Publicado en Edimburgo

La Alimentación:

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Hacía tiempo que quería contar todo esto porque a mí me resultó difícil al principio y es una forma en la que puedo ayudaros para que no os pase lo mismo. Hay personas que no podemos comer gluten, cualquier producto que contenga leche e incluso, nos cuidamos y preferimos no comer alimentos que tengan altos niveles de azúcar o también los llamados ultraprocesados y nos encontramos con el problema de que en Edimburgo (en todo Reino Unido, más bien) comen muchos alimentos de los anteriores, además, todo lleva leche, gluten, azúcares en niveles bastante altos, inventan un montón de cosas que nosotros ni pensaríamos combinar… Te encuentras ante un dilema al observar todo esto, ¿verdad?

He de decir que terminé “rindiéndome” ante la posibilidad de que tendría que comer como la gente de aquí, personas que no miran nunca las etiquetas de los productos, que les encanta comer dulces, grasas en grandes cantidades y que se emborrachan todos los días sin límites, preguntándose más tarde por qué los españoles duramos más tiempo y cada año que pasa parecemos más jóvenes, lo cual, me lleva a pensar que no han llegado a la conclusión todavía de que ciertos alimentos no son buenos para su salud y beber todos los días no les beneficia en absoluto. He comprado en “TESCO”, “Sainsbury’s”, “Aldi”, “Lidl”… pero ningún supermercado me proporcionaba productos “Free From” (“libres de”), es decir “dairy free” (refiriéndose a la leche), “gluten free”… Una noche, nuestro jefe se iba a pasar por un supermercado que se llama “ASDA” y fuimos con él porque nos traía a casa con su coche, así que bueno, aprovechamos para comprar algunas cosas que nos hacían falta. Cuando empecé a ver productos que podía comer, sin gluten, sin leche, vi mi adorado pan de centeno sin porquerías, huevos “free range” (criados sin jaulas), pescado fresco, un montón de verdura y fruta… ¡Me dio la vida!

Tras dos meses buscando, allí estaba y ahora no compro en ningún otro sitio, de hecho, en la casa donde vivimos ahora, tenemos un “ASDA” a cinco minutos, no me lo podía creer cuando nos mudamos. Para mí, es uno de los mejores sitios para comprar este tipo de productos, incluso, para personas que son tolerantes al gluten y la leche pero que les gusta cuidarse. Además, lo que me sorprendió mucho es que estos productos no son nada caros en comparación con España, es decir, en Edimburgo consideran que todo el mundo con intolerancia o no tiene derecho a comprar los productos al mismo precio que una persona que no tiene ninguna, por ejemplo: como yo no puedo tomar leche normal, empecé a buscar una que me gustara sin azúcares (soja, avena, almendras…) y encontré la de coco, ¿sabéis qué me cuesta? tan solo 0,97 pens (son como céntimos) cuando en España te puede costar por 1,80€. Los yogures de coco se venden por 1 libra mientras que en España no he visto ninguno.

Aquí también me he encontrado productos orgánicos que no son más caros por serlo, fruta muy barata (por céntimos), incluso los huevos son más baratos que allí. Es algo que veo muy bien, no porque una cosa sea más sana tiene por qué ser más cara, está claro que si el producto es orgánico o viene de “x” parte suele costar más pero en los supermercados no hay que pagar por la avena lo que se paga en España, aquí la pago por céntimos, es decir, que las compras son mucho más baratas que allí. Los supermercados que os he comentado antes (TESCO, Sainsbury’s, etc) son caros, podéis ir pero comprar cuatro tonterías os va a resultar más costoso que si hacéis una buena compra en un supermercado como “ASDA” o “Aldi”, por ejemplo, aunque este último no tiene demasiadas cosas (a no ser que vayas a uno grande).

Me ha parecido curioso que aquí en cuestión de aceites piensen tan diferente a nosotros y vais a tener el mismo problema que yo si os encanta el aceite de oliva virgen extra y encima os gusta cuidar vuestro cuerpo de aceites vegetales como el de girasol o el de colza. Aquí se utilizan mucho más estos dos últimos que el primero porque es mucho más barato y porque no están refinados (si lo están, te lo pone en la etiqueta), además, aquí no llegó todo lo que sucedió en España con el aceite de colza, el cual, predomina en la mayoría de los productos. Lo que tengo entendido hasta ahora es que aquí no es malo, de hecho se utiliza en todas las cocinas de casi todos los restaurantes, es decir, que estos aceites los producen como si fueran los del aceite de oliva (sin refinar, claro). Para que los identifiquéis, el aceite de colza en inglés se dice “rapseed oil” y el de girasol “sunflower oil”. Todavía estoy investigando el tema porque todavía no me fío del todo y me gusta utilizar aceites buenos que no vayan a ser un problema de salud para mí a la larga pero tampoco sin obsesionarme, dado que, muchas cosas aquí las hacen sin colorantes, preservativos y con procesos artificiales, muchas cosas son de carácter “natural” (lo pongo entre comillas porque no me pueden decir que unas magdalenas que tienen un huevo de ingredientes de ultraprocesado a más no poder, ponga en la etiqueta que son de carácter natural, aunque otros productos si lo sean).

En cuanto a la carne me fío bastante si de vez en cuando como algo de ternera (aunque normalmente coma pollo), dado que, aquí los animales suelen comer hierba (hay montones de granjas y zonas verdes donde los animales pueden alimentarse correctamente y a nosotros no nos afecta), es decir, que no es como España que los engordan con alimentos inadecuados y medicamentos que al final somos nosotros los que nos los comemos. El pescado es muy bueno, en el trabajo suelo pedirlo la mayoría de veces, la cavalla está buenísima y se suele vender entre 1 a 2 libras, fresca (en el “ASDA”), la última que comimos estaba tan rica que estuve a punto de volver al supermercado a comprar otra para preparármela). En cuanto a los vegetales y frutas, tenéis un montón y hay mucho que es orgánico y barato, así que, ni preocuparse por ello.

Además, hay personas que trabajamos mucho y nos apetece comer un “snack” de vez en cuando, aquí hay dos que son muy buenos que suelo utilizar para comer mientras trabajo, porque no puedo tirarme ocho horas sin comer nada cuando hay mucho jaleo en el restaurante. Está el “nakd” que es una especie de barrita de frutos secos y con algo añadido (puede ser cacao, frambuesa, naranja…) sin absolutamente nada más y el azúcar que lleva es de los frutos secos y de la fructosa de la fruta, son packs de tres y que te cuestan 1 libra cincuenta; por último hay barritas que se llaman “TREK” que son muy buenas y naturales, son más grandes, baratas y son de frutos secos principalmente que te llenan y por lo menos, pasas la tarde sin que tu estómago esté rugiendo a cada dos por tres. Lo que echo de menos aquí es la fruta a granel porque, cuando vas a trabajar, te pillas un plátano o una manzana y te vas, lo cual, aquí hay pero no demasiado y terminas o comprándote las barritas o trayéndote la fruta de casa pero, por el resto, es todo muy cómodo. Pero, ni se os ocurra comprar comida para llevar, hay una gran variedad y todo lo que lleva es porquería, nada saludable, ni siquiera las ensaladas, no saben muy bien cómo cuidarse.

Aquí tienen una mentalidad muy diferente, que no os extrañen muchos de los productos que hay, si me vierais a mí cada vez que veo un producto nuevo y “raro” en “ASDA”… Me quedo flipada con la cantidad de dulces que suelen hacer, cómo mienten en las etiquetas y cómo está petado de alimentos no saludables. Os digo que ellos están muy acostumbrados a esto y no cambiarán de opinión jamás porque está bueno y punto, al igual que la mayoría de la gente se va a beber cada día a partir de las seis de la tarde, le parece totalmente normal, mientras que para mí es un abuso. Como os he dicho no saben muy bien cómo cuidarse, a poca gente he visto mirar las etiquetas, no están tan concienciados como lo estamos ahora en España. Si que se analizan algunas causas por las que mucha gente tiene problemas de hígado y corazón pero, aunque se sepa, no se corrige el problema individualmente. Es cierto que ahora las personas son un poco más conscientes de ello pero no lo tienen integrado como forma de vida, sino como algo que se tiene que hacer y supongo que será una lata para ellos porque está más rico comerse un dulce que una pieza de fruta insulsa y sin un ápice de regusto azucarado, ¿verdad? En fin, para gustos…

Bueno, espero haberos ayudado a muchos de vosotros con los temas de alimentación en Edimburgo y también que os haya gustado la entrada, además de entreteneros. ¡Un beso y un abrazo, lectores!

Publicado en Relatos

Destino:

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Un pie delante del otro, tratando de mantener mi decisión, tratando de dejar atrás el legado que me correspondía desde el momento en que nací. Todo mi pueblo esperó impaciente mi llegada, desde que estaba en el vientre de mi madre para ser más exacta… Las brujas de los alrededores me rendían homenaje, cantaban canciones y nombraban entre susurros viejos hechizos para que me sintiera segura y que formaba parte de algo. Siempre esperaban una dama, una joven que llevase a su pueblo a la victoria contra cualquier enemigo que apareciese, esperaban y anhelaban que mi destino tan solo tuviese una dirección, toda mi vida estaba predestinada con la palabra DESTINO como título.

Me alejaba del pueblo, era de noche y todos dormían. Estaba segura de que, si alguien me veía salir de allí a hurtadillas o incluso, caminando a paso rápido, querrían obligarme a permanecer porque ese era mi deber. Ser la futura reina de un aquelarre de brujas no estaba precisamente entre mis pasiones, a mí tan solo me gusta leer, contemplar a los pájaros mientras se dicen estupideces sobre quién de ellos tiene los colores más vivos en sus plumas, me gusta acercarme al Lago Centelleante y sentir cómo el agua empapa mis pies y observar las estrellas cada noche, no soy quién esperan que sea, ni mucho menos.

Tan solo llevaba una mochila con algo de comida, ropa y algunos artilugios mágicos que podría necesitar cuando oscureciera o si tenía que volverme invisible por alguna estúpida razón que no quería ni pensar. El camino era estrecho y todavía me sentía algo insegura tras aquella decisión, me tambaleaba un poco y no tenía ni idea de a quién enviarían a buscarme después de enterarse de que no estaba durmiendo en mi cama, mi padre trataría el tema como una traición a la Corona de Rubíes. Varias horas caminando fueron suficientes para que me sintiera algo más libre, para que dejara de pensar en qué debía hacer en cada momento o en seguir la agenda que mi madre me había marcado para adoctrinarme como una mujer adulta y responsable cuando tan solo tenía cien años. Unos kilómetros más y llegaría a un bosque precioso, el cual, no me dejaban pisar porque solía estar lleno de elfos, nunca tuve nada contra ellos pero mi pueblo se empeñaba en obligarme.

—¿Qué haces aquí? – la sombra de un joven bastante alto con orejas puntiagudas salió de la nada, justo cuando me había sentado cerca de unos arbustos para reposar y comerme una manzana en aquel bosque repleto de naturaleza – Este no es tu sitio.

— ¿Y cómo sabes tú cuál es mi sitio? – le pregunté algo curiosa y a la defensiva, mientras daba luz a mi alrededor desde una pequeña bola de fuego que salía de mi mano, la cual, me empezaba a hacer cosquillas – Tan solo…

— Llamaré a tu padre – decidió en ese preciso instante, sin pensar si quiera que quizá mi decisión tenía un motivo de base. Los elfos odiaban a todo mi pueblo, lo podía ver en aquellos ojos claros que me observaban con rudeza, incluso en la cicatriz que cruzaba su cara –.

No me dio tiempo a rechistar. Tres más de ellos me cogieron de los brazos y me ataron a un árbol, de una forma salvaje, sin miramiento, tampoco les importaba si me hacían daño o no… Cerré los ojos para concentrarme en ese poder que fluía desde el centro de mi ser hacia fuera, tal y como mis maestras de hechizos me habían enseñado desde que era niña, cuánto más me concentrara, más poder podría acumular para luego expulsarlo. Salió una luz azul muy potente de mi interior que hizo que los elfos allí presentes se apartaran varios metros de mí, dejándolos totalmente inconscientes. Oí las campanas que venían de mi pueblo… Lo sabían.

Empecé a correr como nunca antes lo había hecho, mientras las ramas me azotaban la cara y el frío viento cortaba mis labios. No podía dejar de huir de aquello a lo que estaba destinada, simplemente, no podía volver allí y eso era lo único en lo que podía pensar mientras huía de la que había sido mi familia durante cien años, tenía que aceptar que ahora, estaba sola y podría convertirme en su mayor enemiga por desertar, como ellos pensarán sin siquiera cuestionarlo. Cada vez me sentía más libre, más poderosa, podía ver mi futuro poco a poco, cada vez más nítido, hasta que noté cómo algo agarraba mi cuello con fuerza, como si un cazador por fin hubiese capturado a su presa. Aquella cuerda gruesa me impedía continuar, no podía respirar con normalidad y eso era justo lo que quería mi agresor, aquel que me cazaba como a un animal.

Me caí al suelo sintiéndome completamente inútil y pude ver aquellos ojos oscuros que me observaban con absoluta desaprobación. Sus arrugas marcadas dejaban entrever su desagrado, sus labios finos estaban sellados, decidido a levantar su mano para que yo bajara la cabeza y siguiera mi legado. Pude ver a través de su mirada que esperaba que hubiera hecho algo así y no comprendía por qué no lo había llevado a cabo antes.

— Padre – dije a través de aquel silencio ensordecedor que estaba prolongando más de lo habitual cuando me decidía a llevarle la contraria – No pretendía que…

— Has traicionado a tu pueblo, a tu familia y ahora pagarás por ello – respondió con voz solemne a aquellas palabras que tan inútilmente había empezado a pronunciar – Andando.

Me llevaron al pueblo amordazada, con unas esposas de metal hechas por el mejor cerrajero del gremio para evitar que hiciera ningún tipo de magia, la bloqueaba haciéndome sentir inútil y falta de energías, débil. Mi destino había cambiado de dirección, ahora lo veía en una espada de metal que iba a rebanarme la cabeza delante de todo mi aquelarre, dando ejemplo a los demás de lo que no debía hacerse y lo que pasaría si lo hacían. Esto era lo que merecía por querer ser libre, por querer tener una vida normal como cualquier otro ser sobrenatural que andaba por los bosques y ciudades de alrededor.

Podía ver la tristeza en los ojos de la gente, podía ver cómo la esperanza en mí desaparecía, yo era la niña esperada, la que iba a cambiar las cosas, la que iba a heredar la corona que mi madre había preservado durante tanto tiempo y con esfuerzo. Yo era la oveja negra, la bruja descarriada que ya no podía usar su propia magia antes de morir, la que se merecía el desprecio de su padre, el cual, se había postrado en primera fila junto a mi madre para ver cómo decapitaban a su hija por desertora, sin cuestionar los motivos, sin entender ningún otro punto de vista, siendo la hija que había avergonzado a su familia.

Todo se volvió oscuro en cuanto aquel hombre musculoso y tan leal a mi padre dejó caer la enorme hacha sobre mi cuello y hacía rodar mi cabeza por la hierba, chocando con los pies de mi padre, estaba segura de que la observaba con la misma cara de desaprobación que cuando me encontró huyendo en el bosque. Nadie me recordaría, mi pueblo estaba obligado a no hacerlo, a no nombrar a los desertores, a no dejar cabida a los recuerdos de esas personas en sus mentes. Mi madre convertiría mi habitación en una estancia donde meditar y practicar magia con otras jóvenes que desean por todos los medios complacer a sus padres siendo las mejores brujas del pueblo, algo que siempre me ha parecido patético.

No hay nada como la sensación de ser y sentirse libre aunque te rodee la más absoluta oscuridad…

Publicado en Reflexiones

Perder el Control:

Hace algún tiempo que no escribo por aquí, no ha sido por falta de creatividad, sino por cansancio y trabajo. Pero hoy he querido hacer una excepción y dedicar un poco de tiempo a este tema, poner un poco en situación a tres palabras que he oído mucho a lo largo de estos años y que todavía no les he encontrado ningún significado. Mucha gente pierde el control con su familia, con sus amigos, en fiestas… Pero, estamos hablando de “esa gente”. Quizá lo entendáis mejor a continuación…

Quizá siempre he sido una persona muy exigente conmigo misma, no he buscado la aprobación de nadie, tampoco ser el centro de atención, por lo que, no he sido persona de montar escenitas en público como las típicas adolescentes borrachas o el grupo de amigos que hacen el gamberro y luego se quejan porque la policía les ha hablado mal. La verdad, son palabras complejas, palabras que nunca me he permitido llevar a cabo, tampoco sabría cómo manejarlas o hacia dónde llega la magnitud de ellas. En mi vida siempre he tratado de mantener el control de mis sentimientos, de lo que iba a salir de mi boca, de controlar mis impulsos, mis acciones… así que, jamás ha cabido la pérdida de ello.

En “Halloween” estuve con unos amigos en unos pubs y, la verdad, veía a toda esa gente borracha, gritando, riendo, bailando y no podía creer que yo ni siquiera saliera a darme un garbeo entre la multitud disfrutando de la música que me gustaba. Estaba petrificada, fuera de lugar por completo, mirando a los demás cómo perdían el control en una noche tan señalada y yo ni siquiera era capaz de moverme, quizá no me identificaba con nada de eso o puede que fuera el hecho de que necesito tranquilidad, no alboroto. Era como si los altavoces fueran a hacerme añicos de un momento a otro, tan solo quería gritar e irme de allí tan pronto como pudiese, rezando porque Fabio y los demás dijeran de irnos aliviando mis oídos por fin.

He estado con mucha gente que ha perdido el control de sí misma muchas veces y ni siquiera sé cómo pueden dejarlo ir tan fácilmente, quizá el controlar cada aspecto de tu vida para no estallar no es demasiado bueno y poco a poco te encarcelas a ti misma, dejas de ser totalmente libre. Sin querer me adoctrino a ciertas cosas, olvido que solo se vive una vez y que hay mucho más en el mundo que un pub ruidoso, normalmente, he sido muy buena chica (como bien dirían algunos) y me esforzaba por seguir siendo así, mi mente todavía actúa de una forma estrictamente correcta de manera automática. Mi perfeccionismo se apodera de mí muchas veces y tiendo a encerrarme en un montón de: “esto tiene que estar bien hecho”, “tengo que hacerlo muy bien” y esas típicas cosas son las que desgastan, querer ser mejor en cada momento y conseguirlo poniendo en juego tu salud, dado que, la ansiedad aparece como una ráfaga de aire que creías había desaparecido por completo o, al menos, se había alejado voluntariamente.

Trato de entender a las personas de mi alrededor, las que dicen que está bien desmelenarse de vez en cuando pero ni siquiera ponen atención a las palabras. Quizá para ellos es sencillo ponerse a beber y caer al suelo inconscientes, quizá incluso, les parece normal pero para mí, es tan complejo y lejano de mi entendimiento que no sabría cómo manejar el momento. Puede que esto os suene confuso, mis palabras tienden a malentenderse incluso pero, antes pensaba que ser feliz no era una forma de vida, que no existía, que no habría cabido para mí en esa palabra, hice un hábito con la seriedad de mis facciones, así que, como podréis imaginar, “perder el control” no estaba entre mis prioridades.

Algunas personas tienden a decir que no me divierto pero, ¿a caso saben lo que significa esa palabra para cada persona? A muchos nos gusta leer, escuchar música, pasar un buen rato con nuestra pareja, dar un paseo, ir de compras, visitar sitios desconocidos… y todo eso, nos divierte de igual forma que a los demás el emborracharse o irse de fiesta. ¿Qué significa para ti? ¿Y vosotros? ¿Habéis perdido el control de vosotros mismos alguna vez?
Publicado en Reseñas

El Final de “The Originals”

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He hablado bastante de esta serie en los otros blogs pero no podía evitar hablar del memorable final que han hecho en la quinta y última temporada que, al fin y al cabo, se ha convertido en una de mis series favoritas a lo largo de estos cinco años que la he estado viendo sin perderme un solo capítulo. Creo que se merece una entrada en el blog para cerrar un poco el ciclo, dado que, con “The Vampire Diaries” también lo hice, así que, os voy a dejar mi opinión sobre el final y la quinta temporada en general.

He sido de las muchas personas que he visto que la quinta temporada era un añadido (lo comenté en una entrada donde hablé de cómo me parecieron los primeros capítulos de esta temporada), la vi como algo innecesario que pusieron para ganar más dinero y porque no sabían cómo cerrarla o qué hacer con ella pero, viendo los últimos capítulos sé más o menos lo que quisieron hacer o transmitir con ella. Tal y como hicieron en “The Vampire Diaries”, dan un final a cada uno de los personajes de la serie, de hecho, me han hecho llorar demasiado, las palabras que han utilizado incluso, han sido muy profundas y realmente me han llegado, no creo que hubiera que omitir nada.

Klaus Mikaelson siempre ha sido el malo malísimo de ambas series, se ha visto como el villano, al que siempre hay que temer, el gran lobo malo pero en los últimos capítulos, podemos ver cómo ha mejorado gracias a su hija Hope, cómo deja de ser egoísta y empieza a observar lo que es realmente importante, cuando finalmente entiende lo que es ser padre, lo que es preocuparse constantemente de alguien que está al borde de la muerte desde el día en que nació. Hace un último acto de bondad por su hija, las despedidas son duras (ya os lo aviso), muestran que, donde hay dolor también pueden haber finales felices (para algunos) y, aunque estés ante una auténtica masacre, hay cabida para las buenas noticias.

Me han sorprendido algunas muertes, todo hay que decirlo. No esperaba tres de ellas que realmente, me han dolido porque había llegado a coger cariño a esos personajes. También se muestran los verdaderos sentimientos de Hope hacia su situación desde que era pequeña y que ha ido empeorando a lo largo de los años debido a “The Hollow”, sientes sus palabras, ves de dónde viene toda esa tristeza que parece su signo de identidad después de todo el dolor que ha permanecido dentro de ella al ver a su familia separada debido a “The Hollow”. Lo mismo, los que no habéis visto la serie esto es parece chino, así que, os doy la oportunidad de que lo veáis porque no creo que os decepcione (aunque el tema de que siempre hay un mal mayor al anterior contra el que luchar ya es un tema bastante desgastado).

Al fin vemos una nueva parte de Hope, cosa que tampoco esperaba porque siempre la he visto como una niña inocente y sin un ápice de oscuridad o maldad, parece que necesita de la violencia para acallar los susurros de “The Hollow” que rondan en su interior. Vemos cómo es el otro lado, cómo son de difíciles las pérdidas y los rituales que se llevan a cabo en algunas facciones para despedir a sus muertos. También podemos ver la unión de la familia y hasta dónde pueden llegar los deseos de una joven de quince años que tan solo quiere a su padre y a toda su familia junta, siendo capaz de morir por mantener la promesa que todos ellos forjaron, el famoso “por y para siempre”.

Creo que ha sido un buen final para “The Originals”, ahora estamos esperando “The Legacies” (que es la historia de los hijos que salen en esta serie y en la de “The Vampire Diaries”, espero que no la caguen mucho…), han aclarado muchas cosas aunque algunas de ellas han sido muy impactantes, creo que ese es uno de los encantos de la serie… Os dejo por aquí un trailer que lo resume todo muy bien:

https://www.youtube.com/watch?v=dgMpMSnWWzQ

Espero que os haya gustado esta recomendación y opinión sobre la última temporada de esta increíble serie de la que tanto he aprendido. Un beso y un abrazo, lectores.

Publicado en Relatos

Futuro Roto:

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Miraba por la ventana a aquel sol que se estaba volviendo rojo tras el dolor de una raza, casi podía oírle llorar, desgarrarse por dentro al presenciar tal masacre. Tras aquella rivalidad entre hombres lobo y vampiros, nadie pudo evitar una guerra como esta llena de dolor y sangre, todos vimos a nuestros allegados morir. Ni siquiera sabía qué podía esperar ahora, después de haber pertenecido a una familia de lobos durante tanto tiempo, quedándome sola en aquella casita de campo en medio de la nada, escondida por si los vampiros volvían a aparecer, asegurándose de que cualquier raza que no fuera la suya pereciera.

Hacía un tiempo veía un futuro para mí. Podía ver ante mis ojos la cantidad de kilómetros que podría recorrer con la manada, lo mucho que podría llegar a aprender con ellos, el legado que dejaban a sus hijos, las ceremonias, el apoyo mutuo… Tenía a mi familia justo delante de mí, apoyándonos los unos a los otros, todos éramos uno y veíamos el futuro de nuestra especie tan real como lo era el mar. Todavía podía recordar sus fiestas bajo la luz de las estrellas, cantándoles a los árboles, aullándole a la luna, haciendo fogatas y contando sus más antiguas historias… Nada iba a ser lo mismo, ¿verdad? Mis pensamientos se debatían de forma constante, no podía negar simplemente la rabia que sentía dentro de mí, ese deseo de erradicar la especie vampírica de la faz de la tierra. No muchos sabían de su existencia, de su forma de matar a los indefensos, de su sed de sangre y la necesidad de ser la raza que permaneciera viva.

Ser la única de mi especie me hace sentir frágil, casi desechable, sin poder de movimiento… Tengo a la luna de mi parte pero ni siquiera ella me da las respuestas que busco, creo que nadie tendría las adecuadas para este momento. Todavía puedo ver sus cuerpos en la hierba, desangrados, descompuestos, muertos… cerca de la casa. El futuro de la especie yacía roto, resquebrajado, desencajado y quizá, esperanzado en que yo pudiera hacer algo para traer de vuelta a mi especie.

Empiezo a ver toda una responsabilidad sobre mis hombros al presenciar aquella sangrienta y absurda guerra entre dos razas constantemente enfrentadas, puedo ver cómo soy la única que puede hacer algo por cambiar mi “status”, por tratar de hacer algo para que dejemos de ser siempre los que mueren y permanecen indefensos a las amenazas de los vampiros. Siempre hemos sido fuertes, pero también compasivos, defendiendo a nuestras familias pero sin demasiada convicción, nos han pillado desprevenidos muchas veces, hemos vivido ajenos al terror, al miedo, a la sangre y a la rabia, hemos sido esclavos voluntarios de la naturaleza, aquella que nos mira mientras nos transformamos y completamos nuestro ser.

Ni siquiera puedo ver a mis padres cerca del río, inertes, inmóviles, sin voluntad de levantarse. Me protegieron antes de morir a manos de los que creen en sus locos ideales, los que no tienen humanidad y luchan por una causa vacía, clavando sus colmillos a todo aquel que no es como ellos. Murieron delante de mí, no tuvieron piedad con ellos, fueron dos más del montón que habían pasado al otro lado, dos lobos más sin importancia… Llevo tres días siendo huérfana y ni siquiera sé cómo sobrellevarlo, me vendría muy bien el consejo de algún miembro de la manada que, con sus amables palabras, llegase a mi corazón y consiguiese que me sintiera mejor tras aquel desastre. Un “todo va a salir bien” sería tranquilizador, incluso una sonrisa cambiaría las cosas…

Con lágrimas en los ojos y con el corazón en mil pedazos, empiezo a cavar en la tierra para poder enterrarles. Cada vez se hace más difícil, sus ojos no van a volver a abrirse, sus sonrisas se han desvanecido y tampoco pueden sentir la naturaleza bajo sus pies, tampoco el viento azotar su cara en cada transformación, nada. A mis padres los enterré cerca del río, el agua siempre fue su fuerza, pasaban la mayor parte del tiempo cerca de él, así que, lo consideré adecuado; los demás, forman parte del bosque ahora. Recé varias de las oraciones que me enseñaron desde que nací, para honrarles, para hacer que se fueran en paz y con una mochila, emprendí el viaje en busca de otros hombres lobo que se uniesen a mí para construir un nuevo hogar, una nueva familia y una nueva manada, aunque la anterior fuera irreemplazable, sería lo que ellos hubieran querido.

Caminaba pero todavía me sentía como si estuviera sentada en la ventana observando el sol, llorando la pérdida y preguntándome si él también creería en que todos los lobos permanecieran juntos o si era mejor esconderse y esperar a que los vampiros se cansasen de cazarnos. Es más, ¿alguien vendría conmigo?