza la serie me ha terminado enamorando del todo, lo interpreta de una forma genial.

Los que no tengáis ni idea de a qué película me refiero, os hago un pequeño resumen (aunque al final de esta entrada os pondré un vídeo para que veáis de qué va): Son tres niños que se acaban de quedar huérfanos, dado que sus padres han muerto en un incendio (el misterio de esto ya lo vais descubriendo, no voy a decir nada). Estos les dejaron una gran fortuna, guardada hasta que Violet Boudelaire (la hija mayor) tenga la mayoría de edad. El villano Conde Olaf se entera de esto y trata de manipular al abogado para que los niños Boudelaire se vayan a vivir con él y así, poder robarles su fortuna. La trama se va complicando y, tras ciertas cuestiones, los huérfanos saben el plan que está llevando su “padre adoptivo”, por lo que, empiezan su lucha contra él, para evitar que les robe lo que es de ellos. A partir de aquí, empiezan a ir de un lado a otro con más padres adoptivos (amigos de su familia) mientras el Conde Olaf les sigue y va destruyendo sus vidas a pasos agigantados, digamos que provoca una serie de desafortunadas desdichas, ¡nunca mejor dicho! (espero haberlo expresado bien).

Una de las cosas que más me ha impresionado ha sido el ambiente en el que está hecha, es prácticamente igual que el de la película, soy muy fan. Con esto no solo me refiero a los escenarios, sino también a la ropa de los niños, al cabello del Conde Olaf, incluso la forma de las casas. El principio de la serie es prácticamente igual que el de la película, como os he dicho, muy fiel… Digamos que, trata de meternos un poco en materia antes de seguir la historia donde se quedó la película y, la verdad, es intrigante, tiene bastante suspense y un narrador que me parece curioso, tanto por la forma de hablar como de expresarse, con un vocabulario bastante rico y unos adjetivos algo graciosos. Me ha encantado que hayan mantenido el hecho de que Violet sepa de maquinaria porque nosotros tenemos la mala costumbre de pensar que eso no es un trabajo de mujeres, cuando cualquiera puede dedicarse a lo que quiera siendo hombre o mujer, mientras que Klaus Boudelaire es un chico muy inteligente que es capaz de pensar rápido, descubrir enigmas, aprender mucho más que los demás con solo leer un libro… Y la pequeña Sunny, bueno, ella tiene unos dientes muy afilados.

Tanto la serie como la película tratan de mostrar un mensaje bastante claro y es que, por mucho que te pasen cosas horribles, puedes seguir adelante, puedes seguir luchando hasta salir de la oscuridad que te invade y te persigue. En este caso, son niños que han pasado por un trauma horrible y, a pesar de ello, son capaces de investigar todo lo que ocurrió con sus padres y escapar del Conde Olaf, perdiendo cada vez a más gente sin poder evitarlo, de hecho, pasan de ser unos chicos afortunados viviendo con una familia adinerada a no tener absolutamente nada. También enseña que, cuando permaneces unido a personas que quieres, todo lo demás sobra, es ruido de fondo, luchar con ellos te hace más fuerte y, si todos ayudan a que las cosas se solucionen, entonces no hay muros que nos separen de nuestros objetivos.

Creo que tiene una temática muy interesante, desde el espionaje a lugares que no imaginarías, personajes que puede que te extrañen y bueno, situaciones que no creo que os gusten nada. He terminado la segunda temporada y os puedo decir que, tal como la primera, no termina nada bien para los niños Boudelaire, de hecho, ¡estoy deseando que saquen ya la tercera y última temporada porque no puedo más con esta intriga! Tiene el toque dramático, dada la situación constante de los niños y de la muerte de sus padres; momentos divertidos entre disfraz y disfraz del Conde Olaf, cuando ya es bastante obvio quién es el villano de la historia; y, bueno, cómo no, también interfiere la aventura, dado que los niños no paran de viajar a sitios nuevos y a conocer a personas que no habían visto antes. Pero, da la casualidad de que cada sitio es peor que el anterior…

Os contaría más cosas pero, descubriría el maravilloso misterio que se encuentra en la serie, así que, os dejo el link donde Lemony Snicket os explica más o menos lo que os he comentado (es el narrador de la historia, ya lo iréis conociendo…):

https://www.youtube.com/watch?v=adqEaiy6cjA

¿Os gustaría verla? Si la habéis visto ya, ¿estáis tan inquietos como yo por ver la tercera temporada a partir del 1 de enero? 

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Janine: La Mujer Solitaria

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Relato procedente:“EL SILENCIO”

Nombre: Janine Eringer                Edad: 34 años

Ciudad natal: Sheffield                Profesión: Bibliotecaria

Descripción física:

Mi cabello castaño claro es largo hasta más abajo de los hombros, casi no lo cuido por falta de tiempo pero trato de que permanezca lo más suave posible, consiento el desorden en mi casa pero no los nudos en mi pelo. Mis ojos color miel suelen estar algo decepcionados al mirar alrededor, al permanecer en un lugar tan vacío sin darme demasiada cuenta o sin querer exteriorizarlo. Mis labios gruesos tratan de seguir acallados tras las acusaciones de mi familia, tras los muchos insomnios y las horas vacías delante del televisor. Mi tez pálida sigue algo áspera debido al frío, suele pasarme también en las manos, soy consciente de que debo cuidarme más la piel pero se me olvida con regularidad debido al trabajo. Mi cuerpo esbelto normalmente va vestido con unos vaqueros, cualquier camisa planchada que haya en el armario y una gabardina lo bastante larga como para que cubra una parte de mis piernas.

Descripción de la personalidad:

Suelo ser bastante callada, nada tímida pero con tendencia a apartarme del resto de la gente, me gusta tener mi espacio y horas dedicadas a mí. Mi frase típica tiende a ser: “lo siento, no puedo, tengo mucho trabajo”, termino espantando a todo aquel que quiere mantener una relación amistosa o amorosa conmigo, no puedo evitarlo, sale sin más de mi boca. Me escapo de aquellos que quieren conversar, pienso que siempre tienen una intención negativa detrás y no me gusta que hablen conmigo por sacar algún beneficio, sino por quién soy. No me he tenido en tan alta estima debido a mi familia, he creído sus críticas, he pretendido ignorarles pero de nada sirve cuando las cenas familiares son lo único que te hace levantarte un sábado por la tarde tras toda una semana de trabajo…

Una infancia no muy interesante:

Mis padres siempre han sido bastante estrictos, esperaban muchas cosas tanto de mi hermana como de mí, aunque ella ha conseguido más cosas que yo, tiene un doctorado, marido y dos hijos, ¿qué más pueden pedir? Mientras que, en mi caso, me resultaba más difícil mantener contacto con los demás, no porque no fuese abierta, sino porque no quería, no me inspiraban demasiada confianza. Nos pedían más de lo que podíamos dar, aunque mi hermana siempre llegaba a los niveles que demandaban, siempre les complacía como una buena niña que era, a veces, no soportaba su hipocresía.

No comíamos como los demás niños, nuestras dietas estaban basadas en vegetales crudos, huevos cocidos y demás gilipolleces que no me llenaban para nada, estaba preocupantemente delgada. En el colegio no me pasaban demasiadas cosas interesantes, yo era la hermana de la guapa, de la que triunfaba y sacaba buenas notas, era su sombra hasta que me independicé tan rápido como pude.

La independencia fue la clave de todo:

Cuando no soportas que tus padres lleven las riendas de tu vida como si fueran las suyas, decides qué es mejor para ti, ansiando la libertad más que nada en el mundo y, cuando la tienes, ya nunca más quieres soltarla. Mientras estudiaba en el instituto, iba a trabajar a una floristería a tiempo parcial, pude dedicarme a todo y pasar de curso, algo justa pero seguía adelante. No le dije a nadie que trabajaba hasta que pagué el depósito de un piso y el primer mes con tan solo dieciocho años, mis padres se volvieron locos e intentaron impedírmelo pero no pudieron más que callar y agachar la cabeza, como había hecho yo en su casa durante tanto tiempo. Fue una de las mejores sensaciones que había tenido en años…

Una vez me hube mudado y pude llevar las riendas de mi vida poco a poco, me di cuenta de a qué sabía la libertad, qué era el silencio en una casa propia, con la decoración que a mi me gustaba, sin dar explicaciones de nada, sin estar obligada a celebrar tradiciones absurdas o cenas con tu familia, podía hacer lo que quisiera, dado que, aquel era mi espacio por fin, un espacio que he cuidado desde entonces, dado que, sigo en el mismo piso, le he llegado a coger muchísimo cariño y respeto. Mis padres no han entrado nunca aquí, para ellos, vivir en un primer piso es demasiado malo, no tiene nada de glomouroso, dado que, mi hermana vive en un adosado tras sacarse un doctorado en medicina, ya se encargan de restregármelo en cada cena familiar.

Las relaciones abruman:

En mi vida tan solo he tenido dos relaciones y mis padres ya se encargaron de estropearlas, para ellos, no eran suficientes para mí aún siendo chicos decentes, de familia humilde y muy trabajadores, lo que pasa era que no tenían dinero, tan solo trabajos temporales que no tenían ni idea de lo que iban a durar. Cuando venían a cenar, les humillaba, les decía qué hacer y qué no, trataban de sacarles información sobre mi vida, sobre a dónde iba y cómo era mi piso, siendo que ninguno de los dos llegaron a pisarlo en el tiempo que estuve con nada uno.

El primero me dejó porque la relación le parecía demasiado con mi familia siempre fisgando sobre nuestras vidas, no podía con ese acoso constante del que estaba siendo víctima, me costó procesarlo porque le quise mucho y estuve a punto de irme a vivir con él pero terminé entendiéndolo, no podía dejar que su vida estuviera afectada por semejantes chupasangres. El segundo dejó de prestarme atención, dejó de responder a mis llamadas y, en cuanto fui a buscarle a su casa, me lo encontré enrollándose con otra, lo cual, entendí como una finalización de relación bastante fiable.

Tras estas experiencias tanto con mi familia como ex parejas, decidí no volver a tener relaciones, me parecían demasiado complicadas como para poder manejarlas y mucho menos si mis padres persistían en evaluar cada parte de mi vida, en realidad, estaba protegiendo a mis futuras parejas. Llevo así desde los veinticuatro años, sin nadie en quién contar o en quién confiar, viviendo mi vida al margen de la de los demás, deseando llegar a casa para dejar de evitar a todo el mundo y para tener mi pequeño espacio a mi completa disposición.

La soledad más oscura:

Puedo decir que me he acostumbrado a la soledad, al silencio de mi casa, a no encontrar a nadie al llegar. Puedo decir que estoy cómoda donde estoy, que me encanta tener mi espacio y tener la oportunidad de no decepcionar a nadie. Podría decir que me siento plena teniéndome a mí misma y que no siento en absoluto la soledad, que la disfruto pero, muchas veces, no es así. Que alguien espere a que llegues a casa para abrazarte es realmente alentador, ver una sonrisa en la cara de la otra persona al ver que has llegado no tiene nombre, un masaje en los pies mientras te relajas tras tantas horas en el trabajo es un momento especial y, por descontado, llegar y oler la cena que ha preparado esa persona que te abraza en la cama cada noche, es algo único.

Durante diez años no he sentido nada de eso, tan solo un vacío sobrecogedor que no he podido evadir, he querido ignorarlo, apartarlo de mi mente, centrarme en el trabajo y dejar que se disipara pero no ha sido tan sencillo. Mis padres esperan verme con un hombre prometedor, tener nietos, sentirse al menos, algo orgullosos de mí pero, puedo ver tanta distancia entre ese pequeño deseo y yo que no sabría si expresar tristeza, decepción o desconcierto al no entender nada de lo que ocurre conmigo, soy un contraste de emociones demasiado complicadas para encajar, demasiado tristes para permanecer unidas, desapareciendo entre el silencio.

Un futuro siguiendo el camino:

Mi destino está escrito, miro hacia adelante y, tal vez, no veo nada pero puede que haya algo que me espera. Seguiré sola como hasta ahora, no es ningún plan, tampoco es un deseo o una plegaria, sigo un camino predestinado para mí, el vagar en soledad no debería ser ya un problema. Quizá mi familia no deje sus preguntas, querrán seguir humillándome y puede que, algún día, deje de ir a esas cenas que tanto les importan, sí, puede que lo haga desde ya, sin pensarlo, sin ningún tipo de compasión.

Puede que, dejándoles atrás, pueda tener una vida nueva, pueda hablar con la gente que me rodea y tener una cita como es debido. ¿Podré hacerlo o es simple imaginación?

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En Silencio:

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Miré la copa de vino, la única que me esperaba en aquella habitación vacía, la que ni siquiera se dignaba a mandarme una sonrisa. Entré en casa tras una fracasada cena con mi familia, resonando todavía en mis oídos aquellas frases  como “deberías buscarte un marido”, “¿a tus treinta y cuatro años y aún no tienes hijos?”, “a ver si se te pasa el arroz…”. La palabra que se me venía a la mente era indignante, no tenía otra definición, tampoco otra estructura, ellos eran de tradiciones, de presionar, de calar hondo con las palabras y no entender las decisiones ajenas.

Era como si sus gritos siguiesen ahí, no solo los oía, los sentía dentro de mí. El silencio me empezaba a embriagar, casi me sentía sobrecogida, mientras seguía mirando ese vino que esperaba a ser bebido. Pero ya no tenía sentido, no había nada por lo que brindar, parecía estar feliz en mi burbuja, ¿y si mi mundo era una mentira? Siempre me hacían dudar pero, ¿era eso lo que me ocurría? ¿Dudaba a caso sobre mi estilo de vida? Me tiré en el sofá como un saco de patatas, abatida, me sentía como si me hubiesen ganado en una batalla, como si hubiesen acabado conmigo y se hubiesen reído a carcajada limpia viendo cómo me comía el suelo al caer… La “familia” es tan solo eso, una palabra.

Había dejado las luces encendidas, engañándome a mí misma, creyendo que alguien vendría tras mi marcha para esperarme pero nadie iba a hacerlo. Llevaba sola diez años y parecía que iba a seguir siendo así, ¿era lo que yo quería? Posiblemente. ¿Era lo que merecía? No tenía ni idea. Me empeñaba en centrarme en el trabajo, en no hacer caso de las insinuaciones masculinas hacia mí, en no aceptar citas porque estaba demasiado ocupaba… ¿esos eran mis verdaderos motivos o estaba evitando mantener una relación con otra persona? Quizá me era difícil reconocerlo pero, me había ido muy bien así.

Mis limitaciones eran insuperables, yo misma me marcaba mis objetivos y nadie más interrumpía esos momentos de paz que prevalecían en mi zona de confort, me protegían del exterior. Nadie entendía por qué prefería irme a casa sola, por qué tenía noche de películas el viernes en vez de salir con mis compañeras de trabajo a cazar a algún tío lo suficientemente idiota como para desear dejarme preñada, no entendían por qué prefería tomar una copa en la taberna cercana a mi casa los sábados por la noche en vez de pasearme por las discotecas con minifalda y un escote de infarto para llamar la atención de los babosos que no tenían muy claro dónde mirar, si arriba o detrás.

Solía tener mi espacio en casa, estaba algo desordenada pero tenía un toque personal que daba a la reflexión, trabajaba en una biblioteca donde se me daba la oportunidad de ayudar a aquellos que necesitasen alguna lectura interesante para sus noches solitarias y tenía un magnífico jardín donde pasar las tardes tomando una taza de té con un buen libro entre manos. Era extraño cómo sentía que no era suficiente, era algo que permanecía escondido, lo ignoraba, lo trataba de evitar a toda costa, manteniéndome ocupada, aún sintiendo esa presión en mi interior. Nadie esperaba mi llegada, nadie venía a recibirme o a hacerme un masaje en los pies tras el trabajo, no solía gustarme compartir mis palomitas en las noches de las películas de los viernes pero, podría hacerlo si alguien me lo pidiese… Esta casa no se sentiría tan grande.

A veces, es como caminar a tientas entre las oscuridad con una venda puesta en los ojos, tratando de evitar el contacto humano, las relaciones, el simple hecho de vivir en mi propia casa de papel. Permanecer sola era francamente difícil, no os voy a mentir, es como si te faltase una mitad, suelo sentirme bien mientras trabajo pero al llegar, tan solo veo desolación, piso un torrente de soledad y observo un ambiente vacío, neutro, con ausencia de ruido. Tenía sentimientos encontrados que me atrapaban, lloraba sin razón aparente y acallaba mi mente con las películas de los viernes mientras comía esas palomitas de mantequilla que tanto deseaba compartir, ese vino con el que brindar por una agradable noticia, viendo una sonrisa al llegar a casa y dejar la chaqueta.

Es un quiero y no puedo, un me importa pero no, quiero hablar de ello pero prefiero no hacerlo, un adoro el silencio pero me mata por dentro, un quiero estar sola pero deseo que alguien me espere levantado…

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Serie “Gilmore Girls”

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Bueno, ¡por fin he visto esta serie enterita! Hacía mucho tiempo que quería verla pero nunca me decidía, sacaba excusas de debajo de las piedras para no verla. Vi toda la serie subida a Netflix y me dije: “¿por qué no? Hace tiempo que quieres verla, anímate” y lo hice, de hecho, no me arrepiento ni lo más mínimo. He disfrutado mucho de ella, me he reído, he llorado como una magdalena, me he sentido indignada y feliz a la vez… Esta serie trae muchas emociones consigo, ¡os lo aseguro!

La he visto como una serie muy feminista, empezando porque se centra en la vida de dos chicas Gilmore que viven solas, se mantienen y siempre están juntas pase lo que pase, no dejan que un hombre dirija sus vidas y, la mayoría de veces, saben lo que quieren. Empiezas sabiendo que Lorelai (la madre) tuvo a Rory Gilmore (la hija) con tan solo dieciséis años, ella sola se fue al hospital a dar a luz sin ningún tipo de ayuda, no se llevaba bien con su familia y su novio se asustó demasiado como para ayudarla con todo, era un chico muy inmaduro. Saca a su hija adelante desde ese preciso momento, independizándose de sus padres (gente bastante rica), viviendo en una pequeña casita detrás del hotel donde se pone a trabajar de limpiadora, hasta que llegue a ser Gerente tras mucho tiempo de trabajo duro y dedicación. Ambas son inseparables, se quieren con locura y terminan teniendo una relación preciosa que muchos envidiarían. Esto, es realmente admirable en una mujer…

Han tenido muchas parejas, han llorado por ellos, han pataleado, gritado… pero siempre se han querido. Creo que se aprenden varias cosas en esta serie, varios valores importantes como la honestidad, la lealtad, cómo se va formando la confianza maternal/paternal, lo bueno que es independizarse de los padres y lo increíble que es ser uno mismo sin importarte lo que digan los demás. Lorelai le ha dado a Rory todo lo que ha necesitado, ha hecho todo lo humanamente posible para que su hija llegara a conseguir sus objetivos, ha ido a la Universidad sin problemas con muy buenas notas, es periodista, incluso la ha calmado en momentos intensos de estudios. Es una de las relaciones más profundas que he conocido, no había visto a personas tan unidas nunca (en series sí, pero muy pocas), además, no es algo que se suela ver en la calle. He visto la relación que me gustaría tener con mis hijos más adelante (cuando decida tenerlos).

Me ha enseñado la importancia de la comunicación en las relaciones tanto de pareja como familiares, es fundamental la confianza para poder formarse a alguien como persona. Algo que me sorprendió fue que, Lorelai siempre ha actuado con su hija como si fuera su amiga, su compañera, muy pocas veces como su madre y eso trae mucha confianza con la otra persona. También es una mujer muy divertida que siempre trata de seguir adelante, normalmente tras cada bache amoroso por el que pasa, es bastante sarcástica y bromista, características que me encantan de una persona, Rory se lo pasa genial con ella.

En la serie también podemos ver cosas tan realistas como la madurez de una joven como Rory, cómo va persiguiendo sus metas poco a poco y va convirtiéndose en una mujer. Cada vez sabe con mayor precisión lo que quiere, lo que busca, sabe hacer sacrificios importantes porque sus sueños se cumplan y no se rinde nunca. Al principio de la serie, es una joven muy tímida, no habla demasiado, se queda en un rincón leyendo y escuchando música mientras sigue siendo una estudiante ejemplar. Muestra lo que significa el trabajo duro y perseguir tus sueños, que nada te pare, ningún bache, tampoco personas que no creen que tengas lo que hay que tener para ser quién quieres ser… Antes siempre era una joven muy dependiente de su madre, de su entorno en el pueblo, pero conforme va pasando el tiempo, va aprendiendo a ser más independiente y a empezar a vivir su vida por mucho que le cueste distanciarse de las personas que más quiere.

Podría seguir contando un montón de cosas que he aprendido de esta increíble serie, dado que, ha sido una de las más realistas que he visto, muestra muchos aspectos de la vida misma pero podría estar días y días para terminar este post. Lo que quiero decir es que os la recomiendo, os dará nuevas perspectivas sobre las decisiones que tomamos en la vida, los caminos hacia los que nos llevan, puertas que se cierran para que otras puedan abrirse, momentos de duda, sentimientos contradictorios, circunstancias difíciles de las que escapar, cómo afrontar problemas, incluso cómo mantener relaciones sanas. La he disfrutado mucho y espero que si vosotros decidís verla, también lo hagáis… Os dejo por aquí una recopilación de la temporada uno a la siete para que veáis de qué va, ¡espero que os guste, chicos!

https://www.youtube.com/watch?v=tQXpMJB6gaA

Si habéis visto esta serie, comentad qué os ha parecido y los que no, ¿os gustaría verla o sentís curiosidad?

 

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¿Dónde Están los Lectores?

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Esta es una pregunta que me he hecho muchas veces: “¿y los lectores?”. Vale, parece que carezca de sentido porque, evidentemente, habrá muchos por ahí pero, en serio, ¿dónde están? Porque yo no los encuentro. Paciencia. Todo tendrá sentido más abajo, cuando empiece a explicarme. Basándome en que leer es una de las aficiones más apasionantes que he tenido el placer de tener y experimentar, me da la sensación de que mucha gente ha dejado que sus intereses digitales interfieran en hábitos sanos como es la lectura. Allá a donde vamos, llevamos nuestro móvil y, si se nos olvida en casa, ¡menuda catástrofe! ¿Y ahora qué hago sin el móvil, dios mío? ¡Estoy a punto de entrar en pánico, se me cierra la garganta, me mueroooo! Típica reacción absurda (aunque yo también la haya tenido, ¡culpable!).

Bueno, tras esta introducción algo cómica (a veces, me apetece jugar un poco), os pregunto de verdad dónde se han metido los lectores porque antes los podíamos ver prácticamente, en todas partes: en el bus, en un banco, esperando el tren, en este último, en la cafetería, en un restaurante mientras comían, en la peluquería… y una lista interminable, siempre existía el momento perfecto para leer, es más, siempre era el momento para hacerlo fuera donde fuese. Ahora, lo único que veo es gente pegada al móvil con sus redes sociales dando golpecitos en su pantalla para atontarlos, en el autobús no hay nadie leyendo un libro, va en serio, NADIE (y voy en bus casi todos los días para ir a trabajar), es preocupante.

La era digital hace que nos mantengamos absorbidos por ella, que permanezcamos alelados ante la información que nos llega, con móviles cada vez más modernos, con muchas más cosas… Ahora parece que un escritor puede tener una aplicación en el móvil, anulando por completo el placer de escribir en una libreta y con un bolígrafo, yo todavía lo hago y me siento genial haciéndolo, tengo una libreta para cosas diferentes, ahora todo va por el móvil, ¿por qué, joder? ¿Estamos tontos o algo? Siento ser tan crítica con esto pero muchas de las cosas que hacíamos antes se están perdiendo y, aunque no debería, en ciertos momentos, me indigno al ver a un niño de cinco años atontado delante de la pantalla de un móvil, ¿por qué no está jugando con una pelota? ¿por qué narices prefiere estar sentado en un banco jugando a un juego de móvil estúpido que no hace más que absorber ese tiempo que nadie le va a devolver? Antes veía a más niños leyendo, os lo aseguro y me parecía enternecedor, me sentía orgullosa de ellos, sabía que estarían disfrutando el libro aunque no les conociese de nada, pero ahora es diferente, como una horda de zombies con móviles acechando en el presente.

Por supuesto, no digo que a todo el mundo deba gustarle leer o escribir, pero quiero decir que eran cosas que la gente solía hacer bastante allá a donde fueses y que ahora han sido sustituidas por móviles. Y ya no solo “hobbies” como estos, sino también el estar conforme con no ver a una persona que conoces desde siempre chateando con el móvil, ¿en serio? Podemos morir mañana y tan solo pensamos en enviar un qué tal te ha ido por la caja tonta minúscula, me parece horrible, la verdad. Ahora se da mucha importancia a subir fotos fabulosas a “Instagram”, te pones a pensar en la gente que te sigue y te preguntas muy en serio: ¿conozco a alguien de los que me siguen? (a algunos sí pero ya me entendéis), ¿por qué interactuamos? ¿es que una foto que subes es más importante que cualquier otra cosa en ese momento? Me hago preguntas así en mis ratos libres, mi mente no para, al parecer, sigo siendo igual de inquieta que siempre…

Me indigna ver cómo ya no podemos tener conversaciones interesantes sobre lecturas varias, cómo la gente prefiere hablar de videojuegos, del último juego que se ha descargado en el móvil o la última foto que ha subido en “Instagram” para que todo el mundo la vea y me parece triste, la verdad. Reducimos nuestra vida a cosas tan ínfimas como es subir una foto a una aplicación que conecta a gente, la hace más famosa por colaborar con marcas y a la que no conocemos de nada y espera, eso les hace sentirse más felices. Es absurdo, al menos, para mí. Al igual que hacemos un mundo por dejarnos el móvil en casa o nos olvidamos de subir una foto a “Instagram”, también podríamos hacer un mundo si un día no nos culturizamos un poco, si no hacemos algo interesante con un “hobbie” que tengamos… dejar el móvil por un momento no va a matarte, ¿sabes?

Es que incluso, es difícil mantener una conversación normal. Estás hablando con alguien que está pendiente del teléfono, quizá está viendo un vídeo y le importa una mierda lo que le estás diciendo porque eso es más importante. Dejamos atrás buenas costumbres para dejar entrar a las que realmente nos sobran, de hecho, en el bus no leo porque me mareo pero cuando me dan mis dos horas de descanso en el trabajo, leo mientras como y espero a volver a entrar, sé que es algo que me enriquece, que me forma poco a poco, además subrayando el hecho de que soy escritora y si no leo, no puedo ser capaz de redactar bien (tal como dice Stephen King). Os aconsejo que dejéis un poco de lado lo que no importa y os centréis en las cosas que de verdad os gusta hacer, son buenos hábitos para tu día a día, dejemos los móviles de una vez… Pero oye, ¿a quién quiero engañar? Eso ya no va a cambiar.

¿Qué pensáis vosotros de esto? Escribidlo en comentarios y os leo 🙂

Publicado en Reflexiones

Escritores en Pijama:

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Con este post quiero eliminar esa idea que tiene la gente del típico “escritor en pijama” que se queda en casa sin hacer nada y al que se lo traen todo hecho, quiero eliminar el tema de: “qué bien eso de no hacer nada en casa, ahí con tu pijama y tu ordenador…”, aunque parezca mentira, lo he oído mucho y me gustaría terminar con ello o, al menos, ayudar a que termine con esta entrada porque no es para nada verdad, afectándonos a todos como escritores. No me molesta del todo oírlo pero es cansino, es como si tuvieses canas, a ti no te molestan pero siempre está el típico tío que te lo dice todo el rato, llega un momento que revientas, pues yo igual.

Por supuesto que un escritor hace su trabajo (y sí, es un trabajo, no miréis de esa forma la pantalla) en casa, ¿qué mejor sitio si no? ¿Pretendéis que nos montemos un despacho particular, nos levantemos todos los días a las seis de la mañana para ir allí y hacer lo mismo que podríamos hacer perfectamente desde casa? Hay gente que estudia desde casa, al igual que también trabajan desde casa y, para estar más cómodos, se ponen un batín, ya que, no tienen pensado salir, pues nosotros también lo hacemos, ¿sabéis? Es de sentido común. Me parece increíble que haya gente que piense todavía que estar sentado delante de un ordenador todo el día sea “no hacer nada” porque desde luego que se hace, os lo voy explicando más abajo.

Pregunta: ¿de dónde creéis que un escritor saca todas sus ideas? De la mente, ¿verdad? Bueno, pues imaginad que estáis todo el día delante del ordenador perfilando ideas, escribiendo cosas nuevas, ultimando detalles, forjando a los personajes que van a salir en una historia… Os voy a decir lo que siente una persona: cansancio mental, algo de lo que la gente podría informarse de vez en cuando porque también es una forma de trabajo, uno también se puede cansar mentalmente de estar todo el día “pensando”, creando, formando… Además, no solo es ese cansancio, también nos duelen las muñecas y algunos tenemos el síndrome del túnel carpiano, a mí me pasa mucho cuando llevo escribiendo todo el día durante tres o cuatro días seguidos, me duele, me da pinchazos y no puedo coger las cosas con normalidad porque me molesta el dolor, lo calmo con masajes o con una pasta oriental que tengo para los músculos. Eso no es por no hacer nada, sino por hacer más de lo que deberías.

Los escritores sacamos todo lo que hay dentro de nosotros, nos volcamos para escribir buenas historias, sentimos, nos emocionamos, recordamos algo que podemos incluir… Todo eso es un trabajo constante, de hecho, también lo hacemos mientras nos ocupamos de poner la lavadora, de limpiar, de cocinar… nos vienen ideas a cada dos por tres y hay que escribirlas, alguien tiene que hacerlo para que no se te olvide, digamos que estamos en movimiento, nuestra mente no para. Estaremos en pijama y en nuestra casa, no tenemos el mismo cansancio que tendría en el cuerpo un obrero por ejemplo, pero nuestro trabajo es infinito, por decirlo de alguna forma. El crear no es solo una palabra, sino que trae consigo un montón de emociones, sensaciones, esfuerzo, dedicación, te vacías el cerebro para intrigar al lector, para hacerlo sentir parte de la historia, para adentrarlo en el ambiente que tú misma has ido formando, ¿tenéis idea del trabajazo que trae eso? Supongo que no.

Muchos escritores somos exigentes con nosotros mismos, escribir un libro, un relato para tu blog o una revista, no es sencillo, tienes tus altibajos o porque no ha quedado exactamente como quieres o porque te falta algo y pretendes buscarlo, quieres que quede perfecto (igual no tan exagerado pero deseas que quede lo mejor posible), quieres que guste, no solo a ti, tienes que llegar al público, tienes que emocionarles y eso no es nada sencillo. Creo que escribir en pijama es de las mejores cosas que un escritor puede hacer, dado que, estamos ante momentos buenos y muy malos y es una manera de estar cómodos en el lugar de trabajo que, da la casualidad de que es nuestra casa.

Por si esto fuera poco, cuando terminamos cualquier cosa, cuando la historia está como nos gusta, tenemos que repasarla una y otra vez para encontrar los errores tanto gramaticales, como de sintaxis, sinónimos, vocabulario, acentos, presentación… hay muchas cosas que cuadrar antes de dejar un escrito terminado, pueden llegar a ser muchas horas de trabajo (y más si estás editando un libro). Os pongo un ejemplo fácil: la semana pasada, estuve escribiendo un día que tenía libre desde las once de la mañana hasta la una de la madrugada con sus paradas para comer, me cundió muchísimo el trabajo, por supuesto, estuve de lo más orgullosa de mí misma por haber conseguido lo que quería de esas horas tan bien invertidas y, ¿sabéis? No salí de casa, estuve en pijama y batín todo el tiempo, en mi habitación, calentita y con las ideas claras de lo que iba a escribir, más inspirada que nadie en ese preciso momento, incluso ahora, estoy escribiendo esto en pijama y no me afecta para nada a mi mente, es una manera muy cómoda de trabajar, ayuda a que te relajes y no te perturbe nada, la necesidad básica de mantener una buena temperatura en tu cuerpo, está bien atendida.

Así que bueno, espero haberme explicado con suficiente claridad con esto. Además, espero que haya abierto de par en par el punto de vista de muchos escritores que nos gusta crear y no por estar en casa y con pijama, somos unos comodones y unos vagos. Trabajamos, al igual que el de la obra, el albañil, el camarero, el cocinero, incluso el surfista trabaja (dedica sus horas a practicar, ¿no?). Lo que importa es lo que sale de ti, lo que provoca al lector, lo que se siente al escribir, al terminar un libro, un relato, algún proyecto que debías terminar, ni siquiera es importante lo que lleves puesto mientras lo estás haciendo, mientras llegues a tu meta u objetivo, puedes hacerlo en bragas si quieres.

¿Cómo trabajáis vosotros? ¿También creéis que los escritores somos vagos o no trabajamos por estar en casa y llevar pijama? Dejádmelo en comentarios, ¡os leo!

 

 

Publicado en Reflexiones

4º Aniversario: Nuestra Evolución

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Naciste de una pequeña idea en lo más recóndito de mi mente, en un espacio que creía inexistente. Te convertiste en un tema de conversación bastante común entre nosotros, decidiendo si te haría público o no, de qué página formarías parte. Tenía tanto que darte desde el principio que siempre me han sobrado palabras, eras pequeña, diminuta a plena luz, casi insignificante pero brillabas para mí incluso en privado, mientras permaneciste en las sombras durante, al menos, cuatro días. Estuve atenta a esa posibilidad, pensé en darte a conocer al mundo, en hacer que los demás pudieran leerte, sentir mis palabras en ti, entretener y dar a conocer algunas de mis reflexiones a este pequeño mundo incomprensible y a algunas vidas que tenían más cosas en común en mi manera de pensar de lo que creía.

Tras cuatro años de constante dedicación y escritura creativa, has evolucionado a mi lado, mis palabras se han vuelto algo más adultas, mis ideas son más claras y puedo plasmarlas en ti de forma diferente, me has ayudado en esa práctica. Ahora te ves algo más grande gracias a los lectores de este blog, pasaste por un bloqueo cuando nos mudamos aquí pero también pasamos esa fase sin problemas, ahora eres como un “todo en uno”. Lloré creyendo que de verdad podía perderte, pensando que quizá era el fin de nuestra unión pero, ahí estabas tú, siempre dándome ideas… Tras cuatro meses en esta plataforma, hemos sabido cómo manejar lo que antes no entendíamos, he podido reconstruirte y ahora, pareces brillar como lo hacías antes, eres como la luz al final del túnel.

Mis ideas, mis sentimientos, mis locos pensamientos, suelen agolparse en mi mente de forma muy frecuente, demasiado, a veces creo que pienso más de lo que debería… me ayudas a despojarlas y darle una visión diferente y más dinámica, incluso, viendo una hoja en blanco puedo improvisar algo para que quede perfecto. Eres la forma que tengo de hacer visualizar todo en lo que creo, mis experiencias, los relatos y personajes que viven en ellos, mis reflexiones y las locas historias que me saco de la manga… Eres mi herramienta para ser quién soy y para convertirme en quién quiero ser en un futuro, para mejorar en mi escritura y seguir creyendo en que es una bonita forma de vida.

Durante todo nuestro trayecto, me has enseñado a no tenerle miedo a los comentarios, a lo que pensará la gente, a escribirme a mí misma y así, no tratar de preocuparme por decepcionar a nadie. Persististe aunque me dijeran que escribir era una tontería, que ser escritor no es una profesión y que fracasaría estrepitosamente, que me dejara de tonterías y me pusiera a estudiar, tu siempre estabas al otro lado, esperando un relato, una historia que pudiese publicar, palabras que compartir con los demás,  reflexiones que me volvían loca y necesitaba exteriorizar, palabras que llevaba mucho tiempo sin poder decir…

Estuviste conmigo en mis peores momentos, cuando creía que todo mi mundo se disipaba, cuando veía que todo había cambiado, que mi día a día se resquebrajaba, cuando nadie me entendía y tan solo te tenía a ti para poder dar forma a todo lo que sentía. En esos tiempos, todavía pensaba que podía seguir escribiendo, eras lo único que me motivaba, que me hacía sentir segura, viva, entera a pesar de que sintiera que me faltaba una mitad, me volviste a dar un objetivo de vida, un objetivo que he seguido a pies juntillas y que espero llegue pronto. Las lágrimas salían de mis ojos de forma constante, el insomnio acechaba pero, ahí estabas tú, esperando a que me desahogara, esperando que mis palabras salieran para seguir sanando mi alma porque, así es como funciona, ¿verdad?

Por todo ello, GRACIAS por seguir haciéndome crecer en el mundo de la escritura, GRACIAS a los lectores por leerme, ya que, sin vosotros el blog no sería igual, GRACIAS a los que habéis apoyado tanto a este blog como a mí y GRACIAS al Universo por darme este don tan impresionante y que me hace sentir tan viva cada día… No me cansaré de decirlo, ¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS!

 

Publicado en Personajes

Jane: La Chica Abandonada

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Relato procedente: “DISTANCIA” 

Nombre: Jane Smith                    Edad: 32 años

Ciudad natal: Bristol                   Profesión: Cocinera

Descripción física:

Mi cabello castaño me llegaba hasta un poco más abajo de los hombros, quería seguir dejándomelo largo, a la jefa del restaurante no le gustaba demasiado la idea por su pulcritud en cuanto a la higiene se refiere pero, estoy en ello. Mis ojos de color miel siguen algo caídos debido a mi situación matrimonial, a mi marcha del que había sido mi hogar durante diez años, no sabía cómo reavivar aquella mirada perdida ni cómo hacer que se desvaneciera la tristeza. Mis labios finos permanecían acallados mientras seguía en casa, tanto si estaba Josh como si no, me abrumaba la cantidad de silencio que se podía albergar en una casa como aquella. Mi tez pálida seguía suave debido a todo lo que solía cuidarla, normalmente, se secaba debido al intenso frío que solía hacer fuera. Mi cuerpo esbelto seguía siéndolo debido a la tensión que solía notarse entre nosotros, a mi estado emocional y a la cantidad de cosas que tenía en mi mente y que no me dejaban relajarme ni un segundo.

Descripción de la personalidad:

Siempre he sido una persona bastante comunicativa, el vacío de palabras no es lo mío, no puedo simplemente enmudecerme en una conversación entretenida. He sido alguien alegre y con mucha energía, donde haya un café para subirme el ánimo, ¡que desaparezca todo lo demás! Soy alguien muy independiente que toma sus propias decisiones, cuando algo deja de funcionar, dejo de esforzarme para que lo haga porque siento que es una energía estancada. Tengo mucha confianza en mí misma y soy muy positiva, dentro de lo que se puede, tengo momentos en los que me gustaría desaparecer para siempre, como cualquier persona del mundo. No me gusta demasiado llamar la atención o convertirme en alguien importante, me gusta mucho ser una buena cheff pero no que lo publiquen en el mejor periódico del país, ¿entendéis?

Una niña sintiéndose adulta:

Desde muy temprana edad, mi madre me trataba como a una joven que tenía muchas responsabilidades, todo debía hacerlo dentro de los horarios previstos por ella, de hecho, teníamos una tabla en el salón donde me decía a qué hora debía hacer cada actividad del día, terminaba siendo agotador y de lo más paranoico por su parte. A mi madre no le gustaba que fuese demasiado emocional, de esa forma, me hizo saber que no era amante de los abrazos y que prefería mantener las distancias aunque fuese su hija, yo siempre he tenido la personalidad de mi padre, ese al que nunca conocí porque decidió largarse de casa cuando yo nací, al parecer, estaba muy asustado por la criatura que iba a asomar la cabeza, sintió tanto pánico que prefirió salir corriendo.

Mi madre tenía preparados folletos de tantas Universidades que perdí la cuenta, quería que me esforzase muchísimo para llegar tan lejos como las hijas de sus amigas habían llegado, no quería que nadie hablase mal de mí o, mucho peor, que nadie dijese nada sobre mis triunfos estudiantiles. Para empezar, no quería menos de un ocho, si lo sacaba, podría arriesgarme a estar castigada, justo como si hubiese sacado un suspenso, era de lo más estricta pero yo seguía con la esperanza fija en mi mente de que debía seguir sus pasos hasta que tuviese la edad suficiente como para elegir si quería seguir bajo la dictadura de mi madre o empezar una nueva vida lejos de ella, imagináis cuál fue mi decisión, ¿verdad?

Decepción maternal:

Como podréis suponer, no fui a la Universidad, sino a una de las escuelas de cocineros más importantes de por aquí, ¡estaba realmente orgullosa de poder cumplir mi sueño! Por descontado, mi madre pensó que había avergonzado a nuestra familia, qué iban a pensar sus amigas al saber que tan solo iba a poner las manos sobre comida y a usar un estúpido horno, por desgracia, nunca cambió de opinión y desde entonces, no sé nada de ella. Justo en el momento en el que le comuniqué mi elección de estudiar para ser una buena cheff, me dijo que me largara de casa, no quería a alguien que la humillase ni decepcionase, ya lo había hecho bastante, así que, me espabilé en encontrar un sitio en el que trabajar, mientras me quedaba en casa de mi amiga Lissy, tenía un piso precioso y, además, estaba buscando una compañera de piso.

Por todo esto, Josh y yo conectábamos tanto. Él venía de una familia que nunca le había aceptado, querían que fuese abogado y terminó dedicándose al marketing empresarial, algo que le apasionaba desde que era pequeño, sorprendente pero cierto. Le echaron en cuanto supieron que su único primogénito iba a ser un don nadie, también tuvo que vivir con algunos amigos en un cuchitril, el cual, podía pagarse mientras seguía estudiando y trabajando en cosas que ni le gustaban pero con las que podía comer y tener un techo. Y así fue como nos conocimos, en mitad de una conversación sobre el asco que daban nuestros padres, cómo nos habían tratado en nuestra infancia y cuál era nuestra comida favorita, conectamos in situ. Casi tuvimos que darle las gracias a nuestros padres por haber hecho de sus vidas desgraciadas una agradable velada en pareja.

Lo que parecía un matrimonio duradero:

Tras cuatro años viviendo juntos y compartiendo nuestras vidas, Josh decidió pedirme matrimonio y, cómo no, le dije que sí. Estábamos muy compenetrados, teníamos nuestros altibajos pero seguíamos llevando una vida conjunta saludable y muy tranquila, de hecho, quisimos esperar a vivir juntos para seguir tomando más decisiones como aquella. Nuestra boda fue preciosa y pudieron venir todos nuestros amigos, a algunos les costó llegar pero lo hicieron, haciendo de aquel día una reunión de antiguos compañeros de trabajo y estudios. Recordamos aquel día con mucha intensidad, dado que, hubo muchas risas, muchas memorias sobre quiénes éramos y cómo luchamos contra aquellas esposas que nos ataban a seguir viviendo con nuestros padres hasta que nos fuimos de casa, fueron momentos difíciles que dejamos atrás juntos.

Pasamos seis años de matrimonio entre discusiones y momentos tranquilos, a veces, eran cosas del trabajo lo que las provocaban, dado que, empezábamos a entrar en el terreno que queríamos para los dos, es decir, yo ya era la cheff en el restaurante donde trabajo, ya había recibido varias críticas muy buenas sobre mi comida y cada vez nos hacíamos más famosos, éramos como el lugar perfecto para ir a cenar algo increíble mientras tienes una romántica velada; mientras que, Josh había conseguido un ascenso y por fin tenía el despacho y el sueldo que quería, habían sido momentos duros para llegar ahí, así que, fue normal. Nos fuimos acoplando bien a nuestra nueva situación, el problema fue que estábamos demasiado ocupados, casi no salíamos del trabajo, había días que ni nos veíamos, creo que eso fue lo que empezó a distanciarnos…

Las distancias:

Tal como he dicho anteriormente, trabajábamos mucho y no teníamos tiempo para nosotros y, cuando lo teníamos, estábamos tan tensos que siempre terminábamos discutiendo, era un asco. Empezamos a tomar distancias, a darnos un tiempo para recuperarnos de la pelea, a evadirnos del otro, el no cruzarnos ni siquiera por los pasillos de casa, ayudaba… Trataba de aparecer por casa más tarde de lo que debía, de hecho, me iba a dar un paseo tras el trabajo para no encontrarme con Josh, para asegurarme de que dormía cuando llegase y él trataba de levantarse lo más pronto posible para no toparse conmigo. Un error que nunca debimos dejar que se prolongase tanto, ahora éramos dos desconocidos metidos en una casa silenciosa sin más conversación que: “luego nos vemos”, “no me esperes levantado”, “comeré algo en el trabajo”, “adiós”. De lo más entretenido, sí…

Nuestra sequía ha continuado tanto tiempo que he tomado una decisión: dejarle. Comprendí que una situación así no es sana, ya se terminó todo, dejamos que las cosas pasasen sin querer arreglarlo, sin afrontar los problemas de frente, evadiéndonos mutuamente. Todavía miraba las cajas de la mudanza y pensaba en todo lo que habíamos pasado a lo largo de diez años y simplemente, no podía irme, era energía estancada, como cuando vivía con mi madre, realmente frustrante… odiaba perder el tiempo. Quería empezar algo nuevo, poder hablar con la gente, tener algo de ruido en el pequeño piso que había alquilado en el centro de la ciudad y, al menos, encontrar la forma de recuperarme de una distancia tan larga del marido que dormía a mi lado… ¿podría si quiera hacerlo? ¿Conseguiría olvidarme?

Un futuro separada:

Hacía tanto tiempo que no sabía qué era estar sola que me aterraba encontrarme la casa vacía al llegar pero, bien pensado, así había sido durante los últimos años con Josh, ¿verdad? Era como si hubiera vivido sola durante todo ese tiempo… Esperaba que hubiese leído la carta, no me había llamado, tampoco escrito ningún mensaje, o estaba enfadado o seguía evadiéndome, no era el típico tío al que le gusta afrontar los problemas, pasa de ellos para que no haya bronca, es muy inteligente pero nada práctico…

Había llamado a mi abogado para que empezara los trámites del divorcio, iba a volver a ser una mujer soltera, no sabía si emocionarme o decepcionarme por el estrepitoso fracaso que había tenido mi matrimonio. Iba a empezar una nueva vida pero no podía evitar sentirme algo vacía, como si me faltara una parte importante de mi cuerpo, un pilar fundamental en mi día a día, en mi rutina… supongo que se me pasaría dentro de unos años, todavía tenía que recuperarme de todo esto, el restaurante me ayudaría, me mantendría lo suficientemente ocupada para no pensar en ello. Por fin oiría mi voz… ¿Vosotros la oís desde tanta distancia?

Publicado en Relatos

Distancia:

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Noté cómo te acostaste en la cama, justo a mi lado, ni siquiera sabía de dónde venías pero lo que sí tenía idea es de que habías estado bebiendo, tu aliento lo explicaba todo. Llevábamos tanto tiempo sin cruzar una palabra sincera, una sola mirada, una conversación con fundamento… Dormías a mi lado pero era como si estuvieras a mil metros de distancia; te tocaba pero era como sentir el aire frío en invierno; te observaba mientras cogías tus cosas para irte a trabajar, era como si jamás fueras a volver, teniendo ese sentimiento que quería que desapareciese, ese que me decía que no importaba que no volvieses.

Tantas horas de trabajo te volvían loco pero te empeñabas en que ese era tu deber para forjar un futuro dejando al azar todo lo demás, descuidando tu casa. Ibas y venías a tu antojo, pendiente de las llamadas de tu teléfono, subiendo de puesto en tu empresa, una felicidad que contemplaba desde el otro lado de la mesa pero de la que no era partícipe. ¿Cuándo dejamos de contarnos todo? ¿Cuándo nos alejamos? ¿Por qué no me di cuenta? Era como hablar sola en una habitación vacía, llena de recuerdos pero, a la vez, repleta de preguntas que era incapaz de responder… al parecer, era la única que se las formulaba.

Ya no llamas cuando ya has cenado en la oficina, ni siquiera para avisar de que no te haga la cena pero incluso eso, parece ya lejano, ínfimo, sin necesidad de un enfado porque ya no importa. El plato se queda en la mesa, frío, solitario, con las verduras a punto de ponerse pochas, ni siquiera era capaz de que te interesaras por mis nuevas recetas, aquellas que llevaba tanto tiempo forjando en un libro, ¿un qué tal lo llevas sería mucho pedir? El silencio que inunda nuestro hogar es abrumador, ya ni siquiera estamos en el baño los dos juntos, charlando mientras uno se peina y el otro se afeita, todo se ha vuelto tan íntimo y solitario que da miedo permanecer.

Noto tu cuerpo a mi lado, en esa cama que escogimos en aquella tienda en el polígono industrial, recuerdo que no conseguíamos encontrar el colchón adecuado, eran todos tan malos que estuvimos a punto de escupirle al dependiente por su incompetencia cuando te echaste encima de este, sin previo aviso, empujándome sobre ti, siendo el elegido por fin. Esos momentos suelen vagar en mi cabeza mientras sigo estando para ti en el lugar donde ambos escogimos para vivir hasta que nuestro silencio ha subido el volumen para hacerse oír, para ser contemplado… Cuando despierto, ya te has ido, recuerdo cuando me preparabas el desayuno cada mañana, impaciente por saber la opinión de una cocinera casi experta como yo, te esforzabas con nuestro matrimonio, era interesante ver que alguien me confiaba su tiempo sin pedir nada a cambio.

Incluso la distancia entre nosotros se ha congelado, se ha vuelto intocable, se ha dañado a sí misma, se ha transformado en un temor hecho realidad, en un suspiro de tristeza. Ahora, incluso miraba las cajas de la mudanza con bastante curiosidad, me preguntaba si era lo correcto, si dejarte ir era lo mejor que podría hacer… El simple hecho de despedirnos no era un problema, no ibas a estar ahí para mí, para importarte la situación aunque sea un poco, por ello, esta carta te serviría de guía para un futuro no tan lejano, para que veas que, incluso lo mejor de tu vida puede desaparecer por usar el simple arte de la ignorancia.

Quizá la rutina nos hiciese esto, quizá fue nuestra falta de interés por la vida del otro, quizá no nos queríamos tanto como pensamos o puede que ya se haya acabado lo que empezamos en su momento. Parece que hace tiempo no respiramos el mismo aire, que no hablamos el mismo idioma, que no andamos por la misma calle o saludamos a la misma gente, hace tiempo que nos sentimos alejados, absorbidos por nuestras ocupaciones. Ya no te conocía, no sabía si tus gustos musicales habían cambiado o si dejaba de gustarte la mantequilla, ni siquiera sabía qué comprar en el supermercado, era tan frustrante que terminaba llorando en el banco de un parque. Tu falta de exteriorizar sentimientos estaba siendo demasiado pesada para mis hombros, tu individualismo y falta de confianza, terminaba siendo tan desconcertante que decidía no decir nada… ¿Acaso era justo para los dos?

Nuestro camino se había estancado, no funcionaban los engranajes que solos se habían forjado. Me preguntaba qué había hecho mal y me vinieron a la mente mil errores que quizá pude haber corregido pero que no tuve la paciencia necesaria para ello. Tenía tanto que contarte pero tan poco que decir que tan solo necesitaba una ducha de agua fría para llevar a cabo lo que había decidido. Quizá no te importe ya pero me voy, dejo tu mundo solitario para adentrarme en lo desconocido, en lo que hay ahí fuera, para encontrarme con alguien que sepa hablar mi idioma, sentir mi mismo aire y alegrarse al verme, puede que ni siquiera sepas lo que es eso ya o no recuerdes cómo nos sentíamos hace algunas lunas pero yo sí lo recuerdo, duele no ver esos momentos en tus ojos, duele ver cómo toda nuestra vida ha ido desapareciendo, desvaneciéndose en el aire, haciéndose añicos mientras dormíamos y sin darnos cuenta en absoluto…

Un adiós está bien pero, un “volveremos a vernos” suena más alentador.