Publicado en Relatos

Futuro Roto:

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Miraba por la ventana a aquel sol que se estaba volviendo rojo tras el dolor de una raza, casi podía oírle llorar, desgarrarse por dentro al presenciar tal masacre. Tras aquella rivalidad entre hombres lobo y vampiros, nadie pudo evitar una guerra como esta llena de dolor y sangre, todos vimos a nuestros allegados morir. Ni siquiera sabía qué podía esperar ahora, después de haber pertenecido a una familia de lobos durante tanto tiempo, quedándome sola en aquella casita de campo en medio de la nada, escondida por si los vampiros volvían a aparecer, asegurándose de que cualquier raza que no fuera la suya pereciera.

Hacía un tiempo veía un futuro para mí. Podía ver ante mis ojos la cantidad de kilómetros que podría recorrer con la manada, lo mucho que podría llegar a aprender con ellos, el legado que dejaban a sus hijos, las ceremonias, el apoyo mutuo… Tenía a mi familia justo delante de mí, apoyándonos los unos a los otros, todos éramos uno y veíamos el futuro de nuestra especie tan real como lo era el mar. Todavía podía recordar sus fiestas bajo la luz de las estrellas, cantándoles a los árboles, aullándole a la luna, haciendo fogatas y contando sus más antiguas historias… Nada iba a ser lo mismo, ¿verdad? Mis pensamientos se debatían de forma constante, no podía negar simplemente la rabia que sentía dentro de mí, ese deseo de erradicar la especie vampírica de la faz de la tierra. No muchos sabían de su existencia, de su forma de matar a los indefensos, de su sed de sangre y la necesidad de ser la raza que permaneciera viva.

Ser la única de mi especie me hace sentir frágil, casi desechable, sin poder de movimiento… Tengo a la luna de mi parte pero ni siquiera ella me da las respuestas que busco, creo que nadie tendría las adecuadas para este momento. Todavía puedo ver sus cuerpos en la hierba, desangrados, descompuestos, muertos… cerca de la casa. El futuro de la especie yacía roto, resquebrajado, desencajado y quizá, esperanzado en que yo pudiera hacer algo para traer de vuelta a mi especie.

Empiezo a ver toda una responsabilidad sobre mis hombros al presenciar aquella sangrienta y absurda guerra entre dos razas constantemente enfrentadas, puedo ver cómo soy la única que puede hacer algo por cambiar mi “status”, por tratar de hacer algo para que dejemos de ser siempre los que mueren y permanecen indefensos a las amenazas de los vampiros. Siempre hemos sido fuertes, pero también compasivos, defendiendo a nuestras familias pero sin demasiada convicción, nos han pillado desprevenidos muchas veces, hemos vivido ajenos al terror, al miedo, a la sangre y a la rabia, hemos sido esclavos voluntarios de la naturaleza, aquella que nos mira mientras nos transformamos y completamos nuestro ser.

Ni siquiera puedo ver a mis padres cerca del río, inertes, inmóviles, sin voluntad de levantarse. Me protegieron antes de morir a manos de los que creen en sus locos ideales, los que no tienen humanidad y luchan por una causa vacía, clavando sus colmillos a todo aquel que no es como ellos. Murieron delante de mí, no tuvieron piedad con ellos, fueron dos más del montón que habían pasado al otro lado, dos lobos más sin importancia… Llevo tres días siendo huérfana y ni siquiera sé cómo sobrellevarlo, me vendría muy bien el consejo de algún miembro de la manada que, con sus amables palabras, llegase a mi corazón y consiguiese que me sintiera mejor tras aquel desastre. Un “todo va a salir bien” sería tranquilizador, incluso una sonrisa cambiaría las cosas…

Con lágrimas en los ojos y con el corazón en mil pedazos, empiezo a cavar en la tierra para poder enterrarles. Cada vez se hace más difícil, sus ojos no van a volver a abrirse, sus sonrisas se han desvanecido y tampoco pueden sentir la naturaleza bajo sus pies, tampoco el viento azotar su cara en cada transformación, nada. A mis padres los enterré cerca del río, el agua siempre fue su fuerza, pasaban la mayor parte del tiempo cerca de él, así que, lo consideré adecuado; los demás, forman parte del bosque ahora. Recé varias de las oraciones que me enseñaron desde que nací, para honrarles, para hacer que se fueran en paz y con una mochila, emprendí el viaje en busca de otros hombres lobo que se uniesen a mí para construir un nuevo hogar, una nueva familia y una nueva manada, aunque la anterior fuera irreemplazable, sería lo que ellos hubieran querido.

Caminaba pero todavía me sentía como si estuviera sentada en la ventana observando el sol, llorando la pérdida y preguntándome si él también creería en que todos los lobos permanecieran juntos o si era mejor esconderse y esperar a que los vampiros se cansasen de cazarnos. Es más, ¿alguien vendría conmigo?

Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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