Publicado en Personajes

La Mujer Invisible: Dayene

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Relato Procedente: “OLVIDABLE”

Nombre: Dayene                                                            Edad: 22 años

Ciudad natal: Londres                                                Estado  Actual: Vida humana   

Descripción física:

Mi cabello castaño caía sobre mis hombros, sin flequillo, siempre los he odiado; mis ojos verdes han sido siempre lo que más me ha gustado de mí, de mi conexión con el exterior, no tengo ni idea de si a los demás les gustan, debido a la lejanía entre ellos y yo. Mi piel suave, siempre tan bien cuidada, tan refrescada por la lluvia y, a veces, atizada por el frío invierno, ha querido tener algún simple contacto con alguien, aunque fuesen unos segundos, pero no se vería tan sola, tan necesitada de aprecio. Mis labios son incapaces de mantener esa sonrisa que en un principio tuve, ahora permanecen tan prietos, tan encerrados en un conglomerado de palabras en silencio y mi cuerpo, tiembla al recordar que no voy a volver a mis orígenes.

Descripción de la personalidad:

Supongo que las circunstancias me han hecho ser algo individualista, no creo que haya llegado a egoísta pero sí he tenido un deje de negatividad a la hora de compartir. Siempre he sentido un anhelo, un vacío interior que me decía que me faltaba algo para seguir en aquella burbuja solitaria. No solía sonreír, tampoco hablaba, tan solo pensaba en un nuevo futuro, quizá con esperanzas o no pero, era algo que siempre estaba ahí. He sido muy reflexiva, interesada en esos sentimientos humanos, en el tacto, las miradas furtivas… Podría decir que siempre he sido alguien curioso que le gusta saber de aquello que no tiene o no conoce.

Pequeña burbuja:

Creada a mi alrededor con soltura, hecha para abrazarme entre su soledad sin poder tener contacto con el exterior, nadie puede verme, oírme o escucharme, formo parte de una pequeña zona de confort a la que nadie puede acceder. No me acuerdo cuándo fue el momento en el que me debatí entre permanecer con personas que me juzgaban y vivir en mi pequeña burbuja, donde nadie me molestase, donde a nadie se le ocurriese dirigirme la palabra. Estaba demasiado herida para pensar con cierto raciocinio, tendría cerca de ocho años y no entendía muy bien las relaciones humanas, era callada, vivía en mi mundo y tan solo quería que las cosas siguieran siendo así.

Recluida entre mis propios miedos, entre lágrimas derramadas, cicatrices que no se curaban del todo y un millar de palabras que me negaba a escuchar. Envidia que abría cada una de mis heridas, empezaba a necesitar de otros, sentir algo más que a mí misma, era difícil respirar el mismo aire y no poder comunicarme, no poder compartir mis anhelos con nadie más, tan solo podía pensar en encontrar algo de comprensión, aunque fuera ínfima, aunque pronto fuese a desaparecer, a desvanecerse entre un millar de preguntas.

Silencio ensordecedor:

Tras tanto tiempo en soledad, te vas dando cuenta de lo que es el silencio. Es como si, de repente, dejases de oír, flotaras entre el vacío y no volvieras a despertar. Estar lejos de los demás es diferente, es permanecer en la sombra, en la completa inexistencia, sin importar lo más mínimo, sin ser visto, sin ser oído. Al principio, podía oírles hablar, podía observar sus momentos, podía entender sus circunstancias pero ahora, todo se ha vuelto más tenue, más apagado, más lejano…

Es difícil comprenderlo pero forma parte de ti, de quién eres, sin poder cambiarlo. Una simple palabra que lo cambia todo, que termina por hacerte sentir diferente, alejado de toda humanidad. Puedo mirar a mi alrededor y recordar las palabras de alguien, cómo sonaban, cómo llegaba a entenderlas, cómo eran esas miradas compasivas. Todo eso, consiguió acallarse, volverse transparente, inexistente, olvidable, ni siquiera podía recordarlo…

Cambios radicales:

Una mañana en la que no quería ver a nadie, en la que quería refugiarme en mi tristeza, alguien me dio la oportunidad de salir de mi burbuja, brindándome un pequeño regalo tras haber deseado tanto formar parte de esa vida humana que tan lejos de mí se había quedado. Noté cómo una mujer chocó contra mí debido a un descuido, quizá ni siquiera me vio venir del “otro lado”, puedo decir que fue increíble por notar ese tacto que tanto había anhelado. Sentí una alegría infinita que no podría describir con palabras, sentí que formaba parte de algo más grande que yo misma y lo echaba de menos desde mis ocho años de edad.

Tras las primeras semanas, todo fue perfecto, tenía curiosidad por todo lo que me rodeaba, estaba maravillada por todo lo que me iba a brindar la vida y estaba increíblemente agradecida por esa persona que me había dado la oportunidad de encontrar mi sitio, de volver a nacer. Nada es lo que parece, por supuesto. Tras el primer mes entre las personas que me rodeaban, pude presenciar el dolor que se puede infringir con tan solo una mirada, una frase, un susurro, una burla, una humillación… Pude sentir el dolor de todas las víctimas que habían sido maltratadas por alguien, pude denotar toda aquella vergüenza que, alguna vez, pudieron sentir muchas de ellas y no pude evitar llorar. Me di cuenta de mi equivocación, del terrible error que había cometido y, entendiendo perfectamente el por qué de mi decisión.

Un futuro encadenado:

No pude volver. Nadie quiso ni pudo ayudarme. Tras todas mis quejas y mis deseos de volver a este “mundo” donde todos pueden herirse sin ser culpados de nada, sin ser castigados, sintiéndome encadenada a esta continua circunstancia, a este continuo descontrol de sentimientos, a tantas dificultades y a un mundo desconocido para mí. Tenía que sobrevivir, hacer frente a las adversidades, a observar los continuos abusos a mis semejantes, por no aceptarme y quererme tal y como soy, por no aceptar que vivir en tu burbuja no es tan malo, es revelador, es diferente, es sentirte tú mismo.

Tras querer ser como los demás, formar parte de su mundo y ver que, para nada, es para mí, he podido comprender que eso no es lo importante. Cada uno debe ser compañero de sí mismo, con eso te vale, no hace falta ser quién no eres para demostrar nada, para sentir más de lo que ya sientes, para ser aceptado o llamar la atención, te bastas con ser tú y compartir la vida contigo mismo. Algunos lo llaman soledad, otros lo llamamos “liberación de una sociedad contaminada”. ¿Tú cómo lo llamarías?

 

Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

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