Publicado en Relatos

Olvidable:

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Era invisible, era olvidable, un cúmulo de papeles en blanco que nunca serían escritos. Podía verles a mi alrededor, oírles hablar, gritarse, observar cada uno de sus momentos felices y tristes, podía mirar a través de ellos con absoluta libertad. No entendía muy bien cómo o por qué pero, era capaz de hacerlo sin demasiado esfuerzo, sin decir una palabra, dado que, nadie podía verme. Estaba encadenada a la soledad infinita, a un sinfín de sonrisas que jamás formarían parte de mis días, estaban cerca pero a la vez, tan lejos, no podía controlar mis emociones al no poder sentir el contacto con otra persona, al notar su mirada mientras me contaba cualquier anécdota divertida.

No soportaba verme tan vacía y, a la vez, tan acallada. Hacía mucho tiempo que no oía el sonido de mi voz, simplemente, el tiempo me había silenciado, no recordaba cómo era sonreír, ni siquiera me había acercado a un espejo porque no podía verme, era como mirar a través de un fantasma, estaba pero no era percibida. No sentía hambre, tampoco sed, ni esa necesidad de ir al baño tras demasiada cerveza, podía observar a mi alrededor, pero no parecía estar preparada para el mundo, ¿por qué no?

Era una mañana tranquila, alejada de aquellas personas que caminaban por la calle. Decidí evadirme de todo lo que pudiera hacerme sentir vacía, tenía envidia de ellos, muy en el fondo, había momentos en los que tan solo podía ahogarme entre mis propias lágrimas pero, aquella mañana, no iba a permitirlo. Permanecía agazapada entre una arboleda, respirando el aire fresco, notándolo chocar contra mi cara, cerraba los ojos y podía verme al otro lado, donde todos podían oír mis palabras, donde podía respirar libertad, donde no estaba aislada. Noté que alguien cogía mi mano y me llevaba consigo, era como si estuviera hipnotizada, como si trataran de que no abriera los ojos pero, cuando lo hice, me sorprendió ver que una mujer chocó contra mí en medio de una calle transitada, ¡aquello era maravilloso! Oí una voz que me susurró al oído, tenue, suave:

– Aquí tienes tu regalo, Dayene… Disfruta de la humanidad.

No entendí muy bien qué querían decir esas palabras hasta mucho después, en cuanto pude ver lo que brindaba el ser humano corriente. Los primeros días estuvieron llenos de alegría, de curiosidad por conocer “el otro mundo”, con ganas de conocer a la gente que, durante mucho tiempo, observaba. Esa alegría se fue transformando en tristeza al ver a personas haciéndose daño mutuamente, en compasión por aquellos que han sido víctimas de maltrato, por odio hacia aquellos que les gusta y disfrutan del dolor ajeno, en decepción al ver lo que era capaz de hacer el ser humano por dinero, por egoísmo, por echar un polvo en la parte trasera de un coche y no poder hacer nada para cambiarlo.

Muy dentro de mí, empecé a necesitar esa quietud de la que formaba parte, había demasiada gente a mi alrededor, demasiado dolor, vidas complicadas, tan vacías y llenas de nostalgia… Empecé a desear que volvieran a olvidarme, quise dejar de existir, volver a ser invisible a ojos humanos, volver a esos orígenes que tan arraigados tenía para poder vivir de esa tranquilidad que me embriagaba mientras estaba en soledad, mirando a cualquier lugar y escuchando a los pájaros cantar. No podía ver a toda esa gente sufrir, gritarse, humillarse, criticarse, reírse de los demás, tratar de hacerles sentir pequeños, ridículos, insignificantes… La vida era más que eso, algo que siempre se olvida, algo que se disipa pero que debería permanecer, nadie está solo, se tiene a sí mismo.

Quise volver en cuanto sentí que no formaba parte de ese mundo, en cuanto me di cuenta de lo mucho que echaba de menos el silencio pero nadie me oía, era como si mis orígenes ya no esperaran mi llegada, como si el silencio fuera ruido y la tranquilidad se alejase. Arrepentida de haber odiado mi pequeño mundo alejada de todo, caminaba por las calles sin un lugar predeterminado, kilómetros en la nada, queriendo traspasar esa barrera que me separaba de aquello que conocía. Nadie llegó, nadie me ayudó a volver, teniendo que marchitarme en ese lugar de locos en el que no comprendía demasiado bien su funcionamiento, tampoco qué hacer para sobrevivir en lo desconocido, para construir desde la nada, para dejar de ser olvidable, invisible…

Autor:

Escritora. Estudiante de la vida y apasionada por la lectura y el aprendizaje. Siempre activa, esperando crear una nueva historia o personaje. La dominación de las palabras forma su existencia y la música un componente fundamental para una mente creativa.

2 comentarios sobre “Olvidable:

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